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lunes, junio 06, 2011

pausa publicitaria

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Perdonadme este breve paréntesis ególatra, pero la coincidencia en el tiempo de estas reseñas bien lo merece. También porque no se publica un libro todos los días y las lecturas que van surgiendo en distintas revistas y espacios virtuales me sirven para ir componiendo la imagen que los demás tienen de un trabajo del que muchas veces el autor poco o nada sabe, salvo que ha dejado de pertenecerle.

Pedro de Silva ha dedicado su columna diaria en La Nueva España a Perros en la playa y teje una sugerente miniatura a partir de tres de sus aforismos. El novelista Eloy Tizón –un maestro del medio fondo narrativo y compañero de
fatigas en Hotel Kafka– escribe por extenso y con generosa perspicacia sobre el libro en el nuevo número de Ámbito Cultural, la página cultural de El Corte Inglés. Y mi viejo amigo el poeta Fernando Menéndez lo reseña con palabra cómplice en el último número (el de junio) de la revista virtual Literaturas.

Ah, y en el mismo número de Literaturas el poeta y crítico José Luis Gómez Toré escribe sobre Matemática tiniebla con un guiño inicial a La ciudad consciente. Realmente, no puedo quejarme. Gracias a todos, de corazón.
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viernes, septiembre 11, 2009

blake en ámbito cultural


Hay muchos Blake, y yo los he ido descubriendo poco a poco, a lo largo de los años. El Blake de las Canciones de Inocencia y Experiencia me ha interesado desde siempre. Esa capacidad para crear poemas redondos, exentos, que preludia la concepción escultórica del texto tan querida por los simbolistas, nunca ha dejado de fascinarme: poemas como «Londres», «El tigre» o «La rosa enferma» son insondables, inagotables; volvemos a ellos una y otra vez y siempre los encontramos vivos, siempre nos inquieren y nos asombran. Luego, en Blake hay un poeta con un ojo agudo y muy entrenado para la estampa costumbrista: «Jueves Santo», «El pequeño vagabundo» o «Londres», de nuevo, son capaces de levantar la escenografía de la ciudad que era entonces, a caballo entre la capital provinciana y algo destartalada del dieciocho y el monstruo imperial en que se convirtió en el curso del diecinueve. Londres está mucho más vivo en esos versos que en el soneto triunfalista que Wordsworth dedica al puente de Westminster.

Luego está el Blake de los epigramas, que es una versión más irónica y desenfadada del poeta de las canciones: son fragmentos feroces, de gran lucidez y penetración psicológica, y en los que Blake demuestra que era un buen observador de la naturaleza humana. Y que ningún sentimiento le era ajeno, porque ahí comparecen el rencor, la ira, el deseo, la frustración, pasiones demasiado humanas, si se quiere, que él sintió y anotó con la misma naturalidad con que hablaba de sus visiones y sus ángeles…



Así empieza «Las mil caras de Wiliam Blake», una charla con Marta Agudo sobre mi edición de su poesía en Visor que acaba de aparecer en Ámbito Cultural. Otra entrevista, otro fruto tardío de la primavera que ve la luz ahora, casi cuatro meses después, y que tiene algo de ensayo a dos voces. Tengo la sensación de que me ha permitido decir cosas sobre Blake que no siempre encuentran fácil acomodo en introducciones o textos críticos. Por cierto, la imagen, maravillosa, reproduce uno de los grabados que el artista inglés realizó para ilustrar el Infierno de Dante, en concreto el canto V, el dedicado a los amantes cuyos espíritus aparecen en torbellino antes de dar paso a la historia de Paolo y Francesca.