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lunes, octubre 19, 2015

buckets of rain





Ayer por la noche, casi a punto de dormirme, el ruido de la lluvia en las persianas… Mediados de octubre y el agua cae con ganas, en rachas generosas que ponen un filo de hielo en el aire. Pensé que la escritura debía tener ese ritmo, esa soltura, llegar al cuaderno como quien no quiere la cosa y a la vez sin reservas, insistente y pródiga, impulsando sus frases como gotas de agua en el cristal. Me dormí con ese ritmo en la cabeza y hoy, al despertar, tardé en salir de mi sueño, como si las aventuras de la noche fueran la casa en cuyo techo la lluvia debía seguir repicando, incubando palabras.

lunes, enero 27, 2014

circo



 foto / Paula Doce


Madrid ha cobrado estos días cierto aire cantábrico. Ver la lluvia caer copiosamente tras las ventanas me ha hecho revivir esas tardes infinitas de sábado y domingo en que el agua arruinaba planes y encuentros callejeros y uno combatía el calor malsano de los radiadores apoyando la frente en el cristal helado, mirando a lo lejos el brillo borroso de las luces de cruce de los coches, el destello naranja de farolas prematuramente iluminadas. El cielo cubierto de nubes como una carpa de circo invertida donde el ojo hacía de trapecista, colgándose de las cuerdas del agua hasta posarse con cuidado –con reverencia casi– entre las cosas: el asfalto mojado, los coches sucios de hojas y ramas caídas, la fecundidad del parque donde las gotas repicaban hasta abrir surcos y charcos efímeros en los caminos de tierra. Y al fondo, los días de partido, el clamor casi sísmico con que la multitud celebraba en el estadio las jugadas peligrosas, los goles domésticos. El ojo adquirió destreza en este colgarse de la lluvia, este paseo controlado por unas alturas de las que, en realidad, nunca he logrado apearme del todo. Estar en las nubes es lo que tiene. Hasta el punto de, que ahora, casi cuarenta años después, me veo de nuevo practicando el mismo arte, estudiando los infinitos planos de la ciudad –sus sombras, sus claroscuros– como desde una tirolina.

Ver caer la lluvia tiene un efecto hipnótico, la capacidad de frenar el tiempo a la vez que lo acelera bruscamente, como una rueda que de tanto girar parece inmóvil. La lluvia es una cosa / Que sin duda sucede en el pasado. Así es, en efecto: en Gijón, en Sheffield, ahora mismo… La tarde como el cielo menudo de un circo donde la infancia recrea o ejercita sus viejos vicios, sus intentos de fuga. Y todo para decir: gris en lo gris, me admira tu vaivén, melancolía.

(18/1/2014)

viernes, septiembre 28, 2012

vislumbre


Sale uno con la lluvia pisándole los hombros y descubre en el arcén un par de zapatos de mujer que el agua ha terminado de arruinar. Cuesta pensar que alguien tire unos zapatos así a la calle. Están entre dos coches, casi ocultos, y tienen algo de pájaro que ha quedado muerto en el asfalto, un pájaro sucio y con las alas rotas. Nunca fueron gran cosa, esas alas, pero al menos su dueña sabía emplearlas para dejar la tierra un instante, pasar volando.

sábado, mayo 07, 2011

rain

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The rain in Spain stays mainly in the plain.

Pygmalion / My Fair Lady


La lluvia, en España, siempre me ha parecido una bendición muy particular. También una modesta venganza de las alturas por nuestra incapacidad para mantener la boca cerrada. En nuestras ciudades, al menos, parece la única manera de conseguir algo de silencio y recogimiento, ese poco de calma que nos permite olvidarnos un instante del mundo y sus interferencias. Sólo la extenuación africana de una calle durante una sobremesa de julio resulta comparable; también más difícil de soportar. Y es que el silencio de la lluvia es rítmico, crepita como un fuego en la chimenea, sabe colar su frescura insolente y productiva por entre las hojas cerradas de la ventana, como las raíces de una selva que, pese a todo, quiere iluminarnos.


© Rodolfo Pico
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