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viernes, 19 de noviembre de 2010

Derrumbar la Cruz del Valle


Mi padre estuvo en la inauguración del Valle de los Caídos. Conservó mientras vivió un trozo de bandera española, un pedazo de la cinta que se cortó durante la ceremonia. Tenía pensado llevar al Valle los restos de su único hermano, caído luchando por Dios y la patria, contra los rojos, cuando tenía poco más de 18 años, en Enero de 1939, a dos meses de la Victoria. Al final nunca llevó a cabo el traslado, que yo dudo si estuvo verdaderamente en su intención. Ahora, desde hace unos años, los restos del tío Antonio descansan junto a los de sus padres, mis abuelos.

Mi padre, cuando iba a Madrid, siempre buscaba un hueco para hacer una visita al Valle de los Caídos. Admiraba el monumento y se emocionaba con lo que significaba. Él lo sabía muy bien porque sufrió la Guerra intensamente, quedando marcado, en el cuerpo y en el alma, mientras vivió. La última vez que estuvo en el Valle fue para el entierro de Franco, con mi madre, los dos con sus camisas azules, conscientes de que asistían a un ritual que ellos también protagonizaban. Sabían que se cerraba una época, la suya, que habían vivido leales a lo que amaron, profesaron y defendieron. Hasta el final.

Ni mis hermanos ni yo estuvimos nunca en el Valle de los Caídos. No era cosa de niños, decían en casa cuando alguna vez pedimos que nos llevaran. Sólo guardamos algunas tarjetas postales que nos escribían mis padres desde Madrid; unas pocas son del Valle de los Caídos, la Cruz monumental y el altar mayor de la Basílica. Ninguno de mi familia, supongo, tiene nada más en sus recuerdos, si tienen alguno sobre eso. Tampoco yo he sentido ninguna atracción especial por el monumento; si algo me ha interesado un poco ha sido la comunidad benedictina, por un amigo que frecuentó la hospedería, otro que iba con cierta regularidad porque hizo amistad con los monjes, y uno que estuvo de novicio y lo dejó al cumplir la probación.

Pero desde hace unos años el Valle ha salido en más de una conversación, casi siempre por noticias que alguien traía contando la situación cada vez más incómoda que vivían los monjes de la abadía. Un premeditado y constante acoso. Como conocíamos la catadura de los implicados, nos hicimos idea de que la cosa iría a peor. Como ha sido.




Están padeciendo una situación trazada ex profeso para acabar con el recinto monumental, la Basílica, la Abadía y toda huella de lo que es y se quiso que fuera el Valle de los Caídos. La cuestión es si se logrará. Por lo pronto, como efecto inmediato, el Valle y su crisis están en primera página. Y ha removido sentimientos, admiraciones y entusiasmos que parecían pasados, o por lo menos templados, muy templados, casi tan fríos ya como las piedras del recinto memorial. Pero el efecto de la actualidad va subiendo el ardor, tan próximo el 20-N, una fecha especialmente sensible, este año con más motivo.

¿Se ha buscado intencionadamente el desafío provocativo coincidiendo con la efemérides del 20 de Noviembre? Porque el tema del Valle, la restauración de la Piedad, la tensión con la comunidad monástica, cada uno de esos episodios han ido ocurriendo durante todo este curso pasado. Si la basílica suponía un peligro para los visitantes y turistas, si se tenía que cerrar, ¿por qué no se cerró a mediados de Agosto, cuando menos gente va, y no ahora, en Noviembre, precisamente el Domingo que estaba el Papa en España, a dos semanas del 20-N? No parece que haya sido casualidad reunir tantas casualidades, concentradas en una fecha tan señalada, justo en Noviembre, el mes del Valle de los Caídos.

¿Se desearía (se busca?) una reacción que terminara en incidente grave, con las consecuencias que son de temer en un caso así? Me imagino muchas escenas, todas posibles dadas las circunstancias. Espero y deseo que no pase nada, que la agitación que pudiera surgir no termine en nada que hubiera que lamentar. Pero reconozco que las cosas no se han enconado espontáneamente, sino que se han ido excitando de forma muy efectiva.

¿Estará feliz Zp con su obra? ¿Estará satisfecho?

Con España bajo una amenaza-tensión de debacle social y económica como nadie se podría imaginar, con 4 millones de parados reconocidos (más los que no se cuentan porque no se quiere), con todos los rotos y descosidos, las mil corruptelas y corrompidos...¿Estará Zp contento?

El personaje es tan patéticamente ridículo que puede que sí. Que se imagine que ha cumplido, que ha hecho obras grandes, que deja un mundo mejor que el que le dejaron. Sin guerras, con las civilizaciones aliadas, con España más buena, más verdadera y más libre, con la fórmula de aquel retruécano medio blasfemo de que la libertad nos haría verdaderos.

Al borde del precipicio, a punto de desbarrancarse y arrastrar a la nación en su propia (y merecida) ruina, la obsesión del gran fantasma nacional es derribar la Cruz, abatir ese signo que le traumatiza, precisamente en ese punto monumental donde confluyen y conectan los sentimientos atávicos que parecen haber movido su inolvidable des-gobierno.

Él sabrá por qué cadena mental de conexión de hechos, personas, signos e interpretaciones.

Yo si sé por qué he sentido un escalofrío al leer esta mañana la noticia:

Piden la voladura de la Cruz del Valle de los Caídos

¡Por mis muertos! Si al Zp le remuerden y espolean sus muertos, a mí me claman los míos, que son, que han sido, que serán mejores que los suyos, siempre mejores, en la vida y en la muerte, en el tiempo y en la eternidad.

Descansar bajo el signo de la Cruz, desear estar y aguardar la gloria bajo sus brazos, bajo sus alas, es un anhelo y una militancia: Queremos estar y luchamos para poder permanecer.

Los que piden dinamitar la Cruz del Valle serán cuatro gatos (o cuatro ratas); cinco si Zp está con ellos. No más.

Los de la Cruz somos yo no se cuàntos, una multiud ingente de esas que se cuentan con números apocalípticos, todos marcados con el signo de la Cruz.



Muchas veces recuerdo y predico que la Cruz es cruz, que es dolorosa por naturaleza y gloriosa por gracia sobrenatural. Padecerla mortifica y lastima; pero si se une a la Cruz del Redentor, santifica y glorifica. Sufrir la cruz y llevarla como Cruz es un signo de redención.

Por eso hoy me he sentido caído y exaltado, por la Cruz que quieren derribar y la Cruz que nunca podrán quitar, la que redime al mundo, la que aparecerá finalmente en el cielo y todos verán; también quienes la atacaron, también los que la abominaron.

Con la imagen presente de Asia Bibi, la joven paquistaní condenada a la horca por cristiana, reconozco la huella del maligno, del anticristo enemigo de la Cruz, por tantos sitios, por todo el mundo. Y tengo en mente el rostro de los enemigos, con rasgos tan reconocibles. Si los de aquí no ahorcan, no degüellan, no fusilan, sólo es cuestión de distancia histórico-social, no por falta de violencia intencional. Se persigue de otro modo, se ataca con otras armas, pero la agresión es la misma y los agresores son los mismos.

Conviene recordar y no olvidar las palabras del Apóstol, para encuadrar las cosas y entenderlas:

"...nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso..."

Ef 6, 12ss.


Y sigue diciendo: ¡Tomad las armas de Dios para poder resistir!, como si nos hablara a nosotros y nuestro tiempo. A nosotros que vemos como se persigue a la Cruz que es nuestra señal, nuestra esperanza, nuestra gloria.


Y nuestra arma.


¡La del Valle - especialmente ahora - también!


+T.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Caballeros en Rodas

El interesantísimo blog de Diego Mallén ha publicado un trabajo precioso sobre un incunable que cuenta el sitio de Rodas: Obsidionis Rhodie . Merece la pena ir y leerlo. Delicioso.
.
El libro cuenta el sitio de la isla de Rodas por los turcos, en 1.480, narrado por un testigo-participante-combatiente, el caballero Guillermo de Cauorsin, vicecanciller de la orden. En un comentario al estupendo artículo de Mallén he escrito que el repliegue de los Hospitalarios desde Tierra Santa a Chipre-Rodas-Malta por ese legendario Oltremar de los cruzados casi me parece una alegoría-profecía de la Cristiandad, entendida como concepto político-cultural, fuera del misterio de la Iglesia.

Sin duda que la hazaña de las Cruzadas fue posible gracias a la pujanza de un Occidente Cristiano revitalizado con francos-normandos-germanos cristianizados y con conciencia cristiana. La misma conciencia que existía (y con más razón de ser y mejores consecuencias) en la España de la Reconquista. Precisamente, el "realismo" hispano hizo posible lo que la improvisación (?) entusiasta de los francos, normandos y germanos no logró en Palestina. El ardor sin constancia, tenacidad, medios y permanencia resulta nulo. Obvio el problema de un Mediterráneo y un mundo islámico a las espaldas, difíciles coordenadas para mantener fronteras estables. Pero también fueron barreras formidables los Pirineos, y el Estrecho un peligroso puente siempre franqueable para nuevos invasores. A pesar de todo, la Reconquista en España se pudo y se hizo.

No hace mucho insistía con un amigo en la tesis bizantinista de Runcyman en su Historia de las Cruzadas: El Reino de Jerusalén era inviable sin Bizancio apoyándolo, y Bizancio resultó afectada fatalmente por las Cruzadas, que hubieran debido emplearse en sostener a Bizancio. Pero la necesaria madurez política y una perspectiva geo-estratégica correspondiente eran impensables para aquellos cerrados caballeros, señores feudales que emprenden la Cruzada empeñados en trasplantar instituciones y modos del siglo XII europeo en el Oriente.

El sitio de Rodas en 1480 es un capítulo anejo a la caída de Constantinopla en 1453. Luego vendría el asedio definitivo de 1522, el abandono de Rodas y la re-ubicación de la Orden Hospitalaria en Malta. Una gracia concedida por nuestro Carlos V que, con muy inteligentes perspectivas, asegura el Mediterráneo contra el avance otomano atacando Túnez y Argelia, afianzando Céuta y Melilla como guardia del Estrecho, y apostando a los todavía formidables Hospitalarios en Malta y sus pequeñas islas. Poco más tarde, Lepanto culminaba y cerraba un capítulo peligroso que aseguró a Occidente una de sus fronteras frente al terror musulmán.

Como decía en el comentario, el declive de la cristiandad parece reflejarse en los avatares de la orden de Hospitalarios de Jerusalén-Rodas-Malta. En 1798, Napoleón toma la isla y expulsa a los caballeros, que se refugian donde pueden. Cuando Inglaterra se asienta en la isla, los caballeros ya no consiguieron retornar. Al final, se quedan con toda su heróica e impresionante historia y dos posesiones que son su territorio "oficial". Dos palacios en Roma, uno en la céntrica y aristocrática Via Condotti, y el de la Villa en la cumbre del Aventino, la colina de los antiguos patricios romanos.

Una sorpresa que los guías de Roma se reservan para los visitantes, es mostrarles la insospechada panorámica que se ve por el ojo de la cerradura del porton de la Villa di Malta: Pones el ojo n'el buco della serratura e si vede, spléndida, la cúpola bianca di San Pietro.


Permítaseme esta fácil y efectista acomodación, pero mírese por los agujeros de las puertas de nuestras instituciones de Occidente, y lo que se verá será lo mismo: Una perspectiva con el Cristianismo, la Iglesia y su Misterio al fondo.

Que no se quiera ver, es otra cosa.

Y estamos ahí. Y somos - aunque no lo acepten (?) - la esperanza mejor.

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sábado, 13 de septiembre de 2008

Exaltación

He tenido que hacer un comentario a propósito de la fiesta de la Exaltación de la Stª Cruz. Como este año cae en Domingo, se celebra litúrgicamente en vez de la dominíca ordinaria. En el Misal de Pablo VI se eliminó la otra fiesta de la Cruz, la del 3 de Mayo, tan tradicional y popular en España (litúrgicamenete sólo se ha conservado en el propio de la diócesis de Granada, y me parece recordar que también en Perú; no sé si en algún sitio más). Sólo quedó esta fiesta del 14 de Septiembre. La Cruz de Mayo conmemoraba la "invención", el descubrimiento del Lignum Crucis por Stª Elena, la madre de Constantino. Esta de Septiembre también se relaciona con el Madero Santo, pues recuerda originalmente la triunfal devolución de la Cruz a Jerusalén.

En el transcurso de una de la guerras entre el Imperio (ya Bizancio) y los persas sasánidas, el año 614, Cosroes II entra en la Ciudad y rapta el Lignum Crucis, que lleva a su palacio de Ctesifonte. Allí permaneció hasta el 628-29, en que el emperador Heraclio vence a los persas y rescata la Cruz, que devuelve solemnemente a Jerusalén. Era un 14 de Septiembre.

Una antigua leyenda narra que estando de vuelta Heraclio en Constantinopla, aquel mismo año, recibió una misiva de un desconocido jeque de la Arabia, que se decía "profeta de Dios", y que pedía al Emperador que se uniera a la nueva fe que estaba predicando por encargo divino. En el 634, Omar, el segundo califa sucesor de Mahoma, avanza por Palestina; en el 636 sitia Jerusalén; en 638 Omar entra victorioso en la Ciudad, que se convierte en el tercer lugar santo del Islám tras La Meca y Medina.

Heraclio apenas reacciona, paralizado por la contundencia y celeridad de los hechos. Los persas sasánidas también han caído, junto con las provincias de Siria y Egipto. Los griegos piensan que es un castigo por el matrimonio incestuoso del Emperador con su sobrina Martina. Un Heraclio derrotista y abrumado se retiraba a Constantinopla, después de unas rogativas que mandó hacer en Antioquía. Cuentan algunos cronistas que al embarcar dijo: -"Adiós, un largo adiós a Siria". Hasta las Cruzadas, cuatro siglos después.

Impresiona todavía hoy la secuencia tan rápida de los acontecimientos, como si la historia se precipitara inexorable sobre los personajes con sus nuevos protagonistas. Diez años van de la Exaltación de la Santa Cruz a la toma de Jerusalén por los árabes, un hecho dificil de asumir para la conciencia cristiana de la época. Oriente no reaccionaría, casi perpetuamente conmocionado por el golpe funesto. Sólo Occidente, un Occidente regenerado cristiano y romano después de la desordenada crisis de los bárbaros, será el que re-emprenda aquel capítulo de la historia, también con el signo de la Cruz como móvil principal.

Lo que me preocupa respecto a nuestro presente, precisamente, es que Occidente ha perdido la Cruz, y no sé qué podrá hacer sin ella, ni cuántos siglos podrán seguir de "hiato" en una historia que desde hace 2000 años está ligada a la historia de aquella Cruz.

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jueves, 7 de agosto de 2008

Pseudo-templarios destemplando-se


La noticia es cómica si no tuviera tan mala uva en origen e intención. Resulta que unos "neo-templarios" españoles han denunciado al Papa por daños y perjuicios. Que tiene bemoles el caso. Resulta además que los denunciantes no son los neo-templarios "oficiales" españoles, sino otros neo-templarios de esos que brotan como hongos sobre boñiga.

Para hacerse una idea de cómo las pintan, merece la pena visitar la web del "priorato" de España . Y si estos son los "oficiales", a saber el pelaje de los "clandestinos". Un horror, de todas formas, tutti quanti.

Pero la fascinación templariera no cesa. Y va in crescendo con ese paradójico fenómeno de la increencia y el descenso de la práctica religiosa. También coincide con la atracción-adicción que las cosas mistéricas y misteriosas despiertan en la sociedad post-moderna, tan tecnologizada pero tan falta de la fantasía mágica que no dan las técnicas. Paradójicamente, el mundo de la ficción tiene esos dos polos tan extraños y separados:

- Los que se imaginan futuros supergalácticos con robots inteligentes y alienígenas invasores

- Los que se evaden a la antigüedad y despabilan ritos de Osiris o prioratos del Temple, verbigracia

Todo ello muy acomodado a las circunstancias-gustos-compromisos de los re-inventores, of course. Por lo pronto - y es un detalle - los templarios "oficiales" incluyen en la nómina a (risum teneatis!) "damas templaresas" de capa y escoba...y alcoba - digo yo - . Como decían que los templarios iban en parejita a caballo y que por ahí les vinieron extrañas fijaciones y aficiones, ahora lo resuelven con dama en la grupa, estilo caballista sevillano-jerezano-rociero con flamenca agarrá a la cintura. Muy tipista. (No sé si las damas templaresas iran a la grupa de su templario con peina y mantilla o con casco guerrero de diseño prêt-a-porter. El tiempo dirá).

Nulla dies sine templario, parece ser el lema que se impone. Yo mismo escribí del tema no hace un año, cuando lo de la edición facsimil del Pergamino de Chinón (que por cierto los neo-templarios españoles se han comprado el suyo, faltaría más). Y como siga la saga, al poco estaremos comentado otra parida templaria de temporada. A ver quién da más.

Lo que no me aclaro es quienes son los neo-templarios no oficiales que se querellan contra el Papa. Por lo pronto, aunque los "oficiales" dicen que ellos no son ni han sido ni serán y que le mandan besos al Papa, estos mismos "oficiales" tienen en su web una "campaña de recogida de firmas" para pedir la revisión del proceso contra los Templarios. Conque no sé si será que los "no oficiales" son una vanguardia desvergonzada de los "oficiales" y han decidido pasar de las firmas a la demanda judicial, que da más publicidad.

Turbio asunto. Y cobarde. Porque arremeten contra el más debil y expuesto y no se atreven a demandar - por ejemplo - a la Republique de la France y a su Monsieur le President Sarkozy, herederos "históricos" del infame Philippe le Bel, oh-la-lá. Mejor, para salir en prensa-radio-televisión, sacar a relucir al Papa y a la Iglesia (Católica, siempre la Católica). Y así se escribe la historia.

Pero la Historia antes la escribian los "grandes", ya fueran asesinos, viles, degenerados e infames como Philippe le Bel, que fue un canalla pero, a su manera, "grande". Mais aujourd'hui, il n'existent pas de grands, seulement les nains: Los enanos vestidos con ropas de gigantes y cabezudos, haciendo comparsa de "templarios" con capas y espadas (y "templaresas" prêt-a-porter).


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jueves, 3 de julio de 2008

IV Cruzada


La Editrice Vaticana acaba de publicar las actas de un congreso internacional sobre la IV Cruzada (1204) celebrado en la isla de Andros, del 27 al 30 de Mayo del 2004. No sé por qué han tardado 4 años, aunque me temo que quizá las otras instituciones participantes no han podido y haya sido el Pontificio Comité de Ciencias Históricas el que gestionara con los editores la publicación de las actas en la Editrice. Por otra parte, cuatro años de demora para ocho siglos de distancia, es apenas nada.

Cuando la IV Cruzada, la Cristiandad estaba ya cansada de cien años de batallas, victorias y derrotas. Inocencio III la convoca al poco de acceder al Pontificado, en 1198, encontrando una desanimada respuesta. Ricardo Corazón de León estaba en guerra con Felipe II Augusto (Ricardo moriría en Abril del año siguiente; también Saladino había muerto, en 1193). Con sólo unos cuantos entusiastas, se empezó a preparar la campaña.

A un siglo de la Iª Cruzada, la experiencia hacía preferir el camino del mar, evitando el largo y complicado trayecto por tierra. La intención primera tenía su lógica, ya que se pensaba actuar en Egipto y cortar la via militar de los árabes por el oeste, tan crucial durante las campañas de Saladino. Todo, sin embargo, se trastocó con la entrada de Venecia en el plan.


Venecia fue la clave de la IV Cruzada. Con intereses comerciales en el Adriático y todo el Medio Oriente, había sufrido en poco tiempo varios reveses que afectaron gravemente a sus actividades. Primero se resistió a la llamada del Papa, excusándose; después ofreció barcos y hombres con la condición expresa de que la expedición, antes de sus objetivos en Tierra Santa, se detuviera para recuperar la fortaleza de Zara, en la costa dálmata del Adriático. Parece increíble que la cabeza que rigió la IV Cruzada fuera la de un quasi octogenario ciego, el Dux Enrico Dandolo. Su voluntad y habilidad se impusieron.

Se arribó a Zara y se recuperó - con mucha violencia - para Venezia (Octubre-Noviembre 1202). Al poco de la conquista de Zara, se presenta a los jefes cruzados Alejo (IV) Ángelos, hijo del depuesto emperador Isaac II. Pide a los Cruzados que le ayuden a ganar el trono perdido, ofreciendo ventajosas compensaciones si consigue deponer al usurpador, Alejo III, su tío. Además de dinero y provisiones, promete 10.000 soldados para la Cruzada. Se avisa al Papa, que se resiste; pero se le convence con la promesa de una futura reconciliación con el Patriarca de Constantinopla y la resolución del Cisma (1.054). Inocencio III accede. Aun así, una parte importante del ejército cruzado rehusa a tomar parte en algo que no tiene que ver con la Cruzada prevista, y se separan del resto reembarcándose rumbo a Siria.

A fines de Abril, parten Alejo Angelos y las naves de los Cruzados de Zara para Constantinopla, adonde arriban el dia de San Juan, 24 de Junio de 1202. Las naves venecianas rompieron las cadenas que cerraban el Cuerno de Oro y tomaron el puerto. Siguió un asedio de tres semanas, y el 17-18 de Julio consiguen entrar en la ciudad.


Alejo III huye de la capital. En Stª Sofía, con la nobleza cruzada de testigos, Isaac II es reinstaurado en el trono con su hijo Alejo (IV) como regente. Se repartieron ricos regalos y se ocuparon palacios, pero las cantidades acordadas para los cruzados no llegaban, porque las arcas las había saqueado Alejo III antes de su huida. El clero, sospechando de la presencia de los cruzados, comienza a agitar al pueblo, y los jerarcas constatinopolitanos se niegan a hablar siquiera de una reconciliación con Roma, en medio de tan confusas circunstancias.

Por dias, el ambiente se torna más conflictivo: La población sigue agitada; los cruzados reclaman lo prometido y amenazan desde su campamento, en torno a la ciudad y con enclaves dentro de las murallas; hay discordias entre genoveses y pisanos, y entre estos y los venecianos; se saquean tiendas y casas en los barrios de unos y otros; el clero ortodoxo sigue resistiendo y enardeciendo los ánimos populares. Para calmar a los capitanes cruzados, Alejo IV ordena la exacción de impuestos, y comienza a despojar iglesias y monasterios de sus tesoros para entregarlos como compensación.

En las calles, la gente hostiga a los caballeros cruzados; algunos de ellos asaltan una mezquita y son a su vez atacados por un grupo de griegos. Para defenderse, los cruzados prenden un fuego que se extiende por las casas colindantes; en pocas horas, las llamas consumen una parte de la ciudad. El incendio duró varios dias. En venganza, se intentan quemar las naves cruzadas atracadas en el puerto. La confusión y el desorden reinan por toda Constantinopla.

En el climax del caos, aparece Alejo (V) "Murzuflo", cuñado de Alejo IV y antiguo partidario de Alejo III. Prende a su cuñado, lo manda estrangular y encarcela al viejo Isaac, que muere también a los pocos días. El nuevo y violento Basileus niega cualquier pago o compromiso debido a los cruzados, y les conmina a salir de Constantinopla.

Llegaron a Roma noticias de los violentos sucesos, y el Papa Inocencio III manda una enérgica carta para impedir que se precipitaran más graves acontecimientos. La carta es interceptada por los capitanes venecianos, y nunca llegó. Entretanto, Dandolo planeaba tomar la ciudad, derrocar a Marzuflo y asumir el gobierno; una asamblea de 12 miembros (6 venecianos y 6 cruzados) elegirían entre los nobles presentes al futuro nuevo emperador. El elegido, quedaría dueño del Palacio de Blanquernas y su barrio más 1/4 de la capital y otro cuarto del Reino; el resto, sería dividido en lotes entre venecianos y cruzados. En Marzo de 1204 se firma la Partitio Terrarum Imperii Romaniae.

El 9 de Abril comenzaron los ataques. El despliegue de ingeniería bélica fue asombroso: Los cruzados arman torres móviles de asedio, que montan sobre los barcos venecianos y las acercan a los muros. El 12 de Abril logran asaltar la muralla, abren desde dentro las puertas de la ciudad, y los cruzados entran por segunda vez en Constatinopla. Ya de noche, temiendo un ataque imprevisto, unos alemanes provocaron otro incendio que consumió otra parte de la capital. Aprovechando la confusión, Alejo V se fuga. Entre una gran agitación, los notables del Imperio eligen en palacio nuevo emperador a Constantino XI Lascaris, que intenta sin éxito dominar la situación.
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Al día siguiente, desde el amanecer, comenzó el saqueo de Constantinopla por los cruzados y los venecianos.

En Roma, Inocencio III quedó horrorizado. Mandó severas cartas a Constantinopla, condenando lo ocurrido y anulando con su autoridad cualquier cosa que no se aviniera al bien de la Iglesia y el Estado, todo en vano. En el colmo de la estupefacción, supo que su propio legado, Pietro di San Marcello, desvinculó a los cruzados de su promesa de guerrear en Tierra Santa. La bárbara crueldad de los hechos era irreversible. Ya habían coronado un "emperador latino" de Bizancio (Balduino de Flandes) y un veneciano (Tommasso Morosini) había ocupado la cátedra del Patriarca de Constantinopla. Consumatum est.


La Cuarta Cruzada había servido para asestar un golpe letal al Imperio, la Cristiandad oriental, que resistía y hacía frontera al irrefrenable avance del Islám y los Otomanos por el Medio Oriente. El recién creado Imperio Latino fue una farsa feudal, con los mismos errores que se plantearon en Antioquía, Galilea y Judea por los primeros señores de la Cruzadas. Los latinos se mantuvieron en Oriente más de medio siglo, hasta la reconquista de Constantinopla por Miguel VII Paleólogo, en 1261.

Se comprende, casi intuitivamente, que las Cruzadas fueron gran parte de la ruina final de Bizancio. La historia de Roma termina en Bizancio , y con su decadencia declinaba el último sol romano por oriente. Y es lamentable cuánto le cupo de culpa a Occidente en aquel ocaso.

La conciencia política de Bizancio se pierde con la caída definitiva de Constantinopla en 1453. Pero la Iglesia Ortodoxa vinculada al Patriarcado de Constantinopla heredó la conciencia y la memoria del Imperio vencido. Y siguieron activas, con mucho dolor resentido. Y no perdonaron a Occidente. Y Occidente era Roma. A pesar de las tentativas in extremis de reconciliación-unión (Concilios de Basilea-Ferrara-Florencia), esta nunca llegaría.

El 4 de Mayo del 2001, en Atenas, el Papa Juan Pablo II se lamentaba por la IVª Cruzada y el saqueo de Constantinopla ante el metropolita ateniense Cristodoulos. En los monasterios del Athos, los monjes clamaban contra la visitas y los actos.

Me fascinan las Cruzadas, y los cruzados, y las cosas del tiempo de las Cruzadas. Pero cada vez estoy más persuadido de que fue un monumental error, que se pagó muy caro. Pero fascinante. Tanto que no me imagino una Historia sin la historia de las Cruzadas. En historia, soy "providencialista" porque soy cristiano. Pero la gran aventura de las Cruzadas, a pesar de sus entusiasmos heroicos, fueron finalmente (desde el principio?) inasumibles/ incompatibles en cuanto "proyecto cristiano".


p.s. Sobre otro congreso con el mismo tema celebrado aquel mismo año en Constantinopla-Estambul, interesa este breve artículo entrevista.

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