Persona2 - ¿Es que ha pasado algo?
Persona1 - Lo de siempre, lo de la corrupción en el PP. Este país no tiene arreglo.
Persona2 - ¡Menudos sinvergüenzas! A esos los cogía yo y los ponía a picar.
Persona3 - Oye, oye, que yo sepa nadie ha dicho que se hayan llevado ellos el dinero sino que lo que lo han utilizado para financiar al partido.
Persona1 - ¡Qué ingenuidad la tuya! ¿De verdad te lo crees?
Persona3 - ¿Y tú te crees lo que dice el PSOE?
Persona2 - No, pero es que son los jueces los que lo están diciendo.
Persona3 - Los jueces todavía no han dicho nada, que yo sepa.
Persona2 - Bueno, la policía.
Persona3 - Es que yo tampoco me creo a la policía porque está a lo que le diga el Gobierno.
Persona1 - Vamos, que te has creído lo de la conspiración mundial.
Persona2 - ¿No te parece curioso que Berlusconi esté utilizando la misma estrategia para defenderse?
Persona3 - A vosotros lo que os pasa es que sois del PSOE.
Persona2 - Yo no soy de nadie, pero creo que todo esto huele a podrido.
Persona3 - Por eso hueles tú así de mal.
Persona1 - ¿Por qué no lo dejamos estar?
Persona2 - Sí, mejor será.
Persona3 - Ahí llega el metro.
Y yo pienso que la confusión de la gente es enorme; unos no se creen nada, ni de estos ni de aquellos ni de los de más allá, y otros se lo creen todo a pesar de las evidencias. En el escenario de la política se está interpretando una obra tan nefasta que los pitidos de los espectadores ahogan las voces de los actores y por mucho que estos griten casi nadie los escucha. Yo los escucho, pero usan un lenguaje que no es el mío.
La deshonestidad enturbia la política y eso no es poesía.