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10 de enero de 2013

La necesidad de un periodismo crítico: ha nacido “’Último Cero”





Solamente sobre la base  de una  información veraz,  objetiva, rigurosa  y libre es posible cimentar la calidad democrática que precisan las sociedades contemporáneas. En torno a la información planteada en estos términos  se despliega un amplio abanico de posibilidades asociadas a la interpretación rigurosa de lo que sucede en la realidad, a la formulación de opiniones que estimulen el debate mediante el conocimiento de los diferentes enfoques y perspectivas que un tema encierra y, lo que es más importante, a la creación de un pensamiento crítico, bien fundamentado, refractario a la simplificación y al adocenamiento a que a menudo conducen los modelos informativos al servicio de los grupos de poder y de los intereses sesgados que defienden.

Por esa razón siempre hay que felicitarse cuando un grupo de profesionales de la información decide con tanta ilusión como esfuerzo poner en marcha una iniciativa orientada a promover un órgano de difusión de las noticias y de las ideas, relacionadas con los sucesos y los fenómenos que interesan a los ciudadanos, con el propósito de estimular esa conciencia reflexiva capaz de permitirles afianzar su fuerza  y sus posiciones en un contexto histórico ante el que no pueden permanecer indiferentes. 

Tal es la finalidad pretendida por la plataforma periodística “Último Cero, que ayer se dio a conocer públicamente en Valladolid, y en cuya promoción confluyen algunas de las personas más sensibles e intelectualmente más sólidas de la sociedad vallisoletana. Haciendo suyo el amplio margen de capacidades de difusión favorecidas por la comunicación en red, tratan de mostrar  lo mucho que da de sí el pensamiento crítico aplicado a los hechos de nuestro tiempo  sobre todo cuando este empeño se acomete con honestidad, abierto a una gran diversidad de temas y con la coherencia que anima la adscripción a un proyecto culturalmente integrador.

"Para garantizar esa independencia frente a los poderes políticos y económicos,- señala Pedro Vicente en su blog -  "Último Cero" se financiará a través de un sistema de suscripciones, similar al que han adoptado otros medios emergentes como eldiario.es que dirige Ignacio Escolar. Una fórmula que por otra parte otorga al proyecto un carácter participativo y refuerza el compromiso social con la información veraz y la opinión plural". 


Basta prestar atención a las palabras de Fernando Valiño, periodista de toda la vida, afanado con seriedad en todos los frentes y batallador incansable en pro de las causas más nobles, para darse cuenta de por dónde se encamina la idea. Personalmente, la deseo la mayor de las fortunas, es decir, la de que sea aceptada por la sociedad - la de aquí y la de todo el mundo, pues la Red lo hace posible - como una referencia informativa útil y necesaria. 





8 de enero de 2011

¿Pueden las redes sociales modelar la opinión pública? ¿Quién la orienta realmente?



He aquí un debate que no cesa de cobrar fuerza en este mundo nuestro dominado por la sobreinformación, por el desarrollo espectacular de las redes sociales y por los cambios y readaptaciones permanentemente observados en la opinión pública, con la consiguiente incidencia en los comportamientos políticos. Un debate que además se justifica cuando no son pocos quienes en el panorama ciberespacial aluden al impacto creciente de Internet en la política, al considerarlo un instrumento de movilización masiva, capaz de articular las reacciones de personas dispersas geográficamente y que, de manera instantánea, unen sus posiciones y sus voluntades en un empeño compartido que también de inmediato se proyecta, en ocasiones con gran resonancia, en el espacio público. No sorprende, por tanto, que Abdur Chowdhury, uno de los responsables del equipo de investigación de Twitter, haya llegado a afirmar que sería muy difícil entender las tendencias que rigen en el mundo sin la ayuda de Twitter.

Sin embargo, ¿hasta que punto podemos afirmar que reacciones en cadena como la que tuvo lugar con motivo del debate y votación de la Ley Sinde el pasado 21 de diciembre, cuando la página web del Congreso de los Diputados sufrió un ataque insólito de denegación de servicio, pueden repercutir, con la intensidad que sus protagonistas desearían, en la orientación de las mentalidades ciudadanas? ¿Hasta qué punto iniciativas como la de Anonymous AB, que utiliza Facebook, pueden llegar a modificar la percepción de un problema, o su forma de interpretarlo con fines reactivos a través de sus protestas virtuales, como ha pretendido en el caso que comentamos? ¿Qué grado de efectividad tienen, a la postre, esas densísimas tramas de flujos de información en las que confluyen miles de amigos y de seguidores, y que al tiempo se convierten en poderosas fuentes de información sobre quienes las integran, sin olvidar el hecho de que con frecuencia limitan, cuando no suplen, los contactos y las relaciones personales?

Tema delicado y con numerosos claroscuros, el referido a la opinión publica sigue siendo motivo de controversia, aún no resuelta. Tal vez la cuestión pudiera zanjarse afirmando, como hace Pierre Bourdieu, que “la opinión publica no existe”, pero lo cierto es que los comportamientos sociales y políticos sí reflejan en la práctica orientaciones mayoritarias, sesgos opciones en un sentido u otro, a medida que la democracia transforma la opinión publica -llámese así o de otra manera - en voluntad popular, dotada de verdadera incidencia política o, cuando menos, dotada de la posibilidad de repercutir en su configuración.

La realidad demuestra, en efecto, que esa opinión se construye sobre bases consistentes, apoyadas en las grandes corrientes de información y opinión cuyo origen no tiene nada de fortuito o circunstancial sino que, más bien, aparece como el resultado de un proceso gradualmente construido a partir de mensajes, reflexiones, ideas, debates y contenidos, cimentados tanto en la experiencia particular de cada cual como en los mecanismos responsables de la carga informativa, en buena medida controlada por lobbys mediáticos que la manipulan a su antojo u orientan en la dirección que más interesa a los grupos dominantes. Y es que la importancia de la opinión pública es tan relevante que cuantos tienen intereses que defender se afanan para influir en ella mediante estrategias de comunicación cada vez más sofisticadas y sutiles.

Frente a esta modalidad dominante de intervención en el sistema informativo, poderosamente organizado y estructurado a gran escala, entiendo - es un simple punto de vista - que las redes sociales ocupan un papel menor; un papel  que en la mayoría de las ocasiones, por no decir en todas (al menos hasta ahora) se ha limitado a convocar campañas de movilización más o menos exitosas, con un fuerte impacto en la capacidad reactiva de la sociedad, pero con débil repercusión a medio plazo en la formación de los criterios que configuran la opinión pública con auténtica, y eso es lo importante, dimensión política.

Con todo, no cabe duda de que estamos asistiendo a un fenómeno que en cierto modo marca con rasgos poderosos una tendencia característica de nuestra época. Me refiero a la magnitud alcanzada por las protestas sociales, que adquieren una extraordinaria resonancia a partir de 2008 hasta alcanzar una magnitud considerable con el estallido de la llamada primavera árabe en 2011. A la vista de la trascendencia alcanzada no está de más reflexionar sobre el alcance real de estos movimientos que ocupan el espacio público, logran una extraordinaria repercusión informativa, obligan a reaccionar a los poderes instituidos, todo ello como consecuencia, según afirma Lluis Bassets, del efecto que en tal sentido aportan "redes sociales como el instrumento organizativo mejor adaptado a las características de los nuevos tiempos". 

19 de octubre de 2009

¿Son los blogs una plataforma de expresión literaria?


Provocador, iconoclasta, defensor de causas nobles, libre como el viento, con un punto de mala uva y con mucho talento a la vez, José Saramago ha reflexionado recientemente sobre el mundo de los blogs. Al parecer, él ha puesto, de momento, fin al suyo, tras poco más de un año de cultivo, que ilusionadamente inició a sus 85 años, motivado, como en su día dijo, por el afán de rejuvenecerse. Y lo ha hecho no porque denostara esta forma de expresión, sino porque desea tener tiempo para afrontar otro proyecto intelectual que cristalizará en un libro.

Aludo aquí al afamado escritor portugués porque hace unos días planteó una reflexión sobre este mundo de las escrituras abiertas, imprevisibles e indómitas, que desearía comentar. En un encuentro cultural dijo de forma provocativa que “los blogs son una forma de literatura como otra cualquiera… No hay diferencia entre la escritura de un blog y la literatura. Creo que al público le es indiferente ese debate sobre la inmediatez del periodismo”. Lo ha dicho en Italia, en el hotel Parenti de Roma, donde hablar de lo que se quiera no es fácil cuando la mirada siniestra de Berlusconi asoma por la nuca. De hecho el nefasto "caimano" ha vetado la publicación de una de sus obras.

Nunca habia oido este tipo de reflexión, referida a una forma expresiva que se ha abierto a los vientos del mundo sin reservas, ataduras ni limitaciones. Quizá quede mucho por debatir en torno a esta cuestión si es que merece un debate, superando el escenario habitual de las controversias circunscritas al ámbito académico y al veredicto implacable de la crítica. No trato de introducir aquí polémica alguna, pero, a raiz de la opinión de Saramago, me asalta la curiosidad de saber qué puede haber de verdad o de "boutade" en una reflexión que no parte de ningún necio. Pocos pueden negarle autoridad en la materia, aunque algunas de sus novelas no sean fáciles de roer.

En otra ocasión he aludido a lo que, a mi juicio, significan los blogs con motivo de un interesante encuentro organizado en Burgos hace un año por estas fechas. Desde entonces he procurado seguir con cierta atención, y dentro del escaso tiempo de que dispongo, las manifestaciones expuestas en esta plataforma de comunicación, que merecerían una investigacion, sociológica, cultural y hasta psicológica. Me limitaré simplemente a señalar que, más allá de la diversidad de perspectivas, temas y estilos que confluyen en este ágora de perfiles indefinidos e infinitos, creo que, en el fondo, no es desacertada la opinión del Premio Nobel portugués.

Pues si la literatura consiste en escribir a partir de la imaginación, de la creatividad y del empeño que quien lo hace pone por transmitir a los demás algo propio, ¿sería justo invalidar este califificativo cuando se trata de textos que en no pocos casos revelan talentos, inquietudes y estilos que se abren al ciberespacio con total libertad, exonerados de las servidumbres que con frecuencia aquejan a los escritores que hacen lo que sea con tal de entrar en el mercado o se pliegan a las exigencias de las editoriales con merma de su autonomía y de su libertad, a la par que se enredan en telas de araña marcadas por la inquina, la difamación y la envidia?. No siempre ocurre, pero ocurre, ¿o no?.

En otras palabras, ¿donde están en estos tiempos de fronteras difusas los límites que determinan lo que es una creación literaria?. José Saramago lo aclaró también en su intervención romana: "los limites están en la calidad de las ideas, no en el formato"

26 de octubre de 2008

El imprevisible mundo de los blogs: reflexiones en torno al encuentro en Arlanzón (Burgos)

A iniciativa del grupo Burgosfera, ha tenido lugar hoy en la villa burgalesa de Arlanzón un encuentro muy agradable de cultivadores de blogs - 16 en total - al calor de una "olla podrida" y de los manjares que la acompañan como pretexto para facilitar el conocimiento y la conversación. Deferentes con mi mujer y conmigo, pese a que no habiamos avisado a tiempo, nos han acogido amablemente cuando hemos manifestado nuestro deseo de compartir espacio y tiempo, oportunidad que hemos aprovechado para hacer, en compañía de los demás, lo que se hace en estos casos: descubrir rostros nuevos, conocidos hasta ahora sólo de manera virtual, hablar por los codos sobre temas de interés común, insinuar ideas abiertas al ulterior debate, si se tercia, y dar buena cuenta del recio condumio típico de estas tierras castellanas donde los ingredientes de la buena mesa guardan congruencia con lo que la sufrida tierra procura y el tiempo y sus contingencias obligan. De vuelta a casa, y echando a volar la mente y la pluma, se me ocurre el siguiente comentario:
Es evidente que las nociones de espacio y de tiempo nunca han estado sometidas a tanta revisión como en nuestros días. Sabemos lo que una y otra significan, las entendemos como algo natural, pero cuando se trata de interpretarlas o de definirlas surge en nosotros la sensación de que todo lo que digamos es provisional y puede ser cuestionado al día siguiente. Pero también es cierto, que cuando nos ponemos a ello, cuando emprendemos la tarea de aplicarlas a través de la comunicación con otras personas, tenemos bien claro lo que queremos y porqué lo hacemos. Lo hacemos porque nos apetece y, sobre todo, porque nos brinda la posibilidad de abrirnos a escenarios inimaginables, escenarios donde la fantasía se mezcla con la realidad, donde lo individual se entrevera con lo colectivo, donde el yo se enriquece con la visión que creamos de los otros.
Unos se refugian en el anonimato, otros fingen simular lo que quisieran ser, hay quienes no tienen reparo alguno en mostrarse tal cual son, con nombres y apellidos, los hay, en fin, que transmutan su identidad en símbolos o imágenes abriendo el camino a la especulación de lo que realmente quieren decir. Hay formas de presentación, por tanto, para todos los gustos, mensajes y sensaciones. Pero por encima de esta diferenciación, que no podría entenderse más que al amparo de una libertad total para expresar lo que se desea y como se desea, hay un denominador común que a todos engarza y articula.
Decía Italo Calvino que somos lo que somos porque estamos inmersos en redes múltiples que, querámoslo o no, nos vinculan a los otros por medio de los sutiles mecanismos de la complicidad. Creo que eso es lo que pasa cuando hacemos uso de las enormes posibilidades que nos permite la Red de Redes, que nació con fines militares y en apenas una década se ha convertido en la urdimbre más espectacular y tupida que imaginarse pueda. Es la red tramada por hilos invisibles, que fluctúan en todas las direcciones y que transmiten los mensajes que, entrecruzados e instantáneos, resumen todos los afanes, todas las imaginaciones, todos los anhelos y todos los desafíos de que es capaz el ser humano deseoso de formar parte de las inquietudes de los demás con el solo fin de hacer entrega virtual de las propias. ¿Y para recibir a cambio qué?. El precio no es excesivo: simplemente la respuesta, la prueba de la atención, el gesto amistoso, la palabra amable, la sonrisa intuida, la nota de que alguien hay a la otra orilla en un mundo de infinitas orillas e ilimitados horizontes.
A veces esta experiencia de descubrimientos virtuales alienta al descubrimiento real, a tener la sensación de que lo ficticio o lo simulado no lo son cuando de personas tangibles y concretas se trata. La imaginación humana descansa sobre la que es capaz de aportar el individuo con su identidad inequívoca. Es una exigencia obvia, porque de una u otra manera todos necesitamos ver, oir y sentir que lo que presumimos no es imaginario. Necesitamos realidades para sobre ellas asentar nuestras fantasías. Y eso es lo que se ha perseguido y quizá logrado en este encuentro de Burgos, lugar de encrucijada y de confluencias de todo tipo, es decir, abrirse a realidades personales vivas, enriquecedoras, dotadas de perfiles creativos que de pronto descubrimos gracias a la red a sabiendas de que, en la mayoría de los casos, de otra manera hubiera sido imposible e impensable.
Imágenes: Arriba: Edificio de la Granja Escuela Arlanzón, donde ha tenido lugar la convivencia gastronómica. Izquierda: Perspectiva de la Plaza Mayor de Burgos desde los soportales del Ayuntamiento. La luz estalla en la plaza tras rebasar la sombra que la antecede. Derecha: Bellísima roca arenisca veteada del Mesozoico, utilizada como piedra ornamental para la construcción del edificio de referencia.

20 de octubre de 2008

Manzacosas nunca tiró la toalla

Enterado del fallecimiento de Miguel Angel Manzano, quiero sumarme al homenaje sentido y sincero que muchos compañeros de la blogosfera le han brindado como recuerdo a un amigo vitual que sorprendentemente se ha ido para siempre. He sabido de su nombre cuando alguien lo ha señalado en la nota que en su blog daba la noticia de la muerte. Todavía no he logrado reaccionar porque nunca he tenido la sensación que tengo en estos momentos ante un suceso así. Lo he sentido de veras, aunque no le conocía y jamás le habia visto. Ni siquiera sabia su nombre real. Hasta hoy.

Era simplemente Manzacosas, el bloguero que discretamente entraba en la red para escribir las "cosas de Manzano". En los dos últimos meses he mantenido con él una relación cibernética muy entretenida e ilustrativa a la par. Hemos discutido sobre la guerra de la independencia, sobre los coches que invaden la plaza mayor de Lerma, sobre los líderes de la política española, sobre el cambio climático, sobre Burgos. Cuando hace unos días comenté en este blog que iba a presentar en esa ciudad, que es la suya y la mia, el libro publicado por Ambito sobre la correspondencia de Napoleón Bonaparte, me indicó que haria lo posible por asistir a la presentación. Lo busqué con la mirada, intenté hacerme con su rostro, pero no le ví, porque no estaba. A los dos dias me envio un correo electrónico excusándose porque no se encontraba bien. "Tranquilo, Manza, le dije, recupérate y cuando regrese a Burgos nos damos una vuelta por Fuentes Blancas, que sé que te gusta". "No creas, me contestó, salgo poco de casa". Ahi quedó todo. Hasta hoy.

La muerte de un compañero del ciberespacio que se va. Todo virtual, etéreo, todo imaginativo, falto de realidad, más allá del mensaje escrito y con paternidad reconocida, aunque en su caso simulado bajo el sutil juego de palabras. Las cosas de Manzano. Virtual, sí, pero al final, cuando la muerte se impone y cierra una relación, aunque sea lábil, uno lo siente de veras, como si conociera a su interlocutor de hecho y la confianza no se viera entorpecida por la frialdad aparente de las palabras y las ideas que en la distrancia se cuelgan en la red. Basta la complicidad que aporta el mensaje compartido para que el sentimiento aflore como si de una realidad tangible se tratase, como algo firme que prevalece sobre la ficción.

Ha fallecido Miguel Angel Manzano, el hombre de Burgos que defendía una Facultad de Medicina para esa ciudad, y que se dejaba oir y leer en las páginas de la prensa local. Sabía que era una solicitud incomprendida. Pero seguia en la brecha, como buen burgalés. Tenaz hasta el final, aun a sabiendas de la quimera en que estaba empeñado. No he conseguido conocerle físicamente, aunque le intuyo como una persona seria, sensata, con sentido del humor y defensor de las buenas causas, lo que hacia con esa ironía y ese gracejo que tanto echaremos de menos.
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