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24 mayo 2011

Sostenibilidad

El juez bosteza, lo mira de reojo, cada vez más jóvenes, masculla, y firma la orden.
Todo cambió con el decreto de sostenibilidad humana de junio del 34. El mundo capitalista no pudo superar la crisis generada por la burbuja inmobiliaria de principios de siglo y los dirigentes mundiales, incapaces de equilibrar la recuperación económica con las políticas sociales, fueron sustituidos, primero en las encuestas y luego en las elecciones, por gestores para los que somos poco más que números, cuentas que cuadrar.
Un agente le retira la documentación  y le entrega una mochila con uniforme,  zapatillas y un pequeño neceser. Hasta el final ha mantenido la esperanza de ser una de las excepciones, sin fortuna. Escucha con atención las instrucciones del juez y se sienta fuera del juzgado  a esperar al transporte. Desconoce el destino de este viaje, sólo sabe que nadie regresa. Pide permiso para encender  un pitillo.

21 mayo 2011

Expiación

Sobre la cruz de la tumba de Humberto Blasco se posa un pájaro negro, más grande de lo que deben ser los pájaros para no ser temibles.
Rodean la lápida el abogado que no pudo defender la inocencia de Humberto, el fiscal que lo acusó con inteligencia, los nueve ciudadanos justos que tras escuchar a las partes dictaron el fallo de culpabilidad y el juez que lo condenó a muerte. Todos ellos, junto con el redactor jefe de “El Planeta”, fueron protagonistas de un espectáculo perverso, carroña para los cuervos. Por eso, cada aniversario de la ejecución de Humberto, obligados a repetirlo una y  otra vez, se reúnen alrededor de su tumba y tratan de darle un juicio justo donde las intuiciones y las sospechas no derroten lo irrefutable.
Todo es en vano. Se retiran hundidos, como una procesión que aguantara sobre sus hombros un peso insoportable.

20 enero 2011

"Tribunal Supremo" en el librito de II Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Lo tienen bien ensayado. El asesino sabe que sólo su propio testimonio puede librarlo de la condena a muerte. Con la sala en completo silencio habla de enajenación, de verse desde fuera, sin control sobre lo que hace, como si fuera un muñeco actuando en una maqueta, copia exacta de la realidad. Mira su brazo extraño, con el que sueña cada noche bajando una y otra vez sobre la joven, hundiéndole un cuchillo en el pecho. Llora. El letrado aprovecha el momento, siembra dudas sobre el chapucero informe policial y consigue que el jurado popular empatice con el monstruo, enfermo sin duda. 
Satanás, orgulloso del abogado, se vuelve hacia Dios con los ojos brillantes de júbilo, siente cerca la victoria y le dice, tu turno, al tiempo que voltea el reloj de arena y comienza a caer una fina lluvia de tic-tacs de oro.

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