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lunes, 21 de marzo de 2022

La otra Rusia


 Es la Rusia que no sale en los noticiarios de estos díaa.

Es la Rusia creyente y orante. La Rusia 'litúrgica' que hace sonrojar a los ceremonieros decadentes del Vaticano II y sus epígonos.

Es la Rusia de la majestad en el culto y la solemnidad de sus ministros, sean jerarcas o meros asistentes.

Es la Rusia de la piedad ortodoxa ancestral que nos da lecciones a los católicos del minimalista aggiornamento.

Conste que no expongo un alegato belicista, ni aprobando, ni disculpando, ni ignorando.

Sólo enseño la Rusia con la que sinceramente conecto.

Una conexión admirada y creyente.


P.S. El yutube es una grabación de la Sgda.Liturgia de Presantificados del pasado 11 de Marzo celebrada por el Patriarca Kirill en la Catedral del Divino Salvador de Moscú. Les recomiendo que también vean otros de otras celebraciones.


+T.

jueves, 1 de marzo de 2018

Illo témpore...


Suelo tener a mano un misal antiguo, de los de mano, de devoción, como complemento y auxiliar; de hecho, varios: en el despacho, en casa, en la sacristía, incluso alguno cerca del Altar, de socorro, por si algún imprevisto. De entre los que manejo le tengo especial querencia a uno muy gastado, de los que pululaban por mi casa y se salvaron de la aniquilación del derrumbe, encuadernado en piel, despellejado en el lomo alto, con las cintas quasi a punto de disolverse en hilachas, con alguna merma en las páginas primeras y últimas y por eso le falta el colofón que me impide ponerle fecha, pero se imprimió y publicó en Valencia, en 1941-43 (creo), antes de la reforma de la Semana Santa (¡ay!). La edición estuvo a cargo, con prólogo, notas y comentarios, del padre Vicente Molina S.J. En Cuaresma, trae unas sabrosas introducciones a la Misa del día, con mención referencial de la estación romana respectiva. Este es el comentario de la de hoy, Jueves/Feria Vª de la IIª Semana de Cuaresma:

"Jueves de la Segunda Semana de Cuaresma. Estación en Santa María al otro lado del Tíber.

- Este templo de la estación estaba rodeado de la barriada más opulenta de los judíos y, como es natural, allí abundarían los vicios y hasta el desprecio a Cristo. Muy oportuna es la lectura del Evangelio de hoy que nos narra la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro; el Epulón, tipo del pueblo judío, rico en dinero y depravado, y Lázaro, tipo de la Iglesia, rica en virtudes y escasa en dinero. Los reproches de Cristo al pueblo judío tenían allí una resonancia especial."

Ya sé que quienes me leen no son tontos, pero, aun así, destaco el 'como es natural' y el 'Epulón, tipo del pueblo judío, rico en dinero y depravado'. Pero no es menor el subrayado para el 'Lázaro, tipo de la Iglesia, rica en virtudes y escasa en dinero'. Admirable todo. Estupefaciente, también. Incluso le cabría a todo ello el calificativo de inocente, la inocencia de ese bendito padre Vicente Molina, que Dios tenga en su Gloria junto a los Santos Inocentes, los confesores, no los mártires. Porque no me imagino al buen reverendo en el infierno de los antisemitas o en el limbo de los bobos, simplemente infiero que eran cosas, mentalidades, pensamientos de la época, de aquella terrible época del cuarentitantos, cuando por el Trastévere y el Lungotévere las SS hacían estremecer los umbrales de los hijos de Judá en la Urbe.

De todas formas, hagámonos cargo de que se pensó así y se escribieron - piadosamente - cosas así, sin más malicia, pero como cito. Aunque me gustaría que no hubiera existido todo eso, ni lo pensado, ni lo escrito, ni lo dicho, ni lo hecho.

Considérese, pues, cuán astuto es el tentador, capaz de disimularse hasta en el comentario pío, entre las páginas de un misalito, tanquam fina y silente víbora, lista para picar y envenenar (¡Sancte Michael, divina virtute in inferno detrude!).

Por lo demás, para cerrar, diré que en mis años de Roma, cada Cuaresma, siempre que pude, hice las estaciones, que les tengo devoción desde que, cuando niño, leía en los misales eso de 'Estación en Santa María in Trastévere', verbigracia.





+T.



domingo, 5 de marzo de 2017

Particulares Cuaresmales

Para información y formación de espíritus piadosos atque curiosos. Lean:

"La penitencia pública se imponía de esta manera: Presentábanse los penitentes a la puerta del templo, cubiertos de un saco, a pie descalzo, y con muestras de corazón humillado y contrito. Recibíanlos el Obispo y los Curas Párrocos informados de sus pecados y de su vida. Señalábanles la penitencia merecida, y entrados en la Iglesia rezaban los salmos penitenciales, les imponían las manos, rociábanles con agua bendita, y les ponían ceniza en la cabeza. Luego formados en procesión eran solemnemente expulsados de la Iglesia, cantando el Clero en ella las palabras con que Adán echado del Paraíso fue condenado por Dios a comer el pan con el sudor de su rostro. Hecho esto se cerraba la puerta y comenzaba la Misa de los fieles. (...)

"Estas ceremonias instituidas sólo para los pecadores, las adoptó después la humildad de algunos Christianos fervorosos que quisieron tener parte en la humillación pública de este día, sea para arraigar más en sí el espíritu de penitencia, sea, como dice Tomasino, para consolar a los públicos penitentes, ayudarlos con sus oraciones, y fortalecerlos con su exemplo. Muy pronto creció este fervor y se extendió por todo el orbe católico. Creíble es que desde el siglo XIII en que la penitencia pública fue casi de todo punto abolida, entrasen los fieles en la Quaresma con ansia de tener mayor parte a lo menos en estas reliquias que habían quedado del rito antiguo, especialmente en la ceremonia de la ceniza, que por su antigüedad y por su significación era ya más general en la Iglesia. Ayudó a esto la persuasion general fundada en la palabra del Señor de que nadie hay que por inocente que sea a sus propios ojos que no tenga necesidad de hacer penitencia- Este principio tuvo el ofrecerse hoy todos los fieles a porfía al convite general que la Iglesia hace de la penitencia.

"En algunas iglesias junto con las cenizas se bendecían varas como instrumentos a propósito para castigar delincuentes. en otras iglesias estaba la ceniza en platos de barro para mostrar que es de barro el que la recibe. En Toledo usaba el sacerdote de capa de color ceniza, en Badajoz de capa negra. Con este mismo espíritu acompañaba ya desde muy antiguo a esta ceremonia las palabras: Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris. En algunos rituales se leen estotras: Poenitentiam age, cum cilicio et cinere; en otros: Cineris hujus aspersio sit mihi quaeso, Domine, remedium salutare. En algunas Diócesis nuestras antes de la reforma del oficio se decía: Memento, homo, quia cinis es, et in cinerem reverteris. En Segovia se añadían estotras palabras: Ideo age poenitentiam; en Toledo: Age poenitentiam et prima opera fac; en Astorga: Ideo age poenitentiam pro peccatis tuis, ut vivas in aeternum; en Badajoz y en Sevilla: Ideo age poenitentiam, ut habeas vitam aeternam. Lo mismo, con corta diferencia, se lee en el Misal de Gerona, en el de Monte Aragón y en otros, salvo que el de Gerona comienza diciendo: Recognosce te , frater, quod pulvis es etc. La Iglesia de Zaragoza decía: Homo, recognosce Creatorem tuum, et memento quia cinis es, et in cinerem reverteris, age poenitentiam et habebis vitam aeternam. La bendición constaba también en España de algunas preces que ahora se omiten, y en ella se omitían dos de las oraciones que luego se añadieron. En Osma no se echaba el agua bendita sobre la ceniza, sino sobre el pueblo. (...)"

Una nota a pie de página, dice:

"En Sevilla comenzaba el sacerdote en voz baxa: Adjutorium etc.
Luego se seguían cinco oraciones devotísimas, las cuales acabadas se va el sacerdote al coro, y dice varias preces y antífonas y el salmo Deus misereatur nostri. A este tenor se observa una maravillosa variedad en la ceremonia de la ceniza."


A los recalcitrantes fixistas-inmovilistas litúrgicos, este texto les removerá la atrabilis, pero así eran las cosas, todo de - como dice la nota de ibídem - "una maravillosa variedad". Advierto que digo esto profesando grande y sacerdotal reverencia por la liturgia antigua, el Misal de San Pio V y las rúbricas añejas, aborreciendo las novelerías y malas artes de los liturgistas post-conciliares, lo que no obsta para entender, comprender y apreciar tantas cosas despreciadas por los pseudo-puristas.



El texto que cito es del tratado litúrgico Dominicas, ferias y fiestas movibles del año christiano de España, obra del clérigo ilustrado, canónigo de Cuenca, predicador real, académico de las RR. AA. de la Lengua y la Historia, bestia negra de los fernandinos, liberal y muerto exiliado, octogenario, en Irlanda, el ilustre Don Joaquín Lorenzo Villanueva. Decían que era jansenista, galicano, regalista, y que envejeció con simpatías protestantes, el pobre.

En la Domínica Iª de Cuaresma, cuando se estrena la 3ª edición en español del Misal Romano de Pablo VI. Sirva de memoria.


+T.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Miserere - Glosa del Beato Diego José de Cádiz

I
Ten mi Dios, mi bien, mi amor
Misericordia de mí,
ya me ves postrado aquí,
con penitente dolor:
ponga fin a tu rigor
una constante concordia,
acábase la discordia,
que causó el yerro común,
y perdóname según,
tu grande misericordia.

II
Y según la multitud
de tus dulces y adorables
misericordias amables,
sácame de esclavitud.
Ya me ofrezco a la virtud,
y protesto a tu bondad,
que con letras de verdad,
caracteres de mi fe,
yo tu amor escribiré,
borra tú mi iniquidad.

III
Lávame más, buen Señor,
de mi iniquidad, porque
aun lavado, yo no sé
que me asalta de temor.
Fuentes de mi Salvador,
que habéis al mundo regado,
a mi corazón manchado,
lavad en vuestras corrientes,
y tú, dueño de estas fuentes,
límpiame de mi pecado.

IV

Porque yo en mi desvarío
conozco mi iniquidad
conozco que mi maldad
atropelló a mi albedrio:
que fue doble el yerro mío.
Miré, ví, quise, caí,
fui sangriento, le ofendí.
No puedo ocultarlo ya.
Conozco que siempre está
mi pecado contra mí.

V
A Ti sólo te ofendí,
hice delante de Ti,
el mal con que te agravié:
lo confieso para que,
o bien si me castigares,
o bien si me perdonares,
te justifiques, Señor,
en tus palabras de amor
y venzas cuando juzgares.

VI
Ya ves que en iniquidades
fui concebido, Señor:
¿Qué quieres de un pecador
que se concibió en maldades?
Merezca ya tus piedades
quien en culpa se formó;
si esta hechura se quebró,
templa tus ojos airados,
pues en males y en pecados
mi madre me concibió

VII
Ya ves, ¡oh Dios de mis cultos!,
pues amaste la verdad,
con cuanta sinceridad
te confieso mis insultos.
Tú los inciertos y ocultos
arcanos que has reservado;
allá en el seno sagrado
de tu alta sabiduría,
ciertos, claros como el día,
me los has manifestado.

VIII

Me rociarás, ¡oh! Bondad!,
con hisopos de tu sangre
hasta que en fin se desangre
la vena de mi maldad.
Me limpiaré y tu piedad,
si sobre mí se conmueve
y el sacro rocío llueve,
me lavarás y seré
puro, limpio quedaré,
y blanco más que la nieve.

IX
A mi oído le darás
un gran gozo y alegría
cuando oiga anunciar el día
en que me perdonarás.
Mis entrañas llenarás
de placer, escucharán
tu voz y te cantarán
himnos a Ti consagrados,
y mis huesos humillados
de contento saltarán.

X
Aparta tu rostro ya
de mis pecados y mira
que tu dulce vida expira
por mi, que por mi se da.
Tu sangre pidiendo está
el perdón de mis maldades,
y para que a tus piedades,
veloz mi espíritu corra,
destruye, consume y borra
todas mis iniquidades.

XI
Un corazón limpio cría,
!oh Dios!, en mi pecho impuro.
Rompe este corazón duro,
derrite esta nieve fría.
¡Ah! engañosa pasión mía,
¡cuán blandamente me engañas!
Tú Señor, que a nadie engañas,
dame un casto y dulce afecto,
y un noble espíritu recto,
renueva Tú en mis entrañas.

XII
No me arrojes enojado
de tu presencia, Señor,
que esta hechura tu dolor
y tu sangre te ha costado.
Perdí a Dios, dejé a mi amado,
y pues que yo te perdí,
deja que se anegue aquí
mi culpa en un mar de llanto,
más a tu Espíritu Santo,
no lo retires de mí.

XIII
Vuélveme ya la alegría
de tu salud que he perdido,
y volverá a tu sentido
y placer el alma mía.
Venga ya el dichoso día
que ponga fin a mi mal,
y con la gracia final
confírmame en tu afición
con un noble corazón
y espíritu principal.

XIV
Yo mismo enseñaré
a los malos tus caminos,
de sus torpes desatinos,
Señor, los apartaré:
Yo con tu luz guiaré
los tristes hijos de Adán,
ya que tan ciegos están
en los locos desvaríos
de su error, y los impíos
a Ti se convertirán

XV
Líbrame de sangre ajena,
¡oh Dios, Dios de mi salud!,
Yerros de mi juventud
me han labrado esta cadena.
Cautivo el corazón pena,
gime, llora y llorará,
y el mundo todo sabrá
que el mar de mis culpas mengua
con lágrimas, y mi lengua
tu justicia cantará.

XVI
Señor abrirás mis labios,
publicaran tus grandezas,
y te volveré en finezas,
lo que te quité en agravios.
Si para tus desagravios
das aliento a mi esperanza,
te entregaré sin tardanza,
este corazón de roca,
y agradecida mi boca,
anunciará tu alabanza.

XVII
Porque si hubieras querido,
sacrificio ensangrentado,
cierto que lo hubiera dado
para aplicarte ofendido.
Pero estoy bien advertido
que al corazón miras más,
y, pues lágrimas me das,
lloro mis días infaustos,
Señor, que en los holocaustos,
Tú no te deleitarás

XVIII
Sacrificio es para Dios,
un espíritu rendido,
atribulado afligido,
partido de pena en dos.
Confiado llego a Vos,
resuelto a no pecar más,
y un corazón que verás,
ya contrito y humillado,
arrepentido, enmendado,
mi Dios, no despreciaras.

XIX
Con benigna compasión,
Señor, con dulce piedad,
con tu buena voluntad,
trata a la amada Sion.
Benigno, tu corazón
acabe de hacer también,
que no tarde más, mi bien,
que se enjuguen ya mis llantos,
que se edifiquen los santos
muros de Jerusalén

XX
Entonces aceptarás
de justicia el sacrificio,
las oblaciones propicio,
y los holocaustos más.
Entonces recogerás
de montes, valles y cerros,
victimas que por sus yerros
penitentes gemirán;
entonces, Señor, pondrán,
sobre tu altar los becerros.




Seguramente, esta glosa rimada del Salmo 50 la pensó el Btº Fray Diego José de Cádiz para ser cantada en las misiones populares, a las que dedicó gran parte de su fecundo ministerio como predicador.
El Miserere del Beato Diego José fue muy popular, se imprimió muchas veces, con ediciones por toda España. En Sevilla, donde el célebre capuchino fue muy estimado, llegando a ser honrado por el Cabildo Catedral, la Maestranza de Caballería y las principales cofradías de la ciudad, apenas pervive su memoria, tampoco tiene devoción. Curiosamente, el Miserere glosado del Beato se ha conservado en otros sitios. En Zamora lo cantan en la Hermandad del Cristo del Amparo, conocida como la de las Capas Pardas, a la recogida de la procesión en su iglesia de San Claudio de Olivares, el Miércoles Santo. Lo llaman 'miserere alistano', porque el canto procede de la comarca de Aliste, probablemente del pueblo de Bercianos, donde sale cada Viernes Santo una antigua procesión, inspiradora de la de Zamora capital.



Si, como es muy probable, este Miserere también se cantó en Sevilla, cuando los sermones del Beato Diego José, sonaría, quizá, de otra forma ante el Señor del Gran Poder, o en el Patio de los Naranjos de la Catedral, donde una lápida recuerda al pie del púlpito que aquel fue el sitio desde donde predicaba el santo capuchino.

Yo lo pongo porque es una preciosa oración, castiza y devotamente popular, muy buena para rezar y ambientar la Cuaresma que hoy empieza.

Prosit !


+T.

sábado, 19 de marzo de 2016

José, incienso del silencio


He estado este mes de Marzo, y en especial estos últimos días, rezando la coronilla de los Dolores y Gozos de San José, una práctica que ha sido siempre un contraste de catolicidad, y más en estos tiempos. A pesar de mi vieja devoción, me sigue admirando el silencio del Patriarca y la voluntad del Señor de no habernos querido revelar ni una palabra suya, quedando la figura del Santo perfilada sólo por la escucha, la acción y el silencio. Oír, obrar, callar. Atender, vivir, guardar. Creer, esperar, obedecer. Y amar, siempre amar en el silencio, con el silencio, desde el silencio.

Concluyo que el silencio, en la parte de los Santos Evangelios que toca a San José, es también revelación, un capítulo con versículos de rico silencio sagrado, como el humo del incienso, que es olor y no palabra, ofrenda consumiéndose sobre brasas, que sube y ambienta con aroma sagrado, velando suavemente el aire, incluso haciendo la luz visible en fascículos de rayos matizados en una claridad nublada por el sahumerio. Algo así son los silencios de San José.

Deduzco una profunda, muy intensa y atenta vida interior, un alma-tabernáculo, un sancta sanctorum donde las locuciones no se hacían con los labios sino con el espíritu, con lengua del Espíritu Santo.

Imagino tantos momentos de su unión marital-virginal, en que el esposo de la Virgen compartía con ella la inefable meditación de lo que iban guardando en sus corazones, que era, en suma, Jesus, Dios-con-ellos.



Iesu, María, Ioseph nobiscum semper. Amén.

Ex voto

+T.

lunes, 7 de marzo de 2016

Sicut Perpetua et Felicitas

El martirio de las cuatro Misioneras de la Caridad en Yemen ha coincidido casi en la misma fecha de la memoria litúrgica de las Santas Mártires Perpetua y Felicitas, dos insignes testigos de la fe caídas en la persecución de Septimio Severo, el año 202, en Cartago.

La foto cruenta de dos de las Mártires del Yemen me ha forzado a recordar lo terrible de cada martirio, su parte más dolorosa, que es la carne herida, la sangre derramada, la muerte campeando victoriosa cuando la vida terrena ha sido arrancada violentamente...y la vida celestial aun no se manifiesta, y no es visible el alma victoriosa, y no se ve la corona doble, refulgente, de la virginidad y el martirio, y sólo se enseña la desolación del dolor y la muerte.

La primera vista de todo mártir recién martirizado es una prueba para la fe: -'¡No os escandalicéis por el dolor, que nuestra sangre no os haga titubear: Manteneos firmes en el Señor!'. Con palabras como estas animaban los Mártires a sus hermanos en la fe de la Iglesia de Cristo, orando por ellos para que pudieran resistir el trauma escandaloso del martirio cruento. Así se animarán estos días los cristianos perseguidos del Yemen, Arabia, Siria, Iraq y todo el oriente islámico, amenazados por el alfanje de la impía media luna mahometana.


Después, todavía con el eco del dolor, vendrá la memoria de la fe con la gloria, con la iconografía de las neo-Mártires, bellas como lirios de pureza, coronadas con la gloria de las místicas esposas del Cordero. Y los cuerpos martirizados serán preciosas reliquias veneradas, hitos de la resurrección gloriosa ya segura, yemas preciosas en el tronco seco, prontas para abrirse en vara de flor.

¡Que las Santas Vírgenes Mártires de Cristo rueguen ante el Trono de la Misericordia por nosotros!


+T.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Andar sabiendo versus vivir corriendo

La foto es una instantánea casual tomada el Domingo pasado en Sevilla. Una vez al año, por estas fechas de Febrero, organizan una maratón en la ciudad. Si aquella Maratón histórica de Filípides fue una proeza - o así lo entendieron los griegos - una carrera a lo maratón es una de esas excentricidades de la modernidad que entusiasma y emociona a la gente del tercer milenio, que lo mismo echan los bofes corriendo 42 kilómetros pseudo-maratonianos, que se congelan en un peñasco del Everest o se descalabran en la ruta París-Dakar.

El Maratón original pudo ser algo heroico, pero los maratones urbanos post-modernos son un típico fenómeno acorde con el desconcierto entusiasmado de los tiempos y las modas. Dicen que quince mil y pico maratoneros se reventaron los pies el otro Domingo en Sevilla, por extravagante gusto y/o motivo, sólo por correr (aunque a los africanos que llegaron los primeros a la meta les pagaron/premiaron por ganar).

La foto, habrán Uds. adivinado, mis inteligentes habituales lectores, lleva implícita una lectura esencial y mil comentarios adicionales, o muchos más. Esencialmente, lo más sobresaliente de la instantánea son tres cosas: Los personajes, la acción y el sentido.

1- Los personajes: Una monja versus unos corredores.

2- La acción: El paso calmo, sereno, firme, determinado de la monja versus la agitación, la prisa, la aceleración, la ansiedad de los corredores.

3- El Sentido: La monja que va a lo suyo, es decir, a los otros, a atender a una pobre vieja o a un pobre enfermo, con su simple bolsa de plástico cargada de cosas pobres pero necesarias, con la mente y el corazón concentrados en los dos mandamientos que resumen todos demás, amar a Dios y amar al prójimo, versus los corredores en tropel de 15.000 que se cansan para cruzar una meta en cualquier sitio, donde habrá fotógrafos, público aplaudiendo y quizá una indefinible satisfacción por haber corrido la maratón, algo que parece estar en la mente de muchos cerca del concepto de hazaña, o mérito atlético o superación personal.

Añado un detalle más, complementario, pero muy significativo: Entre los personajes no hay comunicación. Si se ven, se ignoran, miran en direcciones opuestas; tampoco el espectador del fondo comunica, no siendo corredor ni monja tampoco. Ni miradas, ni palabras, ni contacto. Si se oyen, porque, evidentemente, había sonido (o ruido), la concentración prima sobre la distracción.

Ahora una cita al canto, para más ilustración de la estampa, una cita sacra, of course:

"...¿No sabéis que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corred así, para ganar. Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible. Así, yo corro, pero no sin saber adónde; peleo, no como el que da golpes en el aire. Al contrario, mortifico mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado." I Cor 9, 24-27

Y poco más tengo que añadir.

El que tenga entendederas, que entienda y se aplique el cuento de esta breve y visual parabolita, ocurrida, precisamente, en Cuaresma, el otro Domingo, en Sevilla. Cuyo concepto resumido podría titularse 'Una monja contra una maratón'; o, también, 'Un cristiano versus mundum'; o, también, 'El paso del cristiano y la carrera de los paganos'; o 'El camino del creyente y la desbandada de los perplejos'. U otro título semejante o equivalente.

n.b. Por cierto, la monja es una de las Hermanas de la Cruz, que hacen eso mismo todos los días del año, no sólo el día de la maratón.


+T.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Ave María !


El aire que dormía
un sueño de amargura y negra pena,
la noche que mataba
con muerte de tristeza y hondo miedo,
la sombra que arrastraba
su coda tenebrosa amenazante...
...todo lo oscuro volvióse claro al alba.

Al vuelo en descensión del blanco Arcángel
seguíale una luz de eterno cielo,
un rastro incontable de luceros...

La puerta se quedó abierta en lo alto,
abajo Gabriel rezaba el primer Ave,
y el seno de la Virgen acogía
hecho carne suya al Hijo Eterno.

Con suave y nueva, nunca oída, melodía
los Querubines coreaban en la Gloria
el primer Evangelio: ¡Ave María!


Ex Voto

+T.

jueves, 19 de marzo de 2015

El Patriarca


La tarde en el hogar del Nazareno
palpitaba con un secreto rezo
desde su Corazón, Ara y Sagrario .

El Patriarca tocaba al Niño y sentía
latir la Gloria del Inmenso, el pulso,
carne y sangre, del Dios Cordero.

Un coro lejano de serafines
cantaba trisagios celestes
mecidos por brisas doradas.

La Virgen, la Esposa, la Madre,
guardaba en su pecho las horas benditas...

Dios dormía sobre el pecho de José
y el Padre Eterno vestía con su gloria al Carpintero.


Ex Voto

+T.

domingo, 22 de febrero de 2015

Iglesia tentada


Si el Señor fue tentado, la Iglesia siempre ha estado tentada por el mismo que tentó al Señor, Satanás. La profecía de que no será derrotada por el poder infernal lleva implícita la certeza de que la Iglesia se verá constantemente atacada, asediada por las fuerzas del Maligno, cuyas arremetidas se manifiestan de muchas y diversas formas. Pero más que el ataque puntual, externo, de las fuerzas oscuras, la Iglesia debe temer sobre todo la seducción perversa, el engaño que la conduzca a entregarse y obrar el mal.

Siguiendo la secuencia de las tentaciones de Cristo en el desierto, podríamos aplicar a la Iglesia actual ese mismo paradigma de las tres tentaciones diabólicas (Mt 4, 1-11; Mc. 1, 12-13 Lc 4, 1-13):


- "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".  Es la Iglesia tentada por el temporalismo, por el activismo, por la urgencia de la promoción social y la justicia intramundana olvidada de la justicia Dios; es la iglesia que ha perdido el celo misionero por la salvación de las almas y se trasmuta en la iglesia-ong, la iglesia de quienes ya no predican el Reino de Dios ni piden su advenimiento porque se han persuadido de que toda la obra de evangelización es material, reducida a una misericordia corporal elevada al nivel de iniciativas estructurales globales, mundiales: La tentación de la iglesia-FAO.

- "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra". Es la Iglesia tentada por el éxito y el aplauso del mundo, la iglesia del diálogo, la iglesia reducida a instancia cultural entre las culturas, la iglesia del perpetuum mobile, del constante aggiornamento, la iglesia del baile con todo y con todos, la iglesia-espectáculo, la iglesia-circense, la iglesia de las jmjs, los mass media, los twitters, las novedades, la iglesia que se apunta al hip-hop y al trending topic, la iglesia banalizada que degenera en fan de sí misma, se aplaude a sí misma, se organiza para ella misma fuegos artificiales y se celebra continuamente, continuamnete encantada de ella misma, inconscientemente feliz, deslumbrada y embelesada con las mil y una posibilidades de nuevas iniciativas y fascinantes éxitos.

- "Te daré todo esto, si te postras para adorarme". Es la Iglesia tentada por el poder, al borde del precipicio de la idolatría mundanal, atraída por los reinos y potestades del mundo, la iglesia que planea alianzas, ejes, pactos con los poderes mundanos y los poderosos del mundo, la iglesia ebria con el vino de la ambición imperante, la iglesia que sueña con la dominación de esferas, órbitas, universos.


Sólo hay que echar un vistazo sumario a la Historia de la Iglesia para hacerse una rápida analepsis, un flashback con momentos y personajes que han caído en la tentación de las tentaciones de la Iglesia.

Hoy mismo, la Iglesia está expuesta, tentada por las tentaciones de siempre. Hasta podemos poner rostro a los 'hombres de iglesia' protagonistas de la tentación por pensamiento, acción y/u omisión.

¿No lo ven Uds.? ¿O es que están tan enredados en las tentaciones que no perciben, que no sienten, que no disciernen que se trata de tentaciones, que son las tentaciones de entonces, de ayer, de siempre?



Evígila super nos, ætérne Salvátor,
ne nos apprehéndat cállidus tentátor,
quia tu nobis factus es sempitérnus adiútor.

Vela sobre nosotros, Salvador eterno;

sé tú nuestro protector,
que no nos sorprenda el tentador astuto.


+T.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Notas De Ceniza


El rito de bendición e imposición de la ceniza es un sacramental de esos que, considerando la extensa e intensa demolición de los antiguos rituales de la liturgia católica romana perpetrada en el post-concilio, han sobrevivido quasi milagrosamente, aunque alterado por la nueva liturgia, que retocó, desmejoró y empobreció todo. En la actualidad ya se proponen y practican novedades, a gusto de la ocurrencia de cada sacerdote, improvisándose formas extrañas, neo-rituales que intentan desterrar la ceniza que sería, dicen, poco 'significativa', extraña para la cultura del hombre moderno, y la sustituyen por otros elementos simbólicos de la conversión, un término preferido para excluir el concepto tradicional y evangélico de penitencia.

Sin embargo la penitencia es el meollo de toda la espiritualidad cuaresmal, siendo una de las partes integrantes de la predicación del mismo Cristo: El 'Convertios y creed el Evangelio' es la versión moderna de los textos evangélicos que hablan de penitencia, un concepto que incluye la conversión, obviamente, pero que parece repugnar a la pastoral del postconcilio, cuyo optimismo omnímodo se orienta según un 'espíritu positivo' que ignora y pretende erradicar el 'contenido negativo' que atribuyen a la penitencia como tal concepto, práctica y hábito. Sed contra, los textos de los Santos Evangelios coinciden en la proclamación de la penitencia como parte nuclear de la predicación mesiánica:


"...paenitentiam agite adpropinquavit enim regnum caelorum"                     Mt 4, 17

"...paenitemini et credite evangelio"                                                                Mc 1, 15

"...non dico vobis sed si non paenitentiam egeritis omnes similiter peribitis" Lc 13, 5


La penitencia es un hábito de vida que, movido y sostenido por la gracia divina, conduce a la santidad y la perfección según el paradigma de Cristo; es decir, que un proceso de conversión es en realidad un itinerario penitente, aquel decurso propio de los viatores que viven aspirando a cumplir la voluntad de Dios siguiendo, fielmente, con la cruz de cada día, a Cristo el Señor.

En este sentido, el signo de la ceniza es un recordatorio que advierte de la vanidad efímera de lo humano, la insustancialidad de propósitos y proyectos que dependen de la fragilidad del hombre creado del polvo de la tierra y destinado a volver a él. "Sin mí no podeis hacer nada" (Jn 15, 5), nos advierte Cristo.

En la poderosa y tremenda imaginería de la profecía de Ezequiel 37, la palabra predicada por el profeta regenera los miembros muertos y secos, y el espíritu les insufla vida nueva, quedando el erial de muerte constituido en un ejercito dispuesto para combatir y vencer. Una visión válida para ilustrar nuestra Cuaresma y el sentido de la imposición de la ceniza.

La Iglesia comienza con la ceniza cuaresmal lo que culminará con el fuego de Pentecostés, una paradójica secuencia invertida, desde lo inerte consumido a la viva lengua ardiente, las llamaradas del Espíritu enviado por Cristo, que enciende la caridad y el fervor en las almas.

En el antiguo Pontificale Romanum aparecía como ceremonia propia del Miércoles de Ceniza el rito 'De Expulsione Poenitentium ab Ecclesia in Feria Quarta Cinerum' (véase aquí), uno de esos sacramentales actualmente perdidos y no restaurados, aunque deficientemente suplidos, supongo que vigentes entre los afortunados que conservan y practican el Vetus Ordo. En el momento de la imposición de la ceniza a los penitentes públicos que van a ser despedidos hasta su reconciliación en la mañana del Jueves Santo, el obispo usaba una fórmula más completa que la utilizada en la simple imposición a los fieles comunes, pues dice: 'Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris: age poenitentiam, ut habeas vitam aeternam.'

Esa animosa exhortación, tan positiva, que complementa a la terrible admonición del versículo del Génesis, me parece una pequeña joya del gran tesoro del eucologio católico: "...age poenitentiam, ut habeas vitam aeternam! "

Agamus, ergo, fratres, poenitentiam ut habeamus vitam sempiternam.

In Christo, Domino nostro.

Amen.


+T.

martes, 8 de abril de 2014

De Lázaro a Caifás


En el Evangelio de San Juan, el milagro de la resurrección de Lázaro marca una inflexión en la narración, abocada ya, desde este episodio a la Pasión, tan cerca en el tiempo como en el espacio Betania dista de Jerusalén, al otro lado del Monte de los Olivos.

De este Evangelio me impresiona la tensión que el Señor, conscientemente (deliberadamente), va dejando crecer hasta que estalla en el desahogante reproche de Marta y en las lágrimas del mismo Cristo, como un desbordamiento de sentimientos personales y religiosos, de la carne y del espíritu, lo humano y lo divino en esa intensa conjunción que rige el misterio del Dios-con-nosotros, el Verbo encarnado. En este Evangelio, valdría decir la Palabra hecha emoción, Dios hecho llanto, recurriendo a la osadía de la siempre vertiginosa y conmocionante comunicación de idiomas.

Al fin, el clímax de la escena provoca una de las confesiones de fe cristológica más completas de todo el Nuevo Testamento:


 "...Marta dijo a Jesús: 'Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas'. Jesús le dijo: 'Tu hermano resucitará». Marta le respondió: 'Sé que resucitará en la resurrección del último día'. Jesús le dijo: 'Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí,no morirá jamás. ¿Crees esto?'.
Ella le respondió: 'Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo'..." Jn 11, 20-27


Marta, la activa y vivaz, la que servía al Señor con inquieta dedicación, tan distinta de María, su hermana; Marta no se resigna sino que golpea con su fe rotunda y sufriente el pecho del Señor; no le besa los pies ni le unge, no le derrama bálsamo, sino que confronta su esperanza dolorosamente decepcionada y abre su corazón rebosante de fe y sufrimiento; choca su alma con Cristo, con la bravura de quien sabe a Quien se está dirigiendo, con Quién se está confrontando en un combate de amor, dolor y fe, donde no se distingue qué le rompe más, si la muerte de Lázaro, su hermano, o la inactividad de Cristo.

El fin del episodio es terrible, porque nadie, ningún humano, está preparado para ver resucitar a uno que es cadáver hediondo de cuatro días. La voz imperante de Jesús Nazareno tuvo que resonar - pasando del oído al alma - en lo más profundo de cada uno de los que la oyeron, como un clamor ancestral, pre-humano, pues era la voz del Creador llamando a la vida.

Después sigue el Evangelio contando la turbación del Sanedrín porque muchos jerosolimitanos creían en Cristo al enterarse de lo de Lázaro.

La profecía de Caifás, sumo sacerdote, es un evangelio (Jn 11, 45-57) con un enunciado soteriológico implícito, que se pronunció sin entender su alcance, puesto que era la proclama primera de la Pasión: El pregón primero y más auténtico de la Semana Santa.


+T.

martes, 1 de abril de 2014

Victoria y Paz

 
En pocos sitios de España sobrevive el pundonor de llamar a los hechos por su nombre y reconocerse en ellos. Por eso, que un 1 de Abril se recuerde la victoria y se ruegue por la paz, viene a ser un testimonio que, aunque sea un pequeño clamor entre las turbas, tiene mucho sentido y valor.

Lo que la des-memoria histórica de la piara marxista ha falseado y silenciado, en Sevilla es una institución sagrada, piadosa y popular, contra la que los malos (los vencidos) no se atreven a atentar porque goza del refrendo de la gente, del pueblo sencillo que sabe lo que pasó y se desentiende de imposturas impuestas, todo ello sin oponerse a nada, ni luchar contra nadie, ni reivindicar, ni movilizarse, puesto que basta la rotunda e incontestable realidad de una pacífica y no contradicha posesión.

La crónica de la Hermandad y Cofradia Sacramental del Stmº Cristo de la Victoria y Ntrª Srª de la Paz, da fe, con sencillas palabras, del cuando, cómo y por qué de su fundación:

"...Los sufrimientos de la recién terminada Guerra Civil y los deseos de que nunca más se repitieran están en el origen de la Hermandad de la Paz.

Nos situamos en la Sevilla de 1939. La Guerra Civil española ha terminado el 1 de Abril. Ese año la Semana Santa se celebra con todo su esplendor ya que a Sevilla hacía tiempo que había llegado la paz y la ciudad era considerada como retaguardia.

En Sevilla, en la primavera del 39 se vivía intensamente el año de la Victoria. Durante el mes de abril, el Jefe del Estado, Francisco Franco visitaba nuestra ciudad siendo aclamado por la multitud. Se celebraba en la Avenida de la Palmera el Desfile de la Victoria, y la Virgen de los Reyes el 16 de Abril, y el Gran Poder el 2 de Mayo, salen en procesión para dar gracias por el fin de la guerra.

En la primavera del 39, toma posesión como Arzobispo de Sevilla el Cardenal Pedro Segura, un hombre de recio carácter y temperamento. Rápidamente afirmó sus criterios en lo litúrgico y en lo profano. El Gobierno de Franco halló en él un aliado perfecto para que a través de la piedad popular reconvirtiera la Sevilla marxista de 1936 en la Sevilla cristiana de la Postguerra.

En este ambiente de euforia por la llegada de la paz y de énfasis religioso se funda la Hermandad de la Paz (...)

Los fundadores de la Hermandad de la Paz, eran, ante todo, capillitas y cofrades sevillanos (...) deciden fundar una hermandad para (...) dar gracias a Dios por la llegada de la paz a España..."
(web Hermandad de la Paz)

En Sevilla, la Victoria con Paz, más que un recuerdo histórico real y verdadero, es una devoción ferviente que procesiona triunfante el Domingo de Ramos, con hábitos de paz y luz de victoria, fascinando a todo el que ve pasar entronizado al Cristo de la Victoria tomando su Cruz, y a la Madre del Señor aclamada, bajo palio, como Reina de la Paz.



Para nosotros, los que nos reconocemos en la victoria del 1-IV-1939, cuando pedimos por la paz conseguida, además de recordar un capítulo glorioso de nuestra historia - hechos y hombres - proclamamos una esperanza mayor y mejor, que trasciende los anales terrenos y se abre a un horizonte de gloria y eternidad.

Quiero decir, que además de haber sido vencedores y artífices de paz, somos también creyentes que aguardamos más victoria y más paz.


+T.

martes, 25 de marzo de 2014

Ave, Virgo ! Salve, Mater !

El aire que marcea
con brisa de romero
platea las finas alas
de Gabriel, mensajero,
que trae desde la cúspide
estrellada del cielo
la antigua profecía
vuelta nuevo Evangelio.

Portando una cándida azucena,
dice  -'Ave, de gracia llena,
Dios es contigo, María,
no temas, sin par doncella,
que Dios con gracia te mira
y en ti sus dones recrea,
pues madre serás del Hijo
que en tus vírgenes entrañas
engendrará el Santo Espíritu
con potencia sacrosanta,
un Hijo que salvará
a la humanidad esclava
y reinará eternamente:
Jesús, fruto bendito
de tu inmaculado vientre'.

La Virgen, sencilla, reza
con obsequiosa aquiescencia:
-'Aquí está su humilde sierva,
que su Palabra en mí sea'.

Y un ejercito de ángeles
al cielo con ellos llevan
el 'Ecce Ancilla Dómini'
de la Virgen nazarena
y presentan al Dios Uno
y Trino aquella respuesta
que repara ante el Creador
la desobediencia de Eva.

Canten los ángeles todos
con ecos angelicales
¡Ave, María, Salve Madre!
que para salvar al hombre
el Verbo en ti se ha hecho carne.

Pídele, Virgen Bendita,
de Él y nosotros Madre,
que de su Reino gocemos
y eternamente alabarle.


Ex Voto

+T.


miércoles, 19 de marzo de 2014

Ite ad Ioseph !


Para honrar la solemnidad del Santo Patriarca, he recordado este cuento josefino que aparece en uno de los relatos breves del Padre Luis Coloma, una narración popular-costumbrista titulada 'Ranoque', ambientada en Andalucía, que recoge un chascarrillo piadoso, del estilo de aquellos que contaban los frailes en las predicaciones de las misiones populares para ilustrar algún punto de doctrina. A mi entender, además de la impronta reconocible de Fernán Caballero, la fuente del p. Coloma bien pudo ser, salvando la procedencia del repertorio popular andaluz, alguna referencia directa, familiar o, más probablemente, conventual, por ese sabor de sencilla y profunda piedad católica (a pesar de algunas piadosas impropiedades), simpáticamente franciscana, o capuchina, que desprende todo el cuentecillo. Lo pongo tal cual, sin tocar la expresión del habla castiza típica de la Andalucía de fines del XVIII y principios del XIX, que el p. Coloma remeda con admirable gracia.

Ecce:

¿Sabe V. -continuó el buen viejo, deseando apartar a la viuda de sus tristes recuerdos-, lo que 'jizo' el Bendito Patriarca un día que su Divina Majestad le negó una gracia?...

-¿Cuento tenemos? -dijo Bautista. De la sierra había V. de ser, tío Ventura, para no ser chilindrinero.

-No es cuento, Bautista, que es sucedido - repuso el viejo -.

Pues vamos al caso, de que le llegó un día la cierta a un devoto de San José, y quiso colarse de rondón por las puertas del cielo. ¿Pero qué había de entrar, si venía too manchado de tinta?... que a la cuenta debía de ser alma de escribano. San Pedro le dio con el postiguillo en los hocicos, y me lo dejó montado en los cuernos de la luna. Pues vamos a que no faltó algún corre-ve-y-dile, que le diera el soplo a San José, y se va el Patriarca incontinenti a su Divina Majestad, a pedirle favor para su devoto. Pero su Divina Majestad le dijo que nones.

-¡Señor, que es mi devoto!

-¿Devoto?... que te encendía a ti media libra de cera, y al diablo todos los colmenares de la sierra.

Pues vamos a que, en estos dares y tomares, de que ha de entrar, que no ha de entrar, San José, que no es rana, y sabe dónde le aprieta el zapato, dice muy sentido, por ver si sacaba raja:

-Pues si mi devoto no entra, yo me voy...

-Vete con Dios -le dijo su Majestad.

San José, que lo que menos pensaba era en tocárselas, se va para la puerta con el sombrero en la mano: vuélvese a la mitad del camino, y dice:

-Pero es que yo no me voy solo... Que, según canta el refrán y también canta la ley, en matrimonio bien avenido, la mujer, junto al marido... Conque lo que es mi mujer, se viene conmigo.

-Pues que se vaya.

San José llama a la Virgen Santísima, le dice que se toque el mantón, y que se vaya para la puerta. Pero su Divina Majestad ni por esas se blandeaba.

-Pues es que si me llevo a mi mujer -dijo entonces el Patriarca-, me llevo también todo lo que es suyo.

-Pues llévatelo.

-Aquí tengo una lista que canta hasta la última hilacha.

Y se pone San José en medio del Cielo, saca un papel de la faltriquera, en que estaba escrita la letanía, y comienza a decir:

-Regina Angelorum... ¿A ver?... Vayan para allá todos los Ángeles.

-Regina Patriarcharum... Vayan todos los Patriarcas.

-Regina Prophetarum... Vayan todos los Profetas.

Y así fue relatando toda la letanía... ¡Compadre! cuando llegó a aquello de Regina Sanctorum Omnium, le dice su Divina Majestad:

-Mira, Pepe, anda fuera, lava bien a tu devoto y mételo dentro... Porque si me empestillo en no dejarlo entrar, me dejas tú, por justicia, solo en el Cielo."

Conque así se las gasta el Santo Patriarca cuando tiene empeño con alguno de sus devotos, a los que nunca priva de su poderoso patrocinio, como que es esposo, con todos sus derechos, de la Reina del Cielo. Y el único varón que en el mundo enseñó con autoridad al Omnisciente y mandó con potestad al Omnipotente.

El Omnipotente que le confió, seguro de su cabal hombría, a su Hijo. Su Hijo que se dormía en el regazo de José, feliz y seguro, acariciado por las manos del carpintero, besado por los castos labios del hombre a quien llamaba 'padre' con la complacencia del Padre.

San José es un misterio dentro del Misterio. Es un sagrario precioso de intimidad, amor, pureza, fidelidad, fortaleza, ternura y gracia. No tiene santo que le haga par, porque sin par fue su historia, su vocación, su ofrenda, su comunión con el Misterio de la Redención.

Todos los días le rezo y pido su intercesión. A la llave del Sagrario le puse una cadenilla con una medalla de San José; cuando abro y cierro el Sagrado Tabernáculo recuerdo al Patriarca, privilegiado entre todos los Santos con ese acceso directo al Corazón de Jesús, de su Niño Jesús.

¡Y al de la Virgen, su esposa!

Ite ad Ioseph!



Letanías de San José

Señor, ten misericordia de nosotros
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.

San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, valentísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.

V.- Le estableció señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su hacienda.

Oremos: Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén




Ex Voto

+T.

domingo, 16 de marzo de 2014

La Transfiguración, o el pudor de Dios

 
Cuando Moisés pidió al Señor ver su gloria (Ex 33, 18ss; 34, 6ss.), el Señor le concedió esa gran gracia, pero con reservas. Aun sin haber contemplado de frente el rostro del Omnipotente, Moisés quedó marcado por la gloria de Dios, con una faz radiante (Ex 34, 29ss.) que amedrentaba a los israelitas.

La Transfiguración de Cristo se me aparece como un misterio en correlato con el mencionado del Éxodo: Se trata, también, de una teofanía en la que está presente Moisés. ¿Dónde estaba Moisés? El profeta y sacerdote Moisés estaba en el Limbo de los Patriarcas, donde quedaban retenidas las almas de los justos que iban muriendo, en espera de la redención de Cristo. El primer misterio de su Resurrección sería descender a los infiernos y liberar las almas de los justos que esperaban su advenimiento. En la Transfiguración, Moisés es convocado y deja el sheol para contemplar a Cristo glorioso (o, más propiamente, pre-glorificado). En ese momento vio lo que en vida mortal se le ocultó, el rostro de Dios, que ahora le revelaba Jesucristo. En anticipo de la Resurrección, como un preludio de gloria, el antiguo liberador de Israel llevaría a las almas de los justos el evangelio de la inminente redención de Cristo.

Elías comparece siendo otra su situación, puesto que fue arrebatado en vida, quedando su estado envuelto aun en el misterio de su destino profético. También contempla el rostro de Dios revelado en el Hijo, Cristo Jesús. Poner en conexión la Transfiguración con la teofanía de IºRe 19, 9ss. es congruente: El Dios de la suave brisa ante quien Elías temeroso se oculta el rostro, se desvela al profeta que fue inflamado por el celo de Dios.

Mt 17, 1 y Mc 9, 2 precisan que la Transfiguración ocurrió seis días después de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo y del primer anuncio de la Pasión; Lc 9, 28 dice que fue alrededor de unos ocho días después; también es San Lucas quien dice que Moisés y Elías hablaban con Cristo de su muerte/tránsito en Jerusalén. Cristo les estaba revelando el misterio de su Pasión y Resurrección; evangelizaba, en cierto sentido, al Antiguo Testamento, representado por dos personajes capitales, Moisés y Elías.


Alguna vez me he preguntado por qué esa reserva de la Gloria Divina ante Moisés y Elías, que no vieron su Rostro en el Antiguo Testamento, y por qué sólo tres escogidos entre los Doce Apóstoles fueron los testigos de la Transfiguración del Señor. ¿Por qué ese 'pudor' de Dios?

Es por el mundo, que no es lugar para mostrar la gloria infinita de Dios. Es por el mundo que no entendería esta gloria, confundiéndola con la 'gloria del mundo' que ambicionan los corazones ensoberbecidos de los hombres. Es por el mundo, manchado, execrado por las violencias y pasiones humanas.

Es por el pecado, que impide ver el Rostro de Dios, por el pecado que empaña la visión sobrenatural de los hombres, que no pueden ver a Dios: 'Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios'. Ni Moisés ni Elías ni ninguno de los Patriarcas y Profetas podían ver el Rostro, siendo pecadores, a pesar de ser hombres de Dios. En este sentido, la súplica del Salmo es sumamente ansiosa: 'Tu Rostro buscaré, Señor, no me escondas tu Rostro...' (Sal 26, 8)

Es mayor la gracia del Nuevo Testamento, la gracia de Cristo, que limpia los corazones y abre los ojos para poder ver a Dios hecho hombre. Pero su Sacrosanta Humanidad vela también su gloria, ¿por qué?

Porque Él quiere ser creído y amado no por su gloria, sino por ser quien es. Es el Hijo, "resplandor de la gloria del Padre, impronta de su ser" (Hb 1, 3), que al encarnarse nos revela a Dios en la humildad de la carne puesto que "en Él habita corporalmente la plenitud de la divinidad" (Col 2, 9)

La gloria que se resiste a revelarse en su potencia, no tiene pudor, sin embargo, revelándose pobre en el pesebre, oculto en Nazaret, humillado en la Pasión, desnudo en el Calvario. El pudor de la gloria, restringida a los testigos de la Transfiguración se desvela, sin reservas, a todos y para todos en la humildad del misterio de Cristo nacido y Cristo crucificado. Quiere ser contemplado, adorado, en la gloria de la pobreza y el dolor, del pesebre y de la Cruz. Para gozar de la visión de su gloria quiere que le creamos y reconozcamos en la humildad de su humanidad.

El relato de la Transfiguración nos conduce a otra escena correlativa, la de la oración y agonía en Getsemaní, el comienzo de la Pasión, con los tres mismos Apóstoles testigos de la Transfiguración, Pedro, Santiago y Juan, que en el Monte de los Olivos verían el rostro sudoroso y sangrante de Cristo, tan distinto de la faz transfigurada del Monte Tabor. Si en la Transfiguración contemplaron el Rostro glorificado de Jesús, en Getsemaní vieron la Faz doliente del Señor, se les reveló cruentamente el misterio de la Pasión del Redentor, orante y agonizante, asumiendo el cáliz de su sacrificio.

Además de Getsemaní, veo otra antítesis de la Transfiguración en la escena del expolio, cuando en el Monte Calvario Cristo es despojado de sus vestiduras y se mostró desnudo al mundo, privado de su gloria, inerme y expuesto a la mirada impura y ofensiva de los pecadores, Aquel ante cuya presencia tiemblan las Potestades angélicas y se encienden en incandescente amor y alabanza los Serafines, se dejó ver en el patetismo de su abandono, vejado y humillado, burlado y blasfemado, como Luz de incólume pureza cercada por la sucia calígine del pecado de los hombres y el mundo.



Incluso un extremo más: El Crucificado en la cumbre del Monte Calvario, entre los dos ladrones, parece una contra-transfiguración, un absurdo de anonadante humildad, la suma ocultación de la gloria divina.

San Pablo en IIªCor. 3, 18, a propósito del rostro velado de Moisés, nos predica este versículo, un precioso corolario del misterio de la Transfiguración:   "...Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu."

No se nos ve, pero portamos un resplandor de su gloria. Cuando rezamos, cuando recibimos su Cuerpo en Comunión, cuando practicamos su mandato de caridad, entonces viene a nosotros su gloria, que resplandece interiormente en el alma cristiana en gracia de Dios. Y nos va habilitando, poco a poco, para la Gloria futura: Para verle y gozar de su Gloria eternamente: "...ibunt de virtute in virtutem videbitur Deus deorum in Sion..." (Sal 83,8)   .

Ut videamus facem tuam, Iesu, Dómine!!!


+T.

domingo, 9 de marzo de 2014

Que por nosotros fue tentado




La escena de las tentaciones de Cristo en el desierto siempre me ha parecido una de las más imponentes de todo el Evangelio, muy distinta de todas las demás (la he comentado varias veces: 1er. Dom. Cuaresma; Las Tentaciones-1; Las Tentaciones del Hijo; Las Tentaciones-2; Las Tentaciones en el Desierto). La comparecencia de Satanás actuando, tentando, conversando con Cristo, confiere a toda la narración un aire diferente, excepcional, que no se repite en ninguno de los misterios de la vida del Señor. Como recalco cada vez que menciono este pasaje, tiene el especialísimo valor de ser un Evangelio no narrado por testigos externos, apóstoles, discípulos o evangelistas, sino que depende solamente del mismo Cristo, siendo suya la narración de la escena, pues sólo Él pudo contarla a sus discípulos.

El escenario, que es el desierto, se me aparece imponente, fascinante y terrible por su misma indefinición espacial y sus múltiples referencias: La soledad, el anti-paraíso, la exposición, el desierto de los Patriarcas, el desierto del Éxodo, el desierto de la Alianza, el desierto de la Ley, el desierto del maná, el desierto del agua viva, el desierto del pecado, el desierto del castigo, el desierto de los perseverantes, el desierto de los esperanzados, el desierto de los elegidos, el desierto de los resistentes, el desierto de los creyentes, el desierto de los Profetas, el desierto del culto, el desierto de los guiados, el desierto de los tentados...

Se me aparecen sólo dos coordenadas, dos espacios, tangentes en un profundo pero nítido horizonte, el cielo y la tierra, las arenas del suelo y las estrellas del cielo. El Evangelio no dice si las escenas ocurren de día o de noche, con sol o con estrellas; no lo dice. El pasaje sólo tiene personas, voz y un mínimo atrezzo, con muy pocos elementos: piedras presentes y pan sugerido. Tampoco los lugares referidos en las otras dos tentaciones son de descripción pesada o prolija, pues se menciona solamente un punto muy concreto del Templo de Jerusalén, y luego una panorámica general, sumaria, de todo el mundo, reinos y poderes, como una gran telón desplegado en un flash comprimido.

Cristo responde terminante, con palabra dominante, ni filósofo, ni sofista, en absoluto dialogante, soberanamente displicente, inexorable, divinamente arrogante.

El Demonio tienta sugerente, inteligentemente, conocedor de circunstancias, con fina estrategia, conduciendo la tentación a su clímax, desde el hambre de pan a la dominación del mundo.

Los Ángeles ministrantes que se citan al final parecen haber estado en un palco celeste, presenciando la escena, contenidos, esperando al final para desbordarse al fin en un servicio a Cristo, Dios y Hombre, alimentando solícitos el hambre del hombre y adorando rendidos al Hijo de Dios, que ellos sí conocen, pero que el Ángel Caído no reconoció.

Fue tentado para ser vencedor. Se dejó tentar para vencer al Tentador. Sus tentaciones fueron para nuestra victoria.

En Cuaresma, además de la del Breviario antiguo, me gusta rezar la otra antífona del invitatorio de la Liturgia de las Horas: "Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nostros murió".

Laus Tibi, Christe !!!

n. b. He preferido, en vez de una pintura o un grabado, como otras veces, poner la secuencia de Il Vangelo secondo Matteo, de Pasolini, tan parcamente cuaresmal, bella y sacra. Es curioso cómo, a veces, los pecadores cuentan los Misterios casi tan bien como los Santos, como este extraordinario Pier Paolo Pasolini, evangelista.


+T.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Novedad: Turismo Cuaresmal


Ya sabemos que todo ha ido desvirtuándose paulatinamente, pero, de vez en cuando, nos sorprenden nuevos (o desconocidos) niveles de degradación. Por eso, cuando pasan cosas como estas, por una parte, no nos extraña; por otra parte, nos afecta un inquieto malestar, hondo y conmovente como una saeta, nunca mejor dicho, véase:

El Ayuntamiento de Sevilla promociona en Madrid el turismo de Cuaresma

Desde siempre ha sido Sevilla un foco de atracción para gente con buen gusto. Recuerdo, por ejemplo, a aquella conspicua hija de la Gran Bretaña, Lady Holland, excéntrica proto-romántica, que se hizo quasi-adicta a sahumarse con incienso-blended-typical-Catedral de Sevilla, que, por compromiso, los parientes de Blanco White le mandaban en cajoncitos desde la capital hispalense, para que la lady, sibarita de olfato, lo quemara en su salón londinense. Volutas para la voluptuosidad, en suma, aun no siendo el incienso sevillano perfume de boudoir sino elemento del culto litúrgico católico. Pero los sentidos, tantas veces, no entienden de religión y confunden el medio espiritual y/o sus recursos usándolos como deleite carnal, sea arquitectura, o escultura, o música, u olor, como estoy contando.

Conque valga el caso de la caprichosa Lady Holland para justificar este novedoso lanzamiento-promoción del turismo cuaresmal sevillano.

Digamos, por otra parte, que nuestros propios autóctonos ya consumen, desde muy antiguo, mucho antes de que la Lady Holland se aficionara al incienso catedralicio, estos productos quadragesimales que ahora se publicitan como típicos goces de la Cuaresma según Sevilla, siendo verdad que todos pecamos y hacemos pregones ditirámbicos a las torrijas o dedicamos saetas anacreónticas al bacalao. Y al arroz con leche, las espinacas, las tagarninas, y al más humilde potaje garbancero de Marzo y Abril.

Pero distingamos y digamos que una cosa son los humildes solaces de la despensa parca y contenida de la cuaresma católica andaluza, y otra cosa es inventarse un turismo con eso o a propósito de eso. La distancia entre una cosa y la otra es la que va entre el desmayo de un ayuno de Miércoles de Ceniza que se mantiene con un café por la mañana y con la esperanza de las espinacas, el bacalao y las torrijas que será la colación-cena del día-noche, y el atracón de bares, tapitas, cañas en barra y almuerzo en mantel trajinando dia, medio-día, tarde y noche-medianoche, correteándose, turísticamente, la ronda, el centro y los barrios, con ambiente cofradieril y coartada cuaresmal. Es decir, resumiendo, que es virtud de carnestolendas reconstituirse post-ieiunium con un plato de vigilia, que sabe a gloria; pero es pecado de lesa-cuaresmalidad venirse a Sevilla para practicar un tour-báquico con disfraz morado-inmoral de pseudo-cuaresma.

Digo también, así y todo, que parte de la culpa de este pitorreo la tuvieron (y tienen) los prelados hispalenses que, desde hace medio siglo, cometen el despropósito de dispensar ayunos y abstinencias el Viernes Santo. Un año que el 28-F ('F' de 'fantasma') cayó en Miércoles de Ceniza, también dispensaron. Así, la negligencia frívola de los pastores confunde a las ovejas bobas, llevándolas a la impiedad irreligiosa más banal.

Tiene des-gracia que sigamos vendiéndonos como sitio idóneo para la juerga y el disfrute fino. Tiene más desgracia que promocionemos gustos repugnantes de pijo-señoritos en adobo putrefacto. Tiene suma desgracia que hayamos convertido todo ello en un auténtico 'genero', con tipos humanos, micro-geografías y referentes en trance de cateta mitologización.

Pero la desgracia mayor es corromper lo sacro degenerándolo en profano. Y dejarlo estar. Y consentirlo. Y, al fin, consumirlo también por corrección político-sevillana (algo tan sutil).



Nos indignábamos cuando la piara pesoera se refería a la Semana Santa como un 'valor cultural'. Pero los promotores del turismo cuaresmal no son gente del capullo en el puño, sino peperos impúdicos. Son esos de la foto. El cura sonriente con dientes no sé quién será, no le conozco, faltaría más. A un par de los otros del grupo sí les conozco, qué se le va a hacer, pido disculpas y prometo no hacerlo más. Quédense Uds. con las caras para, si llega el caso, saludar y olvidar, con fina displicencia sevillaní.

Con toda la jeta marmorizada, los filo-cuaresmales pregonan:

"...Desde el Ayuntamiento de Sevilla queremos que estos 40 días que dura la Cuaresma no se queden sólo para los sevillanos, queremos que vengan visitantes a conocer lo que sucede en las calles e iglesias, queremos que los turistas descubran los ritos, sabores y olores de la Cuaresma."

Dicen esto, mezclando calles con iglesias y ritos con sabores-olores, sin la menor consciencia, impúdicos, sin vergüenza católica porque ellos mismos profesan la promiscua religión del montadito ibérico, el aroma de incienso en nariz y la copita de manzanilla en la mano, in saecula saeculorm. Amén-Olé (les responde el coro). Y sigue la liturgia con flamenquito y hasta una 'misa de la alegría' muy pijo-guapa, como extensión de la frontera de la capilla al colmao. ¡Qué bien se está aquí!

Resumiendo, unos pervierten y otros se dejan pervertir.

Nosotros, en cuanto podemos, resistimos. Cada vez nos entienden menos, nos excluyen más y tenemos más difícil poder estar e intervenir.

Tenemos la plaza ocupada y hasta en la procesión hemos perdido el mando: Son otros los que llevan el estandarte, el paso, el palio y la cofradía entera. A lo sumo, si no hacemos mucho ruido, nos dejan ir, con vela o con cruz, en silencio y con la cara tapada. Nada más.

p.s. A punto he estado de decir, para cerrar el articulete, '¡Feliz Cuaresma!', como dicen ya muchos por aquí, aunque Uds. no se lo crean. Doy fe.


+T.

Attende, Dómine...




Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Ad te Rex summe,
omnium Redemptor,
oculos nostros
sublevamus flentes:
exaudi, Christe,
supplicantum preces.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Dextera Patris,
lapis angularis,
via salutis,
ianua caelestis,
ablue nostri
maculas delicti.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Rogamus, Deus,
tuam maiestatem:
auribus sacris
gemitus exaudi:
crimina nostra
placidus indulge.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Tibi fatemur
crimina admissa:
contrito corde
pandimus occulta:
tua, Redemptor,
pietas ignoscat.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.

Innocens captus,
nec repugnans ductus;
testibus falsis
pro impiis damnatus
quos redemisti,
tu conserva, Christe.

Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi.


+T.

sábado, 2 de marzo de 2013

Ritos de rezo y silencio

 
En el coro ha empezado a sonar el órgano, tocando la saeta primera, al punto de salir el sacerdote de la sacristìa, con pluvial morado; le acompañan los acólitos con el incensario y la naveta. Caminan despacio, recogidos, al ritmo lento de la antigua música de la Hermandad, la misma que hace siglos suena ante sus pasos en la Madrugá. Al llegar al presbiterio bajo se detienen y hacen reverencia a la Imagen del Señor, expuesto en besapiés. El sacerdote comienza las preces, cinco salutaciones de alabanza a Jesús Nazareno:

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo de Dios Altísimo, Redentor nuestro; por la fuerza de tu Santa Cruz defiéndenos de nuestros enemigos y fortalece con tu brazo potente a tu Iglesia Santa: Te alabamos, Cristo, Señor y Rey nuestro: Padrenuestro...

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo de Dios Omnipotente, Salvador nuestro; por la virtud de tu Cruz Sacrosanta extiende la paz por el mundo y ampara propicio a nuestra patria. Te alabamos Cristo, Rey y Pastor nuestro: Padrenuestro...

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo de Dios Eterno, Señor nuestro; por el misterio de tu Cruz Salvadora líbranos del pecado y haznos fuertes para vencer la tentación. Te alabamos, Cristo, Rey de eterna gloria: Padrenuestro...

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo de Dios Misericordioso, Mediador nuestro; por los méritos de tu Cruz Amorosa santifica nuestras almas y condúcenos a tu Reíno. Te alabamos, Cristo, Rey y Sacerdote Eterno: Padrenuestro...

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo del Dios Verdadero, Señor nuestro y Dios nuestro; por la gloria de tu Cruz Redentora bendícenos con tu poder y danos tu amor y tu gracia. Te alabamos, Cristo, Rey del Universo, Señor de Cielo y Tierra: Padrenuestro...

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo...

Los del coro cantan ahora la copla antigua del Quinario:

"Sufriendo, Jesús mío,
y a fuerza de dolor,
diste la Gloria Eterna
al pobre pecador...

(...) Oh Jesús! Oh Jesús
¡cuánto sufres por mi amor (...)

¡Ten compasión, ten compasión!"


El sacerdote, frente al Nazareno, con la mirada fija, reza y canta, siguiendo la letra de la copla, o dice alguna oración que no se oye, sólo se le ve mover los labios. A un lado y otro, el Hermano Mayor y otros señores hermanos de la Junta de Gobierno, algunos ancianos venerables y otros jóvenes estrenando vida, parecen igual de estáticos que el sacerdote, como si la Imagen del Señor les fascinara y envolviera en un halo de piedad, de emoción, de recogimiento, mitad embelesados, mitad temerosos, como si vieran más allá y más alto de la misma visión que captan sus ojos al contemplar la faz del Nazareno.

Cuando el coro entona el 'Christus factus est', el acólito acerca el turíbulo y el sacerdote incensa, cadencioso y pausado, la Imagen del Señor; se inclina y gira hacia la capilla de la Virgen e incensa desde allí mismo a la Imagen de María Santísima: Inclinación y tres glopes dobles de incensario al Señor, reverencia;  inclinación y dos golpes dobles de incienso a la Virgen, reverencia...

Sigue el responsorio 'Adoramus Te, Christe, et benedícimus Tibi / Quia per Sanctam crucem Tuam redimisti mundum'

El oremus del sacerdote suena grave y solemne, con la oración cantada

"Deus protector noster aspice, et respice in faciem Christi tui; custodi virtute Crucis Eius quibus in Suo Sánguine redimisti. Per eundem Christum Dominum Nostrum...Amen."

Concluídas las preces, el preste y los acólitos retornan a la sacristía, mientras el órgano toca otra vez la saeta primera.

El capiller comienza a apagar las luces de la capilla, después las del presbiterio. La Imagen del Señor queda sólo iluminada por unos reflectores que resaltan la figura sagrada rodeada de la penumbra del altar mayor, sólo con la luz de las velas de los candeleros y los faroles.

Se acercan quedamente algunas mujeres para besar los pies del Señor, el talón de la Imagen, el extremo de la Cruz de plata y carey. El prioste espera a que los últimos hermanos besen otra vez; algunos fotógrafos aprovechan para hacer las últimas instantáneas, captando algún perfil, algún detalle.

Se oyen chirriar las aldabas del cáncel de la iglesia, y, poco después, los cerrojos del portón de la calle, con esos ecos tan sonoros, tan identificativos de un ambiente, de un momento, de un lugar y un tiempo conocido, repetido, sabido.

Al salir al compás del atrio, el aire frío de la noche huele al incienso de la capilla, un aroma de resinas y rosas que nos llevamos prendido en la ropa y en la mente, que luego nos volverá en sutiles volutas de evocación, como un tracto de oración, con las notas de las coplas, con la neblina transparente, suave y vagamente radiante, de una visión de lo que hemos contemplado, olido, besado, sentido, rezado...

Deo gratias!


Ex Voto

+T.