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ERIC LUNA



GRAZNIDO

He visto a las mejores mentes de mi generación
corrompidas por un sueldo ingrato
y sus vidas entregadas
a una causa, a una patria.
Portando armas.
Los he visto hacer de perchas
de uniformes
que quedarían pequeños
a cualquiera.
Patrullar por la Ley y el Orden.
Echar de comer a los cerdos
para luego servir de carne para cerdos.
Y los que yo creía más inteligentes
hablan mucho y no dicen nada.
Lucen símbolos
acreditaciones
y escudos
y banderas
que no les representan.
Al menos son parte de algo, me digo,
al menos… ¿De qué formas parte tú?
Ellos, que fueron mis amigos, seres puros,
sin un ápice ahora de pasión en nada.

Créeme,
sé lo saladas que saben
las lágrimas de Ginsberg.

(Eric Luna, Poesía de guerrilla, Groenlandia, 2012)

ERIC F. LUNA



A LA PUTA LUNA


Es de noche
y el agua resbala sobre mí
como jugo gástrico
deshaciendo la doble piel:
la de las apariencias.
Y ahí estás otra vez, vieja
excrecencia.
En tu papel de voyeur nocturna.
¿Te gusta lo que ves?
Te desentendiste de nosotros.
No quisiste saber nada y
ahora
brillas en la noche
como un grumo de cocaína
sobre la tapicería del coche.
Inerte y sucia,
Sucia luna.
Ni despegarte del nombre
puedo,
puta.
Cursi no es escribirte este
poema.
Cursi es quedarte mirándote
y balbucear palabras tontas
cuando sólo eres una piedra
que se quedó dando vueltas
gobernando mareas y reglas.
Cantarte con falsedad sería
tan cínico
como mandar besos de apoyo
al tercer mundo.
Yo no te canto, te lloro
como a ese hermano mayor
que te libra del matón de
turno.
Éste es tu momento.
Rebélate.
Haznos girar sobre ti.
Desborda los mares.
Barre con todo.
Comienza ahora tu mandato,
a ti me encomiendo.
Y con mis hermanos nocturnos
te grito
en el único idioma que comprendes.



(Poema extraído del fanzine Manifiesto azul, nº 11, Otoño 2011)

ERIC F. LUNA


SOBRE LA ESCRITURA Y LOS ESCRITORES [ESA RAZA APARTE]

Creo que, aunque muchas veces se hace a la ligera, escribir es lo más parecido a manejar un arma de gran calibre. De modo que, si no aprendes a manejar bien tu escritura y tus escritos, es más posible que llegues a herirte o a dejarlo por desesperación.

He visto escritores que yerran el disparo, o escritores a los que el retroceso de su propia literatura los empuja hacia atrás.

He visto escritores que, accidentalmente, introdujeron el cañón de su propia literatura en la boca y se volaron la tapa de los sesos en un arranque pasional [el clásico suicidio del escritor romántico].

He visto a escritores [como cualquier amateur de cualquier arte] usando la literatura únicamente para disparar al aire y hacer ruido.

He visto a otros escritores que, de un modo muy mercenario, afinan su puntería porque les han dicho donde deben apuntar, o que simplemente se limitan a disparar para la caza, por pura supervivencia.

He visto a escritores que hace tiempo que no cogen un arma y que aún continúan presumiendo de sus antiguos trofeos, colgados en la pared.

Pero, la gran verdad en torno a esto es que la literatura es un arma que sirve para defenderse de la vida. Y sólo si mantienes engrasado el tambor y llevas a cabo prácticas constantes de tiro, puedes llegar a adquirir la habilidad necesaria para esto.

(Eric F. Luna, texto extraído de su blog rey cerilla)