Crepita el fuego en el crepúsculo.
El lado de la lluvia desarma el cobre,
trae desde muy lejos brotes de cierzo.
Te espero en la noche.
Te miro en la noche más larga,
entre los dedos húmedos del silencio,
cuando tu cuerpo es casi una vela al viento,
desnuda entre los jirones de una cama de sábanas moradas
y un puente tendido al río de barcas vacías y cañaverales.
Te espero en el humo,
entre la brasa de un cigarrillo rubio y la oscuridad,
mientras despacio desembalas a la gata interior
y te transformas devorando con pequeños mordiscos una manzana.
Oigo tus dientes, escucho la jugosidad de tu boca,
y al acercarte a mi, buscas rozarme con la dureza de tus pechos,
nace esa sensación que en un instante abre una puerta
y crea un sendero entre los dos en el cual sobran las palabras.
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