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25 febrero 2009

Ecología creativa


Hay cosas fascinantes en este mundo. Tengo un compañero de trabajo al que la empresa le ha ofrecido un curso de inglés por internet. Hasta aquí perfecto. Un día le llega el material didáctico, lo que el cree que es el material didáctico; una carpeta de anillas, un par de hojas con instrucciones para acceder al curso propiamente dicho y un curso de unas cincuenta páginas sobre ecología, reciclaje, etc. Mi compañero piensa que han debido de cometer un error y así se lo hace saber. Su sorpresa es mayúscula cuando le informan de que no hay error, que a todo aquel que realiza un curso, sea de lo que sea, se le dan estos apuntes teóricos sobre ecología y reciclaje para concienciarlo. ¡Fantástico! Espero que no tengan muchos alumnos porque, si los tienen, tal vez acaben con todos los árboles del mundo mientras intentan concienciar a sus alumnos. No sé si la orden de hacer esto es institucional o empresarial pero, sea cual sea el origen, propongo desde aquí cubrir los edificios en obras con bolsas de plástico en las que se recomiende, con letras muy grandes, no usar bolsas de plástico; o podríamos fabricar aparatos que funcionen con pilas en los que se incluyan mensajes que recomienden no usar pilas; incluso se me ocurre que podríamos incluir mensajes en las cajetillas de tabaco que adviertan de su peligrosidad para la salud, mientras permitimos que las tabaqueras incluyan en la composición del cigarrillo cientos de compuestos químicos que aumenten la adicción. Ah, perdón, esto ya se hace.

20 febrero 2009

Libera a Susi



Susi es la elefanta del zoo de Barcelona. La única que queda. Está sola, deprimida y arrastra todos los problemas físicos típicos de un paquidermo en la gran ciudad, sobre todo debidos a la superficie por la que ha de moverse y a la ausencia de ejercicio que debería hacer en condiciones normales, pensad que una elefanta de treinta y seis años como Susi, en la flor de la vida, necesita caminar unos veinte kilómetros diarios. No es que se pretenda liberar a Susi, en el sentido de devolverla a África, eso lo dejaremos para alguna película hecha para la TV de la factoría Disney o similar. Tan sólo se pretende darle una salida honrosa a los pocos años que puedan quedarle de vida. Lamentablemente la ausencia completa de santuarios para elefantes en Europa, en Estados Unidos hay dos magníficos, hace que la solución a qué hacer con Susi no sea sencilla. Ya sé que, o así lo espero vamos, aunque la pobre Susi se volviera loca no seríamos tan salvajes como lo fueron en el estado de Tenesse en mil novecientos dieciséis, cuando a un pobre elefante, que en un ataque de locura aplastó a su domador, lo ahorcaron con una grúa. Se me antoja que, casi un siglo más tarde, no es suficiente con que no seamos tan animales como lo fueron aquellos. Ojala Susi tenga la jubilación que se merece.

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