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21 de junio de 2014

Espacios transformados (19)


Cae el sol a plomo y el paisaje, o lo que de él queda, se estremece cuando llega el mediodía. La urbanización avanza imparable, acompañada de su omnipresente y tupida amalgama de hormigón, farolas, asientos desperdigados y demás artilugios que reducen lo verde a la insignificancia. La densidad de farolas que nada iluminan -o iluminan en exceso sin necesidad- sustituye al árbol como ingrediente benefactor y de alivio de los espacios calcinados en este mundo del mediterráneo tan castigado por la voracidad urbanística, tan refractaria a los paisajes arbolados. Los que lo defienden argumentan que también se crea espacio público, espacio de relación y convivencia allí donde la ciudad acaba perdiendo su nombre. La sensación de vacío impresiona cuando se contempla en lontananza, pero resulta todavía más angustiosa cuando se ve pasear, en medio de la nada, al abuelo con el nieto sin que el observador que lo ve desde el puente del ferrocarril consiga captar, más allá de la imagen, los pensamientos que anidan en la mente de ese hombre que aprovecha el espacio desolado que le ofrecen. La imagen corresponde a una ciudad del Sur de Madrid.
  

17 de noviembre de 2013

Espacios transfomados (18): la soledad sonora del espacio público



La otoñada se cierne sobre el espacio público más frecuentado y apetecido. No es fácil ni usual encontrarlo vacío, sumido en el silencio, en el sosiego total de la mañana festiva, cuando el sonido habitual de las conversaciones y las pisadas, que justifican su razón de ser en la atracción que ejerce la Biblioteca Pública, es sustituido por el tenue rumor de la hojarasca que encuentra fácil acomodo en la plaza sin que nadie perturbe su pausada libertad de movimientos, al socaire de la brisa mañanera. De pronto el paseante, acostumbrado a contemplar ese lugar a diario y a sentirse confortado con la percepción de que se trata de un espacio de encuentro siempre cambiante y con el que se siente identificado, detiene por un momento sus pasos, con el diario y el pan en ristre, para contemplar el sinfín de detalles y matices que en las vivencias cotidianas, y desvaídos por el tumulto, pasan desatendidos y que ahora, en el escenario de la quietud, cobran un valor inestimable por excepcional. No le invade la melancolía que, según dicen, motiva el espectáculo otoñal, sino la sensación de que la vida sigue, de que los ciclos del año cumplen puntualmente su función, mientras modifican los colores del paisaje sin alterar un ápice, empero, la esencia misma de ese espacio público de relación que se mantiene incólume.

10 de septiembre de 2013

Espacios transformados (17): Adiós lastimero a la Librería Relieve, de Valladolid




Fue un elemento inconfundible en el paisaje urbano de Valladolid. Librería Relieve, de libros de todas las épocas, de referencia obligada en los años en los que los libros estaban censurados. La regentaba Pepe Rodriguez, el hermano de Pablo, el inolvidable Blas Pajarero, el autor de Retazos de Torozos.  Paulatinamente ha sido víctima de la transformación urbana de la ciudad. Ocupó en tiempos el local de toda la vida en la calle de Cánovas, al lado mismo de la Fuente Dorada y del Café España, donde era un placer tomar un café nada relaxing con Pepe, mientras hablaba, hablaba, hablaba de libros. Recuerdo haber conocido allí a autores de categoría, como Carlos Castilla del Pino, Francisco Umbral o Julio Llamazares. Muchos más, conocidos y anónimos, se detuvieron en aquel espacio entrañable, de tertulias incesantes y de conspiraciones que pronto se desvanecían en la humareda de los cigarrillos, a los que tampoco se ponía fin. La remodelación de aquel edificio dio al traste con el viejo local de toda la vida. 


El empeño de Pepe y de su mujer consiguió que se habilitara una construcción modesta en la Plaza del Poniente, donde continuó con su tarea de siempre, llevada a cabo contra viento y marea y luchando con menos fortuna y acompañamiento de los deseables por mantener un hueco en el difícil mundo del mercado del libro, sumido en una feroz competencia frente a la que "Relieve" logró sobrevivir como una reliquia digna de ser preservada. Esta mañana, a las 9 horas ha comenzado su demolición. Allí estábamos poco más de media docena de personas, ocho para ser más exacto. No he visto a Pepe. Me lo imagino con lágrimas en los ojos y la boina calada. Gracias, "Pepe Relieve" por todo lo que ha hecho por la cultura que se fue. A partir de hoy Valladolid se debilita en la memoria.


José Rodriguez, "Pepe Relieve", ha fallecido en Valladolid el 10 de marzo de 2014. Con él se va una parte significativa de la historia de la cultura en Valladolid y uno de los símbolos del mundo del libro libre. 

4 de junio de 2013

Espacios transformados (16): belleza natural y memoria histórica de Valdenoceda (Burgos)


Perspectiva del Valle de Valdivielso. Al fondo, Valdenoceda, a la entrada del Ebro en el valle  

Valdenoceda es el pequeño pueblo que, viniendo de Villarcayo o nada más descender el puerto de la Mazorra, en la carretera que enlaza Burgos con Bilbao, inicia el acceso al valle de Valdivielso, que configura la Merindad epónima, identificada con el límite meridional de la comarca de Las Merindades burgalesas. Lo cruza el Ebro, airoso y limpio, cuyas aguas fecundan una vega en la que el regadío no se ha extendido mucho, aunque en ella la agricultura ofrece iniciativas de gran interés en el sector de la fruticultura, merced a las favorables condiciones climáticas que la configuración morfológica proporciona. En ese espacio comencé hace muchos años mi labor investigadora, realizada con el apoyo y el asesoramiento de mi maestro, Jesús García Fernández, que me enseñó a entender lo que veía, a interpretarlo globalmente y a captar los factores que contribuyen a la transformación del territorio y a la evolución de sus paisajes. Allí transcurrieron varios veranos de mi juventud universitaria, de los que guardo gratísimos recuerdos.

Nada se hablaba entonces de lo que había sucedido en Valdenoceda durante la guerra civil y hasta que finalizó la segunda guerra mundial. Era un tema ignorado, tabú, en aquellos años sesenta del franquismo que acababa de conmemorar sus “veinticinco años de paz”. Recuerdo, sin embargo, que en cierta ocasión – en el verano de 1970 – el alcalde, un tipo que siempre iba con corbata, se interesó por lo que estaba haciendo allí. “Investigando”, le dije. “¿Investigando qué?”, indagó. “Investigando el paisaje, la economía y la sociedad del Valle, su población, su poblamiento”: esa fue mi respuesta. “Ah, bueno. No pasa nada”. Mi trabajo no fue interrumpido en ningún momento y culminó satisfactoriamente, resultado del cual fue un libro publicado en 1972.


Con el tiempo, me he reprochado a mí mismo no saber o averiguar más sobre lo que encerraba y encierra la historia de aquel escenario tan bello desde el punto de vista natural, pero tan sórdido y terrible en un pasado que aún permanece vívido en la memoria. Lo supe años después, cuando el silencio sepulcral que hasta entonces se había mantenido, fue roto por el estruendo de la evidencia más atroz, por la manifestación sin tapujos de la inhumanidad de que era capaz aquel régimen edificado sobre la muerte de sus adversarios y la destrucción del país. Lo supe por mi padre, que no se había atrevido a informarme de ello cuando inicié aquel trabajo. Su conocimiento del asunto era limitado, pero bastaba ver su rostro para darse cuenta de la conmoción que aquel recuerdo provocaba. Se trataba del penal de Valdenoceda, junto al Ebro. ¿Qué había ocurrido allí? “Un campo de concentración del que no se salía. Un lugar del que nunca se hablaba porque había miedo pero cuya existencia nadie ignoraba”. Esa era la expresión utilizada para definir el significado de la barbarie localizada en un punto bien ubicado en el espacio. El excelente trabajo llevado a cabo por Fernando Cardero Azofra y Fernando Cardero Elso ofrece un análisis riguroso y necesario sobre lo que fue aquella monstruosidad. 




Desde Radio Valdivielso se ha dejado siempre constancia de la memoria que sobrevive al paso del tiempo, de ese empeño por transmitir a la sociedad actual el recuerdo de lo que fue una de las mayores tragedias vividas en esta tierra. Hace unos días, el grupo de familiares de los hombres que allí murieron ha decidido buscar a las personas que pudieran tener relación con los que han sido exhumados en el cementerio que se construyó junto a la prisión. Se han hecho públicos sus nombres para que no queden en el olvido.




En muchas ocasiones he vuelto a pasar por ese lugar, antes de detenerme para contemplar por enésima vez  la espectacular “cluse” de los Hocinos o de Incinillas, que el Ebro construye sobre la sierra de la Tesla. Pero el deleite paisajístico no ensombrece un ápice la evocación de lo que aquel penal del franquismo criminal representó: un campo de exterminio, donde la gente moría de hambre y ahogada cuando el Ebro se “salía de madre”. Que sus nombres no se olviden ni tampoco el lugar, hermoso y siniestro a la par, en el que fueron torturados y  perdieron sus vidas. 

12 de mayo de 2013

Espacios transformados (15): la plaza pública en apoyo de la enseñanza integradora




Nada impide el clamor de la calle en un día de lluvia. Al atardecer el paisaje urbano del centro de la ciudad se transforma al compás de la riada humana que enarbola el Verde con el que quiere simbolizar el valor de la educación que integra, une y cohesiona. Diríase que el agua de mayo, lejos de ser inoportuna, vivifica el ambiente y le aporta esa sensación de viveza, rabia y energía que acentúa la resonancia de las palabras reivindicativas en defensa de un modelo educativo que se aviene mal con los postulados y fines de una ley sectaria que discrimina, segrega y deteriora aún más la concepción y el funcionamiento de uno de los servicios esenciales sobre los que descansa la dignidad del ser humano. Un servicio cuyo desarrollo debiera ir unido a los compromisos inherentes a un pacto educativo, que lograse la necesaria articulación de fuerzas y estrategias capaces de  superar los problemas y disfunciones de que adolece la educación en España, y que la crisis ha puesto en evidencia  con tintes aún más dramáticos. 

En ese espacio de encuentro, protesta y llamamiento a la sensibilidad, a la equidad, a la calidad y a la dotación adecuada frente al privilegio, el sectarismo y los riesgos de exclusión, los colores abigarrados de la manifestación, con su cortejo de paraguas abiertos y de impermeables al viento, tienden a difuminarse mientras profesores, padres, niños, ciudadanos en fin, adquieren el convencimiento de que ese momento y ese lugar les pertenece.

17 de marzo de 2013

Espacios transformados (14): los escenarios contrastados de Bergoglio




En muchas ocasiones al salir de la catedral que ocupa uno de los frentes de la Plaza de Mayo de Buenos Aires, el arzobispo cardenal Jorge Mario Bergoglio se toparía sin poder evitarlo con imágenes como ésta. No se puede cruzar ese espacio simbólico de la historia argentina sin detenerse, siquiera un momento, en el sinfín de mensajes, proclamas, reivindicaciones y lamentos que insistentemente recuerdan las tragedias vividas y las esperanzas frustradas.

Ernesto Sábato, uno de los más grandes intelectuales de la tierra de Martín Fierro, escribió que "el pueblo argentino no puede dejar de hacer de su historia el testimonio permanente de su vida cotidiana". En Plaza de Mayo se compendia todo, pues todo forma parte del mismo lugar de encuentros obligados y sensibilidades compartidas y siempre a flor de piel. Poco más de 100 metros separan la Casa Rosada de la Catedral católica, donde el general San Martín, el libertador mitificado, de ascendencia palentina, está enterrado a medias. Apenas 300 marcan la distancia entre la sede catedralicia y el lugar donde la sociedad expresa sus preocupaciones, al lado mismo del recorrido marcado por las madres y las abuelas que reclaman a sus desaparecidos.

Cuántas veces, el jesuita Bergoglio, que ha llegado a papa y que va a tratar de ejercer como tal, dirigiría al tiempo la mirada hacia el palacio de gobierno, la sede del poder católico y los grupos congregados en la calle. ¿Qué pensaría en esos momentos? ¿Por cuál optar? ¿Qué actitud tomar ante sensaciones tan contrastadas? ¿Dónde y con quiénes fijar la atención preferente? He ahí la incógnita que encierra una experiencia en ciernes, y también la sorpresa agazapada. Pues no me digan que unir todos esos ingredientes con el panorama soberbio que se divisa al contemplar el mundo desde la imponente balconada del palacio de San Pedro no puede traer consigo sino contradicción y un punto de esquizofrenia, que tal vez le obligue a aliviarlas, aunque sea en la distancia, con los aromas vivificantes del mate y las tonalidades del tango más desgarrador. ¿Se imaginan contemplar los fastos que tienen lugar en la nave central de la basílica bajo los acordes del bandoneón?



24 de enero de 2013

Espacios transformados (12): problemas irresueltos ante una nueva etapa





La normalidad ha vuelto a la Avenida Pennsylvania, en Washington. Arteria de enlace entre la Casa Blanca y el Capitolio, e impresionante perspectiva ante la que el paseante se siente empequeñecido, los presidentes electos de Estados Unidos la recorren solemnemente el día en que toman posesión de sus mandatos. Muchos aspectos pueden, y deben, criticarse de ese país, ya que la historia contemporánea está marcada por sucesos en los que su protagonismo merece la repulsa y la denuncia, aunque tampoco están ausentes los momentos y los hechos en los que suscita reconocimiento. En cualquier caso, no ha lugar a la indiferencia cuando uno se sitúa ante una realidad - la norteamericana - que influye decisivamente en los acontecimientos más importantes de nuestra época. Sin ella no es posible entender la configuración del mundo contemporáneo. 

Se inicia el segundo mandato de Barack Obama y las expectativas no son tan alentadoras como las que animaron su primera elección, matizadas las esperanzas de otro tiempo y con la mirada puesta en la resolución de los desafíos internos a los que se enfrenta el país; entre ellos, la aplicación en firme de los cambios introducidos en la sanidad o el cumplimiento de los objetivos de progresividad tributaria, factibles en ambos casos teniendo en cuenta la situación de desconcierto en la que se encuentra el partido republicano.

Sin embargo, late en las sombras de la incertidumbre el futuro que espera a uno de los problemas irresueltos de nuestro tiempo y que particularmente nos resulta a muchos muy sensible: la resolución de la tragedia palestina. Cuando fue elegido por primera vez, Obama pronunció en El Cairo un discurso rotundo y crucial en este aspecto. En esta ocasión, nada ha dicho, pese a que en su segundo mandato, y con los republicanos en zozobra, la oportunidad no debiera ser desaprovechada. En fin, y a la espera de lo que ocurra en un momento decisivo ¿cómo estará el mundo cuando la Pennsylvania Avenue vuelva a ser recorrida de nuevo en medio de la espectacular parafernalia que la rodea cuando los Presidentes acuden al Capitol para asumir la enorme responsabilidad que contraen? De lo que no cabe duda, es que la embajada de Canadá, a la izquierda, permanecerá vigilante y tan sumisa como lo ha estado siempre.

14 de diciembre de 2012

Espacios transformados (11): lugares para la memoria





Hay lugares que, por más que pase el tiempo, permanecen indelebles en la memoria. Asociarlos a los acontecimientos históricos que marcaron nuestras vidas lleva a apropiarnos de ellos y a sentirlos como referencias perennes de nuestro sentido y nuestra percepción del pasado. Confieso mi especial afición a visitar sin prisa aquellos escenarios que en algún momento de la vida han tenido un particular significado y trascendencia, y no en el sentido personal sino como algo indisociable de acontecimientos relevantes en la evolución y la transformación de las sociedades y de su cultura. Por esa razón, y puesto que la oportunidad profesional me lo ha brindado, quiero compartir aquí las sensaciones que proporciona la perspectiva del tramo occidental de ese amplio corredor que en la ciudad de Washington - desde el Lincoln Memorial al Capitolio - conmemora hitos claves en la historia de los Estados Unidos. Desde el tapiz de color creado por la otoñada, impresiona, desde luego, contemplar la esbelta mole que, a imitación del Partenón de Atenas, acoge la imponente estatua de Abraham Lincoln, ilustrada con los textos que evocan el papel que desempeñó en la abolición de la esclavitud y la unión de su país.

Su mirada se dirige hacia la escalinata y el estanque que motivan recuerdos imborrables en la historia contemporánea del mundo. No es posible distraer la vista del lugar donde se concentraron las voces y los rostros que comenzaron a poner fin a la atroz aventura bélica de Estados Unidos en Vietnam, como tampoco pasan por alto las imágenes de Malcolm X o Angela Davis en defensa de los derechos de los negros - a los que hoy se llama afroamericanos -, el momento en el que Martin Luther King pronunció aquella famosa frase - I have a dream- que dio la vuelta al mundo para llamar la atención sobre el alcance de la lucha emprendida que acabaría con su muerte o el famoso discurso de Barack Obama pronunciado a punto de tomar posesión de su primer mandato como Presidente de Estados Unidos. Y, finalmente, ¿cómo olvidar que fue precisamente aqui donde se han dado cita figuras emblemáticas de la música y la canción contemporáneas, de esas formas de expresión que aún nos sobrecogen a muchos cuando oimos a Bob Dylan, a Joan Baez, a Bruce Springteen o a The Beatles? Se agradece el silencio del paseo, la quietud del lugar, la placidez del momento, porque es la única forma de que todas esas sensaciones cobren fuerza al unísono como reflejo de un tiempo que, aun irrecuperable, ha dejado una huella imperecedera. En el tiempo y en el espacio.

7 de diciembre de 2012

Espacios transformados (10): los agujeros negros de la Zona Cero, en New York




Elementos representativos de la asombrosa historia urbana de New York, imbricados en una trama de manifestaciones arquitectónicas espectaculares, cuyos contrastes enriquecen la visión de la ciudad más cosmopolita del mundo, arropan el espacio de encuentro multicultural que silenciosamente se construye y se renueva de modo incesante para contemplar en qué se ha convertido, al fin, el lugar anteriormente ocupado por las Twins Towers erigidas como soberbias muestras de desafío a la gravedad en el corazón de la zona financiera expandida al sur de Manhattan. 




Concebidos como inmensos agujeros negros que engullen el agua en una sima a la que no se ve fin, los testimonios de lo ocurrido se identifican hoy, en cambio, con el rumor líquido de la caída que prevalece sobre cualquier otro tipo de sonido y de sensación. Verlos de cerca, sentirlos en directo, sobrecoge. ¿Cambió el mundo realmente el 11 de septiembre de 2001? ¿Qué significado tiene ese escenario que lo recuerda? ¿Qué valoración cabe hacer de las múltiples sensibilidades que allí se dan cita motivadas por las razones que a cada cual le llevan a sentir que lo que allí sucedió permanece indeleble en la memoria?

3 de octubre de 2012

Espacios transformados (9): No todo está perdido en El Cabanyal


Aconsejo visitar el barrio de El Cabanyal, al Este de la ciudad de Valencia, junto al mar. Es el barrio que inspiró a Joaquín Sorolla alguno de sus cuadros más memorables, aquellos que nos han perpetuado en el recuerdo el inconfundible color del Mediterráneo y la imagen de las arduas labores asociadas a la pesca. Hoy es un barrio abandonado a su suerte, proscrito en las políticas públicas del Ayuntamiento, empeñado en la eliminación de uno de sus tramos patrimonialmente más valiosos para llevar a cabo una operación urbanística de envergadura que llevaría consigo la destrucción de lo que ese barrio ha significado en la historia del urbanismo valenciano.


El panorama es brutal: la incuria a que se ve sometido por parte del gobierno municipal contrasta con la espectacularidad y belleza de su patrimonio arquitectónico, un legado valiosísimo del modernismo cultivado a comienzos del siglo XX y que se traduce en un inventario admirable de viviendas de dos alturas, con fachadas estéticamente bien concebidas en las que el empleo de la cerámica de la tierra y la decoración imaginativa se traduce en un cromatismo variopinto y hermoso que invita a la mirada y a la evocación de lo que aquel barrio fue hasta que la codicia especulativa y el desprecio por el patrimonio lo han arrumbado a la imagen de desolación y marginalidad que hoy ofrece. Es una sensación extraña la que se tiene cuando se recorren sus calles, se observan sus viviendas tapiadas o el sinfín de comercios hace tiempo clausurados, como otro de los síntomas de su deliberada desvitalización. 

Mas, de pronto, la mirada se complace en el edificio que alberga la Sociedad Musical de la Unión de Pescadores del barrio. Iniciativa emblemática de la historia cultural valenciana, nacida en la primera década del siglo pasado, sobrevive en medio de la ruina que lo rodea, y lo hace con esfuerzo y al tiempo con ilusión, conscientes sus miembros de que el día que abandonen El Cabanyal una parte esencial de la vida del barrio pescador que mira hacia la Malvarrosa habrá desaparecido para siempre. Quiero con estas palabras dejar constancia del hecho y del homenaje que merecen.




26 de agosto de 2012

Espacios transformados (8): los clamores de la crisis



La crisis está transformando el espacio, ya sea público o privado. Imágenes y sensaciones diferentes, a las que no estábamos acostumbrados, de pronto irrumpen en los escenarios apacibles de la vida cotidiana, modificándolos por un momento e introduciendo en ellos ideas, palabras y un punto de tensión que no tienen otro propósito que el de poner al descubierto los matices dolorosos de una realidad crítica de la que se ven afectados sectores de la sociedad a los que no queda otro recurso que la palabra. La diversidad de la denuncia es tan grande como plurales pueden ser el enfoque y el acento que cada cual quiera darla. El clamor se presta a la escenografía variopinta que vemos por doquier enseñoreándose de la calle, porque la calle no es de nadie y es de todos a la vez. 

Con frecuencia, y cuando uno menos se lo espera, surge la manifestación que reclama ser oida porque el mensaje que encierra no es producto de la improvisación sino del esfuerzo organizado por dar de sí lo que no sería posible de manera aislada e inconexa. Se podrá estar o no de acuerdo con la forma de presentar las cosas y con la imaginería utilizada, pero de lo que no cabe duda es de que, sea cual sea el impacto visual y sonoro ofrecido, los ciudadanos, y no precisamente marginales, sienten imperiosamente la necesidad de expresar públicamente su voz dolorida y desencantada. Ocurrió hace unos días en una concurrida playa del Norte de España. Como en el verso de Cervantes, la marcha "caló el chapeo, miró al soslayo, fuese y no hubo nada".

30 de abril de 2012

Espacios transformados (7): la frontera ya no es lo que era






Las fronteras han dejarlo de serlo allí donde el tránsito de un país a otro se efectúa sin ningún tipo de obstáculo. Ocurre en la Unión Europea, donde se tiene la sensación de que, en efecto, las fracturas creadas por la historia han sido superadas merced al decidido propósito de configurar, con mayor o menor fortuna, un territorio plenamente integrado. Es cierto que los límites permanecen estrictos desde fuera de ese ámbito pero quedan desvaidos cuando el viajero se desplaza sabiendo que lo hace a un espacio que no es el suyo pero que siente vecino y compartido.
Sin embargo, quienes hemos vivido los momentos en los que la muga era línea rígidamente marcada no podemos desprendernos de los recuerdos que nos remiten a situaciones a veces complicadas y casi siempre marcadas por la ruptura temporal de la movilidad. Cuando en las condiciones actuales  cruzamos la frontera solitaria, el instinto, motivado por la memoria, lleva a suavizar la marcha, a mirar para los lados, tratando de encontrar los restos abandonados de las viejas aduanas que antaño tanto entretenían, a retener en la mirada la señal o la bandera que indicase que ya se encontraba uno, al fin, en otro Estado. Apenas influía la continuidad del paisaje para camuflar que se trataba de un espacio políticamente discontinuo, sensación ya muy matizada ciertamente cuando la frontera se extingue pero de la que, en el fondo de la mente, no resulta tan fácil liberarse, pues en el ánimo se acentúa la sensación de espacio desolado al venir a la mente la imagen de las concurrencias que antaño se formaban en torno a ella. 



En ello se basa, creo yo, la pervivencia psicológica de la frontera como realidad asumida y superada a la vez, como reflejo de un hecho que el tiempo se ha encargado de desvanecer pero cuyas reminiscencias todavía perviven aunque sólo sea por la evocación que proporcionan esos carteles, irrespetuosamente tratados cuando esas manchas que hoy lo cubren eran ayer totalmente inconcebibles. 

26 de febrero de 2012

Espacios transformados (6): El primer pueblo abandonado en España



Se dice de él que fue el primer pueblo abandonado, por completo, en España. Quizá fue de los primeros sin duda, allá por 1956, antes de que el éxodo hiciera mella con fuerza en un mundo, el rural, cuyas gentes poco después habrían de fluir masivamente a la ciudad, con esperanzas no siempre bien fundadas. A 1.100 metros de altitud, sufrió el abandono no por su lejanía o las dificultades de acceso, sino por la pobreza de la tierra, por la miseria irrecuperable de un suelo que apenas daba para vivir y porque nadie veía futuro capaz de contrarrestar las expectativas ofrecidas por Baracaldo y sus Altos Hornos, a donde fue a trabajar un vecino que nada tenía y logró arrastrar a los demás, tras comunicarles que por primera vez en su vida había visto nada menos que un billete de mil pesetas "juntas".


Me lo contó mi abuelo que era de cerca. Desde entonces siempre he pensado que ver "mil pesetas juntas" era como contemplar, como descubrir, la tierra prometida.

9 de febrero de 2012

Espacios transformados (5): La normalidad ha vuelto a las calles de Miranda de Ebro

El gran río que cruza por múltiples paisajes y regiones ha recuperado, al fin, su ritmo habitual, acostumbrado ya a las corrientes de tibieza térmica y vapores casi permanentes que presenta a partir de la Central nuclear de Garoña, casi a tiro de piedra. Los leones que flanquean su espléndido puente están ya acostumbrados a estos vaivenes de humor del gran cauce, observador silencioso pero atento de las luces y las sombras que acompañan la historia de esta villa industrial, que se asoma y mira hacia Álava sin perder la perspectiva de su filiación castellana. Los mirandeses se saben ubicados en destacado lugar de encrucijada, cabe Castilla, el Pais Vasco y la Rioja, lo que les permite sentirse cómodos en escenarios tan contrastados, a sabiendas de que en las interfaces que los separa la personalidad mirandesa aparece siempre reforzada hasta el punto de ofrecer una imagen en cierto modo integradora, partícipe de todos ellos.

Muchas son las circunstancias que han marcado su historia reciente para contribuir a que esa entidad que le aporta su situación venga a ratificar aún más el hecho de que lo que sucede en Miranda no debe pasar desatendido, a sabiendas de que, si lo es, ya se encargarán sus vecinos de recordarlo hasta que todo el mundo se entere. Y que nadie olvide su tradición ferroviaria, con siglo y medio ya de perspectiva histórica. Representa esa referencia de transporte convertida en uno de sus símbolos esenciales, que la propia ciudad se encarga de recordar, como la recuerdo yo cuando, camino de San Sebastián en los veranos de mi infancia, el tren correo se detenía en Miranda durante dos horas y media mientras cambiaba de máquina y añadía otra nueva ( en total, dos) para afrontar con el suficiente resuello las pendientes que se le venían por delante, una vez cruzada la llanada alavesa a partir de Alsasua. La carbonilla en verano, con las ventanas abiertas, era terrible, dejaba los ojos como ascuas y obligaba a la ducha nada más llegar. Pero llegaba a San Sebastián, la ciudad de mis sueños infantiles, de mis inolvidables descubrimientos del mar, a más de tres horas de Miranda. Qué tiempos aquellos.



Las calles aparecen hoy sosegadas tras la peripecia que ha llevado a su equipo de fútbol a medirse con el Atlético de Bilbao, sin que hasta casi el último momento se desvanecieran en el aire las perspectivas de hacerlo con el Barcelona C.F. en lo que hubiera sido un hecho insólito en la historia del deporte universal. No ha sido así y lo cierto es que son pocos los que se han sentido frustrados, pues mostrarse en San Mamés, la meca del fútbol, para muchos mirandeses ya era indicio suficiente de que se ha tocado el cielo y de que a partir de ahora su presencia figurará en la crónica de la “catedral” por antonomasia. Sin embargo, las conversaciones han retomado su pulso habitual, por más que todavía coleen los comentarios de la hazaña relativamente inconclusa.

Vuelven los temas cotidianos, los mismos que motivan las preocupaciones e inquietudes de los ciudadanos españoles en estos momentos de grandes zozobras e incertidumbres, de confianzas debilitadas, de Tribunal Supremo sumido en la suprema e inconcebible iniquidad. La crisis industrial hace mella en la villa del Ebro, haciéndola perder la fortaleza de otro tiempo. Mas ello no resta un ápice a ese espíritu de progreso y de sensibilidad de que siempre han hecho gala la mayoría de sus habitantes. Por eso no sorprende que haya sido una de las primeras - ¿quizá la primera? – de las ciudades españoles que en la calle han dejado testimonio de solidaridad y respeto hacia las mujeres víctimas del maltrato y la ofensa. Es algo que debe saberse, pues Miranda es mucho más que el Mirandés, que es mucho.


Monumento, junto a la Plaza de Abastos, en recuerdo a las víctimas de violencia de género (obra de Manuel Páramo, 2007)

Todo ello convierte a esta villa del Ebro alto en un lugar que suena, en espacio transformado, digno de ser incluido en esta serie.

18 de diciembre de 2011

Espacios transformados (4): Si el pequeño comercio declina ¿qué será de nuestras calles?

Comercio tradicional en la Plaza Mayor de Aguilar de Campoo

Recorro detenidamente las calles de mi ciudad, observo los comercios, me detengo en los escaparates, aprecio el bullicio que me rodea, me asombro del derroche de luz que invade el escenario por doquier... pero solo detecto concurrencia de gente en los bares, en las cafeterías, en los lugares de relación en torno a los placeres de la mesa o de la barra más o menos surtida. Es cierto que hay establecimientos que atraen más la atención que en otros, demostrando así su mayor atractivo para el personal. Procuro tomar nota de los comportamientos de esa gente, y me llama la atención, a primera vista y a falta de un seguimiento más detenido, que priman la mirada, la curiosidad, el simple devaneo en medio de lo mucho que se ofrece sobre el hecho mismo de comprar. Deduzco que la decisión de adquirir y abonar un producto no siempre se traduce en el hecho de acercarse al lugar donde se brinda a la voluntad del cliente por hacerlo definitivamente suyo mediante la satisfacción del importe requerido.

¿Será la crisis económica que nos asuela el motivo de esa relación no culminada entre la curiosidad - como algo indisociable del uso gratuito del espacio público – y la materialización de una voluntad decidida a favor de la adquisición mediante pago en metálico del bien que se desea? Analizar en este sentido el momento en que nos encontramos – las festividades de fin de año – va a ser un buen indicador para comprender hasta qué extremo el decaimiento de la demanda, debido a los factores que están lesionando la capacidad adquisitiva de la mayoría de los ciudadanos, va a repercutir en la evolución del consumo y poner en evidencia la incertidumbre en que aparecen sumidos los circuitos que garantizan el normal funcionamiento de la economía, hoy postergados en aras de una política de restricciones que corre el riesgo de debilitar sensiblemente el aparato productivo y comercial europeo.

Sin embargo, al propio tiempo hay otro factor que quizá no sea ajeno tampoco a la situación crítica en que se encuentra el comercio tradicional. Es un tema que he comentado hace tiempo con mis colegas, y que hoy he visto bien reflejado en el artículo de José Ignacio Wert, donde se plantea la posibilidad de llegar a “un mundo sin tiendas”. Puede llegar a ser algún día la manifestación de una tendencia que no cesa de crecer. Una tendencia asociada al incremento imparable del comercio a través de la Red, que actualmente supone un gasto cercano a los 10.000 millones de euros, el 4% de todo el desembolso efectuado en los comercios.

Calle Platerías, en Valladolid



¿A dónde nos conducirá este proceso? El impacto socio-laboral será muy fuerte, como también se acusará ostensiblemente en el paisaje urbano. ¿Se imaginan calles con los comercios cerrados? ¿Quién animará con su presencia el espacio público de relación que se fragua en la calle concurrida? Me dirijo a casa mientras observo a uno y otro lado la calle Platerías de Valladolid, en el mismo corazón de la ciudad. Ocho tiendas han cerrado en lo que va de año; otras cuatro han cambiado de tipo de negocio. La recuerdo como una arteria principal en las compras de todo el año. Peatonalizada, rehabilitadas sus viviendas, inmersa en un entorno grato y placentero, la calle declina mientras la apariencia bulliciosa se circunscribe a su condición de lugar de paso de camino seguramente hacia uno de los muchos lugares de refrigerio, que proliferan aquí allá, por más que también en ellos la crisis sea perceptible.

14 de noviembre de 2011

Espacios transformados (3): la simbología contrastada de los lugares de relación


Los espacios heredados se adaptan a las necesidades que las gentes tienen de encuentro y relación, aunque, como se percibe en la imagen, vengan marcados por el silencio. La pequeña plaza constituye en los centros históricos de las ciudades el escenario idóneo para crear el ámbito que haga posible la superación de la soledad no deseada. Así se explica que el entorno se transforme y adecue a los usos de ocio ofrecidos precisamente porque quienes lo comparten tratan de aprovechar las ventajas que ofrece para introducir en él una yuxtaposición de referencias visuales que, aun mostrándose contrastadas, establecen entre sí complementariedades estéticas que no son sino representaciones diferenciadas de los cambios que el tiempo ha acabado incorporando, con toda normalidad, en la ocupación del espacio público.
Las reminiscencias históricas, labradas en piedra y testimonios de un legado artístico que ha logrado sobrevivir a la remodelación urbanística, coexisten en nuestros días con imágenes de nuevo cuño, que transmiten otros mensajes y otros contenidos, culturales, comerciales y sociales, ligados a los usos que las propias dinámicas de la sociedad - entre ellas las provocadas por la inmigración - provocan porque forman parte del signo de los tiempos. La escena corresponde al centro histórico de Manacor (Mallorca)

14 de octubre de 2011

Espacios transformados (2): cuando avanza la otoñada


Todos los matices del ocre se dan cita cuando avanza la otoñada. El paisaje se transforma de pronto ofreciendo la imagen que asegura que el verano ha terminado. Los árboles de hoja caduca que flanquean el río avisan bien temprano, pero sobre todo son los viñedos los que acusan, en su masa abigarrada, el fin del ciclo que abre paso a la vendimia.
Tierras de pan llevar y vino dar: así se ha fraguado en el tiempo la personalidad de las tierras de la vieja Castilla. Y en la estampa que nos ocupa lo han hecho bajo la mirada, ya extinta, del palomar abandonado, por más que en lontananza los páramos enhiestos sirvan como vigorosas y sempiternas atalayas desde las que es posible divisar lo mucho que el Valle del Duero, en su tramo vallisoletano de la Ribera de Sardón - aquí representada-, pueda ofrecer.

18 de septiembre de 2011

Espacios transformados (1): de la escuela al refugio


Del ayer al hoy. De la tradición a la "modernidad". Antaño la escuela era el punto de encuentro, casi el único lugar de relación social del que se disponía en aquellos pueblos, que trataban de superar los destrozos de la guerra civil. El año de 1948 corría a la sazón. Eran edificios de piedra, sólidos, desangelados en invierno. Espacios vivos y animados, con dificultad llegaba a ellos la luz.
Hoy la escuela, ya abandonada, permanece silenciosa y convertida en el lugar de cita pública a que obliga, frente al riesgo latente, la proximidad de una fábrica poderosa de electricidad mediante energía de fisión, que hay que mirar con cautela, cumpliendo el requisito impuesto por la Central de Santa María de Garoña.

Sucede en Pangusión (Burgos), a tres kilómetros de la planta nuclear.

6 de enero de 2009

Espacios transformados (Introducción): Evitemos la fugacidad del tiempo



La idea del tiempo cambia con la edad. La ansiedad de asirlo cuando nos resulta demasiado fugaz y acelerado provoca la sensación de que ya no se controla el paso de los días como cuando en la infancia o en la juventud percibíamos que todo transcurría mucho más despacio. Cuando ahora volvemos la vista atrás somos conscientes de que en nuestro camino hemos dejado muchas huellas que no se volverán a pisar. Para bien o para mal son las que marcan nuestro paso por la vida, nos revelan en el recuerdo lo que hemos hecho o dejado de hacer, las decisiones correctas, los errores cometidos, las esperanzas frustradas, las satisfacciones ganadas a pulso o por el azar. Todo un balance de experiencias y vivencias se acumula en la memoria, que ésta trata de seleccionar distinguiendo claramente entre lo que merece ser recordado y lo que, por irrelevante o banal, ha de quedar relegado al olvido.

Cuando nos situamos en una etapa en la que los recuerdos priman sobre el proyecto que nos queda por delante, tendemos a pensar que, en efecto, “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar”, como escribió para siempre el gran poeta de Paredes de Nava. Nos vemos situados en medio de la corriente que circula sin parar, que no se puede detener, con rumbo inexorable… con viento a la espalda, con brisa apaciguada en el rostro. Es “el río que nos lleva”, evocando aquella excelente novela de mi admirado José Luis Sampedro. No necesitamos remos porque la nave aprovecha el flujo inducido por la pendiente. Pero, ay, es entonces, al darnos cuenta de que las cosas tienden en esa dirección cuando debemos enfrentarnos al horizonte de la vida que resta y contemplarlo con audacia. Con visión de que el tiempo sigue existiendo y abierto a nuevas oportunidades, que en buena parte de los casos permanecen aún inéditas.

Me viene a la memoria la frase que mi colega y amigo Lluis Cassasas i Simó, geógrafo eminente de la Universidad de Barcelona y ya desaparecido, me dijo hace años cuando ambos contemplábamos el impresionante baluarte de basalto en Castellfollit de la Roca, en la provincia de Girona. Su consejo, muy propio de un hijo de Sabadell, jamás se me ha olvidado: “Mira, Fernando, para sobrevivir al paso del tiempo, siempre hay que tener una pieza en el telar”. Lo tengo presente y lo aplico cada día, aunque mis telares necesiten a veces reparaciones y cuidados que no acierto a darles.
Y hace unos días, he visto también reflejada esta inquietud en un magnífico texto de Manuel Vicent que, tan lúcido como siempre, ha recordado a sus lectores, con la mirada puesta seguramente en los de mi generación: “No existe otro remedio conocido para que el tiempo discurra muy despacio sin resbalar sobre la memoria que vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria. Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño”.
¿No les parece, amigos y amigas, que cuando comienza el año es una reflexión más que pertinente?.
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