MADRE, TE ODIO
.
Tu aliento de matrona podrida me envenena,
tus ojos malignos de matriarca derribada
por los otoños traicioneros me aniquilan
y en un deshilachado manto me rodean.
Eres mi penal, mi condena por haber nacido,
de tu nauseabundo vientre perjuro y pestífero,
de tu vientre que quiere engullirme, devorarme
para destruirme y proclamar que sólo suyo tuyo,
y que tú seguirás siendo la soberana que gobierna,
que regenta el destino del malogrado hijo deslucido.
Me acorralas, me asedias, me asechas y me fustigas
con tus miradas vacías, tus suspiros ahogados,
tus reproches silentes y tu vida
que se muere de desamor.
Muérete del trance de los hastíos,
de los que no vivieron su vida,
de los que sólo trabajaron para los suyos, arrodillados
en la tierra infecunda de esta vida de perros.
Muérete ya de una vez y déjame fenecer a mi gusto
entre porros, litronas y anfetas,
tirado por el suelo mugriento
de las avenidas mortuorias de nuestros últimos ahogos.
Déjame madre,
ya encontraré el camino que me lleve al infierno,
como todos los que conozco, todos los que fumaron,
bebieron, pegaron, robaron y mataron.
.
Madre, márchate,
no me esperes,
te odio.
Destruiste mi vida
y te premian con el cielo azulenco y translucido.
Muérete antes de que mi odio
te crucifique por última vez,
antes que mi rabia contenida coja este cuchillo y te raje.
Pero, madre, márchate y muérete.
Cierra las puertas celestiales del amor,
del perdón y de la vida.
Ahí nadie me espera.
Madre no me mires más
que las calderas del infierno me aguardan.
No entres conmigo, madre.
Esta puerta es la de los mal nacidos.
No entres, madre, te harían daño, te harían sufrir,
tú que sólo supiste dar amor, besos y caricias.
No entres mama... te quiero.
.
(Extraído del Blog de Harmonie Botella )
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Tu aliento de matrona podrida me envenena,
tus ojos malignos de matriarca derribada
por los otoños traicioneros me aniquilan
y en un deshilachado manto me rodean.
Eres mi penal, mi condena por haber nacido,
de tu nauseabundo vientre perjuro y pestífero,
de tu vientre que quiere engullirme, devorarme
para destruirme y proclamar que sólo suyo tuyo,
y que tú seguirás siendo la soberana que gobierna,
que regenta el destino del malogrado hijo deslucido.
Me acorralas, me asedias, me asechas y me fustigas
con tus miradas vacías, tus suspiros ahogados,
tus reproches silentes y tu vida
que se muere de desamor.
Muérete del trance de los hastíos,
de los que no vivieron su vida,
de los que sólo trabajaron para los suyos, arrodillados
en la tierra infecunda de esta vida de perros.
Muérete ya de una vez y déjame fenecer a mi gusto
entre porros, litronas y anfetas,
tirado por el suelo mugriento
de las avenidas mortuorias de nuestros últimos ahogos.
Déjame madre,
ya encontraré el camino que me lleve al infierno,
como todos los que conozco, todos los que fumaron,
bebieron, pegaron, robaron y mataron.
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Madre, márchate,
no me esperes,
te odio.
Destruiste mi vida
y te premian con el cielo azulenco y translucido.
Muérete antes de que mi odio
te crucifique por última vez,
antes que mi rabia contenida coja este cuchillo y te raje.
Pero, madre, márchate y muérete.
Cierra las puertas celestiales del amor,
del perdón y de la vida.
Ahí nadie me espera.
Madre no me mires más
que las calderas del infierno me aguardan.
No entres conmigo, madre.
Esta puerta es la de los mal nacidos.
No entres, madre, te harían daño, te harían sufrir,
tú que sólo supiste dar amor, besos y caricias.
No entres mama... te quiero.
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(Extraído del Blog de Harmonie Botella )