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martes, diciembre 20, 2022

ted hughes / el zorro del pensamiento

 

 

Imagino este momento en el bosque, a medianoche:

algo más está con vida

junto a la soledad del reloj

y esta página en blanco que mis dedos recorren.

 

No hay lucero en la ventana:

algo más cercano

pero más sumido en la negrura

se adentra en la soledad:

 

con el frescor, con la delicadeza de la nieve sombría,

el hocico de un zorro tienta ramitas, hojas;

dos ojos sirven a un andar

que ahora mismo, y ahora, y de nuevo ahora

 

imprime huellas nítidas en la nieve

junto a los árboles, y cautelosa una débil

sombra se rezaga entre tocón y el vacío

de un cuerpo que osa deslizarse

 

de claro en claro, un ojo,

un verdor que se abisma y se dilata

brillante, concentradamente,

avanzando a su aire

 

y entonces, con un brusco, intenso, cálido tufo a zorro,

ingresa en el oscuro hoyo de la cabeza.

En la ventana no hay estrellas; late el reloj,

la página está impresa.

 

 

trad. J. D. / el original, aquí


martes, marzo 16, 2021

fiona sampson / el golem de frankenstein

 

 

¿Quién es este

moviéndose ágilmente

en la oscuridad

por un paisaje

al que la luz del día

aún no ha moldeado

deslizándose informe

como una sombra

en la negrura

y en lugares ignotos

llevando noche

junto a su piel

portando pieles

de pino y piedras

quién es este

átomos que hormiguean

en su piel

quién atraviesa

la negrura

en donde fue enterrado

y de la que

le extrajeron

no por amor

por poder únicamente

echado de la muerte

y forzado de nuevo

a atravesar

su propio

morir quién

se aleja deslizándose

entre las rocas (mientras

los saltos de agua

electrifican

la penumbra) quién es este

en la montaña

donde los despertares

despuntan en la piedra

naranja rosa

terracota

la luz nueva

tiernamente forjada?

 

 

el original, entre otros poemas, aquí.


 

 

En nuestro país se conoce a Fiona Sampson (Londres, 1963) como la autora de En busca de Mary Shelley, que Galaxia Gutenberg editó a finales de 2018. Pero Fiona Sampson es sobre todo y ante todo poeta, y como poeta publicó el año pasado Come Down (Corsair), un libro espléndido del que he traducido nueve poemas para el último número, el 32, de la revista Nayagua de la Fundación Centro de Poesía José Hierro (y que se puede descargar aquí).

 

Entre esos nueve poemas no podía faltar uno sobre el monstruo del doctor Frankenstein, ese golem romántico al que Sampson dedica páginas llenas de lucidez en su biografía de Mary Shelley. El tono tentativo y hasta indagatorio de la pieza –que es, toda ella, una larga interrogación– me hace pensar en «Wodwo», aquel viejo poema (de 1967) que Ted Hughes dedicó a una suerte de «hombre de los bosques» mitológico, un hombre salvaje que descubre su propia naturaleza conforme explora el mundo natural con sus cinco sentidos y su inteligencia intuitiva. Solo que este nuevo hombre del poema de Sampson, este golem de la alquimia moderna, es cualquier cosa menos natural, y lo que descubre justamente es que fue forzado a nacer «echado de la muerte». Con todo, la imagen que cierra el poema, una imagen luminosa, es un atisbo de esperanza, también para él.

 

 


jueves, junio 11, 2020

jericho brown / versos como balas


No me pegaré un tiro
en la sien, ni me pegaré un tiro
por la espalda, ni me ahorcaré
con una bolsa de basura, y si lo hago,
te prometo que no será
en un coche de policía con las esposas puestas
ni en la celda de la comisaría de algún pueblo
cuyo nombre conozco solamente
por tener que atravesarlo
para volver a casa. Sí, puede que corra peligro,
pero te lo prometo, confío en que los gusanos
que viven debajo de los tablones
de mi casa harán lo que tienen que hacer
al cadáver de un animal más de lo que confío
en que un agente de la ley del país
me cierre los ojos como haría
un buen cristiano, o me cubra con una sábana
tan limpia que hasta mi madre
me arroparía con ella. Cuando me mate, lo haré
como la mayoría de los americanos,
te lo prometo: con humo de tabaco
o atragantándome con un trozo de carne
o tan arruinado que me congelaré
en uno de esos inviernos que insistimos
en llamar el peor. Te prometo que si oyes
que he muerto cerca de algún
policía, entonces es que ese policía me mató. Me arrancó
de nosotros y abandonó mi cuerpo, que es,
no importa lo que nos hayan enseñado,
más grande que la indemnización
que una ciudad ofrece para que una madre deje de llorar,
y más hermoso que la bala reluciente
extraída de los pliegues de mi cerebro.

el original, aquí.




Llevaba un tiempo queriendo traducir y compartir este poema de Jericho Brown (Luisiana, 1976), «Bullet Points», que leí hace semanas, justo cuando se anunció que su tercer libro, The Tradition, había ganado el premio Pulitzer de poesía en su última edición (el ganador en 2019, por cierto, fue Forrest Gander, gran traductor de nuestra poesía, por su libro Be With). Luego vino el asesinato de George Floyd a manos de la policía en Minneapolis y todo se aceleró de repente. El español –o mi español, al menos– nunca podrá recrear la frescura y la agilidad de la lengua conversacional de Brown, pero con la ayuda de mi buen amigo el escritor y traductor Lawrence Schimel creo que la cosa no anda muy descaminada. Hay un Vimeo un clip del poeta leyendo «Bullet Points» en público, y esa lectura es como un blues rapeado, con una respiración lenta y arrastrada que constrasta, en parte, con el ritmo vivo de las anáforas y la sintaxis.

El propio Brown, hablando de este poema, ha dicho que «no surgió de un impulso de protesta. Es un poema que hace de un sentimiento de desesperación que surge, a su vez, de una circunstancia de mi vida. No quiero que nadie diga que me suicidé si alguna vez soy detenido por la policía».

El título original, por cierto, es un juego de palabras bastante intraducible. Hemos mantenido la referencia a las «balas» porque es el elemento importante de la expresión original, «Bullet points», literalmente: «puntos de bala», pero en realidad «puntos de una lista, de un listado». Pero también podría traducirse, tal vez, como «Verdades como balas» o «Versos a bocajarro». El jurado sigue reunido.

miércoles, febrero 20, 2019

libro de los otros / reseña


Había decidido no utilizar el blog para colgar reseñas de mis libros (prefiero compartir textos, lecturas, admiraciones), pero hago una excepción con esta lectura que Jaime Priede, con quien tanto he querido a lo largo de treinta años que se cumplirán muy pronto, acaba de publicar en el último número –el 29, descargable aquí– de la revista Nayagua sobre Libro de los otros (Trea, 2018). La leo con emoción y agradecimiento. Más acá de los elogios, pocas veces se ven las intenciones o los propósitos de uno tan bien elucidados. Jaime conoce perfectamente las piezas del puzle de esta escritura, el contexto que las envuelve y la fuerza que las mueve, y la precisión de su mirada crítica me resulta asombrosa, como si me hubiera leído el pensamiento. Que es, en realidad, un privilegio de la amistad. Y, ahora, no dejen de leer su espléndida traducción de la Poesía completa de Raymond Carver, recién publicada en Anagrama con el título de Todos nosotros.

[Nota: para leer bien el texto, basta pulsar en la imagen respectiva].