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MALCOLM LOWRY

POEMA RARO
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Conocí a un hombre sin corazón:

Los niños se lo habían arrancado, decían,
Y dado a un lobo hambriento
Que lo cogió y huyó.
.
Y huyeron los niños, su amo también,

Muy lejos huyó la bestia,
Y tras ella, original persecución,
El hombre sin corazón seguía titubeando.
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Conocí a este hombre el otro día

Paseando un orgullo grotesco.
Su corazón restaurado, su semblante alegre,
El dócil lobo a su lado.
..
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TRAS LA PUBLICACIÓN DE «BAJO EL VOLCÁN»
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El éxito es como un terrible desastre
Peor que tu casa ardiendo, los ruidos del derribo
Cuando las vigas caen cada vez más deprisa
Mientras tú sigues allí, testigo desesperado de tu condenación.
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La fama como un borracho consume la casa del alma

Revelando que sólo has trabajado para eso
-¡Ah!, si yo no hubiese sufrido su traidor beso
Y hubiese permanecido en la oscuridad para siempre, hundido y fracasado.
.
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(Malcolm Lowry, Poemas, Madrid, Visor, 1995)

MALCOLM LOWRY


LOS BORRACHOS
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El ruido de la muerte aquí en este bar desolado,
Donde la tranquilidad se sienta encorvada sobre su oración
Y la música sirve de concha al sueño del amante,
Pero cuando ninguna moneda introduce esta dura desesperación
Hasta aquí, el más solitario de los hogares
Y de todos los destinos el más solitario además,
Cuando ninguna música eléctrica rompe el batir
De corazones doblemente rotos pero ahora reunidos
Por el cirujano de paz en la astilla del desastre,
Penetra más profundamente que lo hicieran las trompetas
El movimiento de la mente dentro de ese entramado
Donde desórdenes son simples como la tumba
Y la araña de la vida se asienta, duerme.
..
(Malcolm Lowry, Poemas, Madrid, Visor, 1995)

MALCOLM LOWRY


TREINTA Y CINCO MEZCALES EN CUAUTLA

Este tictac es el más terrible de todos.
Escuchas el sonido del que hablo en barcos y trenes,
Lo escuchas en todas partes, pues es el destino;
El tic tac de la muerte real, no del tiempo;
La termita en el podrido maderamen del mundo.
Y es la muerte para uno, aunque uno no conozca bien
El silencioso tictac del corazón desvaneciéndose contra el reloj,
Su palpitar ubicuo y aún más lento,
Pero que todavía no es el tictac, el tictac de la muerte real,
Sólo el tictac del tiempo —solamente el son del corazón
Cuando la alarma del cuerpo rompe a repiquetear aterrada.
Vibra el refrigerador en la cantina,
Afuera, en la calle, la estación rezuma actividad.
¿Qué puede uno decir cortésmente de un teniente vulgar,
que oculta una mano ensangrentada, y en ella un cigarrillo,
Sino que bloquea un rectángulo de endeble luz solar
En el que jirones de libertad restallan en el viento
Y el relámpago hinca palas azules contra el carbón?
El trueno azota las montañas góticas,
¿Pero por qué tienes que oír, oír y no saber de esta tempestad,
Verla sólo por debajo de la puerta,
En sinécdoques de ruedas y un agua parda que satura el arroyo?
¿En estrías como si unas zarpas desgarraran el agua?
Las ruedas rompen la estela bajo la celosía.
El teniente se mueve, pero la puerta se abre a…
¿Y qué hay de toda esa vida afuera, que no has visto,
Que soslayas, y excluyes o de la que has huido por plantarte en un desolado bar?
No es necesario hablar, conserva un último equívoco;
Tal vez la muerte real está dentro, no dejes que escape.
¿La llevó el teniente al cuarto trasero?
Las escupideras puestas de cabeza pueden indicarlo así, también el vaso.
La muchacha vuelve a llenarlo, sirve un vaso de muerte,
Y si esa muerte está en ella está aquí en mí.
En el calendario ilustrado que mira hacia el futuro,
Los dos renos combaten a muerte, mientras el hombre,
El tictac de la muerte real, no el tictac del tiempo,
Al oír, arroja su canoa a una luna,
Que se ha elevado para traernos la locura paulatinamente.
.
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SIN COMPAÑÍA EXCEPTO EL MIEDO

Cómo empezó todo esto y por qué estoy aquí
en esta barra arqueada con la pintura marrón descascarillada,
papegaai, mescal, hennessy, cerveza,
dos viscosas escupideras, sin compañía excepto el miedo:
miedo de la luz, de la primavera, del lamento
de aves y autobuses volando a sitios lejanos,
y de los estudiantes yendo a las carreras,
de chicas brincando con el aire en sus rostros,
pero sin compañía excepto el miedo,
miedo de la fuente volando: y todas las flores
que conocen el sol son mis enemigos,
¿estas, muertas, horas?
.
(Malcolm Lowry, Selected Poems, 1962)

MALCOLM LOWRY

PIEDRA INFERNAL

Lo bueno de los aniversarios de los grandes escritores es que nos premian de felices acontecimientos editoriales, como es el caso de la edición de Piedra infernal de Malcolm Lowry (1909-1957). Los 50 años del aniversario del nacimiento del genial autor de Bajo el volcán han servido, entre otras muchas cosas, para que conozcamos el atormentado periplo tabernario y psiquiátrico de Bill Plantagenet, trasunto del propio Lowry, un músico de jazz que se aferra a tres asideros existenciales: el alcohol, la literatura (Melville) y los barcos.
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"Un hombre sale a primera hora de la mañana de una taberna del puerto, con el olor del mar en la nariz y una botella de whisky en el bolsillo, y se desliza ligero sobre los adoquines como un barco que se hace a la mar.
Enseguida se adentra en una tormenta, empieza a dar bordadas y trata desesperadamente de volver atrás. Ahora cualquier puerto le vendría bien.
Entra en otro bar.
Sale a flote reparado con astucia, pero de nuevo vuelve a verse en apuros. Esta vez va en serio: por poco, lo atropella un tranvía, se da un cabezazo contra un muro y de bruces con un cubo de la basura en el que ha tirado una botella. Los transeúntes lo miran con curiosidad, unos furiosos, otros divertidos, algunos incluso con una rara avidez.
Esta vez se refugia en un callejón y se apoya en la pared con un gesto de desánimo, como si intentara recordar algo.
La peregrinación empieza de nuevo, pero el curso es tan errático que parece que, más que inetentando recordar, esté buscando algo. ¿O quizá es que, como el pobre gato que ha perdido un ojo en la refriega, busca sencillamente la vista?
El calor se eleva desde los adoquines como una fuerza poderosa, Nueva York gime y ruge por encima, a su alrededor, por debajo de él: unos pájaros blancos destellan en el aire trémulo, un puente cruza el río. Los carteles lo saludan conforma va pasando: Lo mejor por menos, Romeo y Julieta, la mas grande historia de amor de todos los tiempos, Entrada libre a cualquier hora del día, Cuando el dolor amenaza o es punzante...
Entra en otra taberna ..."
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(Malcolm Lowry, Piedra infernal, Barcelona, Tusquets Editores S.A., 2009)

MALCOLM LOWRY

UN POEMA DE
MALCOLM LOWRY


abrigo
otados
por el viento
Nuestras vidas no lo lamentemos
Son como cigarrillos frenéticos
Que en días de tormenta
Los hombres encienden contra el viento
Con hábil mano protectora
Y después se encienden tan a fondo
Como deudas que no podemos pagar
Y se fuman tan deprisa a sí mismos
Que uno casi no tiene tiempo de encender
Una segunda vida que podría
Desarrollarse más blandamente que la primera
Y en definitiva no saben a nada
Y por lo general se tiran.

......