Sería bueno que tuviéramos muy claro que no todos los hechos
que se suceden en el tiempo tienen también una relación de causalidad.
Es posible que la Reforma Laboral contribuya en un futuro al
crecimiento y la creación de empleo. Reconozco que mi formación económica es
nula así que no seré tan imprudente como para cuestionar a personas mucho más
preparadas que yo. Pero sí que puedo interpretar el discurso que justifica esta
Reforma Laboral y creo que está claro que a corto plazo (el mismo gobierno lo
admite) y si me apuras a medio plazo, tan solo hará crecer el paro (hay que
agradecer al PP que al menos sea sincero en este tema). Y esto me hace dudar de
la posibilidad con la que comencé el párrafo.
La sensación que yo tengo es que la relación de causalidad
que se establece es perversa y mentirosa, y lo es de una forma plenamente
consciente. Porque se dice que tras unos meses (o años) sin resultados
visibles, el mercado comenzará a crecer y se crearán de nuevo puestos de
trabajo. Pero lo uno no sucederá por lo otro, sólo se sucederán en el tiempo. Porque
lo que de verdad hará la Reforma Laboral es consolidar un modelo podrido y
agotado y minimizar, o al menos reducir considerablemente, las consecuencias
del siguiente expolio (que llegará, no lo dudéis), de modo que la próxima vez
que los mercados financieros saqueen la economía mundial las consecuencias
sobre el trabajador sean tan pequeñas como sea posible para que nadie alce la
voz y todo se acepte de una forma natural. Si lo intentáramos reducir a un
ejemplo, sería como si el claustro de profesores de un colegio se reuniera para
decidir sobre un caso de acoso escolar: el hijo del director del colegio se
dedica a maltratar, física y verbalmente, a otro niño. Tras reflexionar
cuidadosamente se toma la siguiente decisión: vestir al niño maltratado con
prendas hinchables, que lo protejan mejor de los golpes, y colocarle unos
tapones de cera en los oídos para que no pueda oír las humillaciones verbales.
Si bien esto puede resultar incómodo al principio, seguro que con el tiempo el
niño se acostumbra a vivir así, y el hijo del director del colegio podrá seguir
con el acoso sin que éste tenga las penosas consecuencias que tenía antes.
Podría decirse que el objetivo último es que el agresor acabe agotado de tanto
sacudir al agredido y renuncie a seguir maltratándolo. También podría ocurrir
lo contrario, que el agredido se acostumbrara a aceptar las agresiones al tener
éstas consecuencias más leves. Pero independientemente de cómo acabe la cosa (que en realidad no importa mucho) lo
que busca la decisión tomada es la perpetuación de una situación injusta.
Y todos tan contentos.