Tuvo el río la densidad de los recuerdos
y las voces del pasado emergían sin reparos en el agua.
Foto de Miguel Ángel Latorre
La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco
En mi cuerpo mineral
cabe el dolor de la piedra
y el palpitar de la sangre.
en el fondo de vuestro corazón
guardáis la luz de las antorchas,
yo sólo el frío olvido de los astros.
soy la voz que os habla del ayer,
quizás la voz que os hable del mañana.
crece el largo suspiro de tus ojos
y el silencio que la noche nos reserva a todos.
La piedra de la vida
Hay un muro en el cielo que me ama,
de sus piedras construyo mi castillo.
Cuando me desea se enaltece y me hiere,
me llama en el oscuro y sombrío de la noche
para acariciarme con manos de pétrea frontera
y besarme en la humedad de mi silencio.
¿Qué hace que la huella de un pie ahonde en el precipicio de un beso?
Guardo un rastro de fragancias perdidas entre tus manos
y un quebrado vértigo me hace respirar el olor de tu cuerpo.
Vendrá el amanecer, tal vez ya no este junto a tu cama,
en este rocoso sueño he visto romperse los deseos
y alzado al cielo, un relámpago, anuncia la lluvia.
Todas las pérdidas ilusiones se dibujan en tu rostro y en el mío,
cada vez me recuerdo más a los viejos desvanes
donde cruzando las sábanas tendidas
encontrábamos un mundo de colores.
El bosque privado
Quien no ame el amanecer del bosque
no sentirá la abierta herida,
esa que tú y yo hemos curado
en la urdimbre de la piel.
Vencí el dolor,
y mis manos sujetaron tu cuerpo
en el vaivén del deseo
el día en que el alba renació en ti.
Subo frondoso por la escalinata de tu cuerpo,
en ella se atesora el bosque de susurros
y los pájaros del deseo me reciben
con su aleteo de alegre frenesí.
Queda mucho para respirar,
detrás de este silencio
nos cabe un denso aroma
y un sueño sereno y compartido.
Fotografías de Miguel Ángel Latorre
Río IV
Nada ni nadie corriente cruza el matiz de tu soberbia,
pero hay demasiado en juego para que no te lo diga:
sigues siendo una parte insignificante de mi.
Fotografía de Miguel Ángel Latorre