La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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lunes, 29 de noviembre de 2021

Poemas de Nov. 2021

 




NOVIEMBRE 2021



1

Viene la queja, se siente como la sinuosa huella que deja la sierpe en su camino a la oscuridad.

2

Dejaron sobre mi nombre una simple y humilde piedra. El destino siempre recorre su camino.

3

Dejo las cenizas junto a los recuerdos. El bosque duerme en su largo silencio de noche.

4

Me habito de la humedad de la lluvia. Nada dibuja mejor mi pensamiento que las oscuras nubes de tormenta.

5

Teje la noche su sombra. Vuelvo a mirar el infinito con dolor, todo tiene siempre un por qué.

6

Las huellas en la nieve dejan un hueco invisible en el corazón. En mí espalda se asienta el frío.

7

Siento el silencio. Ando por un sendero donde nadie nunca será más que nadie. El humo y la ceniza nos igualan a todos.

8

Se pierde en el viento la palabra. Solo me queda el remanso, cerrar los ojos y mirarme adentro, sin medida.

9

Recojo en la borrasca los nombres ausentes. Un hilo de luz que siempre me conmueve.

10

Nunca existe el olvido. La memoria recurre a meandros para obviar lo que nos duele.

11

Me dejo en el camino las verdades. Enumero uno a uno mis silencios. He guardado la esperanza para la primavera.

12

Me siento indefenso ante el quebranto. Todo se desmorona y cuesta cada vez más reconstruirme.

13

Del rojo serbal mantengo la intuición de su mensaje. El crepúsculo de la tarde llevándose los sueños.

14

Sostengo el horizonte. Detrás de mí queda la costumbre, el dolor, un luto negro con que vestir el silencio.

15

Vuelve el viento con sus nombres. Ando despacio por mi propio camino de sirga.

16

Arde el sarmiento, fugaz luz en la noche que enciende la oscuridad. Después todo se habita de la sombra.

17

El tiempo se ha ido llevando su recuerdo aunque en los días fríos escribo sus iniciales en el vaho de los cristales.

18

Van pasando los días y llegan instantes donde lo importante solo es volver a ver amanecer.

19

No oigo a los pájaros cantar. Me deslumbra tanto silencio solo roto por el sonido incontestable del viento.

20

En la niebla del tiempo siempre queda este mes con sus dolorosas huellas en mi memoria.

21

Escucho en la noche una letanía que rememora los días oscuros. Traen de nuevo las horas insomnes.

22

El sendero del parque se pierde en la bruma. Me recojo entre esas hojas caídas en la noche.

23

Se siembra en lo fugaz. Ciertos pensamientos siempre brotan en medio de la oscuridad.

24

Usar el fuego para ser hijos del olvido. Todo duele hasta la pavesa que en el aire agoniza con tu palabra.

25

Derramo las lágrimas del frío. Siento mis emociones deshabitadas en medio del páramo.

26

Hay un ángel azul en mi ventana. Me contempla, sabe que no me sirve la verdad que trae con su fuego purificador.

27

Habito un lugar abierto al viento. Estos días oscuros y sin sombra poseen la trasparencia necesaria del dolor.

28

Me oculto de mi mismo. Descanso detrás de la luz. Allí, donde no llega la letanía ni los salmos.

29

Donde no sea nadie, ese es el lugar al que pertenezco.

30

Despido la urgencia de desaparecer. Abro mis manos al frío y a la lluvia. Pronto seremos invierno.




F.

lunes, 8 de abril de 2019

Los poemarios crecen...


lunes, 10 de septiembre de 2018

Caer y levantarse








Vinimos hasta aquí para beber la luz...
Ada Salas




Caer y levantarse.
En manos del silencio
solo la esquirla de la luz
deja heridas las sílabas.
Hay distancia,
una línea de asfalto,
un horizonte de lumbre,
tanta soledad como cabe en horas de insomnio,
pájaros y árboles que guardan sus misterios,
un dolor a lluvia y resina,
como a un cántaro roto
así lo nombro.


f.



martes, 31 de julio de 2018

Contemplar es derivar hacia dentro el mundo...











Contemplar es derivar hacia dentro el mundo...
me muevo en este silencio que trae el viento
-- soy como una nube o un pájaro --
que me deja la sed de los días fríos,
los que reservamos en el calendario con una cruz roja
y que son una soga tensada donde permaneces exhausto,
agotado pero todavía vivo...


f,



viernes, 5 de enero de 2018

Escribo despacio con runas jeroglíficas









Escribo despacio con runas jeroglíficas.
Hay palabras innombrables que solo sabe leer un corazón.
Después del fuego y el silencio
hay un humo en la piel con aroma de olivo.
Afuera, se ha sembrado de lunas la noche.
Quedó el frío impenetrable con su humildad de nieve.

Este acaso de permanecer sobre la tierra,
polvo y ceniza, barro y huellas del pasado,
nos deja en el alma las voces deshabitadas,
los caminos solitarios,
la herrumbre del tiempo
permaneciendo en el pensamiento
las sombras de cuando fuimos niños.



f.




sábado, 30 de diciembre de 2017

Soy después de todo la argucia del barro









Soy después de todo la argucia del barro, la laguna lacustre, lo salino.
Casi nunca se alimenta el hombre de palabras,
necesita caer, desbordarse en la herida,
saber que no hay márgenes de olvido,
que solo tenemos asegurado
un millar de gusanos que han de vivir entregados a deshacernos.
Me vence el peso de las deserciones,
lo abrupto de los adioses,
la calima abandonada de un cuerpo,
el vaho de una boca que solo habla de silencio,
el quebrado paso de las estaciones y su regreso,
la obsolescencia programada de todos los sentidos,
los sueños rotos en diminutos cristales,
la cicuta que ha de envenenarme,
el fuego, que al fin, ha de ser mi último compañero.



f.






Trae el viento un aroma de invierno









Trae el viento un aroma de invierno,
ciertas nubes grises, ciertas sombras.
Contemplo la tarde con su desnuda venganza.
Sin urgencia, siento como cada paso derrumba una palabra,
y se hace de mí, con esa luz que enhebra el fuego…
Hay huellas en el día que me nombran al irse.



f.



Murmuro despacio ciertas cosas









Murmuro despacio ciertas cosas
como hace un viejo a sus muertos.
El agua de la lluvia me recorre,
me empapo de esas calles mías,
soy los restos de mi memoria, los restos de mi vida.
Vuelve a ser la tarde débil regazo donde esconderme.
Hay ciertas sombras que acarician mi espalda
mientras se va yendo el invierno susurrando venganza.
Escucho al viento golpear los cristales,
abatir las banderas y silbar en los cables,
zarandea los desnudos árboles de hojas y de pájaros
y dibuja en la avenida un tiempo de ausencia,
un ir y venir de papeles sin nombre,
la incierta medida anónima donde tributa la soledad.



f.




viernes, 29 de diciembre de 2017

En esta hora templada por la tarde cruza un pájaro









En esta hora templada por la tarde cruza un pájaro.
El cielo, como un desvanecido abrazo azul,
es la fuente de claridad que ilumina el aire.
Por el horizonte se pierde alguna nube
mientras desde la sombra surge el hálito,
la urdimbre que germina como un escalofrío,
que sopla y que irá creciendo,
tan lento e inexorable como yo siento
irme despacio a este tiempo de silencio.



f.



jueves, 28 de diciembre de 2017

Prescindo de la felicidad









Prescindo de la felicidad.
Prefiero dirimir mi querencia contra las tablas de la ley
que ser el fiel reflejo, la sombra cálida de un poste de madera
que sostiene un alambre de espino metálico.
Este dolor sin nombre que siento al respirar
no me deja vivir en paz,
solo me permite conservar mi silencio,
contemplar las horas,
ahogar la quera de la noche
con lo agotador de ser mi propio vigilante.



f.



Me derribo despacio como un viejo edificio








Me derribo despacio como un viejo edificio,
y siento cada golpe del mazo
desgarrando los muros,
las antiguas ventanas sin cristales,
los vacíos pasillos y las estancias sin alma
donde solo el polvo siembra su simiente de olvido.



f.



Cada día la palabra me trae nuevas enseñanzas









Cada día la palabra me trae nuevas enseñanzas,
raíces ocultas que nunca me esperaba.
Intento combatir lo zafio,
algo tan usado como el drama,
aunque soy apresurado en la escritura
y mi espíritu contiene demasiados verbos,
muchos sitios comunes,
que sostengo en el aire
cerrando los ojos y guardando silencio.
Quisiera dejarme un tiempo entre verso y verso,
no pronunciar lo impronunciable
aunque la muerte sea tan fecunda
como lo suele ser la vida.
Siembro mi soledad de luz y de sombras,
nunca olvido aquello que me duele
y aunque la felicidad, dicen,
es un caballo que galopa en el cielo,
yo solo veo nubes,
que traen, cuando menos te lo esperas, días de lluvia.



f.




Me asombro ante el cuchillo de la tregua









Me asombro ante el cuchillo de la tregua,
lo perpetuo que se abandona en la largura de la bruma,
en la constante y húmeda llegada del invierno.

Recojo los vestigios de lo que no fue y los restos probables de los sueños,
hay demasiada verdad entre mis manos,
en los signos inequívocos de vida que dejaste en ellas.

Fuiste sembrando la noche con tus dedos.
Recuerdo la línea de pasos,
el sonido de los dos en la avenida,
la soledad andando tras el eco de nuestras huellas,
la laboriosa cuenta de pecados
que tú y yo queríamos cometer
en el primer zaguán a oscuras que encontramos,
cuando tu boca era un semillero de promesas
y mi lengua buscaba a ciegas tu corazón.




f.




Escucho atento los leves latidos del alba









Escucho atento los leves latidos del alba.
Que diversa es la soledad de un día de invierno
cuando se van desnudando todas las preguntas
y entre los dedos queda difuso el calor autentico de la noche.
Veo deshilacharse lentamente las sombras
y siento el revuelo nervioso de unos pocos gorriones.
Uno de ellos se anuncia con su canto encima de un semáforo,
es tan pequeño como cualquier esperanza
pero sostiene un pulso, un adviento,
que por segundos se hace dueño del amanecer.



f.




Creo en la certeza de la espada









Creo en la certeza de la espada,
un oráculo que saja toda melodía.
Ahora que la noche trae el invierno hasta mi boca,
voy a encender las lámparas que deshacen las sombras,
aunque el sonido del silencio se haga ensordecedor...

voy a seguir soportando todos los golpes.



f.



miércoles, 27 de diciembre de 2017

¡Qué lejos nos deja el silencio!









¡Qué lejos nos deja el silencio!
La branza de la noche cruza el aire...
escucha...ahondar en nosotros
los pasos húmedos del atardecer.

Morir así, en tus brazos,
con un abandono de todos los principios,
sosteniendo en mi voz tu nombre,
un gemido profundo de aguardiente,
y siempre viviendo en el viento,
como una veleta,
temiendo tu olvido



f.




Abres la ventana










Abres la ventana, escuchas la lluvia, esperas callada,
en el silencio también de tu mirada cabe el azar del infinito.
El dolor sabe guarecerse entre las lágrimas,
ser una punzada,
pero también sabe inundarse
de una ráfaga de olvido que estremece
y que te puede hacer volver a un tiempo lejano,
una casa antigua de aquel viejo barrio,
tan lejos del mundo que ahora habitas.
Entonces, todavía reconstruías tus días para él,
le preparabas el café de la mañana
o aguardabas ese instante en que a su vuelta
la casa se llenaba de luz,
de risas, de música y de ciertas palabras mágicas
que acercaban tu cuerpo al calor de sus manos.



f.



Después de todo










En el papel de la pared siempre era primavera.

Gabriela Wiener



Después de todo, nunca las palabras son del viento,
son barro que moldea el día con su hiriente quehacer de invierno.
Ahora contemplar cada rincón de una casa vacía es mirarte adentro,
buscar entre los gestos todos los motivos,
todo un baile de silencios que habita cada estancia,
escuchar los últimos gemidos,
lo impronunciable.

Siento cada golpe. Lo recibo. Callo.
Tal vez soy lo ausente, lo lejano,
lo que quizás no tiene la menor importancia.



f.




Hay un llanto










Hay un llanto, un gemido, lo milenario de sabernos solos,
mientras el mundo gira solitario entre astros lejanos y silenciosos.

Igual que son tus pasos son los míos,
aunque yo sienta esta dureza del aire,
la caída sobre mí de todo lo que temo,
esquirlas diminutas de sílex que lentamente me quiebran.


Uno apenas sabe nada de este virus,
una enfermedad que solo te tiene para darte parte de su soledad.
No se extirpa el corazón que respira en silencio,
ni se trasplanta por otro...
sigues viviendo con la extraña sensación
de que nada de lo que te rodea es ajeno a ti,
aunque en verdad todo tenga la distancia de lo imposible.




f.




martes, 26 de diciembre de 2017

Rehacen las hélices de la noche









Rehacen las hélices de la noche los signos inequívocos del deseo.
La premura de los pasos, la mirada intensa, el precio tasado en el hule de unos billetes, todas las respuestas en el sabor de una boca y en las pocas palabras que conservan la dignidad...pero nadie debe tachar de indigna a la soledad.



f.


Fotografía de Eugenio Recuenco




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