El ateísmo es incapaz de hacer prosélitos por la sencilla razón de que es un constructo intelectual destinado a justificar una época a la que difusamente nos referimos como modernidad. No los hace porque ya los tiene hechos: son los hombres felices, los "espíritus fuertes" hijos de la emancipación de las ciudades. Como sublimador del "progreso" y de la "esperanza en el hombre" el ateo sólo puede explicar el mal desde la perspectiva de la animalidad, que es actualmente la darwinista. No sabe ver que el mal está en la postanimalidad misma, en la humanidad, porque no la conoce.
Si el animal y el hombre pueden distinguirse en algo de manera permanente, es válida su diferenciación categórica, como de hecho ya existe en nuestro idioma. Ver al hombre como un animal sin más es el primer paso para empezar a ver a los animales como hombres. Lo que para vosotros es un corte impreciso y una frontera borrosa, para mí es un abismo. Ningún animal fuera del hombre siente vergüenza, y éste es un rasgo perenne, no sujeto a selección natural. Quien crea lo contrario sitúa al hombre sin mácula no al principio, como hacemos nosotros, sino al final de un proceso histórico purificador que termina necesariamente en apokatastasis.
Habéis cambiado a San Agustín por Orígenes. Con vuestro pan os lo comáis.
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miércoles, 11 de junio de 2008
Postanimalidad
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