Me gusta hacer fotos de escritores a quienes entrevisto. Así que desde hace tiempo, voy siempre con la cámara a las grabaciones y busco un hueco para las fotografías: una especie de diario de lecturas, con fotos, de aquellos escritores a los que he ido visitando ultimamente.
Nicole Krauss, por ejemplo, con quien hablé, hace un par de semanas, de su deslumbrante La gran casa (Salamandra), una histora que trata de la memoria, los recuerdos, y de los objetos y cómo, de alguna manera, éstos hablan de nosotros.
La foto está hecha en la cafetería del hotel donde se había citado con los medios, y me gustó su manera de posar: fresca, divertida y sonriente. Me habló de alguno de sus escritores favoritos, Brodsky, entre ellos, y su Marca de agua.
También estuve, hace poco, con mi amigo Luis Mateo Díez que en la foto posa al lado de otro de mis escritores favoritos, Manuel Longares.
Mateo acaba de publicar La cabeza en llamas (Galaxia Gutemberg), un estupendo libro que ha decidido regalarse -y regalarnos- por su setenta cumpleaños.
Cuatro historias de personajes, atmósferas, y ese secreto siempre presente, inexpresado, perturbador al que nos asomamos los lectores, como quien entreabre la rendija de una puerta.
La foto está hecha ante una fachada del barrio de Retiro, en Madrid.
José María Merino, estuve el otro día en su casa hablando de la antología de Antonio Pereira, Todos los cuentos, que acaba de publicar Siruela, con un precioso prólogo, no prólogo, de Antonio Gamoneda.
Le pregunté que cómo era posible que Pereira, fallecido en 2009, nos hubiera pasado inadvertido durante tanto tiempo, y me habló de ese olvido inexplicable, injusto, que persigue a alguno de nuestros mejores autores.
Un libro precioso, sorprendente, lleno de humor e historias inolvidables, y de lectura obligada para los que saben quien es Pereira y, sobre todo, para los que, como yo, no habíamos leído nada de él.
Y este viernes pasado tuve la fortuna irrepetible de conocer, y saludar, a Tomas Tranströmer. Una invitación de la Embajada de Suecia a un emotivo encuentro con el poeta sueco, Nobel de literatura 2011, y de quien Nórdica ha publicado en españa El cielo a medio hacer y El árbol y la nube.
Tranströmer sufrió una grave hemiplegia que le paralizó la parte derecha del cuerpo, y que le impide hablar, pero no escribir, ni tocar el piano.
A través de su esposa, Mónica, contó lo que había supuesto, de alteración en su vida, recibir el Nobel; de su poesía y la importancia de la música en ella (toca el piano a diario, con la mano izquierda, a veces obras compuestas especialmente para él), y la emoción que le había supuesto el homenaje, la tarde anterior, que le brindaron en el Círculo de Bellas Artes.
Allí, un grupo de poetas - José Manuel
Caballero Bonald, Jordi Doce, Esther
Ramón, Carlos Pardo y Juan Marqués- recitaron sus versos en español. En la recepción de la embajada, posaba al día siguiente con alguno de ellos. Un encuentro, comenzaba diciendo, inolvidable.