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17 de diciembre de 2025

España: Identidades y territorio

 El mapa ofrece una buena perspectiva de la complejidad de España, reflejada en su diversidad lingüística y en los contrastes regionales de sus posiciones reivindicativas. 

Ha sido elaborado por Fanny Privat y publicado en la excelente monografia que sobre España ha dado a la luz Le Monde Diplomatique.    El motivo de la publicación está claramente definido en el encabezamiento de la edición:

" Desde la noche franquista hasta las vibrantes calles de las manifestaciones feministas, España ha cambiado su rostro. Cincuenta años después de la muerte del dictador, esta monografía relata las metamorfosis de un país forjado por la memoria, la ira y la esperanza".

20 de mayo de 2023

 


Hablando de Territorio, de Paisaje, de Patrimonio. Descubriendo nuevos horizontes, interpretando realidades y experiencias que nos unen y motivan. Con Joaquín Díaz. En Urueña.

27 de enero de 2023

Recuperando los simbolos culturales

 Siempre es un placer compartir espacio y tiempo con Joaquin Diaz Gonzalez . Atento y vigilante a los aspectos que dan sustancia y valor a los elementos patrimoniales que cimentan la cultura de un territorio, ha organizado un ciclo muy interesante que tendrá lugar en el centro E-Lea de Urueña el tercer sábado de los próximos meses. Ni que decir tiene el valor de las conversaciones mantenidas en la Villa del Libro. El frío, tremendo en el recorrido por las calles, pasó desapercibido en el encuentro.



La intervención hoy de Santiago Bayon Vera ha sido excelente, emotiva, rigurosa y muy bien documentada, con imágenes insólitas sobre la dimensión cultural de las vías pecuarias, cuya trascendencia económica e histórica es bien conocida.

13 de noviembre de 2022

¿Qué (diablos) es España?

 


Es un reportaje interesante, que abre un atractivo campo de posibilidades a la reflexión y al debate. Aunque a algunos les pueda parecer innecesario, no aborda un tema baladí. Pues, si es posible que elaborar una respuesta clara en otros países no plantee apenas dificultad, el hecho de suscitar esta cuestión en el caso de España tal vez resulte pertinente aunque solo sea por el hecho de que quien se interese por el tema se vea obligado o, mejor dicho, invitado a reflexionar sobre los aspectos que identifican y definen el Estado en el que viven. Se trata de reflexionar a partir de un mejor y más sólido conocimiento de la realidad española lejos de tópicos, sectarismos y simplificaciones.

El elenco de personajes a los que Iñaki Gabilondo plantea esta pregunta - ¿Qué (diablos) es España? - revela hasta qué punto la pluralidad de perspectivas y factores de justificación de la respuesta que cada cual esgrime no es incompatible con el afán de encontrar puntos de acuerdo y de aceptación compartida de lo que el país representa en estos momentos. No estaría de más, en mi opinión, ampliar y enriquecer este debate, aunque solo sea por el simple y saludable deseo de entender que interesa y merece la pena.
Disponemos, en efecto, de los suficientes elementos de juicio para identificar la realidad española motivados por la sensación y el convencimiento de que, con todo lo que ello implica y sin perder nunca la visión crítica, formamos parte de ella.

13 de abril de 2017

Evocaciones del pasado: una visita al patrimonio industrial de Valmaseda


Tranquilo, relajado, transcurre el Cadagua por tierras del sur de Vizcaya, provenientes del septentrión burgalés. Da la impresión de que no pasa nada, pero ha pasado tanto. Me detengo a observar la importancia de ese rio en la industrialización vasca y me sorprenden las obras de ingeniería que jalonan su curso con el fin de aprovechar la fuerza motriz del agua. Proyectos espectaculares.

Hace 52 años visité con mi padre la fábrica de boinas La Encartada. Él las vendía en su pequeño comercio burgalés. Le invitaron a visitarla y yo le acompañé. Aquello iba a ser mi sino. Para mí, aquel lugar era el fin del mundo. Entonces - la fábrica- estaba a pleno rendimiento. He vuelto a esa factoria mitificada en la memoria y hoy convertida en impresionante testimonio de patrimonio industrial. Admirable, una maravilla, todo el ciclo integrado de la fabricación textil a partir de la manufactura de la lana. Duró cien años, de 1892 al 8 de agosto de 1992. Merece la pena verlo de cerca. Aún sigue produciendo electricidad mediante su salto de agua y que vende a Iberdrola, lo que genera un beneficio con destino al mantenimiento del museo.

Antes de llegar a ese complejo fabril he conocido casualmente en el paseo a Pancho Pastori, arquitecto y fotógrafo de Montevideo. Un artista interesante, la verdad. Son las sorpresas que los viajes sin guión previo proporcionan. Hemos departido durante un rato a la sombra de las escuelas mientras comentabamos la imagen inconfundible del Cadagua en Valmaseda, cabecera de la comarca vizcaina de Las Encartaciones.

16 de febrero de 2015

Arte y cultura al servicio de la sociedad


Son figuras admirables de la historia de la cultura que conviene recordar. En esta ocasión, aludo a ellas porque supieron entender, tras alcanzarlo todo, que el arte cobra valor y trascendencia cuando se ofrece al ciudadano como patrimonio que le pertenece lo que es propiedad del Estado. Magnífica la escena de la película dedicada a Joseph Turner (Mike Leigh, 2014), el impresionante pintor de paisajes, cuando declina vender su obra al empresario que le ofrecía un cheque en blanco ya que su objetivo estaba centrado en ceder al Imperio británico la totalidad de la obra de que pudiera disponer. 

Es la misma actitud adoptada por el ingeniero belga que se enamoró de España al descubrir algunos de los más importantes yacimientos de la Península, de tanta relevancia como el de los Millares o El Algar. Hace unos días me encontré con esa figura mientras recorría las salas del Museo Arqueológico Nacional, cuya remodelación aún no había visto. Merece la pena. Es uno de los lugares museísticos más atractivos y mejor concebidos de España. Impresionan la riqueza prehistórica y las manifestaciones del arte ibérico. 

En la segunda planta, el visitante se encuentra de pronto ante el legado de Louis Siret. Una vez conocido, dejará profunda huella en la memoria. Su nombre emerge con fuerza y admiración al comprobar el inmenso patrimonio que consiguió descubrir y que pertenece a España porque en su momento hizo lo mismo que Turner. Ante la oferta jugosa que se le ofrecía, su respuesta no admitía réplica: "el arte no se vende y estos valiosos objetos que encontré en España los quiero ofrecer a España". Visiten el Museo Arqueológico Nacional, deténganse en la sección dedicada a Siret y valoren el gesto de los que anteponen la importancia del patrimonio común al egoísmo personal.

11 de enero de 2014

La difícil situación del patrimonio artístico en España: el silencio ante el expolio

La crisis ha acabado por anular muchos de los debates relacionados con aspectos esenciales de la vida del país. Cuando los servicios básicos, de los que depende la calidad de vida de los ciudadanos, se deterioran de manera que a muchos se antoja irreversible, cuando las situaciones de desempleo se agravan hasta derivar en los estigmas de la pobreza y de la indefensión  ante el riesgo, cuando los esfuerzos han de ser encauzados en pos de la supervivencia... ¿qué lugar ocupa entre las prioridades ciudadanas los momentos difíciles por los que atraviesa la preservación del patrimonio cultural?  


Sería interesante conocer la postura que desde la opinión pública e institucional se adopta ante lo que se ha venido en llamar la existencia de una evasión incontrolada de bienes culturales de excepcional valor, pues no en vano estamos asistiendo a la pérdida o desposesión de elementos significativos de la riqueza artística que sufren las consecuencias de una insensibilidad clamorosa hacia los comportamientos, acciones u operaciones que proceden a su liquidación a través de la tupida red de intereses construidos en torno al mercado del arte, frente a los cuales los poderes públicos, lejos de intervenir, adoptan la posición del que nada tiene que ver con el control de los procedimientos utilizados. Lamentablemente esa ha sido una constante en la historia del patrimonio artístico español, en la que han estado omnipresentes la mano y el bolsillo de conspicuos historiadores del arte y de políticos "muy orgullosos" de su país. 

Se ha hablado de la necesidad de poner en vigor una normativa que evite la fuga de obras de arte, en vez de mantener una permisividad que constituye un óptimo caldo de cultivo para las maniobras de la mercantilización especulativa. Procuro hacer memoria y no recuerdo ninguna intervención en este sentido de los responsables culturales de las diferentes administraciones españolas. Confortados con el oropel que ocasionalmente procuran los eventos periódicamente organizados a mayor gloria de determinados bienes patrimoniales, muy custodiados ahora por sus titulares,  que se utilizan como reclamo turístico y altamente celebrado por el gremio de las mesas y los manteles, sería cínico admitir que con esa basta cuando el día nos ofrece manifestaciones escandalosas del "expolio silencioso".  

2 de octubre de 2013

La admirable obra de Sharif Kanaana



Sharif Kanaana es un poeta nacido en 1936 en un pueblo situado en las Colinas de Galilea, al Norte de Nazaret, en Palestina. Huyendo de la Nakba (como se conoce la catástrofe sufrida por esa sociedad y ese territorio en 1948) abandonó la tierra palestina ocupada y destruida para emigrar a Estados Unidos, doctorándose en Antropología por la Universidad de Honolulu(Hawaii) e impartir docencia durante años en varias Universidades de aquel país. En 1976 regresó a su tierra natal, donde fue rector de la Universidad de Nablus y Director del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad Bir-Zeit de Ramala, ciudad en la que actualmente reside. Se merece ser distinguido como Doctor honoris causa por una Universidad española. Sería deseable que lo fuese en la de Valladolid. 


He sabido de su vida y de su obra a través de mis amigos Suleiman Nayati Jabary, de origen palestino, y Pilar Salamanca, prestigioso nefrólogo él y afamada escritora ella. Les hemos visitado en Cantabria, donde ahora viven. Entre paseos por la costa, divisando ese litoral "quebrado" que tanto impresiona y disfrutando de la buena conversación y de la excelente mesa, té incluido, nos han regalado una obra de Kanaana que ellos han traducido para darlo a conocer, como sin duda se merece, en España. Emociona leer los cuentos de la tradición oral palestina, cuentos transmitidos por las mujeres, pues, como dice el autor, "fueron las mujeres quienes siempre los contaron y, aunque nunca dijeron que fueran sus autoras, son - y fueron siempre - las transmisoras de la tradición que hace de estos cuentos una propiedad colectiva de la comunidad palestina".



Pilar Salamanca, Sharif Kanaana y Marcos Sacristán, rector de la UVa




Sharif Kanaana con Nayati Jabari 

El dia 6 de noviembre de 2013 Sharif Kanaana ha hablado en la Universidad de Valladolid. En acto presidido por el Rector, ha dado a conocer su trayectoria profesional y científica, magníficamente compendiada por Pilar Salamanca, con motivo de la presentación del libro que nos ocupa. Se ha hablado de cultura, de patrimonio, de expolio bibliográfico, de sensibilidades creativas y sojuzgadas, de la identidad de un pueblo que se resiste a desaparecer, del valor de la memoria como baluarte de supervivencia, como justificación de los esfuerzos denodados por preservar los recuerdos y para que quede constancia expresa de lo que fue la ocupación, bien representada en la obra sobre la destrucción de las ciudades palestinas, en cuya recopilación, representación y estudio desempeñó un papel decisivo la labor llevada a cabo por Kanaana. 



El resultado ha sido una obra monumental, editada por Walid Khalidi, en la que figuran detalladamente identificadas y cartografiadas el cerca de medio millar de ciudades y aldeas destruidas por el gobierno israelí en el año de la Gran Catástrofe (Nakba) de 1948. Son los paisajes de la desolación, del expolio sin límite. 

10 de septiembre de 2013

La medición del tiempo en Kaseberga


Una muestra del conocimiento humano que deja huella indeleble. Se trataba de controlar el paso del tiempo mediante las variaciones que la luz solar provoca al incidir sobre una figura geométrica, construida a base de piedras y concebida con tal fin. Lo hicieron los pobladores del Sur de Suecia hace unos mil quinientos años. 


Aún perdura y es digna de admiración. Geometría, Geografía, Astronomía: las tres perspectivas que se complementan para dar sentido e interpretación al espacio a lo largo del año. Merece la pena visitar el lugar. Es en Kaseberga, en la Escania profunda que se abre al Báltico a través de un mirador que sobrecoge por su espectacularidad.

18 de mayo de 2013

Mensajes en la calle (42): la cultura que se extingue


Cierra el Museo de la Radio en Tordesillas (Valladolid) 


¿Cuántas manifestaciones culturales sobrevivirán a la catástrofe? ¿Qué será de buena parte de esas infraestructuras,  dotaciones, obras y demás elementos físicos que han visto la luz cuando todo prometía buena ventura y satisfacciones sin cuento y de porvenir asegurado? Al observar la lista  de cuanto se ha puesto en pie con tal fin en España desde los años noventa hasta prácticamente antes de ayer, cuando han comenzado a tocar a rebato los tambores demoledores de la crisis que no cesa, nos damos cuenta de hasta qué punto  la creatividad y la capacidad de iniciativa se han desplegado profusamente hasta cristalizar en uno de los inventarios más nutridos de cuantos se tiene noticia en la Vieja Europa. De todo hay sin duda: realizaciones excelentes, iniciativas mediocres, propuestas prescindibles. Soy, sin embargo, de la opinión que la perspectiva de poder elegir en un frente tan amplio incrementa las posibilidades de enriquecimiento cultural y personal, de modo que más pronto que tarde los criterios de calidad acabarán prevaleciendo sobre la cantidad hasta dibujar, a la postre, un panorama en el que sólo cobre vida y justificación aquello que realmente merece la atención y el interés de ser conocido y valorado. Y no siempre lo grande lo es: hay manifestaciones de pequeño tamaño, obras modestas que encierran lecciones de excelencia, buen gusto y mejor hacer. 


Al menos así ha de ser en teoría, habida cuenta de que la mayoría de los proyectos puestos en marcha se han amparado en ayudas públicas sin las cuales difícilmente hubieran visto la luz. De ellas depende también su mantenimiento, su continuidad, su presencia en los catálogos y en las sugerencias que invitan al conocimiento de lo que no se conoce. Cuando las aportaciones de los fondos públicos declinan, los horizontes se cierran para muchos de ellos e incluso amenazan o culminan con su desaparición. Es lo que ha sucedido con el hecho que justifica esta entrada. Paseando por Tordesillas, mi pueblo adoptivo, me he encontrado con la noticia de que cierra el Museo de la Radio, tan ayudado y que tanto prometía. Ni siquiera les ha dado tiempo a corregir la errata ortográfica del cartel. 

Es en este contexto en el que ha de imponerse el despliegue de una verdadera estrategia cultural, que pase de la prodigalidad de antaño a la adopción de criterios que garanticen la preservación de aquellas muestras de la acción cultural que verdaderamente merecen ser respaldadas, sobre la base de su calidad, de su utilidad formativa, de su pertinencia como fundamento de una voluntad decidida de apoyo al patrimonio cultural. Y ha de ser así porque la cultura no puede sobrevivir en un panorama de mercantilización pura y dura: necesita el respaldo institucional, serio y responsable, no dominado por los grupos de presión o por la concepción populista o populachera de la cultura. Se trata de un contexto renovado, en el que, como en tantas otras cosas, va a quedar en evidencia la categoría política de los responsables públicos y su voluntad para asegurar la pervivencia de una cultura de calidad que nunca podrá ser objeto de negocio o de satisfacción de intereses extraculturales.  

13 de noviembre de 2012

La defensa del patrimonio amenzado: el entorno de la iglesia de la Antigua, en Valladolid




Otra victoria de la ciudadanía activa, de la ciudadanía sensible y preocupada por su patrimonio, de la ciudadanía que se rebela contra la arbitrariedad y la especulación efectuada a costa de lo que es un bien de todos. Ha sido una batalla larga, dura, aunque muy bien llevada por la Federación Vecinal Valladolid y por los grupos defensores del patrimonio histórico amenazado. Amigos de Valladolid y de otros lugares, visiten ahora la ciudad bañada por el Pisuerga y la Esgueva y acérquense al corazón de la ciudad, donde se yergue la iglesia de Santa María de la Antigua. Tras la sentencia del TSJ de Castilla y León por la que se suspende la segunda modificación del PGOU presentada por el Ayuntamiento para construir un aparcamiento cuyo impacto hubiera sido brutal e irreversible en un espacio de gran valor histórico-arquitectónico, el alcalde de la ciudad no ha tenido más remedio que rendirse a la evidencia...y a la ley. Lo ha intentado de nuevo... y ha perdido. 

http://www.20minutos.es/noticia/1645075/0/

Lo ha dicho esta tarde por la radio; lacónicamente, pero lo ha dicho: "acato la sentencia, el parking no se construirá porque la crisis no lo permite y el entorno será adecentado". Es cierto que utiliza la crisis como coartada para salvar la cara y que el proyecto de recuperar los restos arqueológicos para darlos a conocer ni se lo plantea, pero lo importante es que la obra destructora que se preveía no se va a llevar a cabo. El tiempo juega ahora a favor del sentido común. Enhorabuena a cuantos han luchado para que la sensibilidad prevaleciera sobre la especulación, la racionalidad sobre la barbarie, el bien colectivo sobre el uso interesado y lucrativo de unos pocos.

3 de octubre de 2012

Espacios transformados (9): No todo está perdido en El Cabanyal


Aconsejo visitar el barrio de El Cabanyal, al Este de la ciudad de Valencia, junto al mar. Es el barrio que inspiró a Joaquín Sorolla alguno de sus cuadros más memorables, aquellos que nos han perpetuado en el recuerdo el inconfundible color del Mediterráneo y la imagen de las arduas labores asociadas a la pesca. Hoy es un barrio abandonado a su suerte, proscrito en las políticas públicas del Ayuntamiento, empeñado en la eliminación de uno de sus tramos patrimonialmente más valiosos para llevar a cabo una operación urbanística de envergadura que llevaría consigo la destrucción de lo que ese barrio ha significado en la historia del urbanismo valenciano.


El panorama es brutal: la incuria a que se ve sometido por parte del gobierno municipal contrasta con la espectacularidad y belleza de su patrimonio arquitectónico, un legado valiosísimo del modernismo cultivado a comienzos del siglo XX y que se traduce en un inventario admirable de viviendas de dos alturas, con fachadas estéticamente bien concebidas en las que el empleo de la cerámica de la tierra y la decoración imaginativa se traduce en un cromatismo variopinto y hermoso que invita a la mirada y a la evocación de lo que aquel barrio fue hasta que la codicia especulativa y el desprecio por el patrimonio lo han arrumbado a la imagen de desolación y marginalidad que hoy ofrece. Es una sensación extraña la que se tiene cuando se recorren sus calles, se observan sus viviendas tapiadas o el sinfín de comercios hace tiempo clausurados, como otro de los síntomas de su deliberada desvitalización. 

Mas, de pronto, la mirada se complace en el edificio que alberga la Sociedad Musical de la Unión de Pescadores del barrio. Iniciativa emblemática de la historia cultural valenciana, nacida en la primera década del siglo pasado, sobrevive en medio de la ruina que lo rodea, y lo hace con esfuerzo y al tiempo con ilusión, conscientes sus miembros de que el día que abandonen El Cabanyal una parte esencial de la vida del barrio pescador que mira hacia la Malvarrosa habrá desaparecido para siempre. Quiero con estas palabras dejar constancia del hecho y del homenaje que merecen.




20 de junio de 2012

Un expolio consentido


Reja de la Catedral de Valladolid en Nueva York 

No tiene desperdicio. Toda una crónica, sincera y descarnada, demoledora y brutal, del mercadeo del arte en España. Ahora se les llena la boca con la conservación del patrimonio histórico, que dicen proteger, convertido ya en objeto de promoción cultural y de rentable marketing de imagen, amén de sustanciosas subvenciones y gabelas fiscales. Pero hubo un tiempo en que los bienes artísticos en poder de la iglesia católica se convertían en mercadería de altos vuelos, que abandonaban sus lugares de origen para engrosar las arcas de no se sabe quién. 

Si asombro nos ha provocado el descubrimiento de un claustro románico, del más puro estilo del arte castellano medieval, en una finca de Cataluña y aún nos sobrecoge contemplar, entre otras muchas manifestaciones de lo mismo, la impresionante reja de la catedral de Valladolid en el Metropolitan Museum de NY, las cosas nos quedan claras cuando un pirata del arte como el tal Erik el Belga nos recuerda cómo salían de España, a raudales y sin control alguno, las obras que los propios curas, obispos y demás compinches evadían por su cuenta y cuyo expolio nadie evitaba porque los conchabados del delito se situaban por encima de toda sospecha. 

Incalculable arsenal de riqueza lucrativamente enajenada, una auténtica desamortización de la que sólo se beneficiaron los que vendían y los que compraban para luego revender. De nada de eso se habla ya cuando se les pregunta a los promotores de las Edades del Hombre qué ha sido de todo aquel caudal de riqueza que ya no está, a cuánto ascendió el beneficio obtenido, quiénes se lucraron con ello y de qué manera.  Una página oscura y siniestra en la historia del arte español, de la que hoy nadie se responsabiliza - normal, por otro lado, en este país de irresponsables impunes - pero que de vez en cuando conviene recordar para que la historia no deje ser esa lección de enriquecedoras advertencias que siempre ha sido.

12 de octubre de 2010

¿Qué tiene el flamenco que tanto procura? ¿Qué tiene ese arte que merece ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad?

Desde la Torre de la Calahorra, en Córdoba


Cuando mi hija se preparaba para asistir a un examen en su época de estudiante universitaria, momentos antes de salir de casa inundaba el ambiente con la voz del Camarón de la Isla, a ser posible con Tomatito a la guitarra, al toque. Necesitaba evadirse de ese modo ante la presión de la prueba inminente. Nos metió a Camarón en casa y desde entonces no ha salido. Nos hemos quedado con él sin olvidar aquella advertencia que en un recital impresionante, celebrado en Valladolid, le hicieron los gitanos que estaban a nuestro lado cuando le gritaron a pleno pulmón: “¡no cantes más, Camarón, que se lo quedan los payos!” Era suyo, formaba parte de su patrimonio, pero también nosotros le sentíamos como propio. "Yo soy el viento/tú eres la hoguera....". "La vida es una ilusión/que nadie vive sin ella..."


Recuerdo también cómo, tras una delicada operación de oído en Sevilla, el inolvidable Miguel Martín, abulense de origen y catedrático que fue de Estadística en la Universidad Complutense de Madrid, se convirtió, agradecido hacia el doctor otorrino Felipe Rodríguez Adrados (el admirado Felipe, ya fallecido) que le sanó, en un furibundo defensor del flamenco, de modo que no había conversación - incluso llegó a hablar de ello en alguna Tesis de Matemáticas - en la que no diera prueba de un conocimiento apabullante, casi pasional, del tema. Todas las reuniones de amigos terminaban siempre adobadas por Enrique Morente, el Lebrijano, José Mercé.....y, por supuesto, Camarón. Que no faltase Camarón. No obstante, "La Alhambra lloraba", cantada por el primero, era una de sus preferidas.

Mi mujer y yo tampoco olvidaremos el día en el que Carlos y Mila, nuestros amigos de toda la vida, nos llevaron en Ayamonte (Huelva) a oír a Mayte Martín, lo que nos permitió descubrir uno de los talentos más impresionantes y versátiles en ese mundo de sensaciones infinitas a la par que imprevisibles. ¿Y qué decir de las sesiones dedicadas a escuchar a Bernarda y Fernanda de Utrera, con las que Justo de Pablo, otro gran amigo, entabló amistad durante su estancia como director del Instituto de aquella ciudad sevillana? Mensajes de múltiples matices salían de la voz y los gestos de aquellas mujeres que siguen brillando con luz propia en un universo de canciones que nunca perecen.

Y lo son al igual que las sevillanas entonadas con una fuerza especial por Francisco Palacios, "El Pali", que tanto cautivaban a Julio Valdeón Baruque, el historiador fallecido y mi compañero en mil batallas, con quien compartí, en casa y en la carretera, infinidad de momentos de cuando en cuando salpicados por algunos de los versos de aquél que se enorgullecía de haber sido “siempre trovador de las cosas de Sevilla”. Ay, Sevilla, aquella ciudad que “tuvo una niña y la pusieron Triana” y que también “tiene una torre que presume de ser guapa”.

¿Y qué decir de los bailores y bailaoras que tantas veces cortan la respiración sin que ellos, ensimismados en la magia del "tablao" se den cuenta de lo que a su alrededor pasa? La magia infinita de Carmen Amaya y Antonio Gades puso al baile flamenco en lo más alto de la estratosfera, sacó puntas afiladas a las obras inmensas de los clásicos que aún conmueven cuando se las vuelve a ver y sentir, como vemos y sentimos als vibraciones que transmite como nadie Cristina Hoyos, que tanto aprendió del maestro y que también le supo enseñar porque él deseaba que así fuera. Y, cómo no, el flamenco se engrandece ante el embrujo que aportan los pies y los brazos de Sara Baras, de Antonio Canales o Joaquín Cortés. Ahí es nada el flamenco del compás que bordan como nadie esas coreografías de bailaores y bailaoras anónimos, que siguen resonando en lontananza cuando se abandona la fiesta y la memoria evoca escenas que son auténticas proezas de buen gusto.

En fin, amigos, se acerca la fecha, a comienzos de noviembre, en que el Comité de Patrimonio de la UNESCO resuelva en su reunión de Nairobi la propuesta de declarar el flamenco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una figura tipificada dentro de la categoría de bienes a proteger de acuerdo con la tipología y los criterios establecidos en las Convenciones de la UNESCO sobre el tema. Me sumo plenamente a esa iniciativa por tres razones: porque estoy convencido de que es una manifestación cultural que rebasa con creces su ámbito específico de creación y práctica habituales (la tierra andaluza) para convertirse en un valor cultural sin fronteras, porque creo en su autenticidad, en su calidad, en su contribución a las manifestaciones artísticas que desarrollan lo mejor de la personalidad de los pueblos y, sobre todo, porque encierra "tela marinera" de emociones y sensibilidades “que no se puén aguantar”.

6 de marzo de 2010

El concepto de Bien de Interés Cultural es algo muy serio para utilizarlo indebida y provocativamente

La Alhambra de Granada, esto sí es un Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad

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Cuando en 1985 se aprobó la Ley del Patrimonio Histórico Español (BOE de 29 de junio de 1985) parecían estar claros los límites, características y requisitos de lo que debe entenderse como tal. Eran tiempos de racionalidad en la interpretación de las leyes y de consenso a la hora de asumir compromisos que otorgaran a las decisiones la seguridad jurídica necesaria.

Según ese texto aparecía bien delimitada la identificación de Patrimonio Histórico, en el que quedaban comprendidos “los inmuebles y objetos muebles de interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o técnico. También forman parte del mismo - se decía también- el patrimonio documental y bibliográfico, los yacimientos y zonas arqueológicas, así como los sitios naturales, jardines y parques que tengan valor artístico, histórico o antropológico”.

Sólo esas categorías y elementos pueden ser declarados Bienes de Interés Cultural (BIC), de acuerdo con el procedimiento previsto, tanto por parte de la Administración central como de las Comunidades Autónomas, en virtud de sus competencias. Todos los Bienes son materiales, tangibles, ya sean muebles o inmuebles, sujetos a inventario. No corresponde, por tanto, utilizar este concepto para la categoría denominada como “Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI)”, cuya identificación como tal corresponde a la UNESCO, de acuerdo con la tipología y los criterios establecidos al efecto.

Si es bien cierto que entre ellos se contempla la protección de elementos culturales asociados a tradiciones susceptibles de merecer un reconocimiento universal, resulta improcedente hacer uso de ella para respaldar con este rango determinadas tradiciones locales, festividades esporádicas, más o menos solemnes, amén de los jolgorios y juergas de toda laya o las genialidades que se difunden como grandes logros y que no lo son tanto. Para esas situaciones o experiencias, que abundan por doquier y que se arrogan de la tradición más enraizada, existe otro tipo de marchamos y calificaciones (fiesta de interés turístico, por ejemplo, muy utilizadas en España, como ocurre, entre otros casos, con las Fallas de Valencia, los Sanfermines de Pamplona o la Semana Santa de Zamora, reconocidas con el rango de Fiestas de Interés Turístico Nacional, aunque jamás a nadie se le haya ocurrido considerarlas un BIC).

Y es que no está de más un poco de sentido común. Tratar de meter en el mismo saco la Alhambra de Granada, el Acueducto de Segovia o las Catedrales de Burgos y Toledo con las corridas de toros, la tomatina de Buñol, el Toro de la Vega de Tordesillas, el "colacho" de Castrillo de Murcia, el sokamuturra de Bergara o los "carrebous" del sur de Catalunya, por citar algunas actividades que se me ocurren sobre la marcha, pues las hay a cientos, es sencillamente un disparate, una provocación y un insulto al concepto de patrimonio histórico-artístico y cultural, utilizado con fines espurios. Esas manifestaciones, populares o populacheras, son meras festividades, son otra cosa que no entraré a valorar, pero no algo patrimonializable culturalmente por una comunidad seria, exigente y en términos homologados con lo que existe en el mundo. En el colmo del desvarío, los que promueven que la lidia taurina sea Bien de Interés Cultural lo hacen también con la mirada puesta en que sea asumida como algo a proteger por la UNESCO.

Conviene saber que en el mundo están reconocidos hasta la fecha 257  elementos culturales como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. Diez de ellos en España: El Misterio de Elche (2008), la Patum de Berga (2008), el silbo gomero (2009), los Tribunales de Regantes del Mediterráneo (2009), el canto de la Sibila de Mallorca, el flamenco, los castells de Tarragona, la dieta mediterránea (2010), la Fiesta de la Virgen de la Salud de Algemesí (Valencia) (2011) y los patios cordobeses (2013). En ningún país figuran como PCI espectáculos con animales, y menos aún maltratados. Sería una aberración.  

3 de diciembre de 2008

El obelisco ausente de Luxor, visualmente recuperado

Confieso que siento admiración por la figura del obelisco, esa espléndida expresión de la arquitectura ornamental que forma parte inseparable de la cultura egipcia y que constituye el símbolo más representativo del poder y la unidad de un pueblo. Con esta pretensión lo diseñaron los egipcios y con la misma finalidad cobra esa profusión en el mundo como manifestación emblemática de la historia que se desea enaltecer. Lo vemos espectacularmente en Roma, donde no hay plaza histórica relevante que no cuente con un testimonio de los obeliscos de esbelta silueta, e incluso nada sorprende que la Vía de la Conziliazione que conduce al Vaticano esté jalonada por una serie espectacular de piezas que reproducen este diseño hasta confluir en el imponente obelisco que, con sus inscripciones de origen tapadas o borradas, preside el centro mismo de la Piazza de San Pietro. La figura del obelisco se ha reproducido también en el Nuevo Mundo y, que yo sepa, es perceptible en el National Mall de Washington, en la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, cerca del Boulevard Artigas en Montevideo, en la Plaza Altamira de Caracas o en el Paseo del Prado de La Paz, pero seguro que se yergue en muchos lugares más. Siempre en el centro o próximo al centro, allí donde más puede sobresalir.



Y lo vemos, destacado y solemne, en la Place de la Concorde de Paris, donde está instalado desde 1836. Siempre que voy a esa ciudad me acerco a contemplarlo detenidamente y, casi como un acto reflejo, pienso en lo que este monumento de 230 Tns. ha significado en la historia de Francia, el esfuerzo y el ingenio que supuso su traslado desde Tebas y la imagen que transmite a quien, desde el corazón de Paris, entiende este lugar como el vértice en el que confluyen las grandes arterias y perspectivas que configuran la impresionante concepción urbanística de la capital francesa.


Todo el mundo sabe que el obelisco que preside esa Plaza es el que falta en la entrada del Templo de Luxor, donde su ausencia resulta más que ostensible. En 1830 el rey Mohamed Ali ofreció a Francia, como obsequio y con el fin de congraciarse con sus ciudadanos, los dos obeliscos que enmarcan el acceso al templo, pero sólo uno de ellos efectuó el viaje que duró más de dos años y medio en un ejemplo de alarde técnico realmente impresionante. Hay quien, ignorando las fechas, señala que fue un regalo a los franceses por su ayuda en el traslado del templo de Abu Simbel, cuando bien es sabido que el proyecto del lago Nasser data de 1956 y las obras de recuperación fueron programadas y organizadas por la UNESCO a partir de ese momento.

No, el obelisco de granito rosa de la Concordia fue retirado de su implantación originaria por un acto de sumisión y complacencia con el poderoso, muy típico de la época y revelador de la posición que entonces Francia desempeñaba en el mundo. Otro caso más de los muchos que provocan la irritación del pueblo egipcio cuando visita los Museos de Londres, de Paris o de Berlín, en los que se exponen verdaderas maravillas de la civilización del Nilo (inasumible para muchos el que el busto de Nefertiti se exponga en el Museo Egipcio de la capital alemana), procedentes del expolio, del negocio fraudulento, del engaño o simplemente de la incapacidad para retener su patrimonio hasta bien avanzado el siglo XX. Hay informaciones que señalan la crítica situación en que se encuentra el obelisco que orna la Plaza de la Concordia. Se observa deterioro en la piedra, afectada por la contaminación y las condiciones meteorológicas, lo que justifica las preocupaciones por su estado y los riesgos a que se enfrenta su conservación. De ahí las opiniones que abogan por su devolución a su lugar de origen, postura a la que me sumo plenamente. 

En la primavera de este año he visitado Egipto y, entre otros deleites, he conocido y recorrido con detalle el templo de Luxor, ubicado en la ribera oriental del Nilo. He apreciado la asimetría de la portada y echado de menos la armonía y el equilibrio estéticos que sus artífices pretendieron darle cuando lo construyeron hacia 1500 a.C.. Aunque es evidente que esa sensación de vacío quedará para siempre, logré neutralizarla en parte cuando Maria Antonia y yo encontramos en un anticuario de El Cairo un grabado auténtico, fechado a comienzos del siglo XIX, donde figuran los dos obeliscos que entonces delimitaban el acceso al templo de Luxor. Quien no se conforma es porque no quiere, y en nuestro caso la visión del grabado nos devuelve la autenticidad del escenario original.

Visiones parecidas sobre el extraordinario legado artístico de Egipto permite sin duda a quien lo desee la magnífica colección que cuidadosamente ha conseguido agrupar el atento propietario de la galería de arte y libros antiguos situada en la Avenida Qasr el-Nil de El Cairo, donde lo adquirimos. Está a un paso del Museo de Antigüedades Egípcias y casi al frente de la famosa cafetería Groppi`s, de cuidada estética art déco, y además un espacio muy grato para tomar un té en el lugar que se enorgullece de haber sido en otro tiempo el suministrador de tan preciada planta a la Casa Real británica. Si viajan a El Cairo, no se pierdan este paseo. Ningún paquete turístico lo incluye, aunque la seguridad esté garantizada y el contacto directo con la calle no tenga desperdicio.

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