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miércoles, 26 de mayo de 2010

Gibbon y las hipótesis "ad hoc" en Historia




Es bastante divertido observar cuán disparmente el Señor Gibbon representa el estado del mundo pagano con respecto a la Cristiandad, cuando insinúa una disculpa de la persecución de los cristianos. "Podía esperarse", dice, "que se unirían indignados contra cualquier secta o pueblo que se separara de la comunión con la Humanidad y, reclamando el privilegio exclusivo del conocimiento de las cosas divinas, rechazara toda forma de adoración, excepto la suya, como impía e idólatra".

El Señor Gibbon, supongo, jamás se ha preguntado si fue natural para el mismo tipo de gente recibir una influencia tan absolutamente disímil de idéntica cosa. Pero, por desgracia, su propósito requería que, para dar cuenta de la favorable recepción del cristianismo en base a un número insuficiente de pruebas, algunos de aquellos paganos estuvieran embargados de "una apremiante necesidad de creer" toda nueva religión que se les propusiera, especialmente una que prometiese cosas tan grandes y gloriosas como hizo la cristiana; mientras que, por el contrario, para dar cuenta de la recepción hostil en extremo con la que los predicadores del cristianismo se encontraron (que no puede negar), el resto de aquellos paganos debía estar embargado de una propensión a odiar y detestar a quienes tanto mentían.


Joseph Priestley

sábado, 30 de enero de 2010

Coincidencias




Humanity is shocked at the recital of the horrid cruelties which [the Jews] committed in the cities of Egypt, of Cyprus, and of Cyrene, where they dwelt in treacherous friendship with the unsuspecting natives; and we are tempted to applaud the severe retaliation which was exercised by the arms of legions against a race of fanatics, whose dire and credulous superstition seemed to render them the implacable enemies not only of the Roman government, but also of humankind.




On ne voit, au contraire, dans toutes les annales du peuple hébreu, aucune action généreuse. Ils ne connaissent ni l’hospitalité, ni la libéralité, ni la clémence. Leur souverain bonheur est d’exercer l’usure avec les étrangers; et cet esprit d’usure, principe de toute lâcheté, est tellement enraciné dans leurs cœurs, que c’est l’objet continuel des figures qu’ils emploient dans l’espèce d’éloquence qui leur est propre. Leur gloire est de mettre à feu et à sang les petits villages dont ils peuvent s’emparer. Ils égorgent les vieillards et les enfants; ils ne réservent que les filles nubiles; ils assassinent leurs maîtres quand ils sont esclaves; ils ne savent jamais pardonner quand ils sont vainqueurs; ils sont les ennemis du genre humain. Nulle politesse, nulle science, nul art perfectionné dans aucun temps chez cette nation atroce.

jueves, 2 de octubre de 2008

Verdad y melancolía




La Humanidad ha conocido varias ilustraciones (Grecia clásica, Baja Edad Media, Renacimiento...), pero sólo una de ellas fue en buena parte abiertamente irreligiosa, y a ésa sola la llamamos Ilustración. En buena parte, digo. Euler, Lessing y Jacobi también fueron ilustrados; el teísta Leibniz tuvo una corte de (malos) discípulos póstumos; Voltaire en su desengañada vejez escribía soflamas contra los "fanáticos y ateos", al tiempo que las doctrinas iusnaturalistas -asimiladas a día de hoy al pensamiento confesional- maduraban en Inglaterra y Francia en infinidad de autores, ya apenas recordados, pese a su gran influencia.

Un proyecto tan colosal en ambición y alcance como el de Gibbon no está libre de sesgo apologético. Lo mismo cabría afirmar del de Chateaubriand, aunque éste no lo oculte en el formato; o de Novalis en su conocido ensayo sobre el medievo europeo. No por escribirse más páginas varía la metodología de partido. Así, cuanto mayor es el número de los siglos que nos separan de los hechos narrados, y cuanto más se dilata el periodo en estudio, más necesario se hace un hilo externo conductor, que es propiamente retórico y no histórico (piadoso en en los Padres de la Iglesia, anticlerical en la Reforma, metafísico en Hegel). Ahora bien, los hechos en sí mismos son, al modo de cualquier sentencia judicial, antecedentes sobre los que se elabora una tesis por lo general decidida de antemano. Y esto vale tanto para la Ilustración objeto de los historiadores como para aquello que la Ilustración historió.