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8 de diciembre de 2013

El justificado reconocimiento a la figura de la juez guatemalteca Iris Yassmin Barrios







La figura de Yassmín Barrios simboliza la lucha del pueblo guatemalteco a favor de la justicia y los derechos humanos. Merece el máximo reconocimiento internacional por el papel desempeñado como juez del Tribunal (Penal de Mayor Riesgo) que condenó el 10 de mayo de 2013 al dictador Efrain Rios Montt a ochenta años de cárcel por genocidio y crímenes contra la Humanidad. Hay que conocer de cerca la terrible historia de ese país centroamericano para darse cuenta de la importancia de una condena que marcó un precedente memorable en la trayectoria de la impunidad en Latinoamérica. Y aunque lamentablemente la sentencia fue anulada por la Corte de Constitucionalidad, que ha obligado a repetir el juicio, lo cierto es que los motivos que justificaron la condena dejaron bien explícitas la existencia y la entidad de un inmenso genocidio como realidad incuestionable; y, lo que también es importante, "devolvimos al pueblo de Guatemala- como ella misma ha señalado - la credibilidad en la institución de la justicia. Demostramos que se podían aplicar en Guatemala los estándares internacionales de justicia".  



Por esa razón, plenamente justificada está la concesión a la juez Barrios del Premio de Derechos Humanos que concede el Consejo General de la Abogacía Española. No es un reconocimiento que deba pasar desapercibido. Las palabras y los argumentos expresados por Barrios en la entrevista realizada por una cadena de radio española lo avalan con creces. Es un documento interesante. Vale la pena conocerlo: 






21 de mayo de 2013

Cuando los genocidas quedan libres el mundo empeora. Pobre Guatemala


Pobre Guatemala, pobres guatemaltecos. Qué triste este día para los Derechos Humanos, la dignidad de la persona, la justicia universal. Uno de los mayores criminales del siglo XX ha quedado libre tras ser condenado por genocidio en el pais que vivió el "apartheid" más atroz, como lo ha definido acertadamente John Carlin


Pueblos indígenas de Guatemala, gentes humildes, trabajadoras, castigadas por la naturaleza, han sido víctimas de una de las historias más terribles que se conocen. Han buscado la justicia, la justa reparación, el derecho a que se reconociera lo mucho que han sufrido, las torturas que padecieron, los asesinatos sin límite, el robo, el expolio, la destrucción de su misma existencia. Indígenas de Quiché, de Alta Verapaz, de Sololá, mayas, ixiles, etnias que enriquecen y dan vida al país de los mil colores. Hombres, mujeres, niños destrozados en su tierra. 

Efraín Rios Montt, bestia peor que las bestias, despojo humano que las hienas rechazarían. Libre. No puede ser. No es justo. El mundo se degrada cuando el genocidio permanece impune.  ¿Qué esperanza queda ante tanta injusticia?. Hoy es día de luto en Guatemala. Es día de luto en el mundo que lucha por un mundo mejor. Qué horror. Pobre Guatemala. Que nadie olvide su tragedia, su historia desgarrada. 

24 de noviembre de 2009

Mirando al Pacífico: otra perspectiva

El Océano Pacífico cerca de San José Escuintla (Guatemala)

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Acostumbrados como estamos en Europa a concebir nuestra visión del mar desde los horizontes a que nos abren las aguas del Atlántico y del Mediterráneo, corremos el riesgo de simplificar lo que los océanos representan contemplados desde otros escenarios. No es simplemente la sensación de inmensidad la que nos embarga cuando, situados en la costa, alargamos la mirada sin percatarnos de la distancia real que la vista abarca. Siempre es grande, amplia, dotada de esa infinitud que deriva de la incapacidad del ser humano para calcular la grandeza de lo que ve cuando lo que ve sobrepasa con creces los límites de su imaginación.

Mas no se entiende el mar sin las tierras que sus aguas bañan, mansa y violentamente a la par. Tierras, gentes, lugares, vida, los inumerables matices del universo que viven en función del agua de amplios horizontes. Todos forman un cúmulo de elementos que, integrados, dan personalidad singular al litoral y permiten entenderlo como la expresión de ese engarce entre lo natural y lo antrópico que el océano vertebra hasta dar lugar a un entorno imposible de entender e interpretar sin las múltiples posibilidades de relación que se fraguan en los espacios costeros y que con tanta admiración como deseo contemplamos a veces quienes, como yo, somos de la tierra adentro. Jamás renegaremos de ella, por supuesto, pero también debemos admitir que nos sentimos reconfortados cuando de vez en vez nos acercamos a ese borde donde la tierra acaba y de pronto la mirada se expande por la superficie de las olas que no cesan.

He visitado de nuevo el océano Pacífico, la enorme masa de agua que en 1513 descubriera Vasco Núñez de Balboa, a la que dio el nombre de Mar del Sur, más tarde rebautizado como el Pacífico por Fernando de Magalhaes. Poco de tranquilo tiene. Es un océano bravío, surcado por corrientes de gran potencia y generador de ciclones que afectan con impresionante crueldad a los paises que lo delimitan. En Centroamérica lo tienen en gran respeto y no es poco el miedo que provoca. Pero también dependen cada vez más de él. Es su puerta de apertura al mundo, la ventana a la que atender para que sus productos se dirijan a los mercados de los que dependen al tiempo que reciba los que les sirven para compensar lo que no tienen.

Acceso a Puerto Quetzal, "enlace con el mundo"
Acabo de conocer de cerca, y con explicaciones que agradezco desde aqui, la realidad de ese espacio marcado por vínculos comerciales in crescendo que es el Pacífico, trascendental para los pequeños paises de la América del istmo. He visitado con detalle el moderno Puerto Quetzal en Guatemala, del que muy poca gente en España y en Europa ha oido hablar. Es un puerto moderno, comenzado a construir en 1985 con el fin de impulsar las relaciones comerciales con Asia, especialmente con China, Japón y Australia, amén de las que integran a este pais en las rutas que llegan a San Francisco, a Vancouver, a Valparaíso o al Canal de Panamá. No entraré en detalles, porque no se trata de describir una realidad que salta a la vista. Simplemente diré que, al otro lado de América todo un mundo de intercambios se encuentra en plena expansión. Ni se lo imaginan.


De izda a dcha: Juan A. Gonzalez (Universidad de San Carlos), Luis Manuel Rodriguez (Secretario General de Puerto Quetzal) y quien esto suscribe

En fin, un mundo de tupidas tramas que dibujan estelas interminables en la mar océana, aquélla a la que quería llegar Colón desde el Atlántico hasta que se topó con un continente hasta entonces ignoto, y que ahora en su costa occidental ha dado en buena medida la espalda a Europa para convertirse en el escenario donde todo se compra y se vende, bajo la mirada atenta y controladora de los grandes colosos asiáticos, a los que no se les escapa detalle.

15 de noviembre de 2008

Guatemala, el pais que no se resigna a perder


País de los mil colores, así le denominé cuando escribí hace tiempo sobre la elección de Álvaro Colom a la Presidencia de Guatemala, haciéndome eco de las esperanzas que a tantos sufridos ciudadanos proporcionó ver en la Casa de Gobierno a un hombre de mirada suave, ademanes enérgicos y de proyectos bienintencionados. Pais enigmático, sorprendente, lleno de misterio, de historia atormentada, víctima de una guerra civil que duró treinta y seis años. Pais de los volcanes y de los lagos que proporcionan a quien los mira sensaciones que jamás olvidará. Pocos españoles lo visitan porque sus rutas y sus paisajes son vagamente conocidos cuando no ignorados o, lo que es peor, temidos por miedo a no se sabe qué. Pero ahí está, encabezando desde el Norte el istmo que construye la retorcida serpiente centroamericana, uno de los espacios más bellos y castigados de la Tierra. Los huracanes y los terremotos se ceban sobre sus ciudades, pueblos y laderas, haciendo del barro y de la grieta feroz zarpazo que todo lo destruye y nos lega sus huellas para siempre.

Las apetencias del gran Tio Sam se han mostrado insaciables con él, nunca le han dado reposo ni le han dejado ser auténtico y libre. Siempre bajo sospecha, sometido a advertencias que no admitían réplica, lecciones de disciplina que ahogaban la palabra, aturdían el pensamiento y vetaban la libertad. Tierras gobernadas por familias y sicarios de la indecencia y la corrupción, han sido pasto durante años de las guerras y los saqueos que sólo han traido miseria, odio y desesperación. La deriva religiosa opera como válvula de escape y, por más que los más sensibles luchadores de la creencia católica hayan pagado con sus vidas (Romero, Ellacuría, Montes, Martín Baro....) y con el desprecio de las jerarquías mundiales la osadía de servir la causa de los pobres, las tribus del evangelismo alienante y embrutecedor del espíritu critico se expanden como la peste, creando fantasmas ilusorios a los que la gente se acoge en la desesperanza de ser algo que nunca podrá ser.


Guatemala y la América Central. Han conseguido recuperar la voz mientras su dignidad es reconocida tras siglos de ignominia y menosprecio. Mientras los rostros de los indígenas cobran la entidad que nunca tuvieron, los esfuerzos por ser alguien pugnan por serlo conscientes de las enormes dificultades que tienen ante sí. Tierras de indefensión política, de sociedades expectantes, de economías vulnerables y de paisajes tan maravillosos como indómitos.

Visitarlos, como haré a partir de hoy y durante unos días, es para mí una experiencia compleja mas siempre satisfactoria. Se entremezclan el deseo de aprender con la necesidad de ayudar y de ser ayudado. Conversaciones múltiples - académicas unas, sin guión previo, las demás - me acompañan en esta peripecia, en la que el oido prima sobre la voz, al tiempo que aprovecho, cuando puedo, para disfrutar del sonido de la marimba, de autenticidad guatemalteca. Al final, y mientras contemplo admirado el volcán del Agua en Antigua y escucho atento lo que me dicen, tengo la impresión de que me queda todavía muchísimo por descubrir. No creo que lo consiga jamás.

Ilustraciones: Arriba: Volcan del Agua en la Antigua Guatemala. Izquierda: Una mujer maya camina con sus hijas en el departamento de Sololá, por uno de los lugares afectados por el huracán Stan (2005), como se percibe al fondo.

16 de junio de 2008

“La Hoja Amarilla" o las tribulaciones que supone invitar a España a un ciudadano extracomunitario (UE). Si lo intentan, prepárense



Deseo relatar una experiencia que acabo de vivir. No crean que es ficticia. Es real como la vida misma
"Érase una vez un ciudadano guatemalteco, nacido a la orilla del Pacífico y que, por azares de la vida y gracias a su enorme capacidad de trabajo, había llegado a ser profesor de la Universidad San Carlos de Guatemala, la cuarta que fundaron los españoles en América y hoy una de las más grandes de América Latina. Al tiempo, érase un ciudadano español, nacido, en cambio, lejos del mar, en las tierras altas de Castilla, y a quien, también de manera azarosa, el destino y el esfuerzo habían conducido hacia el cuerpo docente de una Universidad con varios centenares de años a sus espaldas. Ambos se conocieron hará aproximadamente unos diez años, enseguida intimaron, por aquello de que las afinidades intelectuales y las aficiones compartidas suelen fraguar vínculos de amistad que escapan al tiempo y a la distancia.

Durante esos años los vínculos se fueron anudando, lejos de tensiones y de momentos críticos: simplemente se correspondían con un clima de buena relación, gratificante para uno y otro, y sin otra finalidad que la de seguir con atención el desarrollo de las cuestiones profesionales que suscitaban su interés. El español comenzó a viajar con frecuencia a tierras centroamericanas, a las que llegaba sin ningún tipo de contratiempo. Bastaban el pasaporte en regla y las ganas de descubrir un mundo tan contradictorio como fascinante. Siempre le ayudaron el colega de “Guate” y su familia. Todo fueron agasajos y momentos gratísimos para él a la vera de los volcanes, cabe el Lago Atitlán, callejeando por Antigua, descubriendo los misterios de la cultura maya y admirando la costa del Pacífico, cerca de San José Escuintla, de donde es natural el colega.

Mas llegó el día en que el guatemalteco necesitó venir a España. Al no encontrarse bien de salud, el español le había insistido en la conveniencia de ser atendido por un prestigioso equipo médico que ejercía con eficacia en la Universidad donde profesaba. Las ocupaciones y motivos de otra naturaleza fueron retrasando el viaje del centroamericano, hasta que, por fin, se decidió a cruzar el Atlántico, en dirección hacia Europa, convencido de que era lo mejor que podía hacer. Comenzaron los preparativos, pensando que no habría otro problema que la inquietud por el éxito del tratamiento de que iba a ser objeto. Concertada la fecha, con los pasajes de avión y la reserva del alojamiento en el bolsillo, y confiado en que la no exigencia de visado para entrar en la "madre patria" iba a facilitar las cosas, sólo bastaba esperar, a sabiendas de que los días pasan rápido.
De pronto, el español recibió un aviso de su amigo: “Necesito que me hagas una invitación para poder entrar en España. Sin eso, me arriesgo a que no me dejen entrar”. ¡No problem!, pensó el de Castilla. Le preparó una carta como es debido, con membrete, firma y todas las referencias posibles, para que no cupiera duda de que en su llegada no iba a quedar desamparado. Volvió la calma. A esperar. Pero a los cuatro días sobrevino la tormenta. “Que esa invitación no sirve, que tiene que ser una específica emitida por la Policía”. Y ahí empezó la odisea, que el español nunca olvidará.

Informado de que las gestiones había que hacerlas en una Comisaría de las afueras de la ciudad, lejos del centro y de las miradas de los turistas que acuden a la Plaza de San Pablo, allá que se fue. Aunque nunca había estado en aquel edificio, no le costó encontrarlo. Era grande, con un patio bastante amplio y era, sobre todo, el lugar donde el fenómeno de la inmigración muestra su imagen más real y descarnada. Un lugar abarrotado de gente de mediana edad, y abundancia de jóvenes, hombres solos, mujeres solas y mujeres con niños. De todos los colores y de idiomas desconocidos pero fácilmente identificables. Un mundo variopinto, de actitudes nerviosas y semblantes preocupados.

Tras esperar un rato largo fue atendido con educación y contundencia a la vez. Eran necesarias para asumir lo que se le venia encima: nada menos que la aplicación implacable de la Ley de Presidencia del Gobierno de 10 de Mayo de 2007, “por la que se establecen los términos y requisitos para la expedición de la Carta de invitación”.
¿Qué requisitos?, ¿cuántos?: ni se lo imaginan quienes no hayan vivido esta experiencia. Requisitos para el invitante: D.N.I., Tarjeta de Residencia, Escritura pública de propiedad o contrato de arrendamiento, certificado de empadronamiento, certificado municipal acreditativo del número de personas que conviven en la vivienda, idem. del presidente de la Comunidad, especificando el numero de personas que conviven en la vivienda, documentación que acredite la relación con el invitado, fotografías, correspondencia o cualquier otro documento o soporte audiovisual que demuestre relación entre invitador e invitado (en el supuesto de amistad o vinculación no familiar). Y requisitos también para el invitado: Fotocopia de pasaporte, copia billetes de avión, certificación de su residencia en el país de origen, certificado del trabajo que desempeña, acreditación de medios económicos (un mínimo de 513,54 euros por persona ……

La peripecia invitadora proseguía implacable. Una vez entregado todo ese material, cuya recopilación había sido muy laboriosa - 17 documentos entregó el español al funcionario de la policía – sólo cabe esperar……Esperar a que se haga efectiva la Resolución, firmada por el Jefe de la Dependencia y el Instructor, en la que, “vista la documentación obrante”, y tras varias “resultandos” y “considerandos”, se ESTIMA la solicitud de la Carta de Invitación, que es expedida a nombre del solicitante, previo pago de una tasa general y de las preceptivas tasas de compulsa…. Con la Resolución en firme, hay que esperar algo más: la expedición de las Hojas Amarillas o Cartas de Invitación emitidas por el Reino de España. Por fin, las Hojas Amarillas en poder del español invitante. Una por persona. Firmadas por la autoridad policial competente y por el sufrido invitante, deben ser remitidas al invitado para que recoja la firma de la Autoridad Consular y las presente en el puesto fronterizo de entrada al territorio nacional…….
El español volvió a recordar los días y las noches transcurridos en esta odisea cuando esperó, durante las siete horas de retraso, a que llegara el vuelo procedente de Guatemala, con escala en San José (Costa Rica), sentado y andando de acá para allá en el vestíbulo de Llegadas de la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas, acompañado de la prensa y de una novela de Sandor Márai que se compró en la Feria del Libro de Valladolid. Cuando vio salir por la puerta nº 11 al colega, a su mujer y a su hijo de 12 años con rostros de agotamiento, con media sonrisa y abiertos a un mundo distinto y distante, el español comprendió, una vez más, la diferencia que distingue a los humanos en función del lugar en el que hayan nacido".
Fotografía: Tras una reunión de trabajo, Juan Alberto González y quien esto suscribe posaron junto al monumento que conmemora el lugar - el impresionante claustro interior del Palacio de la República- donde se firmaron los Acuerdos de Paz de Guatemala el 29 de Diciembre de 1996. Esta foto, tomada el 14 de Noviembre de 2005, fue aportada como prueba incluida en la documentación que se comenta en este relato.

En la fotografia superior se contempla una perspectiva del Lago Atitlán, cerca de Santa Catalina Palopó. Otro mundo

30 de abril de 2008

Mensajes en la calle: siempre hay tipos con mano dura


La foto es mala, ya que está tomada desde un "colectivo" (bus) en movimiento. Pero, aunque mala, se lee lo que dice, y eso es lo que importa: que se lea y se sepa "lo que vale un peine", lo que se estila en algunos ámbitos de la política. El caballero que se amparaba en este slogan no salió elegido. Fue en Guatemala, en las últimas elecciones presidenciales

19 de noviembre de 2007

Guatemala: entre la esperanza y la incertidumbre




Aunque las experiencias vividas en el conjunto de la región hayan sido en ocasiones terribles, no hay en todo el continente que se identifica con el Nuevo Mundo un espacio tan castigado y convulso como el istmo centroamericano. Si exceptuamos la singularidad política de Costa Rica, no cabe duda de que el tortuoso brazo de tierra que enlaza México con el ámbito andino ha acusado de manera crónica las huellas de la violencia y la desestabilización, casi tan patentes como las que revela una naturaleza que de cuando en cuando transmuta su espectacular magnificencia por las manifestaciones de la catástrofe más demoledora.
Pese a sus fuertes vínculos históricos y culturales con España, poca atención mediática suele prestarse, sin embargo, al espacio mesoamericano, al que sólo se alude cuando algún hecho dramático lo afecta o su consideración parece episódicamente justificada en función de los intereses que desde fuera se concitan sobre la zona. Y pese a que las diferentes formas de cooperación al desarrollo dejan notar en nuestros días un legado nada desdeñable, lo cierto es que ante los grandes problemas que le aquejan prima el silencio cuando no la indiferencia, frecuentemente entendida por sus sociedades como la expresión de un inmerecido desamparo.
Reflexionar en estos momentos sobre lo que sucede en Centroamérica no carece de interés por dos motivos que conviene resaltar. De un lado, porque por primera vez en mucho tiempo todos los países de la zona gozan de una situación de estabilidad política, consecuente con el cumplimiento de los acuerdos de paz allí donde se ha logrado poner fin a larguísimas guerras civiles o, en cualquier caso, con la normalización del proceso democrático, finalmente resuelto en un ambiente político donde las alternancias no posibilitan sorpresas significativas, ya que las fuerzas en liza se autolimitan a márgenes de maniobra plenamente asumidos por los distintos contendientes. Y, de otro, porque lo que antaño era un rasgo distintivo, asociado a los enfrentamientos armados o a la feroz represión, hoy ha cedido paso al agravamiento de los problemas internos, reflejados en un panorama donde son patentes las tensiones motivadas por la pobreza, la extrema desigualdad, la violencia, la inseguridad, el narcotráfico y la corrupción, síntomas de un profundo deterioro en el que todos estos aspectos guardan entre sí íntimas correlaciones, en cuya génesis no son irrelevantes la crisis del Estado y la debilidad de los instrumentos institucionales.
Es en este contexto donde cobra importancia y suscita curiosidad el horizonte abierto con la reciente elección presidencial en Guatemala. Las particulares características del país (su magnitud física, su contigüidad con México, su fuerte componente indígena y una trayectoria histórica demasiado marcada por la violencia: (“uno de los países más desgraciados de América Central, de toda América Latina”, diría Ryszard Kapucinski) justifican la atención que merece la preferencia mostrada a favor de un candidato, Álvaro Colom, ingeniero industrial decantado hacia objetivos que tienen más que ver con la voluntad de justicia e integración social que con la defensa de la seguridad a ultranza que preconizaba su adversario, Otto Pérez, militar retirado y artífice de una campaña repleta de descalificaciones que con frecuencia alcanzaban niveles inaceptables en una sociedad democrática.
Es cierto que la figura de Colom no responde a priori a los perfiles que en Europa o en Sudamérica se adscriben al modelo de político socialdemócrata con el que él mismo se ha tratado de revestir durante la contienda electoral. No es un reproche que deba hacérsele, pues quien conozca la historia guatemalteca convendrá en que difícilmente es posible construir trayectorias políticas coherentes en un entorno tan inestable e inseguro. Colom ejemplifica la capacidad de resistencia del político que en la esfera civil ha tratado de mantenerse fiel a sus principios y objetivos incurriendo en contradicciones y altibajos que, más que por su personalidad, han venido impuestos por una realidad que en ese país ha ido modelando las trayectorias de sus mejores cuadros al compás de las exigencias a que ha obligado el elemental deseo de supervivencia.
Lograda la victoria con un margen muy ajustado, habría que remontarse a lo que fue la figura de Jacobo Arbenz a mediados del siglo pasado para encontrar un precedente asimilable, aunque las circunstancias históricas condicionantes de las perspectivas de ambos no tengan ya nada que ver. En este escenario la sociedad guatemalteca más sensible a los problemas de su sociedad y de su tiempo, la que abomina de una etapa política que se encuentra entre las más funestas de Latinoamérica (no es fácil olvidar una guerra civil de 36 años), la que busca con esfuerzo su lugar en el mundo y pugna por una mayor transparencia y sentido de la justicia en la acción de gobierno, mira con cierta esperanza la nueva etapa que se ha abierto tras las elecciones. No hay que esperar a la toma de posesión del nuevo Presidente para adquirir conciencia de la gran expectación suscitada a través del particular debate que está teniendo lugar como expresión de una inquietud centrada en la composición del nuevo gobierno, en la relación que ha de mantener con los municipios (una realidad muy activa y de gran resonancia ciudadana), en la orientación de la política social y en las que hayan de ser las primeras medidas en sintonía con el programa defendido, ante el convencimiento de los grandes obstáculos que sin duda van a entorpecer su labor. Demasiadas incógnitas a la vez para incurrir en el optimismo, de momento reemplazado por una actitud repleta de incertidumbres sobre lo que habrá de ser el gobierno de la Unidad Nacional de la Esperanza - tal es el nombre del partido ganador - para el futuro del tan atormentado como hermoso país de los mil colores.
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