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5 de febrero de 2021

¿Cómo adecuar estos espacios al mundo postcovid?

 


Calle del Dr. Barraquer, uno de los oftalmólogos más prestigiosos de España. Un cuidador de los ojos y de la mirada. Se sorprendería si viera que Valladolid le dedicó esta calle. Pero, qué urbanismo es éste? Qué concepto de la calidad de vida tuvieron quienes lo autorizaron y diseñaron? No existe el sol ni el aire que lo vivifique. Cómo adecuar estos espacios al mundo postcovid?

11 de abril de 2009

La Ley de la Dependencia en España….. ¿como la falsa moneda?



La atención y el cuidado a las personas dependientes constituyen el cuarto pilar del Estado de Bienestar, junto a los servicios educativos, la sanidad y las pensiones a los jubilados. Su importancia, pues, es incuestionable a la par que creciente, habida cuenta de que el número de usuarios aumenta y se impone la necesidad de mitigar los altísimos costes personales y económicos que derivan de la asistencia a quienes se encuentran impedidos para valerse por sí mismos.

Más de dos años han transcurrido desde que a finales de 2006 se puso en marcha en España la llamada Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, una gran iniciativa del Gobierno socialista. de las que mejor identificaron el alcance del primer mandato de Don José Luis Rodriguez Zapatero. Promovida por el entonces ministro de Trabajo, Don Jesús Caldera, cuya salida del Gobierno siempre me pareció desacertada, la aplicación de una Ley tan ansiada como necesaria ha tenido más sombras que luces. Aquejada de limitaciones financieras evidentes, ha tropezado también con la inoperancia de las Comunidades autónomas, especialmente de algunas gobernadas por el partido de la oposición, que incomprensiblemente la han utilizado más como arma contra el gobierno que como instrumento al servicio de unos ciudadanos, que la reclaman con insistencia frente a situaciones que con frecuencia rozan lo dramático.

No es tampoco marginal la razón que explica estas limitaciones en virtud de un modelo de gestión caracterizado por los bandazos en la responsabilidad encargada del desarrollo de la Ley. Asignada inicialmente al Ministerio de Trabajo, pasó después a formar parte, sin una justificación clara y menos aún convincente, de las competencias otorgadas al Ministerio de Educación, culminando finalmente con su traspaso al Ministerio de Sanidad en la última remodelación del Gobierno. Un baile de atribuciones que sólo ha traido confusión y ralentización de un proceso, que debiera haber sido mucho más ágil y efectivo. Parece que nos encontráramos ante esa falsa moneda, “que de mano en mano va, y ninguno se la queda, parafraseando aquella copla desgarrada de hace muchísimos años.

Creo que se ha actuado con demasiada frivolidad en un asunto de tanta trascendencia. Las variaciones estratégicas acometidas al respecto por el Sr. Rodríguez Zapatero no han estado a la altura de las circunstancias, lo que resulta lamentable si se considera la ilusión con que fue recibida la ley y las esperanzas que tantos españoles pusieron, y siguen poniendo, en ella. No se puede experimentar al albur con algo así. A la postre, y de momento, será el Ministerio de Sanidad el que tome las riendas del tema, una vez encomendada la tarea a Doña Trinidad Jiménez, nueva ministra del ramo. Deseémosle toda la suerte del mundo, acompañada de un voto de confianza y, por supuesto, del beneficio de la duda. Pero qué quieren que les diga. No las tengo todas conmigo.

Salvo el papel clave que, al parecer, tuvo Jiménez en la promoción política del Sr. Rodríguez Zapatero, del resto de su gestión pública poco reseñable cabe destacar. Ni como fugaz concejala y portavoz de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid ni como Secretaria de Estado para Iberoamérica el balance ofrecido es como para tirar cohetes. Por razones de coherencia y eficacia, sigo pensando que el desarrollo de la Ley de la Dependencia debiera haber sido acometido desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, y desde su promulgación, por quien la promovió, es decir, Don Jesús Caldera y Sánchez-Capitán, retirado del Gobierno y sumido en un ámbito de responsabilidad del que apenas se sabe nada y, desde luego, muy por debajo de sus capacidades, como ya he señalado varias veces en este blog. “Raisons de la politique”, que diría el general Charles De Gaulle.

Imagen: Ancianos tomando el sol en Toro (Zamora)


2 de abril de 2009

De cuando los Ayuntamientos democráticos nacieron, hace treinta años, en España



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Con razón se afirma que la democracia adquiere a nivel local su grado de expresión más claro y convincente. Los ciudadanos perciben a los Ayuntamientos como las instituciones más cercanas, más ligadas a sus intereses, las que les atienden – o debieran atenderlos – en algo tan fundamental como es la calidad de la vida cotidiana. Por esa razón no carece de importancia la celebración del trigésimo aniversario de las elecciones que dieron lugar a las primeras Corporaciones Municipales Democráticas tras la “larga noche de piedra” como definió el insigne poeta gallego Celso Emilio Ferreiro a la dictadura franquista.


Recuerdo perfectamente el ambiente de entusiasmo con que la sociedad española tomó parte en aquel acontecimiento, acudiendo a las urnas un brumoso sábado del 3 de Abril de 1979. Las calles estaban repletas de cartelería de todos los colores y rostros que uno quepa imaginar. Los slógans incitaban a la broma y favorecían los comentarios en pro y contra de una ristra de candidatos, donde lo más llamativo era la contraposición entre el discurso suficiente y engolado del candidato que trataba de mantener las esencias y el momio de los que hasta entonces habían ocupado la poltrona municipal y los nuevos políticos que se incorporaban a las lides democráticas con enorme bisoñez y no sin cierto pudor, sin creerse mucho todavía que aquellos edificios solemnes que durante tantos años les habían resultado inaccesibles y cerrados iban, al fin, a abrir sus puertas a los vientos entusiastas, renovados y críticos de la calle.


Y ocurrió. Vaya si ocurrió. Si las elecciones municipales de 1931 arrumbaron una Monarquía insostenible para impulsar la llegada entusiasta de la Segunda República, las de 1979 sirvieron para afianzar la idea de que la democracia se iba consolidando y que los pasos hacia la normalización de la vida política eran firmes y seguros, conscientes de que la cultura del pacto que se inició para configurar las mayorías en muchísimos Ayuntamientos ponía a prueba la solidez de las convicciones y la seguridad de que sólo así se podría afianzar el espacio público de libertad. Ese espacio que, por fortuna, logró sobrevivir y fortalecerse tras la asonada militar del 23 de Febrero de 1981, cuando los estertores de la política vieja y represiva auspiciada por el dictador durante cuarenta años quedaron barridos para siempre.

Optimismo, confianza e ilusión. Tales eran los ingredientes con que nacieron los nuevos Ayuntamientos en España hace treinta años. No es fácil hacer una valoración de lo que significó la democratización en un conjunto tan numeroso y heterogéneo. Mas de lo que no cabe duda es de que en sus inicios la andadura municipal estuvo marcada por el esfuerzo, por el afán de renovación y mejora de los servicios públicos, por la modernización de la administración local y por una ejecutoria regida por los principios de la honradez en la gestión de lo público. Se entendió con claridad que una nueva etapa empezaba y que las prácticas heredadas de un régimen liberticida y corrupto debían ser sustituidas por la transparencia, el contacto con la sociedad, la protección del patrimonio hasta entonces maltratado y la participación ciudadana. Sí, defiendo el recuerdo de aquella época y de aquellas primeras administraciones municipales, aunque tampoco ignore los errores cometidos, de los que con mucha frecuencia se pedían disculpas.


Sin embargo, creo que la evolución ulterior del municipalismo en España deja mucho que desear. A mi juicio, la década de los noventa supone un momento de inflexión en esa imagen valorativa con la que cabe interpretar la experiencia comenzada en 1979. Tantas cosas han cambiado, tantos hábitos y actitudes han sufrido el deterioro del tiempo y del propio empobrecimiento de la democracia, que cuando se analiza el tema las luces iniciales se difuminan ante las sombras que posteriormente dominan el horizonte, y de las que hablaré en otra ocasión.


Imagen: Ayuntamiento de Pajares de Adaja (Avila)

6 de enero de 2009

Espacios transformados (Introducción): Evitemos la fugacidad del tiempo



La idea del tiempo cambia con la edad. La ansiedad de asirlo cuando nos resulta demasiado fugaz y acelerado provoca la sensación de que ya no se controla el paso de los días como cuando en la infancia o en la juventud percibíamos que todo transcurría mucho más despacio. Cuando ahora volvemos la vista atrás somos conscientes de que en nuestro camino hemos dejado muchas huellas que no se volverán a pisar. Para bien o para mal son las que marcan nuestro paso por la vida, nos revelan en el recuerdo lo que hemos hecho o dejado de hacer, las decisiones correctas, los errores cometidos, las esperanzas frustradas, las satisfacciones ganadas a pulso o por el azar. Todo un balance de experiencias y vivencias se acumula en la memoria, que ésta trata de seleccionar distinguiendo claramente entre lo que merece ser recordado y lo que, por irrelevante o banal, ha de quedar relegado al olvido.

Cuando nos situamos en una etapa en la que los recuerdos priman sobre el proyecto que nos queda por delante, tendemos a pensar que, en efecto, “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar”, como escribió para siempre el gran poeta de Paredes de Nava. Nos vemos situados en medio de la corriente que circula sin parar, que no se puede detener, con rumbo inexorable… con viento a la espalda, con brisa apaciguada en el rostro. Es “el río que nos lleva”, evocando aquella excelente novela de mi admirado José Luis Sampedro. No necesitamos remos porque la nave aprovecha el flujo inducido por la pendiente. Pero, ay, es entonces, al darnos cuenta de que las cosas tienden en esa dirección cuando debemos enfrentarnos al horizonte de la vida que resta y contemplarlo con audacia. Con visión de que el tiempo sigue existiendo y abierto a nuevas oportunidades, que en buena parte de los casos permanecen aún inéditas.

Me viene a la memoria la frase que mi colega y amigo Lluis Cassasas i Simó, geógrafo eminente de la Universidad de Barcelona y ya desaparecido, me dijo hace años cuando ambos contemplábamos el impresionante baluarte de basalto en Castellfollit de la Roca, en la provincia de Girona. Su consejo, muy propio de un hijo de Sabadell, jamás se me ha olvidado: “Mira, Fernando, para sobrevivir al paso del tiempo, siempre hay que tener una pieza en el telar”. Lo tengo presente y lo aplico cada día, aunque mis telares necesiten a veces reparaciones y cuidados que no acierto a darles.
Y hace unos días, he visto también reflejada esta inquietud en un magnífico texto de Manuel Vicent que, tan lúcido como siempre, ha recordado a sus lectores, con la mirada puesta seguramente en los de mi generación: “No existe otro remedio conocido para que el tiempo discurra muy despacio sin resbalar sobre la memoria que vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria. Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño”.
¿No les parece, amigos y amigas, que cuando comienza el año es una reflexión más que pertinente?.

24 de diciembre de 2008

Mensajes en la calle (21): de la miseria a la esperanza

Nunca he sido aficionado a la lotería y juegos semejantes. No cuestiono ni critico la dosis de ilusión que aporta a quien decide destinar su dinero a la búsqueda de la fortuna mediante el azar, pero lo cierto es que, en el fondo, se trata de una especie de impuesto regresivo que el ciudadano asume a sabiendas de que el margen de posibilidades de ganar es mínimo, por más que le aliente – de lo que tampoco hay nada que objetar – el estímulo de ver a otros que lo han conseguido y que lo celebran como si de las personas más felices del mundo se tratasen. Por supuesto, omito aquí cualquier atisbo de respeto a los sujetos que se sirven de la suerte ajena para lavar su dinero negro, apareciendo como afortunados jugadores a los que soprendente y reiteradamente el azar les sonríe sin que puedan librarse de una consideración más que sospechosa.


No es el caso, desde luego, de este inmigrante bangladeshí que en Barcelona ha sido agraciado con el premio gordo de la lotería de Navidad. La imagen publicada en la prensa española me ha impresionado y por eso la traigo aquí. Y la impresión no se debe tanto a la cuantía del premio conseguido como a lo que este ingreso ha supuesto de improviso en una situación económica desesperada. Vean la foto: este hombre joven muestra su libreta de ahorros, en la que la evolución de sus balances es demoledora. Sus ingresos puntuales son muy exiguos y se reducen aún más aún por las elevadísimas “comisiones de gasto” - una auténtica sangría en relación con el saldo - que le detrae la entidad financiera. ¿De qué está viviendo ese hombre cuando poco antes del sorteo tiene en su cuenta de ahorros un saldo de 17,08 euros (23,85 dólares)?. ¿Cómo logrará sobrevivir de ese modo?, ¿tendrá dinero en otra libreta o quizá lo posea en efectivo y, por tanto, no contabilizado de forma regular?.


Quién lo sabe, pero seguramente ni en un caso ni en otro la vida le resultaría fácil. Su rostro revela ahora satisfacción, a la par que seriedad y confianza, con la sensación de sentirse liberado de la pesada losa que genera la pobreza. Es una imagen histórica, representativa de la situación de muchos inmigrantes que se debaten entre la precariedad, la supervivencia y la falta de horizontes. Mas en este caso, la vida dará un cambio brusco. De pronto, su economía se ve radicalmente transformada por un ingreso de 300.000 euros (419.500 dólares), una cantidad inimaginable para muchísima gente. ¿Alguien se imagina lo que habrá pasado en ese momento por la cabeza del agraciado? ¿y por las de quienes le acompañan y comparten con él la dureza de una vida de privaciones y desesperanzas?.

30 de agosto de 2008

Sabores de la Pachamama

Es la Madre Tierra, el origen de todas las cosas que la naturaleza proporciona al ser humano. Todo lo que es vida útil y aprovechable, todo lo que facilita el sustento y permite vencer el hambre y la miseria proviene de la Tierra, se identifica con ella. Los pueblos indígenas que ocupan los Andes Centrales, y que desde siglos se expresan en quechua y aymara, la llaman la Pachamama y extienden su nombre y sus virtudes a los infinitos vientos de la Cordillera para recordar que merece respeto, que debe ser venerada y que todo lo que se haga contra ella ofende la memoria humana. Las creencias y rituales han continuado hasta nuestros días, conscientes de que se trata de una idea-refugio que justifica la continuidad de su cultura y su defensa frente a la desidentificación.
En el altiplano boliviano puede apreciarse por doquier la dimensión que se da a la idea de la Pachamama, frecuente en los textos literarios, reiterada en los comentarios que se hacen en la prensa, omnipresente en las explicaciones de los guías. Por eso conviene tener en mente la idea de este símbolo asociado a la Tierra cuando se visita la región y se degustan los productos que ofrece. No trato con ello de banalizar una realidad que debe ser respetada, sino de ponerla en evidencia en este blog, cuando estoy a punto de concluir una increíble peripecia viajera por Bolivia, que me ha llevado a descubrir personas, hechos y lugares realmente fascinantes.
Cerca de Laja, en las proximidades del impresionante y enigmático conjunto arqueológico de Tiwanaku, y tras haber quedado sobrecogido por los paisajes de la desolación y la pobreza, el viajero encuentra ocasión para su solaz en un pequeño, modesto y limpio lugar para comer, que permite acercarse a los bienes que la Pachamama, símbolo de feracidad, aporta para aliviar el apetito y paliar las incomodidades del mal de altura (que existe, se lo aseguro, como la vida misma). Platos sencillos, que se resumen en una secuencia elemental a la par que nutritiva y reconfortante. Y muy baratos. Sopa a base de quinoa real, una planta maravillosa que crece profusamente en el entorno del Lago Titicaca, recomendable donde las haya para sentir el placer de los sabores silvestres, sin tapujos de ningún tipo. Suculento filete de carne de llama, que es de textura blanda, con muy poca grasa, apenas dado la vuelta para evitar que se seque y saboreado con la tipica guarnición que acompaña la comida de los Andes centrales, y donde destaca un arroz excelente. Y, para terminar, una infusión, muy caliente, de hojas de coca, salvíficas para los europeos desconcertados que llegan a Bolivia y que encuentran en esta planta de resonancias increíbles, y por supuesto en su estado más auténtico, un verdadero descubrimiento de sensaciones gratas antes de emprender de nuevo el camino, que les llevará tanto a los espectaculares paisajes del mundo andino como a los campos abiertos e inmensos de la desolación.

31 de julio de 2008

El café y sus mil sensaciones


Desearía hablar de muchas cosas, que se agolpan día a día entre los sucesos que me suelen atraer como temas a considerar (el lamentable fracaso de la Ronda de Doha, la valiente postura de las Universidades madrileñas sobre la situación del Sahara, el dificil laberinto en el que se ha convertido la financiación de las Comunidades Autónomas en España, los avances en la jurisprudencia contra la difamación y el insulto, tras la nueva sentencia condenatoria a un tal Jiménez, ese de la Cope..... etc.etc.). Ya habrá tiempo de ello. Hoy finaliza Julio, apenas dispongo de un rato para entrar en el ciberespacio, y lo que más me apetece es brindarles la posibilidad de tomar un buen café.

¡Cuántas reflexiones, ideas y comentarios surgen en torno a una taza de café caliente allí donde sea, a la búsqueda de la oportunidad deseada!, ¡de qué manera se fraguan la amistad y el buen entendimiento ante el solaz que procura el aroma gratificante de una infusión poderosa, que nos lleva a imaginar deseos y proyectos, unas veces imposibles, otras quizá realizables!. La literatura y el cine están llenos de referencias a las muchas sensaciones a las que la liturgia del café conduce o puede conducir. De ahí que, aunque de manera virtual, y ahora sí como disposición al relax veraniego, les sugiero la oportunidad de saborear un buen café capuccino, otro de los símbolos de Italia, como los que sirven, para mayor precisión, en la Piazza della Signoria de Firenze. Cuidado en la elaboración, arte en la forma de presentarlo, esmero en la imagen. Y además sobre un plato donde aflora la cabeza impresionante del David de Miguel Angel, que se expone, inmenso como es, en la Galeria de la Academia florentina.

¿Qué más se puede pedir para disfrutar de un momento de placer y tranquilidad en estos tiempos de turbulencias y desasosiegos?. No olvidemos los problemas, mas sepamos entenderlos en compañia de un sabor que, en los momentos deseados, siempre reconforta.

25 de julio de 2008

Juventud, malgastado tesoro

Publicado en El Norte de Castilla. 25 de Julio de 2008

Más que el “divino tesoro” con que la concibió la mente poética de Rubén Darío, la juventud actual es más bien un tesoro a menudo malgastado, una generación infrautilizada y en cierto modo abandonada a su suerte. A todos se nos llena la boca cuando hablamos de lo bien formados que están los jóvenes de nuestro tiempo. Como nunca. Hace años se habló de los JASP (Jóvenes Aunque Suficientemente Preparados), para designar una categoría que destacaba por su cualificación, por sus dotes para levantar el país. Al tiempo se enfatiza sobre lo que representan otras siglas casi mágicas - I+D+i - un polinomio que integra investigación, desarrollo e innovación. Son los pilares del desarrollo, los cimientos de la sabiduría y la posición sólida en un sistema muy concurrente, el objetivo de toda política económica que se precie. Sin ellos, no hay competitividad ni correcta inserción en la economía global, que selecciona y al tiempo discrimina a cuantos - países, organizaciones, ciudadanos - no se acomoden a sus pautas y exigencias. Asumidas estas siglas como indispensables, qué mejor garantía que la juventud que tenemos para convertirlas en armónica y fecunda realidad. El modelo a seguir.

Todo eso está muy bien, pero...... ¿en qué situación se encuentra esa juventud profesionalmente tan sólida, y que tantas garantías de seguridad nos ofrece?.
Salvo que cundan los mecanismos que, a través de las influencias personales, familiares o políticas, resuelven la incertidumbre, cada vez son más numerosos y reiterados los ejemplos que evidencian que esa juventud se enfrenta a un panorama más que sombrío: o el paro o la explotación. No hay paliativos que contengan y maticen tan dura y preocupante realidad para los que compiten con sus solos recursos intelectuales. Los jóvenes están sumidos en un círculo vicioso, en el que priman la precariedad y la indefensión, de los que resulta difícil salir: precariedad ante el empleo e indefensión ante el empleador y las instituciones que teóricamente les amparan.

Su expresión más clara es el humillante tratamiento salarial otorgado, que mayoritariamente les sitúa en el rango de los
"mileuristas" o, mejor aún, de los "submileuristas", lo que se traduce en una absoluta incapacidad para organizar la vida con perspectivas confiadas de futuro. Según los últimos datos ofrecidos por el Consejo de la Juventud de España (2008), el salario medio por tramos de edad y sexo era de 1.203 euros los hombres y de 1.000 las mujeres. Cifras medias que encubren la posición crítica en que se encuentran los que están por debajo de los 24 años que apenas rozan los mil euros en aquéllos primeros para alcanzar los 753 en éstas. Hay informes que rebajan en casi un 20% estos umbrales, agravados por la brevedad de las contrataciones.

Con este listón salarial, que se mantiene inamovible, se retribuye un trabajo cualificado, esencial para el funcionamiento de las empresas y propenso además a una adaptabilidad que echa por tierra los tópicos de que la formación adquirida no se adecua a las exigencias del sistema productivo. Falso. Los JASP trabajan duro y mucho, con horarios superiores a los establecidos, con contratos temporales y sujetos a modificaciones que escapan a su control. Se adaptan rápidamente a las circunstancias técnicas y estratégicas de las empresas y su versatilidad es reconocida como una de sus principales cualidades.

Y además, lo que agrava aún más el panorama,
es que sobreviven en un contexto de individualismo atroz, absolutamente desprovistos de los instrumentos de defensa que de hecho existen, aunque cada vez más mitigados, para el conjunto de los trabajadores. De ahí la crítica situación de la juventud que se esfuerza, que trabaja, que evita el oropel de lo fácil y lo oportunista y que no se diluye en los discursos banales de quienes utilizan la imagen de los jóvenes como pretexto para sus declaraciones no exentas de demagogia.

Que alguien me corrija, pues deseo estar equivocado: ¿se recuerda que en las políticas de igualdad que se propalan desde el poder con tanto énfasis cobre fuerza la propuesta en contra de las discriminaciones que afectan al reconocimiento del trabajo de los jóvenes y al desigual tratamiento salarial por sexos?, ¿tenemos noticia de que el relumbrón con que se presenta la promoción de ambiciosos jóvenes, profesionalizados en la política, va ligado a la manifestación de una preocupación por quienes no optan por esta vía para satisfacer sus ambiciones personales y profesionales?, ¿
hasta qué punto resulta ético presentar a aquéllos como un símbolo a seguir?, ¿ha visto alguien a uno o varios dirigentes sindicales, en activo o en su cómodo retiro, sacar la cara, con la contundencia y persistencia que merecen, por la situación de los jóvenes explotados con contratos temporales, con becas de miseria y con trabajos en prácticas, suscritos con las Universidades, y merced a los cuales se dispone de mano de obra apta a precios irrisorios?, ¿dónde están los principios que respaldan el reconocimiento dignificado de un trabajo de gran competencia?.

Por favor, díganmelo, porque yo no estaba cuando salían en su defensa. Partidos políticos, s
indicatos, organizaciones empresariales, universidades: todos se concitan para incurrir en la misma componenda, aceptando convenios que redundan en la consideración deteriorada del trabajo. Pero, eso sí, mirando para otro lado cuando les sacan los colores, que tampoco son tantas veces.

Gráfico: El mercado laboral juvenil. Fuente: Consejo de la Juventud de España (2008). Editado por Público

Nota:
Este tema fue abordado en un post insertado el 28 de Mayo de 2008. La sugerencia de una colega para que se publicara en la prensa explica su posterior redacción como artículo, que finalmente ha visto la luz en el diario vallisoletano El Norte de Castilla, en su edición de 25 de Julio de 2008. Se mantienen los comentarios amablemente incluidos a propósito de la entrada inicial.

15 de junio de 2008

Mensajes en la calle: los relojes de la inmigración

La inmigración proporciona una nueva perspectiva, una nueva dimensión del espacio y del tiempo. Los lugares que habita el inmigrante se convierten en ámbitos obligadamente asumidos para el trabajo y las relaciones cotidianas, pero, cuando se viene de fuera, el pensamiento, el recuerdo y la mirada tratan de encontrar, siempre que se pueda, las referencias que le acercan a sus espacios de origen, a su mundo de pertenencia y de recuerdos, por muy distante que esté. Quizá esta actitud, humana e inevitable, sea la que defina el llamado "síndrome de Ulises", que afecta al inmigrante cuando siente el desarraigo y piensa en la lejanía que le separa de su "Itaca".

¿Qué hora será en....?: esa es muchas veces la única señal, el único vínculo inmediato con lo que quedó atrás. El indicio de que el tiempo define el valor de una distancia, sólo franqueable con la imaginación.

Fotografía: Cualquier lugar para envío de remesas en cualquier lugar de España.

13 de junio de 2008

Respuesta negativa para una causa justa: el reconocimiento de las secuelas de la Fábrica de Uranio de Andújar

Quienes nos interesábamos por este tipo de cuestiones, poco sabíamos entonces de lo que hacía y cómo lo hacía la Fábrica de Uranio localizada en la ciudad andaluza de Andújar, en la provincia de Jaén. Sabíamos que dependía de la Junta de Energía Nuclear y que empleaba a poco más de 100 trabajadores. Más tarde nos hemos enterado, a través de trabajos recogidos en publicaciones oficiales, que se dedicaba a la fabricación de concentrado de óxido de uranio, de gran pureza (superior al 80%), que alimentaba a centrales nucleares, preferentemente de Francia y Estados Unidos. Con un mercado asegurado y floreciente en la época, esta instalación estuvo en funcionamiento entre 1959 y 1981, aunque no sería clausurada hasta diez años después. Durante esos años dio trabajo y eso era lo importante. No pasaba nada.
Con el tiempo, sin embargo, las secuelas no se han hecho esperar: casi la mitad de la plantilla ha enfermado y fallecido por patologías que se asocian al tipo de actividad y a las condiciones en las que se llevaba a cabo. A la vista de las secuelas, las familias de los trabajadores han reaccionado, solicitando que se reconociera como enfermedades profesionales las derivadas de un trabajo que se ha comprobado lesivo para la salud si no se realiza en las condiciones adecuadas. ¿Se imaginan Vds. con qué garantías de seguridad se trabajaba en los años sesenta y setenta en una fábrica de material radiactivo en España, absolutamente cerrada a cualquier tipo de información?.
La solicitud fue unánimemente atendida en 2005 por el Congreso de los Diputados, hasta el punto de que desde el propio Ministerio de Trabajo, y con grandilocuentes palabras de quien ostentó esa responsabilidad hasta Mayo de 2008, se estimó pertinente la petición y se dio seguridad a los afectados de que se haría todo lo posible por atenderla. Pero no ha sido así. Son pocos, carecen de fuerza como grupo de presión, y nadie con peso, como la Junta de Andalucía o las autoridades provinciales, ha levantado la mano en su favor. Más solos que la una, y tras haber sido sometidos a cuatro reconocimientos médicos desde 1995, han visto desestimadas en estos días sus pretensiones por todos los organismos que entienden del asunto: la Seguridad Social, que “no ve relación alguna entre las patologías y la enfermedad profesional”, lo que la permite ahorrar unos cuantos euros, y el CIETMA (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas), dependiente del flamante nuevo Ministerio de Ciencia e Innovación, que rechaza la reclamación indemnizatoria con el argumento, sin más miramientos, de que ya ha prescrito. Carpetazo al canto y no hay más que hablar. A otra cosa, mariposa.
Un tema cerrado para una sociedad inerme y abandonada a su suerte en este tema tan injustamente tratado.

12 de junio de 2008

La Unión Europea y el nuevo modelo de trabajo: la semana laboral de hasta 60 - 65 horas

Ha ocurrido, al fin, tal y como se esperaba, y se temía. La Europa de la Cohesión Económica y Social, la Europa del Estado del Bienestar y de la protección y salvaguarda de los derechos de los trabajadores, la Europa defensora de la semana laboral de 48 horas, que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aprobó hace 91 años, ha optado por asumir la altísima cota de modernidad y progreso que supone la vuelta a la semana laboral de 60 horas (65 en casos especiales). El acuerdo es hipócrita a más no poder, ya que precisa que, aunque la duración máxima sigue siendo de 48 horas semanales, queda abierta la posibilidad de sobrepasar este nivel a través de los mecanismos de negociación que lo permitan. Es decir, se trata de una medida asociada a la eliminación de la negociación colectiva como mecanismo reemplazado por esa práctica tan saludable del “sálvese quien pueda”, algo que ahora se interpreta eufemísticamente mediante el uso de una jerigonza actualizada, que lleva a hablar de free-choice (libertad de elección del trabajador en materia de jornada), y de opt-out (exclusión voluntaria, al ser el trabajador el que renuncia expresamente al máximo de 48 horas), como medidas destinadas a favorecer el dumping social, soporte ilusionante de una competitividad a toda prueba.
No le ha costado mucho a la señora Marjeta Cotman, ministra elovena de Empleo, convencer a sus colegas comunitarios, que ya iban dispuestos a lo que les echaran en la cumbre de Luxemburgo, donde, en la medianoche del 10 al 11 de Junio, se ha aprobado esta Directiva que coloca a la UE en la punta de lanza de la competitividad supercompetitiva, sin nada que envidiar a las jornadas de trabajo que se gastan en Malaisia, en Corea del Sur o en nuestra siempre añorada Filipinas.
Pero no hay que echar toda la responsabilidad a la presidencia de turno eslovena. Con la llegada al poder en Italia de ese pedazo modelo de calidad democrática que es Don Silvio Berlusconi, alias el repeinao a la milanesa, que ha servido de refuerzo a la esplendorosa troika mancornada por Il Cavaliere, Mr. Sarkozy y Mr. Brown, la suerte estaba echada. Fuera, pues, el modelo garantista, caduco y trasnochado, y no digamos nada de la abominable jornada de las 35 horas, que para el artillero francés era sinónimo de nefasta perversión de un socialismo de telarañas. Para modernos, nosotros, y el que venga atrás que arree, se han dicho con la sonrisa de oreja a oreja, como acostumbran. Primemos el trabajo a destajo, que los bajos salarios ya están asegurados, rompamos la unidad de acción, y ahora que los sindicatos están mirando al cielo – o, al menos, eso parece – unámonos todos en la lucha final por la competitividad, que ha de estar apoyada no tanto en la mejora de la innovación, en el desarrollo de la sociedad del conocimiento y en la calidad de los recursos humanos como se planteaba en la Estrategia de Lisboa, que nuestros predecesores suscribieron en el 2000, sino en el trabajo a esgalla como fuente de todas las fortunas y prosperidades.
Mas no todos se han unido, de momento. España, Bélgica, Chipre, Grecia y Hungría (¿qué ha sido del avanzado Sócrates de Portugal, que ni sabe ni contesta?) han marcado distancias con su abstención, actitud cautelosa aunque no de firme oposición, pese a las declaraciones rotundas de Don Celestino Corbacho, ministro español del ramo, que no dan pie a la ambigüedad (ha llegado a decir que supone “un retroceso en la agenda social”), al igual que las de Joelle Milquet, ministra belga, cuando afirma que "La Europa social no está verdaderamente en marcha". Tan preclara directiva se remite ahora al Parlamento Europeo, donde esperemos que los debates nos saquen de la sordina que hasta ahora ha habido sobre tan importante asunto. Todas las miradas están puestas en él, a unos pocos meses de las elecciones que lo han de renovar: ¿estará a la altura de las circunstancias o se limitará a ser la voz de los que mecen la cuna?.
Ay, Unión Europea. ¿Qué ha sido de Monnet?, ¿qué de Delors?, ¿qué de la Carta Social?. Tiempos vendrán que no reconoceremos.
Fotografía: Primero de Mayo en las calles de Valladolid. Y ahora ¿qué?

11 de junio de 2008

Las difusas fronteras del pensamiento contemporáneo

Manuel Vázquez Montalbán, perspicaz analista que fue de los cambios que se producen en los comportamientos y mentalidades de las personas, escribió en una ocasión que, a finales del siglo XX, de la crisis de las ideologías se iba a pasar al apogeo de la gastronomía. No le faltó razón a quien observaba cómo, con frecuencia, muchos de los que habían dedicado parte de su vida a lecturas y debates agotadores, en pos de una causa de libertad y progreso para la que no había que escatimar ningún tipo de sacrificio, no habían dudado un momento, tras comprobar que sus ideales se desvanecían, en proyectar el mismo entusiasmo en torno a la artesanía de los fogones, al refinamiento de las recetas más elaboradas o a la mayor de las habilidades cuando se trataba de discutir sobre los vinos más recomendables. Nada de mala conciencia anidaba en esta metamorfosis. Se consideraba lo más normal del mundo, acorde con una visión postmoderna de la vida en la que lo lúdico y lo placentero se imponían por la misma fuerza de los hechos y de las preferencias que hacia ellos mostraba un sector nada desdeñable de la sociedad, harto de perder el tiempo con utopías inalcanzables. Abajo el aburrimiento. Llegó la hora de disfrutar y de presumir con lo que se disfruta.
Pero lo que no nos imáginamos era que el arte de los sabores sofisticados iba a imprimir nuevos rumbos a los criterios que en algunas Universidades priman a la hora de conceder los "Doctorados Honoris Causa"(DHC), la máxima distinción académica. Siempre habíamos sabido que los destinatarios de tal categoría la reciben en función de sus méritos científicos, de la excelencia que en este sentido se les reconoce por parte de la comunidad que así lo avala. Sin embargo, las fronteras de la excelencia científica parecen abrirse en nuestros días a un campo de horizontes insospechados. De ahí esa amplitud de miras con que se concibe la concesión del rango de “Doctor Honoris Causa”, al incorporar reconocimientos o consideraciones que modifican o alteran los criterios comúnmente defendidos por la comunidad científica.
Y así a las deudas de gratitud debidas al mecenazgo y a los favores recibidos (aún nos estremecemos cuando nos viene a la mente el DHC que la Complutense de Madrid concedió a un tal Mario Conde en época del inefable rector Villapalos y en presencia del Jefe del Estado) o a la valoración de alguien con especial resonancia pública, sin que en ningún caso sus aportaciones a la ciencia merezcan más allá de dos líneas, se suma ahora la inclusión de las figuras estelares del mundo de la buena mesa. No sé si el ejemplo cundirá en demasía, pero de momento bastan como prueba contundente las consideraciones elogiosas efectuadas por la Universidad de Aberdeen para otorgar tan honrosa mención a Don Ferrán Adriá, a quien no ha mucho se ha considerado como el mejor cocinero del orbe, y que ahorita se incorpora al claustro de la Universidad escocesa “por su contribución al pensamiento contemporáneo”. La argumentación, henchida de alabanzas, abunda en ideas que llaman la atención: “existe una clara conexión entre el trabajo de Adriá y las distintas tendencias artísticas y filosóficas del siglo XX, desde el surrealismo hasta la nueva crítica del movimiento teórico de deconstrucción (sic)”, para acabar con este piropazo, que a más de cuatro removerá en su tumba: ”su don es comparable con el de otros españoles como los pintores Salvador Dalí, Pablo Picasso, Joan Miró o Luis Buñuel”. Menos mal que no se les ha ocurrido comparar al Sr. Adriá con Don Santiago Ramón y Cajal, con Don Severo Ochoa o con Don José Ortega y Gasset. Aunque meterle en el mismo lote que Picasso también tiene bemoles. ¿No les parece?.
Fotografía: University of Aberdeen. Scotland. UK

10 de junio de 2008

Ordenar y gestionar las ciudades: que no nos den gato por liebre


Vivimos tiempos en los que cualquier cosa se presenta como una iniciativa genial e impresionante. Basta con utilizar las sutiles herramientas del “marketing”, y un soporte mediático más o menos controlado, para ofrecer una visión de lo que se hace mucho más brillante que lo que realmente es en la realidad. Convertir lo mediocre en meritorio, lo vulgar en símbolo de la modernidad, lo prescindible en necesario: por ahí van los tiros cuando de promocionar la imagen de quien lo realiza se trata. No siempre es así, pero sin duda abunda en nuestra época, tan propensa al artificio y la impostura.

Hartos estamos muchos de que con las argucias del disimulo se nos venda como producto maravilloso, envuelto en oropeles y organdí a la par que en irritante demagogia, lo que muchos alcaldes hacen en sus ciudades. Creen que por peatonalizar una calle, colocar en las áreas más vistosas los artilugios que pretendidamente embellecen sus perspectivas, contratar a un arquitecto estrella para que deje su emblemática impronta, la que sea, sin escatimar costes, montar chiringuitos que distraen esporádicamente al personal mediante “circenses, vinum et cibum”, instalar esculturas y artefactos a mayor gloria y provecho del autor y de quien lo ampara, con eso basta para ser reconocido como munícipe probo y digno del mayor de los encomios.

Pues no, gobernar, gestionar y ordenar una ciudad es mucho más que eso. Significa ante todo impulsar la participación ciudadana, luchar contra los mecanismos especuladores, ejercitar la transparencia en la gestión de los recursos públicos, favorecer la integración de la compleja y desigual estructura urbana, hacer de la ciudad un espacio para todos, sin exclusiones, promover la vivienda accesible para los menos favorecidos, cuidar del medio ambiente…. en suma, concebir las decisiones en sintonía con el concepto de “BUENA PRÁCTICA URBANA”.


He ahí el criterio que, en efecto, distingue el valor de lo que se hace y cómo se hace en las ciudades, en las que reside la mayor parte de la humanidad. Es un indicador de referencia cualitativa, internacionalmente homologado, que permite separar el trigo de la paja en el decisivo y apasionante tema de las políticas urbanas, y que, auspiciado por Naciones Unidas, reconoce y concede el marchamo de calidad a aquellas actuaciones que, sin necesidad de ser rutilantes y espectaculares, contribuyen a la mejora de la calidad de vida de la sociedad, particularmente de los barrios y de los ciudadanos que más lo necesitan.

De vez en cuando se hacen exposiciones en España sobre las “Buenas Prácticas” que pudieran servir como modelo de referencia. Por lo que yo he visto en la que ahora se celebra en Valladolid, de apenas 10 días de duración y en una sala que ha perdido el atractivo que tuvo, la asistencia es más bien escasa. Cuando yo estuve, el lunes 9, sólo una persona me acompañaba. Pero no hay que cejar en el empeño de que estos hechos sean conocidos, a la par que valorados, entre otras razones porque nuestra responsabilidad como ciudadanos implica la capacidad de exigir a quienes nos gobiernan que lo hagan con honestidad, transparencia y sensibilidad a los problemas de quienes más los padecen. Nada mejor que echar un vistazo a la excelente web dela ETS de Arquitectura de Madrid o a los interesantes documentos recogidos en la Environmental Protection Agency.

5 de junio de 2008

Día Mundial del Medio Ambiente: ¿es posible la transición hacia economías con bajo o nulo consumo de carbono?


En medio de una fortísima tensión económica internacional, en la que se entremezclan los efectos provocados por el incremento espectacular del precio del petróleo, la crisis alimentaria y las relaciones de uno y otro problema con la creciente producción de agrocombustibles (temas cruciales de nuestra época, sobre cuya interrelación volveré a insistir), se celebra una vez más el Día Internacional del Medio Ambiente. Aunque en amplios sectores de la población cunda el escepticismo en relación con este tipo de conmemoraciones, no me parece desacertado aprovechar esta fecha para llamar la atención sobre la sensibilidad ambiental que todos llevamos, o debiéramos llevar, dentro. Siquiera sea por un día, démonos cuenta de lo que significa el vulnerable entorno en el que nos desenvolvemos.
Cada año la celebración elige un lugar y un lema. En 2008 se celebra en Nueva Zelanda y versa sobre una cuestión de dimensión globalizadora: “El Fomento de las Economías con débil consumo de carbono”. Una perspectiva que enlaza con la que en 2007 trató de motivar, desde Noruega, la preocupación por el deterioro medioambiental asociado al “cambio climático” y a las amenazas que, como consecuencia de ello, se ciernen sobre las regiones polares.


Todas las perspectivas que se elijan con motivo de esta fecha están imbricadas en una tendencia coincidente, que no es posible cuestionar científicamente ni eludir desde la responsabilidad que compete a las instituciones y a nosotros mismos como ciudadanos. Y en este sentido todos sabemos bien lo que significan las medidas de racionalidad energética – aplicadas al transporte, a la construcción, al empleo de aparatos eléctricos, al fomento de energías renovables, al cuidado y defensa de las masas forestales etc.- como parte esencial de una estrategia que incide sobre las políticas públicas, sobre la orientación estratégica de las empresas y sobre los comportamientos y hábitos sociales e individuales.

La elección de Nueva Zelanda no es fortuita. Achim Steiner, Director Ejecutivo del PNUMA, la ha justificado con claridad " Nueva Zelanda forma parte del grupo pionero de países comprometidos en acelerar una transición hacia una economía de débil carbono e incluso sin carbono (…..) Necesitamos reducir, detener y revertir el crecimiento de las emisiones de gas de efecto invernadero. Una transición hacia una economía pobre en CO 2 es esencial para alcanzar estos objetivos”.

Estaremos pendiente de la atención que se preste a este problema en los medios de comunicación españoles y en las declaraciones de los políticos.

18 de mayo de 2008

Será mejor cuidarse

Estamos en domingo y conviene rebajar la tensión. Es verdad que todas las simulaciones encierran una simplificación, pero ayudan a orientar las decisiones, al indicar por dónde pueden ir las cosas. El interés de la simulación que aqui propongo - y que tomo prestada del blog del tan simpático como riguroso Sánchez Bolín (El espiritu de Pavese), con el que me llevo bastante bien, dicho sea de paso - no está tanto en el cálculo que puede aportar como en las advertencias que de él cabría obtener para plantearse de qué manera se vive y cómo se puede mejorar la calidad de vida, anticipándonos a lo que nos queda por delante. Suerte

22 de marzo de 2008

De cómo la mente puede mejorar con la edad




Mi amigo Mariano Fuertes, que ejerce la medicina en la ciudad portuguesa de Mirandela con tanta entrega como eficacia y reconocimiento social, me ha regalado hace unos días un libro que deseo recomendar. Nunca he sido aficionado a los textos de autoayuda, que tratan de embaucar al incauto lector a base de mensajes llenos de obviedades y de tópicos al uso, con pingües rendimientos además para sus autores. No es éste el caso. "La paradoja de la sabiduría" es un trabajo muy serio, de divulgación rigurosa, que parte de la impresionante experiencia acumulada por su autor, Elkhonon Goldberg, catedrático de Neurología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, empeñado en difundir el enorme caudal de ideas, magnificamente construidas y elaboradas, sobre la capacidad del ser humano para mantenerse lúcido, intelectualmente activo, y desarrollar sus posibilidades creativas sin verse necesariamente condicionado por el inexorable paso del tiempo.


El subtítulo del libro es harto elocuente -"cómo la mente puede mejorar con la edad" - y, sobre todo, refleja el encomiable propósito del autor que, apoyándose en su dilatada y fecunda práctica clínica, "nos ofrece un programa de mantenimiento cognitivo de nuestra maquinaria cerebral que nos ayudará a detener o retrasar el declive mental" y a mantener por ello la calidad de vida de cuantos, tras sobrepasar con creces el medio siglo de existencia, nos hemos hecho acreedores. Ah, y otro aval a favor de esta obra reseñable: ha sido editada por Crítica (2006) en la excelente colección (Drakontos). Nada que ver, pues, con los "ensayos" oportunistas que tanto pululan y distraen en nuestras librerías.

3 de diciembre de 2007

Cuando la juventud cualificada emigra

Pocos temas han suscitado tanta atención en la Comunidad Autónoma de Castilla y León en los últimos años como los problemas que aquejan a su realidad demográfica. La mayor parte de los análisis posee ese nivel de madurez y concreción que permite hacer diagnósticos rigurosos y llegar a conclusiones fiables para comprender sus tendencias esenciales e interpretar correctamente tanto los problemas que afectan a la sociedad castellana y leonesa como a sus perspectivas de futuro. Y es que la dinámica de la población no es sino fiel reflejo de la economía de un territorio. Todos los procesos que desde esta perspectiva tienen lugar en él responden a los efectos derivados de las actividades económicas y, por tanto, de las estrategias que las orientan. Profundizar en esta relación de interdependencia se convierte en un ejercicio obligado cuando se detectan síntomas de alarma que exigen la toma en consideración de factores que, yendo más allá de lo estrictamente demográfico, posibilitan su mejor comprensión y tratamiento.

No es una apreciación sin fundamento la que destaca la importancia que tiene la pérdida de población juvenil en los censos de Castilla y León. Aparte de las numerosas referencias efectuadas por los más relevantes estudiosos del problema, de él se han hecho eco también un sólido informe auspiciado por el Consejo Económico y Social en el año 2002 y, más recientemente, el estudio de la Fundación BBVA – “Actividad y territorio: un siglo de cambios - , uno de los análisis más completos sobre los impactos provocados por la movilidad de la población en España.

Como aproximación a la magnitud del fenómeno, bastaría señalar que, según datos contrastados, en lo que va de siglo XXI cerca de 110.000 personas entre los 16 y los 29 años han salido de la región, en su mayoría para encontrar empleo en otros ámbitos. Mas, con ser una cifra elevada, no se trata sólo de un hecho cuantitativo. Su alcance, cualitativamente hablando, es aún mayor si cabe, teniendo en cuenta lo que significa la pérdida de población joven en una estructura demográficamente problemática. Representa la circunstancia que más debe alertar en la medida en que a ella aparecen asociadas las tres tendencias que distorsionan la dinámica de una sociedad, a saber, el aumento progresivo del envejecimiento, el declive del capital humano y la desvitalización natural, en función de la mella ocasionada en los índices de natalidad y fecundidad. La concatenación entre estos aspectos sitúa, por tanto, al descenso de los niveles de población joven en el centro mismo de la preocupación socio-política sobre la cuestión y las medidas encaminadas a afrontarla.

Precisar las causas que lo explican no es tarea fácil, a falta de una investigación a fondo sobre el tema, pendiente de realizar. Con todo, y como contribución al debate abierto, no está de más apuntar algunas de las razones que pudieran estar en la raíz de esta preocupante tendencia. A mi juicio, resulta muy cuestionable el argumento que la atribuye a la falta de adaptación del sistema formativo a las necesidades de la oferta de empleo. Aunque siempre se puede avanzar en este sentido, es obvio que el nivel de preparación proporcionado por la dotación académica con que cuenta la Comunidad permite disponer suficientemente de la plataforma adecuada para lograr una buena inserción de la juventud en el potencial mercado de trabajo. Hay que recurrir a otras motivaciones que, por lo que puede percibirse, tienen más que ver con los dos aspectos que con especial énfasis esgrimen quienes optan por orientar su vida fuera de la región en la que se han formado y a la que, en no pocos casos, desearían volver.

De un lado, existe para muchos jóvenes la percepción de que las oportunidades de empleo en Castilla y León son limitadas, de que las exigencias de experiencia previa acaban creando un círculo vicioso del que a veces es muy difícil salir, de que la precariedad de la contratación es excesiva, de que los estímulos a la mejora de su bienestar (vivienda) adolecen de insuficiencia o de que las expectativas de promoción y mejora, una vez logrado el empleo, no son precisamente alentadoras. Y, de otro, no es menor la verificación de que la capacidad de iniciativa empresarial se encuentra muy por debajo de las posibilidades que en principio cabría esperar de una sociedad dinámica, comprometida con su territorio y dispuesta a asumir los riesgos necesarios a la hora de optimizar los recursos disponibles. Cierto es que la trayectoria económica de Castilla y León ofrece experiencias muy encomiables en la creación y gestión de proyectos empresariales innovadores, con un balance positivo en la generación de riqueza y empleo, al tiempo que han servido como plataforma de proyección comercial y tecnológica hacia el exterior. Pero también hay que reconocer que los valores inherentes a la cultura empresarial no presentan la dimensión generalizada en el espacio ni la continuidad en el tiempo ni la escala que haga posible la consolidación de un tejido productivo con posibilidades a largo plazo y con la suficiente fortaleza para resistir los reveses de la coyuntura.

Afrontar la pérdida de efectivos juveniles con éxito no es tarea fácil, pues las inercias en demografía suelen ser muy fuertes, por más que existan instrumentos reguladores que tiendan al fomento del empleo o traten de alentar políticas de rejuvenecimiento. Bastaría, sin embargo, con conocer a fondo las causas que desde el punto de vista económico y social justifican este problema para intervenir decididamente sobre ellas con la firmeza y contundencia que la situación requiere. De ahí el interés que el recientemente llamamiento del Presidente de la Junta a robustecer “el músculo financiero” de la región tiene quizá como parte de una estrategia que, más allá de las declaraciones bienintencionadas, reafirme la convicción de que la competitividad y el prestigio de una región son siempre indisociables del buen aprovechamiento de sus recursos humanos.

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