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viernes, 15 de junio de 2012

Un Corazón traspasado



Hace ya muchos años que predico, cuando predico del Corazón de Jesús, el versículo 19 del Miserere en sentido cristológico: "...sacrificium Deo spiritus contribulatus cor contritum et humiliatum Deus non spernet" Sal 50,19

No lo he leído en ningún autor, supongo que fue ocurrencia mía al rezar ese salmo, aunque quizá otros también hayan hecho una reflexión parecida, o incluso la misma. Sé que lo interpreto alegóricamente, no en sentido propio y literal, pero el sensus plenior es, entiendo ese: El corazon contrito y humillado, más que el de David, es el del mismo Cristo, el Corazón traspasado, roto por la lanza y ofrecido en sacrificio de redención en el altar de la Cruz.

Insertos/pronunciados en un contexto sacrificial, el significado de esos versículos no puede restringirse a expresar la contricción limitada y el sacrificio imperfecto de David penitente, sino que tienen que ser profecia de un Sacrificio mayor y perfecto que sea definitivamente propiciatorio, y este no puede ser el corazón contribulado de David pecador, sino el corazón traspasado de Cristo, Sacerdote y Rey

Hasta tal punto me ha calado esta reflexión que muchas veces, sin darme cuenta, cuando rezo o cito el Miserere, ese versículo lo digo así: "...un corazón traspasado y humillado Tú no lo desprecias", pensando en el Corazón del Señor y refiriéndolo a Él.

Ese es el culto sacrificial del Nuevo Testamento: En el Altar, el sacerdote ofrece como Hostia/Víctima el Sacrificio que Dios no desprecia y siempre acepta, el Corazón traspasado de su Hijo, Jesucristo, propiciación/satisfacción por nuestros pecados.

El Evangelio de la Misa del Corazón de Jesús es el fragmento de Jn 19, 31-37 que narra la escena de la lanzada:

In illo témpore: Iudaei - quóniam Parascéve erat, - ut non remanérent in cruce córpora sábbato - erat enim magnus dies ille sábbati, - rogavérunt Pilátum, ut frangeréntur eórum crura, et tolleréntur. Venérunt ergo mílites: et primi quidem fregérunt crura et alteríus, qui crucifíxus est cum eo. Ad Iesum autem cum veníssent, ut vidérunt eum iam mórtuum, non fregérunt eius crura, sed unus mílitum láncea latus eius apéruit, et contínuo exívit sanguis et aqua. Et qui vidit, testimónium perhíbuit: et verum est testimónium eius. Et ille scit quia vera dicit, ut et vos credátis. Facta sunt enim hæc ut Scriptúra implerétur: Os non comminuétis ex eo. Et íterum alia Scriptúra dicit: Vidébunt in quem transfixérunt.

Pero la celebración del Corazón de Jesús es la sublimación de este momento: La crueldad del sacrificio tremendo del Viernes Santo se transfigura en la luz de amor divino que irradia el Corazón traspasado del Cristo Redentor, atrayendo a los hombres, llamándolos a la gracia, a la reconciliación, a la santidad: Venite ad Me omnes! Mt 11, 28, 30

El Apocalipsis pone un colofón a esta secuencia de la Escritura con un versículo emocionado y terrible:
"...Ecce venit cum nubibus et videbit eum omnis oculus et qui eumpupugerunt et plangent se super eum omnes tribus terrae etiam amen..." Ap 1,7 Mirad que viene sobre nubes, y todo ojo le verá, también quienes le traspasaron, y por Él llorarán todas las tribus de la tierra.

El versículo podría entenderse referido, restrictivamente, a aquellos que intervinieron, históricamente, en la Pasión del Señor; pero la oración de la Misa del Corazón de Jesús no distingue expresamente, sino que nombra al Corazón de Jesús 'herido por nuestros pecados', los de todos:

Orémus.
Deus, qui nobis in Corde Fílii tui, nostris vulneráto peccátis, infinítos dilectiónis thesáuros misericórditer largíri dignáris: concéde, quaesumus; ut, illi devótum pietátis nostræ præstántes obséquium, dignæ quoque satisfactiónis exhibeámus offícium.
Per eundem Dominum nostrum Iesum Christum filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.



El año pasado puse el romancillo al Corazón de Jesús que compuso Lope de Vega en sus Soliloquios, tan apropiado para estimular la piedad en este dia sagrado:

Hoy, para rondar la puerta
de vuestro santo costado,
Señor, un alma ha llegado
de amores de un muerto, muerta.

Asomad el corazón,
Cristo, a esa dulce ventana,
oiréis de mi voz humana
una divina canción.

Cuando de Egipto salí
y el mar del mundo pasé,
dulces versos os canté,
mil alabanzas os di.

Mas ahora que en vos veo
la tierra de promisión,
deciros una canción
que os enamore, deseo.

Muerto estáis, por eso os pido
el corazón descubierto:
para perdonar, despierto;
para castigar, dormido.

Sí decís que está velando,
cuando vos estáis durmiendo,
¿quién duda que estáis oyendo
a quien os canta llorando?

Y aunque él duerma, Señor,
el amor vive despierto:
que no es el amor el muerto;
vos sois el muerto de amor.

Que si la lanza, mi Dios,
el corazón pudo herir,
no pudo el amor morir,
que es tan vida como vos.

Corazón, de mi esperanza
la puerta tenéis estrecha:
que a otros pintan con flecha
y a vos os pintan con lanza.

Mas porque la lanza os cuadre
un enamorado dijo
que a no haber puerta en el Hijo
¿por dónde se entrará al Padre?

Anduve de puerta en puerta
cuando a Vos no me atreví,
pero en ninguna pedí
que la hallara tan abierta.

Pues como abierto os he visto
a Dios quise a entrar por Vos
que nadie se atreve a Dios
sin poner delante a Cristo.

Y aun ese lleno de heridas
porque sienta el Padre Eterno
que os cuestan, Cordero tierno,
tanta sangre nuestras vidas.

Vuestra Madre fue mi estrella,
que, siendo huerto cerrado,
a vuestro abierto costado
todos llegamos por ella.

Ya con ansias del amor
que ese costado me muestra,
para ser estampa vuestra,
quiero abrazaros, Señor.

La cabeza imaginé
defendieran las espinas,
y hallé mil flores divinas
con que el desmayo pasé.

Porque ya son mis amores
tan puros y ardientes rayos
que me han de matar desmayos,
si no me cubrís de flores.

Cuando a mi puerta salí
a veros, Esposo mío,
coronada de rocío
toda la cabeza os vi.

Mas hoy, que a la vuestra llego,
con tanta sangre salís,
que parece que decís:
- Socórreme, que me anego.

Ya voy a vuestros abrazos
puesto que descalza estoy;
bañada en lágrimas voy,
desclavad, Jesús, los brazos.



Cor Iesu, flagrans amore nostri: Inflamma cor nostrum amore tui


Iesu mitis et humili Corde, fac cor nostrum secundum Cor Tuum


Cor Iesu Sacratissimum, miserere nobis


Ex Voto

+T.

domingo, 3 de junio de 2012

Sancta Trinitas Unus Deus


Cuando me dicen que cristianos, judíos y musulmanes creemos en el mismo Único Dios y le adoramos, respondo que no, que es imposible:

- porque la fe del Antiguo Testamento (aunque válida y suficiente durante la Antigua Alianza) es parcial, imperfecta, porque no conoce a las Divinas Personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo

- porque el judaísmo se ha cerrado a la Revelación de Cristo, Hijo de Dios, y a su Misterio de Redención, el Nuevo Testamento: Ni conocen a Jesucristo, ni le reconocen como Segunda Persona de la Divina Trinidad; lo mismo respecto al Espíritu Santo

- porque esta negación de Jesucristo, Hijo de Dios, implica el odio a su Persona y la exclusión terminante de cualquier confesión de fe cristológica (cfr Mt 26, 63-66)

El problema consiguiente es sustancial: ¿Se puede considerar fe verdadera, culto verdadero, la de quienes al dirigirse a Dios obvian o niegan al Padre y/o al Hijo y/o al Espíritu Santo; item más: respecto al Hijo, la postura del judaísmo es adversa absolutamente, intransigente. Por tanto, ¿se puede dar culto a Dios negando a Dios?

Tocante al islam y los mahometanos la diferencia es aun mayor, en cuanto el Islam no recibe la Revelación del Antiguo Testamento y sólo admite la invención del Corán, cuyo credo mantiene la absoluta exclusión del Dogma Trinitario, llegando a considerar la fe en la Trinidad como el gravísimo pecado de 'asociación', penado con muerte én la legislación coránica. Por consiguiente, al creer y rezar, al profesar la fe y rendir culto, el mahometano niega absolutamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, dirigiéndose a una abstracción de la unidad y unicidad de la Divinidad que es atributo pero no es esencia; creen y adoran un atributo divino a la vez que niegan la esencia del Dios Uno y Trino, así como a su Misterio de Salvación.

Con las llamadas 'otras religiones', la separación es absoluta. Si cabe alguna actitud de acercamiento, debería ser sólo por interés de la misión ad gentes. Otras formas de comunicación son incompatibles con la Fe y la Revelación (una sóla Revelación que enseña y confiesa una única Fe). Escenas como la reciente condescendencia inter-religiosa del Cardenal Schönborn con el Dalai Lama en San Esteban de Viena, constituyen episodios anómalos de confusos sincretismos incompatibles con la recta doctrina de la Iglesia. Al pagano se le predica el Evangelio, no se comparten con el 'dimensiones' religiosas ni se admiran particulares equívocos. Libros y experiencias como esta, por ejemplo, están fuera de la orto-praxis de la ortodoxia cristiana.

Cuando predico, insisto a los fieles en que no conocemos todo el Misterio, pero el Misterio que creemos y enseñamos es absolutamente verdadero, y corresponde a aquello que Dios ha querido que conozamos para salvarnos. Esa, y no otra, es la Fe que recibimos de los Apóstoles y la Iglesia, y esa, y no otra, es la Fe que debemos mantener, enseñar y transmitir.

Cosas sagradas tan profundas y dichas con tanta simplicidad como reza el Símbolo Atanasiano:

Quienquiera que desee salvarse debe, ante todo, guardar la Fe Católica:
quien no la observare íntegra e inviolada, sin duda perecerá eternamente. Esta es la Fe Católica:
 Que veneramos a un Dios en la Trinidad y a la Trinidad en unidad. Ni confundimos las personas, ni separamos las substancias. Porque otra es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo: Pero la divinidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es una, es igual su gloria, es coeterna su majestad.
Como el Padre, tal el Hijo, tal el Espíritu Santo.
Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo.
Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo.
Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo.
Y, sin embargo, no tres eternos, sino uno eterno.
Como no son tres increados ni tres inmensos, sino uno increado y uno inmenso.
Igualmente omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no tres omnipotentes, sino uno omnipotente. Como es Dios el Padre, es Dios el Hijo, es Dios el Espíritu Santo.
Y, sin embargo, no tres dioses, sino un Dios.
Como es Señor el Padre, es Señor el Hijo, es Señor el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no tres señores sino un Señor.
Porque, así como la verdad cristiana nos compele a confesar que cualquiera de las personas es, singularmente, Dios y Señor, así la religión católica nos prohibe decir que son tres Dioses o Señores.
Al Padre nadie lo hizo: ni lo creó, ni lo engendró.
El Hijo es sólo del Padre: no hecho, ni creado, sino engendrado.
El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo: no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente de ellos.
Por tanto, un Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos, un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.
En en esta Trinidad nada es primero o posterior, nada mayor o menor: sino todas la tres personas son coeternas y coiguales las unas para con las otras.
Así, para que la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad sea venerada por todo, como se dijo antes.
Quien quiere salvarse, por tanto, así debe sentir de la Trinidad.
Pero, para la salud eterna, es necesario creer fielmente también en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo.
Es pues fe recta que creamos y confesemos que nuestro Señor Jesucristo , Hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios de la substancia del Padre, engendrado antes de los siglos, y es hombre de la substancia de la madre, nacido en el tiempo. Dios perfecto, hombre perfecto: con alma racional y carne humana. Igual al Padre, según la divinidad; menor que el Padre, según la humanidad.
Aunque Dios y hombre, Cristo no es dos, sino uno. Uno, no por conversión de la divinidad en carne, sino porque la humanidad fue asumida por Dios. Completamente uno, no por mezcla de las substancias, sino por unidad de la persona. Porque, como el alma racional y la carne son un hombre, así Dios y hombre son un Cristo.
Que padeció por nuestra salud: descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos. Ascendió a los cielos, está sentado a la derecha de Dios Padre omnipotente; de allí vendrá a juzgar a vivos y muertos.
A su venida, todos los hombres tendrán que resucitar con sus propios cuerpos, y tendrán que dar cuenta de sus propios actos. Los que actuaron bien irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.
Esta es la fe católica, quien no la crea fiel y firmemente, no podrá salvarse. Amén


Amén.

+T.

domingo, 14 de noviembre de 2010

La inquietante cuestión de la fe


Se rezó como Evangelio del Domingo XXIX y en la Misa de esta mañana, Sábado XXXII, otra vez. Es simpática la parábola. Incluso imagino que el Señor tenía en mente al personaje que decribe, quizá alguna viuda tremenda de Nazareth o alrededores, que él conocería personalmente, o de oídas. Una dómina famosa, en todo caso.

Pero lo más llamativo es que el Señor escoja esa escena, con esos personajes, la viuda terca e impertinente y el juez inicuo, para referirse a la oración y una de sus condiciones para que sea eficaz: La constancia. El texto dice que pronunció la parábola para enseñar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse (Lc 18, 1-8). Concluye planteando, dejando en el aire, una cuestión inquietante: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará esta fe sobre la Tierra?". Algunas versiones, la Vulgata incluída, traducen simplemente fe ...verumtamen Filius hominis veniens putas inveniet fidem in terra/ cuando vuelva encontrará fe en la Tierra?; aunque el original griego de San Lucas ('eurései tèn pístìn epì tès gès') parece aludir a la fe sobre la eficacia de la oración, sobre la que predica el Señor.

De todas formas, en un sentido amplio, podemos decir que se refiere también a la fe, en general, porque la oración es una genuina manifestación de la fe: Sólo reza el que cree, el que tiene fe. Cuando reza, el creyente explicita y pone en acto las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad, porque al orar está creyendo en Dios, amándole y esperando en Él. Por eso, si no hay oración, si no se reza, es que no hay fe, o se tiene poca. La fe mueve a la oración. La falta de oración es falta de fe. En este sentido debe entenderse la inquietante pregunta del Señor, una pregunta que, podríamos también decir, es global, porque cuestiona al mundo entero, a todos los hombres, cuando dice "sobre la tierra" .

Yo he alcanzado a conocer, de niño, las rogativas ad petendam pluviam como algo normal. En mi pueblo sacaban al Cristo de la Agonía, una impresionante imagen, último recurso para cuando el cielo se cerraba y los campos se agostaban. Después también he presenciado las rogativas por la lluvia como algo casi "folklorizado", valorado ya como un rito ancestral que debía conservarse y por eso celebrarse de vez en cuando. El año 1980, o el 81, no recuerdo bien, sacaron en Sevilla a la Virgen de los Reyes en procesión de rogativa, y lo más memorable de la ocasión fue el efecto capillita, el comentario entre los cofrades sevillanos sobre lo impresionante que iba la Virgen vestida de morado y sin tumbilla. La rogativa, la oración con su intención, fue lo de menos; importó, más que nada, la procesión con su anécdota.

Lo mismo he podido constatar después en otros sitios, en casos similares. La gente del campo y los labradores - los que van quedando - están más atentos y se fian más del parte meteorológico que de la rogativa al Santo Patrón. Item más: En la Sevilla famosa de las Hermandades y Cofradías, los hermanos y cofrades ya no ruegan ni piden a sus Santos Titulares que no llueva cuando el día de la procesión amenaza chaparrón, sino que llaman al servicio meteorológico del aeropuerto, o a la base militar de Tablada, o a la de Morón de la Frontera, o a alguno de las estaciones de observación meteorológica, y se atienen para salir o no salir al cálculo de probabilidad de riesgo de lluvia que dan los meteorólogos. La confianza en la oración está mínimamente en el ambiente, pero insuficientemente presente.

Y como este, tantos casos, ya sean de salud y enfermedad, de accidentes, de tantas cosas que antes eran motivo y materia de oración - de fe, es decir - y ahora se resuelven acudiendo a otras instancias. Pero no a la oración.

No estoy diciendo que todo el mundo; pero sí digo que todos entendemos el mundo de otra manera, más independiente de Dios, menos pendiente de la la fe. Y esto no es de creyentes.

Voviendo al ayer, recuerdo escenas domésticas que llevaban cada una de ellas el signo de la fe: Se hacía una labor, y se trazaba la señal de la cruz, ya fuera para plantar un olivo o al pan que se iba a meter en el horno, o a las aceitunas que se iban a aliñar, o cuando se cortaba una tela, o se levantaba una pared, o se trabajaba el hierro en la fragua. La cruz, la oración, la fe estaban siempre presentes. Y no se debe decir que fuera superstición, que eso es pagano, sino que era la pequeña y simple conciencia de Dios y su Providencia, algo que es muy cristiano.

¿Si se pierde esta conciencia se pierde la fe? La sabiduría creyente que mete la levadura para que fermente toda la masa es, entre otras cosas, esa misma sencilla acción de saber referir todo a Dios, pidiendo, insistiendo, perseverando.

Esta mañana leía una noticia típicamente post-moderna, de neto siglo XXI:

Una ecuación del universo sin Dios

Otra vez - me dije - la arrogancia de los inteligentes, que se vuelven necios, ofuscados, negando una luz que les ciega y les deja envueltos en el sinsentido de un laberinto. Un mundo sin Dios, a Quien no se ve porque un día dejaron de rezarle, de creerle, de amarle, de esperarle.

La trayectoria de la modernidad, desde hace dos, tres siglos, es una cada vez más insistente y generalizada negación del Creador. Parece un grado extremo de radical absurdo que la ciencia atea postule algo que ella misma negaba como un imposible y hable ahora de un universo que surgió de la nada.

El racionalismo que empezó negando al Dios hecho hombre y definiendo sólo un vago concepto de Dios, ni siquiera sostiene ya un mínimo deísta, ni siquiera un confuso panteísmo, sino que en un paso más allá niega toda trascendencia y proclama el vacio de un origen en la nada y una evolución hacia la nada.



Lo más patético es que el sostenedor de la hipótesis sea un hombre como S. Hawking. O quizá por eso.

Alguna vez me he preguntado si el clamor negacionista de los ateos no será un insistente quejido, un inconsciente llanto rebelde que como no sabe (no quiere?) rezar rompe en un agresivo grito anti-divino, que en fondo del alma desesperada es un como un de profundis mitad blasfemo, mitad mísero, para que Dios mire, como provocando, tentando a Quien niegan para ver si se afirma, si se les muestra científicamente evidente, como una forma de probar al Omnipotente, de someterle a un especulativo análisis de laboratorio in extremis.

También he imaginado la parte del Libro de Job en la que Dios, por fín, interviene y habla como la escena de la Sagrada Escritura que mejor describe/profetiza el final de la diatriba de la ciencia no creyente y sus científicos contra Aquel y aquello que se empeñan en obviar:

Dios repondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:
¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?
Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.
Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad.
¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?
¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,
entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?
¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;
cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;
cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?
«¡Llegarás hasta aquí, no más allá —le dije—, aquí se romperá el orgullo de tus olas!»
¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,
para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados? Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.
Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.
¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?
¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?
Job 38, 1-17ss. (pongo la cita con el enlace para que continuen leyendo, porque los versículos que siguen son tan tremendamente bellos como conmovedores).

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

La viuda impertinente que insistía incansable al juez inicuo es una ínfima imagen del clamor de los que piden a Dios porque sólo en Él han puesto su esperanza, la pequeña de todos los días, la minúscula del minuto de apuro, y la gran esperanza final que se asoma al vértigo de la Eternidad.
Esta es la fe que el Señor se pregunta - ¡nos pregunta! - si quedará al fin sobre la tierra.

La cuestión se responde, por lo que nos toca a cada uno, rezando creyendo, amando y esperando en Él, que es Quien nos examina a nosotros y al mundo que creó y que se resiste a su Señor.

+T.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Rex Regum et Universi

El Domingo de Cristo Rey se celebra dos veces: El Domingo último de Octubre, según el calendario litúrgico tradicional; y el Domingo de la semana XXXIV, última del Tiempo Ordinario, según el calendario ordinario. Desde Pio XI se rezaba una consagración universal al Corazón de Jesús, que compuso Leon XIII para el Año Santo de 1900, luego confirmó Pio X, y Pio XI la mandó rezar vinculándola a la fiesta de Cristo Rey, cuando la instituyó (enc. Quas Primas nº 26 y 30). Dicha fórmula de consagración es una preciosa muestra de la lex orandi/lex credendi, apropiadísima como expresión del sentido de la institución de la fiesta de Cristo Rey. Una parte de la oración de consagración dice esto:

"...Rex esto eorum omnium, qui in tenebris idolatriae aut islamismi adhuc versantur, eosque in lumen regnumque tuum vindicare ne renuas. Respice denique misericordiae oculis illius gentis filios, quae tamdiu populus electus fuit: et Sanguis, qui olim super eos invocatus est, nunc in illos quoque redemptionis vitaeque lavacrum descendat / Sé Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo;
dignate atraerlos a todos a la luz de tu reino. Mira, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue el pueblo elegido: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron..."


Así decía y así se rezaba. La intención es católica, netamente, y rectamente cristiana, imbuída de principios tan fundamentales como el mandamiento de evangelizar y el de la caridad. En 1962 (no tengo segura la fecha y no puedo precisar si antes o durante el Concilio) Juan XIII alteró la fórmula de consagración y suprimió las dos alusiones que he remarcado en la cita; en adelante, no se haría alusión ni a los judios ni al islamismo ni a los idólatras. Quedó sin embargo la súplica que se refiere a los separados "por error o discordia", para que volvieran a la unidad de la Iglesia.

Sólo con esto se podría articular una tesina sobre el antes y el después, con el mítificado "aggiornamento" del Papa Rocalli como eje o punto de partida de tantas cosas que vinieron luego.

Aquella oración de consagración la rezamos tal cual, la original, los que nos reconocemos católicos con consciencia y conciencia. Los que no, no la rezan; es una de esas oraciones que quedaron en el desván de las sacristías, entre las páginas de los viejos rituales, libros de preces y devocionarios, sombras del pasado que se fue o se dejó ir, o se erradicó. Digamos que se sustituyó, para resumir.

Lo que se puede entrever en la "censura" del Papa Rocalli (beatificado) a la fórmula de consagración compuesta, ordenada y confirmada por sus Predecesores, todo aquel "espíritu", continua todavía tan vivo y activo que produce frutos como este:

Las grandes religiones explicadas a los muchachos en un DVD

o este otro:

Indios de diversas tradiciones religiosas rezan a Cristo en Varanasi
Concluyó en el ashram de Matridam el encuentro anual de Khrist Bhakta


¿Qué tal, qué les parece? Les advierto que la reacción primera ante este tipo de noticias/eventos/hechos define muy bien nuestro grado de "catolicidad", nuestro perfil católico.

Estamos tan "anclados" en ciertos supuestos "conciliares", tan marcados por aquel ubícuo "espíritu" conciliar, que hasta disponemos de una serie de instituciones que trabajan en eso, y reafirman contínuamente todo el "aperturismo" y el "diálogo" a los que se redujeron, más que nada, la misión ad gentes. ¿Dónde ha quedado aquel otro espíritu genuinamente católico que distinguía judaismo, islamismo y paganismo, y rogaba por la conversión, por la extensión universal del Regnum Christi, una fe y una Iglesia?

Las cosecuencias de la "sustitución" se pueden entresacar de esas dos noticias de la agencia Zenith, tomadas de los boletines de esta misma semana. Otra "glosa" de lo que expongo se podría sacar de otra noticia que se ha publicado esta mañana en esta web:

Los obispos suizos defienden la construcción de minaretes en las mezquitas

Y esta es la actualidad de la Iglesia en Europa: Enemigos en el exterior (Unión Europea, estados, partidos políticos, ideologías post-marxistas y neo-liberales, cultura post-moderna, etc. etc. etc.) y confusos en nuestro interior (obispos, sacerdotes, religiosos, consagradas, teólogos, moralistas, miembros de movimientos y comunidades, fieles...etc. etc. etc.). Y la opinión general de la sociedad en general, tan afectada, tan confudida, tan infectada.

Si ustedes no se reconocen entre esos grupos, harían bien en rezar esa fórmula de Consagración, tal cual, como antes: Cuando la Iglesia no tenía ni dudas, ni complejos, ni miedos, y sabía distinguir y expresar adecuadamente lo que creía en lo que rezaba (a no ser, claro, que ustedes crean ahora otra cosa y no recen esas cosas).


ACTUS DEDICATIONIS HUMANI GENERIS


IESU dulcissime, Redemptor humani generis, respice nos ad altare tuum humillime provolutos. Tui sumus, tui esse volumus; quo autem tibi coniuncti firmius esse possimus, en hodie sacratissimo Cordi tuo se quisque nostrum sponte dedicat.
Te quidem multi novere nunquam; te, spretis mandatis tuis, multi repudiarunt. Miserere utrorumque, benignissime Iesu, atque ad sanctum Cor tuum rape universos. Rex esto, Domine, nec fidelium tantum qui nullo tempore discessere a te, sed etiam prodignorum filiorum qui te reliquerunt: fac hos, ut domum paternam cito repetant, ne miseria et fame pereant. Rex esto eorum, quos aut opinionum error deceptos habet, aut discordia separatos, eosque ad portum veritatis atque ad unitatem fidei revoca, ut brevi fiat unum ovile et unus pastor. Rex esto eorum omnium, qui in tenebris idolatriae aut islamismi adhuc versantur, eosque in lumen regnumque tuum vindicare ne renuas. Respice denique misericordiae oculis illius gentis filios, quae tamdiu populus electus fuit: et Sanguis, qui olim super eos invocatus est, nunc in illos quoque redemptionis vitaeque lavacrum descendat. Largire, Domine, Ecclesiae tuae securam cum incolumitate libertatem; largire cunctis gentibus tranquillitatem ordinis; perfice, ut ab utroque terrae vertice una resonet vox: Sit laus divino Cordi, per quod nobis parta salus: ipsi gloria et honor in saecula. Amen.



Consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús
Ordenada por S. S. Pío XI para el día de Cristo Rey

Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano,
miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar;
vuestros somos y vuestros queremos ser
y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos,
todos y cada uno espontáneamente nos consagramos
en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás os han conocido;
muchos, despreciando vuestros mandamientos,
os han desechado. Oh Jesús benignísimo,
compadeceos de los unos y de los otros,
y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.
Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles
que jamás se han alejado de Vos,
sino también de los pródigos que os han abandonado;
haced que vuelvan pronto a la casa paterna,
para que no perezcan de hambre y de miseria.
Sed Rey de aquellos que, por seducción del error
o por espíritu de discordia, viven separados de Vos:
devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe,
para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.
Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos
en las tinieblas de la idolatría o del islamismo;
dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.
Mirad, finalmente, con ojos de misericordia
a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto:
descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida,
la sangre que un día contra sí reclamaron.
Conceded, oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia;
otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden;
haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz:
¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud,
a Él se entonen cánticos de honor y de gloria
por los siglos de los siglos! Amén.




+T.

martes, 14 de abril de 2009

Descendió a los infiernos


Los que sepan catecismo - cada vez son menos - sabrán para qué descendió Cristo a los infiernos: -Para liberar a los justos que estaban esperando su santo advenimiento. Esa es la respuesta que se enseñaba en el Catecismo al comentar-explicar el Credo Apostólico, que incluye ese artículo del Descensus ad inferos.
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Como la Cristología se ha ido haciendo ultimamente sobre las especulaciones de los incrédulos y no sobre la fe de los creyentes, nuestros cristianos cada vez saben menos y dudan más. Hasta el Concilio, la Teología Católica se fundamentaba en la Escritura y la Tradición (Magisterio, Padres, y Doctores de la Iglesia). Desde el Concilio, cualquier exegeta de última hora o el último libro del último autor tiene más "peso" que los 20 siglos precedentes. Tristemente.

El que quiera informarse sobre la cuestión un poco más allá de la escueta (pero cierta) respuesta del catecismo, mejor que lea la obra del p. Antonio Orbe, un experto católico insuperado (insuperable?) sobre temas de teología paleo-cristiana, por ejemplo este capítulo sobre el Descensus ad inferos, magistral.

En suma, es la revelación de Cristo a la humanidad "retenida" en ese lugar/estado no bien definido en el Antiguo Testamento, denominado "sheol" o "seno de Abrahám". No es un lugar propiamente de condena, sino una privación de la Gloria. Cerrado el Edén para Adán y su descendencia, los justos no pueden gozar post-mortem de una felicidad preternatural/sobrenatural que tienen vedada. Tampoco pueden ir propiamente al infierno, puesto que los méritos personales de cada uno merecen la recompensa de Dios. De ahí la retención de los justos en ese "limbo de los padres", como también se le llama.

Existe un evangelio apócrifo, atribuído a San Bartolomé apóstol, que narra extensamente el descensus, con la característica imaginería de los textos apócrifos, tan influídos por conceptos extraños a la doctrina verdadera de la Iglesia, casi siempre por contaminación de ideas-conceptos provenientes de sectas heréticas, la mayoría de las veces gnósticas.

La iconografía greco-ortodoxa representa la Anástasis-Resurrección según la imaginería que escenifica el Descensus ad inferos: Cristo vestido con túnica blanca pisa y rompe las puertas del infierno-hades, aplastando al diablo vencido, y toma con sus manos a Adán y Eva, representados como ancianos que tienen detrás a todos los demás Justos retenidos (se suelen representar a Moisés, reconocible por los rayos que le despuntan en la frente o por las tablas; y al rey David, que lleva corona; y así a otros profetas y patriarcas del Antiguo Testamento). En otras iconografías occidentales dependientes de este prototipo, se representa al Señor desnudo, cubierto con el sudario blanco y portando un estandarte con una cruz, dirigiéndose a unas figuras que representan igualmente a Adan y Eva etc. Otras veces aparecen junto a Cristo unos Arcángeles, a manera de séquito, y no es raro que porten los instrumentos de la Pasión: Cruz, lanza, corona, caña, flagelos, etc.

El Descensus, ocuparía en los Misteria Vitae Christi ese intervalo que media entre la Muerte-Sepultura y la Resurrección. En Cristología se explica que Cristo no baja al infierno corporalmente, sino sólo en alma (unida sustancialmente al Verbo), puesto que aun no había ocurrido la resurrección carnal-corporal, que acaece "al tercer día" para cumplimiento de las Escrituras que así lo profetizaban.



Una de las homilías pascuales más bellas de la antigüedad cristiana recrea con una intensa emoción este momento, la conversación de Cristo con Adán:

Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: “Mi Señor esté con todos”. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: “Y con tu espíritu”. Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y seré tu luz. Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: ‘Salid’, y a los que se encuentran en las tinieblas: ‘iluminaos’, y a los que duermen: ‘Levantaos’.

A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, Yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del paraíso, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad».


Es una de las lecturas más bellas y emocionantes de entre las que se leen en Semana Santa, en el Oficio de Lecturas, el Sábado Santo. No se sabe su autor, sólo que es una homilía pascual de los primeros siglos, recogida como "homilía antigua sobre el grande y santo Sábado" (PG 43, 439. 451. 462-463). Una preciosa meditación para esta Semana de la Octava de Pascua.
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+T.

domingo, 29 de junio de 2008

Pseudo-cristología


En Febrero o Marzo pasados, no recuerdo, presentaron a bombo y platillo en el CET de Sevilla el libro "Jesús", del sacerdote vasco José Antonio Pagola. El Centro de Estudios Teológicos de Sevilla es un centro académico provinciano, con muchos defectos y muy pocas virtudes. Esto, en una institución concebida para la formación sagrada en grados primarios y medios, es algo muy serio. A la deriva, desde su fundación, conoce en la actualidad un bajo nivel docente, agravado además por reconocerse en referencia a la teología-moral-pastoral de cierta tendencia "progresista", la misma que tanto desconcierto y confusión plantea a la Iglesia. Por ejemplo, en el CET de Sevilla se presentará discretamente el libro del Papa Ratzinger "Jesús de Nazareth", pero se desplegará una ruidosa escenificación para presentar la obra de Pagola. Huelgan comentarios.

Sobre Pagola y su libro opiné en algún foro de discusión, por aquellas fechas. He conservado alguno de los comentarios que hice a propósito; tales como estos:


- [Pagola] Doctrinalmente, se adscribe a esa falsa teología que siembra dudas y se aleja del Credo Católico de forma implícita. Pero no se atreve a explicitar un credo formal que evidenciaría que lo que él y otros enseñan no es el Credo de la Iglesia. El Obispo de Tarazona, muy responsablemente, ha hecho lo que los demás Obispos deberían hacer. Si el CET de Sevilla recibe y da publicidad a Pagola, el CET y sus responsables se hacen cómplices del extravío, los errores y el daño que Pagola está haciendo y difundiendo.

- La teología o es asunto de fe, o no es teología. Y la fe hay que enseñarla íntegramente: Exponer el Misterio de Cristo desde una perspectiva o intención reduccionista, parcial o minimalista, es falsear el Misterio de Cristo. Eso es lo que hace Pagola, tan errado no sólo por algunas cosas que dice, sino también por las muchas que calla. La verdad exige la integridad y es incompatible con una fe fragmentada en porciones a la que le faltan, deliberadamente, partes sustanciales y definitivas.

- Cuando se lanzan "sospechas" contra lo "nuclear" del Misterio, se está atentando contra la verdad del Misterio. La labor del teólogo es profundizar el conocimiento del Misterio, no ponerlo en duda o parcializarlo desde criterios subjetivos escudándose en una metodología que disimula la ofuscación o la falta de fe del autor.

- Los métodos histórico-críticos son pertinentes, pero no suficientes. El problema de Pagola y demás pseudo-teólogos de su estilo es que, obviando toda la tradición exegética de la Iglesia (y excluyendo el Magisterio) exponen desde una metodología muy limitada los Textos Sagrados; y al limitarlos, los falsean reduciendo su integridad desde los parámetros metodológicos que han escogido. No se puede saber qué son Las Meninas de Velázquez desde un análisis sólo y exclusivo de los pigmentos pictóricos o la textura de la trama del lienzo. Limitar su conocimiento a eso y trasmitir luego sólo lo deducido desde ese análisis, sería falsear la obra de arte y reducirla a un mínimo sacrificando un todo, la totalidad real y significativa de la obra/el cuadro en cuestión. Pues, en parecido sentido, lo mismo es lo de Pagola y demás falsos teólogos, con sus métodos y sus parciales y engañosas conclusiones.

- Eso es lo enorme, lo escandaloso, lo perverso de Pagola y los de su panda: Que siendo sacerdotes traicionen el Mensaje y disimulen la fe (una fe que quizá ya no tienen) parcializando-reduciendo la exposición del Evangelio excusándose en una metodología insuficiente y expresamente limitada. Si no creen, que se retiren, pero que no permanezcan emboscados en la Iglesia y envenenando con su increencia la fe de muchos creyentes de buena voluntad que darán crédito a los errores que elaboran y difunden. El pecado de escándalo de los sencillos se juzga con palabras muy duras por el propio Señor, y Pagola y cía. lo están cometiendo contínua y deliberadamente.


No soy teólogo experto en Cristología dogmática, pero tengo la suficiente y competente formación para detectar todo eso (y más) en el libro de Pagola. Ese era mi juicio, sumario y sin entrar en detalles. Este es el de la Comisión de Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, que ha publicado esta Nota de clarificación sobre el libro de Pagola. Muy oportunamente. Y muy discretamente, porque opino deberían haber actuado con mayor contundencia y efecto.

¿Qué pasa en la Teología Católica? El fenómeno tiene una larga historia, con precedentes que se remontan a la crisis modernista que despunta en el Pontificado de Pio X, y más inmediatamente en la etapa del "replanteamiento" eclesial post-Vaticano II. En pocas palabras, la Teología abandonó sus referentes católicos y se expuso a la influencia de los más extravagantes y discutibles autores. Especial efecto tuvo la "apertura" a los autores protestantes del XIX y el XX, que desde prejuicios marcadamente opuestos al Dogma y la Tradición, se empeñaban en negar los fundamentos de la Revelación cristiana, desde los Evangelios a los demás escritos del Nuevo Testamento. Empezaban dudando de la verosimilitud de los contenidos para terminar negando su valor como documentos históricos. En el colmo de la manipulación, empleaban elementos de crítica histórica y exégetica relativamente válidos para el estudio del Antiguo Testamento (formado en el decurso de unos 20 siglos) para estudiar los libros del Nuevo Testamento (que se forma en un plazo nunca mayor de 70 años, desde los muy tempranos primeros textos de los Sinópticos y San Pablo a los escritos últimos del Corpus Ioanneus).

Ese tipo de sesgada "investigación" con sus prejucios y su "metodología" conforma todas las desviadas conclusiones de una exegética que acaba minimizando/reduciendo todo el Misterio Cristiano a un impreciso capítulo marginal de la historia del judaísmo del siglo I en el marco socio-religioso-cultural del helenismo tardío. La obra de Pagola es una pequeña muestra de este lamentable fenómeno-tendencia de la peor teología de fines del XX.

Afortunadamente, la Teología Católica se ha mantenido activa, conviviendo en tensa relación con esa pseudo-teología elaborada paradójicamente desde dentro de la Iglesia, pero viciadamente contradictoria con la Fe de la Iglesia. En el transcurso de los últimos treinta o cuarenta años, diversas ideologías/filosofías han pretendido traducirse en términos "teológicos". La firme coherencia de la Teología Dogmática, se desmontó y fragmentó en tantas "teologías" como escuelas o tendencias de pensamiento iban surgiendo en el panorama cultural de Occidente. Hubo autores que en pocos años publicaban obras que eran la negación-contradicción-superación de su obra anterior de apenas diez años antes, con el desconcertante efecto de ser presentados en cada momento como las vanguardias del pensamiento cristiano, cuando eran su más decadente y degenerado epifenómeno.

La mejor Teología del Siglo XX se formuló con toda madurez y una excepcional calidad textual en los documentos del Vaticano II, tan desconocidos y olvidados. Desde una deliberadamente falsa comprensión del Concilio, se reclamó un "espíritu del Vaticano II" que implicaba su destrucción. La prueba es muy simple: Cótejese ese "Jesús" de Pagola con los enunciados cristológicos de Lumen Gentium, Gaudium et Spes, Dei Verbum o Sacrosanctum Concilium, y quedará en evidencia que el "Jesús" de Pagola es una reducción minimalista incompatible con el Jesús Hijo de Dios y Cristo Salvador que cree y proclama el Vaticano II según la tradición de la Iglesia Católica Apostólica.

Con la caída de la "teología de la liberación" y el descrédito personal de algunos de sus ideístas (como el bochornoso caso del brasileño Leonardo Boff), los seguidores de esas teologías "de frontera" recibieron un duro golpe. Ahora vuelven a reagruparse en torno a nuevos "líderes", y Pagola se ha convertido en pocos meses en uno de sus más reputados representantes. Al paso de la censura de su libro, diversos "colectivos" se han declarado a favor del autor y sus ideas. Basta informarse un poco de la naturaleza de dichos grupos para hacerse cargo de lo que representan y suponen.

Lo más grave es la notable impresión de división en la Iglesia. Tal es el caso de esto que escribo: Mi fe, la que procuro guardar y confirmar según la tradición apostólica que ha llegado hasta mí, no es la fe que presentan Pagola y adláteres en sus obras. Existe una distancia, una diferencia tan suatancial, que los contenidos de esa "fe" de Pagola y cía no pueden entenderse como una fe católica. Incluso más: Dudo que puedan ser mínimamente cristianos.

Si el Credo Cristiano "básico" es el explicitado en la doctrina de los cinco/siete Primeros Concilios, lo que Pagola enseña no es cristiano. Absolutamente. Si él y los de su tendecia pretenden formular un nuevo credo, que se separen de la Iglesia y que lo digan, para que lo sepamos y los distingamos. Pero mientras se declaren dentro de la Iglesia, ya sea como fieles o ya - lo que es enormemente más grave - como ministros de la Palabra y el Altar, o enseñan la fe rectamente o deben ser censurados con las penas canónicas que cada cual merezca en particular. Sin ambages y con toda contundencia. Después, en consecuencia, las actiudes en pro o en contra decantarán afinidades.

En la Misa de hoy, en la celebración litúrgica de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, se recalca el carácter apostólico de la Iglesia, la única Iglesia, que susbsiste/que es la Iglesia Católica Apostólica. La fe de Pedro confiesa a Jesús el Cristo Hijo de Dios vivo, y no hay otra salvación fuera de Él; la de Pablo proclama que esa fe mantenida, vivida, combatida, nos conducirá a Él, que nos salvará y nos llevará a su reino celeste.

Y esta es nuestra fe, esta es la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén.

Y lo de Pagola, la sombra de una pseudo-teología que enseña poco porque duda, y duda porque ha perdido su fe.

+T.

lunes, 30 de abril de 2007

Creación y razón


En no sé qué sitio de los EEUU, han inaugurado un parque temático "creacionista"; "creacionismo" dicen allí a la hipótesis que postula la argumentación científica de la creación ex nihilo en cierta correspondencia con el relato del Génesis bíblico, concepto que encierra algo superado por la Iglesia desde el momento que la Teología reconoció que el mensaje de la Sagrada Escritura era Revelación para la Fe y no dato para la ciencia.

La paradoja se multiplica si se considera que es la cultura de la más tecnologizada vanguardia la que aporta medios materiales y humanos para ese "parque creacionista", pero a la vez se retrocede a una polémica del siglo XIX y a las enconadas pasiones de la Inglaterra de la Reina Victoria; si el empeño incluye el propósito de combatir y rendir a la ciencia desde verdades que no son científicas y extrapolando los ámbitos propios de ciencia y teología, la paradoja y la confusión se multiplican.

Lo que personalmente opino del caso, lo hago desde una profunda y firme fundamentación bíblica; claro que no en el sentido del fundamentalismo biblicista que confronta Biblia y ciencias naturales. Mi "fundamentalismo" tiene como premisa a Dios, su obra, sus medios y su fin, algo de lo que la Iglesia misma, aún siendo depositaria de la Divina Revelación, sabe muy poco: Apenas los enunciados del Credo y los pocos Dogmas que lo complementan, y casi nada más. Con todo ello, asumo también ese "development" que Tradición y Magisterio realizan constantemente, en aquel mismo sentido que el clarividente J.H. Newman explicaba por los mismos años en que Mr. Darwin sacaba conclusiones de sus cuadernos del Beagle.

Hubo un tiempo en que la emergente ciencia anduvo a la par de la teología; desde el siglo XV, la separación de los conocimientos fué una realidad y hasta una necesidad. Los conflictos y tráumas de aquella separación, sin embargo, no se han extinguido y, en ciertos casos, ni siquiera templado. No caeré en la vana ilusión de erigir la ciencia, tal y como se conforma desde aquellos dias hasta el presente, en única y exclusiva fuente del saber, que no soy tan necio como para eso. Pero tampoco sostendré el descabellado propósito de enseñar que la cronología del Génesis mosáico es la edad real que tiene el mundo, o que el relato de la Creación de Gn 1 y 2 es una crónica minuto a minuto. Y no es que pretenda desde esto que escribo un re-lanzamiento de la doble verdad, pués tomisteo con el De unitate intellectus contra averroistas (ay la escolástica aquella!) y soy siempre perenne escolar del Angélico.

Pero creo en Dios, muy seriamente. Creo en el Creador del Cielo y de la Tierra, de todo lo que se ve y de lo que existe y no vemos; creo que nos hizo a su imagen y semejanza...y creo en la vida del mundo futuro...donde nos enterarán de tantas cosas. Hasta entonces, con la debida distancia, me tomo muy en serio la ciencia y sus razones, que no son de fe, sino cuestiones científicas y razonables, siempre sujetas a ulteriores pruebas y descubrimientos, pero también abiertas a la comprensión desde la fe, que comparte con la ciencia, precisamente, la razonabilidad.

Creo y por eso mantengo lo que escribo. En el caso que comento, el escolástico lema "Fides quaerens intellectum" parece estar en crisis de postmodernidad por exceso - quién lo diria! - de (defectuosa) fe y escasez de (necesaria) razón. La distinción entre credulidad y creencia, entre ciencia y cientifismo, necesita una constante revisión, para que se mantegan los conceptos en su significado, sin tergiversaciones.

Pero esto sucede en los USA, esa extraña región "multicultural" donde casi todo puede tener su "parque temático".


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