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30 de agosto de 2025

Excelente aportación sobre el problema de los incendios forestales

Incluyo aquí de forma íntegra (ya que el acceso está restringido a los abonados al diario que lo publica) una de las mejores aportaciones que he leído sobre la problemática de los incendios forestales, cuyo impacto ha sido estremecedor en España en los meses de julio y agosto de 2025, como la información adjunta señala. El texto es obra de Xabier Vázquez Pumariño, prestigioso biólogo ambiental español.  


Incendios invisibles, populismo y gestión fallida 

Es importante desterrar los mantras del abandono y la limpieza, aceptar la renaturalización como estrategia y mantener una vigilancia continua y detallada del terreno. Los incendios en áreas silvestres son de una complejidad extraordinaria, difícil de plasmar en una breve columna con la profundidad requerida. Ahora bien, sí conviene señalar algunas cuestiones que encarrilen el debate público, porque con cada incendio se encienden fuegos aún más devastadores: el populismo acientífico y la confusión. Se ignoran datos y se abrazan lugares comunes, cuando no se emiten calculados mensajes de parte.

Uno de esos lugares comunes es el “abandono”, palabra repetida hasta el agotamiento por políticos, periodistas y tertulianos. ¿Cómo medimos ese abandono? A continuación, aparecen las consignas “limpieza”, “suciedad” y “desbroce”, términos no inocentes que lo aplastan todo dialécticamente. Pero la realidad tiene otras perspectivas: lo que se llama suciedad o broza es biodiversidad, hábitats que sostienen flora y fauna, sumideros de carbono.

Las cifras oficiales (y públicas) indican que desde 1968 hasta 1999 —cuando había poco “abandono”— no se bajaba de 100.000 hectáreas quemadas al año, con picos de más de 400.000 (1994). Hubo significativas mejoras con el cambio de siglo, si bien con repuntes graves ocurridos en 2012, 2017 o 2022. Si el “abandono” explicase algo, las estadísticas serían muy diferentes. En definitiva, cuando alguien introduce este comodín, podemos pensar que no ha dedicado un gran esfuerzo a esta materia ni, probablemente, está realmente interesado en buscar soluciones.

Las áreas más castigadas en estos últimos días tienen elementos comunes: son frontera entre el mundo atlántico y el mediterráneo con lluvias primaverales y otoñales, sequía estival, suelos silíceos, vegetación fácilmente inflamable y un relieve muy accidentado. Son sitios duros para ganarse la vida en el marco económico actual.

A esto se suma el cambio climático. El verano se ha alargado semanas por cada extremo: empieza antes y acaba más tarde, la temperatura es más elevada, lo que dispara la evapotranspiración y reseca aún más la vegetación. Los inviernos se han suavizado, por lo que el periodo de crecimiento de la vegetación es más largo. Todo ello conduce a un punto: el fuego es la respuesta esperable de los ecosistemas a una transformación drástica. Sorprende, con todo, la velocidad a la que está ocurriendo.

Otro error común es juntar churras con merinas. Cuando el monte arde, lo que se quema son realidades distintas: vegetación natural y cultivos forestales. ¿Se puede analizar del mismo modo? Obviamente no. Y hace décadas que sabemos que apostar por especies pirófitas de crecimiento rápido —eucaliptos, pero sobre todo pinos en buena parte de las áreas mencionadas— siempre fue una pésima idea.

Es esencial saber que el fuego necesita tres elementos: combustible, condiciones favorables y un factor de ignición. En este último punto, insistir en la figura del “pirómano” es irresponsable, una cortina de humo. Los datos son claros: la piromanía real es minoritaria; lo que abunda son negligencias, accidentes y, de nuevo, en el noroeste, la cultura de la “limpieza” en la que el uso del fuego sigue estando a la orden del día: se detesta la vegetación natural y se sacraliza el pastoreo y los hechos demuestran que este tampoco frena los grandes incendios, mucho menos los de sexta generación.

La paradoja es evidente: los terrenos quemados son el culmen de la “limpieza”. Pero la experiencia muestra que tampoco sirve: buena parte de lo que hoy arde ya se quemó en 2022, por ejemplo, hace apenas tres temporadas.

¿Soluciones? Nadie debería esperar ni ofrecer recetas definitivas. Pero sí hay caminos: desterrar de una vez los mantras del abandono y la limpieza, aceptar la renaturalización como estrategia, mantener una vigilancia continua y detallada, hectárea a hectárea. Y, sobre todo, invertir mucho más en medios: desde brigadas de intervención inmediata, hasta equipos de vigilancia, pasando por el mantenimiento de infraestructuras como cortafuegos bien diseñados. Todo ello debe estar dotado de los recursos humanos precisos, bien formados y dignamente pagados. Esto supone gasto público, claro está, si bien para proteger intereses privados, los cultivos, se podrían articular otras medidas.

Estos apuntes, que apenas rozan la complejidad del tema, señalan una certeza: los incendios de hoy son la expresión más evidente del fracaso de décadas de gestión del medio, empeñada en tratar los montes como fábricas de madera o forraje. Pero los montes son, ante todo, ecosistemas vivos.

16 de agosto de 2025

Espacios amenazados, territorios admirables

 


Un espacio hoy amenazado por el fuego.

Recuperar la imagen de esos lugares dotados de paisajes admirables y creadores de experiencias vivificadoras de la sensibilidad es una necesidad insoslayable.

Todo vale para figurar en la cartografía del turismo anhelado y más apetecido por su sosiego y su calidad paisajística. No hay condicionamientos que lo impidan. Allá, en el Aliste profundo, donde la frontera con Portugal pasa desapercibida, donde los caminos se confunden en el bosque, donde los servicios brillan por su ausencia, donde nadie se aventuraba a adentrarse hasta hace dos días salvo para practicar el contrabando del café... he ahí un lugar en el mundo que enarbola sus propios reclamos al socaire de las inestimables ventajas que emanan de la soledad, el silencio, la belleza del paisaje y la pureza del aire.

15 de agosto de 2025

La necesaria cultura del territorio

 Bien sabemos todos que el factor determinante de las tragedias naturales estriba en la debilidad o carencia de una cultura rigurosa del territorio por parte de una mayoría de los que ostentan responsabilidades públicas y también privadas. El territorio es concebido como un bien generador de beneficio a corto plazo y no como un recurso a preservar mediante la aplicación de las cautelas preventivas y con visión prospectiva.

En tiempos, expliqué en el Departamento de Geografía la utilidad de las tecnologías de Teledetección y Sistemas de Información Geográfica facilitadas por la disponibilidad de información permanente de lo que sucede en las superficies con riesgos potenciales y con experiencias previas de catástrofe. No he leído ninguna observación al respecto sobre ese uso de procedimientos de valor corrector contrastado, apoyados en herramientas tecnológicas de gran utilidad para la evaluación rigurosa del los niveles de riesgo, que son inherentes a los procesos espaciales.


Detalle de la Lora de las Tuerces (Palencia, España)

El Gobierno de Castilla y León fue informado de estos métodos ya desde la época de Juan José Lucas, el presidente que sucedió a Aznar allá por los años noventa, aquel personaje cuyo legado en la región fue nulo pues nunca le interesó lo más mínimo. Aún recuerdo cuando mi maestro, Jesús García Fernández, le habló de sus investigaciones sobre el paisaje de las Loras, que después fue reconocido como un Geoparque de gran valor ambiental. La pregunta de Lucas aún resuena en mis oídos: "¿ Y eso para qué sirve?" Hubo respuesta lógicamente, pero enseguida me di cuenta de que caía en saco roto. El destinatario no daba ni dio más de si.
Y así nos va. En esas andamos.

14 de agosto de 2025

Después del incendio: reflexiones sobre la tragedia del fuego incontrolado

 

Este texto corresponde a una intervención realizada el 28 de junio de 2009 en la villa abulense de Arenas de San Pedro, tras el incendio sufrido en el Valle del Tiétar. Lo reproduzco ahora ante la sensibilización provocada por los incendios que afectan a numerosos espacios de España y Portugal. 



Efectos del incendio del paisaje de Las Médulas (León) 


Pocas imágenes resultan tan dramáticas como las que ofrece un paisaje lacerado por el incendio. Desolación, ruina, fealdad, impotencia, rabia incontenible. Son las sensaciones que se acumulan al comprobar los rastros de la destrucción provocada por el fuego, los efectos catastróficos de su huella tan atroz como inconfundible, tan nefasta como persistente. En estos casos la llama nada purifica, todo queda sumido en la negrura indiferenciada de la naturaleza desprovista de vida y de los matices y contrastes a que esta da lugar.

La tragedia delfuego se ha cebado con España con harta reiteración. Desde que tenemos memoria, el estigma de las llamas devorando los bosques sin control es algo percibido como una realidad insistente en el tiempo, que año tras año se repite como una especie de maleficio, hasta convertirse en una de las manifestaciones más dramáticas de la catástrofe ambiental en España, el país que ostenta la primacía de un hecho tan grave dentro del mundo mediterráneo. Y es que sobrecoge pensar lo que supone la ruina de un escenario natural construido laboriosa y lentamente a lo largo de ese tiempo prolongado que los elementos naturales, vivos y dinámicos, necesitan para configurar la trabazón en la que se asienta su personalidad ecológica, a sabiendas de que las interacciones que tienen lugar en él se encuentran permanentemente amenazadas por la intervención  desestabilizadora ejercida por la acción humana o el accidente natural.

 La magnitud del problema asociada al fuego, que en este año 2009 ha elevado la dimensión de la superficie afectada por encima de las 70.000 Has., hasta duplicar con creces la del año anterior, nos vuelve a situar una vez más ante una tragedia ambiental a la que nunca se podrá responder con la resignación, la indiferencia o la ineptitud organizativa de la lucha contra el fuego. No valen estas actitudes cuando la cifra se mantiene en niveles altísimos de incidencia (3.857 incendios a finales de julio 2009), tiende a incrementarse la superficie arrasada, al superar las 500 Has. de promedio, y su impacto desencadena efectos devastadores en áreas de especial calidad paisajística y medioambiental. Todos los incendios son lamentables, pero el hecho de que este año hayan sido pasto de las llamas comarcas tan emblemáticas como la turolense de Aliaga, el sector central de Las Hurdes extremeñas o la isla de La Palma eleva la gravedad del problema a la dimensión más preocupante y crítica, en la medida en que se trata de espacios naturales cuyo acreditado valor ambiental les proporciona ese atractivo en el que se amparan y en torno al cual gravita esa oferta de ocio tan costosamente fabricada como la opción capaz de superar las limitaciones históricas de su nivel de desarrollo.

Definen, desde luego, la misma realidad que al tiempo encontramos en el Valle del Tiétar abulense, víctima también de una catástrofe que se ha saldado con vidas humanas y con la devastación de uno de los ámbitos más singulares y representativos de la riqueza natural de las montañas españolas y de Castilla y León. Basta imaginar la nueva perspectiva que se divisa desde el Puerto de El Pico en la Sierra de Gredos para sentir una verdadera conmoción como la sufrida por quienes vivís en esta comarca de inestimable valor ambiental. Quien se haya asomado alguna vez a ese balcón que invita a mirar en todas las direcciones, ampliando sobremanera los horizontes hacia los que se abre un riquísimo muestrario de estructuras y formas de vida en uno de los tramos más bellos y espectaculares de la Cordillera Central, no podrá por menos de tener ahora la terrible sensación de que una parte sustancial de sus experiencias viajeras más apetecidas se ha ido para siempre. Cuesta mucho hacerse a la idea de que las encinas, los castaños y los robledales, los alisos, abedules, álamos y fresnos, las pinedas y los piornales, y la interesante masa arbustiva y zoológica que los acompaña, han desaparecido o han sufrido la mella del impacto que dificulta o irreversiblemente paraliza sus procesos vegetativos.

Bien sabemos que el incendio es una ruptura brutal en la historia del paisaje. Cuando eso ocurre, valores esenciales de nuestra cultura, cimentada en la percepción de una realidad física avalorada, se alteran y se destruyen. Y, aunque es cierto que la naturaleza es indómita y tiende a regenerarse, lo hace lentamente, los elementos que configuran su personalidad tienden a quedar distorsionados durante mucho tiempo por las consecuencias de una catástrofe que siempre se acompaña de resultados lesivos para el restablecimiento de los equilibrios perdidos y que tanto ha costado mantener.

Ante un escenario de alto riesgo como el que afecta a la España Mediterránea todas las cautelas son pocas cuando se trata de afrontar un riesgo que, aunque en su desencadenamiento se identifica con una determinada época del año,  debe formar parte de las estrategias de conservación de la naturaleza de manera permanente, sin solución de continuidad. Conscientes de que el modelo de preservación de los ecosistemas naturales no puede ya responder a las pautas de gestión propias de una sociedad ruralizada, que tampoco, como nos recordaba el conocido poema de Antonio Machado -“el hombre de estos campos que incendia los pinares/ y su despojo aguarda como botín de guerra/ antaño hubo raído los negros encinares/ talado los robustos robledos de la sierra”-, era demasiado respetuosa con el bosque, se impone la búsqueda de la máxima eficacia y operatividad en la aplicación de los instrumentos de lucha contra el riesgo derivado del fuego en función, más allá de las inevitables medidas sancionadoras, de la relación de estrecha complementariedad que quepa establecer entre la investigación científica y la intervención pública, sin olvidar la relevancia que en este compromiso ha de asignarse también a la iniciativa privada.

Pues si hoy sabemos que las técnicas de teledetección permiten advertencias de plena fiabilidad en tiempo real, no es menos cierto que el esfuerzo que en este sentido compete a los programas preventivos, a medio y largo plazo, organizados y financiados sin tibieza por las Comunidades Autónomas resulta de primordial importancia. En suma, serían los que, en buena lógica, debieran sustentar los planes de innovación aplicados a la gestión integral del bosque, la cooperación entre las administraciones públicas implicadas y la sensibilidad ciudadana mediante señales de alerta más efectivas y contundentes que las hasta ahora llevadas a cabo.


LOCALIZACIÓN DE LOS INCENDIOS EN ESPAÑA

(14. agosto. 2025)



22 de marzo de 2025

Cuando las provincias despobladas defienden sus cualidades ambientales

 



Aunque es tierra en crítica situación demográfica, no es Castilla y León una región adormecida. Hay vida, hay sensibilidad, hay espíritu de lucha frente a las amenazas que se ciernen sobre ella. No he querido esta lluviosa mañana, recién comenzada la primavera, estar ausente de la importante manifestación que ha recorrido las calles del centro de Valladolid denunciando los riesgos ambientales a las que se ve expuesta por el mero hecho de ser un vasto territorio semivacío en el que es posible acometer
iniciativas que ponen en peligro su calidad global y la calidad de sus recursos: el agua superficial, los acuíferos, el aire, los suelos. La vida natural, en suma, amenazada. La disponibilidad de espacio y la presunción de una débil capacidad reactiva inducen a pensar que el nivel de tolerancia puede ser más alto y permisivo de lo que debiera.



Ahora bien, no es un clamor renuente a la transformación del territorio siempre y cuando aporte desarrollo, empleo, bienestar, recuperación demográfica. Las alarmas que, científicamente fundamentadas, ponen en entredicho los perjuicios de la ganadería intensiva, la fabricación de biogás y los impactos indiscriminados de la generación eléctrica, forman parte de una reflexión con sólida apoyatura empírica, y con argumentos comparativos muy rigurosos, que necesariamente ha de ser tenida en cuenta en la toma de decisiones.



No ha sido una manifestación banal ni festiva. He hablado con mucha gente, de todas las edades, de las profesiones más diversas. Hacia tiempo que no tenía una experiencia similar. Daría para un buen análisis el resultado de este trabajo de campo que, repleto de notas en la libreta que siempre me acompaña, he hecho en solitario, de principio a fin, durante dos horas muy intensas.
Todo es discutible, desde luego, sobre todo ante un tema en el que confluyen tantos enfoques como estimaciones. Pero es que de lo que se trata es de escuchar el clamor de los ciudadanos que, desde Soria y Zamora, las provincias más extremas y vulnerables, reivindican el derecho a ser tenidas en cuenta.



2 de febrero de 2025

El olvido de los problemas ambientales


 ¿Malos tiempos para la preservación de la vida y de la biodiversidad en la Tierra? Tantos esfuerzos, tantas esperanzas, tantas investigaciones fiables...¿ es posible que no hayan servido para nada? Riadas catastróficas, incendios atroces, riqueza biológica en retroceso, crecimiento urbano indómito, montañas de basura sin control. Perforar, perforar... ese es el mensaje. El que venga atrás, que arree.

Sólo la incultura, la zafiedad y la inhumanidad de un convicto en la presidencia de Estados Unidos, apoyado por una sociedad en la que muchos han perdido la conciencia de los problemas que la afectan, y cuando el electo va a agravar la situación de una gran masa de quienes le apoyaron, explican ese rumbo hacia el desastre asumido.


29 de enero de 2025

Tres meses han pasado ya desde los terribles destrozos ocasionados por la riada en Valencia y Albacete.


 La movilización social que ha provocado la atroz riada sobre la Huerta Sur de Valencia y el sureste de la provincia de Albacete quedará para siempre en la memoria. Es la mayor catástrofe natural ocurrida en Europa en lo que llevamos de siglo. Ocurrió en una de las áreas demográficamente más densas de la Comunidad Valenciana. Afectó a 89 municipios de la provincia de Valencia y sur de Albacete con una destrucción equivalente a los 17.000 millones de euros.

Hoy hace ya tres meses que los cúmulos y nimbos vertiginosos henchidos de agua y lluvia en el cielo arrasaron vidas, tierra, viviendas, enseres... en el entorno de un Mediterráneo recalentado como jamás se había conocido. Los españoles y el mundo más sensible asistimos, sobrecogidos e impotentes, a la magnitud de una tragedia que fue desde el principio muy mal gestionada y que aún pervive en la afectada vida cotidiana de los municipios que fueron anegados, con impactos de toda índole que posiblemente nunca serán superados.
En medio de la tragedia afloran la fortaleza y la sensibilidad del pueblo valenciano. Las gentes de Paiporta, símbolo de la entereza de una comunidad admirable, se reunieron un día para transmitir a través de la música que seguían ahí y que tenían muchas cosas que decir. Tres meses después de la calamidad, emerge la música coral, aglutinada por una magnífica canción de Nino Bravo.
Modestamente, me permito desde aquí sugerirles que muchos les estaríamos agradecidos si, en una próxima representación, dieran a conocer su talento y su voluntad con "Al vent, la cara al vent, al vent del món...", del gran Raimon, paisano de Xátiva.



25 de enero de 2025

2025: Año Internacional de Preservación delos Glaciares

 Cuando acaba de comenzar el año 2025 es bueno recordar que, entre otras efemérides a tener en cuenta, ha sido proclamado en 2022  por la Asamblea General de las Naciones Unidas como Año Internacional de la Preservación de los Glaciares,  concretando la fecha del 21 de marzo como el Día Mundial de los Glaciares. 




Se trata de una llamada de atención sobre los riesgos de deterioro a que se enfrentan las masas heladas de la Tierra. Según Naciones Unidas están registrados más de 275.000 glaciares en el mundo que ocupan una superficie de 700.000 kilómetros cuadrados y en los que, junto a las capas de hielo, acumulan en torno al 70% del agua dulce del planeta.  De ahí  la necesidad de valorar la decisiva importancia que su preservación ostenta como garantía de la sostenibilidad medioambiental.  No en vano, se las considera como los "centinelas del clima". 




Pues es bien sabido que la estabilidad de la vida en la Tierra aparece estrechamente ligada a la conservación de los glaciares, por cuanto de ellos dependen los sistemas biológicos del planeta y el mantenimiento de las reservas de agua. Su fragilidad está científicamente constatada. Las investigaciones  señalan que la criosfera (combinaciones de glaciares, hielo, nieve y permafrost) se está derritiendo más rápido que en cualquier otro momento de la historia, con la consiguiente alteración que ello provoca en el sistema hídrico mundial. 

En esta misma línea, una rigurosa investigación, dada a conocer en 2019, revela que la mayoría de los glaciares que forman parte del patrimonio mundial han perdido una parte significativa de su entidad física desde comienzos del siglo XX, afectada, como se indica en el gráfico, por un generalizado y en determinados puntos muy intenso proceso de pérdida de su masa e incluso han llegado a desaparecer en lugares tan significativos como los Alpes o África. 


El mismo trabajo señala que cerca de la mitad de los glaciares del patrimonio mundial podrían desaparecer a finales del siglo XXI si las emisiones de gases de efecto invernadero continuasen al ritmo detectado actualmente, con las graves consecuencias que ello traería consigo.  



31 de octubre de 2024

La vulnerabilidad de España ante el calentamiento global


 No creo que sea exagerado afirmar que la catástrofe climática que ha afectado al sector oriental y sudoriental de España - la más grave y trágica inundación de las sufridas en el siglo XXI -ha convertido a nuestro país en escenario representativo de uno de los principales riesgos que derivan del calentamiento global de la Tierra. España puede convertirse, sino lo es ya, en un espacio paradigmático a escala planetaria de los riesgos climáticos que se avecinan.

Detenerse en la magnitud de los datos - naturales, sociales, económicos - que así lo revelan pone de manifiesto no sólo la extrema gravedad de la tragedia ocurrida a finales del mes de octubre de 2024, sino la amenaza que de forma letal se cierne sobre ese territorio, si se tiene en cuenta que los episodios asociados a las perturbaciones de la dinámica atmosférica no son circunstanciales o esporádicos sino fenómenos naturales que pueden volver a suceder si, como consecuencia del calentamiento del Mediterráneo y las distorsiones de la corriente en chorro, de la que derivan las gotas frías, intensifican su frecuencia e intensidad en el tiempo.
España aparece así, a mi juicio, como una referencia ejemplificadora de los impactos que ya se señalaron con detenimiento en la Cumbre del Clima de París (2015), y ratificados por la COP 28 (2023), lo que determina la necesidad de adoptar posiciones estratégicas de gran envergadura, tanto a escala nacional como internacional.
¿En qué han de consistir? Implica actuaciones ambiciosas y costosas de política pública e iniciativa privada, que han de ser abordadas de inmediato y con visión a largo plazo sobre la base de las advertencias y lecciones recibidas.

29 de julio de 2024

Un fenómeno incuestionable

 

Traigo a colación este gráfico y esta reflexión el día en que Valladolid, a 692 metros sobre el nivel del mar, ha alcanzado los 39 grados de temperatura.

Un gráfico tan expresivo como de necesario conocimiento. Posiblemente estemos viviendo el verano más caluroso ¿Alguien duda de lo que está ocurriendo en la atmósfera? Qué relación tiene con la evolución de la temperatura, la alteración de la dinámica atmosférica y el agravamiento de las catástrofes naturales asociadas al clima?

Es evidente que la ignorancia conduce al desastre, al desastre global, pues a todos afecta. Todos vivimos en el mismo planeta. No hay otra alternativa.

5 de junio de 2024

Dia del Medio Ambiente

 Por más que el escepticismo cunda sobre el tema, no hay que pasar por alto la consideración del 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente. No suelo ser muy aficionado a este tipo de efemérides, pero en este caso la excepción siempre se impone.

Más allá de la dimensión simbólica con la que habitualmente se percibe, es bueno, oportuno y necesario dedicar un rato en este día a pensar en la importancia de la cuestión ambiental como un hecho decisivo, como un problema de primer nivel, que a todos concierne sin excepción. Representa la toma de conciencia acerca de la vulnerabilidad de los entornos naturales en los que nuestra vida se desenvuelve y la asunción del nivel de responsabilidad que a cada cual corresponde en función de los comportamientos adoptados y de la irreversibilidad de los impactos derivados de actuaciones indebidas. Y es que es urgente abandonar la creencia en lo ilimitado de los recursos naturales para asumir su finitud.
Sin duda se han dado avances importantes en este sentido pero queda aún mucho por hacer, sobre todo cuando se percibe la resistencia y la ausencia total de ética de aquellas opciones políticas, sociales y económicas a asumir las magnitudes que ofrece una realidad ambiental permanentemente amenazada.

18 de abril de 2023

La cuestionable instalación en Valladolid de un parque acuático

 La cultura del agua es muy endeble en España. Más bien puede decirse que globalmente se carece de ella. Los desastres cometidos en la gestión del agua en espacios altamente sensibles de la costa (lo ocurrido en Doñana, el Mar Menor y el Delta del Ebro clama, y nunca mejor dicho, al cielo), la irracionalidad y despilfarro en el consumo agrario, la aberrante proliferación de piscinas en espacios hidricamente dependientes, las pérdidas masivas e incontroladas por deficiencias de infraestructura...son hechos incuestionables que no dejan de agravarse en medio del desconocimiento de la mayoría social, lo que resulta inconcebible en un país mediterráneo,, todo él, en el que los déficits hídricos son alarmantes. Prima sobremanera la visión individualista, insolidaria y a corto plazo frente al sentimiento de pertenencia a un ámbito ecológico común, en el que el agua es un bien escaso. Hace tres meses que no llueve.

El agua tiende a convertirse, si no se ha convertido ya, en el recurso más crítico y vulnerable con la consiguiente amenaza que supone para la calidad de vida de la población, que lo necesita para atender exigencias prioritarias. Es preciso, por tanto, educar en los comportamientos de austeridad, economía, eficiencia y autocontrol en el uso del agua. De lo contrario la catástrofe está asegurada. Es además una crítica realidad que no puede desgajarse de su dimensión a nivel mundial. Según la FAO casi 2.000 millones de personas en el mundo habitarán en 2025 en espacios con escasez total de agua, víctimas de una situación de estrés hídrico que afectará gravemente a su salud.
En medio de esta inquietud considero muy cuestionable la decisión municipal de convertir a la ciudad de Valladolid en un parque temático asociado, como reclamo turístico, al uso masivo del agua. Sólo cabría plantearse esa opción a través de una rigurosa evaluación de impacto ambiental, que evitase incurrir en actuaciones indebidas, como se ha demostrada en otras de gran resonancia mediática y lamentable trayectoria en nuestra Comunidad Autónoma. Si la estrategia de crecimiento de la ciudad, que tantos valores tiene para ser reconocida, se basa en actuaciones de esta naturaleza, sin valorar sus implicaciones ambientales y educativas, la deriva hacia la insensibilidad por lo que sucede en un entorno tan frágil como el que vivimos está asegurada. Aunque, por lo visto, en campaña electoral todo es posible.

13 de agosto de 2022

Un buen estudio de evaluación de impacto ambiental

 En 1977 la profesora de Geografía de la Universidad de Sevilla Dominga Márquez Fernández publicó su Tesis Doctoral sobre La geoeconomia forestal de Huelva y el dilema de los eucaliptales. Tengo el libro dedicado. Fue una relevante aportación por su contenido, por la metodología utilizada, por los objetivos que inspiraron esa investigación y por las conclusiones, a las que el tiempo ha dado la razón. No fue un planteamiento visionario, sino el resultado de una constatación sustentada en el trabajo científico.

Hace tiempo que no he vuelto a tener noticias de Mingui, como la conocíamos sus compañeros y amigos. Deseo que esté bien. Al leer esta noticia me he acordado de ella, con el propósito de que, a través de esta red, su obra se reconocida como uno de los primeros y más rigurosos estudios de evaluación de impacto ambiental realizados en España.
Los eucaliptos han destrozado una parte esencial del paisaje onubense y, voraces como son en el consumo de agua, han contribuido a esquilmar los recursos hídricos del Parque Natural de Doñana. Que nadie se llame a engaño. Hace 50 años una geógrafa española, de Andalucía, lo advirtió con una gran clarividencia. La experiencia, poco conocida fuera de ese entorno, ha sido un desastre. He creído oportuno darla a conocer a raíz de esa nota periodística.
Mingui, si lees esto, debes saber que va acompañado de un fuerte abrazo castellano.

21 de junio de 2022

Una carta al Director de El Norte de Castilla

 Cuando la toma de decisiones debe apoyarse en el conocimiento y buen uso de las posibilidades tecnológicas




17 de marzo de 2022

Calimas en invierno

 Los análisis prospectivos lo habían anticipado pero nunca ha habido constancia de un fenómeno natural de esta magnitud y persistencia y en esta época del año. Se conocen las calimas de aire tropical continental (sahariano) como fenómenos habituales, aunque esporádicos y de corta duración, en el centro del solsticio de verano coincidiendo con el desarrollo de potentes dorsales anticiclónicas debidas a las ondulaciones de la corriente en chorro (jet stream) en el hemisferio norte en esa época del año, cuando el jet está más alto en latitudes septentrionales.



Algo serio está pasando para que ese tipo de desviaciones en la circulación general de la atmósfera se produzca durante el invierno. Es una anomalía que llama la atención e invita a pensar hasta qué punto el aumento de la temperatura media de la Tierra y, sobre todo, los efectos derivados de la disminución de la banquisa helada del Ártico están contribuyendo a la aparición de situaciones de llegada masiva de sólidos arenosos en suspensión en latitudes altas en invierno.

10 de marzo de 2022

La destrucción del paisaje en la Ribeira Sacra de Galicia

 


¿Cuánto vale un árbol? ¿Qué valor tiene un bosque? ¿Cuáles son los criterios - científicos, estéticos, emocionales - utilizados para derribar una inmensa masa forestal de gran valor ecológico, sin permiso legal y bajo la iniciativa depredadora de una administración pública, la Diputación Provincial de Orense, en este caso? Se trata nada menos que de la eliminación de más de un centenar de árboles centenarios (amplias biomasas de robles y pinos), que desde tiempo inmemorial embellecen y dan personalidad paisajística a la Ribeira Sacra de Galicia, calificada, por su riqueza y biodiversidad ecológica, como Bien de Interés Cultural y abierta a la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Se ha cometido en Galicia: una salvajada, lisa y llanamente, a pesar de que el portavoz de la Asociación Amigos das Árbores ha recordado que el presidente de la Xunta gallega, Núñez Feijóo, “asegurou que coa declaración de Ben de Interese Cultural, a paisaxe da Ribeira Sacra estaba totalmente protexida”. Bien empezamos, Don Alberto. Un papelón, el suyo.




Es una prueba patente, otra más, de la falta de sensibilidad ambiental en nuestro país, que se sacrifica y elude en aras del aprovechamiento turístico intensivo y efectuada por el poder público al margen de la ley (Vean el video). No todo sirve para la promoción turística sin tener en cuenta la capacidad de acogida del territorio y su nivel de tolerancia a los impactos, principios sustanciales en los que se apoyan las evaluaciones de impacto ambiental requeridas como paso previo a cualquier intervención.

Por desgracia, es una práctica habitual en España donde la cultura del territorio - ¿alguien ha oído hablar de estas cuestiones en los debates parlamentarios? ¿recuerdan aportaciones en este sentido en el ámbito de la decisión pública? ¿Cuántos proyectos de ordenación sostenible yacen en el baúl de los recuerdos? - se supedita al cortoplacismo de los intereses que priman en la utilización del patrimonio y de los elementos territoriales más valiosos. España es el país de la Unión Europea donde la agresión a la calidad de los paisajes, y con harta frecuencia también al patrimonio cultural, alcanza mayores umbrales de incidencia.


16 de marzo de 2021

Cuando el número de mascotas supera al de niños

 


Desconocía esta noticia, que impresiona. Sin duda tiene más importancia de la que parece. Revela el declive de la fecundidad humana en el mundo desarrollado y, en paralelo, la creciente intensificación de los vínculos afectivos de muchos ciudadanos con los animales de compañía. Es un hecho que en la calle se percibe ostensiblemente a raíz de la pandemia y que las cifras revelan con gran impacto. Transformación de la sociedad, nuevos hábitos de comportamiento y formas diferentes de relación se entreveran como manifestaciones de modelos sociales que invitan a reflexionar sobre su significado, y los sesgos emocionales consecuentes, en las sociedades del siglo XXI. Sus implicaciones económico-espaciales son muy relevantes y no están ajenas a los niveles de preocupación que, a mi modo de ver, pudieran provocar. ¿Qué lecciones, qué advertencias cabe extraer de este hecho cuya importancia no se puede ni debe ignorar?

El hecho de que en España haya más mascotas (registradas) que niños menores de 15 años no es una cuestión baladí.

20 de marzo de 2020

Cuando la presencia humana desaparece, la naturaleza se apodera del espacio



Paseo de Zorrilla. Valladolid. 20-marzo-2020

17 de febrero de 2020

Degradación ambiental en el País Vasco

Inconcebible, que nadie lo ignore: estamos ante una desgracia ambiental de enorme magnitud. En ese entorno de desarrollo, privilegios fiscales y sobrevaloración política en que se ha convertido el País Vasco bajo el mandato sempiterno de los herederos de Sabino Arana, a los que muchos alaban por una altura de miras en la política española directamente proporcional a las sinecuras recibidas (asi, cualquiera se hace sensato, ¿verdad, Aitor Esteban?), ha tenido lugar una de las mayores catástrofes ambientales ocurridas en España en varias décadas.
De nada han servido la Ley de residuos y suelos contaminados (2011) de dimensión estatal ni el Decreto para la prevención de la contaminación del suelo, promulgado por el gobierno euskaldun en 2015. Igualmente son numerosas las directivas comunitarias al respecto y las disposiciones de todo rango encaminadas al control de unos impactos de cuya gravedad y peligrosidad nadie duda. He ahí en evidencia una pésima gestión del territorio, y la prueba fehaciente de la despreocupación con que en España se abordan los impactos ambientales.
Es un impacto de larga data. Por Zaldívar (entonces con uve), por Eibar, Ermua y Elgueta andaba yo en 1974 intentando realizar la Tesis doctoral. La zona afectada ya lo estaba entonces y no eran infrecuentes las llamadas de atención sobre el riesgo que suponían almacenamientos masivos sin vigilancia de los desechos metalúrgicos, y con total despreocupación por parte de las empresas, que allí se depositaban. En Éibar había un grupo muy activo contra el vertedero de Zaldívar. Al final, y como ocurre siempre, la naturaleza se ha rebelado para dejar al descubierto la mala política y la indefensión de las sociedades afectadas.

13 de septiembre de 2019

La lección inaprendida de la catástrofe de Nogalte

Jamás olvidaremos lo que sucedió en 1973 en la Rambla de Nogalte, en Almería, que en tres ocasiones he visitado en compañia de los estimados colegas de Murcia. Han pasado 46 años de aquella terrible tragedia, que puso dramáticamente al descubierto los riesgos que las grandes precipitaciones, asociadas al fenómeno ciclónico conocido como gota fría, provocan regularmente, cuando están urbanizados, en los cauces que desde las Béticas y Subbéticas avenan al Mediterráneo. Mil y una veces se ha dicho y advertido, pero no se ha mucho caso. Se ha escrito sobre el tema hasta la saciedad, se han organizado numerosas reuniones cientificas sobre el tema, efectuando análisis, propuestas y conclusiones que no admiten réplica posible. La amenaza de la macroinundación es letal en ese sector del Mediterráneo occidental.

En 2012 recuerdo, porque así a ese encuentro en Alicante,  que se habló del tema en Orihuela y Onteniente, donde la sensibilidad de un sector de la sociedad está a flor de piel. Pese a todo, los errores se han seguido cometiendo, la ordenación del territorio brilla por su ausencia, los negocios inmobiliarios se disparan sin evaluaciones de impacto previas y sin pensar en el día después. La tragedia ha vuelto a suceder. Nadie con poder parece percatarse de que la Naturaleza siempre se rebela ante el maltrato y la desconsideración. La muerte y la destrucción acechan mientras la visión cortoplacista induce a mirar para otro lado.
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