Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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05 junio 2009

Teta's Power-3: Epílogo

Mi teta, algo disminuidilla, me ha comentado que está alucinada por el interés que ha despertado... :)

Y es que, todo hay que decirlo, me he sentido tan mimada y animada por mis visitantes y amigos/as que me siento apabullada. Desde esta pequeña ventana quiero agradeceros públicamente vuestro interés con todo el cariño del mundo mundial. La vida no deja de sorprenderme y de ser generosa conmigo. Buen rollito.

Resumiré mi nueva experiencia como si fuera una peli en avance rápido porque estas cosas son para repasarlas sin detenerse en demasiados detalles, al menos así lo creo yo y no precisamente porque me produzcan ninguna grima sino porque, como ya he dicho en otras ocasiones, no hay que pararse mucho tiempo en lo pasado sino mirar al frente para aseguir avanzando. No, no es que sea una
tragamillas, pero tampoco quiero convertirme en estatua de sal; lo mío tira más hacia el dulce, sobre todo si contiene chocolate.

02:00 p.m.: ¡Joder, me he olvidado de ir a sellar el volante de la operación! Para no llegar tarde cojo al taxista más joven, inexperto y lento de todo Madrid.

02:50 p.m.: ¿Ha traído las pruebas? ¿Qué pruebas? Las que le han hecho para la operación. Nadie me dijo que las trajera. Pues no la podemos operar sin ellas. Anda, caballero andante, cógete un taxi y búscame en el mueble de la habitación una carpeta azul de plástico y traémela. Vale, colega.

03:00 p.m.: Habitación guay. Hambre, sudor y sin lágrimas. Acuéstese y espere a que vengan a buscarla. Pongo la tele para que pasen el tiempo y el hambre mejor.

05:30 p.m.: Viene el celador y me pide algo en un idioma que no entiendo. Al final comprendo que es sordomudo o algo así y no puede pronunciar bien. Caballero andante sí lo entiende y le da los dichosos papeles. Fernando Alonso no me hubiese llevado a más velocidad por los corredores. Paso ante gente que me mira con conmiseración y yo les saludo con la mano a lo Lady Di. Son mis minutos de gloria...

05:35 p.m.: Me aparca en una especie de parking de camas, antesala de los quirófanos. Las otras camas están vacías y mirando a mi alrededor pienso que parece la puerta del cielo: todo limpito y pintado en un azul clarito muy logrado. Un tipo vestido de verde se acerca a mí y me coge la mano con afecto. ¿Eres el anestesista? Me suelta la mano con cierta brusquedad y se le borra la sonrisa. No, no soy el anestesista. Creo que es un cirujano al que le ha sentado como un rayo que le confundiera con el pinchadrogas. ¡Un jilipollas!, pienso y no lo digo. Trasiego de enfermeras médicos y demás especímenes sanitarios. En la puerta de los quirófanos la señal de peligro de radiación en verde, ¿querrá decir que en los quirófanos no están contaminados? No lo sé porque no llevo las gafas y lo veo todo borroso. Me dan ganas de preguntar pero no lo hago para que no me llamen cateta.

05:50 p.m.: Sacan a una operada y me meten en la sala no contaminada. Focos y mesa de operaciones dura como una piedra. ¿Una almohadita, porfa, para mis cervicales? Sí, hay almohadita para mí. Me quieren pinchar en la mano o en la muñeca y protesto. Duele un huevo ahí. Aparece un hombrecillo de verde con un pañuelo en la cabeza anudado a lo pirata, de colorines y con dibujos de patitos y bichitos varios. Los anestesistas siempre son los más estrafalarios, supongo que es porque les pone eso de las adormideras. Con esas pintas no me extraña que al cirujano que me cogió la mano le fastidiara que lo confundiera... Me pincha a la altura del codo, donde yo quería. Le comento que lo que menos me gusta es no poderme resistir a la anestesia. Eso pasa cuando uno se droga, me contesta. Graciosillo, ¿eh? Luego me dice que piense en algo bonito. No se me ocurre nada y me voy al otro barrio en dos segundos.

06:15 p.m.: Abro los ojos sobresaltada, como si no supiera qué ha pasado. Ya está hecho, me dice mi ginecólogo, ha salido todo perfecto. Mi boca está más seca y rasposa que el esparto. Tengo mucho sueño y todo me da vueltas. La cara del anestesista cerca de la mía. ¿He roncado mucho? No, en absoluto. Menos mal, pienso. Era una de las cosas que más temía. Coquetería hasta el final. Fitipaldi me devuelve a la habitación a la misma velocidad que antes. Veo pasar las puertas a toda leche pero no sé si es por la velicidad o por el
globo que llevo encima.

06:30 p.m: Ya en la habitación una enfermera me dice que no puedo ni dormirme ni beber agua en una hora. La hora más larga de mi vida y además tengo un hambre de loba. En el gotero un analgésico que me da todavía más sueño. Me paso la hora cabeceando a izquierda y derecha para evitar el sueño. Me acuerdo de la tortura de impedir el sueño aunque sé que esto no se le parece ni lo más mínimo, por suerte.

07:35 p.m.: Por fin una botellita de agua para la nena. La bebo con fruición. ¿Y comer? Más tarde. ¿Has hecho pis? No. Pues intenta hacerlo porque si no tendremos que sondarte. Ante esa posibilidad me siento en el váter hasta que consigo hacerlo. La última sonda que me pusieron me produjo una cistitis de tal calibre que me tuvieron que ingresar durante una semana. No me pillarán en otra. Hay que batallar contra lo que una no quiere. Me visita mi ginecólogo y me dice que el quiste era bastante grande pero cree que es un hamartoma (¡vaya palabreja!) como se había diagnosticado y, por tanto, inocuo. Para más seguridad hay que esperar al informe de Anatomía Patológica. Es el protocolo y me parece lo normal. No me preocupa. No hay ganglios que hagan sospechar nada malo. Por la mañana ya me puedo largar a casita.

09:00 p.m.: Bandeja con cenita. Dieta blanda. Vale. Sopa de estrellas sin sal. ¿Un poco de sal? Dos sobrecitos. Tacos de patatas, cocidas antes de que los conquistadores las trajeran de las Américas, con zanahorias y dos trocitos de puerro. Me lo zampo como si fueran angulas de aguinaga o caviar iraní, pata negra. Catorce años de internado es una mili muy larga y me como lo que me echen, y si hay hambre no digamos. El flan de postre es malo con ganas pero a mí me sabe a tocinillo de cielo. Un fiestorro.

10:30 p.m.: Me duermo como una bendita aunque me mantengo vigilante toda la noche para no doblar el brazo en el que tengo puesta la vía. Menos mal que me muevo poco.

11:55 p.m.: Me despiertan para preguntarme si quiero un zumito de naranja o de piña y suelto toda la retahíla de maldiciones imaginables, ¡panda espabilaos! Ya que me han despertado, me tomo uno de naranja. No está mal pero sigo soltando maldiciones. Me vuelvo a dormir.

07:15 a.m.: Desayuno , por decir algo. Intentan ahorrar costes y se nota que no son ellos los destinatarios de semejante bazofia. Sueño con un croisant y un buen café. Ya queda poco.

08:30 a.m.: Última dosis en vena de analgésico. Debe de ser otra droga porque me duermo aunque no quiera. Me gustaría saber qué guarrería me han puesto pero me da pereza levantarme para leer lo que pone en la bolsita colgada sobre mi cabeza. ¡Que le den!

10:40 a.m.: Llega una doctora muy amable y me dice que me puedo ir cuando quiera. Antes de que acabe ya estoy vestida, ni siquiera me detengo a lavarme los dientes y a peinarme. Me enjuago la boca y me echo el pelo para atrás con los dedos. Ya habrá tiempo de ponerme guapa en casa.

12:00 a.m.: Desayudo en la cafetería de enfrente del Hospital. Eso sí que es pura delicatessen pero estoy medio borracha todavía a causa del analgésico. Me voy a casa a tumbarme a ver si se me pasa. Por la tarde ya estoy casi recuperada. No me duele nada ni echo de menos el hospital, lo cual me parece muy sano. Hice lo que tenía que hacer y ya pasó todo.

Ahora, a otra cosa mariposa.



Nota: las horas son aproximadas, no estoy tan pa'llá... :)

Experiencia y poesía.

04 junio 2009

Teta's Power-2: De nuevo en casita

Acabo de llegar a casa desde el Hospital y sólo quiero poner unas letrillas para deciros a todos/as que todo ha ido muy bien pero aún estoy algo borrachilla de los calmantes. Mi teta sigue en su sitio aunque le hayan quitado las malas yerbas y, supuestamente, le hayan hecho un socavón que en pocos días se rellenará de su propio tejido. Vamos, que lucirá tan estupenda como siempre :-).

Daros besitos dulces a todos/as y en cuanto recupere mis habituales fuerzas os cuento alguna que otra anécdota que siempre se produce en estos casos.

¡So guapos/as!

Fuerza y poesía.

01 junio 2009

Teta's Power

Otra vez al dichoso quirófano, otra vez a quedarme en ayunas durante seis o siete horas antes de la operación, otra vez a vestirme de verde con gorrito incuído, otra vez a ver enfilar la aguja hacia una de mis venas, otra vez a sumirme en la nada, otra vez a despertarme con la borrachera de la anestesia y otra vez a esperar a que unas pinzas extraigan los puntos como si fueran pequeños gusanos incrustados en mi pecho.

Otra vez a someterme a la violencia de lo inevitable como un conejillo de indias o como uno de esos monitos a los que han clonado tiñéndoles las extremidades de verde, supongo que para que nadie los confunda, con el fin de convertirlos en víctimas del progreso de la ciencia. No existe más peligro que el de lo inesperado ni más beneficio que el de perder una mínima porción del cuerpo que ha decidido romper las reglas del juego y desarrollarse por su cuenta. No es maligno ni tiene otras pretensiones que sentir el placer de la penetración del bisturí para ser extraído y, de paso, fastidiar a quien ha elegido para instalarse.


No tengo miedo, sólo me invade el hastío de tener que pasar por unos protocolos que están hechos para evitarte el descanso y arrancarte unas cuantas horas de consciencia, como si esas horas no fueran imprescindibles para seguir mamando de la vida. Los tumores benignos tienen eso, que si no los atacas se ofenden y empiezan a rezumar mala baba, de la que se va extendiendo por todo el cuerpo y lo carcome hasta dejarlo como una alita de pollo mordisqueada.


Una no cree demasiado en estas cosas, ni en otras, pero el por si acaso es una llave que abre todas las cerraduras y me enseñaron a llevarla siempre colgada de el cuello como una soga que en cualquier momento puede partírmelo si no sé manejarla como corresponde. Son los inconvenientes de nacer en una familia de hipocrondríacos a los que los miedos no les han servido de nada, y eso que a mí me desaparecieron todos cuando me diagnosticaron el cáncer porque sabes que si no te mueres de ésa es que ya no te mueres de nada, hasta que te toque…

Curioso que ese día dé la casualidad de que hubiese sido el santo de mi madre -Sta. Clotilde, reina de los francos- y seguro que ella no habría faltado a mi cita con el bisturí, como lo hizo antes y como lo hizo siempre, y después lo hubiésemos celebrado tomando un granizado de limón en una terraza de la Pl. de Santa Ana o yéndonos a comer cosas ricas a algún restaurante de esos que son prohibitivos para mi bolsillo pero no lo eran para el de ella, mi inolvidable pijotona.

Pero como ella no está, me consuelo sabiendo que Inés Matute se ha erigido en Presidenta del Teta’s Power, al que cualquiera se puede adherir si carece prejuicios y le sobra sentido del humor. Razón: AQUÍ (¡ojo al pinchar que igual os quedáis dentro!).


Me rechiflo de mí misma porque en el fondo me importa un pimiento que el miércoles me operen para quitarme un tumor benigno de la teta izquierda. Sólo me fastidia perder un día en el que quizá el canto de los pájaros sea más hermoso que nunca y yo seguramente no podré escucharlo.


Teta’s power y poesía.

FOTOLIA