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Se parece al infierno.
O a la idea de infierno que tenemos.
Compartir una cama, o comer en familia.
Y las letras del piso, y el bostezo nocturno.
Todo lo que nos castra y nos domina.
Vivir según las reglas de este juego
que ya empieza a aburrirnos.
Y habitar el silencio.
Y escuchar la tormenta con los ojos cerrados.
Salir al aire azul de la mañana
y pensar en la muerte como algo confortable,
una salida digna a tanto despropósito,
un final necesario para tanta miseria.
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Y todo lo resume una palabra.
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(Alberto Tesán, Piedras en el agua, Pre-Textos, 2003)