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20 de enero de 2026

El interesante discurso de Mark Carney ante el Foro de Davos

 



Dado su indudable interés, las valiosas reflexiones planteadas y la oportunidad del momento, me parece pertinente, como documento aleccionador, insertar el discurso integro pronunciado el 20 de enero de 2026 por el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, en la Cumbre de Davos: 


“Es un placer, y un deber, estar con ustedes en este momento decisivo para Canadá y para el mundo.

Hoy hablaré sobre la ruptura del orden mundial, el fin de una bonita historia y el comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ningún límite.

Pero también les digo que otros países, en particular las potencias medias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que encarne nuestros valores, como el respeto por los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.

El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.

Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de gran rivalidad entre potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.

Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como la lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma. Y, ante esta lógica, existe una fuerte tendencia de los países a apaciguar para llevarse bien. A adaptarse. A evitar problemas. A esperar que la docilidad les garantice la seguridad.

No será así.

Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?

En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él, planteaba una pregunta sencilla: ¿cómo se mantenía el sistema comunista?

Su respuesta comenzaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero colocaba un cartel en su escaparate: ‘¡Proletarios de todos los países, uníos!’. Él no creía en ello. Nadie cree en ello. Pero coloca el cartel de todos modos, para evitar problemas, para mostrar su conformidad, para llevarse bien con los demás. Y, como todos los tenderos de todas las calles hacen lo mismo, el sistema persiste.

No solo a través de la violencia, sino también a través de la participación de la gente común en rituales que, en privado, saben que son falsos.

Havel lo llamó ‘vivir en una mentira’. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la voluntad de todos de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar así, cuando el verdulero quita su cartel, la ilusión comienza a resquebrajarse.

Es hora de que las empresas y los países quiten sus carteles.

Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamábamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, elogiamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos aplicar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.

Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor en función de la identidad del acusado o de la víctima.

Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a proporcionar bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los marcos para la resolución de controversias.

Así que colocamos el cartel en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las diferencias entre la retórica y la realidad.

Ese acuerdo ya no funciona.

Permítanme ser directo: nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición.

Durante las últimas dos décadas, una serie de crisis en las finanzas, la salud, la energía y la geopolítica pusieron de manifiesto los riesgos de una integración global extrema.

Más recientemente, las grandes potencias comenzaron a utilizar la integración económica como arma. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar.

No se puede ‘vivir en la mentira’ del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación.

Las instituciones multilaterales en las que confiaban las potencias medias —la OMC [Organización Mundial del Comercio], la ONU, la COP [Conferencia de las Partes, la cumbre anual de Naciones Unidas sobre el cambio climático]—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, se han visto muy mermadas.

Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar una mayor autonomía estratégica: en materia de energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro.

Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de combustible o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú mismo.

Pero seamos claros sobre adónde nos lleva esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.

Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la apariencia de normas y valores para perseguir sin obstáculos su poder e intereses, los beneficios del ‘transaccionalismo’ serán más difíciles de replicar. Las potencias hegemónicas no pueden monetizar continuamente sus relaciones.

Los aliados se diversificarán para protegerse contra la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán sus opciones. Esto reconstruye la soberanía, una soberanía que antes se basaba en las normas, pero que cada vez se fundamentará más en la capacidad de resistir la presión.

Como ya he dicho, esta gestión clásica del riesgo tiene un precio, pero el coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que construir cada uno su propia fortaleza. Las normas compartidas reducen la fragmentación. Las complementariedades son sumas positivas.

La cuestión para las potencias medias, como Canadá, no es si adaptarse a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La cuestión es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos o si podemos hacer algo más ambicioso.

Canadá fue uno de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar fundamentalmente nuestra postura estratégica.

Los canadienses saben que nuestra antigua y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras alianzas nos conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.

Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado ‘realismo basado en valores’ o, dicho de otro modo, nuestro objetivo es ser pragmáticos y guiarnos por principios.

Esos principios que nos guían son nuestro compromiso con los valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza, salvo cuando sea conforme con la Carta de las Naciones Unidas y el respeto de los derechos humanos.

Somos pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser gradual, que los intereses divergen y que no todos los socios comparten nuestros valores. Nos comprometemos de manera amplia y estratégica, con los ojos bien abiertos. Aceptamos activamente el mundo tal y como es, sin esperar a que sea como deseamos.

Canadá está calibrando nuestras relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos dando prioridad a una amplia participación para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del orden mundial, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego para el futuro.

Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.

Estamos construyendo esa fortaleza en nuestro país.

Desde que mi gobierno asumió el poder, hemos reducido los impuestos sobre los ingresos, las ganancias de capital y la inversión empresarial, hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial y estamos acelerando una inversión de un billón de dólares en energía, inteligencia artificial, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y mucho más.

Vamos a duplicar nuestro gasto en defensa para 2030 y lo estamos haciendo de manera que se fortalezcan nuestras industrias nacionales.

Nos estamos diversificando rápidamente en el extranjero. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, que incluye la adhesión a SAFE, el acuerdo europeo de adquisición de material de defensa.

En los últimos seis meses hemos firmado otros 12 acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes.

En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Qatar.

Estamos negociando acuerdos de libre comercio con la India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y el Mercosur.

Para ayudar a resolver los problemas mundiales, estamos aplicando una geometría variable, es decir, diferentes coaliciones para diferentes cuestiones, basadas en valores e intereses.

En lo que respecta a Ucrania, somos un miembro fundamental de la Coalición de los Voluntarios y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad.

En cuanto a la soberanía del Ártico, apoyamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca y respaldamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia. Nuestro compromiso con el artículo 5 [de la OTAN] es inquebrantable.

Estamos trabajando con nuestros aliados de la OTAN (incluidos los ocho países nórdicos y bálticos) para reforzar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, entre otras cosas mediante inversiones sin precedentes de Canadá en radares de horizonte lejano, submarinos, aviones y tropas sobre el terreno. Canadá se opone firmemente a los aranceles sobre Groenlandia y pide que se celebren conversaciones específicas para alcanzar los objetivos comunes de seguridad y prosperidad para el Ártico.

En materia de comercio plurilateral, defendemos los esfuerzos por tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas.

En cuanto a los minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse del suministro concentrado.

En materia de inteligencia artificial, estamos cooperando con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemonías e hypercalers [grandes empresas de servicios de infraestructura y nube privada, que cuentan incluso con millones de servidores].

No se trata de un multilateralismo ingenuo. Tampoco se trata de depender de instituciones debilitadas. Se trata de crear coaliciones que funcionen, tema por tema, con socios que compartan suficientes puntos en común para actuar juntos. En algunos casos, esto supondrá la gran mayoría de las naciones.

Y se trata de crear una densa red de conexiones entre el comercio, la inversión y la cultura, a la que podamos recurrir para afrontar los retos y oportunidades del futuro.

Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú.

Las grandes potencias pueden permitirse actuar por su cuenta. Tienen el tamaño del mercado, la capacidad militar y la influencia para dictar las condiciones. Las potencias medias, no. Pero cuando solo negociamos bilateralmente con una potencia hegemónica, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros para ser los más complacientes.

Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía al tiempo que se acepta la subordinación.

En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por el favor o unirse para crear una tercera vía con impacto.

No debemos permitir que el auge del poder duro nos impida ver que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte, si decidimos ejercerlo juntos.

Lo que me lleva de vuelta a Havel.

¿Qué significaría para las potencias medias ‘vivir en la verdad’?

Significa llamar a las cosas por su nombre. Dejar de invocar el ‘orden internacional basado en normas’ como si siguiera funcionando tal y como se anunciaba. Llamar al sistema por lo que es: un periodo de intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias, en el que las más poderosas persiguen sus intereses utilizando la integración económica como arma de coacción.

Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a los aliados y a los rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica procedente de una dirección, pero guardan silencio cuando proviene de otra, estamos manteniendo el cartel en la ventana.

Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que se restablezca el antiguo orden, crear instituciones y acuerdos que funcionen tal y como se describe.

Y significa reducir la capacidad de influencia que permite la coacción. Construir una economía nacional fuerte siempre debe ser la prioridad de todo gobierno. La diversificación internacional no es solo prudencia económica, es la base material de una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a adoptar posturas basadas en principios al reducir su vulnerabilidad a las represalias.

Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Tenemos vastas reservas de minerales críticos. Contamos con la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones se encuentran entre los inversores más grandes y sofisticados del mundo. Tenemos capital, talento y un gobierno con una inmensa capacidad fiscal para actuar con decisión.

Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.

Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestra arena pública es ruidosa, diversa y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad.

Somos un socio estable y fiable —en un mundo que es todo lo contrario—, un socio que construye y valora las relaciones a largo plazo.

Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está sucediendo y la determinación de actuar en consecuencia.

Entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal y como es.

Estamos quitando el cartel de la ventana.

El antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia.

Pero, a partir de esa fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo.

Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.

Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de fortalecer nuestra posición interna y de actuar juntos.

Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos con franqueza y confianza.

Y es un camino abierto a cualquier país que desee recorrerlo con nosotros".

20 de julio de 2025

El epicentro de la tensión mundial

 


El epicentro de la tensión mundial. Un espacio de conflicto permanente. La cartografía como soporte esencial para conocer e interpretar la realidad.

13 de julio de 2025

El Compromiso de Sevilla




La Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en la ciudad española de Sevilla del 30 de junio al 3 de julio de 2025 ha marcado un hito en el proceso de toma de conciencia sobre los problemas del Sur Global.  Son problemas que no podrían entenderse sin tener en cuanta la importancia de uno de los documentos claves en los que se apoya este encuentro. Es preciso aludir, en efecto, al interesantísimo estudio elaborado por Oxfam- 
Del beneficio privado al poder de lo público, - y apoyado en un conjunto de sólidas investigaciones sobre el deterioro a que se ha llegado de las condiciones de vida de la mitad de la población mundial durante la última década. Baste señalar que que más de 3.700 millones de personas, viven en la pobreza y más de 700 millones pasan hambre. Má aún, desde 2015 el 1% más acaudalado ha aumentado su riqueza en 33,9 billones de dólares, (28,7 billones de euros). Según Oxfam representa “una cifra que permitiría acabar con la pobreza mundial anual más de 22 veces”. 

Esta Conferencia ha sido convocada con un objetivo especialmente ambicioso como es la voluntad de acometer una reforma de los instrumentos que modelan el entramado financiero internacional ante la comprobación reiterada de que muchos de los países que lo integran se encuentran afectados por niveles de deuda excesivamente elevados, lo que les obliga a destinar más recursos financieros al pago de la deuda que a los sectores básicos que garanticen los servicios destinados al bienestar de la sociedad.  

De ahí la insistencia en la necesidad de promover mecanismos de reestructuración de la deuda, fortalecer una mejor y más justa representación de los países del Sur en las instituciones financieras internacionales y llevar a cabo la creación de una agencia pública de calificación crediticia amparada en el apoyo y salvaguarda de Naciones Unidas. Del mismo modo se plantea la necesidad de luchar contra los flujos financieros ilegales y la evasión fiscal, pues resulta sorprendente que en torno a un billón de dólares son evadidos en estos paises, con todo lo que ello significa en términos de debilitamiento de su capacidad para financiar los Objetivos del Desarrollo Sostenible. 

Sus conclusiones se apoyan en un interesante documento denominado Compromiso de Sevilla , cuyos objetivos aparecen explícitamente señalados en el apartado 2 cuando señala que 

"Reafirmamos nuestro compromiso con el logro del desarrollo sostenible, incluidas la implementación efectiva de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible 5 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y la defensa de todos los principios consagrados en ella. Reafirmamos también que la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluida la pobreza extrema, sigue siendo el mayor problema que enfrenta el mundo, y su erradicación es un requisito indispensable para el desarrollo sostenible. Nos comprometemos de nuevo a poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo, sin dejar a nadie atrás"



9 de abril de 2025

Las contradicciones del "Nuevo Orden Global" o el tiro por la culata

 






Así de simple y de complejo a la vez: los impactos del Nuevo Orden Global

5 de abril de 2025

En defensa del comercio internacional

 




Creo que, si la UE sabe reaccionar con inteligencia, diplomacia y haciendo valer su visión respetuosa de la legalidad internacional y de los principios de la OMC, se mostrará capaz de neutralizar la deriva y la incertidumbre que se transmite desde la White House.

Interesante entrevista la realizada en Le Monde a Cecilia Malmstron, ex comisaria europea de Comercio. Dice, entre otras observaciones, lo siguiente: 'La UE debería encabezar una coalición de países favorables al comercio y dispuestos a respetar las reglas comunes". Es, en mi opinión, una idea acertada.

Dudo de que Estados Unidos recupere la competitividad que su enloquecido presidente pretende. No le va ser fácil y hasta es posible que esas medidas proteccionistas que plantea redunden, más bien lo contrario, en perjuicio de su país. Y es que, en esencia, todo parece indicar que todo ese discurso y la parafernalia que utiliza no sea sino una demostración patológica de su afán de notoriedad y de una política de marketing obsesivo destinado a satisfacer su megalomanía y la sensación de que domina el mundo. Y que además ha iniciado una etapa de impunidad para el crimen de cuello blanco.
Veremos por dónde evoluciona la capacidad reactiva del resto del planeta, sentenciado en una lista, como la que presentó ayer, repleta de falsedades. " Yo, el enemigo de las mujeres y de la diversidad humana, pongo el mundo a mis pies" vino más o menos a decir, sin darse cuenta, porque es tan ignorante como estúpido, que el mundo ya no es como el de la época de McKinley.
No es aventurado un fracaso de su estrategia, por más que pueda hacer daño en un primer momento a la espera de una reordenación de la economía mundial, que tenderá a producirse coincidiendo además con una revisión, por el perjuicio que pueda ocasionar a Estados Unidos, de las penalizaciones arancelarias.

9 de marzo de 2022

Un horizonte de incertidumbres

 Tras la pandemia, la invasión de Ucrania. ¿En qué han quedado las previsiones que con tanta sensación de seguridad se hicieron en los años noventa y que, con más prevención y cuidado, fueron lanzadas de nuevo y con viento bonancible al acabar la segunda década del XXI? Evidentemente ni ha llegado el fin de la Historia ni los optimismos sobre la globalización han hecho de nuestro mundo un mundo mejor.

Se imponen, en cambio, la zozobra, el repliegue, la reflexión sin alharacas y la necesidad del sentido común, asociados al valor de la solidaridad y a las aportaciones más positivas del conocimiento científico. En esas estamos, expectantes y sumidos en el desconcierto y la rabia ante los efectos provocados por un expansionista salvaje y criminal, que ya ha perdido una guerra, de la que caben extraer múltiples lecciones. Entre ellas, la de haber contribuido a poner a cada cual en su sitio, a medida que se despejan las dudas y las ambigüedades quedan definitivamente desacreditadas. No ha lugar al pasteleo ni a la demagogia. Ha llegado la hora de la verdad.

Todo lo demás, como diría el inmenso poeta de Paredes de Nava, son "verduras de las eras"

27 de marzo de 2017

Los muros de la globalización

He comenzado esta tarde a estudiar este tema, dada su importancia geográfica y la gravedad de su significado. Y es que, como podemos comprobar día a día, la organización y el funcionamiento del espacio mundial ofrecen en nuestra época una configuración contradictoria, que no cesa de acentuarse. La globalización de la economía y la acentuación de las aproximaciones permitidas por las tecnologías de la información y la comunicación marcan un rumbo irreversible en las pautas de comportamiento que al tiempo que reducen el tamaño del planeta tejen entre las sociedades unos vínculos para los que no parecen existir restricciones infranqueables.

En la lógica imperante del capitalismo global, la distancia ha dejado de ser un condicionamiento para convertirse en un aliciente, que todos – ciudadanos, empresas, instituciones – aprovechan en la medida en que afianza su conciencia de pertenecer a un mundo en el que las fronteras parecen haber desaparecido. Y, sin embargo, las fronteras como elementos de separación y de ruptura están cobrando más importancia que nunca. Importancia y contundencia a la vez.

Son los muros que por doquier fragmentan este mundo de movilidades selectivas y discriminatorias. Pues estas barreras no están pensadas para impedir el ataque de ejércitos enemigos, sino para impedir el tránsito de personas; quieren hacer frente a fuerzas persistentes y desorganizadas más que a estrategias militares o económicas; son más transnacionales que internacionales; son una respuesta a los flujos desconectados de las soberanías estatales. ¿No les parece una flagrante contradicción?

7 de abril de 2016

Las perversiones de la insolidaridad fiscal. No hay argumentos que valgan frente al deterioro de lo público





Tanta y tan espectacular es la profusión espacialmente alcanzada por los refugios del dinero evadido de sus lugares de origen, que nada sorprende el número y las características de quienes se acogen a las posibilidades del enriquecimiento fácil que les ofrecen, simplemente motivados por el lucro personal y la insolidaridad con sus conciudadanos. Cuando se les descubre, recurren a las mismas martingalas y sofismas argumentales para justificarse sin importarles ofrecer, haciendo gala de una inmensa caradura, una mezcla de ingenuidad, cinismo, desfachatez y estulticia, que entienden como un "precio" a pagar como deterioro de imagen, a sabiendas de que el paso del tiempo todo lo diluye mientras permanece íncólume la riqueza preservada, que es, es esencia, lo que les interesa. Tampoco les importa que su actitud evasora y especulativa revele contradicciones ideológicas con sus proclamas aparentemente progresistas, que ahora llaman la atención - mostrándose falaces - cuando estaban escudadas en comportamientos antitéticos, nada edificantes.


Ciertamente son legión los que se adscriben a los sacrosantos postulados de la economía golfa, pero no son los más. La mayoría la forman los ciudadanos honrados, luchadores, trabajadores, los que entienden que la justicia tributaria es inherente a la justicia socio-espacial, razón de ser de comportamientos sensibles con lo que significa contribuir al erario público, porque son conscientes de lo que lo público significa. Son los únicos ciudadanos que interesan, los defensores de lo público, con todas las connotaciones que ello encierra. De ahí el valor de la transparencia, venga de donde venga y tan a menudo perseguida (gracias, Assange, Snowden, Falciani. Gracias, Tax Justice Network....), porque es lo que permite poner a cada cual en su sitio, esto es, dignificar la labor de los contribuyentes honestos y poner al descubierto la catadura de los sinvergüenzas que, reconocidos e incluso ocasionalmente admirados por su relumbrón, acaban siendo - si no delincuentes - personajes de bajísima estofa. Sin excepciones ni matices. Ya está bien.

 

 

 

4 de julio de 2014

De la Cina è vicina a la China omnipresente

¿Alguien se acuerda de aquella película dirigida por Marcho Bellochio en los años sesenta con el título de Cina è vicina? Ya el mismo título sorprendió y fue objeto de discusiones muy intensas cuando fue proyectada en aquellas salas que se llamaban de Arte y Ensayo, porque en ellas se ofrecían muestras de un cine minoritaria, que a menudo daba pie a intensos y acalorados debates, que hoy difícilmente mantendríamos porque la forma de ver cine de entonces ya ha desaparecido para siempre. Recuerdo aquella película con frescura y de cuando en cuando me viene a la mente al observar la impresionante dimensión adquirida por China en el mundo contemporáneo.  En torno a este país se estructura una tupida red de engranajes, que se extienden por todo el planeta, creando una urdimbre de relaciones basadas en la energía, las materias primas y los mercados. El mapa es suficientemente elocuente de esa realidad. 

Y si se quiere observarla más de cerca, vayan a Fuenlabrada y desde los cerros que rodean esta ciudad del sur de Madrid observen la magnitud del polígono empresarial Cobo Calleja y paseen posteriormente por sus calles. En ellas los caracteres chinos se han apoderado del paisaje, aunque, eso sí, coexisten en perfecta armonía con los nombres de las calles, que recuerdan, casi de manera exótica, la toponimia leonesa. 





11 de febrero de 2014

Una iniciativa política indigna: el abandono de la legislación penal internacional

Si un Estado antepone sus intereses a corto plazo a la defensa de los derechos humanos cuando son gravemente lesionados es evidente que la dignidad de ese Estado se encuentra muy deteriorada. Y cuando además uno de sus principales portavoces parlamentarios - Alonso se apellida - califica de “quijotescas” las actuaciones realizadas en ese sentido, una especie de escalofrío sacude las conciencias ante tanta insensibilidad. Dicen los internacionalistas que el conflicto diplomático es inherente a las relaciones entre los Estados, por lo que difícilmente podría justificarse la dejación de las responsabilidades éticas exigibles cuando se transgreden los principios básicos en los que se fundamenta el respeto al ser humano, la defensa de la legalidad internacional y la lucha contra el crimen organizado. La posición de un país  en el mundo se mide por su fortaleza económica y social, por su prestigio científico-cultural, por su credibilidad en los foros internacionales, por la calidad de sus gobernantes, por su capacidad para afrontar los conflictos arropado en la Ley y en la solvencia de sus argumentos. Si eso no ocurre, el país queda inevitablemente inmerso en la sumisión a que conduce su propia mediocridad. Más aún, en estos tiempos de mundialización generalizada, es de todo punto reprobable el que la persecución de la delincuencia esté mediatizada por las fronteras. 

En ese proceso de involución galopante que actualmente vive la sociedad española, cualquier ciudadano sensible se estremece al observar la celeridad, precipitación y ausencia dedebate que ha caracterizado al proceso que, al amparo de la mayoría absoluta del partido gobernante y sin el apoyo de ningún otro grupo, ha aprobado la reforma  del Art. 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial por la que España abandona prácticamente sus compromisos internacionales y la posibilidad de intervención de la justicia hacia los crímenes y delitos contra los Derechos Humanos prohibidos por el Derecho Internacional. ¿En qué lugar queda el ser humano agredido en sus derechos cuando es abandonado a su suerte o, peor aún, abandonado por la justicia de su propio país? ¿Qué sentido de la humanidad es ese?

Sorprende que algo así haya salido adelante sin tener en cuenta lo establecido en el Art. 96.1 de la Constitución donde explícitamente se señala que “Los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados oficialmente en España, formarán parte del ordenamiento interno. Sus disposiciones sólo podrán ser derogadas, modificadas o suspendidas en la forma prevista en los propios tratados o de acuerdo con las normas generales del Derecho internacional”. De entrada, puede decirse que, en virtud de las restricciones que comporta la aplicación de ese Derecho, se trata de un acuerdo inconstitucional, adoptado a sabiendas de que no sólo se contraviene la Constitución sino que también su entrada en vigor supondría relegar al pozo del olvido causas que tanto arraigo tienen en la conciencia de los españoles como son los asesinatos de los jesuitas en El Salvador (¿qué pensaría mi admirada Caty Montes si levantase la cabeza?), la matanza en el asalto a la embajada de España en Guatemala, los crímenes cometidos en el Sáhara Occidental o el asesinato del cámara de televisión José Couso, entre otras no menos relevantes.

El rechazo manifestado por el Consejo General de la Abogacía y la Fundación Abogacía Española pone en evidencia hasta qué punto la iniciativa adoptada por el grupo político en el que apoya su gobierno Rajoy Brey, el gobernante permanentemente obsesionado por eludir, tergiversar u ocultar la realidad que le molesta, es una ignominia miserable. 

26 de octubre de 2013

El compromiso cívico de Saskia Sassen




Ha sido y es una de las intelectuales más brillantes sobre los impactos de la globalización. Profesora de la Universidad de Chicago, acuñó a comienzos del siglo XXI el concepto de "Global City", al que muchos hemos recurrido para explicar los procesos que transforman el mundo y nuestras sociedades. Ha sido una mujer comprometida con las causas que merecen el compromiso de quienes, con honestidad y fortaleza intelectual, se interesan por los problemas de nuestro tiempo y se esfuerzan por abrir horizontes a favor de una sociedad más solidaria, justa e integrada.

 Hace unos años asistí a una conferencia suya en la Universidad Autónoma de Madrid. Pronunció una frase que, al verla ayer en el Teatro Campoamor de Oviedo, he recordado, pues tomé nota de ella: "si nos nos esforzamos por luchar a favor de un mundo mejor, los que lo dominan acabarán por ahogarnos en la miseria". En Oviedo ha vuelto a demostrar lo que significan la coherencia, la ética y la dignidad de los intelectuales firmemente comprometidos.

18 de enero de 2013

Un mérito cuestionable: el mito de la competitividad (a costa del trabajo)


Han comenzado a sonar en la prensa progubernamental y en los foros socialmente insensibles de nuestro país los timbales de la euforia, enardecidos por las observaciones de The Washington Post. El tema se las trae y merece ser comentado. El periódico vinculado al ideario del Banco Mundial y del FMI se deshace en loas hacia España mientras echa pestes contra Francia, marcando así una especie de antinomia entre dos modelos diferentes, de los que el primero debe ser - a juicio de ese medio - respaldado por su modernidad frente al anacronismo del segundo. ¿Cual es el criterio esgrimido para establecer tal diferencia? No hay otro que el de la "competitividad", la palabra sacrosanta de la escolástica neoliberal. Un concepto entendido estrictamente como "competitividad del mercado de trabajo", es decir, asociado al despido libre, a la reducción de los salarios y al aumento de la productividad de la mano de obra, con el consiguiente el coste social y el agravamiento del paro que ello implica, como expresivamente se pone de manifiesto en la tendencia observada, sobre todo desde 2008 hasta rozar los 6 millones de desempleados a finales de 2012. 






En ningún momento TWP alude a la magnitud de este problema, que no cesa de agravarse, limitándose a subrayar únicamente los efectos beneficiosos que las medidas destructoras del trabajo y la homologación progresiva con los parámetros y modelos vigentes en Asia, donde la mano de obra se devalúa sin cesar, traen consigo para las empresas que se benefician de ello. Da igual que el diferencial de la tasa de paro con Francia sea de casi 15 puntos. De lo que se trata es de poner en entredicho la tendencia del único país de la eurozona que aboga por la adopción de medidas más equitativas y fiscalmente justas, cosa que al diario norteamericano le resulta inasumible. En fin, puesto el objetivo en la demolición del modelo de justicia social vigente en Europa tras la SGM, el contrapunto establecido entre España y Francia ejemplifica el sesgo que el capitalismo global introduce entre los adictos a su paradigma y los que resisten a asumirlo ciegamente, convencidos de que la noción de competitividad apoyada en la degradación del trabajo no es sino un reflejo del impacto que provoca esa "peligrosa obsesión" como acertadamente la calificaba ya en 1994 Paul Krugman en Foreing Affairs

20 de febrero de 2011

España, ¿puerta de entrada de China en Europa?


Don José Blanco López, ministro español de Fomento, en la inauguración del mayor parque empresarial chino en Europa. En Fuenlabrada (Madrid) (17 de febrero de 2011)

Más que por simple curiosidad, creo que es interesante profundizar en el conocimiento de un tema del que se está hablando mucho pero cuya dimensión es aún poco conocida, aunque de su trascendencia, hoy y hacia el futuro, no cabe duda. Tras haber publicado en la prensa un artículo sobre lo que, a mi juicio, representa actualmente el modelo chino en el mundo, el seguimiento de la cuestión lleva a pensar que la estrategia de proyección de la República Popular China está ampliando su campo de influencia mucho más allá del que, hasta ahora, estaba esencialmente circunscrito al Africa subsahariana (sobre todo) y Latinoamérica. La Unión Europa se halla en estos momentos, y de manera creciente, en el punto de mira de los estrategas que desde los grandes centros de negocios de Shangai y HongKong, debidamente arropados por las autoridades de Pekín, defienden sus intereses en la economía globalizada, a sabiendas de que en ningún lugar van a encontrar obstáculos ni incomodidades que lo impidan.


Ya no se trata sólo del sinfín de establecimientos de mercancías abigarradas y baratas que proliferan como hongos en nuestras ciudades, permanentemente abiertos y en competencia feroz con las pequeñas tiendas de toda la vida que desfallecen ante los precios de lo que viene de China sin pararse en la calidad de lo que se compra. Ya no es sólo la percepción de esa comunidad de ciudadanos, de vida discretísima y desconocida, que brinda su cocina sorprendente a quienes esos platos agradan, y que jamás se dejan notar en el espacio público, donde pasan totalmente desapercibidos ya que tampoco lo frecuentan.

Ahora, en cambio, su presencia es a lo grande, y no ha hecho más que empezar, pues nada tan ansiado por parte de los anfitriones europeos como el papel de salvadores de la crisis que los chinos con poder económico se arrogan, ofreciéndose a comprar “deuda soberana”, conscientes de que los europeos siempre la acaban pagando, al tiempo que se muestran agradecidos de que les hayan salvado de la descalificación de los mercados y no pongan reparos en que su margen de acción se amplíe. Y es que precisamente de eso trata: de proyectar sus productos y su implantación empresarial en el poderoso ámbito del euro, para de esa forma aprovechar la solidez de la economía europea como garantía y en beneficio de su estrategia de proyección global, al amparo de la extraordinaria competitividad que permiten el valor de su moneda y la estructura de sus costes de producción.

Convertido el mercado europeo de la deuda en el mecanismo de penetración inicial, para de ese modo asegurar una fuerte presencia financiera, el paso siguiente consiste en diversificar sus intervenciones, aprovechando las impresionantes reservas de cambio disponibles, cuya cuantía se elevaba -a finales de 2010 - a los 2,65 billones de dólares ¡ (NYT, 2011). Nada tienen de extraño, pues, las palabras del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores cihino, Jiang Yu, cuando el pasado 23 de diciembre señaló: “Estamos preparados para ayudar a los países de la zona euro a superar la crisis financiera y a ayudarles a su recuperación económica. En el futuro, Europa será uno de nuestros principales mercados para invertir nuestras reservas de cambio”. Pocos días después, el 3 de enero, Li Keqiang publicaba en la prensa española (“Trabajemos de la mano”) que “el gobierno chino está dispuesto a participar en las futuras emisiones de deuda soberana de España”, y lo hacia pocas horas antes de la visita oficial del viceprimer ministro de la RPC al Sr. Rodríguez Zapatero. El alivio llegó de inmediato, como recordarán, y desde entonces la amistad con China es ya inquebrantable.

Una amistad, sin embargo, fraguada sobre intereses mutuos. Si de lo que se trata es de encontrar un medio de penetrar en los mercados europeos evitando la quiebra de Estados con problemas de solvencia, los vinculos están más que garantizados. Lo demuestra la potencia alcanzada por los grandes grupos empresariales que desde comienzos de la década operan en España con tanta fuerza internacional como limitada relevancia en la contratación de mano de obra local. Señalemos únicamente, a modo de muestras significativas, el caso de Huawei España presente en el país desde 2001 y definitivamente consolidada en 2004, cuando afianza su presencia en el mercado tecnológica de las telecomunicaciones tras poner en marcha su centro de asistencia técnica para el conjunto de habla hispana y con sede en el Parque Tecnológico de Andalucía, en Málaga. También conviene destacar el aumento de la participación del grupo Hutchison Whampoa en Terminal Catalunya (Tercat), responsable de la nueva terminal de contenedores del muelle Prat del Puerto de Barcelona, o la instalación en el Paseo de la Castellana de Madrid del banco más grande del mundo, el Industrial and Comercial Bank of China (ICBC), que ha iniciado sus actividades el 24 de enero.

¿Y cómo no aludir, en fin, a la ambiciosa operación de Fuenlabrada, en el área metropolitana de Madrid? Pues, sí, el 17 de febrero el Ministro de Fomento de España, Sr. Blanco López, asistió a la inauguración del mayor proyecto empresarial chino en Europa, conocido con el nombre de 'Plaza de Oriente'. En su primera fase prevé la construcción de un polígono de 80 naves para usos logísticos y comerciales, a los que se unirán, en la segunda, varios centros comerciales y un hotel hasta ocupar una superficie total de 40.000 metros cuadrados, con una inversión de 63,9 millones de euros. La expresiones utilizadas por el Sr. Blanco no pudieron ser más laudatorias: “China, dijo, ya no es sólo la fábrica del mundo, sino que es también y lo será el mercado del mundo. Por eso es una oportunidad para España y España tiene que ser una oportunidad para China”. De momento, que yo sepa, nada así se ha dicho por los gobiernos de Alemania, Francia o el Reino Unido. ¿Cuestión de tiempo? ¿Cuestión de orgullo? ¿Cuestión de solidez? Ya veremos.

Nadie habló del disidente al que se impidió asistir a Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz. Nadie habló de derechos humanos. Nadie habló de los problemas del mundo. Todo fue un gran brindis en reconocimiento a lo mucho que se espera del amigo chino, del país comunista que va a salvar el capitalismo. De la nación que se ha convertido en el oxímoron perfecto, como ya lo he denominado en otra ocasión.


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