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jueves, marzo 27, 2014

viene del cielo





Leyendo un viejo ensayo de George Steiner, caigo sobre un verso del escritor isabelino Thomas Nashe: «Brightness falls from the air». El verso –sin duda el más citado de su autor– despierta un eco inmediato en español: «Siempre la claridad viene del cielo». Un eco que es una inversión, pues el poema de Nashe («In Time of Pestilence») es un canto fúnebre por las víctimas de la peste, una elegía a los jóvenes que han muerto antes de tiempo a causa de la plaga: la claridad, en su poema, no «viene» del cielo, sino que «cae», «desaparece» o se «desprende» de él, dejando una sombra donde antes había luz.

Sin embargo, el eco persiste. Siendo como es un verso célebre –Eliot y Joyce le dedicaron largos comentarios, y hasta dio título en 1985 a una conocida novela de ciencia-ficción de Alice B. Sheldon–, ¿es posible que Claudio Rodríguez lo leyera de muchacho en alguna vieja antología de poesía inglesa? ¿Que lo leyera y, tal vez, equivocara su sentido, usándolo como resorte para llegar a su propia formulación?

En todo caso, sería un misreading que viene de lejos, un malentendido irónico, pues casi todos los expertos coinciden en que el verso de Nashe es fruto de una errata y que su autor se refería más bien al «hair», el «cabello» de esos jóvenes dorados que se mueren literalmente ante sus ojos. La errata convierte una simple descripción física en una imagen memorable de la ruina del mundo, de su caída en desgracia. Una imagen que ha pervivido a lo largo de los siglos y que reaparece, extrañamente –por azar o a sabiendas–, en el verso inicial de Don de la ebriedad, confirmando así las viejas jerarquías, la certeza de que nada puede ocurrir en este mundo sublunar sin permiso del cielo.

domingo, junio 12, 2011

convergencias 4

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charles tomlinson

las pisadas del ciervo

................… Las pisadas del ciervo
que anoche se adentró por el jardín
cesan al pie del manzano sin fruto,
perfilado en la escarcha rutilante
que sentimos al filo de toda conjetura:
el ciervo que no está fulge con su presencia
de cosa percibida, substancial pero ausente.


trad. J. D.
(el original,
aquí)



Este poema me sorprendió, pues expresa exactamente el mismo pensamiento que un poema de Ritsos que yo había traducido hace poco y que se llama «Forma de la ausencia». Es notable que dos poetas, ignorándose, y con imágenes completamente diferentes, logren trasmitir la misma sensación. En el de Ritsos, el poeta se refiere a un gran jarrón que estaba en el rincón de una habitación, que tuvo que ser vendido en «horas difíciles» y cuya ausencia tiene, misteriosamente, una «presencia» tan fuerte que hasta parece cambiar el color de la pared en ese rincón. Y termina diciendo que, a veces, al atardecer, cuando todos están conversando alrededor de la mesa y se hace un silencio, se escucha un sonido «amargo y doloroso», como si alguien hubiera golpeado con un dedo «el invisible vaso cristalino».

(fragmento de una carta de Circe Maia)



yannis ritsos

forma de la ausencia

Lo que se fue se queda aquí, enraizado,
en el mismo lugar, callado y triste
como un jarrón vendido en horas difíciles

y en el rincón del cuarto, donde estaba,
queda el vacío denso, con idéntica forma,
y resplandece, diáfano,
a contraluz, cuando abren las ventanas

y dentro del jarrón, que cambió sus sustancia
por la misma medida de oquedad cristalina
queda otra vez el mismo hueco
con una resonancia algo más dolorosa.

Por detrás del jarrón la pared se distingue:
su color más sombrío, más hondo, más de sueño…

Y a veces, en la noche, en hora silenciosa,
o también en el día, entre conversaciones,
oyes dentro de ti como un sonido agudo
amargo y agitado
como un dedo invisible, que golpeara
aquel ausente vaso cristalino.


trad. Circe Maia
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martes, julio 13, 2010

convergencias 3

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Yo me callo, yo espero
hasta que mi pasión
y mi poesía y mi esperanza
sean como la que anda por la calle;
hasta que pueda ver con los ojos cerrados
el dolor que ya veo con los ojos abiertos.


Antonio Gamoneda, de Exentos I (1959-1960)


Por otra parte, el poeta se ve empujado a decir la verdad. «¿Cómo debe expresarse la verdad?», se pregunta Gwendolyn Brooks. La verdad importa. Acertar importa. El consejo del realista es: abre los ojos y mira. Los defensores de la imaginación aconsejan: cierra los ojos para ver mejor. Hay una verdad que se percibe con los ojos abiertos y otra a la que se accede con los ojos cerrados, y a veces estas dos verdades no se reconocen cuando se cruzan por la calle.

Charles Simic, cap. 23 de Una mosca en la sopa (A Fly in the Soup. Memoirs, 2002)
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lunes, mayo 18, 2009

convergencias 2


Sandías

Sandías, verdes Budas
en el puesto de frutas.
Comemos la sonrisa
y escupimos los dientes.

Charles Simic



El viejo

El pescado tiene demasiadas espinas
y demasiadas pepitas la sandía.

Charles Reznikoff
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domingo, diciembre 28, 2008

convergencias


Me pregunto si entre aquellos que construyen su holgada, segura y rectilínea vida académica sobre la de un escritor que vivió inmerso en la miseria y la desesperación, habrá uno solo que se avergüence.

Elias Canetti, La provincia del hombre, nota de 1967

Los eruditos

Calvas cabezas olvidadas de sus pecados,
viejas, doctas y calvas cabezas respetables
editan y comentan las estrofas
que jóvenes poetas, echados en sus camas,
rimaron con amor desesperado
halagando el oído ignorante de la belleza.

Todos bajan la voz y tosen tinta;
todos gastan la alfombra con sus pasos;
todos conocen al vecino de su vecino
y piensan lo que piensa el otro.
Oh Señor, ¿qué dirían
si su Catulo caminara así?

W. B. Yeats, Los cisnes salvajes de Coole (1917), trad. J.D.