Ya me metí una vez con un artículo de Javier Marías, en aquella ocasión con el cabreo consiguiente por el menosprecio que mostraba por la forma de vestir de la gente en verano. En esta ocasión voy a evitar cabrearme porque creo que no vale la pena ya que las tontunas que este grandísimo escritor vierte en su último artículo en el Dominical de El País del pasado domingo acerca del contenido de los blogs y de quienes están detrás de ellos no merecen otra cosa que la conmiseración hacia el ignorante.
Javier Marías, que se reconoce no usuario de Internet, incluso tampoco del ordenador para escribir sus libros (lo hace en máquina de escribir y, encima, ha removido Roma con Santiago para encontrar una nueva de la marca X que siempre ha utilizado), utiliza una entrada "casual" en la red, en no recuerdo dónde, supuestamente para hacerse una idea de qué se cuece en la comunidad virtual.
No sé en qué páginas entraría ni a qué amigos y/o enemigos visitaría, pero pareciera que el cursor le llevó a una suerte de comunidad endemoniada, de seres de bajos fondos y actitudes matoniles. Quizá, me temo, sólo se dedicó a husmear entre los nombres más relevantes de la literatura actual, tan proclives ellos (sobre todo ellos, lo siento) al navajeo y al vitupereo contra el resto de su casta de intocables.
Es una pena que este hombre, al que admiro como escritor de novelas, sea tan poco ecuánime a la hora de opinar y valorar al resto de seres terrenales, generalizando de manera infantil los errores en los que unos pocos puedan incurrir (humanos, por otro lado) y siempre afeando toda forma de actuación de hasta los más humildes de los mortales. Y resulta también curioso que menosprecie la libre opinión que otros puedan tener a través de sus blogs tachándoles de criticones, malpensados, rabiosos y cabreados, cuando la suya todos los domingos en El País Semanal es tan similar a la entrada de un blog y de contenidos tan destructivos como pueda ser la de los demás. Claro, que así se libra de que otros le puedan replicar de forma inmediata y afear su conducta, cosa esta que a él le parece reprobable e incomprensible en el mundo de la blogosfera. Ser crítico sin recibir críticas es realmente cómodo y su acomodo en esa impunidad no le hace más libre sino más prisionero de su miedo a ser contestado.
Yo le invitaría a visitar nuestra pequeña comunidad, tan llena de gente educada, sensible, respetuosa comprensiva, inteligente, sabia y cariñosa, y eso sólo por citar algunos de los adjetivos que me vienen a la cabeza de golpe porque podría llenar páginas hablando del buen hacer de mis queridos/as opinadores, virtuales unos y otros no tanto. Aunque también me temo que dada su actitud despectiva hacia el género humano sus adjetivos hacia nosotros serían de otro calibre.
No quisiera pensar que el éxito sea la causa de tanta tontuna, más bien me inclino por la creencia de que carencias de otro tipo le incitan a proyectar en los demás lo que no sabe apreciar en sí mismo, o no puede, o no quiere. ¡Qué pena!
Si alguien no ha leído el artículo al que hago referencia y está interesado/a en saber más, aquí dejo el enlace:
http://www.elpais.com/articulo/portada/region/ocultamente/furibunda/elpepusoceps/20081214elpepspor_2/Tes
(Si en la página saliera error al pincharla -a mí me sale-, ir a El País y buscar El País Semanal: no tiene pérdida)
Blogosfera y poesía