Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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18 mayo 2010

Para no dormir

      By Peridis (El País de hoy)

El cinismo no es poesía.

26 febrero 2008

Caña al mono

Todos sabemos, porque lo hemos constatado, cómo de ha ido deteriorando el hacer de la política durante la anterior legislatura. Bueno, no todos, porque hay millones que están encantados por cómo ha transcurrido la vida pública. Es de pena, patético, comprobar que la caña al contrario levanta pasiones, hasta algunos lo han convertido en una moda, en una forma de vida. Escuchar e intentar comprender, aunque al final no se esté de acuerdo, parece que se lleva mal. Hemos pasado del "váyase Sr. González" al "Sr. Zapatero, ud. se ha vendido a los terroristas". No sé qué es peor. No puedo ser imparcial, lo siento. Tampoco tengo por qué serlo. Pero me resisto a creer que los comportamientos de ZP y de Rajoy sean equiparables o comparables. Quizá ZP haya cometido errores imperdonables (que no creo que hayan tenido ese calibre), pero en ningún caso se puede hacer una utilización tan torticera de los mismos, tan ventajista y tan repugnante.

Viendo el debate de ayer, que ya me echaba un poco para atrás por su encorsetamiento, sus limitaciones absurdas y miedosas, me di cuenta que ese señor de la barba va a seguir así de por vida, al menos de por vida política, mientras le dure. A mí no me da ninguna pena ZP, es que oyendo a Rajoy me siento insultada como persona y como ciudadana. Yo defiendo la negociación con ETA hasta lo inagotable, incluso defendería referéndums en donde se plantearan. Soy partidaria del Estado federal, incluso de la independencia de aquellos territorios en los que la mayoría de sus ciudadanos así lo decidieran. No tengo ningún sentimiento de patria, no soy patriota por ningún costado. España es el lugar donde nací (en una colonia entonces, por cierto), pero siempre me he sentido de allá donde he ido o de ningún lado en especial. El sentimiento de patria, ya sea española, vasca o catalana, me parecen una catetada en el mundo interdependiente y globalizado en el que vivimos (no sólo en el aspecto económico, tal y como yo lo entiendo). Por eso me parece también un despropósito exigir a los inmigrantes un contrato de "españolidad costumbrista". Me avergüenza semejante propuesta.

No estuvieron bien ninguno de los dos, pero uno estuvo mucho menos bien que el otro, y no por sus actitudes, sino porque si hay algo innegable es que en esta legislatura se ha hecho un esfuerzo importante por reconocer derechos de la ciudadanía. No lo digo yo: ahí están, sólo hay que leerse el BOE. En economía hemos ido bien toda la legislatura, y en empleo, aunque en el último período las cosas se hayan torcido, pero no se puede calificar una legislatura por los últimos 8 meses, más cuando hay aspectos importantes ajenos a nosotros que nos arrastran, como es la subida imparable del petróleo, la dichosa estafa de las hipotecas subprime o la incomprensible subida del trigo o de la leche, que está cayendo en origen pero los intermediarios están haciendo su agosto manteniéndolos para el consumidor (que se se lo pregunten a mi frutero o a mi carnicero). Y eso que yo he perdido poder adquisitivo desde hace años, como la mayoría, porque los precios han subido de forma mucho más considerable que mi sueldo, pero me alegro de que haya mucha más gente con empleo, aunque quede mucho por hacer respecto a la calidad de éste. Lo que me parece una barbaridad, independientemente del derecho de las personas a tener una vivienda digna, que haya gente que se lance a comprar una vivienda sin disponer de empleos medianamente estables o con sueldos insuficientes, como si se les fuera la vida en ser propietarios. Respeto esa decisión, o que se tenga como meta comprar un piso, pero no la entiendo, más cuando se deja media vida en ello, como si la vida fuese mejor por tener una escritura de propiedad, o sólo eso. Por cierto, ¿sabrá Rajoy que los tipos de interés han subido por decisión del Banco Central Europeo? 

Si no se reconocen las evidencias es porque no interesa y porque los que se han opuesto a todo ello, y se oponen, nunca nos pondrían en valor como ciudadanos. Es mejor ahondar en los errores, relativos pero reales; seguir metiendo el dedo en la llaga, acosar al otro a ver si por fin cae por el precipicio. Ése es el talante de la derecha. Prefiero al "ZP-bamby", aunque sólo sea porque demuestra más educación. 

Y la Iglesia, por favor, que se retire de una vez a sus cuarteles de invierno. Que paguen sus gastos los fieles, que yo le daré la parte de mis ingresos que me dé la gana a quien me dé la gana.

Esperanza y poesía.

05 julio 2007

La carga de la prueba... ¿o la prueba de la carga?

Fue la guinda: mire Sr. Zapatero, yo afirmo que es usted un mentiroso, falso y traidor y, por tanto, no me fío de usted ni creo nada de lo que dice, eso sí, como no puedo demostrar mis afirmaciones, hágame el favor de ser usted quien presente la prueba de que es usted inocente porque, si no lo hace, quedará demostrado que lo que digo es verdad.
Y es "éste", un tal Mariano Rajoy, quien quiere gobernar este país algún día.
Y yo, ¡qué ingenuidad!, que creía que todos éramos inocentes hasta que no se demostrara lo contrario... Pues mire, que va a ser que no, que va a tener usted que demostrar que no es una impostora, ni una aprovechada, ni una miserable, ni una mala pécora, ni una robacorazones, ni una pusilánime, ni una chupa-almas, ni una vende-amigos, ni una mata-esperanzas, ni una boicoteadora, ni una ladrona de sueños, ni una mujer mujer... porque lo que yo pienso es todo lo contrario, porque me da la gana, porque quiero machacarla como a una cucaracha, así que demuéstreme que lo que yo digo es mentira, so jilipollas.
Pues menudo problema, porque resulta que después de que me incluyeran entre todos esos votantes que no lo hicieron al PP y que, por tanto, éramos cómplices de ETA y, consecuentemente, sospechosos de terrorismo, el único acta que podría aportar para demostrar mi inocencia sería mi voto... y mi voto me declara culpable... luego soy una terrorista de tomo y lomo, un peligro público, pura escoria. ¿Cómo podré redimir tanto pecado, dioses míos?
Infierno y poesía.

25 mayo 2007

La violencia, la impotencia y la SER

Gracias por vuestros comentarios, Luis Felipe y Agustín, se nota que me queréis... :-)) Espero que no os quedéis sólo en eso y participéis aportando vuestro conocimiento, vuestra sensibilidad, vuestro buen hacer. Yo también os quiero y por eso algún día os dedicaré mis pensamientos en este cuaderno.

Cada mañana, cuando me levanto, escucho la SER. Es una costumbre que llevo practicando desde hace dos o tres años, no más. He vuelto a descubrir el poder y la atracción de la radio porque no sólo la escucho por las mañanas sino también en el coche (KissFM, Radio8O, antiguallas para algunos, quizá) cuando viajo. Y cuando digo que "he vuelto a descubrir" es porque el primer contacto que tuve con la radio de una forma propia, personal, escuchándo lo que yo quería y cuando quería, fue a los 11 años durante una hepatitis que padecí como consecuencia de la quinina que debíamos tomar para combatir, en lo posible, los riesgos de la malaria debido a nuestra estancia en Guinea Ecuatorial; terrible enfermedad que llevó a la muerte a una de mis hermanas con apenas cinco años y por poco se lleva a otra. Yo la padecí varias veces pero ya se sabe: bicho malo nunca muere... Los seis meses, aproximadamente, que me obligaron a permanecer en cama (entonces la hepatitis "se curaba" con medicamentos y mucho reposo) me llevaron a utilizar la radio como arma de entretenimiento. Me la ponía debajo de la almohada con el oído muy pegado a ella para que mi madre no supiera lo que estaba escuchando, sobre todo cuando por las tardes pretendía que rezáramos el rosario mientras ella se paseaba por el pasillo. No sé cómo lo hacía, pero balbuceaba las oraciones mientras escuchaba la radio. Mamá nunca se dio cuenta.

Escuchaba embobada todos los seriales habidos y por haber (no aptos para niños, claro), mucha música ¡y fútbol! No me perdía ningún partido que se retransmitiera, ni de la liga ni los internacionales. Fue entonces cuando me hice del At. de Madrid, porque me dio tanta rabia que perdiera contra el Tottemham de Inglaterra por 6-1 (si no recuerdo mal) que lo convertí en mi equipo favorito. Una constante de mi vida ha sido arrimarme a los perdedores, no sé si por aquellos de "mal de muchos, consuelo de tontos" o porque tengo un ojo... Quizá ni lo uno ni lo otro y mi sentido de la solidaridad sea mayor de lo que yo creo. Quizá.

Hoy un sociólogo que participaba en la tertulia, que se retransmitía desde San Sebastián, junto a Josu Jon Imaz y Patxi López, decía que la violencia era un síntoma de la impotencia. Me he quedado con esa frase de todas las que se han vertido porque he empezado a memorizar situaciones de violencia que he vivido en mi vida personal y que sigo viviendo, no ya en lo personal (la edad es un grado) sino en lo público y he llegado a la conclusión de que, efectivamente, la impotencia, entendida como incapacidad para/imposibilidad de conseguir los fines que uno se propone, si no se es capaz de aceptar la realidad, puede desembocar en algún tipo de violencia (hay muchos). Y esto lo enlazo con un reportaje que, ya empezado, vi ayer por la noche en Localia sobre el nazismo: espeluznante, demoledor. Un desfile interminable de soldados de todo tipo, con distintos ritmos y gestos con los brazos, al paso de la oca algunos, otros acompañados de música y tambores, otros de estandartes imitando a las legiones romanas, todos altaneros, ante un Hitler terriblemente complacido, sonriente, admirado, implacable con su brazo en alto, junto a toda su banda de generales, mariscales, ministros y demás afines. Y la gente, en las aceras y balcones, alegre, aplaudiendo o levantando el brazo entusiasmada. Luego, un discurso de Hitler en un congreso nacional-socialista que no sé si fue el primero o uno de los primeros después de hacerse con el poder; un discurso, como no podía ser menos, xenófobo y defensor no sólo de la pureza de sangre sino, además, de que unos pocos, los auténticos arios y pertenecientes al partido, la minoría, fueran los únicos legitimados para mandar y convertir por milenios y milenios a Alemania en la dueña del mundo. Se me infartó el alma como se me infarta cada vez que veo algo así, por muy sabido que lo tenga, pero no quiero que se me olvide que alguna vez todo esto ocurrió y que sigue ocurriendo todavía en algunas partes del mundo en mayor o menor medida.

Me dediqué a observar la cara de Hitler, tanto durante el desfile como durante su discurso, para intentar comprender a través de sus gestos, de su mirada, qué era eso que le podía mover a protagonizar semejante infamia, el horror en esencia pura. Me sorprendí diciendo: "es una mierda, es puro teatro". Lo más cercano a la psicología que he estado en mi vida fue cuando estudié Psicología Social en la carrera y mis sesiones personales de terapia psicológica cuando lo he necesitado. No soy, por tanto, ninguna experta, pero presumo de ser tremendamente intuitiva y la cara de ese monstruo me decía que la seguridad no era su fuerte, ni la templanza, ni la fortaleza interior, ni la sabiduría, justo todo lo contrario de lo que pretendía transmitir. En definitiva, que era un incapaz, un impotente mental (sexual he leído que también, pero no es lo que me interesa porque bien pudiera ser "derivado de", precisamente). Esa incapacidad/impotencia bien pudo ser la causa de su violencia, de su destrucción de todo aquello que pudiera sacarla a la luz, la debilidad de "los otros" pudo hacerle creer que aumentaba la suya, ya de por sí bastante alta. No estoy estableciendo ninguna teoría (sería pretencioso por mi parte y, sobre todo, ingenuo) sino que quiero encontrar una respuesta, algo que me lleve a comprender qué hay detrás de todo acto violento, terrorífico, indiscriminado, y qué mueve a quienes lo abanderan y lo practican. Pienso que la mente es el motor de todo lo que hacemos y sentimos, y los actos y pensamientos aberrantes surgen cuando somos incapaces de controlarla, de encauzarla, de interpretarla en sus manifestaciones racionales y/o sentimentales. Asumir la realidad es el primer paso para alcanzar la cordura, ¡pero qué difícil nos resulta comprender eso! Y si no, que se lo pregunten a Aznar, y a Rajoy, y la Batasuna, y a ETA, y a los maltratadores y asesinos de mujeres, y a Bush, y a los de la COPE, y a Bin Laden y seguidores, y a todos los torturadores, y a los dictadores y fascistas que aún quedan en el mundo... No todos son iguales, por supuesto, ni siquiera comparables, pero sí manifiestan distintas formas de violencia, unas verbales y otras físicas en mayor o menor grado, con las que pretenden ocultar su impotencia, su incapacidad, su miedo al otro y, sobre todo, a sí mismos. ¡Qué pena!

¡Hay que ver a lo que me ha llevado una frase dicha en una tertulia de la radio por un sociólogo!

Lluvia y poesía.

FOTOLIA