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viernes, 24 de junio de 2022

Divina Puerta






D
ulce refugio, todo luz, ardiente
 que acoge al pecador perdido y curas
 el frío, el desamor y las oscuras
 vanas heridas del débil doliente.

 Corazón redentor que nos procuras
 consuelo, paz, pureza, oriente,
 firmeza, confianza y la ferviente
 esperanza a las almas de seguras
 
vivir por siempre en Ti como morada
 En tu pecho, Jesús, tengo mis ojos
 tal esclavo en su amo la mirada

 creyendo que ni espinas ni abrojos
 me ocultarán la puerta que es entrada
 a tu Reino sin barras ni cerrojos.


Ex voto

+T.

domingo, 4 de agosto de 2019

Orate pro sacerdotibus nostris



Omnipotente y eterno Dios, mira el rostro de tu Divino Hijo y por amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes. Recuerda que no son sino débiles y frágiles criaturas, mantén vivo en ellos el fuego de tu amor y guárdalos para que el enemigo no prevalezca contra ellos y en ningún momento se hagan indignos de su santa vocación.

Te ruego por tus sacerdotes fieles y fervorosos, por los que trabajan cerca o en lejanas misiones y por los que te han abandonado.

¡Oh Jesús! te ruego por tus sacerdotes jóvenes y ancianos, por los que están enfermos o agonizantes y por las almas de los que estén en el purgatorio.

¡Oh Jesús! te ruego por el sacerdote que me bautizó, por los sacerdotes que perdonan mis pecados, por aquellos a cuyas misas he asistido y asisto, por los que me instruyeron y aconsejaron, por todos para los que tengo algún motivo de gratitud.

¡Oh Jesús! guárdalos a todos en tu Corazón, concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad Amen.

Sagrado Corazón de Jesús, bendice a tus sacerdotes

Sagrado Corazón de Jesús, santifica a tus sacerdotes

Sagrado Corazón de Jesús, reina por tus sacerdotes.

María, madre de los sacerdotes, ruega por ellos.

Danos Señor vocaciones sacerdotales y religiosas.

Amén.
               (Oración de San Juan María Vianney, Santo Cura de Ars, por los sacerdotes)




+T.

viernes, 28 de junio de 2019

¡ Ven, Corazón, y vence !


De Dios estable e inagotable fuente
manso y humilde, paciente, herido
que amando hasta el extremo ha padecido
haciendo entre tierra y Cielo paz y puente.

Refugio y bendición del penitente,
fuerza y sanación de todo herido
del paso vacilante del perdido
norte feliz y sol siempre en oriente.

Si vencidos nos ves, Tú reina y vence
lo que en nuestra batalla no pudimos:
¡Que venga ya tu Reino, que comience

al fin a ser real lo que pedimos
y en tu Corazón se una y entrence
la Vid eterna con nuestros racimos!


+T.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Adviento


Los rezos de la Primera Domínica de Adviento me insuflan - desde que recuerdo sus rezos - una limpia brisa espiritual, como cuando se abre la ventana en una mañana de Diciembre y huele el aire a invierno, a frío de calle y campo, a lumbre acogedora de la casa del niño que fui, a tahona y cocina de abuela, a salón con mesa de camilla y sahumerio de alhucema en el brasero, a naranjas en la despensa y aceitunas en la orza, todo junto, fresco, amable, dulcemente cálido y acogedor. Después de la sensación y el álbum de recuerdos, razono que quizá sienta así porque el Adviento que me conmueve, el original, fue así: Un tiempo cumplido en el que la Gracia se hizo vida con el 'Ave', un 'Ecce', su 'Fiat'...Todo tan entrañablemente humano, familiar, íntimo, quasi en el secreto de Dios y la Virgen, todo envuelto en el velo suave de su Providencia, limpio, impoluto, inocente, nuevo...

Tengo que predicarme cada año la penitencia del Adviento, cuyo tono penitente - el poco que había conservado - se ha desleído en el disolvente del 'blacfridai' y demás diablurías de los yanquis de 'papanoelandia'; y también loterías castizas y prematuros turrones, mazapanes, mantecados, alfajores y demás confites, tan adelantados de fecha.

Un com-páter me comentaba esta tarde que él iba a citar en el sermón a Dom Gueránger, que enseñaba en su 'Año Cristiano' que el tiempo del Adviento está principalmente dedicado a los ejercicios de la 'vía purgativa', entendiéndose - éxplicome - la tal vía como aquella manera de vivir que, según PP Franciscus, avinagra la faz sicut pepinillos.

- '...Pepinillos puedes comer los que quieras', díceme el nutricionista, tan serio tal cual si me llevara una cuenta de alma al estilo del Padre La Palma (para que se me entienda).

...Y el que no me entienda es porque ya sufre el virus del des-adviento del des-catolicismo del tiempo hodierno.

Concluyo, fratres, con el clamor del Bautista: "...Paenitentiam agite adpropinquavit enim Regnum Caelorum".

Porque todo lo que no sea esto, no es Adviento, seamos sinceros, que es tiempo de ello.


+T.

martes, 13 de febrero de 2018

Buscando Su Rostro

Recuerdos de mis años universitarios, cuando el vetusto Don José Hernández Díaz, papada floja y temblona, con temblona y flojita voz, repetía, lapidario, -'...es el Laocoonte cristiano', y nuestra sensibilidad - arte y piedad - y nuestro sentimiento - fe y estética - recibían el oráculo imaginando más allá de las dos fotografías en albúmina del Cristo de Vergara, una utopía quasi mítica que se pronunciaba como un ensalmo en las aulas de Historia del Arte, aun Facultad de Filosofía y Letras de Sevilla. Por eso, cuando vino la pasada primavera, por todo eso, cuando se ha vuelto a ir, en pleno invierno, nos ha conmovido tanto.

Si volver materia tridimensional el pathos, el dolor, la belleza, lo vivo en lo inerte, es un magnífico poder demiúrgico, meta-humano, ¿qué es, qué será, hacer en madera a Dios, más aun, a Dios amando, y a Dios amando y muriendo, a Dios muriendo por amor y ofreciéndose a Dios en sacrificio nuevo y eterno? ¿Quién podría, quién puede; alguien lo ha podido ver, imaginar, hacer y luego mostrar?

Sevilla, mi ciudad, tuvo, por divina gracia, el don de entender y plasmar el Misterio del Dios Crucificado, un largo Siglo Sagrado de Oro, desde el Cristo del Millón catedralicio al Cachorro de Triana, con el Cristo de la Agonía de Vergara, del maestro Juan de Mesa, como una preciosa espina desclavada de Sevilla que nos dolía cuando lo estudiábamos, nos ha dolido cuando lo hemos tenido y - ¡ay! - nos está doliendo porque se ha vuelto a ir.

Los tres días que ha estado expuesto en la capilla de los legos de la Cartuja han sido como unas Cuarenta Horas de contemplación, volátil y olorosa como una voluta de sahumerio sevillano (con incienso, rosas, naranja amarga, canela y miel). Un oído fino distinguía entre la luz del sacellum cartujano polifonías de Morales, Guerrero, Ortiz y Victoria, y hasta algún retazo del Miserere de Eslava; yo le ponía corales de las Pasiones de Bach, ecos celestiales - ¡otro milagro! - armonizados por los hijos de Adán, dulzuras destiladas en la amargura y el llanto de los hijos de Eva, el clamor por el Hijo Único, el planto por Jesús el Nazareno, el más bello de los hombres, que derrama gracia con su sangre, que abre el Cielo cuando expira y se entrega al Padre.


Verle, me dejó en los ojos la hermosura corporal del Hijo enclavado, me hirió en el alma el amor del Dios anonadado, me envolvió - fe y razón - el pensamiento del superno sufrimiento, me sumergió en un De profundis la cercanía táctil del Misterio.

...Extrañé no haberle podido besar los pies, casi por necesidad de pía iconodulía que necesita tocar y besar, no para creer, sino porque cree. Y porque amo con pasión ese Credo.

El Cristo de la Agonía de Vergara restaurado en Sevilla

Ex Voto y dedicado a I.M.

+T.


miércoles, 12 de octubre de 2016

Alma y España


Aprendí que era el alma
de mi ser lo más hondo
espejo del Creador,
inmortal vida y centro
de celestial valor.

Hoy sé que atesora
también la sal y el tiempo,
lágrimas, gozos, vientos,
la lluvia, el color, un ciento
de cuentos y leyendas,
de amores y promesas,
mil olvidos, recuerdos,
desengaños y sueños,
los posos de mi alma,
pasión, sabor, dolor.

También creció la patria
profunda en el espíritu,
raíces, cimas, fondo,
senderos de la historia,
sangre, victoria, honor.

Y cuando digo ¡España!
con todo lo que amo,
es un eco de mi alma,
pulso que sube a Dios.



+T.

martes, 10 de mayo de 2016

El centro del Maestro Ávila

 


Esta mañana, a un cura amigo que me felicitaba la fiesta del Patrón con una cita, le escribí: "-...Sabes? Algunas veces, cuando leo a San Juan de Ávila me da miedo...algo así como un reverente temor sacerdotal..."

Ese miedo a las palabras (¡las verdades!) del Maestro Ávila no es nuevo, pues lo siento desde las primeras veces que leí sus sermones, sus meditaciones, sus tratados, sus cartas. Cosas, por ejemplo, como esta:

"...Entre todas las obras que la divina Majestad obra en la Iglesia por ministerio de los hombres, la que tiene el primado de excelencia, y obligación de mayor agradecimiento y estima, es el oficio sacerdotal; por el ministerio del cual el pan y el vino se convierten en cuerpo y sangre de Jesucristo Nuestro Señor, y su divina persona está por presencia real (...)

Y no se tengan por afrentados los hombres terrenales, bajos o altos, cuyo poder es en cuerpos o en cosas corporales, en ser excedidos de los sacerdotes de Dios, cuyo poder es en las almas, abriéndoles o cerrándoles el cielo, y lo que es más, teniendo poder sobre el mismo Dios, para traerlo al altar y a sus manos; pues que los ángeles del cielo, aunque sean los más altos serafines, reconocen esta ventaja a los hombres de la tierra ordenados en sacerdotes; y confiesan que ellos, con ser más altos en naturaleza, y bienaventurados con la vista de Dios, no tienen poder para consagrar a Dios, como el pobre sacerdote lo tiene.

(pero los Ángeles) No tienen envidia de esto, porque están llenos de verdadera caridad; y, viendo en las manos de un sacerdote al mismo Hijo de Dios a quien ellos en el cielo adoran y con profunda humildad le alaban con mucho temblor, admíranse sobremanera de la divina bondad, que tanto se extiende, y gozándose mucho de la felicidad de los sacerdotes, y una y muchas veces, con entrañable deseo, les dicen: Benedicite, Sacerdotes Domini, Dominum; laudate et superexaltate eum in saecula; y de verlos tan honrados de Dios, hónranlos ellos, y oyen con temblor las santas palabras que de la boca del sacerdote salen; y adoran a su mismo Rey y Señor en las manos del sacerdote, como una y muchas veces lo adoraron en los brazos de la Sagrada Virgen María (...) Oh bondad grande suya, que así engrandece a los sacerdotes, que los levanta del polvo y estiércol, y les da poder no sólo como a los príncipes de su pueblo, más aún: que puedan lo que ellos no pueden!..."


San Juan de Ávila, Tratado del Sacerdocio.

Lees textos como este y, de pronto, te encuentras enfrentado al misterio de ti mismo con Cristo en el centro. Y Cristo al principio, porque te escogió, te llamó, te consagró. Y Cristo al final, porque te examinará, te juzgará, te remunerará. Todo en modo sacerdotal, siendo el sacerdocio el sello que me marca cristológicamente (y me estremezco al escribirlo).

En el Doctor de la Iglesia San Juan de Ávila, la referencia sacerdotal es Cristo-centro, Cristo eje, Cristo única atracción, único destino, puerto de salida y meta de llegada. No hay periferias.

Las periferias han sido el perdedero de tantas vocaciones dubitantes, de tantas crisis de identidad sacerdotal que se han extraviado, confundido y disuelto en las periferias. Tantas periferias, todas distrayendo a los sacerdotes de su centro, de su eje sacerdotal, que es sólo Cristo.

Y la centralidad de ese Centro es sacerdotal-sacramental-eucarístico.

También eso me da miedo, que estemos en tiempo de promoción de periferias.

También me estremece que se conjugue tanto, y por tantos sitios, 'descentralizar'.

Con la lección del Maestro Ávila emocionándome con temor y temblor, mi invocación a Cristo, por sus sacerdotes: Cor Iesu, Rex et Centrum ómnium sacerdotum cordium, sanctífica, miserere nobis !!!


+T.

domingo, 18 de octubre de 2015

Teresianas (notas)

Quienes hemos conocido en el convento de San José de Sevilla el discreto retrato de Santa Teresa que le pintó fray Juan de la Miseria, nos sentimos extrañamente incómodos ante el éxtasis de la Santa que figuró el Bernini para la suntuosa (y pretenciosa) capilla de los Cornaro. Y no porque nos incomode lo suntuoso, ni porque no nos deslumbre el brillante genio del insuperable Bernini, artista a quien veneramos (y no exageramos).


Lo que nos sucede en el caso de la extática Santa Teresa berniniana es que apenas se corresponde con la del retrato del real que le hicieron en Sevilla. No me refiero a parecidos, sino a conceptos: El éxtasis de la Teresa de Jesús que trasluce el mediano cuadro de fray Juan no pudo ocurrir en las formas que el gran Bernini recreara. Admitamos que podría entenderse posible que el Bernini interpreta ad extra un inefable ad intra. Pero el fondo místico de aquel éxtasis late más realmente en los ojillos legañosos que pintó el fraile que en los ojos desmayados que esculpió el maestro barroco romano. Recomiendo, ergo: Quien busque un éxtasis sublime, que se recree en la Capella Cornaro; quien quiera saber (hasta donde le sea concedido) la mística de un alma traspasada y encendida por el Amor más inefable, que se quede a mirar el cuadro de fray Juan.

 
 
En Sevilla hemos tenido que sufrir hace poco el indiscreto malgusto fraileril que encargó a un imaginero de moda una neo-imaginación de la escena de la vida de la Santa. Miren Uds. comparando y se harán cierta idea del carácter de los autores, el ideísta y el plasmador, de la repelente representación.



Otra consideración a propósito de Teresas y retratos: La reticencia y resistencia de Santa Teresa a ser retratada contrastan con el gusto por el retrato de Santa Teresita, la de Lisieux, quizá la Santa más retratada (en vida) de todo el Santoral (salvo recientes Santos coetáneos de la era de la polaroid, el fotomatón, el photoshop y el reportaje fotográfico).

Siguiendo con la consideración a propósito de las dos Teresas, la distancia entre el Castillo Interior y la infancia espiritual, es la que va del Siglo de Oro y Trento a la pre-decadencia fini-decimonónica que preludiaba el declive general del Vat.2º. Casi todos los grandes progenitores del aggiornamento fueron fervorosos entusiastas de la Teresita. Sostengo que la debilidad de los espíritus modernos ya no podía digerir la recia piedra berroqueña que edifica la espiritualidad de la gran Teresa, maestra de almas de otra altura y horizontes. Ya sé que molesto a algunos cuando digo esto, y me hago cargo de que las comparaciones - ¡es verdad! - son odiosas y las verdades dolorosas.

Claro que la comparación es, entiendo, forzosa. Y la verdad, clamorosa.


Se explica también que, a diferencia de Santa Teresa, la Santa Teresita no pudo inspirar a un Bernini que la imaginara extática y transverberada en una obra cumbre de la escultura religiosa. Santa Teresita quedó para la posteridad del kitsch católico, melosamente sonriente en las estampitas y en las escayolas moldeadas de Olot. A cada cual lo suyo.



Y a cada Santa su época (con todas sus circunstancias y consecuencias).


...También eso debe ser Providencia.


+T.

jueves, 2 de abril de 2015

Nunca suficiente !


La Sagrada Liturgia tiene pormenores de sutil intimidad, rincones exquisitos para el alma más recogida. De entre todos, las visitas y la adoración del Monumento del Jueves Santo son los más privilegiados; también - ¡ay! - muy poco frecuentados.

Cada vez son más raras las estaciones, las visitas a los siete Monumentos que mandaba la piedad tradicional, la buena, la pre-conciliar. Al post-concilio le estorba el Monumento, le irritan flores, cera y adornos; hasta en los guiones litúrgicos aprobados se recomiendan minimalismos, expresión de una fe mal formada, acomplejada, con un resabio recóndito de las mezquindades del Judas quejoso por el nardo costoso para los pies del Señor.

Mantengo, en cuanto puedo, una especie de nunquam satis referido al Monumento: Lo mejor, siempre lo mejor y, aun cuando sea lo mejor, quedará siempre mejorable, porque siempre le cabe más y mejor: Nunquam satis!

Cómodas abiertas, manteles almidonados y rizados, encajes estirados, todo sacado de año en año para el Señor, sólo para el Señor. Macetas cuidadas, esmerados alhelíes, pulcras calas, delicadas celindas, celados claveles, sólo para la tarde del Monumento. Candeleros brillantes, cera de calidad, mucha cera encendida. Lo material que acude a componer un ámbito, una peana, un Tabor para lo espiritual. Sentidos y teofanía, lo que se ve y lo que no; lo que huele a Dios, lo que suena a Cristo, las cosas sencillas, cuidadas, que dan una sombra de esplendor a lo inefable: El amor para el Amor.

Así se compone el Monumento: Cosas, almas, rezos, sensaciones, detalles, ofrendas...Y en el centro Dios oculto, Cristo en Sacramento. La Presencia y los que se presentan ante su trono de misericordia, recogidos, con el temor y el temblor de los piadosos, el fervor de los humildes que creen sin ver, aunque lo que ven les ayuda a creer, a adorar más y mejor. También nunquam satis.


+T.

domingo, 22 de febrero de 2015

Iglesia tentada


Si el Señor fue tentado, la Iglesia siempre ha estado tentada por el mismo que tentó al Señor, Satanás. La profecía de que no será derrotada por el poder infernal lleva implícita la certeza de que la Iglesia se verá constantemente atacada, asediada por las fuerzas del Maligno, cuyas arremetidas se manifiestan de muchas y diversas formas. Pero más que el ataque puntual, externo, de las fuerzas oscuras, la Iglesia debe temer sobre todo la seducción perversa, el engaño que la conduzca a entregarse y obrar el mal.

Siguiendo la secuencia de las tentaciones de Cristo en el desierto, podríamos aplicar a la Iglesia actual ese mismo paradigma de las tres tentaciones diabólicas (Mt 4, 1-11; Mc. 1, 12-13 Lc 4, 1-13):


- "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".  Es la Iglesia tentada por el temporalismo, por el activismo, por la urgencia de la promoción social y la justicia intramundana olvidada de la justicia Dios; es la iglesia que ha perdido el celo misionero por la salvación de las almas y se trasmuta en la iglesia-ong, la iglesia de quienes ya no predican el Reino de Dios ni piden su advenimiento porque se han persuadido de que toda la obra de evangelización es material, reducida a una misericordia corporal elevada al nivel de iniciativas estructurales globales, mundiales: La tentación de la iglesia-FAO.

- "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra". Es la Iglesia tentada por el éxito y el aplauso del mundo, la iglesia del diálogo, la iglesia reducida a instancia cultural entre las culturas, la iglesia del perpetuum mobile, del constante aggiornamento, la iglesia del baile con todo y con todos, la iglesia-espectáculo, la iglesia-circense, la iglesia de las jmjs, los mass media, los twitters, las novedades, la iglesia que se apunta al hip-hop y al trending topic, la iglesia banalizada que degenera en fan de sí misma, se aplaude a sí misma, se organiza para ella misma fuegos artificiales y se celebra continuamente, continuamnete encantada de ella misma, inconscientemente feliz, deslumbrada y embelesada con las mil y una posibilidades de nuevas iniciativas y fascinantes éxitos.

- "Te daré todo esto, si te postras para adorarme". Es la Iglesia tentada por el poder, al borde del precipicio de la idolatría mundanal, atraída por los reinos y potestades del mundo, la iglesia que planea alianzas, ejes, pactos con los poderes mundanos y los poderosos del mundo, la iglesia ebria con el vino de la ambición imperante, la iglesia que sueña con la dominación de esferas, órbitas, universos.


Sólo hay que echar un vistazo sumario a la Historia de la Iglesia para hacerse una rápida analepsis, un flashback con momentos y personajes que han caído en la tentación de las tentaciones de la Iglesia.

Hoy mismo, la Iglesia está expuesta, tentada por las tentaciones de siempre. Hasta podemos poner rostro a los 'hombres de iglesia' protagonistas de la tentación por pensamiento, acción y/u omisión.

¿No lo ven Uds.? ¿O es que están tan enredados en las tentaciones que no perciben, que no sienten, que no disciernen que se trata de tentaciones, que son las tentaciones de entonces, de ayer, de siempre?



Evígila super nos, ætérne Salvátor,
ne nos apprehéndat cállidus tentátor,
quia tu nobis factus es sempitérnus adiútor.

Vela sobre nosotros, Salvador eterno;

sé tú nuestro protector,
que no nos sorprenda el tentador astuto.


+T.

miércoles, 14 de enero de 2015

Educar hijos felices


Hace poco que han publicado en el ABC una pequeña entrevista a un profesor de filosofía de - creo recordar - la Universidad de Barcelona, D. Gregorio Luri: 'Los padres que quieran hijos felices tendrán adultos esclavos de los demás':


"...Estoy empezando a pensar que hay un sector de educadores postmodernos que se han convertido en el aliado más fiel de la barbarie, que lo que hacen es ocultar la realidad y sustituirla por una ideología buenista, acaramelada, y de un mundo de «teletubbies». Personalmente, me resultan más atractivas la valentía y el coraje de afirmar la vida. Tenga usted un hijo feliz y tendrá un adulto esclavo, o de sus deseos irrealizados o de sus frustraciones, o de alguien que le va a mandar en el futuro. Personalmente, me resulta mucho más atractiva la valentía, el coraje de afirmar la vida. Algo que ha sido, por otra parte, la gran tradición occidental desde Homero hasta hace dos días: Querer a la vida a pesar de que esta es injusta, tacaña, austera. No querer a la vida porque encontramos la forma de diluirnos todos en un acaramelamiento que hasta me parece soez. Ahora la felicidad se entiende como un recorte de las aspiraciones (...)

Hay que tener claro que lo contrario de la felicidad no es la infelicidad, es la realidad. Hay que asumir la complejidad del mundo (...) cuando nuestros hijos salgan al mercado, la sociedad no les va a medir por su grado de felicidad, sino por aquello que sepan hacer, que es exactamente lo que se le pide a las personas con las que nos relacionamos. Cuando vamos al dentista, no nos importa que sea feliz, sino que sea profesional en lo que hace (...) "

Se agradecen artículos interesantes de gente bienpensante. Pero extraño la ausencia del concepto sobrenatural si se habla de felicidad. Cuando Aristóteles hablaba de felicidad enseñaba que el hombre es feliz cuando satisface su más alta potencia, que es la inteligencia; a más alto saber, más felicidad. Y cuando los cristianos entendemos eso, damos un paso más allá, mucho más allá, y enseñamos que la felicidad parcial que el mundo nos proporciona sólo se completa/perfecciona y satisface verdaderamente con el goce de Dios.

Comprendo que a un filósofo del s. XXI le cueste siquiera aludir a la 'visión beatífica', pero me resulta enormemente empobrecedor enseñar que educar es hacerse cargo de la realidad sin perspectivas de más realidad que la que vemos (o sufrimos). Un cierto fatalismo pagano (?) late en la tesis de educar para ser competentes con lo que te toque, y nunca ni nada más.

Leí el articulete entrevista con interés, como he dicho. Me gustó la inclusión de la anécdota de Creso atormentado recordando en la pira a Solón. Recordar y citar a los clásicos greco-latinos es un exquisito detalle que siempre complace; además es una referencia a una de las fuentes de nuestro pensamiento, perenne escuela, muy dañoso cuando se ignora. Pero mientras leía me acordaba de otros posibles discursos cristianos, empapados en la sabiduría de la Fe, viniéndoseme a la cabeza el P. Alonso Rodríguez y su 'Ejercicio de Perfección', con lo que dice sobre este tema:

'Que esta perfecta conformidad con la voluntad de Dios es una felicidad y bienaventuranza en la tierra'

También ameniza el P. Rodríguez lo que expone con una cita de los clásicos por medio de San Agustín, que contaba sobre los que subían a las cumbres del Olimpo llevando una esponja con agua puesta en la boca y la nariz para poder condensar y respirar el sutilísimo aire del monte de los dioses, y llegados allí escribían en las piedras con la punta del dedo, y cuando volvían tiempo después encontraban lo escrito intacto, sin que el viento o el agua o la nieve lo hubieran borrado, tal era la serenidad de aquellas cimas. Y concluye:

"...los que tienen esta conformidad entera con la voluntad de Dios 'nubes excedit Olympus et pacem summam tenent', hanse subido y levantado tan alto, han alcanzado ya una paz tan grande, que no hay nubes, ni vientos, ni lluvias que lleguen allí; ni hay aves de rapiña que salteen ni roben la paz de su corazón".

Y sigue diciendo que por eso predica San Agustín que el 'beati pacifici' de la 7ª bienaventuranza se refiere a esto mismo, pues son dichosos y son llamados 'hijos de Dios' por su conformidad con la voluntad del Señor.

Conclúyase, pues, que la mejor educación de un padre para sus hijos es formarlos en la conformidad con la Divina Voluntad, algo que, siendo sobrenatural, deberá procurar a la vez con ciencia, ejemplo y súplica, rogando al Espíritu Santo que infunda esa sabiduría preciosa en sus almas.

La filosofía con la Fe es scientia perennis, la mejor docencia.


+T.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Villancico 1


Estrellitas del cielo,
luz de diamante
poned junto al pesebre
del Dios Infante;
vengan mil soles
que alumbren como el día
la Santa Noche.

Florecitas del campo
ricos olores
llevad al portalito
con mil colores;
y con romero
sahumad al Niño,
Dios Verdadero.

Pajaritos del bosque
trinad loores
y haced con suaves plumas
almohadones
para el pesebre
donde yace dormido
Quien nunca duerme.

Pececitos del río
labrad de espuma
una cuna de plata
y luz de luna;
conchas de nácar
trabajad con finura
de filigrana
a Quien aguas divide
y aguas separa.

Criaturitas del cielo,
el mar y la tierra,
contemplad al Creador
que todo crea,
recien nacido
es eterno en su Gloria,
Dios infinito.


+T.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Una suave alegría


 
El alma en gracia puede exultar de alegría interior, pero lo habitual es que se mantenga en suave alegría, un manso gozo compatible con el peso de la cruz, las contradicciones de las circunstancias, las eventuales desolaciones e, incluso, los temores, fantasmales o materiales. Una suave alegría ambiental-espiritual que acompaña al cristiano, como una cierta atmósfera, santamente gozosa pero aun no gloriosa. Se respira paz y se expira paz.

El color rosado del III Domingo de Adviento conviene al estado que describo, como un matiz aportado por nuestra tradición litúrgica que, por la proximidad del Nacimiento del Señor, deslíe el intenso morado en la paleta espiritual de las cuatro semanas que preludian los misterios del Primer Advenimiento. Y como su primera venida fue en la humildad de nuestra carne, los paramentos sacerdotales recuerdan el color suave del cuerpo de un recién nacido. A mí me lo recuerdan.

También recuerdo escenas de paz y silencio ligadas a la imagen de una madre gestante, ensimismada, recogida en una suave felicidad íntima centrada en su seno y el hijo que en él late. Son momentos de intransferible felicidad, difíciles de explicar, inefables, pero poderosamente impresionantes para quien presencia desde fuera ese cuadro.

Hablar de las cosas del alma, de la vida espiritual, en femenino, es una intuición de muchos maestros cristianos que escogen ese verbo para expresar mejor los pormenores del misterio de la vida sobrenatural de los fieles.

Una tarde, una oración, una meditación, la intimidad del Sagrario, el eco lejano, amortiguado, de la calle, del mundo, el recuerdo recogido de quienes amamos, presentes y pasados, la conciencia sacramental de la Presencia, la sencillez de la oración que balbuce cosas del Cielo desde este suelo, sentir la fuerza que nos viene de lo alto, impregnarse en el aroma encendido del Santuario, aspirar y sentir la elevación de la criatura al Creador, el pulso del amor y la emoción hasta el manso lacrimar que intuye otra forma más alta de sentir.

Una suave alegría, en suma. Siempre perfeccionable, siempre llamando a más hondura, a más altura...

...Ut beatus inventus Inmensus est.


+T.

jueves, 1 de mayo de 2014

Con flores



Con flores yo iba a María
y con rezo inocente decía
- 'Oh Señora mía, oh Madre mía,
yo me ofrezco del todo a Vos...'

Y cantábale coplas sencillas
de mi madre en mi casa aprendidas
- '...Salve, Salve, cantaban, María,
¿quién más pura que tú? ¡Sólo Dios!...'

Y cada año Mayo me envolvía
con salves y flores, con velas y vivas,
con voces de niños que blanco vestían
para su primera y feliz Comunión.

La flor de azucena, el libro de nácar,
la cruz, la cadena, el rosario de plata,
el beso, la estampa, la luz mañanera,
la mesa vestida con aquel mantel
que sólo sacaban los días de lujo,
la gente en la calle vestidos de fiesta
esperando al niño para ir con él
a Misa a la Iglesia, todos reunidos,
la familia entera, todos los de casa
creyendo tan firme como cree un chiquillo
sin dudar, sin miedo, con sencilla fe...

Ahora que vuelve el Mayo florido
con rosas y espinas del ayer que fue,
me conforta el alma el candor del niño
que sigue rezando, muy firme su fe,
lo mismo que entonces, la misma plegaria:

- 'Bajo tu amparo...graciosa belleza...
...alma, vida y corazón...
...no desoigas la oración...
...vida, dulzura, esperanza nuestra...
...Virgen sagrada María...
...llévanos, por tu Asunción...
...súbenos, oh Madre mía !!!

        **** **** ****

...Un día a verla iré
al Cielo, patria mía,
allí veré a María
al fin yo la veré...



Ex Voto

+T.

jueves, 17 de abril de 2014

Velar el Monumento


Mi abuela criaba macetas de alhelíes para adornar el Monumento del Jueves Santo, alhelíes dobles, blancos y morados, de un olor dulce intenso. Venían a recoger las macetas la mañana del Jueves Santo, y las ponían sobre unos pedestales blancos con filos dorados, en la parte de fuera del Monumento, en los lados y por delante. De otras casas llevaban claveles, calas y celindas; de los naranjos en flor se cortaban ramitos de azahar que se ponían en jarritas con agua. Era cada año como una repetición floral del bálsamo de nardo de María de Betania, que perfumaba al Señor adelantando su santa sepultura.

Un Monumento es un sepulcro con Cristo viviente reservado, como esas imágenes del Cristo latiente del Quattrocento italiano, mitad eucarísticos, mitad pasionistas, que evocan, a la vez, Pasión y Resurrección. Un Monumento es una prueba de oración, de resistencia piadosa, un contraste de garantía de fe. Al Monumento van los cabales; en el Monumento están los católicos bien forjados, los de golpe de pecho sincero, los de rezo constante, los que saben guardar cada día un rato para el Señor.

En el Monumento se repite mucho la oración del contemplativo sin mística, que mira y no especula alturas teológicas, sino que simplemente mira el Misterio (¡Ahí está el Señor!) y cree como un pastor de nochebuena, o un mago oferente, o un centurión asombrado, con ojos elementales que creen aunque ven, a pesar de que ven la humildad del Misterio, ya sea la simple Hostia o las heridas abiertas de Dios que se deja ver sólo como hombre, como un simple hombre, despreciado por los soberbios, pero creído y adorado por los humildes. Y por los Ángeles.

Los Ángeles tampoco faltan al Monumento. Están y no se ven ni se van (ni se duermen), adorando, reconociendo al Señor en el Sacramento, admirados por su amor por los hombres, admirados por la falta de amor de los hombres, amando y adorando, aunque no son hombres.

A mí se me quedó el alma en el Monumento, una vez, de niño. Después repito cada año, variando sitios y circunstancias, parroquias, conventos, de capellán, de párroco, de visitante ocasional. Pero siempre es lo mismo, la misma atracción suave, el mismo intenso deseo de quedarme, de estarme más allá de lo que puede y soporta mi contemplación sin mística (que lo digo y no sé si será al fin mística, de otro grado).

Del grado del pecador, del insuficiente, del que se duerme. Pero del que vuelve y quisiera ser más para poder más.

Las velas de mi Señor
que acompaño con mi vela...
Quién pudiera siempre estar
junto al Señor, a su vera,
con la cabeza apoyada
sobre su pecho, escuchando
cómo late el Corazón
del Señor, y meditando
cuánto me ama sin que yo
le quiera con amor tanto
como merece su amor.

Ex Voto.

+T.

miércoles, 16 de abril de 2014

Verónicas



La tradición del retrato milagroso ('ajeiropoietos'=no hecho por mano humana) de Cristo es común a Oriente y Occidente, pero con algunas diferencias, que identifican dos tradiciones (o dos fuentes) coincidentes en lo esencial y distintas en sus pormenores.

Lo esencial es el mismo rostro de Cristo, la Santa Faz del Señor, con esos rasgos que la iconografía cristiana describe como 'siríacos': Frente alta, cabellera larga, barba en punta bífida, que serían una especie de mínimo básico coincidente que se repite en las más antiguas iconografías cristológicas orientales, dependientes de un modelo real que podríamos decir 'histórico'.


La tradición, sin embargo, difiere en cuanto a la datación de la procedencia: Una atribuye el retrato ajeiropoietos de Cristo a la tradición milagrosa del mandylion del Rey Abgar de Edesa, y la otra relata la escena del paño/velo de la Verónica, la VIª estación del Via-Crucis.

La tradición del mandylion de Edesa conduce al estudio apasionante de los apócrifos, la crisis iconoclasta y, más recientemente, la supuesta identificación del mandylion con la Santa Síndone y las vicisitudes de la reliquia custodiada por los Templarios (teoría bastante bien documentada por la historiadora Bárbara Frale, pero difícilmente probable más allá de los supuestos con los que trabaja). Valga decir, resumiendo, que la Santa Faz del Mandylion es uno de los modelos-tipos iconográficos más reproducidos y venerados en la tradición iconográfica greco-bizantina y de la Rusia Ortodoxa.



En Occidente, sin embargo, se mantiene desde el medievo la iconografía de la Santa Faz según la tradición de la Verónica. La erudición sumaria del revisionismo criticista despachó el tema como una fabulación piadosa desde la misma palabra, según la muy improbable conjunción del término latino 'vera' con el griego 'ikon'. Pero la tradición piadosa más extendida habla de una mujer real, discípula de Cristo, una tal Berenice (la hemorroísa de Mt 9,18-26 y pp , precisan algunas fuentes), que, en mitad de la Via Dolorosa, enjugó con su velo el rostro herido de Cristo, cuya Santa Faz quedó impresa en el paño de la piadosa mujer.

Si los varios ejemplares existentes del Mandylion se explicaban por el 'tetradyplon' (cuatro pliegues), también la veneración de varias reliquias de la Verónica se justificaba por los tres (o más?) dobleces del velo donde quedó impresa la Faz del Señor. Coincidencias de las fuentes, otra vez.

En el arte español se han representado las dos tradiciones, si bien la leyenda del Rey Abgaro desaparece como tema poco a poco, extinguiéndose postreramente con la retablística tardogótica del siglo XV-XVI. No así la iconografía de la Verónica, que sigue floreciendo como sub-tema pasionista durante el renacimiento y el barroco, llegando hasta nuestros días.

En Sevilla, la Hermandad del Valle estrena cada año un paño de la Verónica nuevo, pintado por algún reconocido artista de la ciudad (ver la colección).

Para el Monumento del Jueves Santo de mi Parroquia, me pintaron uno el año pasado, y este año otro, los dos preciosos (el de 2013 muy zurbaranesco, el de este año más roldanesco).

Los ha pintado una 'verónica', una artista, una mujer piadosa.

Para Uds. para ella y para mí pido lo que devotamente se ruega en el Via-Crucis: Que el Divino Rostro, el rostro de su pasión, se plasme en nuestras almas con gracia indeleble.




+T


domingo, 13 de abril de 2014

Hosanna in excelsis


Le hemos acompañado, desde el Monte de los Olivos hemos caminado entre la gente que le aclamaba agitando ramos de olivos y palmas doradas. También cortamos ramas que parecían de plata y seda cuando las mecíamos a su paso, aclamándole con los niños y los mozos que rodeaban el borriquillo que montaba. ¡Qué bello es su rostro! Brilla con luz más luminosa que el sol; no sé decirlo, pero su faz serena y hermosa irradia un resplandor de paz, de gracia. Sus ojos, profundos, son, cuando miran, un pozo de misericordia, de compasión y salud, reflejando pureza, misterio, poder y humildad a la vez, irresistibles, sabios, confortantes, apacibles y piadosos.

Vimos desde lo alto del Monte de los Olivos, la bella visión de Jerusalén dorada, dorado su cielo, dorados sus muros, dorado el Templo. Y a Él le vimos llorar, también con lágrimas doradas que desde sus ojos dejaban marcadas con oro de pena sus mejillas y brillaban como puntas de oro en su barba. Lloraba por Jerusalén, que no le reconocía, por la Jerusalén que no levantaba a su paso ramos de olivo y palmera, por los de Jerusalén que no le abrían las puertas de sus almas y endurecían sus corazones como piedras insensibles a su palabra. Lloraba con amargura, con llanto lento, reheleando desengaños, traiciones, negaciones, abandonos. Lloraba y no dejaba de irradiar consuelo, hasta llorando trasminaba luz y gloria, paz y gracia.

Cuando llegó a las puertas de la Ciudad Santa, el pueblo tendía sus mantos en el camino, para que pisara sobre ellos, y cubrían con ramos de mirto y romero su paso. Las mujeres desembozaban su rostro y abrían sus brazos bendiciéndole, como si fueran su madre, como si fueran su esposa. Cuando Él las miraba, ellas se arrodillaban, besaban sus pies, tocaban con timidez temblorosa y reverente sus manos, su túnica, con la emoción derramándoseles en lágrimas.

También brillaban los ojos de los hombres que le escoltaban. Algunos de sus discípulos, sus Apóstoles, iban musitando salmos, casi extáticos; otros vitoreaban con la multitud, fervientes, expandiendo el gozo de aquel triunfo espontáneo brindado por los humildes que creían y querían a Jesús Nazareno.

Después, cuando volvimos, tomé y guardé una ramita de olivo de las que quedaron en el suelo cuando Él pasó. La besé como si besara los pies del Nazareno, y la guardé en mi pecho como si atesorara la clave de una hora de Gloria con infinitos instantes de Cielo.

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello,
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama.

Tu boca como lirio, que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.

¡Ay Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?

Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que un hora amando
venza los años que pasé fingiendo.


Lope de Vega ~


+T.

viernes, 11 de abril de 2014

Cor Iesu Rex et centrum

Imagen del Corazón de Jesús en el taller del escultor-autor Javier López del Espino

Nuestra parroquia es discreta, humilde. Tuvo años mejores, pero la erección de una nueva parroquia vecina a costa de sus límites originales, le supuso perder una zona residencial, con mayores recursos humanos y materiales. Así quedó reducida a sus límites actuales, en la periferia de Sevilla, circunscrita en un barrio envejecido, con muchos jubilados y familias sufriendo el impacto de la crisis con la resignada dignidad de quienes soportan sin quejarse y lloran sin lágrimas.

El templo es moderno, bendecido en 1973, según cánones estético-estilísticos de la arquitectura religiosa post-conciliar. Tiene una planta quasi circular, sin pilares, iluminada por una claraboya sobre el presbiterio, unas vidrieras simuladas (no hubo presupuesto para hacer unas de diseño) y unas lámparas de hierro forjado, grandes y pesadas, con instalación eléctrica. Salvo un crucifijo tamaño académico sobre un enorme altar octogonal que ocupaba todo el presbiterio, en el templo parroquial no teníamos imágenes devocionales, detalle que a ninguno de los párrocos anteriores pareció preocuparles. A mí, desde que llegué a la parroquia, sí me preocupaba, aunque apenas contaba con medios para adquirir alguna imagen que sirviera para el culto y la devoción.

Hace ya dos años, decidí eliminar el descomunal altar octogonal y sustituirlo por otro de mármol, con Sagrario y dos tramos de balaustradas para facilitar la comunión de rodillas. Aquel mismo año, unos amigos míos regalaron una imagen de vestir, pequeña, decimonónica, muy bonita, de la Virgen del Carmen, para el altar del Sagrario. Luego, con los ahorros de colectas y algunos donativos, pude encargar la talla de San Francisco Javier, nuestro titular. Finalmente, a fines del verano pasado, me propusieron la donación de una escultura del Corazón de Jesús.

Al principio pensé que se referían a una imagen pequeña, de escayola o pasta de madera, de las que se fabrican en serie y se venden en las tiendas de artículos religiosos. Pero los donantes me sorprendieron: -'No, nosotros queremos una imagen de tamaño natural, tallada y policromada.', dijeron.

No sabían - pensé yo - en lo que se metían, porque una imagen tallada y policromada cuesta mucho, vale muy cara, carísima. Falló un primer tanteo a una escultora (muy buena) que les recomendé, y se buscaron otro imaginero con quien finalmente acordaron la factura de la imagen del Corazón de Jesús, en cedro, estofado en oro y policromado.

Después de algún titubeo de la donante, que tenía en mente una muy concreta imagen del Corazón de Jesús, de la que es devota, por fín esta mañana ha entregado el escultor la esperada imagen.

La figura de Cristo, de tamaño natural, mide poco más de dos metros, midiendo desde el plinto de la base. No sigue el modelo decimonónico, tan criticado, de formato goticista y rasgos dulzones (amanerados, dicen algunos) de aquel tipo de representación cordijesusista que proliferó y con la que algunos identifican equivocadamente la devoción al Sagrado Corazón. La imagen que nos han donado, al contrario, sigue el estilo barroco-imaginero de la escuela andaluza de escultura-imaginería: Es un Cristo moreno, con cabellera bien tallada, barba en punta bífida, las cejas y el ceño muy marcados, los ojos grandes, expresivos, la boca entreabierta, vestido con túnica ceñida por un cordón, abierta al lado derecho del busto, mostrando el pecho con la herida de la lanza y el corazón ardiente en el centro; en plano muy frontal, estante, la postura de las piernas, en contraposto, marca una cierta inclinación-movimiento remarcado por la distinta elevación de los brazos y la apertura de las manos (unas manos grandes, de carpintero, con las marcas de los clavos en el centro), los pies asoman por debajo de la orla de la vestimenta. Podría valer perfectamente para imaginar la escena de la ostensión y el tacto de las llagas del evangelio de la aparición a Stº.Tomás.

Detalle de cabeza y busto


Naturalmente, ha habido comentarios, según el gusto y el parecer crítico de cada uno:

- Parece que tiene cara como de crucificado, dijo alguien. - Es que fue crucificado, le dije yo.

- Parece que tiene los ojos como llorosos, dijo otro. - Es que lloró mucho por nosotros, por ti y por mí, le dije yo.

Es una imagen - pienso yo - muy bella, digna para el culto, una representación del Corazón de Jesús según el estilo de la imaginería andaluza del momento, que subraya rasgos y expresiones, siempre con una impronta pasionista en el fondo, algo, justamente, que conviene y es congruente con la espiritualidad y la devoción del Sagrado Corazón.


En privado, ante los donantes, el escultor y unos cuantos colaboradores de la parroquia, bendije la imagen, a la espera de concertar con el Obispo la bendición-entronización solemne, Dios mediante, en el centro del altar mayor de nuestra iglesia, sobre el tabernáculo del Sagrario, centrándolo todo, con majestad, soberano, atrayendo hacia Él a todos los cansados y agobiados, derramando misericordia.

Yo doy gracias a Dios y a la familia donante. Entre las promesas del Corazón de Jesús, una de ellas dice: 'Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.'

Yo le ruego, por su Corazón de misericordia inagotable, que nos lo conceda a todos, muy especialmente a quienes han participado en esta obra de propagación de su culto, donantes, artista y lo que le quepa en todo esto al pobre cura.

Corazón de Jesús encendido en nuestro amor, enciende en tu amor nuestros corazones!

Cor Iesu, Rex et centrum ómnium cordium, per adventu Regni Tui, dona nobis pacem !

¡¡¡Viva su Corazón por siempre!!!

Ex Voto

+T.



domingo, 16 de marzo de 2014

La Transfiguración, o el pudor de Dios

 
Cuando Moisés pidió al Señor ver su gloria (Ex 33, 18ss; 34, 6ss.), el Señor le concedió esa gran gracia, pero con reservas. Aun sin haber contemplado de frente el rostro del Omnipotente, Moisés quedó marcado por la gloria de Dios, con una faz radiante (Ex 34, 29ss.) que amedrentaba a los israelitas.

La Transfiguración de Cristo se me aparece como un misterio en correlato con el mencionado del Éxodo: Se trata, también, de una teofanía en la que está presente Moisés. ¿Dónde estaba Moisés? El profeta y sacerdote Moisés estaba en el Limbo de los Patriarcas, donde quedaban retenidas las almas de los justos que iban muriendo, en espera de la redención de Cristo. El primer misterio de su Resurrección sería descender a los infiernos y liberar las almas de los justos que esperaban su advenimiento. En la Transfiguración, Moisés es convocado y deja el sheol para contemplar a Cristo glorioso (o, más propiamente, pre-glorificado). En ese momento vio lo que en vida mortal se le ocultó, el rostro de Dios, que ahora le revelaba Jesucristo. En anticipo de la Resurrección, como un preludio de gloria, el antiguo liberador de Israel llevaría a las almas de los justos el evangelio de la inminente redención de Cristo.

Elías comparece siendo otra su situación, puesto que fue arrebatado en vida, quedando su estado envuelto aun en el misterio de su destino profético. También contempla el rostro de Dios revelado en el Hijo, Cristo Jesús. Poner en conexión la Transfiguración con la teofanía de IºRe 19, 9ss. es congruente: El Dios de la suave brisa ante quien Elías temeroso se oculta el rostro, se desvela al profeta que fue inflamado por el celo de Dios.

Mt 17, 1 y Mc 9, 2 precisan que la Transfiguración ocurrió seis días después de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo y del primer anuncio de la Pasión; Lc 9, 28 dice que fue alrededor de unos ocho días después; también es San Lucas quien dice que Moisés y Elías hablaban con Cristo de su muerte/tránsito en Jerusalén. Cristo les estaba revelando el misterio de su Pasión y Resurrección; evangelizaba, en cierto sentido, al Antiguo Testamento, representado por dos personajes capitales, Moisés y Elías.


Alguna vez me he preguntado por qué esa reserva de la Gloria Divina ante Moisés y Elías, que no vieron su Rostro en el Antiguo Testamento, y por qué sólo tres escogidos entre los Doce Apóstoles fueron los testigos de la Transfiguración del Señor. ¿Por qué ese 'pudor' de Dios?

Es por el mundo, que no es lugar para mostrar la gloria infinita de Dios. Es por el mundo que no entendería esta gloria, confundiéndola con la 'gloria del mundo' que ambicionan los corazones ensoberbecidos de los hombres. Es por el mundo, manchado, execrado por las violencias y pasiones humanas.

Es por el pecado, que impide ver el Rostro de Dios, por el pecado que empaña la visión sobrenatural de los hombres, que no pueden ver a Dios: 'Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios'. Ni Moisés ni Elías ni ninguno de los Patriarcas y Profetas podían ver el Rostro, siendo pecadores, a pesar de ser hombres de Dios. En este sentido, la súplica del Salmo es sumamente ansiosa: 'Tu Rostro buscaré, Señor, no me escondas tu Rostro...' (Sal 26, 8)

Es mayor la gracia del Nuevo Testamento, la gracia de Cristo, que limpia los corazones y abre los ojos para poder ver a Dios hecho hombre. Pero su Sacrosanta Humanidad vela también su gloria, ¿por qué?

Porque Él quiere ser creído y amado no por su gloria, sino por ser quien es. Es el Hijo, "resplandor de la gloria del Padre, impronta de su ser" (Hb 1, 3), que al encarnarse nos revela a Dios en la humildad de la carne puesto que "en Él habita corporalmente la plenitud de la divinidad" (Col 2, 9)

La gloria que se resiste a revelarse en su potencia, no tiene pudor, sin embargo, revelándose pobre en el pesebre, oculto en Nazaret, humillado en la Pasión, desnudo en el Calvario. El pudor de la gloria, restringida a los testigos de la Transfiguración se desvela, sin reservas, a todos y para todos en la humildad del misterio de Cristo nacido y Cristo crucificado. Quiere ser contemplado, adorado, en la gloria de la pobreza y el dolor, del pesebre y de la Cruz. Para gozar de la visión de su gloria quiere que le creamos y reconozcamos en la humildad de su humanidad.

El relato de la Transfiguración nos conduce a otra escena correlativa, la de la oración y agonía en Getsemaní, el comienzo de la Pasión, con los tres mismos Apóstoles testigos de la Transfiguración, Pedro, Santiago y Juan, que en el Monte de los Olivos verían el rostro sudoroso y sangrante de Cristo, tan distinto de la faz transfigurada del Monte Tabor. Si en la Transfiguración contemplaron el Rostro glorificado de Jesús, en Getsemaní vieron la Faz doliente del Señor, se les reveló cruentamente el misterio de la Pasión del Redentor, orante y agonizante, asumiendo el cáliz de su sacrificio.

Además de Getsemaní, veo otra antítesis de la Transfiguración en la escena del expolio, cuando en el Monte Calvario Cristo es despojado de sus vestiduras y se mostró desnudo al mundo, privado de su gloria, inerme y expuesto a la mirada impura y ofensiva de los pecadores, Aquel ante cuya presencia tiemblan las Potestades angélicas y se encienden en incandescente amor y alabanza los Serafines, se dejó ver en el patetismo de su abandono, vejado y humillado, burlado y blasfemado, como Luz de incólume pureza cercada por la sucia calígine del pecado de los hombres y el mundo.



Incluso un extremo más: El Crucificado en la cumbre del Monte Calvario, entre los dos ladrones, parece una contra-transfiguración, un absurdo de anonadante humildad, la suma ocultación de la gloria divina.

San Pablo en IIªCor. 3, 18, a propósito del rostro velado de Moisés, nos predica este versículo, un precioso corolario del misterio de la Transfiguración:   "...Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu."

No se nos ve, pero portamos un resplandor de su gloria. Cuando rezamos, cuando recibimos su Cuerpo en Comunión, cuando practicamos su mandato de caridad, entonces viene a nosotros su gloria, que resplandece interiormente en el alma cristiana en gracia de Dios. Y nos va habilitando, poco a poco, para la Gloria futura: Para verle y gozar de su Gloria eternamente: "...ibunt de virtute in virtutem videbitur Deus deorum in Sion..." (Sal 83,8)   .

Ut videamus facem tuam, Iesu, Dómine!!!


+T.

viernes, 14 de marzo de 2014

Unos ejercicos corrientes

 
Entre los ejercicios habidos en el Vaticano, en los Palacios Apostólicos, y estos otros ejercicios extra-vaticanos hay diferencias evidentes de lugar, de escena, de puesta en escena. Aunque Ravasi no sea cardenal de mi devoción, reconozco el bajón entre él, que dirigió los últimos ejercicios espirituales de Benedicto XVI, el año pasado, y este desconocido cura romano (o no tan desconocido?) que está dirigiendo en estos días los primeros ejercicios cuaresmales de PP Franciscus.

Una de las fotos que se han publicado describe el ambiente de esta nueva versión/formato de los ejercicios de la Curia Vaticana. Ya no vemos al Papa, como vimos a Benedicto, recogido en su sitio, separado y fuera de la vista de los demás circunstantes. Ahora Francisco destaca entre todos los que están, sentado en un banco, rodeado de todos los ejercitantes, quasi unus inter pares si no fuera por la sotana blanca, que le distingue.

Supongo que por comodidad, todos, el Papa el primero (imagino), han aligerado su atuendo. Aparecen sin solideo y sin fajín; algunos hasta van de clergyman, sin ropa talar, de gris, incluso. Por supuesto, con pectoral barato de plata (o plateado), con cadena corta.

He dicho que todos van sin solideo, pero no, en la foto se ven dos solideos entre las cabezas senza zuchetti: Uno, un obispo u arzobispo, que no se ve quién es, en el extremo izquierdo de la foto (apenas se ve una parte del pileolus morado), y en el centro de la imagen, al fondo, entrando (quizá llegara un poco retrasado), el cardenal Leo Burke, con solideo cardenalicio, de sotana (y el pectoral con cadena larga y gancho en medio, me parece distinguir); faja no se ve si lleva.

Algunos prelados miran al frente, arriba, al vacío o al infinito. Otros miran de soslayo. Forman un grupo interesante, digno de comentario anecdótico, quizá, pero significativo, pienso yo.

¿No es 'corte papal'? Dígase que no, para no incordiar al Papa que no quiere corte. Pero se le puede llamar 'camarilla' - salva reverentia - tal cual se llamaba castizamente al grupo cortesano que pululaba en las cámaras próximas a la cámara regia, o en ella misma, por proximidad de afecto, empatía o estrecha vinculación de confianza.

Están de ejercicios. En una capilla más discreta que la estridente capilla de los mosaicos de Rupnik. Estando en ejercicios, entre las meditaciones y los rezos, recogidos y en silencio, recordarán y compararán escenas de otros ejercicios, de los del año pasado, sin ir más lejos (aunque estemos tan lejos del año que pasó).

Compartir casa, horario, capilla, comedor y demás servicios con el Papa ¿es mejor?

En Zenit están publicando unos resúmenes de las meditaciones de Mons. Donati. No me gustan. Son corrientes, del estilo de las que puede uno oír en unos ejercicios clericales corrientes. Ignoro si se ha buscado ese estilo, deliberadamente, según el estilo corriente de la casa, el comedor, las habitaciones y la capilla, todo corriente.

Confieso que cuando me voy de retiro o de ejercicios no busco lo que tengo al alcance cotidiano, sino que deseo algo distinto, de más calidad. Si me explico.

Sencillez es un concepto que algunos pueden confundir con otras cosas que son otra cosa.

Oremos, pues, por el Papa ejercitante y sus acompañantes, para que obtengan gracia y frutos.


+T.