La música aguda y melodiosa inundaba la iglesia, una felicidad contenida se palpaba en el ambiente. La boda del alguacil del pueblo, don Ignacio, transcurría con normalidad. Un temblor sacudía la iglesia, el órgano tocaba con intensidad innata. Los invitados situados en los extremos del edificio se removieron, inquietos, el temblor no era a causa de la emoción, era real. Un polvo marrón empezaba a manchar el vestido de los invitados. Un grito alarmó la sala, del techo ya no sólo caía polvo, sino piedras. El órgano paró de tocar. La cúpula se caía a pedazos. El cura corría hacia la puerta y todos los invitados gritaban. Un enrome arco que sujetaba una bóveda se vino abajo. Del órgano salieron algunas disonancias provocadas por las piedras al impactar con su teclado. Don Ignacio buscaba su esposa entre las ruinas. Las piedras impactaban contra el suelo. Los rayos de sol se filtraban por las grietas haciendo aún más visible el polvo que se paseaba por el ambiente. Ignacio tosía por el polvo marrón. Miró su lujoso traje que ahora no era más que una zarrapastrosa prenda de mendigo. Oyó un grito acallado por un gran estrépito, el segundo arco se venía abajo. Las vidrieras saltaban golpeándole y rasgándole el traje. Oyó otro grito detrás suyo. Era una figura difuminada por el polvo, reconoció a su esposa, protegiéndose con el miriñaque de su vestido de los impactos que recibía. Una piedra le golpeó la cabeza y perdió el conocimiento…
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martes, 22 de enero de 2008
lunes, 17 de diciembre de 2007
Ocho ojos negros
Ocho ojos negros, llenos de malicia, observan desde el techo, un movimiento furtivo. El corpachón negro, peludo, de patas largas, avanza tambaleándose sobre un hilo putrefacto.
La mosca observa su alrededor. No hay peligro. Su cuerpecito menudo, negro, con alas, no corre peligro.
Ocho ojos negros, llenos de malicia, calculan una distancia. Les llama la atención los ojos inocentes de la presa. Se acerca. Avanza más y más.
La mosca siente un fuerte hedor detrás suyo. Se queda quieta. Se gira. Mira y ve, con sus ojos rojos, ocho ojos negros...
Ocho patas negras, contentas, abrazan la presa. Dos colmillos, llenos de veneno, se hunden en un pequeño cuerpo.
Horas después, la mosca ya no piensa, y el intestino de los ojos, tabaja.
La mosca observa su alrededor. No hay peligro. Su cuerpecito menudo, negro, con alas, no corre peligro.
Ocho ojos negros, llenos de malicia, calculan una distancia. Les llama la atención los ojos inocentes de la presa. Se acerca. Avanza más y más.
La mosca siente un fuerte hedor detrás suyo. Se queda quieta. Se gira. Mira y ve, con sus ojos rojos, ocho ojos negros...
Ocho patas negras, contentas, abrazan la presa. Dos colmillos, llenos de veneno, se hunden en un pequeño cuerpo.
Horas después, la mosca ya no piensa, y el intestino de los ojos, tabaja.
sábado, 8 de diciembre de 2007
Un gato en la gasolinera
Volviendo de Llançà, paramos en una gasolinera. Había un gato gris con los ojos azules como el cielo de agosto. Mientras mi padre reponía gasolina, me acerqué al gato. Me miró, contemplé sus bellos ojos, acto seguido, bajó la mirada y bostezó profundamente. Unos colmillos blancos aparecieron en su boca. Se levantó y, maullando bajito, se frotó contra mis piernas dándome vueltas. Cuando me fui del lugar para entrar al coche se sentó y se lamió la pata. Entonces me marché.
Recordaré a esos ojos azules durante mucho tiempo.
Recordaré a esos ojos azules durante mucho tiempo.
martes, 20 de noviembre de 2007
Ajedrez
Seguramente muchos creerán que es una leyenda urbana, otros ni siquiera se habrán parado a pensarlo, pero es verdad, las mantis juegan a ajedrez. Muchos al leer esto se pondrán a reír, sobre todo si son grandes jugadores. Las mantis juegan al ajedrez, me atrevería a decir, mucho mejor que vosotros.
Descubrí esta sorprendente capacidad de las mantis un triste sábado de lluvia. Como me aburría, cogí el ajedrez y puse una mantis donde las fichas negras para simular un adversario. Moví el peón: P e2-e4 y, para mi sorpresa, la mantis movió con gran esfuerzo el peón de e7 a e5. Seguimos jugando y me ganó con el mate del beso. Por si alguien no se lo cree, hice unas fotos para demostrarlo.
Descubrí esta sorprendente capacidad de las mantis un triste sábado de lluvia. Como me aburría, cogí el ajedrez y puse una mantis donde las fichas negras para simular un adversario. Moví el peón: P e2-e4 y, para mi sorpresa, la mantis movió con gran esfuerzo el peón de e7 a e5. Seguimos jugando y me ganó con el mate del beso. Por si alguien no se lo cree, hice unas fotos para demostrarlo.
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