Sabrán disculpar los lectores pneumáticos, casi angelicales; los elevados; los culturosos y los intelectuales lo prosaico del post. Ya seguiremos con la secuencia del mal y la naturaleza pero vamos a hacer una parada deportiva. Como para que no quede tan llano, vamos a intentar utilizarlo como trampolín para acercanos un poco al Bien, como quería el Coronel (recomendando lo de Ens).
Roger es genial, definitivamente.
Generalmente cuando se busca lo mejor en alguna disciplina hay que tomar los libros de historia y husmear en épocas remotas. Roger nos da la posibilidad de decir: "yo viví en su época", "yo ví sus partidos en directo" y se lo podremos contar a nuestros nietos.
Porque es, a mi entender (que vale poco en razón de mi corta edad), el mejor de todos los tiempos.
Si uno analiza un poco la cuestión se encuentra con que Gaudio tiene mejor revés, Rodick saca mucho mejor, Nadal lo aventaja en estado físico, Djokovich tiene mejor derecha, etc. No obstante él es mejor. Porque todo lo que ellos tienen particularmente él lo tiene junto y a nivel de excelencia. Porque mientras los otros tienen días... el roza la perfección en cada partido. Y eso es también lo que lo distingue de los próceres de la antigüedad, juega con una justeza y perfección en cada una de las superficies propia del especialista.
Y esto me recordó también las discusiones en lo de Terzio sobre los santos y la santidad, que ya recomendé en el otro blog, a propósito del cómico y certero post sobre la presunta canonización de un banquero.
Campeaban en los comentarios (no en Terzio que, como en todo, siempre parece encontrar el equilibrio) los dos extremos: el santo es una cosa descomunal, tan inalcanzable que para que intentarlo, habitante de otras tierras y otros tiempos etc.; o el santo es (y tiene que ser) uno como vos y como yo, alguien normal, alguien que no escapa de las generales.
Y yo creo que no y no.
El Santo (me refiero al canonizable) o es extraordinario o no es Santo.
El Santo no es "alguien común" porque no sería imitable en ese caso. Si apunto al medio estoy condenado a pegarle bien abajo, mejor apunto alto para ver si me acerco al centro.
Tampoco el Santo es un extraterrestre que no tiene pasiones ni tentaciones. No es un angelito caído del Cielo que anda imperturbable en su camino a la santidad. Porque así tampoco sería imitable (además de que no tendría gracia ser santo si nació santo).
El Santo es el que, naciendo y viviendo en condiciones análogas a las nuestras (con temores, tentaciones, pasiones, etc.), supo encaminar todo a Dios en grado heróico o sublime. Supo hacer extraordinario lo ordinario (parafraseando a Santa Teresita y a San Francisco de Sales).
El Santo es un extraordinario, un fuera de serie, que vive entre ordinarios. Es el que se dejó modelar de tal modo que dejó de ser uno "como nosotros".
Y si me permiten mi pedestre analogía, es como Federer en comparación con el resto de los tenistas del circuito.
Juega a lo mismo que todos en las mismas superficies, pero mientras los otros lo hacen a veces mejor y otras peor, él roza siempre la perfección.
Por eso es el mejor. Por eso mi humilde homenaje.
Roger es genial, definitivamente.
Generalmente cuando se busca lo mejor en alguna disciplina hay que tomar los libros de historia y husmear en épocas remotas. Roger nos da la posibilidad de decir: "yo viví en su época", "yo ví sus partidos en directo" y se lo podremos contar a nuestros nietos.
Porque es, a mi entender (que vale poco en razón de mi corta edad), el mejor de todos los tiempos.
Si uno analiza un poco la cuestión se encuentra con que Gaudio tiene mejor revés, Rodick saca mucho mejor, Nadal lo aventaja en estado físico, Djokovich tiene mejor derecha, etc. No obstante él es mejor. Porque todo lo que ellos tienen particularmente él lo tiene junto y a nivel de excelencia. Porque mientras los otros tienen días... el roza la perfección en cada partido. Y eso es también lo que lo distingue de los próceres de la antigüedad, juega con una justeza y perfección en cada una de las superficies propia del especialista.
Y esto me recordó también las discusiones en lo de Terzio sobre los santos y la santidad, que ya recomendé en el otro blog, a propósito del cómico y certero post sobre la presunta canonización de un banquero.
Campeaban en los comentarios (no en Terzio que, como en todo, siempre parece encontrar el equilibrio) los dos extremos: el santo es una cosa descomunal, tan inalcanzable que para que intentarlo, habitante de otras tierras y otros tiempos etc.; o el santo es (y tiene que ser) uno como vos y como yo, alguien normal, alguien que no escapa de las generales.
Y yo creo que no y no.
El Santo (me refiero al canonizable) o es extraordinario o no es Santo.
El Santo no es "alguien común" porque no sería imitable en ese caso. Si apunto al medio estoy condenado a pegarle bien abajo, mejor apunto alto para ver si me acerco al centro.
Tampoco el Santo es un extraterrestre que no tiene pasiones ni tentaciones. No es un angelito caído del Cielo que anda imperturbable en su camino a la santidad. Porque así tampoco sería imitable (además de que no tendría gracia ser santo si nació santo).
El Santo es el que, naciendo y viviendo en condiciones análogas a las nuestras (con temores, tentaciones, pasiones, etc.), supo encaminar todo a Dios en grado heróico o sublime. Supo hacer extraordinario lo ordinario (parafraseando a Santa Teresita y a San Francisco de Sales).
El Santo es un extraordinario, un fuera de serie, que vive entre ordinarios. Es el que se dejó modelar de tal modo que dejó de ser uno "como nosotros".
Y si me permiten mi pedestre analogía, es como Federer en comparación con el resto de los tenistas del circuito.
Juega a lo mismo que todos en las mismas superficies, pero mientras los otros lo hacen a veces mejor y otras peor, él roza siempre la perfección.
Por eso es el mejor. Por eso mi humilde homenaje.
Y antes de terminar, traigo a colación un párrafo de Borges, que siempre me ha taladrado la cabeza, relativo a la santidad y el martirio. Desde el comienzo sabía que esto no era así, pero nunca podía encontrar la tecla exacta del error. Un día me la hicieron entender y tiene mucho que ver con la naturaleza y esas cosas... pero ya llegaremos a eso.
Mientras tanto, los dejo con Deutsches Requiem:
"Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre".
Natalio
Mientras tanto, los dejo con Deutsches Requiem:
"Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre".
Natalio