Efluvios psicodélicos en sus inicios, largas instrumentaciones en sus años progresivos (pero nunca ruidismo ni improvisaciones pseudojazzísticas, siempre intensas, coordinadas, melódicas) y perfectas canciones pop de extrañas y cautivadoras letras, pero siempre música que eleva el espíritu.
Un estuche de magnífico aspecto y un contenido de interacciones potentes entre los teclados, guitarra y la excelente base rítmica con los mejores exponentes del "sonido Canterbury", al menos los que a mí más me gustan!
David