Un par de comentarios al apunte de Eduardo, que a propósito de un artículo de Soler Gil escribe lo siguiente:
Al fín y al cabo el Dios cristiano, que es un Dios personal e histórico, nada tiene que ver con el Dios "mecánico" de Aristóteles que ni siquiera se relaciona con los hombres. No digo nada demasiado nuevo, esta tensión ya fué admitida por Pascal al distinguir el "Dios de los creyentes" del "Dios de los filósofos".
El dilema pascaliano entre el Dios personal y el Dios mecánico ha de atribuirse a una línea teológica de la que Pascal formaba parte. Si Eduardo la hace extensiva a toda la tradición filosófica de Occidente, se equivoca o introduce en su observación un sesgo interesado. Nada más lejos de la realidad. Así, por ejemplo, el Dios de Leibniz es a la vez personal y mecánico, lo que asombró a Arnauld (estrecho colaborador de Pascal, por cierto), que no entendía cómo un ser libre y con un poder sin límites debía estar sujeto a principios metafísicos como el de razón suficiente. Ello no obstó para que, tras la famosa correspondencia que mantuvieron los dos autores, este último fuese persuadido de la bondad del planteamiento del primero.
Sin embargo, la tesis de Leibniz distaba mucho de ser novedosa. Fue sólo, por expresarlo así, un decidido retorno a Grecia. Remitiéndonos a la polémica medieval contra el intelectualismo clásico iniciada por Escoto, vemos que ésta condujo a algunos filósofos a sostener que hay en Dios una voluntad primaria e incognoscible, una "hecceidad" o singularidad. Pero esta vía, radicalizada, muere en Ockham y en los teólogos de la Reforma, siendo en tiempos del Barroco -y por tanto de Leibniz- marginal y defendida con dificultad en los círculos eruditos. La resurreción eventual de la misma se produjo con Newton, por lo que fue muy criticado (¡por metafísico!), aunque saliese temporalmente airoso gracias a la consistencia geométrica y utilidad práctica de su sistema, así como al prestigio del que gozó en las instituciones académicas de su tiempo. No hay motivo, pues, para que Eduardo tome esta doctrina extravagante y la considere hegemónica a lo largo de los siglos, sin más pruebas ni matices.
En su blog Eduardo va más allá y, reelaborando el párrafo de la cita anterior, afirma y subraya que el Dios de Aristóteles "sí ocupa lugar". No soy ningún entendido en filosofía aristotélica, pero me gustaría saber cómo compagina Eduardo esta aseveración sobre el motor inmóvil con lo que Aristóteles dice en IV De Physic.:
No todo lo que existe está en un lugar, sino sólo el cuerpo móvil.
Quizá tenga a bien contestarme.
Y, ya de paso, el dictum que se adjudica a Pasteur es, si no me falla la memoria, de Francis Bacon.