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miércoles, 9 de octubre de 2019

Vísperas de Santo


Celebrando a Newman, el día de su memoria litúrgica, en las vísperas de su canonización.

Reconozco que preferiría que el canonizador fuera el mismo que le beatificó, pero me resigno, como tantos, y desvío la vista y evito la visión francisquista para centrar y enfocar sólo a Newman en la Gloria de los Santos: Que por su intercesión pasemos pronto de estas sombras francisqueras y amazónicas a la luz de la Roma Inmortal, esa que atrajo a Newman a su esplendor, hoy tan deslucido.

Oración:

Oh Dios que diste al Beato John Henry Newman, sacerdote, la gracia de seguir tu amable luz y hallar la paz en tu Iglesia; concédenos, por su intercesión y ejemplo, que podamos pasar de las sombras y las imágenes a la plenitud de tu verdad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, por lo siglos de los siglos.
Amen.




+T.

martes, 17 de septiembre de 2019

Estigmas de San Francisco



Cuando la Iglesia era católica, con misal y breviario neta e indudablemente católicos, hoy, 17 de Septiembre, recordando y venerando la estigmatización de San Francisco de Asís, rezaba esto:

Dómine Iesu Christe, qui frigescente mundo, ad inflammandum corda nostra tui amoris igne, in carne beatissimi Francisci Passionis tuae sacra Stígmata renovasti: concede propitius, ut eius méritis et précibus crucem iugiter feramus et dignos fructus paenitentiae faciamus: Qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen.


Ahora, con la paradoja de sufrir in cápite Ecclesiae un Franciscus de catolicismo sumamente resfriado, urge rezar esta preciosa plegaria para que Cristo, que inflamó y marcó con sus Santas Llagas a aquel Francisco, haga lo correspondiente con este otro, para que la Iglesia no se vuelva un témpano de gélida des-catolicidad y perezcan los fieles congelados como impíos modernistas-francisquistas.


Item oremus plus.


+T.

domingo, 4 de agosto de 2019

Orate pro sacerdotibus nostris



Omnipotente y eterno Dios, mira el rostro de tu Divino Hijo y por amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes. Recuerda que no son sino débiles y frágiles criaturas, mantén vivo en ellos el fuego de tu amor y guárdalos para que el enemigo no prevalezca contra ellos y en ningún momento se hagan indignos de su santa vocación.

Te ruego por tus sacerdotes fieles y fervorosos, por los que trabajan cerca o en lejanas misiones y por los que te han abandonado.

¡Oh Jesús! te ruego por tus sacerdotes jóvenes y ancianos, por los que están enfermos o agonizantes y por las almas de los que estén en el purgatorio.

¡Oh Jesús! te ruego por el sacerdote que me bautizó, por los sacerdotes que perdonan mis pecados, por aquellos a cuyas misas he asistido y asisto, por los que me instruyeron y aconsejaron, por todos para los que tengo algún motivo de gratitud.

¡Oh Jesús! guárdalos a todos en tu Corazón, concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad Amen.

Sagrado Corazón de Jesús, bendice a tus sacerdotes

Sagrado Corazón de Jesús, santifica a tus sacerdotes

Sagrado Corazón de Jesús, reina por tus sacerdotes.

María, madre de los sacerdotes, ruega por ellos.

Danos Señor vocaciones sacerdotales y religiosas.

Amén.
               (Oración de San Juan María Vianney, Santo Cura de Ars, por los sacerdotes)




+T.

martes, 23 de julio de 2019

Canonización de Newman: Timeo danaos et dona ferentes


Un socius fatigarum, católico consciente, me ha enviado el link de un artículo de The Wanderer: ¿Qué hacemos con Newman?

El artículo, interesante y ponderado (como todos los del Wanderer), suscita respuesta y comentario (como habitualmente el Wanderer) que, en este caso, he preferido, tal si fuera una separata, escribir aquí. Porque como un escolio de lo que expone al respecto el Wanderer, lo que en Ex Orbe tememos es que la canonización de Newman sea el caramelito para distraernos de lo que vayan a perpetrar en el Contubernio de la Amazonia, que ocurrirá por las mismas fechas, más o menos, que la programada canonización newmaniana.

Con temor y temblor - somos así - incluso hacemos cálculo (la paranoia campa desatada) y medimos la magnitud del personaje, Newman, con la posibilidad del disparate con Newman como coartada, el conciliábulo amazónico como circunstancia real (corpus delicti) y el Bergoglio Party como agentes de todo ello; considerándolo todo junto, nos resulta una ecuación digna de la página de un grimorio nigromante del más tenebroso nivel, con Newman como señuelo, como cebo del anzuelo, como sombra chinesca en el escenario de algún malvado demiurgo charlatán.

...Y mientras subían a Newman a la gloria del Bernini, todos entusiasmados, emocionados, agradecidos y fervientes, en aquella misma hora, los pérfidos juramentados consumaban la traición, el alevoso crimen eclesial que, en consecuencia, reducía a Newman y su obra a una difuminada sombra decimonónica que el Latrocinio Amazónico disimuló con los fastos de su canonización.

Gente con un concepto de iglesia que repugnaría al maestro oxoniense se afanan en un nuevo episodio descatolizador que hará a la Iglesia Católica más parecida a aquella otra iglesia de sombras de la que Newman muy conscientemente salió, firmemente convencido de que transitaba 'Ex umbris et imaginibus in Veritatem'.

NB. Los autores de Ex Orbe declaran y aclaran que todo lo expuesto en esta entrada es un timor tremendus, una extrasistólica corazonada, un gris barrunto. Nada más.

Oremus ergo!


+T.

viernes, 29 de diciembre de 2017

De Becket


Al Santo Mártir cantauriense le mantengo una devoción que crece cuando comparo según aquello que predicaba en Sevilla nuestro venerable (y muy olvidado) Fernando de Contreras, que clamaba desde el púlpito catedralicio un día de San Ildefonso ante Don Alonso Manrique, Arzobispo sevillano: '-Él Alfonso y vos Alfonso: ¡Cuánto va de Alfonso a Alfonso!'. Pues, reconociendo primero la distancia del Venerable Contreras mecum ipso, así distancio yo a Tomás Becket, Arzobispo, medido con los jerarcas hodiernos. Y me explico con una breve glosa/notación del mismo Thomas Becket:

De las cartas de santo Tomás Becket, obispo y mártir (Carta 74: PL 190, 533-536)
Si nos preocupamos por ser lo que decimos ser y queremos conocer la significación de nuestro nombre -nos designan obispos y pontífices-, es necesario que consideremos e imitemos con gran solicitud las huellas de aquel que, constituido por Dios Sumo Sacerdote eterno, se ofreció por nosotros al Padre en el ara de la cruz. Él es el que, desde lo más alto de los cielos, observa atentamente todas las acciones y sus correspondientes intenciones para dar a cada uno según sus obras.

Nosotros hacemos su vez en la tierra, hemos conseguido la gloria del nombre y el honor de la dignidad, y poseemos temporalmente el fruto de los trabajos espirituales sucedemos a los apóstoles y a los varones apostólicos en la más alta responsabilidad de las Iglesias, para que, por medio de nuestro ministerio, sea destruido el imperio del pecado la muerte, y el edificio de Cristo, ensamblado por la fe y el progreso de las virtudes, se levante hasta formar un templo consagrado al Señor.

Ciertamente que es grande el número de los obispos. En la consagración prometimos ser solícitos en el deber de enseñar, de gobernar y de ser más diligentes en el cumplimiento de nuestra obligación, y así lo profesamos cada día con nuestra boca; pero, ¡ojalá que la fe prometida se desarrolle por el testimonio de las obras! La mies es abundante y, para recogerla y almacenarla en el granero del Señor, no sería suficiente ni uno ni pocos obispos.


- Primero, subrayo la consciencia de la dignidad sacerdotal de Santo Tomás Becket y la penosa inconsciencia sacerdotal de nuestros jerarcas, que no sólo no actúan según lo que son, sino que ni siquiera se creen ellos mismos lo que son. Por eso el abuso que hacen de su ministerio santo y el descrédito continuo que le infligen, ad intra y ad extra, hasta con indecente impudicia en algunos casos.

¿Quién se atreve a dudar de que la Iglesia de Roma es la cabeza de todas las Iglesias y la fuente de la doctrina católica? ¿Quién ignora que las llaves del reino de los cielos fueron entregadas a Pedro? ¿Acaso no se edifica toda la Iglesia sobre la fe y la doctrina de Pedro, hasta que lleguemos todos al hombre perfecto en la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios?

- El dolor es que somos cada vez más quienes nos atrevemos y dudamos que la misma Roma tenga fe en sí misma, que Pedro se crea Pedro, que se guarde la fe en la potestad de las Llaves, que la doctrina que hoy se emite sea edificante/edificable. ¡Nada menos !!


Sea quien fuere el que planta y el que riega, Dios no da crecimiento sino a aquel que planta y riega sobre la fe de Pedro y sigue su doctrina.

Pedro es quien ha de pronunciarse sobre las causas más graves, que deben ser examinadas por el pontífice romano, y por los magistrados de la santa madre Iglesia que él designa, ya que, en cuanto participan de su solicitud, ejercen la potestad que se les confía.

- Para llorar! Y llórese por el dolor de la firmeza doctrinal perdida, olvidada o herida, que ni se enseña, ni se practica, ni se implementa al día renovando la práctica insistiendo en su verdad esencialmente católica.

Recordad, finalmente, cómo se salvaron nuestros padres, cómo y en medio de cuántas tribulaciones fue creciendo la Iglesia; de qué tempestades salió incólume la nave de Pedro, que tiene a Cristo como timonel; cómo nuestros antepasados recibieron su galardón y cómo su fe se manifestó más brillante en medio de la tribulación. Éste fue el destino de todos los santos, para que se cumpla aquello de que nadie recibe el premio si no compite conforme al reglamento

- Un recuerdo forzosamente necesario si no queremos perecer desalentados cayendo en la trampa del desánimo, del horizonte corto o de la impaciencia necia. El destino de todos los Santos que han sido y serán se teje en la tribulación con trama dolorosa y fe brillante, en ese telar con forma de Cruz donde se prueban los del temple de aquel Becket, cuyo perfil hoy es - ¡ay! - tan raro y escaso.

Orémus.
Deus, pro cuius Ecclésia gloriósus Póntifex Thomas gládiis impiórum occúbuit: præsta, quǽsumus; ut omnes, qui eius implórant auxílium, petitiónis suæ salutárem consequántur efféctum.
Per Dóminum nostrum Iesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
R. Amen
.



+T.

martes, 25 de julio de 2017

Poca ofrenda


No recuerdo - apenas alguna borrosa imagen del NO~DO - cómo eran las ofrendas ante el Apóstol en tiempos de Franco; supongo que serían adecuadas al régimen, con las florituras del discurso de entonces. Desde el '76, el tono cambió, fue cambiando poco a poco, hasta convertirse en la pantomima política representada en el súper-deslumbrante escenario religioso que es hoy: Un discursito con un florilegio de tópicos políticos de la actualidad, en forma moderada, sin estridencias, políticamente correcto y sin piedad apenas. Si el oferente se dirige en algún momento al Señor Santiago, lo que dice suena a quasi una referencia de estilo, incluso parece la invocación de algún mítico personaje de obligada mención ad casum, pero ignorado en cuanto no creído por no existente; Santiago es el celebrado solamente nombrado, por costumbre inmemorial y tradición aún vigente, pero vacía de sentido, intención y emoción.

La segunda parte de la ofrenda es aún más insostenible, porque el actuante, el Arzobispo de Compostela, asume el papel de una autoridad mayor, de rango espiritual, que recoge y responde la perorata del político de turno con amable y docta condescendencia, homilético en el modo y político en el fondo. Tampoco trasluce el prelado convicción religiosa, ni devoción acendrada al Apóstol, sólo parece un figurón ceremonial más, como el Botafumeiro, pero con mitra, báculo y (poquita) voz.



Me gustan las ceremonias bien cumplidas. La de la Ofrenda al Apóstol cumple, se realiza dentro de esos protocolos que, por repetidos y sabidos, suelen salir bien, sin ocurrencias. Pero cada vez se nota más el despego de la auténtica, antigua y venerable devoción al Apóstol, que es el celebrado (et soli Deo gloriam). Todo parece, además de languideciente, desanimado, sin espíritu, sin fervor. Al fín, el único que está a la altura de la ocasión es el Botafumeiro, tan sincero en su función.

*** *** *** ***

p.s. Cierro con una nota lamentable: Al rezar la oración colecta en la Misa del Apóstol, me he encontrado con que en el nuevo Misal, el publicado este año por la Conferencia Episcopal Española (IIIª edición española del Misal Romano), la mención de España ha sido cambiada por 'pueblos de España'. Significa, ni más ni menos, que en la mente de nuestros jerarcas ya se ha perdido el concepto de unidad-identidad nacional y se prefiere, en sintonía con ciertas formulaciones políticas, el deconstructivo 'pueblos de'.

Así era la oración:

Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


y así ha quedado ahora en el Misal re-editado:

Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de tus Apóstoles con la sangre de Santiago, haz que tu Iglesia, reconfortada constantemente por su patrocinio, sea fortalecida por su testimonio, y que los pueblos de España se mantengan fieles a Cristo hasta el final de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Ecce !!!

Orémus.
Esto, Dómine, plebi tuæ sanctificátor et custos: ut, Apóstoli tui Iacóbi muníta præsídiis, et conversatióne Tibi pláceat, et secúra mente desérviat. Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.


+T.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Miserere - Glosa del Beato Diego José de Cádiz

I
Ten mi Dios, mi bien, mi amor
Misericordia de mí,
ya me ves postrado aquí,
con penitente dolor:
ponga fin a tu rigor
una constante concordia,
acábase la discordia,
que causó el yerro común,
y perdóname según,
tu grande misericordia.

II
Y según la multitud
de tus dulces y adorables
misericordias amables,
sácame de esclavitud.
Ya me ofrezco a la virtud,
y protesto a tu bondad,
que con letras de verdad,
caracteres de mi fe,
yo tu amor escribiré,
borra tú mi iniquidad.

III
Lávame más, buen Señor,
de mi iniquidad, porque
aun lavado, yo no sé
que me asalta de temor.
Fuentes de mi Salvador,
que habéis al mundo regado,
a mi corazón manchado,
lavad en vuestras corrientes,
y tú, dueño de estas fuentes,
límpiame de mi pecado.

IV

Porque yo en mi desvarío
conozco mi iniquidad
conozco que mi maldad
atropelló a mi albedrio:
que fue doble el yerro mío.
Miré, ví, quise, caí,
fui sangriento, le ofendí.
No puedo ocultarlo ya.
Conozco que siempre está
mi pecado contra mí.

V
A Ti sólo te ofendí,
hice delante de Ti,
el mal con que te agravié:
lo confieso para que,
o bien si me castigares,
o bien si me perdonares,
te justifiques, Señor,
en tus palabras de amor
y venzas cuando juzgares.

VI
Ya ves que en iniquidades
fui concebido, Señor:
¿Qué quieres de un pecador
que se concibió en maldades?
Merezca ya tus piedades
quien en culpa se formó;
si esta hechura se quebró,
templa tus ojos airados,
pues en males y en pecados
mi madre me concibió

VII
Ya ves, ¡oh Dios de mis cultos!,
pues amaste la verdad,
con cuanta sinceridad
te confieso mis insultos.
Tú los inciertos y ocultos
arcanos que has reservado;
allá en el seno sagrado
de tu alta sabiduría,
ciertos, claros como el día,
me los has manifestado.

VIII

Me rociarás, ¡oh! Bondad!,
con hisopos de tu sangre
hasta que en fin se desangre
la vena de mi maldad.
Me limpiaré y tu piedad,
si sobre mí se conmueve
y el sacro rocío llueve,
me lavarás y seré
puro, limpio quedaré,
y blanco más que la nieve.

IX
A mi oído le darás
un gran gozo y alegría
cuando oiga anunciar el día
en que me perdonarás.
Mis entrañas llenarás
de placer, escucharán
tu voz y te cantarán
himnos a Ti consagrados,
y mis huesos humillados
de contento saltarán.

X
Aparta tu rostro ya
de mis pecados y mira
que tu dulce vida expira
por mi, que por mi se da.
Tu sangre pidiendo está
el perdón de mis maldades,
y para que a tus piedades,
veloz mi espíritu corra,
destruye, consume y borra
todas mis iniquidades.

XI
Un corazón limpio cría,
!oh Dios!, en mi pecho impuro.
Rompe este corazón duro,
derrite esta nieve fría.
¡Ah! engañosa pasión mía,
¡cuán blandamente me engañas!
Tú Señor, que a nadie engañas,
dame un casto y dulce afecto,
y un noble espíritu recto,
renueva Tú en mis entrañas.

XII
No me arrojes enojado
de tu presencia, Señor,
que esta hechura tu dolor
y tu sangre te ha costado.
Perdí a Dios, dejé a mi amado,
y pues que yo te perdí,
deja que se anegue aquí
mi culpa en un mar de llanto,
más a tu Espíritu Santo,
no lo retires de mí.

XIII
Vuélveme ya la alegría
de tu salud que he perdido,
y volverá a tu sentido
y placer el alma mía.
Venga ya el dichoso día
que ponga fin a mi mal,
y con la gracia final
confírmame en tu afición
con un noble corazón
y espíritu principal.

XIV
Yo mismo enseñaré
a los malos tus caminos,
de sus torpes desatinos,
Señor, los apartaré:
Yo con tu luz guiaré
los tristes hijos de Adán,
ya que tan ciegos están
en los locos desvaríos
de su error, y los impíos
a Ti se convertirán

XV
Líbrame de sangre ajena,
¡oh Dios, Dios de mi salud!,
Yerros de mi juventud
me han labrado esta cadena.
Cautivo el corazón pena,
gime, llora y llorará,
y el mundo todo sabrá
que el mar de mis culpas mengua
con lágrimas, y mi lengua
tu justicia cantará.

XVI
Señor abrirás mis labios,
publicaran tus grandezas,
y te volveré en finezas,
lo que te quité en agravios.
Si para tus desagravios
das aliento a mi esperanza,
te entregaré sin tardanza,
este corazón de roca,
y agradecida mi boca,
anunciará tu alabanza.

XVII
Porque si hubieras querido,
sacrificio ensangrentado,
cierto que lo hubiera dado
para aplicarte ofendido.
Pero estoy bien advertido
que al corazón miras más,
y, pues lágrimas me das,
lloro mis días infaustos,
Señor, que en los holocaustos,
Tú no te deleitarás

XVIII
Sacrificio es para Dios,
un espíritu rendido,
atribulado afligido,
partido de pena en dos.
Confiado llego a Vos,
resuelto a no pecar más,
y un corazón que verás,
ya contrito y humillado,
arrepentido, enmendado,
mi Dios, no despreciaras.

XIX
Con benigna compasión,
Señor, con dulce piedad,
con tu buena voluntad,
trata a la amada Sion.
Benigno, tu corazón
acabe de hacer también,
que no tarde más, mi bien,
que se enjuguen ya mis llantos,
que se edifiquen los santos
muros de Jerusalén

XX
Entonces aceptarás
de justicia el sacrificio,
las oblaciones propicio,
y los holocaustos más.
Entonces recogerás
de montes, valles y cerros,
victimas que por sus yerros
penitentes gemirán;
entonces, Señor, pondrán,
sobre tu altar los becerros.




Seguramente, esta glosa rimada del Salmo 50 la pensó el Btº Fray Diego José de Cádiz para ser cantada en las misiones populares, a las que dedicó gran parte de su fecundo ministerio como predicador.
El Miserere del Beato Diego José fue muy popular, se imprimió muchas veces, con ediciones por toda España. En Sevilla, donde el célebre capuchino fue muy estimado, llegando a ser honrado por el Cabildo Catedral, la Maestranza de Caballería y las principales cofradías de la ciudad, apenas pervive su memoria, tampoco tiene devoción. Curiosamente, el Miserere glosado del Beato se ha conservado en otros sitios. En Zamora lo cantan en la Hermandad del Cristo del Amparo, conocida como la de las Capas Pardas, a la recogida de la procesión en su iglesia de San Claudio de Olivares, el Miércoles Santo. Lo llaman 'miserere alistano', porque el canto procede de la comarca de Aliste, probablemente del pueblo de Bercianos, donde sale cada Viernes Santo una antigua procesión, inspiradora de la de Zamora capital.



Si, como es muy probable, este Miserere también se cantó en Sevilla, cuando los sermones del Beato Diego José, sonaría, quizá, de otra forma ante el Señor del Gran Poder, o en el Patio de los Naranjos de la Catedral, donde una lápida recuerda al pie del púlpito que aquel fue el sitio desde donde predicaba el santo capuchino.

Yo lo pongo porque es una preciosa oración, castiza y devotamente popular, muy buena para rezar y ambientar la Cuaresma que hoy empieza.

Prosit !


+T.

martes, 10 de mayo de 2016

El centro del Maestro Ávila

 


Esta mañana, a un cura amigo que me felicitaba la fiesta del Patrón con una cita, le escribí: "-...Sabes? Algunas veces, cuando leo a San Juan de Ávila me da miedo...algo así como un reverente temor sacerdotal..."

Ese miedo a las palabras (¡las verdades!) del Maestro Ávila no es nuevo, pues lo siento desde las primeras veces que leí sus sermones, sus meditaciones, sus tratados, sus cartas. Cosas, por ejemplo, como esta:

"...Entre todas las obras que la divina Majestad obra en la Iglesia por ministerio de los hombres, la que tiene el primado de excelencia, y obligación de mayor agradecimiento y estima, es el oficio sacerdotal; por el ministerio del cual el pan y el vino se convierten en cuerpo y sangre de Jesucristo Nuestro Señor, y su divina persona está por presencia real (...)

Y no se tengan por afrentados los hombres terrenales, bajos o altos, cuyo poder es en cuerpos o en cosas corporales, en ser excedidos de los sacerdotes de Dios, cuyo poder es en las almas, abriéndoles o cerrándoles el cielo, y lo que es más, teniendo poder sobre el mismo Dios, para traerlo al altar y a sus manos; pues que los ángeles del cielo, aunque sean los más altos serafines, reconocen esta ventaja a los hombres de la tierra ordenados en sacerdotes; y confiesan que ellos, con ser más altos en naturaleza, y bienaventurados con la vista de Dios, no tienen poder para consagrar a Dios, como el pobre sacerdote lo tiene.

(pero los Ángeles) No tienen envidia de esto, porque están llenos de verdadera caridad; y, viendo en las manos de un sacerdote al mismo Hijo de Dios a quien ellos en el cielo adoran y con profunda humildad le alaban con mucho temblor, admíranse sobremanera de la divina bondad, que tanto se extiende, y gozándose mucho de la felicidad de los sacerdotes, y una y muchas veces, con entrañable deseo, les dicen: Benedicite, Sacerdotes Domini, Dominum; laudate et superexaltate eum in saecula; y de verlos tan honrados de Dios, hónranlos ellos, y oyen con temblor las santas palabras que de la boca del sacerdote salen; y adoran a su mismo Rey y Señor en las manos del sacerdote, como una y muchas veces lo adoraron en los brazos de la Sagrada Virgen María (...) Oh bondad grande suya, que así engrandece a los sacerdotes, que los levanta del polvo y estiércol, y les da poder no sólo como a los príncipes de su pueblo, más aún: que puedan lo que ellos no pueden!..."


San Juan de Ávila, Tratado del Sacerdocio.

Lees textos como este y, de pronto, te encuentras enfrentado al misterio de ti mismo con Cristo en el centro. Y Cristo al principio, porque te escogió, te llamó, te consagró. Y Cristo al final, porque te examinará, te juzgará, te remunerará. Todo en modo sacerdotal, siendo el sacerdocio el sello que me marca cristológicamente (y me estremezco al escribirlo).

En el Doctor de la Iglesia San Juan de Ávila, la referencia sacerdotal es Cristo-centro, Cristo eje, Cristo única atracción, único destino, puerto de salida y meta de llegada. No hay periferias.

Las periferias han sido el perdedero de tantas vocaciones dubitantes, de tantas crisis de identidad sacerdotal que se han extraviado, confundido y disuelto en las periferias. Tantas periferias, todas distrayendo a los sacerdotes de su centro, de su eje sacerdotal, que es sólo Cristo.

Y la centralidad de ese Centro es sacerdotal-sacramental-eucarístico.

También eso me da miedo, que estemos en tiempo de promoción de periferias.

También me estremece que se conjugue tanto, y por tantos sitios, 'descentralizar'.

Con la lección del Maestro Ávila emocionándome con temor y temblor, mi invocación a Cristo, por sus sacerdotes: Cor Iesu, Rex et Centrum ómnium sacerdotum cordium, sanctífica, miserere nobis !!!


+T.

sábado, 30 de abril de 2016

En las antípodas pías



Esta mañana, en la Santa Misa, al rezar la oración de la memoria San Pio V

Oremos
Señor, tú que has suscitado providencialmente en la Iglesia al Papa San Pío V, para proteger la fe y dignificar el culto, concédenos, por su intercesión, participar con fe viva y con amor fecundo en tus santos misterios. Por nuestro Señor Jesucristo...
Amen.

interiormente, bajo un incontenible golpe de consciencia, a la vez que rezaba (¡Dios me perdone!) pensaba (¡Cristo nos asista!), especial y particularmente cuando dije esa parte central de la oración "...proteger la fe y dignificar el culto...", díjeme a mí mismo (¡Señor, misericordia!): -'¡¡¡Pero si estamos viviendo lo contrario!!!'.

En fin, que tuve que hacerme violencia interior, reprimiéndome para no seguir el juicio, ¡miserere mei!

Y en un segundo ataque, volví, otra vez incontinenti, sobre lo de la providente suscitación, atque preguntéme etiam, iterum de internis: -'Y lo de ahora, ¿también es una suscitación providencial..???'.

Llegado a este punto, confíteor que, para evitar un colapso interno-externo, me puse a considerar cuáles y cuántas serían las virtudes de San Policronio, otro Santo del 30 de Abril.

Algunas veces, es tan dificil creer, rezar, celebrar y ser inteligente, todo simultáneamente; declárolo, ahora que nadie me oye.

p.s. Otro articulete que escribí, illo témpore, sobre San Pio V (¡¡viva!!)


+T.

sábado, 19 de marzo de 2016

José, incienso del silencio


He estado este mes de Marzo, y en especial estos últimos días, rezando la coronilla de los Dolores y Gozos de San José, una práctica que ha sido siempre un contraste de catolicidad, y más en estos tiempos. A pesar de mi vieja devoción, me sigue admirando el silencio del Patriarca y la voluntad del Señor de no habernos querido revelar ni una palabra suya, quedando la figura del Santo perfilada sólo por la escucha, la acción y el silencio. Oír, obrar, callar. Atender, vivir, guardar. Creer, esperar, obedecer. Y amar, siempre amar en el silencio, con el silencio, desde el silencio.

Concluyo que el silencio, en la parte de los Santos Evangelios que toca a San José, es también revelación, un capítulo con versículos de rico silencio sagrado, como el humo del incienso, que es olor y no palabra, ofrenda consumiéndose sobre brasas, que sube y ambienta con aroma sagrado, velando suavemente el aire, incluso haciendo la luz visible en fascículos de rayos matizados en una claridad nublada por el sahumerio. Algo así son los silencios de San José.

Deduzco una profunda, muy intensa y atenta vida interior, un alma-tabernáculo, un sancta sanctorum donde las locuciones no se hacían con los labios sino con el espíritu, con lengua del Espíritu Santo.

Imagino tantos momentos de su unión marital-virginal, en que el esposo de la Virgen compartía con ella la inefable meditación de lo que iban guardando en sus corazones, que era, en suma, Jesus, Dios-con-ellos.



Iesu, María, Ioseph nobiscum semper. Amén.

Ex voto

+T.

lunes, 7 de marzo de 2016

Sicut Perpetua et Felicitas

El martirio de las cuatro Misioneras de la Caridad en Yemen ha coincidido casi en la misma fecha de la memoria litúrgica de las Santas Mártires Perpetua y Felicitas, dos insignes testigos de la fe caídas en la persecución de Septimio Severo, el año 202, en Cartago.

La foto cruenta de dos de las Mártires del Yemen me ha forzado a recordar lo terrible de cada martirio, su parte más dolorosa, que es la carne herida, la sangre derramada, la muerte campeando victoriosa cuando la vida terrena ha sido arrancada violentamente...y la vida celestial aun no se manifiesta, y no es visible el alma victoriosa, y no se ve la corona doble, refulgente, de la virginidad y el martirio, y sólo se enseña la desolación del dolor y la muerte.

La primera vista de todo mártir recién martirizado es una prueba para la fe: -'¡No os escandalicéis por el dolor, que nuestra sangre no os haga titubear: Manteneos firmes en el Señor!'. Con palabras como estas animaban los Mártires a sus hermanos en la fe de la Iglesia de Cristo, orando por ellos para que pudieran resistir el trauma escandaloso del martirio cruento. Así se animarán estos días los cristianos perseguidos del Yemen, Arabia, Siria, Iraq y todo el oriente islámico, amenazados por el alfanje de la impía media luna mahometana.


Después, todavía con el eco del dolor, vendrá la memoria de la fe con la gloria, con la iconografía de las neo-Mártires, bellas como lirios de pureza, coronadas con la gloria de las místicas esposas del Cordero. Y los cuerpos martirizados serán preciosas reliquias veneradas, hitos de la resurrección gloriosa ya segura, yemas preciosas en el tronco seco, prontas para abrirse en vara de flor.

¡Que las Santas Vírgenes Mártires de Cristo rueguen ante el Trono de la Misericordia por nosotros!


+T.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El Triunfo de Javier


Nuestra Parroquia de San Francisco, cuando me hice cargo de ella, no tenía una imagen digna del Santo Titular, En cuanto pude, me procuré una, preciosa y digna. Además, hace año y medio, compré muy barato (fue providencial, creo yo) un viejo y bonito cuadro representando la muerte de Javier. Debe ser de del XVII-XVIII, no sé decir si bávaro o napolitano. Es muy 'jesuitón', pues representa propiamente la estampa de la muerte de Javier muy difundida por la Compañía de Jesús:

El Santo Javier agoniza bajo un pobre chozo, tendido sobre un montoncillo de heno, rígido, con los ojos muy vivos vueltos al Cielo; tiene un crucifijo en la mano derecha, y la izquierda abierta sobre el pecho; de la sotana desabrochada sale una llamarada. A su derredor hay un libro abierto, un pequeño icono de la Mater Dolorosa, un rosario y una calabaza. En el ángulo derecho, entre las olas, a toda vela, está la nave en la que Javier ya nunca embarcará. Sobre el Santo, cinco Querubines miran el tránsito del misionero, abriendo los Cielos que le esperan.

El chozajo y la paja recuerdan el pesebre de Belén. Los ojos mirando a lo alto y la imagen de la Virgen Dolorosa parecen un eco del Calvario. El velero, un alegoría de las venturas y desventuras del mundo.

A las puertas de China, con el ansia insatisfecha del misionero, lejos de todo y todos, también del capitán Ignacio, bajo cuya guía profesó con los otros primeros socios, un día de la Asunción en Montmartre, dieciocho años hacía, con cuarenta y seis años intensamente entregados, estragado, cansado, tantas veces frustrado por los hombres y animado sólo por Dios, el Señor que impone su providencia al impaciente Javier.


Estos cuadros hagiográficos son una estampa para el arte, un medio para la piedad y un motivo para el examen espiritual. Si se le quiere decir 'triunfo' sólo lo es desde el paradigma de la Cruz. Según esta clave sí es victoria. Según el mundo, no, por mucho que se pinten querubines para adornar un gran fracaso.

Con esta escena javieriana he estado esta tarde dando vueltas a unos papeles con un cuestionario de evaluación de la parroquia según el esquema del análisis DAFO, un método para análisis de empresas. Con buena intención - supongo - se pretende que sigamos las pautas del DAFO y las apliquemos a la parroquia, el arciprestazgo, la diócesis. Me pregunto si también a la Iglesia Santa y Católica.

¿Analizar lo divino con metros tan humanos como los que se usan para calibrar empresas?

¿Hemos perdido la conciencia de la esencia y sobrenaturaleza de nuestro negocio, de nuestra empresa?

Me refiero, claro, al negocio y la empresa de Javier.


+T.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Más notas, también teresianas - y otras - sobre retratos



Una forma no visual de retratar es la descripción, por medio de la palabra, que puede referir formas corporales o definir impresiones anímicas y/o espirituales. La tradición que presenta a San Lucas, el tercer Evangelista, como pintor de la Virgen es venerable y muy antigua, atribuyéndosele numerosos iconos de la Madre del Señor, veneradísimos por los fieles de las iglesias de Oriente y Occidente. Sin embargo, salvando la posibilidad de la existencia de algún prototipo que tuviera relación con el Evangelista, estimo que todo pudiera proceder, realmente, de los dos sumarios de su Evangelio en los que San Lucas traza un perfil profundo, un valioso 'retrato' de la intimidad, espiritualidad y carácter de la Theotokos:

Lc 2,19 "...Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón."

Lc 2,51b "...Su madre conservaba estas cosas en su corazón".



No hay mejor retrato de la Virgen que el que San Lucas pinta en estos dos preciosos versículos, alma de la Mariología.

Santa Teresa de Jesús hace lo mismo cuando describe a su confesor y maestro espiritual, San Pedro de Alcántara: "...era muy viejo cuando le vine a conocer, y tan extrema su flaqueza, que no parecía sino hecho de raíces de árboles. Con toda esta santidad era muy afable, aunque de pocas palabras si no era con preguntarle. En éstas era muy sabroso, porque tenía muy lindo entendimiento" (Libro de su Vida cap. 27)




Y en otro escrito, uno de sus poemas, la Santa habla expresamente del retrato, refiriéndose a la impronta/imagen de Dios en el alma:


De tal suerte pudo amor,
alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.

Fuiste por amor criada
hermosa, bella, y así
en mis entrañas pintada,
si te perdieres, mi amada,
Alma, buscarte has en Mí.

Que yo sé que te hallarás
en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves te holgarás,
viéndote tan bien pintada.


(poema titulado 'Alma, buscarte has en mí')




+T.

domingo, 18 de octubre de 2015

Teresianas (notas)

Quienes hemos conocido en el convento de San José de Sevilla el discreto retrato de Santa Teresa que le pintó fray Juan de la Miseria, nos sentimos extrañamente incómodos ante el éxtasis de la Santa que figuró el Bernini para la suntuosa (y pretenciosa) capilla de los Cornaro. Y no porque nos incomode lo suntuoso, ni porque no nos deslumbre el brillante genio del insuperable Bernini, artista a quien veneramos (y no exageramos).


Lo que nos sucede en el caso de la extática Santa Teresa berniniana es que apenas se corresponde con la del retrato del real que le hicieron en Sevilla. No me refiero a parecidos, sino a conceptos: El éxtasis de la Teresa de Jesús que trasluce el mediano cuadro de fray Juan no pudo ocurrir en las formas que el gran Bernini recreara. Admitamos que podría entenderse posible que el Bernini interpreta ad extra un inefable ad intra. Pero el fondo místico de aquel éxtasis late más realmente en los ojillos legañosos que pintó el fraile que en los ojos desmayados que esculpió el maestro barroco romano. Recomiendo, ergo: Quien busque un éxtasis sublime, que se recree en la Capella Cornaro; quien quiera saber (hasta donde le sea concedido) la mística de un alma traspasada y encendida por el Amor más inefable, que se quede a mirar el cuadro de fray Juan.

 
 
En Sevilla hemos tenido que sufrir hace poco el indiscreto malgusto fraileril que encargó a un imaginero de moda una neo-imaginación de la escena de la vida de la Santa. Miren Uds. comparando y se harán cierta idea del carácter de los autores, el ideísta y el plasmador, de la repelente representación.



Otra consideración a propósito de Teresas y retratos: La reticencia y resistencia de Santa Teresa a ser retratada contrastan con el gusto por el retrato de Santa Teresita, la de Lisieux, quizá la Santa más retratada (en vida) de todo el Santoral (salvo recientes Santos coetáneos de la era de la polaroid, el fotomatón, el photoshop y el reportaje fotográfico).

Siguiendo con la consideración a propósito de las dos Teresas, la distancia entre el Castillo Interior y la infancia espiritual, es la que va del Siglo de Oro y Trento a la pre-decadencia fini-decimonónica que preludiaba el declive general del Vat.2º. Casi todos los grandes progenitores del aggiornamento fueron fervorosos entusiastas de la Teresita. Sostengo que la debilidad de los espíritus modernos ya no podía digerir la recia piedra berroqueña que edifica la espiritualidad de la gran Teresa, maestra de almas de otra altura y horizontes. Ya sé que molesto a algunos cuando digo esto, y me hago cargo de que las comparaciones - ¡es verdad! - son odiosas y las verdades dolorosas.

Claro que la comparación es, entiendo, forzosa. Y la verdad, clamorosa.


Se explica también que, a diferencia de Santa Teresa, la Santa Teresita no pudo inspirar a un Bernini que la imaginara extática y transverberada en una obra cumbre de la escultura religiosa. Santa Teresita quedó para la posteridad del kitsch católico, melosamente sonriente en las estampitas y en las escayolas moldeadas de Olot. A cada cual lo suyo.



Y a cada Santa su época (con todas sus circunstancias y consecuencias).


...También eso debe ser Providencia.


+T.

domingo, 24 de mayo de 2015

Romero, un beato para el des-catolicismo

Monseñor Romero es el beato querido por los des-católicos hispanoamericanos. El mártir enarbolado por la iglesia de pastoral revolucionaria que pierde fieles y se empeña en un populismo aun dependiente de postulados que se alejan del catolicismo, marcando el ritmo de la teología de la liberación.

¿Fue un mártir? Digamos, primeramente, que el concepto de 'mártir' quedó forzosamente reformulado cuando Juan Pablo II se empeñó en declarar mártir a Fray Maximiliano Kolbe, aun cuando su muerte carecía de algunos de los elementos integrantes de la, hasta entonces, concepción canónica del martirio. Desde entonces, caben en el concepto martirial otros modelos en los que prevalecen otras particularidades que antes no se hubieran considerado propiamente martiriales. En este nuevo concepto lato y elástico de martirio, sí cabría Oscar Romero, un buen sacerdote, un buen obispo. Y un mártir proclamado por muy determinados grupos y sectores de la Iglesia que luchaban al margen de las consideraciones de fe y virtud que probaron a los Mártires del Martirologio. Quizá, para estos casos, hubiera sido oportuno crear un nuevo 'martirologio', para distinguir y no confundir.

La procesión de entrada de la Misa de beatificación ha sido un lamentable dejá vú, con todos los sacerdotes cubiertos con gorras y sombreros, sin recogimiento, desinhibidos, festivaleros, según el estilo/formato jmjuanpablista: Mucho-clero-poco-pío, resumiendo.



En ese tipo de montajes neo-litúrgicos que el Papa Wojtyla inventó y difundió, la celebración del Misterio desaparece, mientras se resalta una especie de auto-celebración complaciente en la que la asamblea y sus motivaciones coyunturales ocupa todo, reduciendo la Presencia y el Sacrificio a un mínimo. Se celebraba la Misa, pero sobresalía más el escenario que el altar, el festejo más que la liturgia. El ruido de lo mundano impedía el silencio de lo sagrado.

En la Misa de beatificación (aquí grabación en directo), quedaba claro que se celebraba a Romero. Queda confuso si se celebró a Cristo.

Cuando llevaban al altar-estrado una urna con las reliquias del neo-beato, la camiseta empapada en la sangre del obispo tiroteado mientras celebraba la Misa, el coro cantaba el Salmo 71 en la versión, letra y música, de Miguel Manzano, tan famosa en los años 70:

"...que él defienda a los humildes del pueblo y quebrante al explotador "

Una versión muy alejada del 'humiliabit calumniatorem' que dice el versículo del Salmo mesiánico (Sal 71, 4).

Estamos el 2015, en la Iglesia cuyos jerarcas son aquellos jóvenes que en los contestarios y rebeldes años '70 cantaban con ensayado eco de trueno ese versículo del salmo de Manzano: -"...¡¡¡...y quebrammmmmte al explotador!!!". Se cantaba mucho en los seminarios.

Al llegar la procesión de entrada al altar, el coro, al ritmo de chimpúm-chimpúm populachero, cantaba esto otro:

-"Vamos todos al banquete
a la mesa de la creación
cada cual con su taburete
tiene un puesto y una misión".



Sublime.


n.b. En todo momento, el celebrante-presidente-ausente, fue PP Franciscus. Nunca fue tan evidente que el Cardenal Angelo Amato era sólo la voz de su amo.


+T.

jueves, 19 de marzo de 2015

El Patriarca


La tarde en el hogar del Nazareno
palpitaba con un secreto rezo
desde su Corazón, Ara y Sagrario .

El Patriarca tocaba al Niño y sentía
latir la Gloria del Inmenso, el pulso,
carne y sangre, del Dios Cordero.

Un coro lejano de serafines
cantaba trisagios celestes
mecidos por brisas doradas.

La Virgen, la Esposa, la Madre,
guardaba en su pecho las horas benditas...

Dios dormía sobre el pecho de José
y el Padre Eterno vestía con su gloria al Carpintero.


Ex Voto

+T.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Thomas Becket, tan lejano


Cada año confieso, como un rito privado, mi devoción por Thomas Becket, gran Santo, cuyo ejemplo martirial es hoy, en Europa, una clamorosa denuncia contra el episcopado europeo, tan lejos de seguir las huellas con rastro de sangre de Becket.

Escribo con la noticia fresca del repugnante obispo de Amberes, ese que reclama reconocimiento eclesial del pecado nefando. Aunque lo nieguen (por el momento), no tengo claro si lo que pretenden estos degenerados mitrados (porque no se trata sólo del de Amberes, seguro que hay más) es 'sacramentalizar' la aberración sodomita y la juntura de torcidas hembras y machos contranaturalizantes. Sea lo que sea, en el fondo de la postulación del infecto epíscopo belga late una conversión al mundo, una entrega a la corriente inmoral paganizante que domina e impregna la decadentísima Europa, mercado común atque común prostíbulo.

El martirio cristiano siempre que ha ocurrido ha sido contra mundum, contra los poderes y las seducciones del mundo. Cuando los cristianos siguen la corriente, no hay Mártires, sino abundancia de pecadores enredados en las charcas hediondas del mundo. Obviamente, el pestilente prelado de Amberes no tiene, ni remotamente, vocación martirial, su tendencia es acomodarse a las tendencias,

¿Nos volvemos hacia Dios, o miramos al mundo dando la espalda a Dios? Curiosamente, en la rubricación ceremonial imperada por la reforma post-conciliar, el sacerdote queda justamente así, dando la espalda a Dios y mirando al pueblo, en diálogo con el pueblo, en dirección al pueblo, con el Oriente a la espalda. En todo caso, el neo-altar postconciliar es un obstáculo entre el sacerdote y el pueblo; si se pone la Cruz sobre el altar, también - dicen - obstaculiza la vista del pueblo.

Se mira al pueblo y se termina adoptando las cosas del pueblo, posturas, modas, opiniones, corrientes; se miran las cosas del mundo y se asimilan con fascinante facilidad. Siendo hijos de Eva, llevamos el apetito de lo prohibido tan a flor de piel, tan activo. Miramos, apetecemos, tomamos, comemos, caemos, invitamos a otros a caer. Muchas veces, en el como de la a-moralidad, imperceptiblemente, con casi plena inconsciencia.

Así ha debido ser la secuencia, el proceso, del aberrante obispo de Amberes. Lástima que no tengamos espectógrafos secuenciales del alma para ver como se forman los pecados. O no, no hay que lamentar que no existan aparatos para ver las operaciones del alma, siendo todo bien conocido de Quien tiene que conocer estas cosas, y nadie más.



Conque decíamos que con esta casta episcopal hodierna no tendremos mártires obispos, con la falta que nos hacen.

En Madrid, tampoco habrá un Becket, por lo menos próximamente. No, la Almudena no podrá atesorar reliquias insignes de un arzobispo martirizado habiendo luchado contra mundum.     ***

En Oriente Próximo, donde impera la espada mahometana, allí sí, allí sí tendrán abundantes reliquias de prelados estilo Becket, hombres de Dios, verdaderos hombres de Iglesia, defensores del honor de Dios. Gracias a Dios.

Occidente, declinante, decadente capite et in membris, ya no defiende el honor de Dios, ignora, incluso, que es el honor de Dios. Becket está muy lejos.

n.b._He puesto de ilustración de cabecera ese cuadro tan dramático, que un amigo me ha enseñado esta mañana: Albert Pierre Dawant, 'La muerte de Thomas Becket', en el museo de Fécamp, una imagen impresionante. Aunque prefiero las escenas que representan el martirio con S. Thomas Becket de cara al altar, con los criminales detrás.

*** La indignada pastoral contra-rajoyana del perlado de Alcalá, no vale, no lleva impronta becketiana, porque el perlado tal no lucha por el honor de Dios, sino que clama contra quien consideró que era su defensor, su paladín, su aliado. Conque aplíquesele al mentecato la sentencia del profeta 'Maldito el hombre que confía en el hombre y en la carne pone su confianza ' Nada más. No hay madera de mártir en Alcalá.


+T.

lunes, 28 de abril de 2014

Canonizaciones


Los Santos ya no suben a la gloria del Bernini. Porque - primeramente - los sanpietrini ya no montan el aparato de las antiguas canonizaciones. Porque - segundamente - la Fábbrica di San Pietro no tiene caudales para gastar dinerales en el montaje de las canonizaciones de todos los santos que se han canonizado en estos últimos años, desde la rebaja juanpablista de los procesos de canonización.

Cuando dejó de usarse el aparato de las antiguas canonizaciones, la gloria del Bernini se sustituyó por un cartelón montado sobre un tapiz y cubierto con un paño que se alzaba (¡arriba el telón!) en un determinado momento de la canonización. Los tapices se colgaban en los balcones de la loggia de la fachada, si la ceremonia se organiza en la plaza, o, cuando es dentro de la basílica, los cuelgan de las balaustradas de las capillas altas de las reliquias, en los machones de la cúpula. Ahora, ni se tapan ni se alza el velo, porque las imágenes de los nuevos santos están ya descubiertas, tal y como aparecían los dos retratos de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, con un estridente fondo azul-magenta, contrastando con el rojo intenso del tabarro y el blanco de la sotana papal.

Los filipenses de la Chiesa Nuova conservan todavía la gran imagen pintada, como un enorme estandarte, que se usó cuando la canonización de San Felipe Neri, aquella memorabilísima canonización del 12 de Marzo de 1622 en la que Gregorio XV subió a los altares a un quinteto espléndido de la Comunión de los Santos: Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Felipe Neri y (España entonces imperaba) Isidro Labrador.

Contra lo dicho al empezar, estos cinco magníficos no subieron a la gloria del Bernini, porque el portentoso altar de la Cátedra aun no se había construido y no había gloria (del Bernini). Conque la presentación de los nuevos Santos se hizo quasi como ahora, con telones pintados figurando a los canonizados.

Para los que no se hacen idea de cómo resplandecía un santo recién canonizado con su imagen expuesta en la gloria del Bernini (en el centro del resplandor, donde se ve la vidriera del Espíritu Santo entre ángeles y rayos de luz, todo en bronce berninesco), en este yutube con un breve reportaje de la beatificación de Inocencio XI ,se puede ver un poco de aquella brillante visión católica que ya no se ve: Pio XII beatifica a Inocencio XI. Y en este otro vídeo, con imágenes de la canonización de María Goretti, la primera que se celebró en el atrio de la Basílica, en la plaza, se puede ver cómo se descubre un tapiz con la imagen pintada de la nueva santa.

Cosas, detalles, circunstancias, formas.

Con diferencias que marcan conceptos, con la distancia que los conceptos marcan. Con todo eso que nos hace añorar con nostalgia la conciencia consciente de la gloria de la Iglesia, de la dignidad grave y majestuosa del Papa, de la solemnidad de los ritos celebrados todo ello sin entrar en contradicción ni incompatibilidad con la pobreza, o la humildad, o la sencillez. Sólo una conciencia desconcertada y endeble puede enredarse en tales fantasmas, que antes no había y hodierna die causan estragos y desfiguran todo. Compárese, simplemente, y véase.



Luego está lo de los santos y su santidad. Como se ha olvidado todo aquello que antes se sabía, los grados de santidad, las aureolas (p. ej.) y otras cosas sobre estas cosas, la gente, nuestros empobrecidos y desnutridos católicos, a veces no distinguen, cuando tanto conviene distinguir.

Al fin, de santos quien sabe es Dios, que es Quien los hace. La Iglesia sólo reconoce, y no engaña ni se engaña, porque es la Iglesia. Y es el Papa, aunque no se ponga tiara, como debiera, y no se revista con la majestad sagrada que le corresponde. Es el Papa; minimalista, filo-vulgar, des-solemnizado, pero es el Papa.

Me mueve a risa floja la devoción de quienes le encienden velas (es un decir) al Beato Urbano II (el de las Cruzadas) o a Santa Juana de Arco (que mataba ingleses) o a San Luis IXº (cruzado dos veces (y una calamidad para las Cruzadas)) pero les ponen pegas a Juan XXIII o a Juan Pablo II. Y no pongo más ejemplos estridentes porque témome que voy a escandalizar al beaterío hiper-pío que suele pasearse por ExOrbe.

Nótese que he citado a tres santos franceses, porque con los míos no me meto. Aunque en ExOrbe hemos contado la poca devoción que tengo a algunos de nuestro Santoral Hispano. Que sean santos no me obliga a ponerles cirios.

Ayer le aconsejé a un compadre que le pidiera a los dos nuevos recién canonizados, que, como son santos, tienen que trabajar para la Comunión de los Santos, y si está mandado amar a los enemigos y hacer el bien a los que nos odian, los Santos están obligados a todo eso con un grado de santidad como el que les pertenece y compete; conque, en lógica de santidad, deben favorecer a sus críticos no-devotos cuando les ruegan (¡ojo! que el encomendarse a ellos es necesario sine qua non).

Si Uds. no me entienden, no importa. Pero háganme caso, que les conviene.

+T.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Ite ad Ioseph !


Para honrar la solemnidad del Santo Patriarca, he recordado este cuento josefino que aparece en uno de los relatos breves del Padre Luis Coloma, una narración popular-costumbrista titulada 'Ranoque', ambientada en Andalucía, que recoge un chascarrillo piadoso, del estilo de aquellos que contaban los frailes en las predicaciones de las misiones populares para ilustrar algún punto de doctrina. A mi entender, además de la impronta reconocible de Fernán Caballero, la fuente del p. Coloma bien pudo ser, salvando la procedencia del repertorio popular andaluz, alguna referencia directa, familiar o, más probablemente, conventual, por ese sabor de sencilla y profunda piedad católica (a pesar de algunas piadosas impropiedades), simpáticamente franciscana, o capuchina, que desprende todo el cuentecillo. Lo pongo tal cual, sin tocar la expresión del habla castiza típica de la Andalucía de fines del XVIII y principios del XIX, que el p. Coloma remeda con admirable gracia.

Ecce:

¿Sabe V. -continuó el buen viejo, deseando apartar a la viuda de sus tristes recuerdos-, lo que 'jizo' el Bendito Patriarca un día que su Divina Majestad le negó una gracia?...

-¿Cuento tenemos? -dijo Bautista. De la sierra había V. de ser, tío Ventura, para no ser chilindrinero.

-No es cuento, Bautista, que es sucedido - repuso el viejo -.

Pues vamos al caso, de que le llegó un día la cierta a un devoto de San José, y quiso colarse de rondón por las puertas del cielo. ¿Pero qué había de entrar, si venía too manchado de tinta?... que a la cuenta debía de ser alma de escribano. San Pedro le dio con el postiguillo en los hocicos, y me lo dejó montado en los cuernos de la luna. Pues vamos a que no faltó algún corre-ve-y-dile, que le diera el soplo a San José, y se va el Patriarca incontinenti a su Divina Majestad, a pedirle favor para su devoto. Pero su Divina Majestad le dijo que nones.

-¡Señor, que es mi devoto!

-¿Devoto?... que te encendía a ti media libra de cera, y al diablo todos los colmenares de la sierra.

Pues vamos a que, en estos dares y tomares, de que ha de entrar, que no ha de entrar, San José, que no es rana, y sabe dónde le aprieta el zapato, dice muy sentido, por ver si sacaba raja:

-Pues si mi devoto no entra, yo me voy...

-Vete con Dios -le dijo su Majestad.

San José, que lo que menos pensaba era en tocárselas, se va para la puerta con el sombrero en la mano: vuélvese a la mitad del camino, y dice:

-Pero es que yo no me voy solo... Que, según canta el refrán y también canta la ley, en matrimonio bien avenido, la mujer, junto al marido... Conque lo que es mi mujer, se viene conmigo.

-Pues que se vaya.

San José llama a la Virgen Santísima, le dice que se toque el mantón, y que se vaya para la puerta. Pero su Divina Majestad ni por esas se blandeaba.

-Pues es que si me llevo a mi mujer -dijo entonces el Patriarca-, me llevo también todo lo que es suyo.

-Pues llévatelo.

-Aquí tengo una lista que canta hasta la última hilacha.

Y se pone San José en medio del Cielo, saca un papel de la faltriquera, en que estaba escrita la letanía, y comienza a decir:

-Regina Angelorum... ¿A ver?... Vayan para allá todos los Ángeles.

-Regina Patriarcharum... Vayan todos los Patriarcas.

-Regina Prophetarum... Vayan todos los Profetas.

Y así fue relatando toda la letanía... ¡Compadre! cuando llegó a aquello de Regina Sanctorum Omnium, le dice su Divina Majestad:

-Mira, Pepe, anda fuera, lava bien a tu devoto y mételo dentro... Porque si me empestillo en no dejarlo entrar, me dejas tú, por justicia, solo en el Cielo."

Conque así se las gasta el Santo Patriarca cuando tiene empeño con alguno de sus devotos, a los que nunca priva de su poderoso patrocinio, como que es esposo, con todos sus derechos, de la Reina del Cielo. Y el único varón que en el mundo enseñó con autoridad al Omnisciente y mandó con potestad al Omnipotente.

El Omnipotente que le confió, seguro de su cabal hombría, a su Hijo. Su Hijo que se dormía en el regazo de José, feliz y seguro, acariciado por las manos del carpintero, besado por los castos labios del hombre a quien llamaba 'padre' con la complacencia del Padre.

San José es un misterio dentro del Misterio. Es un sagrario precioso de intimidad, amor, pureza, fidelidad, fortaleza, ternura y gracia. No tiene santo que le haga par, porque sin par fue su historia, su vocación, su ofrenda, su comunión con el Misterio de la Redención.

Todos los días le rezo y pido su intercesión. A la llave del Sagrario le puse una cadenilla con una medalla de San José; cuando abro y cierro el Sagrado Tabernáculo recuerdo al Patriarca, privilegiado entre todos los Santos con ese acceso directo al Corazón de Jesús, de su Niño Jesús.

¡Y al de la Virgen, su esposa!

Ite ad Ioseph!



Letanías de San José

Señor, ten misericordia de nosotros
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.

San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, valentísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.

V.- Le estableció señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su hacienda.

Oremos: Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén




Ex Voto

+T.

jueves, 16 de enero de 2014

Todo barato, rebajas para todos (para los Santos también)


Se vea o no, el francisquismo es una deriva consecuente del juanpablismo. Menos ilustrado, con su toque de ultramar, con su cuota hispanohablante y el reciclaje de ida y vuelta de un apellido italiano. Pero, se acepte o no, sin juanpablismo no hubiera llegado el francisquismo.

La rebaja del coste de un Santo, por ejemplo, ya estaba esbozada por el mega-canonizador JP2º, cuya gloria se garantizó él mismo, podríamos decir, desde que asumió esa extrema doctrina (?) de la 'santidad vulgar' que lleva implícita la confusión de lo santo identificado con lo corriente (cosas y gente).

Después algunos se estremecen de indignación santa cuando escuchan hablar a Boff del 'sacramento de la colilla' sin advertir que ellos mismos están postulando la glorificación de la fregona, del bolígrafo o de la palanca de cambios. Todo para hacer más comprensible, más accesible, más cercano y digerible algo tan distante y distinto como lo Santo (aunque habite entre nosotros).

Aquella sentencia teresiana de que 'entre los pucheros anda el Señor' necesita, urgentemente, cátedra de prima, para ser expuesta (y revisada) convenientemente.

El pronóstico sobre lo de las canonizaciones low cost - decíale ayer tarde a un compadre - es que vamos a ver en los altares, tarde o temprano, a los Siete Niños de Écija, los Cienmil Hijos de San Luís (al fin todos barren para casa, ¡no vamos a ser menos!) y hasta a la Dolores de Calatayud, tan caritativa y amiga de hacer favores omnibus petentibus.

Yo mismo me estoy pensando si poner una alcancía para dejar encargada mi beatificación-canonización. Si sale barato, no voy a ser menos, tampoco.

Aunque tendré un hándicap formidable: Contra el criterio de discriminación positiva francisquista, no soy indígena, ni del hemisferio austral, ni de América, África o Asia.

C'est un problème pour moí et ma sanctité.

Así que me saldrá más cara.

El clásico 'si sanctus, oret' al final quedará en un reformulado 'si es santo, que pague' (aunque algunos, por gusto de PP Franciscus, tengan que pagar menos tasa canónica).


+T.