A veces hay gente sentada en
coches aparcados, erguidos, de noche,
sin embargo, al pasar de largo, no se percibe
ningún movimiento de labios, ni ella
ni él, sólo miran fijamente
enfrente hacia la oscuridad
penumbra del capote cortado
en diagonal por la luz, yo, sin embargo,
paso de largo, nadie se
mueve y además: con estos
cristales de noche, yo, sin embargo, ahumados
desamparados, yo sé que no hay nadie,
que esto pasará, dos asientos
delanteros levantados o bajados,
en mi región: a veces, de noche, nadie,
en caso contrario el cierre estaría
puesto, igual que yo, en el
caso contrario dejaría el cierre
abierto, pero en estos cristales
nunca, ahumados desamparados, brilla
una mancha de aliento cristalizado, igual
que mi aliento de noche, claro y audible
junto a los coches aparcados.
[Traducción de Cecilia Dreymuller]
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domingo, 7 de agosto de 2011
sábado, 6 de agosto de 2011
COMIDA FALSA (MARCEL BEYER)
En la mesa de caballeros las conversaciones envejecidas
"y contestó: no comieron otra cosa que alubias
y chucrut." Un chiste de primera,
hablando en privado, por supuesto. Los
temblorosos, los del Skagerrak, los de "Noruega
en el puente, el veinte de abril, con un frío
que pelaba, el resto de la compañía,
en vuelo de vuelta al Reich, a Berlín, y hala."
Y cómo inhalan, cada bocanada
una alarma aérea. En eso se ve pasar un
perro hermoso, su dueño detrás
cojea de camino a los lavabos.
Calibrar con cuidado la necesidad,
paso tras paso, una maniobra peligrosa.
De pasada, tasar la camarera. Clientela fija, antaño
espanto de las madres, conversar galantísimo, ensayados
ciertos suspiros, ciertas miradas. Duro entrenamiento.
Chirría la puerta del excusado. El perro hermoso ahora
en el comedero, come comida falsa. Incisivos,
olor incisivo. Ya vuelve el dueño arrastrando los pies,
buque de guerra, tambaleando, de camino al
astillero. El perro hermoso junto a la percha,
husmea allí donde un hombre la noche anterior
se salpicó el guardapolvos sin querer. El dueño
llama. El can hermoso obedece. Porque comida
falsa en ocasiones gusta si es servida con propiedad.
[Traducción de Cecilia Dreymuller]
"y contestó: no comieron otra cosa que alubias
y chucrut." Un chiste de primera,
hablando en privado, por supuesto. Los
temblorosos, los del Skagerrak, los de "Noruega
en el puente, el veinte de abril, con un frío
que pelaba, el resto de la compañía,
en vuelo de vuelta al Reich, a Berlín, y hala."
Y cómo inhalan, cada bocanada
una alarma aérea. En eso se ve pasar un
perro hermoso, su dueño detrás
cojea de camino a los lavabos.
Calibrar con cuidado la necesidad,
paso tras paso, una maniobra peligrosa.
De pasada, tasar la camarera. Clientela fija, antaño
espanto de las madres, conversar galantísimo, ensayados
ciertos suspiros, ciertas miradas. Duro entrenamiento.
Chirría la puerta del excusado. El perro hermoso ahora
en el comedero, come comida falsa. Incisivos,
olor incisivo. Ya vuelve el dueño arrastrando los pies,
buque de guerra, tambaleando, de camino al
astillero. El perro hermoso junto a la percha,
husmea allí donde un hombre la noche anterior
se salpicó el guardapolvos sin querer. El dueño
llama. El can hermoso obedece. Porque comida
falsa en ocasiones gusta si es servida con propiedad.
[Traducción de Cecilia Dreymuller]
viernes, 5 de agosto de 2011
RETINA, MODELO DE POSGUERRA (MARCEL BEYER)
Si estás sentado junto a los cobertizos o
delante del Chateau (a tus pies
juegos de agua, la ola baña guijarros
fríos), con horizonte de pastizales
o junto a la pista de baile donde
la banda de fin de semana se desvive,
tablón de fórmica, húmedo y doblado,
visto y dicho de la peor manera,
si estás metido en el cerco de Halbe, con
pastel de queso, la taza equivocada,
equipaje de imágenes, y caminas por donde
otros caminaron, o si caes en la nieve
endurecida, de noche, hielo de noviembre
en lugar remoto, si dices una palabra
o si prefieres señalar en dirección del
paquete de cigarrillos, no cambia nada.
[Traducción de Cecila Dreymuller]
delante del Chateau (a tus pies
juegos de agua, la ola baña guijarros
fríos), con horizonte de pastizales
o junto a la pista de baile donde
la banda de fin de semana se desvive,
tablón de fórmica, húmedo y doblado,
visto y dicho de la peor manera,
si estás metido en el cerco de Halbe, con
pastel de queso, la taza equivocada,
equipaje de imágenes, y caminas por donde
otros caminaron, o si caes en la nieve
endurecida, de noche, hielo de noviembre
en lugar remoto, si dices una palabra
o si prefieres señalar en dirección del
paquete de cigarrillos, no cambia nada.
[Traducción de Cecila Dreymuller]
jueves, 4 de agosto de 2011
FINAL DEL VERANO (MARCEL BEYER)
Dan pena los dos que para su polvo
del sábado van conduciendo hasta los barracones,
a velocidad de paso. La mirada de ella
recorre el paisaje agotado, hasta los hangares
más allá del alambre de espino y él,
tal vez director de agrimensura recapitula:
¿en el bloque de apartamentos vacío, en la húmeda
oscuridad, tras el balcón de fórmica, la ventana
barreada, como tantas veces en verano?
¿En el chiringuito de puszta dejado abierto,
donde brillan dibujos de pimientos desde el
escaparate roto? No les queda a los dos
mucho tiempo, en medio de la zona prohibida,
antes de volver cada cual a su casa solo, olor
a repollo en el cuarto, deporte en la tele, la
familia esperando con la cena. Habría
que descolgar y lavar las cortinas,
mugre del año entero. Mientras el
aire esté cálido, ¿aquí en la hierba?
¿Mientras el brezo no esté empapado
de lluvia? El amarillo desvalido
de los corimbos, hierba silvestre, polvo,
el gris de las instalaciones militares en decadencia.
¿Nos quedamos sin más en el coche?
Dan pena los dos a velocidad de paso, antes
de que este septiembre dé un vuelco.
[Traducción de Cecilia Dreymuller]
del sábado van conduciendo hasta los barracones,
a velocidad de paso. La mirada de ella
recorre el paisaje agotado, hasta los hangares
más allá del alambre de espino y él,
tal vez director de agrimensura recapitula:
¿en el bloque de apartamentos vacío, en la húmeda
oscuridad, tras el balcón de fórmica, la ventana
barreada, como tantas veces en verano?
¿En el chiringuito de puszta dejado abierto,
donde brillan dibujos de pimientos desde el
escaparate roto? No les queda a los dos
mucho tiempo, en medio de la zona prohibida,
antes de volver cada cual a su casa solo, olor
a repollo en el cuarto, deporte en la tele, la
familia esperando con la cena. Habría
que descolgar y lavar las cortinas,
mugre del año entero. Mientras el
aire esté cálido, ¿aquí en la hierba?
¿Mientras el brezo no esté empapado
de lluvia? El amarillo desvalido
de los corimbos, hierba silvestre, polvo,
el gris de las instalaciones militares en decadencia.
¿Nos quedamos sin más en el coche?
Dan pena los dos a velocidad de paso, antes
de que este septiembre dé un vuelco.
[Traducción de Cecilia Dreymuller]
EJEMPLO TERNERA (MARCEL BEYER)
Los que se meten su cena,
de espaldas, despiertos, hechos polvo.
Y hay piernas: llenas de
picaduras tras la noche.
Un olor penetrante
en la escalera y cabreados
como están sentados allí,
vista a la cocina salón,
en el cuarto, junto a la mesa.
Se meten tranquilamente
una cuchara tras otra,
trasnochados, trabajo temporal.
Y sobre la sopa de ternera
relampaguea la luz. Los rayos
que en alguna parte en una
pantalla se dejan condensar,
en un momento, a una rápida,
breve escena de polvo
desnudo (y piernas,
hay piernas),
nadie se da cuenta.
[Traducción de Cecila Dreymuller]
de espaldas, despiertos, hechos polvo.
Y hay piernas: llenas de
picaduras tras la noche.
Un olor penetrante
en la escalera y cabreados
como están sentados allí,
vista a la cocina salón,
en el cuarto, junto a la mesa.
Se meten tranquilamente
una cuchara tras otra,
trasnochados, trabajo temporal.
Y sobre la sopa de ternera
relampaguea la luz. Los rayos
que en alguna parte en una
pantalla se dejan condensar,
en un momento, a una rápida,
breve escena de polvo
desnudo (y piernas,
hay piernas),
nadie se da cuenta.
[Traducción de Cecila Dreymuller]
martes, 2 de agosto de 2011
DÍA DEL NIÑO NO GIMNÁSTICO (MARCEL BEYER)
El niño que laboriosamente realiza el ejercicio de gimnasia
con cabeza roja, contra la resistencia de miembros
paralizados, no quiere mirar a nadie. El cuerpo cae
siempre en la mala dirección, la pierna insensible
no arde de verdad, sólo arde externamente, al golpear
el colchón con callos. Imposible mirar el pelo
sudorodo del que translucen cicatrices,
válvula de escape palpada. No hay espectadores
inocentes. Sólo a veces apetece escuchar
sus dientes torcidos, supuesta falta de los
padres, el forro para zorro, el papel de alimunio,
o -acto reflejo erróneo- la julías para
almorzar. Y uno, a quien se le escapó la luna
cuando discutieron los padres, la pálida luna en prados
brumosos, ensaya, con voz clara, el diálogo a
tres, con papeles repartidos.
[Traducción de Cecila Dreymuller]
con cabeza roja, contra la resistencia de miembros
paralizados, no quiere mirar a nadie. El cuerpo cae
siempre en la mala dirección, la pierna insensible
no arde de verdad, sólo arde externamente, al golpear
el colchón con callos. Imposible mirar el pelo
sudorodo del que translucen cicatrices,
válvula de escape palpada. No hay espectadores
inocentes. Sólo a veces apetece escuchar
sus dientes torcidos, supuesta falta de los
padres, el forro para zorro, el papel de alimunio,
o -acto reflejo erróneo- la julías para
almorzar. Y uno, a quien se le escapó la luna
cuando discutieron los padres, la pálida luna en prados
brumosos, ensaya, con voz clara, el diálogo a
tres, con papeles repartidos.
[Traducción de Cecila Dreymuller]
lunes, 1 de agosto de 2011
EL COPILOTO (MARCEL BEYER)
El copiloto ya no sirve para
mucho más que para leer mapas.
Sólo de noche, cuando empieza a hablar más
deprisa. Edafología en T, valle glacial,
correcciones tardías. Nombra lugares.
El copiloto necesita fumar,
no entiende mucho del otoño.
Las averías, en una fila jóvenes con vespinos,
semáforo rojo, golpes en la espalda.
Un vendedor de periódicos con turbante
recorre la franja divisoria en pleno
tráfico. Dirección al este. Botón
del limpiaparabrisas. ¿Reconoces
los jardines? El vehículo va traqueteando.
Entretanto se duerme el copiloto,
yo alucino: Vienen marchando hacia
nosotros, los troncos desnudos. Despacio
hacia la vereda, la conductora para.
[Traducción de Cecilia Dreymuller]
mucho más que para leer mapas.
Sólo de noche, cuando empieza a hablar más
deprisa. Edafología en T, valle glacial,
correcciones tardías. Nombra lugares.
El copiloto necesita fumar,
no entiende mucho del otoño.
Las averías, en una fila jóvenes con vespinos,
semáforo rojo, golpes en la espalda.
Un vendedor de periódicos con turbante
recorre la franja divisoria en pleno
tráfico. Dirección al este. Botón
del limpiaparabrisas. ¿Reconoces
los jardines? El vehículo va traqueteando.
Entretanto se duerme el copiloto,
yo alucino: Vienen marchando hacia
nosotros, los troncos desnudos. Despacio
hacia la vereda, la conductora para.
[Traducción de Cecilia Dreymuller]
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