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sábado, 6 de abril de 2013

Un video publicitario patrocinado por la CEE

Hace unas semanas mantuve una conversación con unos amigos, padres de familia numerosa, que viéndose en la necesidad de matricular a sus hijos mayores en un instituto público de enseñanza secundaria, pedían mi parecer sobre si inscribirlos o no en clase de religión. Su preocupación era que los chicos pudieran recibir de-formación religiosa, perdiendo en clase de religión y moral (des) católica la buena formación doctrinal y moral que ellos se habían preocupado de darles en casa. El tipo de mala formación religiosa que ellos temían es del estilo que refleja este video publicitario patrocinado por nuestros obispos como reclamo de una campaña de captación de alumnos para las clases de religión. Vean el vídeo:





La noticia de la campaña se publicó ayer mismo en varios medios, en ABC, El Pais, y la cadena RomeReports. Entre los comenatrio de la kaleborroka laicista habitual en esos sitios, aparecía este comentario:

"Me parece genial el video. Por lo que habla y por lo que no habla: Habla de ciencia, pintura, música, arquitectura, de Newton, de Da Vinci; habla de abogados, médicos, políticos, empresarios, etc. Y no habla de la concepción inmaculada, la resurrección, el pecado, la rendición, el infierno, la obediencia, Jesucristo, el Espíritu Santo, la fe ciega etc. Se podría decir, que han excluido con toda conciencia cualquier referente al lo genuinamente católico, y han incluido todo lo humanístico en sus facetas de ciencia y arte. Casi diría que es un anuncio de genuino espíritu laico. ¿Qué pensáis?"

¿Qué piensan Uds.? Porque yo pienso - desde mi distancia radical con el laicista-marxista que hace el comentario - quasi lo mismo: Que los argumentos del profe-guay del youtube puede ser cualquier cosa menos una definida y determinada exposición de la asignatura de religión y moral católica. Se justifica la formación religiosa como un mero complemento sui generis para captar, interpretar, comprender la cultura, la sociedad, la historia occidental. Nada más. Sólo eso.

La formación religiosa-católica en un medio político liberal-neomarxista como el español, es un problema. Nunca se ha impartido bien, nunca ha tenido unos contenidos sólidos y bien definidos, nunca ha dispuesto de un profesorado católico bien instruído y conscientemente motivado. A estas alturas, con todo el desgaste por los ataques socialistas y la despreoupación ppera, la clase de religión se tambalea, a punto de derrumbarse y desaparecer con una patada del primer socialista que se envalentone (o el primer ppero que se canse). Es un problema, somos conscientes. Lo mismo que también sabemos de la mala gestión de los obispos. Salvo excepciones.

Desde luego, con una campaña como la del video (que habrá costado una millonada) no se arregla nada. Con la truculenta apariencia, además, de que se está haciendo algo.

Comprenderán ustedes que mis amigos se pregunten si no sería mejor dejar a sus hijos fuera de la clase de religión, para que no sufran la de-formación de un mal profesor de una mala asignatura de religión des-católica y moral contra católica, que es lo que suele haber y lo que suele pasar. Aunque en otros muchos casos, no hay nada: Una hora de clase de contenido indefinido/indefinible impartida por un profesor o profesora de bajo nivel académico que piensa, prioritariamente, en salvaguardar su puesto bien remunerado. Y poco más. Ya he dicho que hay excepciones, pero son excepciones.

Si alguno me dice que por qué no aporto soluciones, le respondo que yo no soy experto, ni tengo ese encargo. Los expertos bien pagados, a sueldo de la CEE y nuestras burocracias diocesanas, son los que organizan campañas con materiales y mensajes publicitarios como los del vídeo. Y eso no vale para nada (aunque nos cuesta un pastón).

Por eso todavía no sé qué aconsejar a mis amigos.


+T.

viernes, 30 de enero de 2009

Epc: Los batalladores

Más de uno va decirme/va a pensar que desanimo (como son pocos los tertulianos y visitantes, pocos serán los afectados, por otra parte). Pero pienso que lo de la epc es un caso perdido (como el divorcio, y el aborto, y la eutanasia que ya viene, ya viene). La prueba, la evidencia, es que son sólo unos pocos héroes los que están como gladiadores en la arena, con todo el circo expectante (o ignorante, o "pasante"). Caerán extenuados, y la plebe levantará el póllice inverso pidiendo su sangre.
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Conozco un poco al campeón sevillano (y digo de verdad "campeón" y "héroe"). Le recuerdo de cuando mis años de bachiller y universidad, alguna vez que coincidimos (nunca simpatizamos, también recuerdo). Está sólo. Y batiéndose por los que no se baten que - digamos - han "delegado" en el campeón. Pero los que debieran estar más interesados e implicados, esos de verdad no salen, no combaten. Y no me vale la disculpa de la monja en la reja, y el cura en la capilla y los beatos profesionales en sus beaterías profesionalizadas. No me valen ad casum. Sé lo que digo: Rendirán al gladiador y ellos sobrevivirán.

¿Una batalla perdida? Sí, con sus víctimas, y sus héroes echados al ruedo del circo cruel.

¿Una batalla inútil? Los cantores de gesta cantarán la gesta, pero las consecuencias no son para batir palmas. Cierto que la épica trasmuta en epopeya una escaramuza o una asalto guerrillero, pero las cosas son lo que son. Conmueve ver a un hombre contra un sistema, un valiente contra un mundo. Y enardece, pero no te impide ver la frustrante y dolorosa realidad.

Supongo que, como en Sevilla, en otros sitios habrán también héroes, francotiradores, guerrilleros. Gente de bien que se echa al monte como los Macabeos con el formidable Matatías: «Todo el que sienta celo por la Ley y quiera mantenerse fiel a la Alianza, que me siga».
Y abandonando todo lo que poseían en la ciudad, él y sus hijos huyeron a las montañas.

Y así estamos (y vamos a estar, vamos a seguir estando: ¡Y Dios quiera que estemos!!!). Tiempos de batallas, de batalladores, de héroes y de campeones. Pero victorias, no (todavía no).

&.

martes, 6 de mayo de 2008

Venid y vamos!


Todavía no habían empezado las clases a media jornada, pero ya hacía calor. Las tardes de Mayo iban ganando más sol, más largas y doradas y brillantes a medida que el mes avanzaba. Por eso corrían las persianas en las clases, que estaban casi en penumbra cuando entrábamos a las tres. Y los niños dormíamos la siesta entre lectura y lectura del Nuevo Catón, con la cabeza apoyada en los brazos cruzados sobre el pupitre.

Todavía habia pupitres. Tenían el agujero para el tintero y el hueco alargado para el palillero y la pluma, ya vacíos, porque no se usaban porque escribíamos en los cuadernos con lápices y bolígrafos. Los pupitres de Mayo olían con un inconfundible olor a bocadillo de salchichón sudado con rosas. La merienda envuelta en papel, y las flores en un ramito atadas con bramante. Se metían en el pupitre, bajo la tapa, y allí se mezclaban olores.

Al dar las cuatro nos llevaban a la Capilla, para rezar las preces del Mes de María. A los más pequeños nos ponían en los primeros bancos, con una monja de escolta a cada lado. Las niñas mayores se quedaban en el fondo, y las del coro formaban en torno al armonio de Sor Bernardeta, para cantar.

Mi primer colegio fue de monjas, Teatinas. Las alcancé a ver en todo su esplendor de hábito negro, velo negro, y toca blanca almidonada, redondeada al pecho, con rosario colgando del cinturón. El dia que hice mi Primera Comunión se lo recortaron por abajo, y se cambiaron el velo y la toca por una extraña cofia cuadrada con un poco de tela colgando por detrás, como un pañolillo. Fue el principio del fin de muchas de ellas, que se llevaron con sus hábitos mi más inocente infancia.

Cada tarde de Mayo, se empezaba cantado "Venid y vamos todos"; después unas oraciones, las avemarías, otra canción, la ofrenda de las flores por turno, y se acababa con el "Tomad Virgen Pura". Las flores se iban ofreciendo por grupos, cada día un grupito de niños de la clase que tocara; antes los párvulos, y los dias finales de Mayo las del último grado. Mi primera vez fue traumática, porque había que subir al Altar y decir un verso y poner las flores al pie de la imagen de la Virgen. Mi verso fue mínimo, con vocecilla de cuatro años y timidez de pichón en nido. Era algo así como: - "Virgen María, Blanca Paloma..." Y no me acuerdo qué más. Un pichón con temblores, ya digo.

Pero me acuerdo que fue sincero. Es una constante que centra como un corazón mis cosas: Serán cortas, defectuosas, mejorables...Mis cosas! Pero cuando van a Dios o a Ella, son sinceras como duro es un diamante. Y recuerdo aquel verso corto, mal dicho, tímido y temblón, pero con toda mi alma inocente y simple, de cuatro años. Cuatro!

En Mayo y cada vez que necesito el recurso, le digo - a Él, a Ella - que se lo digo, que se lo ofrezco, como cuando le dije el verso a los cuatro años: Que tengo más años, pero que soy el mismo. Que tengo más mayos...y más cosas, pero que soy el mismo.


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sábado, 1 de diciembre de 2007

Su primer borrón


Se entretuvo por los callejones; quería llegar tarde, y no encontrarse con ningún chico en la plazoleta, y que hubiera sonado ya el timbre para la primera clase, y estuvieran cerradas las puertas del Instituto. El Instituto estaba en la antigua casa grande del pósito. Habían tabicado las tres naves y salieron seis aulas y un par de salones; los de dentro daban a un patinillo que les daba luz por unos tragaluces altos, casi rozando el techo; el patinillo lindaba con el corral de una vaquería, y por las mañanas en las clases olía a vaca y a leche; cuando berreaban los becerros, todos se reían (si la clase no era con el director; con el director nadie se reía).

A las 9h, el Lunes, empezaba con clase doble, una hora de matemáticas y la segunda de física, las dos con el director. La primera bofetada se la llevaba el primero que salía, por salir el primero. Pasaba lista uno a uno, apuntando las faltas, y después llamaba a la pizarra para preguntar y corregir los ejercicios; las voces y las bofetadas duraban hasta las once, cuando tocaba el timbre del recreo.

El reloj de la villa, que estaba enfrente del Instituto, daba los cuartos, las medias, los tres cuartos, los cuatro cuartos con la hora y la repetición. Las dos horas de matemáticas, física y bofetadas se median por cuartos del reloj, con campanazos que se aligeraban a medida que se agotaban los cuartos; el más largo era el último, tan lento.

Ya no había chicos en la plazoleta. Don Francisco, el conserje, había entornado el portón de la calle, porque hacía corriente, y no lo abría hasta el recreo. Como nadie lo vió, pasó de largo y siguió por la calle del Palacio hasta la Iglesia, que estaba abierta. Cuando entró, todavía había algunas mujeres en el Sagrario, dos o tres, que se fueron al rato, y se quedó sólo en la Iglesia. Se sentó en uno de los bancos del coro, con los piés sobre la barandilla de madera. Hacía frio; se levantó el cuello del chaquetón, se embozó en la bufanda, y se acurrucó en la rinconera del banco, dos horas, hasta que dieron las once en el reloj y el sacristán sonó las llaves para cerrar la Iglesia.

Antes de salir se paró me paré en el altar de la Virgen, eché una peseta en el cepillo, recé un Ave, y encendí una velilla, para que no se enteraran de que había faltado a dos clases. También dejé cien pálpitos de corazón, y un par de lágrimas. Tenía diez años.




Banda sonora: El precioso (y discutido) Ave Maria de Giulio Caccini-Vladimir Vavilov, cantado por la estupenda Sumi Jo, quasi perfecto para la escena.

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