Cada año cambio de ex libris. Una excentricidad confesable con algo de secreta, elegante, codicia. Sobre todo porque, cada año llamo a algún amigo artista a quien lío para que me lo dibuje.
Esta vez se lo pedí a José Luis Mazarío, viejo amigo santanderino, con quien he compartido charlas y paseos, y visitas a ese mundo suyo de nubes rojas y playas arenosas, desiertas y carnales; barcos, atardeceres, circos y paisajes posibles e imposibles.
Alguna vez he escrito sobre su pintura y alguna, también, sobre su estudio, allí en Camargo lleno de cuadros pinceles, libros, botes, piedras, ramas, un ramo de mimosas...
Hay una serie de motivos que se repiten en muchas de sus obras; entre ellos, el jarrón sobre la mesa, siempre con flores, con algo de velada nostalgia familiar; y los libros, abiertos o cerrados, seductores y azules.
Y ese ha sido el motivo que ha elegido para el sello. Un jarrón, de frondosa mirada, que mantiene una frágil equilibrio y amenaza volcarse sobre un libro.
A partir del dibujo original, hemos hecho, mi hermano Pedro y yo, el ex libris de la derecha, con letra de mi amigo Rafa Vivas.
Lo recojo en un rato en la tienda de sellos de caucho, y esta tarde lo estrenaré, tal vez, estoy pensando, en un libro de Wilde que compré el otro día, El retrato de Dorian Grey, de ediciones Atenea, publicado en dos tomos. La ocasión lo merece.
Qué bonito! Qué suerte!
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viernes, 13 de abril de 2012
martes, 7 de septiembre de 2010
Correspondencias
Emilio González Sáinz y José Luis Mazarío exponen, hasta el 19 de este mes, en la galería Siboney, en la primera exposición que celebran juntos en Santander bajo el sugestivo título de Correspondencias.
Emilio y José Luis, o viceversa, amigos desde niños, de carreras parejas, iguales pero, al tiempo, tan distintos, tuvieron la amabilidad de proponerme escribir el texto del catálogo que se titula Morir de un adjetivo.
Mucho tiempo después vieron una exposición de dos acuarelistas ingleses, prerafaelitas, que, casi un siglo antes, habían realizado ese mismo viaje, y que habían pintado los mismos paisajes, a veces idénticos motivos.
Sólo se mostraban las acuarelas de uno de ellos. Las del otro habían volado, un día, allí en Cornualles, llevadas por el viento.
Me pareció una imagen poética, esa de los papeles volando sobre el acantilado, como pájaros alejándose hacia el mar.
La exposicion puede visitarse en http://www.galeriasiboney.com/primera.htm
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