La tarde es deliciosa. Tras un largo día de calor, una leve brisa
refresca el ambiente. Sentado en un banco del parque, disfruto a solas y
en silencio de un momento casi perfecto.
El cuerpo de la niña se estrella a mi lado con su característico ruido de fruta madura. Miro hacia arriba. El segundo cuerpo —el de un niño esta vez— cae unos instantes más tarde, a pocos metros del banco. Después cae otro, y otro más. La tormenta ha empezado.
El cuerpo de la niña se estrella a mi lado con su característico ruido de fruta madura. Miro hacia arriba. El segundo cuerpo —el de un niño esta vez— cae unos instantes más tarde, a pocos metros del banco. Después cae otro, y otro más. La tormenta ha empezado.
* No las tengo todas conmigo en que este texto sea un microrrelato. En cualquier caso es una imagen perturbadora, poderosa.
En "Distorsiones" publicado por Páginas de Espuma.