Lectura de microficciones de la OBB
Lectura de microficciones de la OBB
24 de Marzo en Argentina. Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia
Política
Una pareja baja del tren en Retiro. Tienen las manos ocupadas: de la izquierda de él y de la derecha de ella cuelgan sendos bolsos. La izquierda de ella y la derecha de él están enlazadas. Miran a su alrededor y no entienden. Las manos enlazadas se desenlazan, él se enjuga el sudor de la frente, ella se arregla la blusa. Vuelven a tomarse de la mano y caminan varios metros hasta la calle. Recién llegados del interior. Traen la información. Nadie ha ido a recibirlos. Se pierden en la ciudad, desaparecen para siempre y nunca más un serán identificables a partir del momento en que se soltaron las manos, poco después de la llegada a Retiro. Las manos no se vuelven a juntar en la ciudad –o muy esporádicamente– y la información se diluye en los gases de escape y queda flotando por ahí con la esperanza de que alguien, algún día, sepa descifrar el código.
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Aquí pasan cosas raras, 1976.
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Pescadores
–Martín Pescador, ¿me dejará pasar?
–Pasará pasará y el último quedará…
Fue así, jugando, como para nuestro horror perdimos a muchos de los nuestros. Fueron quienes creyeron eso de que los últimos serán los primeros y pelearon por ponerse al final de la cola.
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Juego de Villanos, 2008
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Desaparecido
Se fue sin decir adiós y nunca más lo vimos. Se fue sin cerrar la puerta. La cerraron los otros de la primera patada.
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Inédito
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*Durante la última dictadura, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), ubicada en la Ciudad de Buenos Aires funcionó como un Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio. Actualmente en el predio de la ESMA funciona el Museo de la Memoria y el Espacio Cultural Nuestros Hijos, de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
*La imagen pertenece al blog http://fotosdetdf.blogspot.com/2009/03/esma-espacio-para-la-memoria-y-para-la.html
* Las siluetas, realizadas por artistas plásticos, simbolizan a los 30.000 detenidos desaparecidos.
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ABC DE LAS MICROFÁBULAS
PRESENTACIÓN DEL LIBRO
a cargo de Luisa Valenzuela, autora; Rufino de Mingo, ilustrador
Viernes 22 de enero, 20 h.
Galileo, 52
28015 Madrid
Moraleja: Un pasito a la izquierda suele mejorar la vida propia y ajena.
Más info en http://www.luisavalenzuela.com/
Luisa Valenzuela en Seúl
El misterio de los microrrelatos
Invitada por el Prof. Woo, Suk Kyun Luisa Valenzuela dio una conferencia sobre
microrrelato y creación
en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Seúl,
en noviembre de 2009.
Las microfábulas de Luisa Valenzuela
Miroslav Scheuba me contó que, inspirado en mi cuento “El Abecedario”, se había propuesto escribir una fábula con cada letra. Cuando me leyó la primera entendí que su proyecto era muy distinto del que yo había imaginado, razón por la cual con su anuencia me puse a trabajar la idea desde otro lugar, usando sólo la letra indicada. Me hizo muy feliz comprobar lo enriquecedor y estimulante que puede ser el juego intertextual, y se lo agradezco de corazón.
Luisa Valenzuela
Benito el burro buzna y re-buzna. Brama en la borrasca buscando besar a la bella burrita borrada por un brujo con brutas bendiciones brahmánicas.
Benito la busca bajando la barranca, la busca por el bosque brindándole bombones y bananas, la busca basándose en bramidos bravos y en bruscos berridos.
Bulversante.
Benito será burro mas no bruto ni belicoso, sus berrinches son bienintencionados. La bella burrita en el bajío lo barrunta y bebe brindando por su bienaventura.
En el Bar Baro el brujo bárbaro blasfema entre broncas, borracho de birra y brandy barato, la buzarda biliosa, bloqueado en su bufante brujería cuando Benito, bramando como bullterrier, como bólido le birla su burrita con un beso blando, brutal, babeante, bilateral, batiente, billonario.
Moraleja
El que no llora no ama.
Protegidos por Ptolomeo --pseudónimo del psicólogo-- pterodáctilos, paquidermos y palmípedos pierden la paciencia. Ponen pies en polvorosa y parten a los pedos para otra parte pública del planeta. Parecen perdidos, platican pelotudeces. Pronto piden perdón por no poder permanecer pasivos y persistentes pónense las pilas, pecando por promiscuidad. Porfiados perversos polimorfos, se aparean plenamente pariendo poco a poco personajes perfectos para sus propósito. Pájaros de pico prehistórico, plúmbeo plumaje pesadísimo y patas de pato: los pelícanos.
Moraleja
De las más estrambóticas uniones pueden nacer criaturas sorprendentes
o
No hay mal que por bien no venga.
*Las imágenes son de Ángel Bellido.
Leer Despierta: microrrelatos y microficciones simultáneas
Jornada de lectura simultánea
Durante este día, en las quince comunas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
escritoras y escritores irán a la búsqueda de lectoras y lectores en actividades simultáneas. Además, en escuelas de la Ciudad, habrá narradores orales y escritores dialogando con los alumnos.
Comuna 2
Biblioteca Nacional
Agüero 2502
Sala: Augusto Cortazár
A las 19: Luisa Valenzuela leerá cuentos y microrrelatos
Presenta: Víctor Redondo
Comuna 3
Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA)
Auditorio “Francisco Madariaga”
Bartolomé Mitre 2815, 2º piso, oficinas 225 a 230.
A las 19: Raúl Brasca leerá microficciones
y Canela leerá sus poemas para adultos y ambos dialogarán con el público.
Presenta: Graciela Aráoz
SEA / Sociedad de Escritoras y Escritores de la ArgentinaAsociación Civil - Personería Jurídica IGPJ 0078/2001Bartolomé Mitre 2815, 2º piso, oficinas 225 a 230C1201AAA Ciudad Autónoma de Buenos Aires. ArgentinaTel. (5411) 4 864 8101
http://www.lasea.org.ar/
Javier Wimer, un microcuentista involuntario
Anteojos
Al fin conseguí perder los anteojos. Llegue a un desayuno con notoria anticipación y los bajé del coche para leer el periódico. Se quedaron sobre la mesa y el capitán de meseros me los entregó cuando salía del restaurant. Luego me fui a la peluquería y al vapor. Ahí me di cuenta que los anteojos habían desaparecido. No estaban ni en el restaurant, ni en el coche, ni el el club. El no saber donde quedaron me produce una sensación de inseguridad y de incertidumbre. Procuraré superar esta pequeña catástrofe en espera de que ocurran otras.
En http://luisavalenzuelablog.wordpress.com se publica un viejo cuento de Javier Wimer rescatado recientemente.
Luisa Valenzuela
Contaminación semántica
para José María Merino
La vida transcurría plácida y serena en la bella ciudad de provincia sobre el lago.
A pié o en coche, en ómnibus o en funicular, sus habitantes se trasladaban de las zonas altas a las bajas o viceversa sin alterar por eso ni la moral ni las buenas costumbres.
Hasta que llegaron los minicuentistas hispanos y subvirtieron el orden. El orden de los vocablos. Y decretaron, porque sí, porque se les dio la gana, que la palabra funicular como sustantivo vaya y pase, pero en calidad de verbo se hacía mucho más interesante.
Y desde ese momento el alegre grupo de minicuentistas y sus colegas funicularon para arriba, funicularon para abajo, y hasta hubo quien funiculó por primera vez en su vida y esta misma noche, estoy segura, muchos de nosotros funicularemos juntos.
Y la ciudad nunca más volverá a ser la misma.
Hay amores que matan
para Claude Bowald.
Ante lo sublime del paisaje él sintió la necesidad de expresar sin palabras lo que resonaba en su corazón desde que la conoció. Estaban en lo más alto del monte, a sus pies se encadenaban los lagos y frente a ellos, tras los lagos, la cordillera se erguía majestuosa y nevada.
Él busco por el suelo rocoso alguna mínima flor, no digamos ya un edelweiss, y sólo encontró una varita de plástico verde fluo, de esas que se usan para revolver el trago. Se la brindó a ella como una ofrenda: es mágica, le dijo.
Y ella, que compartía sus sentimientos, la aceptó como tal y para demostrárselo elevó la varita mágica en el aire y con gracioso gesto señaló el pico más alto que asomaba inmaculado a través de las azules transparencias pintadas por la lejanía.
-Quiero una mancha roja allá, conminó.
Y ambos rieron.
Quien no pudo reír en absoluto fue el alpinista solitario que perdió pie en ese preciso instante y se desplomó sobre las afiladas aristas del barranco, poniendo una mancha roja precisamente allá, en el pico más alto.
Allá donde ni los dos enamorados ni nadie lograrían jamás verla.
Uno de misterio
Acá hay un sospechoso, qué duda cabe. Usted vuelve a releer el microrrelato, lo analiza palabra por palabra, letra por letra, sin resultado alguno. Nada. No se da por vencido. Gracias a la frecuentación de textos superbreves como el que tiene ante sus ojos usted sabe leer entre líneas, entonces se cala bien las gafas y ausculta el espacio entre las letras, entre los escasos renglones. No encuentra pista alguna. Es desconcertante. El sospechoso es más astuto de lo que suponía. Toma una lupa y revisa bien los veinte puntos, las veinte comas, sabe que debe esconderse en alguna parte. Piensa en el misterio del cuarto amarillo, cerrado por dentro. El sospechoso no puede haber salido del texto. Imposible. Busca el microscopio de sus tiempos de estudiante y escruta cada carácter, sobre todo el punto final que es el más ominoso. No encuentra absolutamente nada fuera de lo normal. Acude a una tienda especializada, compra polvillo blanco para detectar impresiones digitales y polvillo fluorescente para detectar manchas de sangre. Sigue las instrucciones al pie de la letra con total concentración y espera el tiempo estipulado sin percatarse del correr de las horas. Pasada la medianoche oye un ruido atemorizador, indigno. Está solo en la casa, en su escritorio, ante el relato que cubre apenas un tercio de la página. Insiste en su busca, no se asusta, no se impacienta, no se amilana, no se da por vencido.
Y descubre, consternado, que para mí el sospechoso es usted.