Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

SOLIDARIDAD CON HAITÍ
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18 septiembre 2010

Adiós, vida


 Imagen bajada de Internet

La ropa estaba amontonada sobre el respaldo del sillón; los libros formaban columnas de papel apoyados contra la pared; la cama del sofá permanecía abierta desde hacía varios días con las sábanas cubiertas de vómito y orines; el perro gemía en un rincón bajo la jaula de los pájaros que yacían muertos en su interior con las alas desplegadas; en el fregadero de la cocina los cacharros formaban una extraña montaña de acero inoxidable y porcelana amarillenta mientras las cucarachas se cebaban con los últimos restos de comida; las bolas de pelusa recorrían el pasillo como rastrojos arrastrados por el viento y las cortinas, ennegrecidas por la polución, se balanceaban inquietas por efecto de la corriente. Aquel silencio hubiese sido absoluto de no ser por el tenue sonido de las gotas de agua golpeando el fondo del lavabo. La televisión emitía muda imágenes de la tierra cubierta por una capa de gases tóxicos. El hombre yacía desnudo junto a la cama con los ojos abiertos y turbios. Un orificio de bala en la sien y la pistola que aún sostenía en la mano eran la demostración palpable de que había decidido darle la espalda a la vida que le había tocado vivir.

Vivir y poesía.

11 junio 2010

¿Quiénes son?

La Encuesta de la Población Activa (EPA) que elabora el INE indica que el paro alcanzó en el primer trimestre de 2010 el 20,05 % frente al 18,83 % del trimestre anterior. El número de personas paradas ha aumentado en 286.200 personas (respecto al trimestre anterior) y se sitúa en un total de 4.612.700. Asimismo, el número de personas ocupadas descendió en 251.800 personas en los últimos tres meses de 2010 respecto al trimestre anterior y se sitúa en 18.394.200.

(Fotografía de I. Huete, 2008)

Todos los días que cojo el metro me paso el trayecto mirando las caras de los pasajeros que me rodean. Observo su expresión, su mirada, su rictus, cómo colocan las manos o si sostienen algo entre ellas,  qué leen (si leen), en qué punto fijan sus ojos, quién los acompaña y, si hablan, cómo es el timbre o el volumen de su voz, cuántos suspiros emiten por minuto...
Traslado la estadística del 20% de desempleo a las aproximadamente 50 o 60 personas que suelen acompañarme en el mismo vagón: 10 o 12 de ellas podrían fácilmente estar en paro. Son muchas y debería poder percibirlo pero no es así. Las miradas suelen ser inexpresivas salvo las de los niños y sus madres; las de los ancianos son en blanco y negro y en las de los jóvenes pareciera que nada en la vida pueda ensombrecérsela.
Los inmigrantes siempre me parecen fatigados, como si arrastraran una pesada carga. Se mueven lentamente, quizá preguntándose qué demonios hacen en esta gran ciudad tan febril e inóspita. Son los que más se ensimisman mirando el suelo.
El resto de viajeros son como autómatas, clones a la deriva arrastrados por la riada humana. No hay juego de señales en su comportamiento. Es desolador concluir que todos me parecen estar en paro. 

El paro no es poesía.

20 febrero 2010

Atravesando puentes

Puente de los Franceses sobre el río Manzanares (Madrid)

Esa mañana de martes, gris y fría en la que se helaba todo menos la mirada, fui a recoger un papel en el que estaba escrito mi futuro inmediato.  Cuando salí de la clínica a cuya espalda bajan las aguas del río tomé esta fotografía y pensé que la vida consiste en ir atravesando puentes bajo los cuales no siempre puedes contemplar el fluir tranquilo de las aguas pero sí sentir la fuerza de la corriente.

Nada había cambiado desde que crucé mi penúltimo puente y espero que nada cambie cuando el lunes  atraviese el próximo para llevarle el diagnóstico al hematólogo.

Como nos recuerda Forges todos los días: NO NOS OLVIDEMOS DE HAITÍ (sigo esperando las colaboraciones de quienes todavía no las habéis enviado)

Sigue la vida y poesía.

09 febrero 2010

Estoy requetebien, amigas/os.

Agradezco infinito el interés de algunas/os de vosotras/os por saber si estoy bien ya que hace algún tiempo que no os comento (sí os visito de vez en cuando)  ni escribo en mi blog...

Estoy bien, perfectamente, sin novedad de momento en el frente. Hoy, por fin, me he hecho el escáner que tenía pendiente pero hasta la semana que viene no sabré el resultado. Superé las angustias iniciales por tener que esperar hasta este mes para revisarme de nuevo y ahora estoy tranqui y me siento fuerte y dispuesta a lo que venga si es que ha de venir algo.

Lo que sí estoy es muy liada entre mi trabajo y las ediciones que tengo pendientes, aparte de la preparación de esa publicación que os propuse sobre ayuda a Haití. Sólo he recibido cuatro colaboraciones y me gustaría que me enviárais más pues pretendo llegar hasta 25 o 30 por lo menos, pensando además que han de ser traducidas al francés las que me lleguen sólo en castellano. Así que quienes me habéis dicho que puedo contar con vosotras/os, espero que no os olvidéis de la situación dramática por la que están pasando los ciudadanos haitianos y me las enviéis antes de que finalice el mes de febrero. Las espero con auténtico interés. Ya sabéis que podéis enviarlas al correo electrónico 

diointer@wanadoo.es

Os dejo de regalo este cuadro de Dalí que desconocía por completo pero que dado mi amor hacia las mariposas no podía venir más a cuento: mi vida sigue viento en popa a toda vela.


Vida y poesía.

06 enero 2010

Creación del Club de las Personas Positivas






Pues esto se acabó, se marcharon los reyes y esta noche las luces de todas las ciudades se apagarán hasta que finalice este nuevo año 2010. Yo debería hacer lo mismo con los adornos de mi casa pero sé que tanto por nostalgia como por pereza seguiré disfrutando de ellos hasta final de mes... Si tuviera espacio mantendría el árbol y el belén durante todo el año, ¿por qué no si me gustan? En mi familia ha sido tradición poner el nacimiento, después vino el árbol, y con los años me dieron el título de "ponedora de Belenes" porque lo hago con mucho detalle y mimo; soy manitas y me encantan las miniaturas, así que intento reproducir con la máxima fidelidad el ambiente del momento que representa. Cada año compro pequeños detalles nuevos en el mercadillo navideño de la Pl. Mayor y poco a poco la familia belenística va aumentando, lo que implica cada vez más espacio y complejidad pero yo disfruto con ello y pienso que, en definitiva, es lo único que importa.


He pasado unas fiestas bastante simpáticas en las que he reído mucho y creo haber reído bien, lo que no deja de ser un lujo. Noche Buena y Navidad con mis hermanas y algunos sobrinos en Murcia, Fin de Año en Madrid, en casita, con personas que quiero, y Reyes en el pueblo disfrutando de la tranquilidad y del silencio, con roscón incluido. He comido y bebido sin exceso; he dado y recibido besos y abrazos a/de gente de bien, de esa de la que no puedes prescindir; he repartido los regalos de la manera que más equitativa me ha parecido; he jugado a la lotería y sólo me ha tocado el reintegro de la del Niño pero no me quejo; no he hecho propósito ninguno para el nuevo año porque casi nunca los cumplo salvo, quizá, el proponerme serenidad de cara a mi salud cuando en febrero me vuelvan a hacer pruebas. Nada va a cambiar especialmente mi vida en estos próximos 12 meses excepto los tres libros que tengo pendientes de editar y que ya empiezo a preparar, alguno con un retraso considerable (¿me perdonarás querida amiga que no viniste a Madrid aquel sábado de diciembre?). 


Mis deseos son mantener mi amor a la vida, el sentido del humor, disfrutar de lo bello, ser mejor persona en la medida de lo posible, conservar y mimar a mis amigas y amigos, seguir viendo el mundo con los colores del arco iris aún en los momentos en los que parezca que sus pilares se derrumban y contribuir a sostenerlos con mi pequeño granito de arena. Y lo que deseo para mí se lo deseo a todas/os los que quieran unirse al Club de las Personas Positivas, a esas personas cuyo corazón es capaz de latir ante las pequeñas cosas y en su mirada no tienen cabida las tormentas destructoras.




Fuerza y poesía.

03 septiembre 2009

De cuentos y cuentos

Me han publicado un cuentito en el número de septiembre de la revista Agitadoras y podéis leerlo si pincháis aquí. Espero que os guste.

La vida es un cuento contado con mucho cuento... ¿o no?

Desde el momento en el que todo lo que nos acontece lo percibimos de forma totalmente subjetiva, con una visión distorsionada aunque no menos real de como lo perciben otros, deberíamos concluir que nada es como es ni se parece a lo que es. Ante un mismo hecho, se activa en mí una parte del cerebro que casi nunca es exactamente la misma que se activa en los que lo están viviendo conmigo. Si miro una flor hermosa, siento un deleite que nunca será igual al que siente otro, si es que lo siente, y cuando lo cuente a quien quiera escucharlo sólo podré expresar mi sensación pero nunca conseguiré definir con objetividad la belleza de la flor, si es que la tiene y no es sólo una fantasía mía, un querer verla bella sin serlo. Es en ese sentido en el que considero que contamos la vida con mucho cuento, porque nunca las cosas son como son sino como cada uno las percibimos. Si no fuera así, si todos viéramos las cosas desde la misma óptica, en su esencia perfecta y sin edulcorantes ni desvaríos, no sólo sería muy aburrido sino que, además, nada nuevo podríamos aprender, nada nuevo nos podrían enseñar, nada tendría razón de ser discutido, no habría desacuerdo ni oposición. La vida sería un asco porque carecería de su dosis necesaria de emoción, ilusión y/o fantasía.

Fotografía de Isabel Huete/09

Deleite y poesía

27 julio 2009

Las metas deben ir cayendo (cuando las haya)

Cuadro del pintor surrealista Jacek Yerka

Bueno, queridas/os, ya veis que he recuperado la conexión al ciberespacio y, además, con wiifi, que mola más. Iba a tomarme unos días de descanso bloguero pero, como siempre, me cuesta desengancharme. Una se acostumbra a tener amigas/os hasta en el infierno virtual y ya no puede dejarlos. Siempre fui una sentimental... No es que no esté aprovechando las vacances, todo lo contrario: mis mejores vacances son ésas en las que me pongo a hacer lo que más me divierte, y lo de poner ladrillos me pone que no veas. Eso sí, por las tardes me dedico a tumbarme en el lugar más fresquito de la casa y a rascarme la panza, que para eso está.

El lunes 3 ya me toca regresar al currele, pero siendo agosto será como otro mes de vacaciones porque apenas habrá nada que hacer ya que estaré prácticamente sola. Esa es una de las razones por las que casi nunca utilizo agosto para
vacacionarme. Luego me dejo dos semanitas más para otoño, para que no se me haga tan largo la llegada de las Navidades, que las/los que me habéis seguido desde el principio sabéis que me encantan.

Lo duro llegará en septiembre pues aparte de la jornada partida, que empezará el 15, tengo pendientes de editar dos libros... Me faltará tiempo, pero no ganas. Aunque no lo parezca, soy supervaga aunque también es cierto que necesito hacer cosas para sentir que la vida sigue fluyendo en la dirección deseada.

Confieso que, a veces, quisiera ser una princesa de cuento, y otras nadar, aunque sólo fuese por una vez, a favor de la corriente, pero algo me empuja siempre a adentrarme por los caminos más enrevesados. Creo que compito contra mí misma a falta de querer competir con otras personas. No hay meta ni puerta que se abra o se cierre tras mis pasos perdidos.

La vida es un lujo que no podemos permitirnos despreciar. Hay que dejar que la vida nos abrase las entrañas.

La noche es para los soñadores, es decir, para mí.

Noche cerrada y poesía.

24 febrero 2009

Un día más


Tenía tareas acumuladas y me he lanzado a las calles para hacerlas: que si concertar fecha para la presentación den Madrid del libro de Andreu Navarra, Fiebre y ciudad (por fin el 28 de marzo), que si cambiar las ruedas traseras del coche porque estaban las pobres como la piel de un bebé, que si comprar en Carrefur, que si recoger varillas de metacrilato para seguir haciendo jaulas... En fin que he acabado molida.

Pensaba mientras iba de un lado a otro que cada vez me interesa menos los pasos que doy y hacia dónde se dirigen. Recorrer el camino y medir su distancia (o intentarlo) no ocupa mi tiempo; ni siquiera el horizonte me inquieta si no es para ver salir el sol o divisar Venus al atardecer. La prisa ha huido a otros confines y la carga sobre mis hombros cada vez es más ligera.

Ahora me siento más libre y sólo se detiene mi mirada sobre las flores que crecen al borde del camino como glamurosos arco iris. Dejo al viento desnudar mi cuerpo y a los pájaros hablarme al oído. Me adormezco cuando el sol se recrea en mi piel y despierto cuando las estrellas chisporrotean suspendidas en la inmensidad.

Ya sólo me entusiasmo con el abecedario de la vida.

Vivir y poesía.

01 octubre 2008

Lo que aquí se esconde

Imagen de ojo retocada digitalmente por Isabel Huete

A veces, cuando leo otros blogs, me pregunto si no debería cambiar la tónica general del mío y elegir una línea de comentarios más homogénea, menos dispersa. Pero me asalta la duda de si sabría someterme a ese tipo de disciplina. Mi mirada danza de un sitio a otro por el escenario de la vida y se para sólo cuando ve algo que le inquieta, para bien o para mal. ¿Por qué no expresarlo entonces así?

Cuando decidí crear esta bitácora me lo planteé como una puerta abierta hacia mi interior, sin pretender poner ningún tipo de condición a quienes decidieran traspasarlo (salvo la del necesario respeto mutuo) y, a la vez, que me sirviera también como túnel de evasión de ese campamento monótono que es el transcurrir de los días. Y es que a veces pienso que vivimos tras las vallas de una especie de campo de concentración, sin saber nunca en qué momento vamos a ser gaseados, o anulados, o desaparecidos. Tal es el poder que ejerce lo material sobre nosotros y las pocas salidas que nos ofrece.

Mi mente, como la de todos, supongo, se ve sometida las 24 horas del día a un martilleo incesante de noticias, sentimientos, sensaciones, tristezas, alegrías, fracasos, éxitos... Todos nuestros sentidos se ponen en alerta nada más despertarnos y lo que antes era descanso, a partir de ese momento se torna vorágine arrolladora de movimientos neuronales, estallidos inconscientes no siempre controlados ni controlables.

Pretendo extraer de todo ese maremagno aquello que me parece más positivo y sin duda, para mí, más placentero. No rehuyo el conflicto ni pretendo ocultar el genio vivo que tengo (a veces insoportable), tan sólo me adentro en mi yo más amable y lo muestro para convencerme a mí misma de que lo poseo, o busco su posesión para no desfallecer.

Mi impulsividad y sentido crítico hacia aquello que más me incomoda a veces me traicionan, sobre todo en los ámbitos menos atractivos en los que se mueve mi vida cotidiana. Vida bastante estéril, por otro lado, pero que he de llevar si quiero comerme de vez en cuando un suculento plato de lentejas y no caer en la inanición.

Consciente de esa realidad insufrible, a la fuerza tengo que recurrir a mi otra vida, la que se esfuerza en no dejarse arrastrar por la mierda que nos rodea, aunque a veces sea tanta que resulte imposible no acabar apestando a ella. Y esa es mi vida creativa, la que utilizo para perderme en los recovecos de la imaginación y de la sensibilidad, las que me gusta llenar con la contemplación de las pequeñas cosas, erróneamente consideradas exentas de grandeza. Nunca me he considerado, porque no lo soy, una artista, aunque sí alguien con cierto instinto para transformar la realidad más mísera en algo con ciertos tintes de belleza. Las manos, la luz y los colores son los instrumentos básicos a los que recurro, como tabla de salvación, para dar forma a esas mis otras vivencias, mucho más interiores y gratificantes aunque no estén expuestas en un mercado que, ni busco, ni me importa.

Intento nutrirme de lo bello, empaparme de su calidez, y exponerlo a la vista de los ojeadores sin que el miedo o el resquemor me ate. No busco reconocimiento ni juicio alguno, únicamente dejar abierta la puerta de esta mi casa en la que busco y encuentro la paz para que la traspase quien quiera compartirla conmigo. Algunos/as van y vienen, y otros se han quedado, pero ninguno/a me es indiferente. Y de todos aprendo algo nuevo cada día.

No puedo pedir más, pero sí puedo daros las gracias por vuestra compañía.

Blogueros y poesía.

10 diciembre 2007

Hay días...



Esta imagen, tomada en un festival nocturno para jóvenes en Guadalajara (México) me sirve hoy para iniciar esta entrada.
Y es que hay días que interiormente me siento más agusto entre las sombras que entre las luces y tengo una cierta necesidad de volverme transparente, para no ser detectada. Son cortos espacios de tiempo en los que necesito cierta interiorización, esconderme del ruido de las gentes (malas fechas éstas para ello), encoger el cuerpo para alcanzar la postura fetal, inundar mi mente de mis propios fluidos y olerme el alma y aspirarla hasta no sentir nada. Sólo silencio. Sólo paz interior.
Y es que nunca he dejado de tener ciertos "ataques" de misantropía, incluso me parecen necesarios siempre que se disfruten a pequeños tragos, sin llegar a "colocarse". Suele ocurrirme después de periodos de gran actividad en los que, inevitablemente, he tenido que derrochar mucha energía para lucirme en sociedad, para vencer ciertos miedos y vender mis capacidades, para demostrar y demostrarme que puedo alcanzar lo que me propongo. No busco beneficio, sólo encontrar un elemento más, cualquier pieza perdida en algún momento de mi vida que me ayude a completar el puzzle de lo que soy. Poco a poco voy consiguiéndolo, aunque he de reconocer que por mi forma de vivir y de sentir el trabajo se vuelve tremendamente complicado. Pero no cejo, y no lo hago porque al fin y al cabo vivir es eso: ir haciéndose, componiéndose, día a día, alimentarse de lo que nos regalan los sentidos.
Pero es que la vida también agota a veces, más cuando se vive intensamente, cuando no quieres dejar pasar ni un segundo sin empaparte de todo, sin absorber todos los instantes por muy banales que puedan parecer, para después cargarlo todo en la mochila y llevártelo, porque ya lo vivido forma parte de ti. Y cuanto más acumulas, más pesa todo, y hay que parar un rato y descansar. Poner la mente en ti y dejar que el cuerpo flote, levite. Soñar en la nada.
Transparencia y poesía.

28 septiembre 2007

Entrañablemente viva

Entre mis amigos/as, los que me escriben o llaman para opinar sobre mi blog pero que no se atreven, o les cuesta, mostrar su opinión escribiendo en él, el comentario más habitual es que les parece entrañable lo que escribo, y yo les contesto lo mismo a todos: que es eso, precisamente, lo que pretendo transmitir, no sólo porque yo soy, o me gusta ser así, sino también porque es lo que me gusta a mí encontrar ("lo entrañable") en los blogs personales de los demás, siempre que no tenga la impresión de que se hace con impostura, que es un guión estudiado, sino el reflejo de una realidad vital con un elevado grado de autenticidad. Al fin y al cabo, eso es en realidad un blog: un cuaderno de bitácora, un lugar, un diario, en el que se escribe lo que pasa y cómo nos pasa, al menos los que pretenden reflejar lo que pasa por la cabeza de uno mismo desde la opinión o el sentimiento. Así lo concibo yo.

Pero también mis amigos/as saben que una cosa es sacar la parte entrañable que una posee y que les gusta "saborear" leyéndome, y otra muy distinta que sea mi estado permanente de humor. De hecho, ante determinados acontecimientos sobre los que he opinado en alguna entrada, no he podido disimular la mala baba que a veces me chorrea entre las neuronas. Porque soy impulsiva, crítica y autocrítica (desmedida a veces), beligerante con la injusticia y la prepotencia, con la mala educación, con la falta de respeto, con la mentira masiva, con el egoísmo congénito, con quienes hacen de la simulación una forma de vida, y con muchas cosas más... Cuando algo me solivianta soy dura, quizá inflexible (mala cosa, esa), la sangre se me coagula y el corazón se vuelve roca. No, creo que no soy una perita en dulce...

Yo también he mostrado a veces esas actitudes con las que me muestro beligerante, no soy ajena a ellas, también tengo mi lado oscuro, pero he aprendido a sumirlo y a perdonármelo, y también a pedir perdón cuando he ofendido a otros. La verdad es que me siento mucho mejor después de hacerlo. Ya no me parece una humillación reconocer los errores. Quizá ese aprendizaje no se habría producido si no hubiese sufrido un cáncer ante el que pensé que la muerte podría estar más cerca de lo imaginable y, por supuesto, de lo deseable. Lo que más me sorprendió, y me sigue sorprendiendo de mí misma, es la falta de respeto que le tuve y le tengo (teóricamente es de los incurables) a esta enfermedad. Desde el primer momento me dije que no iba a poder conmigo, que le tengo demasiado amor a la vida como para que algo así me juegue la mala pasada de hacer que la pierda. Al fin y al cabo, los virus forman parte de la vida y de la misma manera que la puedo perder yo, también ellos son mortales... Y de momento les he ganado la batalla, después de cuatro años siguen "mataos y bien mataos". Y si he de ser sincera, ni me acuerdo de ellos. Es cuestión de economía vital: sería una pérdida de tiempo y esfuerzo.

He aprendido (dicen que a todos los que padecemos esta enfermedad nos pasa) a vivir de otra manera, a contemplar lo que me rodea como algo digno de disfrutar sin remilgos y a intentar que los que comparten conmigo la vida sean más felices (familia, amigos, compañeros, etc.). Ya no soy como era antes, mucho más derrotista, y he comprobado que cuando pierdes el miedo a la muerte, la existencia se vuelve mucho más luminosa, parece que todo cambie y tenga otro sentido, más positivo. Las prioridades cambian, el hoy es lo que cuenta; te abrazas a la vida cada mañana al despertar como si fuese el día más importante, el único, del que no puedes perderte nada, ni un minuto. Sentir esa intensidad me encanta, y me digo que he sido una jilipollas por no haber sabido disfrutar de igual manera todos mis años anteriores.

Amas más, a las personas y a las cosas, y es delicioso comprobar cómo cuanto más amas más recibes. Se da esa compensación sin buscarla, existe esa compensación aunque tardemos tanto tiempo en descubrirla, quizá porque nos dé miedo fracasar. Algunos no tendrán la suerte de descubrirla y disfrutarla en toda su vida. Yo la he tenido y la recomiendo.

Nunca pensé que hablaría de esta cuestión pero creo que era inevitable. No pretendo ser modelo de nada ni de nadie, ni que ninguno/a de los que me lean sienta pena o, por el contrario, lleguen a pensar que soy la leche. Pa . No sufro en absoluto porque me siento curada, porque me queda mucha leña por dar, muchas opiniones que transmitir y muchos sentimientos por dejar aflorar.

Puedo decir, y digo, que he logrado estar en paz conmigo misma y con todo lo que me rodea, y creo que eso es la felicidad o, al menos, lo que más se le parece. Me siento feliz. Viviendo en un mundo tan bello como el que muestra esa foto de China, ¿cómo no serlo?
Lujo de vida y poesía.

27 septiembre 2007

Günter Grass

El otro día comentaba que había empezado a leer el último libro de Günter Grass y que, en principio, me estaba enganchando. Bueno, pues hoy tengo que decir que, después de 76 páginas, me cuesta seguir leyéndolo... Me aburre, la verdad, y no porque lo que cuente en este recorrido por sus años juveniles sea poco interesante, sino porque me parece repetitivo, en exceso descriptivo, y algo falto de "sentimiento literario". Eso es como decir que no me produce ningún sentimiento, no me emociona en ningún sentido lo que cuenta, lo que le pasó y como lo vivió, ni para bien ni para mal.

No sé si en ello tiene que ver la forma de ser de los alemanes, su esquematismo, tan latente en muchos artistas y escritores (no todos, faltaría más) pero me recuerda un poco, aunque salvando las distancias, aquellos diarios que escribían algunas de mis compañeras de colegio en los que se describía los hechos de cada día sin que en ellos se pusiera nada de "alma". Hoy me levanté, desayuné, fui al colegio, en clase de dibujo la seño me regañó, el rosario fue un rollo aunque estuve hablando con mi amiga Pili, nos han puesto garbanzos para comer y ¡qué asco!, a la salida del cole espero ver a Pepín... etc. Sin embargo, mi diario era pura descripción de los sentimientos que los hechos me producían, siendo éstos únicamente citados como el origen de lo que me bullía en la cabeza, que era mucho, quizá demasiado. El dolor, la alegría, la soledad, la libertad, el afecto, la amistad, la responsabilidad, el fracaso, las relaciones familiares, la religión, el amor, el desamor... Todas estas cosas, y muchas otras, eran lo que me llevaban a escribir, como, de hecho, sigo haciendo ahora con este blog.

La razón por la que estos sentimientos o inquietudes se despertaban en mí en un momento dado o tras un hecho concreto y me empujaba a escribirlos era lo de menos. Yo de lo que necesitaba hablar era del fondo de las cosas que me pasaban, de los sentimientos encontrados que me producían, no de los sucesos. Quizá sea ese el motivo por el que me gustan los libros (y las personas) en los que puedo descubrir la existencia de algo mucho más profundo que las meras palabras, por bien estructurados y escritos que estén, porque a mí el cuerpo de los libros es lo que menos me interesa si lo que cuentan no consiguen despertar mis emociones. Y eso me está pasando con Pelando la cebolla, de Günter Grass.

Me pasó lo mismo cuando empecé a leer On the road, de Keruac, aunque nada tenga que ver lo que uno y otro cuentan ni cómo lo cuentan, salvo en ese aspecto algo simplista, para mí, de centrarse más en lo descriptivo que en lo emocional o sentido.

En descargo de Grass, tengo que decir que no entiendo demasiado la polémica que se ha suscitado por su afiliación a la Waffen-SS con 17 años y que no lo haya desvelado hasta ahora. Todavía siguen saliendo artículos de opinión bastante sesudos y encontrados sobre si fue un traidor y/o un mentiroso. Me parece bastante absurda la discusión, sobre todo porque no creo que haya nadie, o casi nadie, que no tenga algún fantasma de juventud guardado en el armario. Es fácil juzgar a toro pasado, cuando tenemos todos los datos en nuestras manos, sin querer reconocer, sin embargo, cuántos coetaneos suyos en España fueron sujetos pasivos de aquel horror, ¿y por qué no decirlo?, del que hubo aquí durante cuarenta años. Y cuántos hay todavía que se niegan a condenar la dictadura y reconocer la república como el único gobierno legítimo. Y míralos, ahí están, pavoneándose en los escaños del Congreso de Diputados, erigiéndose en los genuinos defensores de la democracia... ¡Qué dolor de derecha!

Es evidente que haber pertenecido al cuerpo de élite de las SS es una mancha difícil de borrar, de entender y, si se quiere, de disculpar, pero no creo que con 17 años tuviera mucha información de la realidad y, aún menos, de analizarla. Tampoco parece que participara en ningún hecho condenable, lo cual no se puede obviar a la hora de la crítica. Los hechos son los que son, y también su contexto, y la gente tiene el derecho a evolucionar y a saber ejercer la autocrítica, cosa que Grass hace sin demostrar misericordia alguna hacia sí mismo. Yo no puedo dejar de lado la importancia e incidencia de su trayectoria teórica y práctica adulta, claramente alineada con la defensa de los más desfavorecidos, con los principios ideológicos de la izquierda. Para mí eso es lo que cuenta y lo que me importa.

Yo, que me considero de izquierdas, y bastante, no siempre lo fui. Antes fui liberal (liberales progresistas nos llamábamos), porque mi formación teórica y práctica sobre la política fue nula durante mis años jóvenes. Mi preocupación estaba puesta en otras cosas, en otro tipo de vivencias; siendo, quizá, lo que más me ocupaba y preocupaba entonces conseguir el afecto de mi familia y de otras personas, su reconocimiento. Y ser libre, libre como un pájaro, volar sobre la vida sin que nadie me pusiera impedimentos. Ardua tarea que no conseguí hasta que me emancipé de padres y marido. A partir de ahí, y gracias a que estudié la carrera de Ciencias Políticas y Sociología y me impliqué en la vida universitaria, aprendí por donde iban los tiros y empecé a descubrir cual era el camino que debía recorrer, con cual de sus orillas me sentía más identificada.

No reniego, para nada, de mis inclinaciones liberales de juventud, porque comprendo que las circunstancias familiares y sociales en las que me movía fueron algo así como los árboles que no te dejan ver el bosque. Sólo la experiencia, el aprendizaje continuo de la vida, te permite no sólo ver sino también discernir. Y actuar en consecuencia. Luego he comprendido, con el tiempo como aliado, que mi visión del internado como una prisión, la expulsión de varios colegios por indisciplina, las lecturas a escondidas de determinados libros, las escapadas de casa, las broncas diarias contra la dictadura paterna, mis gritos de libertad, mi defensa incondicional de las compañeras peor tratadas en el colegio, tenían mucho que ver con un espíritu libre y contrario a toda opresión. Pero entonces no lo sabía, y ahora que lo sé, me hago alguna carantoña de vez en cuando por haber sabido descubrir a tiempo cuál era mi lugar en la vida.

Solemos tender a prejuzgar a los demás sin saber de ellos apenas nada (yo la primera). Somos muy osados opinando cuando de la vida de los otros se trata. Si fuésemos con ellos tan condescendientes como con nosotros mismos (que está de puta madre serlo) la convivencia personal y social sería mucho más sencilla. Algunos políticos deberían pensar en ello.

Lectura y poesía.

13 septiembre 2007

Querer

Todos queremos siempre algo, es como si al nacer cada nuevo día nuestra mente, por un lado, y nuestro entorno, por otro, nos incitaran a inyectarnos una nueva dosis de vida. Y no quiero engañarme, porque la palabra vida no siempre es sinónimo de "buen vivir" y "bien vivir". La vida, para nuestra desesperación, encierra todo lo bueno y lo malo que sentimos y hacemos, y lo mismo digo para todo aquello que nos rodea.
Vivir es hacer un recorrido sinuoso (la foto, de Francia, es un símbolo) sorteando los miles de elementos y obstáculos que se nos cruzan para, supuestamente, alcanzar la meta que nos hayamos propuesto. ¿Pero hay realmente una meta definida y, si la hay, es habitual que la lleguemos a alcanzar? Yo creo que va a ser que no, porque a medida que pasa el tiempo y vamos evolucionando el camino se va difuminando y con él los objetivos. O se va bifurcando en otras sendas que, unas veces por curiosidad y otras por necesidad, nos desvían del recorrido inicial y nos abren nuevas expectativas.
La experiencia nos abre el campo del conocimiento, y éste, creo que de forma inevitable, nos lleva a ir modificando nuestras necesidades y quereres, y las prioridades. Cuando yo era una adolescente vivía como si el mundo debiera girar alrededor mío, de tan importante que me creía; con unos cuantos años más, ya independizada y divorciada, la vida me parecía un horror, insufrible, y me encerré en mí misma como un mejillón de esos que no hay dios que se abran, perdiéndome muchas cosas interesantes que luego me ha costado dios y ayuda recuperar (algunas las he perdido irremediablemente); y ya en la edad madura la vida sólo tiene para mí sentido si comparto mis experiencias, mis pensamientos y sentimientos con las personas a las que quiero, y/o que se dejan querer. Ya no me interesa tanto caminar como crecer, quizá porque he caminado mucho y me he detenido demasiado en lo que me rodeaba, lo cual me ha enriquecido independientemente de las equivocaciones que haya cometido, mientras que ahora lo que más me importa es alimentarme de la sabiduría que desprende toda experiencia y que he ido acumulando, para crecer y sentirme más viva que nunca.
Pero hoy la vida me duele un poco, hoy 13 de septiembre, porque mi hermano tiene un problema que no puedo ayudarle a resolver. Toda la sabiduría que haya podido acumular a lo largo de los años no me sirve para nada. No me sirvió en su momento para convencerle de que dejara de hacer tonterías y no me sirve ahora para solucionarle el problema. Bueno, quizá su problema se lo haya buscado él solito y deba yo pasar de ello, pero es que lo que me duele verdaderamente es las consecuencias que todo esto puede acarrear, a mi madre sobre todo, a la que no quiero que nadie me toque... La vida, cuando le prestas atención, te enseña de todo, pero creo que una de las cosas más difíciles de aprender es a superar la impotencia.

Querer y poesía

28 agosto 2007

Entre luces y sombras

La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta.

Miguel de Unamuno



Ya comenté al iniciar este blog mi admiración por el viejo profesor, es por eso que traigo a colación esta frase que, creo, refleja de alguna manera esa ambivalencia que se produce ante lo bueno y lo malo que nos ocurre o que nos rodea. Es la complicada coexistencia entre el lado oscuro y el luminoso de la vida.
La felicidad parece ser que existe, aunque también creo que en ningún caso completa, y quizá sea ese porcentaje de infelicidad que siempre arrastramos lo que la convierta en algo difícil de digerir porque, hagamos lo que hagamos, siempre se nos presenta con alguna tara, inmadura, a medio cocer, quizá demasiado salada o demasiado dulce, o quizá con fecha de caducidad; acaso también la deseamos y perseguimos con demasiada insistencia, sin darnos cuenta de que no es algo que debamos alcanzar sino que hay que desarrollar; que no es un elemento ajeno a nosotros sino que nace, crece, se reproduce y muere en nosotros.
Y para comprender eso deberíamos someternos a nosotros mismos a un tercer grado, con el foco de la humildad escrutando nuestro yo, admitiendo las evidencias, buenas y malas, no como una derrota sino como un destello de sabiduría, como un acto de valentía. Yo no sé si Unamuno, cuando escribió, o dijo, esa frase, se basaba en esta idea de felicidad o en otra, pero para mí tiene ese sentido: mirarse en el espejo y reconocerse con todos los detalles resulta muy indigesto, pero no creo que haya otro camino para empezar a ser feliz. Al menos hay que intentarlo. No importa qué hagamos con nuestro rostro, con nuestro pelo o con nuestra vestimenta si sabemos quién se esconde tras ellos y dejamos que los demás también lo sepan.
Hasta hace bastante poco tiempo, siempre había pensado que mostrarse nos hace demasiado vulnerables, pero ahora creo que es así efectivamente si uno no acaba de aceptar lo que ve bajo su propia piel. Curiosamente, nuestra ceguera la convertimos en visión inmejorable en los demás y nos invade el miedo a que descubran aquello que a nuestros propios ojos ocultamos; su mirada la hacemos nuestra, su aprobación nos enaltece y su desaprobación nos humilla, procuramos mostramos como creemos que el ojo ajeno quiere vernos porque en el fondo pensamos que los demás son siempre mejores que nosotros... Y sin embargo, creo, pienso, me atrevo a afirmar si me coloco en el lado de los otros, que lo que más deseamos es que ése/ésa que tenemos delante, ése/esa que se oculta y no es quien es, se quite la máscara y llore y ría sin miedo, porque la verdad es sinónimo de belleza, y a la belleza todos deseamos abrazarla, y compartirla.
El aprendizaje es largo y costoso, y no oculto que yo no he perdido todavía el miedo a la imagen que el objetivo de los demás pueda capturar de mí, pero cada día, al levantarme y mirarme en el espejo, me digo que lo que viví ayer y los esfuerzos que hice para perder el miedo me han hecho un pelín más sabia, ¡y qué coño, que no seré perfecta pero ya quisieran muchas -y muchos- ser, sentir, y estar como yo!
Y he elegido esta foto que hice en la costa norte de Tenerife porque esa planta es misteriosa y bella como el universo humano, porque el contraste de su negra silueta con el fondo del mar y del cielo, fundidos en un sólo azul, es como una metáfora del ser y no ser, de vivir en color o hacerlo en blanco y negro, de la risa y el llanto, del amor y el desamor, de la visión y de la ceguera... En definitiva, de la vida.
Luz y poesía.

20 agosto 2007

Mi maestro Bruno

Al entrar hoy, como hago casi todos los días, en las páginas de mis amigos, me he encontrado hoy esta viñeta de "Alfredo y Bruno", un cómic que me encanta porque tiene un humor inteligente, sabio y tierno, como no podía ser de otra manera siendo su creador mi amigo grande: AlbertoSánchez, mi querido Al. Otro ilustre, ilustrado e imaginativo (para mí inmenso, por supuesto) creador donde los haya: dibujante, ilustrador, diseñador gráfico, poeta... y cualquier cosa que se proponga. No tiene desperdicio, así que hoy el homenaje se lo lleva él, por su grandeza.
Y es que Bruno, que es un perro aunque a alguien le pueda parecer un elefante por su morro alargado, mira la vida con una sabiduría que en ocasiones me resulta apabullante. No fantasea, sino que transforma la realidad más insignificante en un soplo de aire fresco, en modelo de vida. Nunca se queja, tan sólo reflexiona sobre los acontecimientos y saca conclusiones llenas de sabiduría. Yo es que lo adoro, y la viñeta que hoy traigo a colación expresa con enorme exactitud por dónde respiro todos los días... y por dónde me gustaría que respiraran todos/as los que me rodean.

Ya sé que con la que tenemos encima (terremotos, tifones, huracanes, bombas, y siempre las víctimas entre los más pobres y olvidados) es difícil mostrar la mejor cara, pero es que yo creo que, precisamente, el mayor homenaje que le podemos hacer a quienes han perdido hasta lo que no tenían y a los que ya no podrán no tener nada, es amar y disfrutar de nuestra vida. No podemos ser nosotros, quienes tenemos de todo, los que, encima, nos dediquemos a quejarnos. No me culpo, ni quiero exculparme, por disfrutar de mi vida, porque no tengo derecho a hacerlo. Con llevar el dolor en el corazón me conformo.
Vida y poesía.

FOTOLIA