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11 de enero de 2025

Venezuela o el fracaso del proyecto bolivariano: fraude electoral, corrupción, miseria, éxodo masivo

La tragedia que vive Venezuela trasciende la contraposición entre izquierda y derecha para convertirse en un problema que afecta a la sensibilidad de los defensores de la democracia más allá de las opciones políticas que representen. Cuando Gabriel Boric o Gustavo Preto, presidentes de Chile y Colombia,  afirman que desde la izquierda, a la que ambos se adscriben, el régimen que oprime a Venezuela es inequívocamente una ominosa dictadura, es evidente que la situación del país caribeño debe ser denunciada sin matices por cuantos defienden la democracia.

Venezuela se encuentra sumida en una catástrofe como país que se agudiza aún más tras la toma de posesión ilegal y fraudulenta de Nicolás Maduro. Durante su mandato, esta rica nación se ha visto sumido en la corrupción y la atroz dictadura represiva que conduce al desastre y a la destrucción de su sociedad, de su economía y de su medio ambiente (la explotación salvaje de la Franja del Orinoco) hasta uno de los niveles más dramáticos de Latinoamérica. Entre los muchos indicadores que revelan la magnitud de la ruina a que ese dictador conduce al país no hay ninguno tan elocuente como el abandono masivo de una parte significativa de su ciudadanía. Bastaría recordar que ya en 2021 la oficina del Alto Comisionado para los Refugiados, ACNUR presentó el contundente y riguroso informe en el que, tras Siria afectada por una situación de guerra,  Venezuela figuraba como el segundo país del mundo que había rechazado más allá de sus fronteras a un sector relevante de su población. A comienzos de la década actual el éxodo superaba los cinco millones de venezolanos que huían del pais destrozado por la corrupción y los efectos de una política inepta y miserable, bien identificada como "la peste militar" y los atroces efectos que trae consigo.  Es la manifestación inequívoca del fracaso del proceso bolivariano. y la situación de caos en la que se encuentra elpais. 






La magnitud del exilio no ha hecho sino aumentar hasta alcanzar en 2023 cerca de los ocho millones de personas. Es el reflejo de la desesperación y la miseria en que aparece sumido el pueblo venezolano.  Representa el reflejo más ostensible del fracaso de la llamada "revolución bolivariana", un desastre sin paliativos que sobrevive mediante la represión, el control obsceno de las instituciones y el fraude electoral.  

 




Recojo aquí la interesante reflexión de José Andrés Rojo


 " En el libro que el historiador Elias Pino Irrurieta escribió sobre Simón Bolívar  para criticar a “los pontífices que se anuncian como sucesores y continuadores del grande hombre mientras martirizan a sus pueblos y los conducen al precipicio”, rescata un fragmento de Venezuela heroica, la epopeya romántica que publicó en 1881 el político y escritor Eduardo Blanco. “De súbito, un grito más poderoso aún que los rugidos de la tempestad”, decía ahí, “recorre el Continente”. El libertador había logrado inflamar a “un pueblo de héroes” con una idea: “la emancipación del cautiverio”. Aunque esa retórica gloriosa tan manoseada por el chavismo pueda encender todavía los corazones, de manera más prosaica los venezolanos votaron el año pasado (28 de julio de 2024) para emanciparse del cautiverio. Y por eso hoy deberñia ser sobre todo la izquierda —que se quiere defensora de los más frágiles— la que tiene que señalarle a Maduro el camino de salida".

Todas las opciones políticas defensoras de la democracia - ya sean de derecha o izquierda - deben unir su voz contra los responsables de la tragedia que destroza Venezuela. 


28 de julio de 2020

Descoordinación frente a la pandemia y crisis turística

En situaciones como la que está viviendo el país durante la crisis provocada por la pandemia es cuando mejor se aprecia y valora internacionalmente la existencia de una política común y bien coordinada bajo la capacidad vertebradora del Estado. Es el interlocutor a escala global y la entidad de referencia ante el mundo. Todos lo saben, incluso los que lo cuestionan. Sin embargo, demasiado pronto se ha casi desvanecido la unificación de criterios apoyada en la comunicación e intercambio de información y estrategias entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas. El presidente del Gobierno apenas habla del tema, Salvador Illa ha desaparecido y las declaraciones del Sr. Simón son desconcertantes o tan vagas que no merecen comentario.
El resultado está a la vista: la lesión hacia el exterior de la imagen de España como destino turístico. Posiblemente - lo planteo como mera hipótesis - las medidas restrictivas aplicadas por diferentes países claves de la demanda de ocio para visitar España tengan que ver con esta especie de "sálvese quien pueda" que, como imagen de país, se ha impuesto en un momento especialmente critico, el peor y más inoportuno en un período tan sensible para España como es el verano. Ninguno del Mediterráneo se ha visto afectado por las cautelas aplicadas al nuestro. Inconcebible.
No sorprende, en fin, que, ante las previsiones realizadas y la constatación de que el problema sanitario dista mucho de haberse resuelto, la política española frente a la evolución de la pandemia, adoptada cuando más se necesitaba una visión efectiva, puede generar un impacto disuasorio a todos los niveles.

8 de junio de 2013

Las Cajas de Ahorros de Castilla y León o la gran desbandada



Mañana de sábado. Día nuboso y primavera rezagada. Regreso de dar un largo paseo junto al río y trato de ordenar algunos de los viejos papeles que ocupan mi espacio. En medio del fárrago, me encuentro con esa portada que no recordaba. Han pasado cuatro años pero parecen muchos más. Conservaré esa revista, porque significa mucho. Ahí están, sonrientes, alegres, encantados de haberse conocido, con corbatas rutilantes y ternos impecables, convencidos de que son alguien, orgullosos de lo que hacen, seguros de lo que dicen, respetados, según creen, por los que les adulan y por los que aún confían en ellos. La imagen de la vanidad cuando todo era vanidad, prestigios infundados, burbujas insaciables y negocios suculentos a costa de los ahorradores embaucados por quienes creían que eran merecedores de su confianza. Han pasado cuatro años y todo eso se ha derrumbado como un edificio de lucro desmedido, edificado sobre la especulación, la insensibilidad, el engaño y la ineptitud para ejercer sus responsabilidades con la profesionalidad que se les presumía y que, sin merecerlo, les situaba en la cúspide de la pirámide social. 

Los gobernantes regionales hablaban entonces del poderoso "músculo financiero" que se iba a lograr con la fusión de las seis cajas de ahorros domiciliadas en una de las regiones con mayor capacidad de ahorro de España. Todo ha quedado en nada, porque bien poco han demostrado valer los que las dirigían. Ni ellos ni la cohorte de consejeros que los acompañaban en el aquelarre financiero y que también y tanto se han beneficiado de él. 

Al final ha ocurrido lo que nadie preveía, aunque, a decir verdad, a nadie sorprende:  la gran estampida, la fuerza centrífuga en todas las direcciones, la desbandada que demuestra la incapacidad para entenderse y para sobrevivir al escándalo. Fotografía imposible de repetir, los que en ella aparecen ejemplifican la catadura de los que gestionaron la mayor parte del ahorro de los ciudadanos en Castilla y León, confiados en sus Cajas de toda la vida. Caja España, Caja Duero, Caja Burgos, Caja Círculo, Caja Ávila, Caja Segovia. Todas desaparecidas nominalmente, todas descapitalizadas,  con fuertes reducciones de plantilladesprovistas de su patrimonio, desacreditadas, con Obras Sociales mutiladas, meramente testimoniales o extintas. Ya no sonríen entre sí los tipos que ahí aparecen. Y es probable que ni siquiera se saluden. Sonríen para sus adentros, satisfechos de que su futuro no corre peligro y seguros de que el tiempo acabará difuminando sus "habilidades". Todos son conocidos, pero ninguno, ninguno, vale gran cosa
, por más que sus cuentas corrientes y sus jubilaciones estén henchidas de muchos ceros a la derecha. Los ceros a la izquierda son, en cambio, para los demás. Que nadie olvide, empero, sus rostros y sus nombres. La historia dejará constancia de ello. La historia y la justicia, de ese rayo que no cesa.  

4 de mayo de 2013

Cuando desaparece la corteza...



¿Qué quedará del árbol desangrado hasta la extenuación? ¿En qué se convertirá ese tronco enhiesto y curtido por la historia cuando ya no quede en él un gramo de resina vivificadora? He visitado con mis compañeros y alumnos la tierra pinariega de Segovia, donde la resinación del Pino negral se confunde con el tiempo y el espacio hasta identificarse con ellos. 

Contemplando el espectáculo, y sin entrar en lo que significa la recuperación de esta actividad económica en el contexto de la crisis y del encarecimiento de los hidrocarburos, no he podido por menos de tener la sensación de que la conífera enraizada en el paisaje de la Castilla meridional se me antoja una metáfora plausible de lo que actualmente sucede en España. Cortes y más cortes, siempre en la misma dirección, hendiduras que laminan la corteza, riqueza de interior que emana hacia afuera para ser arrebatada, indefensión ante la intemperie, desvitalización de la estructura viva... en fin, un remedo ejemplificador de lo que está pasando, de lo que estamos viendo.

18 de enero de 2013

Un mérito cuestionable: el mito de la competitividad (a costa del trabajo)


Han comenzado a sonar en la prensa progubernamental y en los foros socialmente insensibles de nuestro país los timbales de la euforia, enardecidos por las observaciones de The Washington Post. El tema se las trae y merece ser comentado. El periódico vinculado al ideario del Banco Mundial y del FMI se deshace en loas hacia España mientras echa pestes contra Francia, marcando así una especie de antinomia entre dos modelos diferentes, de los que el primero debe ser - a juicio de ese medio - respaldado por su modernidad frente al anacronismo del segundo. ¿Cual es el criterio esgrimido para establecer tal diferencia? No hay otro que el de la "competitividad", la palabra sacrosanta de la escolástica neoliberal. Un concepto entendido estrictamente como "competitividad del mercado de trabajo", es decir, asociado al despido libre, a la reducción de los salarios y al aumento de la productividad de la mano de obra, con el consiguiente el coste social y el agravamiento del paro que ello implica, como expresivamente se pone de manifiesto en la tendencia observada, sobre todo desde 2008 hasta rozar los 6 millones de desempleados a finales de 2012. 






En ningún momento TWP alude a la magnitud de este problema, que no cesa de agravarse, limitándose a subrayar únicamente los efectos beneficiosos que las medidas destructoras del trabajo y la homologación progresiva con los parámetros y modelos vigentes en Asia, donde la mano de obra se devalúa sin cesar, traen consigo para las empresas que se benefician de ello. Da igual que el diferencial de la tasa de paro con Francia sea de casi 15 puntos. De lo que se trata es de poner en entredicho la tendencia del único país de la eurozona que aboga por la adopción de medidas más equitativas y fiscalmente justas, cosa que al diario norteamericano le resulta inasumible. En fin, puesto el objetivo en la demolición del modelo de justicia social vigente en Europa tras la SGM, el contrapunto establecido entre España y Francia ejemplifica el sesgo que el capitalismo global introduce entre los adictos a su paradigma y los que resisten a asumirlo ciegamente, convencidos de que la noción de competitividad apoyada en la degradación del trabajo no es sino un reflejo del impacto que provoca esa "peligrosa obsesión" como acertadamente la calificaba ya en 1994 Paul Krugman en Foreing Affairs

31 de octubre de 2012

Entre risas, reflexiones divertidas y consejas varias Don Leopoldo Abadía se divierte muchísimo



Estuve oyendo a Don Leopoldo Abadía cuando, invitado por El Norte de Castilla el pasado mes de marzo, vino a Valladolid a impartir una conferencia sobre el tema "Los sensatos en tiempos de crisis". Casi nada.  En medio del desconcierto que, entonces y ahora, estábamos viviendo en el país, y atraído también, por qué no decirlo, por la resonancia que el personaje había alcanzado en el panorama mediático, pensé que tal vez fuese interesante asistir a una intervención en la que, al fin, se preconizaba con seriedad la idea de sensatez. La verdad es que, al terminar la intervención, tenía más dudas que certezas, más desazón que confianza, más banalidad que consistencia. La sesión fue muy divertida, hubo chanzas, bromas, humor lleno de tópicos y pretendidas genialidades. Al final, todos satisfechos y complacidos. 

Sin embargo, salí con la sensación de haber perdido el tiempo. Acostumbrado a tomar notas de los actos de este tipo a los que asisto, no me atrajo esa posibilidad teniendo en cuenta el ambiente trivial en el que se enmarcó el acto. El personaje dejó de interesarme e incluso lo había olvidado. Y no lo hubiera prestado más atención de no haber leído casualmente esta entrada en el blog "El Mirador de don Frenando", en la que se hace una valoración precisa, seria y cabal del producto que ese profesional tan mediático como simpático trata de transmitir. Cuidado con la fiebre de exégetas de la crisis que se ha apoderado de la escena editorial española. La recesión no va con sus bolsillos, y, aunque es cierto que hay estudiosos serios, es bueno saber que en monte tan tupido el orégano no es tanto como parece. 


14 de octubre de 2012

Dolorosos eufemismos


Jean Plantu, tan expresivo como siempre: "Sin embargo, se le había dicho que debía hacer esfuerzos". Siempre "los hombres de negro"

Sabíamos de la falta de sensibilidad del Fondo Monetario Internacional hacia los problemas que afectan a los ciudadanos que viven de su salario, que no evaden impuestos, que entienden la política como una acción de servicio público en pos de la solidaridad y de la justicia social. Mal se han avenido desde siempre esas premisas, cumplidas por la mayoría social, con la lógica de un organismo que vampiriza a los Estados, que les aconseja en contra de sus propios ciudadanos, que hunde en la miseria a quienes siguen sus dicterios. Basta recordar lo que pasó en la Argentina cuando el siglo XXI apenas comenzaba. El FMI lo sumió en la ruina, como bien saben nuestros amigos argentinos. Tenemos elementos de juicio suficientes para saber lo que representa en la economía mundial ese Fondo perverso que en cierta ocasión llegó a estar gobernado por el político que, al frente de Bankia, es uno de los principales corresponsables del desastre financiero español. Y precisamente porque sabemos bien lo que ha sido y es el FMI causan estupor las declaraciones de su directora actual calificando de "valientes" las medidas que adopta el gobierno español para demoler el Estado de bienestar que se había conseguido fraguar en España desde los años ochenta y que hoy se desvanece por arte de esa "valentía" que consiste simplemente en destrozar los mecanismos de solidaridad social mientras se mantienen los privilegios de la fracción minoritaria, que permanece inmune a los demoledores impactos de la crisis.

Y comoquiera que los efectos de esa política están ya a la vista, resulta obsceno pensar que los factores que los motivan obedecen estrictamente a las medidas obligadas por la crisis, cuando resulta evidente que son la expresión inequívoca de una postura ideológica destinada al desmantelamiento del modelo de Estado en que se ha cimentado la singularidad europea en el mundo para defender, en su defecto, la lógica de esa mezcla de liberalismo salvaje e intervencionismo selectivo del que no cabe esperar otro resultado que la depauperación irreversible de la mayoría de la sociedad. No es valentía, sino perversión e indecencia, por más que Mme. Lagarde trate de enmascararlo con esas palabras de preocupación por lo que está ocurriendo en España y que, dichas a continuación del respaldo ofrecido hacia las medidas traumáticas, suenan a la más descarada de las hipocresías.

26 de mayo de 2012

Mensajes en la calle (35): Cuando las campanas acompañan al desastre



Cuando las campanas tocan a rebato es que algo grave, muy grave, está ocurriendo en la localidad. Cuántas veces los incendios pavorosos convocaban a las gentes en las noches de verano para entre todos tratar de sofocarlo mientras el sonido de las campanas acompañaba la angustia de la vecindad. Curiosidades de la vida, esta tarde he oído el tañido de estas piezas espectaculares sonar estridentes con el logotipo de Bankia presidiendo la escena. De pronto, casi de manera instintiva, he sentido la congoja y la rabia que embargaba a cuantos asociaban el ruido de los badajos a la tragedia que acababa de desencadenarse, y cuyas consecuencias se antojan pavorosas . 

Y no era para menos, pues catastrófica está siendo para el país la mayor estafa financiera de la historia contemporánea de España. Un pozo sin fondo, un terremoto desestabilizador de consecuencias incalculables, un incendio bestial que abrasa cuanto se encuentra a su paso. La percepción brutalmente sonora del entorno me llevó a pensar que la escena tenía un carácter simbólico, que excedía con creces la comprobación de lo mucho y bien que suenan las campanas de la catedral de Ciudad Rodrigo en la Bienal de Arte y Patrimonio (AR&PA), celebrada este fin de semana en Valladolid y que patrocina, entre otros, la ruinosa entidad de marras. Había que entenderlo más como un estruendo que afecta, irradia y aturde sobre el conjunto del país. "Por quién doblan las campanas" se preguntaba Hemingway en su famosa novela. Ahora sabemos por quién doblan hoy: por el descalabro de una firma financiera que, gestionada por gente inepta, mentirosa e incomprensiblemente irresponsable, está dejando en la ruina a la sociedad española.

18 de abril de 2012

"El atroz encanto de ser argentinos"



Buenos Aires, octubre de 2007
En su día (1999) los Kirchner estuvieron de acuerdo en la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), impulsada por el gobierno de Carlos Menem dentro de aquella oleada de enajenación masiva e indecente de los recursos públicos del país, y que la pareja formada por Néstor y Cristina aplaudió sin reservas cuando ejercían su poder desde la remota provincia de Santa Cruz. Por aquél entonces, producto de una pésima gestión pública, se daba la anómala circunstancia de que YPF había llegado a ser la única empresa petrolera del mundo que arrojaba pérdidas. Adquirida por REPSOL, durante los últimos veinte años el grupo esencial del complejo energético argentino ha formado parte de la estrategia competitiva de las grandes multinacionales en el mundo globalizado hasta alcanzar una posición que la ha situado en uno de los primeros lugares del ranking empresarial dentro del sector. 


Lógica capitalista pura y dura, desarrollada en un marco de coexistencia no fácil entre la empresa, con una participación relevante, aunque minoritaria, de capital español, y el Estado argentino, pero que se ha mantenido, dentro del conocido juego del difícil equilibrio que siempre se produce entre una multinacional privada y el poder político, hasta que la presidenta Cristina Fernández ha decidido expropiar la fracción argentina de la compañía (de cuyas acciones Repsol posee el 57,4 %) sin los trámites a que obliga la legislación internacional, garantista para el Estado y para las empresas, de modo que las actuaciones llevadas a cabo por una u otra parte deben ajustarse a la jurisprudencia establecida que no excluye la nacionalización siempre que haya motivos justificados y se llegue a la liquidación mediante un justiprecio objetivo. Sin embargo, ha dejado intacto el paquete de acciones que, equivalente al 25,4 % del capital, posee el Grupo privado Petersen, perteneciente a la familia argentina Ezkenazi, amiga de los Kirchner, y que permanece en silencio ante la decisión adoptada.
Personalmente apoyo la idea de que los países sean dueños de sus recursos y se beneficien de ellos porque son materialmente suyos. Pero también, y cuando su utilización se adjudica a empresas privadas, sobre la base de acuerdos y compromisos basados en el respeto mutuo y en el trato justo, considero que la ley debe prevalecer encauzando, conforme al Derecho Internacional, todas las situaciones que se planteen. Es un contexto jurídico al que debe acogerse la empresa, pero que en modo alguno ha de plantearse por parte del Estado en el que la empresa afectada tiene su sede como una identificación plena con los intereses de aquélla, so pena, como puede ocurrir en el caso del gobierno español, de encontrarse con desaires e indiferencias no deseados. Otra cosa es el respaldo en pro del cumplimiento de la ley, pero nunca sobre la base de la defensa de una relación presentada de manera privilegiada.
Dicho esto, resulta muy cuestionable el procedimiento expropiatorio utilizado por Cristina Fernández, por dos razones, que tienen que ver con el contexto en el que la decisión se adopta: la primera, porque todo parece indicar que en ella juega un gran papel la presión ejercida por los gobernadores de las provincias en las que la compañía opera, y que en los últimos años han entorpecido la labor de Repsol en sus respectivos feudos de poder, a menudo con exigencias contradictorias; y, la segunda, porque, en el peculiar contexto de la política argentina, las conocidas soflamas peronistas encuentran en este tema un terreno bien abonado para consolidar el poder omnímodo de la Presidenta, enmascarar los costes de una pésima gestión de la economía (con tasas de inflación galopantes, que estadísticamente aparecen manipuladas a la baja, propio de un país escasamente fiable en este sentido), anular los movimientos de contestación hacia una forma despótica de ejercer el poder (a cuyo amparo se han producido el enriquecimiento sorprendente de la familia Kirchner y una lucha implacable contra la libertad de expresión), exacerbar demagógicamente el sentimiento nacionalista, coincidiendo además con el aniversario de la derrota de las Malvinas, y dar satisfacción a las camarillas y tupidas redes clientelares que controlan el aparato del Estado, y que tanto daño han hecho a la imagen exterior del país. Entre los argumentos esgrimidos se alude también a los impactos ambientales provocados por las explotaciones "hidrocarburíferas" de Repsol. El argumento es cínico hasta el extremo, sobre todo cuando se analizan los enormes destrozos ecológicos provocados por las economías mineras, y que son de una extrema gravedad y generalización sin que hasta la fecha nadie de la Casa Rosada haya dicho nada al respecto. A lo cual habría que añadir las numerosas tergiversaciones detectadas en la información que en el Decreto se denuncian sobre los motivos que tratan de justificar la incautación. 

El hecho de que el reparto de la masa accionarial de la empresa expropiada se distribuya, casi a partes iguales, entre el Estado central y los gobiernos provinciales, creando así un escenario proclive a la confrontación de intereses, aporta un elemento de juicio sobre el tipo de componendas que marcan los ejes de la política argentina, agudamente analizada por el escritor bonaerense Marcos Aguinis en sus reflexiones sobre “el atroz encanto de ser argentinos”, y que conviene leer para darse cuenta de cómo se hacen las cosas en ese país, difícil de entender con los criterios a los que habitualmente estamos acostumbrados. Tras haber leído las obras que Aguinis dedica a la historia argentina, recurro al título de algunas de sus más representativas para enunciar esta entrada.  


Por otro lado, no parece desacertada la idea de entender este suceso en el marco de una cierta desafección hacia la Unión Europea, sumida en una profunda crisis y no suficientemente cohesionada para dar una respuesta unánime ante un problema que muchos entienden de carácter bilateral. Y, desde luego, no tardaremos en percatarnos de hacia dónde se encamina la medida llevada a cabo, sin olvidarnos, como afirma el venezolano Moisés Naïm, que "Argentina tiene una larga, conocida y triste historia de nacionalizaciones que solo trajeron pérdidas, corrupción y miseria". Puesta a prueba - y de qué manera y a cortísimo plazo - la capacidad del gobierno argentino para gestionar sus recursos petrolíferos en un panorama tan complicado - técnica, económica y financieramente- como el actual, pueden ocurrir tres cosas: o bien conseguir que la operación sea un éxito, lo que no dejaría de ser llamativo, y sin duda encomiable, teniendo en cuenta el nada halagüeño balance que ofrece en Argentina la gestión de lo público; o bien culmine en el fracaso, que personalmente lamentaría, aunque de ningún modo es una opción descartable; o que, a la postre, y en un escenario apremiado por la necesidad de que las cosas funcionen, el patrimonio acumulado por YPF-Repsol acabe formando parte de los activos de otro grupo privado extranjero, en cuyo caso no sorprendería la aparición en escena de algún conglomerado empresarial radicado en Asia (¿y porqué no en otro lugar de Europa? ¿y porqué no en Rusia?) habida cuenta del sesgo proasiático que desde hace algún tiempo están mostrando muchos países del mundo latinoamericano.

29 de diciembre de 2011

¿Otro discurso es posible?

Estamos dominados por un discurso dominante y reiterativo que no hace sino sumirnos en la desesperanza y en la falta de perspectivas diferentes. Se ha acabado imponiendo una especie de dogma inapelable que hay que seguir al pie de la letra so pena de caer en el abismo. El problema es que, cuando nos acercamos a la realidad, observamos a las personas que nos rodean y captamos con la atención debida lo que sucede en el día a día, la sensación es que ante un escenario marcado por el abatimiento no todos los que forman parte de él lo sufren con la misma intensidad.

En este panorama de redundancias y simplificaciones, de sumisión y de falta total de sentido crítico desde las esferas de la decisión pública, se acentúan los contrastes, los desequilibrios tienden a crecer, la indefensión se generaliza, mientras la emergencia imparable y soberbia de unos pocos ofrece un contrapunto al debilitamiento incesante de la mayoría. Frente a situaciones privilegiadas que permanecen incólumes, alimentándose incluso de los despojos de la crisis, afloran y se expanden otras que agravan aún más los estigmas abrumadores de la desigualdad. A la postre, y en un ambiente de resignación autoimpuesta, sobreviene el desencanto mayoritario ante la ausencia de reflexiones que orienten la mirada en la dirección capaz de suscitar siquiera un mínimo de confianza y de expectativas alentadoras. Sobre todo cuando se comprueba que las medidas que se adoptan son las que han conducido a la depresión y que jamás el recorte del gasto, particularmente incisivo en variables esenciales de los derechos básicos, ha permitido recuperar los dinamismos perdidos. Es "la unión del rigor y del dolor a los socios de la moneda única", como la ha definido Lluis Bassets o "la unión de la inestabilidad y el estancamiento", en palabras de Martin Wolf, en el Financial Times del 4 de diciembre, contrariamente a la calificada por Sarkozy como "la unión de la estabilidad y el crecimiento". Es. en fin, el círculo vicioso que nos sumerge en el torbellino de la desolación, la injusticia y los horizontes sombríos.

De ahí emana la pregunta ineludible: ¿es preciso alumbrar otro tipo de discurso? ¿Tan fuertes y contundentes son los mecanismos dogmáticos en los que se basan las reglas del juego dominante para que se cierren los resquicios que permitirían entender de otro modo la realidad, la gestión de los recursos y el trabajo? ¿Cómo salir de ese círculo vicioso en el que cada vez estamos más inmersos – recortes masivos y merma del poder adquisitivo, retracción de la demanda, descenso de la producción, aumento del desempleo.... disminución de la capacidad de compra, etc. etc. etc. – y que inexorablemente conduce, por paradójico que parezca, al agravamiento de los contradicciones del propio sistema que aplica esas terapias selectivamente restrictivas como salida a la crisis por él mismo provocada? Por todo ello, ¿qué valor asignar a argumentos como los que se esgrimen en esta intervención?


10 de diciembre de 2011

La victoria inequívoca de "los mercados"


¿Realmente nos hemos sorprendido de la actitud británica respecto a su negativa a suscribir el acuerdo de disciplina presupuestaria adoptado por el Consejo Europeo? Estaba cantado por varias razones: porque el Reino Unido siempre ha tenido una postura renuente a la plena integración del espacio comunitario (que siempre ha entendido más como un mercado común que como unión económica y política), porque nunca ha querido vincular su economía a los controles y vigilancia que implica la moneda única y porque la disciplina a que obliga el citado compromiso - déficit estructural no superior al 0,5 % del PIB, y con reconocimiento constitucional - es para ellos inasumible. Por eso, la reflexión a que conduce la decisión británica nos lleva a una conclusión ambivalente, ya que si, por un lado, quedan claras las distancias marcadas respecto al proyecto europeo y la estrategia de insolidaridad, egoísmo y desafección que ello representa, no es menos cierto que también suscita una cierta envidia, ya que no se va a ver acogotado por la disciplina feroz que se impone a los demás, entre ellos a España, a los que el acuerdo va a suponer recortes terribles mientras Gran Bretaña puede permitirse el lujo, exonerada de la obligación del déficit, de ser más generosa con sus ciudadanos y con las prestaciones sociales, que, en cambio, serán sensiblemente cercenadas en los demás. La victoria abrumadora de Merkel y de su modelo de Unión - lo que Josep Ramoneda ha denominado el "protectorado alemán" - no ha de llevarnos a aplaudirla por el mero hecho de que los británicos no hayan decidido secundarla.

En cualquier caso, lo que revela este acuerdo es la sumisión completa a los criterios e intereses de los bancos alemanes y franceses que, traumatizados por el impacto que les ha producido la crisis griega y en general los problemas asociados a la magnitud de la deuda soberana, han presionado a Merkel y Sarkozy para que les saquen las castañas del fuego imponiendo a los gobiernos europeos una disciplina presupuestaria socialmente atroz sin contrapartida alguna, ya que lo de los eurobonos ha quedado en suspenso y a nada se obliga al Banco Central Europeo, más allá de la vaguedad e imprecisión de sus promesas. Bajo estas coordenadas, las perspectivas de crecimiento aparecen remotas y relegadas a un proceso de ajuste sin fin, que sin duda agravará aún más la desigualdad. Y es que en el fondo todo se resuelve en una lucha de intereses financieros - de eso que se identifica genérica y eufemísticamente mente con “los mercados”- que se superponen a los de los Estados, y que en cierto modo explican también el desmarque de la City de Londres, a la que, como explicación de lo sucedido y con particular énfasis crítico, se acusa de la espantada de Cameron, como si el duumvirato que gobierna la Unión Europea no participase del mismo enfoque en lo que atañe a los intereses que defiende y preconiza.

Y, lo que no es menos grave, todo ello en un contexto de debilitamiento democrático, ya que solo tres países (Suecia, Hungria y República Checa) van a someter la cuestión a sus Parlamentos - un gesto elemental de deferencia democrática - mientras observamos que por parte de los demás no hay disposición alguna en ese sentido y asistimos impávidos al desprecio solemne hacia el Parlamento Europeo que ostensiblemente ha brillado por su ausencia en todo este proceso. Como si no existiera, nadie lo ha mencionado. Sin tampoco olvidar el escasísimo margen de atención prestada a la labor de la Comisión, que ha aparecido totalmente ninguneada. La imagen de Van Rompuy, Barroso y Ashton, fantasmas silentes en una ceremonia rígidamente prediseñada, no se ha asemejado siquiera a la de los convidados de piedra.

5 de septiembre de 2011

¿Utopía o posibilidad? ¿Otra economía es posible?


Es evidente que la crisis, con la complejidad, diversidad y magnitud de sus causas e implicaciones, está sometiendo a la Economía a una profunda revisión. Posiblemente sea ésta, dentro de las Ciencias Sociales, la disciplina que en mayor medida se encuentra en el punto de mira de la crítica, tan fuerte como justificada. Los modelos utilizados se han mostrado incapaces de anticipar la catástrofe y, menos aún, de afrontar sus consecuencias. Después de tres años pavorosos, en los que los cimientos del Estado de Bienestar han quedado irreversiblemente condicionados, tras infinitas reuniones de los G-7, los G-8, los G-20, y los encuentros de Davos, los procesos observados tienden a la desestabilización de los mecanismos esenciales del sistema mientras su efecto más pernicioso – el paro – aumenta sin cesar y afloran en el mundo de las relaciones humanas los comportamientos que, ligados a la discriminación, a la xenofobia y a la involución excluyente, demuestran que las grandes conquistas sociales que creiamos consolidadas se resquebrajan en medio de una sensación, cada vez más generalizada, de “sálvese quien pueda”.
Urgen voces nuevas, la sociedad exige nuevos discursos mientras repele los viejos paradigmas que han contribuido al desbarajuste en el que nos encontramos. En este contexto, si la indignación política es necesaria, por más que sus debeladores demuestren al criticarla su ineptitud para entender lo que está pasando, parecen pertinentes los argumentos que preconizan otro modo de entender la economía, que sigue siendo la verdadera pieza vertebradora de las dinámicas sociales y la razón esencial de que la política fluctúe entre la solidaridad y la ruptura de los mecanismos de cohesión, garantes de la paz social. Merece la pena, por tanto, atender a los escritos de pensadores que apuntan en una dirección que muestra otra perspectiva más alentadora e ilusionante, más sensible con la sociedad, más respetuosa con el entorno.
Frente al esquematismo reduccionista de los modelos perfectos pero ineficaces a la hora de afrontar los problemas, se impone la dimensión reflexiva que invita a plantear las cosas de otra manera. ¿Utopía o posibilidad? En cualquier caso, textos como el de Jeffrey Sachs sobre "La economía de la felicidad" llegan a tiempo para orientar las ideas en un sentido ilusionante y recuperar la confianza perdida en quienes cultivan la ciencia económica. ¿Porqué invalidar el pensamiento de Sachs, que en 2009 lo obtuvo, frente a otros Premios Nobel de Economía, pontífices del neoliberalismo que nos ha llevado a ese túnel de larguísimo recorrido en el que nos encontramos y al que no se ve salida mientras se siga recurriendo a los axiomas que se han convertido en viejos en cuanto la realidad ha puesto al descubierto su incapacidad para lograr un mundo mejor?

20 de mayo de 2010

Si hemos llegado a esta situación, ¿dónde están los responsables?, ¿dónde las previsiones?


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Se supone que la Unión Europea es un organismo serio, con dilatada experiencia y dotado de instrumentos capaces de advertir tanto de perspectivas como de riesgos. Con más de medio siglo de historia, cabría pensar que, con lo que ha llovido a lo largo de este tiempo y con lo mucho que ha pasado, las lecciones estarían aprendidas hasta el punto de que cualquier contingencia, por arriesgada fuera, podría ser afrontada con las herramientas que aporta la experiencia y esa voluntad de coordinación entre los Estados que se encuentra en la base de su misma razón de ser.

Acta Única, Tratado de Maastricht, Tratado de Amsterdam, Agenda de Lisboa, Agenda de Goteborg, Pacto de Estabilidad Económica, Moneda Única Tratado de Lisboa.... toda una retahíla de referencias claves emergen en la memoria para traer a colación lo que han significado unas reglas de juego que nos hacían presagiar que pronto íbamos a estar en el mejor de los mundos. Durante años he explicado en mis clases aspectos esenciales de la construcción europea, transmitiendo un mensaje de confianza que, no exento de crítica y cautela, trataba de subrayar lo mucho que se ha hecho para que un continente lacerado por las guerras acabase siendo un espacio de paz, un ámbito de desarrollo y bienestar, y, por supuesto también, una gran potencia en el mundo. Sabíamos que como estructura política dejaba mucho que desear, pero compensábamos esta frustración con el convencimiento de que, al menos, como entidad económica y como soporte de un modelo social solidario, su fortaleza estaba garantizada.

Sin embargo, de pronto todas esas sensaciones, esas certezas y confianzas , esa imagen de seguridad, se han visto desbaratadas. La crisis - esa crisis de cuya magnitud no nos hacemos idea todavía, esa crisis que responde a motivaciones mucho más complejas y brutales de las que nos habíamos imaginado, esa crisis que nos lleva a cuestionar los falsos mitos de la globalización, que se revela con su rostro más despiadado – ha puesto en evidencia las debilidades e inconsistencias del edificio europeo y revelado hasta qué punto los países que, como España, Portugal, Grecia e Irlanda, apenas habían comenzado a consolidar los cimientos como Estados de bienestar, se encuentran en el punto de mira de todas las descalificaciones mientras se ven sometidos a políticas de ajuste implacables, con una mella tremenda en los sectores que menor responsabilidad han tenido en el origen del desbarajuste.

Y así, mientras los postulados socialdemócratas se desvanecen en medio de la mala conciencia que provoca la dejación de sus principios básicos, los ciudadanos asistimos atónitos a un horizonte de incertidumbres mientras formulamos algunas cuestiones elementales, sin tener la esperanza de que puedan ser respondidas, al menos con la sinceridad y la honestidad que desearíamos:


Inevitablemente flotan en el ambiente varias preguntas, que vagarán en el aire sin respuesta:

¿por qué no nos han advertido de las tendencias críticas?

¿por qué no se han vigilado los comportamientos especulativos?

¿por qué no se han adoptado a tiempo las medidas destinadas a evitar el alto coste social que finalmente han acabado teniendo?

¿por qué no se ha informado a la sociedad?

¿por qué?, ¿por qué?.......


3 de octubre de 2009

Si el poder cede ante los poderosos, ¿dónde está el poder?



No voy a analizar aquí las medidas económicas de carácter fiscal que acaba de adoptar el Gobierno español para hacer frente a los enormes costos impuestos por la crisis. Las valoraciones que se han hecho sobre ellas son coincidentes – desde la izquierda y desde la derecha – en señalar que van a hacer mella sobre las rentas medias y modestas, dada la importancia asignada a la presión fiscal indirecta por incremento del IVA. Lo que sorprende es que se hayan orientado las decisiones en este sentido después de mantener un discurso grandilocuente por parte del Sr. Rodríguez Zapatero contra los “poderosos”. En tono airado y con la gravedad que en las ocasiones críticas imprime a sus palabras el presidente del Gobierno español ha criticado “la falta de sensibilidad y la poca visión de país de los poderosos ante la crisis económica, por mantener prioridades que no coinciden con las del Gobierno, que es mantener la protección social y garantizar los derechos de los trabajadores”.

Confieso que el término me llamó la atención: los poderosos. Como tales habría que entender a los que ostentan el poder, a los que mandan, a los que con sus decisiones orientan la vida de los que no poseen dichos atributos. La palabra es precisa y vaga a la vez. Significa lo que significa, pero queda sumida en el terreno de lo ambiguo cuando no se concreta de quienes se trata. ¿Son los empresarios insensibles, los banqueros codiciosos, los especuladores sin freno, los poseedores de grandes patrimonios, los aristócratas de renombrado linaje, los que evaden capitales impunemente?. ¿Son todos estos o, dentro de ellos, habría que especificar quienes revisten más responsabilidad o merecen una crítica más contundente y reprobadora?.

Cuando leí esas declaraciones tan genéricas me vinieron a la mente aquellos versos de Rafael Alberti (Nocturno), que dicen “las palabras entonces no sirven, son palabras / manifiestos, artículos, comentarios, discursos, / humaredas perdidas, neblinas estampadas, /qué dolor de papeles que ha de barrer el viento”. Es decir, las palabras no sirven cuando sólo son palabras.

Y son solo palabras cuando los hechos no se corresponden con lo que se quiere decir con ellas. Pruebas hay sobradas de que quienes más tienen disfrutan de un poder que se mantiene incólume. Sueldos que se incrementan sin rubor, jubilaciones anticipadas con gabelas muchas veces millonarias, fondos dinerarios que mantienen un tratamiento de privilegio frente a las obligaciones tributarias del común de los ciudadanos, actitudes proclives al fraude fiscal que no se combate como se debiera. Arrogantes gabelas protegidas del huracán que a la gran mayoría asuela en medio de una crisis que se antoja prolongada. ¿Dónde están las medidas que reflejen esa postura firme ante formas de poder tan insolidarias?.
El discurso deja de ser idealista para convertirse en artimaña falaz cuando se suben las cargas a las clases medias y bajas mientras se repite que serán los ricos los que más paguen. Alguien tan poderoso en la política como Don José Blanco, ministro y hombre de peso en el partido gobernante, señaló, al enterarse de la pensión de 3 millones de euros asignada impúdicamente al consejero delegado del BBVA, que “debería tener una fiscalidad mayor”. De nuevo, las palabras. “¿Debería tener o tendrá?”. No hay matices frente a una disyuntiva tan clara. De los deseos a la realidad solo existe la delgada línea que separa el poder ficticio del poder real.

3 de junio de 2009

Viviendas a cien dólares o el impacto de la crisis en el mundo del desarrollo




No hay en el mundo desarrollado una imagen que evidencie con tanta expresividad la magnitud y las dimensiones de la crisis. No ha de encontrarse en Europa o en Japón, sino en Estados Unidos, el símbolo del progreso, la quintaesencia de la innovación tecnológica, la manifestación del capitalismo más avanzado y en toda su plenitud. Me viene de pronto a la memoria aquel poema tremendo de Blas de Otero, que dice:


Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,

en tornos de cristal, ante la muerte.

Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.
Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos
Y también
por ti.
(Aquí
no se salva ni dios. Lo asesinaron.)


Si Estados Unidos no se salva, ¿qué seguridad nos queda a los demás?. Un pais afectado con dureza aunque, dentro de él, es concretamente en Detroit donde la realidad ofrece en nuestros días su cara más dramática e incluso estremecedora. Es algo que sucede y que no se puede ignorar. Y precisamente en una de las ciudades más representativas en la historia de la industrialización contemporánea. La ciudad que ejemplifica, como ninguna otra, la trayectoria de ese producto emblemático de la capacidad tecnológica y del desarrollo en el siglo XX como es el automóvil.
En ella se diseñó el primer prototipo, de la mano de la casa Ford, en ella se implantó el sistema de trabajo en cadena, que Chaplin describió tan descarnadamente en Tiempos Modernos, y en ella, en fin, nacieron y se consolidaron las grandes firmas de la automoción, capaces de dar trabajo a millares de personas, cuyo poder adquisitivo causaba envidia en el resto de los sectores, formando una especie de categoría social que bien pronto se singularizaría por su espíritu corporativo y su orgullo profesional, indisolublemente asociado al prestigio y al renombre de la empresa. Era la ciudad donde confluían las tres grandes (como las Big Three se las ha conocido siempre) de la fabricación automovilística mundial: General Motors, Chrysler y Ford. En los años setenta del siglo pasado daban empleo, directa e indirectamente, a casi 200.000 personas y de ellas salían cada año un millón de vehículos. Una escala espectacular, una potencia industrial que parecía imbatible.

Hoy todo eso se ha venido abajo o, cuando menos, se tambalea en medio de una zozobra alarmante, que altera por completo la estructura que tan sólida parecía, derivando en una crisis económica y social de envergadura desconocida. La sensación de crisis se extiende imparable, la producción desciende a niveles insostenibles, los despidos se cuentan por decenas de millares, los beneficios decaen hasta lo insospechado, obligando a intervenciones masivas de capital público, que contravienen los principios del liberalismo hasta ahora incontrovertido. Entre tanto, la sociedad se desestabiliza y acusa los peores efectos de la insolidaridad y el sálvese quien pueda. Rodada en Detroit, la película Gran Torino, dirigida por Clint Eastwood, siempre de bueno entre los más buenos, representa una aproximación matizada a la tragedia que se respira y agobia en la histórica metrópoli industrial del Estado de Michigan.

Son muchos los aspectos que reflejan la crisis traumática de un modelo de crecimiento, que, si no ha tocado a su fin, sí se halla expuesto a una profunda revisión. Entre ellos, el más llamativo es la desvalorización de los bienes inmobiliarios. La ruina ha llegado a un sector asociado a los momentos más expansivos de una demanda floreciente, que ha dejado de existir. En su edición de 7 de Marzo de 2009, el New York Times, poco sospechoso de sensacionalismo, aludía al descenso vertiginoso del valor de la vivienda, pues no era infrecuente encontrar, “en sectores correctos”, como decía el periódico, viviendas que no superaban los 100 dólares (72 euros) en el mercado. Precios que tampoco son infrecuentes en Cleveland o Baltimore, víctimas de una situación similar. Todo ello se inscribe, en fin, en un contexto de decadencia ostensible, que hace mella atroz sobre un riquísimo patrimonio arquitectónico, que, abandonado a su suerte, testimonia con tintes dramáticos, y con imágenes que sobrecogen, el fin de una etapa que nadie sabe si volverá de nuev0.


Imágenes: Arriba: Logotipo de General Motors en la sede central en Detroit; Abajo: Situación en que se encuentra el impresionante Spanish Gothic Theater, construido en 1928, en plena prosperidad, y actualmente abandonado.

12 de mayo de 2009

Su reino sí es de este mundo


¿Cuáles son los criterios que deben primar a la hora de establecer la remuneración justa del trabajo?, ¿en qué principios, de calidad, eficiencia o utilidad social se apoya el salario que una persona recibe como compensación a su esfuerzo?. Preguntas varias de este tenor podrían hacerse para tratar de encontrar una justificación convincente a las astronómicas diferencias que separan las retribuciones percibidas por unos y otros en un mercado laboral regido por distintas varas de medir respecto a lo que cada cual merece.


La Comisión Nacional del Mercado de Valores ha dado a conocer los datos proporcionados por las grandes empresas españolas sobre los sueldos que perciben sus ejecutivos. Que nadie vea en ellos eximios científicos, personas afanadas en la búsqueda de un mundo mejor o talentos conspicuos acreedores al mayor de los merecimientos económicos por razones del esfuerzo realizado. No. Su mérito consiste simplemente en ser directivos de empresas que forman parte de los Consejos de Administración, donde el corporativismo y la ley en defensa de la propia casa – “pro domo sua”, que diría el gran Cornelivs- priman por encima de cualquier otra consideración.


El salario mínimo interprofesional en España está fijado, en 2009, en 624 euros mensuales, sin que pueda ser inferior a los 8.736 euros anuales. Son cifras mínimas, por debajo lógicamente de la retribución media que actualmente se sitúa en 20.438 euros al año. Las medias encubren, como es sabido, disparidades notables, pero son un indicador que ayuda a entender por dónde va mayoritariamente el poder adquisitivo del ciudadano que reside en el país que vio nacer, entre otros grandes genios, a Antonio Machado, o José Luis Sanpedro o Maria Zambrano, por citar al tipo de personas a las que admiro.


Nada que ver esta cifra con la que engrosa las cuentas corrientes de los que la fortuna ha llevado a formar parte de los staffs ejecutivos de las macrocorporaciones. Los 562 personajes que ocupan puestos de privilegio en las firmas que cotizan en el índice selectivo de la Bolsa de Madrid se embolsan cada año 915.000 euros de media, casi 45 veces el salario standard percibido por los españoles. Una bagatela si nos remitimos a lo que percibe el Consejero delegado del Banco de Santander (9,3 millones y otros 12 para incremento de su fondo de pensiones), el presidente del BBVA (5,7 millones y 11, 2 para pensiones) o el presidente de la eléctrica Iberdrola (6,5 millones, más 10,23 “por consecución de objetivos de planes estratégicos plurianuales y situaciones excepcionales y puntuales”).


¿Dónde esta la crisis?, se plantean estos próceres y nos planteamos todos. La crisis sobrevuela sobre las cabezas y los bolsillos de las personas, crea incertidumbres, desasosiegos y preocupaciones sin límite. Pero, cuidado, la crisis es selectiva, discrimina, jerarquiza, situa en diferentes niveles de gravedad a unos y otros, provoca embargos que no son generalizados. Los más se recatan ante ese escenario y procuran sobrevivir. Los menos, los privilegiados, los que se resisten a dar créditos, los que vez con desconfianza a quien deja de pagar la hipoteca, los que recelan del antiguo cliente, otrora amigo cuando disponía de liquidez y hoy cliente a secas cuando carece de ella, … esos ni se inmutan, pues sus sinecuras y estipendios no sólo no corren riesgo alguno sino que se incrementan sin rubor.


Y es que conscientes , en fin, de que su reino sí es de este mundo, piensan que en circunstancias como las que vivimos no vale otra actitud que la de afirmar que el que venga atrás que arree, y que a quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga. Faltaría más.

12 de diciembre de 2008

Movilización social por el empleo: “a la calle que ya es hora ….”


Vivo en una ciudad que está asustada. Muy asustada. Contempla con inquietud y mucha preocupación los efectos que la crisis industrial provoca cuando las expectativas se tornan sombrías y el horizonte de posibilidades se desdibuja ante la falta de una política clara que despeje las dudas y permita recuperar la confianza en el futuro.


La historia reciente de nuestro país está repleta de experiencias similares. Recordemos las movilizaciones en Sagunto, en Ferrol, en Vigo, en Gijón, en Puerto Real, en Linares, en Barcelona….. Una historia jalonada desde mediados de los ochenta por las amenazas del desmantelamiento de empresas emblemáticas, generadoras de empleo numeroso y verdaderos catalizadores de la vida social, que hacía de la fábrica “de toda la vida” el asidero de la seguridad para los de hoy y los de mañana. El presente de los padres era entendido siempre como la garantía del futuro de los hijos.


No es fácil entender para quien lo ve desde fuera la tragedia sentida y cotidiana de los de dentro. La sensibilidad es enteca cuando no se está al pie del cañón y la supervivencia no depende del puesto de trabajo que está en peligro para los demás. A veces, sin embargo, y cuando se percibe que las implicaciones son mayores que las que se temía, las solidaridades con los afectados afloran con fuerza y se traducen en mensajes compartidos al tomar conciencia de lo que supone ver a personas jóvenes, no tan jóvenes y siempre curtidas en el trabajo pasar “los lunes al sol”.


Valladolid, la ciudad atravesada por el Pisuerga, donde nacieron José Zorrilla, Jorge Guillén, Rosa Chacel, Antonio García Quintana y Miguel Delibes, donde murió Cristóbal Colón y donde el cielo se junta con la tierra en un paisaje de llanuras y de ríos que impresiona por su magnitud y belleza, vive asustada por las preocupantes perspectivas de la factoría automovilística a la que debe en buena medida su imagen y su personalidad, económica y social, contemporáneas. Miles de puestos de trabajo se encuentran en el alero, cuando se analiza qué pasará en el año en el que sus principales instalaciones estarán paradas durante casi la mitad de los días laborales.


Me he sumado a la Manifestación que el sábado 13 de Diciembre ha recorrido las calles centrales de la ciudad, codo con codo con los trabajadores, con los técnicos, con los políticos, con las gentes que han acudiso para testimoniar su preocupación, reclamar una respuesta, plantear la necesidad de opciones de futuro, sentir que lo que les pasa a los que lo pasan mal también nos pasa a todos. No he sabido calcular, pero habia mucha gente (25.000 según los organizadores, 8.000 para la Policía local), personas del tajo y cuadros de la empresa, currantes de otros sectores y grupos ajenos al problema mas sensibles y solidarios con él. Ha hecho muchísimo frío, la humedad, caida durante toda la tarde, helaba los huesos y dificultaba la marcha. Pero todo ha transcurrido sin incidentes.


Ha sido un dia importante en la historia de Valladolid y de las luchas que en España se están llevando a cabo contra la desindustrialización y la pérdida masiva de puestos de trabajo. No ha habido gritos ni slogans. Tampoco risas y jaranas, porque nada invitaba a la fiesta. Todo se limitaba a conversaciones en pequeños grupos, comentarios en voz baja, llamamientos esporádicos a la unidad. Conciencia clara de lo que se está viviendo y de lo que les espera. Conciencia de que circunstancias como éstas invitan... a la calle, que ya es hora de pasearnos a cuerpo, y pensar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo…..” ¿Quién no recuerda este espléndido poema de Gabriel Celaya, interpretado por Paco Ibáñez y que nos sirvió a los de mi generación para sentir que España estaba cambiando cuando todo nos parecía sombrío y gris?.

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