La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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martes, 29 de junio de 2010

Dame la sombra







Dame la sombra,

lo más dulce,

tus párpados cerrados,

el sueño.




F


sábado, 19 de junio de 2010

En la palabra Cartago






En la palabra Cartago
siento inundaciones,
lluvias torrenciales,
un dolor en el costado
creciendo dentro
con esa lentitud
que solo deja el tiempo.
Pausa a pausa
un silencio y otro,
luego la verdad,
una luz que trae la mañana,
de ella como de todo
solo un tapiz de polvo
y un ir y venir de pájaros negros.






F



domingo, 23 de mayo de 2010

Desnudo







Supo la sombra del silencio.
Los pájaros dejaron los rastros invisibles de su vuelo,
la calma quieta que da el atardecer en el verano,
mientras las nubes, lentamente,
se van tiñendo de otros susurros,
otras luces, otros recuerdos.
Quizás encontré en tu desnuda espalda
un atlas con las cifras del misterio,
un recorrido por los mapas de tu piel y tu deseo,
los mismos rastros que como los pájaros en el cielo
habían dejado inalterables mis dedos en tu cuerpo.







F



domingo, 16 de mayo de 2010

Recapacito




Recapacito.
El silencio tiene dos ojos que me miran
y una voz interior que me dice:
Hace mucho tiempo que no venías.




Para mi madre



viernes, 14 de mayo de 2010

Una espada separa nuestros cuerpos






Una espada separa nuestros cuerpos.
La rosa gime en cada pétalo que tus dedos estremece.
La tarde trae los astros y su silencio de eternidad.
Ahora es el momento preciso que somos del otro,
la urdimbre de un tapiz que nunca se acaba,
la trama cálida de una absolución.




F


sábado, 1 de mayo de 2010

Nos ha de volver como él






Nos ha de volver como él,
transparentes,
ajenos a los días,
predispuestos a cerrar los ojos,
preparados para ser vacío.




jueves, 29 de abril de 2010

Borges dormía con los ojos abiertos








Entonces Borges dormía con los ojos abiertos
y alimentaba su melancolía respirando la noche.
Era verano en el Hemisferio Sur,
él soñaba con el frío de Ginebra
o con la humedad implacable de Dakar.
Era verano en Buenos Aires
y el mundo le parecía un Atlas propio
donde podía dibujar sus viejas pasiones y sus viajes.
Sus dedos pasaban
lentamente
sobre los mapas,
se detenían en un lugar señalado en rojo,
una punzada,
un río de palabras y de imágenes,
el hombre ciego recordaba,
hurgaba en su memoria el tiempo,
deshacía una a una las páginas escritas de su vida.





F


viernes, 23 de abril de 2010

Oigo los pájaros...






Oigo los pájaros, todos los silencios buscan ese sonido.



F


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