Mario Bojórquez
(Los Mochis, Sinaloa, México, 1968)
LAUDO
Així com el jornpassatjamai no torna,
maimés no tornaràs a travessar, del mar,
aquestesaigües.
Antoni Marí
Así como el día pasado ya no vuelve
No volverás a ser el que elevada voz
Tundía bajo el soplo de almendras infinitas
Una canción de cuna para su propio pecho
No habrás de ser aquel
Que a la sombra de un álamo
Hendía el aire con notas dispersadas
En el sutil perfume de una tarde en el río
No serás ni los días regresarán a tu costa
Henchidos de obsequiosas memorias de lo oscuro
Solares de desmedida holganza
De quietudes perfectas
Así como el día pasado ya no vuelve
No volverás sobre tus propios pasos
A recorrer la senda abierta para ti
En el jardín que guarda tu memoria
Ni aun en despoblada fronda habrás de hollar
A ti debido el tránsito entre frutos de higo
De granadas, de flores a tus pies
Sólo eres hoy aquel que no querías
Eres el que no supo decir lo que deseaba
La codiciosa boca que el fruto no mastica
Que echa a perder, arpía, banquete y festival
Eres el insaciado que mira con envidia
La insoportable alegría de los otros
El que se duele hasta los huesos por la inocente risa
Se te nublan los ojos por la ira
Se te hinchan las manos de cruel remordimiento
Se emponzoña tu sangre
Qué hoguera, qué abandono
Qué miserable eres a orillas de la vida
Así como el día pasado ya no vuelve
No volverán en ti a urdir campanas
De fiesta en campos florecidos
Ni en tus manos dorará el trigo de las eras
Ni blanqueará su nieve en tu molino
Como si el universo se te hubiera cerrado
En una niebla espesa que te impide
Saber cuál es la grieta de la roca
Que habrá de ser la fuente donde bebas
Como si el universo en contra tuya
Inyectara en el aire aquel veneno
Que dobla tus rodillas
Así como no vuelve el día
A girar en sus goznes las horas ya pasadas
Y en lo alto su sol habrá de descender
Hasta perderse
Así te perderás
Así te perderás como se pierde
El perfume en el aire que siempre sopla fuerte
Te perderás de un modo tan terrible
Que ni a tus ojos podrás reconocer tu propia piel
Ni tus oídos escucharán tu voz
Como si fuera otro ese que habla en ti
Ni aun tu sangre
Responderá en el pálpito
Y la lengua pronunciará
Un idioma que hasta hoy te es desconocido.
Que no te aflija
Nada se pierde con perderte.
Te llamarás Amargo, en tus encías
Florecerá un jardín de arborescente sarro
Y en tu alta cabeza seborrea arrancará mechones
Cataratas de nieblas en tus ojos
Te llamarás Llagado sin afrenta
La viva piel que ulcera la tierra donde pisa
Te llamarás Sin fe
Y habrá otro tú
Edificado en pena
Que infectará en redondo
La lepra es justiciera
Habrá de distinguirte en el mercado
La turba dando voces
Anunciará que llegas
Que el tufo de tus ácidos
Se anticipó a la clara campanilla
Y para qué volver te has preguntado
Para qué y para qué
Y para qué volver
Si en el volver hubiera ramos de olor aguardando tu paso
Si en leves frondas cuajadas sí de frutos, de alegres floraciones, de luz concreta y ácida,
Y allá junto a las fuentes un ejército de náyades danzando para ti
Si volver en el agua, dúctil, ligero, fluente; si en el aire
Si volver despertara en ti al que eres, si te volvieras vuelta, giro, comienzo de ti mismo
Si volverte, si volver te fundara, volverías sin dudarlo
Aunque los días pasados no pasaran de nuevo.
**
Casida del odio
(Fragmento)
I
Todos tenemos una partícula de odio
un leve filamento dorando azul el día
en un oscuro lecho de magnolias.
II
Todos
tenemos una partícula de odio macerando sus jugos,
enmarcando su alegre floración,
su fruta lánguida.
¿Pero qué mares
ay, qué mares, qué abismos tempestuosos golpean
contra el pecho y en lugar de sonrisas abren garras colmillos?
Levanta el mar su enagua florecida, debajo de su piel va
creciendo una ola dispersada en su vacua intrepidez elástica.
Levanta el mar su odio y el estruendo se agita contra los muros
célibes del agua y atrás y más atrás viene otra ola, otro fermento,
otra forma secreta que el mar le da a su odio, se expande sábana
de espuma, se alza torre tachonada de urgencias; es monumento
en agua de la furia sin freno.
III
Todos tenemos
una partícula de odio
y cuando el hierro arde en los flancos marcados
y se siente el olor de la carne quemada
hay un grito tan hondo, una máscara en fuego
que incendia las palabras.
IV
Todos tenemos una
partícula de odio.
Y nuestros corazones
que fueron hechos para albergar amor
retuercen hoy los músculos, bombean
los jugos desesperados de la ira.
Y nuestros corazones
otro tiempo tan plenos
contraen cada fibra
y explotan.
V
Todos tenemos una partícula
de odio
un alto fuego quemándonos por dentro
una pica letal que horada nuestros órganos.
Sí, porque donde antes hubo
sangre caliente, floraciones de huesos explosivos,
médula sin carcoma,
empecinadamente, tercamente,
nos va creciendo el odio con su lengua escaldada
por el vinagre atroz del sinsentido.
Mostrando entradas con la etiqueta en la superficie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta en la superficie. Mostrar todas las entradas
jueves, 22 de marzo de 2018
jueves, 8 de marzo de 2018
Óiganme mujeres que en la noche, las amo
ELENA ANNÍBALI
(Oncativo, Córdoba, Argentina, 1978)
Hacia el 8M
Oigan, mujeres de las casillas, oigan
mujeres de la ruta, de los tinglados
y de los galpones, óiganme, mujeres
que hacen pastar al ganado y se queman al sol
como culebras, óiganme, las amo y las he amado,
siempre. Maternando en los colectivos, dando
oscura, agria leche, o tibia y dulce, las he visto
cubiertas de asfódelos, en mi memoria, aún
las afantasmadas, las idas, las difíciles figuras perdidas
en la noche del tiempo. He paseado
con ustedes, en trenes, las he visto
correr bajo la lluvia en altos tacones rojos, martirizadas
en la ardiente cocina del patrón, golpeadas, tiradas
en las banquinas, moliendo maíz, o sacando el piojo
al perro, al niño, al mono, sin muecas de asco
o de rencor hirviendo la carne, la sopa,
los trapos infectos de los enfermos, o quemando azúcar
ante el muerto o la tripa del hijo, o la mierda del ajeno.
Las he visto en las alcantarillas. Mi ciudad es una cartografía
del horror, el campo es una cartografía del horror, las casas,
las piezas, los puertos, los ríos, las fábricas, las iglesias son
una cartografía del horror. Nos hemos acostumbrado?
Nos da pereza? No nos importa verlas secas, heridas, marcadas,
perdiéndose, los ojos vueltos hacia adentro, los puños
apretados, la flor de la mansedumbre y la resignación,
incubado por siglos el huevo de la vergüenza y la rabia ha parido
mujeres muertas. Pero yo en trenes, óiganme, en casillas,
óiganme, mujeres de los barrios altos, en los hornos, manejando
camiones, arando el campo, barriendo suelos ajenos en
hospitales, óiganme mujeres que en la noche, las amo
y las he amado. Aún tocadas por la codicia, el espanto,
la guerra, óiganme mujeres, soy la hermana que también,
sí, no sé por qué o cómo, sí, también, se me tuerce la boca,
saben? Sí, yo también he sido el cuerpo donde ha caído la mano
equivocada, el palo, la humillación, la tensada cuerda del
desprecio. También he sido aquella vez en que me ahogaron,
ahogándome, quitándome del medio la palabra, el uso
del aire, la respiración cortada, el cuerpo una interrogación,
una oscuridad, un corte, también he sido lo que todas nosotras,
una noche, o un día, algún día, hermanas mías. Las amo
y las he amado. Yo he sido todas, he sido
yo, óiganme, mujeres del aire, de las casillas, de las rutas,
golpeándome las costillas, hemos sido todas una, invencibles,
unidas invisiblemente como las majadas por el trueno,
corriendo, de aquí para allá, haciendo dulzura, comida, lavando
hijos, trastos, hemos sido la fuerza de este mundo, la rotura
ardiente de nosotras echando vida. Qué mal nos harán, hermanas?
Qué mal nos harán. Somos
un solo cuerpo vibrando.
Estamos a salvo.
Las amo, las he amado.
Tomado de su facebook
(Oncativo, Córdoba, Argentina, 1978)
Hacia el 8M
Oigan, mujeres de las casillas, oigan
mujeres de la ruta, de los tinglados
y de los galpones, óiganme, mujeres
que hacen pastar al ganado y se queman al sol
como culebras, óiganme, las amo y las he amado,
siempre. Maternando en los colectivos, dando
oscura, agria leche, o tibia y dulce, las he visto
cubiertas de asfódelos, en mi memoria, aún
las afantasmadas, las idas, las difíciles figuras perdidas
en la noche del tiempo. He paseado
con ustedes, en trenes, las he visto
correr bajo la lluvia en altos tacones rojos, martirizadas
en la ardiente cocina del patrón, golpeadas, tiradas
en las banquinas, moliendo maíz, o sacando el piojo
al perro, al niño, al mono, sin muecas de asco
o de rencor hirviendo la carne, la sopa,
los trapos infectos de los enfermos, o quemando azúcar
ante el muerto o la tripa del hijo, o la mierda del ajeno.
Las he visto en las alcantarillas. Mi ciudad es una cartografía
del horror, el campo es una cartografía del horror, las casas,
las piezas, los puertos, los ríos, las fábricas, las iglesias son
una cartografía del horror. Nos hemos acostumbrado?
Nos da pereza? No nos importa verlas secas, heridas, marcadas,
perdiéndose, los ojos vueltos hacia adentro, los puños
apretados, la flor de la mansedumbre y la resignación,
incubado por siglos el huevo de la vergüenza y la rabia ha parido
mujeres muertas. Pero yo en trenes, óiganme, en casillas,
óiganme, mujeres de los barrios altos, en los hornos, manejando
camiones, arando el campo, barriendo suelos ajenos en
hospitales, óiganme mujeres que en la noche, las amo
y las he amado. Aún tocadas por la codicia, el espanto,
la guerra, óiganme mujeres, soy la hermana que también,
sí, no sé por qué o cómo, sí, también, se me tuerce la boca,
saben? Sí, yo también he sido el cuerpo donde ha caído la mano
equivocada, el palo, la humillación, la tensada cuerda del
desprecio. También he sido aquella vez en que me ahogaron,
ahogándome, quitándome del medio la palabra, el uso
del aire, la respiración cortada, el cuerpo una interrogación,
una oscuridad, un corte, también he sido lo que todas nosotras,
una noche, o un día, algún día, hermanas mías. Las amo
y las he amado. Yo he sido todas, he sido
yo, óiganme, mujeres del aire, de las casillas, de las rutas,
golpeándome las costillas, hemos sido todas una, invencibles,
unidas invisiblemente como las majadas por el trueno,
corriendo, de aquí para allá, haciendo dulzura, comida, lavando
hijos, trastos, hemos sido la fuerza de este mundo, la rotura
ardiente de nosotras echando vida. Qué mal nos harán, hermanas?
Qué mal nos harán. Somos
un solo cuerpo vibrando.
Estamos a salvo.
Las amo, las he amado.
Tomado de su facebook
lunes, 20 de noviembre de 2017
Insignificancias, rastros de un grito viejo
ELENA ANNÍBALI
(Oncativo, Córdoba, Argentina, 1978)
Se deshace, en agua, la niebla
¿así, mi palabra?
¿así la boca desdentada
la antigua boca oscura
hacia donde toda lumbre de mí
apunta?
lumbre, ramita prendida,
palito de estrella
para el río hormigueante
de la noche?
¿te alcanzó el cuerpo, el grito,
los faros del auto,
el conocimiento de la sangre y los caminos
para entrar a la cueva y decir
Aquí el hombre
Aquí la mano del hombre
Aquí el desespero de ver?
¿entraste?
chiquito, agachado, siendo
de a ratos
mono ángel lagarto
pero
entraste?
te esperaban tus muertos
tu Eurídice
los carteles equívocos
el seco parloteo de tus sueños?
tus sueños
con su encendida serpiente
con las ruinas del dios de tus ideas
el pasto quemado, la leche
del tiempo derramado
en el azul del azul?
pero
entraste?
como si nada, empuñando
por toda llave la niebla
la ceguera, corrompido porque
el habla precede al habla en la mentira
el engaño?
qué ha sido la poesía sino
una larga pregunta, desgarro?
nacemos a ella como la húmeda cría para las hambres
del tigre
insignificancias, rastros de un grito viejo,
eco de las luces que emanan
los pantanos
¿y qué viste allí, más
que el contorno del cuerpo
viniendo de la noche
a la noche?
cuerpo solito, imperfección
de la imagen
gólem
no se puede abrir una puerta
no se puede abrir una ventana
sin pagar el precio
**
[ …AHÍ LES DEJO ESO… ]
Ahí les dejo eso, porque hay que soltar, dicen
el oscuro trapo de la dicha
ir hacia dónde, mirar, perder,
ser perdido, olvidado,
traicionado, a veces
sí
también
morder la pena
esta casa, verás, estuvo llena de fe
la llenaron de ruido las palomas
sentó sus manos la virgencita celeste
a veces
me dijo cosas o yo
le dije, pidiéndole, no sé
naderías
me fue dado, a veces, sí, también,
el mendrugo del alma, y todo
pareció estar bien
sonreír
ser fresco
pero después, ah, el después
no viene con constancia la dicha
es un pez pequeñísimo de mil ojos, la dicha,
y nada el mar
lo nada, y sabe, y mira mira mira
tu sola mano ansiosa y pobrecita
buscándolo y buscándolo
en la azul eternidad del tiempo
verás al pececito una vez, dos veces,
su iridiscente reflejo, su ser pez entre
los peces, lo verás ir
aquí para allá, comer
las mariposas, llenarse los mil ojos
de sol, romper
el duro y salado oleaje
muy a veces, en sueños, su rosada carne
su pacífica carne
aleteará cerca de tu corazón
pero luego llegará la fiebre
la podredumbre de la fiebre
y el después del después
y tendrás la sed, la sed que no sacia el agüita salada
del mar interminable
tendrás la gran sed
la fiebre
(De Curva de remanso, caballo negro editora, 2017)
(Oncativo, Córdoba, Argentina, 1978)
Se deshace, en agua, la niebla
¿así, mi palabra?
¿así la boca desdentada
la antigua boca oscura
hacia donde toda lumbre de mí
apunta?
lumbre, ramita prendida,
palito de estrella
para el río hormigueante
de la noche?
¿te alcanzó el cuerpo, el grito,
los faros del auto,
el conocimiento de la sangre y los caminos
para entrar a la cueva y decir
Aquí el hombre
Aquí la mano del hombre
Aquí el desespero de ver?
¿entraste?
chiquito, agachado, siendo
de a ratos
mono ángel lagarto
pero
entraste?
te esperaban tus muertos
tu Eurídice
los carteles equívocos
el seco parloteo de tus sueños?
tus sueños
con su encendida serpiente
con las ruinas del dios de tus ideas
el pasto quemado, la leche
del tiempo derramado
en el azul del azul?
pero
entraste?
como si nada, empuñando
por toda llave la niebla
la ceguera, corrompido porque
el habla precede al habla en la mentira
el engaño?
qué ha sido la poesía sino
una larga pregunta, desgarro?
nacemos a ella como la húmeda cría para las hambres
del tigre
insignificancias, rastros de un grito viejo,
eco de las luces que emanan
los pantanos
¿y qué viste allí, más
que el contorno del cuerpo
viniendo de la noche
a la noche?
cuerpo solito, imperfección
de la imagen
gólem
no se puede abrir una puerta
no se puede abrir una ventana
sin pagar el precio
**
[ …AHÍ LES DEJO ESO… ]
Ahí les dejo eso, porque hay que soltar, dicen
el oscuro trapo de la dicha
ir hacia dónde, mirar, perder,
ser perdido, olvidado,
traicionado, a veces
sí
también
morder la pena
esta casa, verás, estuvo llena de fe
la llenaron de ruido las palomas
sentó sus manos la virgencita celeste
a veces
me dijo cosas o yo
le dije, pidiéndole, no sé
naderías
me fue dado, a veces, sí, también,
el mendrugo del alma, y todo
pareció estar bien
sonreír
ser fresco
pero después, ah, el después
no viene con constancia la dicha
es un pez pequeñísimo de mil ojos, la dicha,
y nada el mar
lo nada, y sabe, y mira mira mira
tu sola mano ansiosa y pobrecita
buscándolo y buscándolo
en la azul eternidad del tiempo
verás al pececito una vez, dos veces,
su iridiscente reflejo, su ser pez entre
los peces, lo verás ir
aquí para allá, comer
las mariposas, llenarse los mil ojos
de sol, romper
el duro y salado oleaje
muy a veces, en sueños, su rosada carne
su pacífica carne
aleteará cerca de tu corazón
pero luego llegará la fiebre
la podredumbre de la fiebre
y el después del después
y tendrás la sed, la sed que no sacia el agüita salada
del mar interminable
tendrás la gran sed
la fiebre
(De Curva de remanso, caballo negro editora, 2017)
martes, 7 de noviembre de 2017
Total los pies son iguales a la cabeza
Cinzia Marulli
(Roma, Italia, 1965)
Los pies
Necesitamos un poco de tinta
para manchar este blanco
un pincel de negro para cubrir
la apariencia, podríamos usar
también un betún para calzado
que se seca siempre porque nadie lo usa.
Total los pies son iguales a la cabeza
con los dos se pueden hacer muchos viajes
sólo que los pies andan despacio, hacen pasos lentos,
la cabeza, en cambio, corre veloz
allí donde nadie puede llegar.
**
Relato
Subí a la montaña más alta
porque quería volar
el viento estaba suave y debajo de mí las tierras salvajes
me esperaban ‒verdes y grávidas
me puse al borde del precipicio
esperando que me crecieran las alas
estuve allí
hasta que el pelo se me puso blanco
pero las alas no habían crecido aún
luego dejé de esperar
y me lancé al vacío con los brazos abiertos
y los ojos cerrados
en ese momento todos mis sueños se estremecieron
alarmados se esforzaron mucho
se transformaron ellos mismos en alas
y me llevaron lejos hasta rozar las briznas
de las hierbas
luego se fueron haciéndome caer
al centro del gran lago.
El agua me acogió trasparente y virgen
y en ella lavé mi dolor.
Versiones de Emilio Coco.
(Roma, Italia, 1965)
Los pies
Necesitamos un poco de tinta
para manchar este blanco
un pincel de negro para cubrir
la apariencia, podríamos usar
también un betún para calzado
que se seca siempre porque nadie lo usa.
Total los pies son iguales a la cabeza
con los dos se pueden hacer muchos viajes
sólo que los pies andan despacio, hacen pasos lentos,
la cabeza, en cambio, corre veloz
allí donde nadie puede llegar.
**
Relato
Subí a la montaña más alta
porque quería volar
el viento estaba suave y debajo de mí las tierras salvajes
me esperaban ‒verdes y grávidas
me puse al borde del precipicio
esperando que me crecieran las alas
estuve allí
hasta que el pelo se me puso blanco
pero las alas no habían crecido aún
luego dejé de esperar
y me lancé al vacío con los brazos abiertos
y los ojos cerrados
en ese momento todos mis sueños se estremecieron
alarmados se esforzaron mucho
se transformaron ellos mismos en alas
y me llevaron lejos hasta rozar las briznas
de las hierbas
luego se fueron haciéndome caer
al centro del gran lago.
El agua me acogió trasparente y virgen
y en ella lavé mi dolor.
Versiones de Emilio Coco.
martes, 27 de diciembre de 2016
Tic de luz
DANIEL FREIDEMBERG
(Resistencia, Chaco, Argentina, 1945)
ABRIL
Acá la noche. La
……hilera de luces
de la avenida, atrás,
y acá, ahora, alta, en la
noche, una estrella.
………….¿La misma?
No sé: una es-
trella, al-
go ahí, en
………lo alto
del mundo, en
el mundo,
que brilla,
como si
fuera a irse,
o no alcanzara
del todo a llegar.
Ni la palabra
ni el recuerdo:
una estrella,
tic de luz
puesto, vaya a
saber por
quién o qué, a brillar
sobre lo negro del presente,
y acá el presente, con
estrella y todo.
Estrella y
todo:
un gran
telón de escombros
se arrumba al fondo:
ni un comienzo ni un fin.
Miro esa luz que
la palabra “estrella” no toca.
**
Abril (XIX)
¿La lírica?, eso que
llaman “yo”,
tomarlo
y arrojarlo a los perros.
**
Abril (XVII)
Poesía para con-
mover? Hipó-
crita lector, lo
toma o lo
deja, el destino
ladra en
el horizonte
abandonado.
Eso que ardió en
la pira de
las palabras
no ardió, no
pasó nada,
pero ardió.
Ahora vengan
y digan lo que
corresponda,
ladra el destino en
el horizonte, las
horas y los años pasan
en ese o en
otro horizonte, y
se van, como
se van yendo
las palabras. Ardió.
De Abril (Barnacle Libros, 2016)
(Resistencia, Chaco, Argentina, 1945)
ABRIL
Acá la noche. La
……hilera de luces
de la avenida, atrás,
y acá, ahora, alta, en la
noche, una estrella.
………….¿La misma?
No sé: una es-
trella, al-
go ahí, en
………lo alto
del mundo, en
el mundo,
que brilla,
como si
fuera a irse,
o no alcanzara
del todo a llegar.
Ni la palabra
ni el recuerdo:
una estrella,
tic de luz
puesto, vaya a
saber por
quién o qué, a brillar
sobre lo negro del presente,
y acá el presente, con
estrella y todo.
Estrella y
todo:
un gran
telón de escombros
se arrumba al fondo:
ni un comienzo ni un fin.
Miro esa luz que
la palabra “estrella” no toca.
**
Abril (XIX)
¿La lírica?, eso que
llaman “yo”,
tomarlo
y arrojarlo a los perros.
**
Abril (XVII)
Poesía para con-
mover? Hipó-
crita lector, lo
toma o lo
deja, el destino
ladra en
el horizonte
abandonado.
Eso que ardió en
la pira de
las palabras
no ardió, no
pasó nada,
pero ardió.
Ahora vengan
y digan lo que
corresponda,
ladra el destino en
el horizonte, las
horas y los años pasan
en ese o en
otro horizonte, y
se van, como
se van yendo
las palabras. Ardió.
De Abril (Barnacle Libros, 2016)
jueves, 3 de noviembre de 2016
Las manos del amor sostienen secretamente la brida
Algernon Charles Swinburne
(Inglaterra, 1837-1909)
Antes del ocaso
Antes que la noche se abrace a la tierra
la luz crepuscular del amor declina en el cielo.
Antes que al miedo le sea posible sentir temblores o escalofríos,
la luz crepuscular del amor declina en el cielo.
Cuando el insaciable corazón murmura entre lamentos
"o es demasiado o es poco",
y la boca sedienta tardíamente se abstiene.
Blandas, deslizándose por el cuello de cada amante,
las manos del amor sostienen secretamente la brida;
y mientras buscamos en él la señal esperada,
su luz crepuscular declina en el cielo.
Versión de Armando Roa
**
El jardín de Proserpina
Aquí, donde el mundo está en calma,
Aquí, donde toda tribulación es un
Tumulto de vientos muertos y olas agotadas,
En un dudoso sueño de sueños,
Veo crecer los campos verdes,
Entre sembradores y cosechadores,
Entre la cosecha y la siega,
Un mundo de arroyos perezosos.
Estoy cansado de risas y lágrimas,
Y de los hombres que lloran y ríen,
Del futuro del sembrador y su cosecha.
Estoy cansado de los días y las horas,
De trémulos capullos entre flores estériles,
De deseos y ensueños de gloria,
Y de todo, excepto el Sueño.
Aquí, la Vida es vecina de la Muerte,
Lejos del oído y la vista
Se afanan las olas pálidas y los húmedos vientos;
Giran los débiles barcos y los espíritus,
Vagan errando con la marea,
Sin saber hacia dónde se dirigen sus pasos.
Aquí, esos vientos no soplan,
Y aquí, no crecen esas cosas.
Aquí, no crecen hierbas ni malezas,
Flores de brezo o vides;
Sino estériles brotes de amapola,
Verdes racimos de Proserpina,
Blancas vasijas de ondulantes juncos.
Aquí nada florece o colorea,
Excepto esta flor,
De la que Ella extrae para los hombres
Un néctar mortal.
Aunque uno tuviese la fuerza de siete,
También conocerá la Muerte;
No despertará con alas en el Cielo,
Ni lamentará las penas del Infierno.
Aunque fuera hermoso como las rosas,
Su belleza se nublará y decaerá;
Y por más que en el Amor descanse,
Su fin no será bueno jamás.
Pálida, detrás de atrios y pórticos,
Coronada de tranquilas hojas,
Allí está quien recoge los frutos mortales,
Con sus manos blancas e inmortales;
Sus labios son más dulces
que los del Amor, que le temen;
Más dulces para esos hombres que se confunden,
Y llegan cansados de muchas épocas y tierras.
Ella cuida de uno y de otro,
Cuida de todos los mortales,
Y olvida la Tierra, su madre;
Y la vida de los frutos y los vegetales,
Y la primavera y los granos,
Y las golondrinas que se alejan y la siguen,
Allí dónde los cantos helados suenan en falso
Y las flores son despreciadas.
Allí van los amores marchitos,
Los viejos amores con sus alas cansadas;
Y todos los años muertos,
y todos los desastres;
Sueños deshechos de días olvidados,
Ciegos capullos que la nieve ha arrancado,
Hojas secas que el viento se ha llevado,
Rojos peregrinos de fuentes arruinadas.
No estamos seguros de la tristeza,
Y la alegría nunca fue segura;
El hoy morirá mañana,
Y el Tiempo no oye ningún llamado;
Y el Amor, débil e indolente,
Suspira con labios arrepentidos,
Llorando la brevedad de los amores
Con los ojos del Olvido.
Por excesivo amor a la vida,
Por la esperanza y el temor liberados,
Brevemente agradecemos a los dioses,
Sin importar quiénes sean,
Que la vida no sea eterna,
Que nunca los muertos se levanten,
Que hasta el río más perezoso
Llegue en sus giros al reposo del mar.
Porque entonces las estrellas no nos despertarán,
Ni el sol con sus resplandores de luz;
Ni el murmullo de las aguas inquietas,
Ningún sonido y ninguna visión,
Ni hojas estivales ni hojas invernales,
Ni días ni cosas diurnas;
Sólo un eterno sueño,
En una eterna noche.
Versión sin datos
(Inglaterra, 1837-1909)
Antes del ocaso
Antes que la noche se abrace a la tierra
la luz crepuscular del amor declina en el cielo.
Antes que al miedo le sea posible sentir temblores o escalofríos,
la luz crepuscular del amor declina en el cielo.
Cuando el insaciable corazón murmura entre lamentos
"o es demasiado o es poco",
y la boca sedienta tardíamente se abstiene.
Blandas, deslizándose por el cuello de cada amante,
las manos del amor sostienen secretamente la brida;
y mientras buscamos en él la señal esperada,
su luz crepuscular declina en el cielo.
Versión de Armando Roa
**
El jardín de Proserpina
Aquí, donde el mundo está en calma,
Aquí, donde toda tribulación es un
Tumulto de vientos muertos y olas agotadas,
En un dudoso sueño de sueños,
Veo crecer los campos verdes,
Entre sembradores y cosechadores,
Entre la cosecha y la siega,
Un mundo de arroyos perezosos.
Estoy cansado de risas y lágrimas,
Y de los hombres que lloran y ríen,
Del futuro del sembrador y su cosecha.
Estoy cansado de los días y las horas,
De trémulos capullos entre flores estériles,
De deseos y ensueños de gloria,
Y de todo, excepto el Sueño.
Aquí, la Vida es vecina de la Muerte,
Lejos del oído y la vista
Se afanan las olas pálidas y los húmedos vientos;
Giran los débiles barcos y los espíritus,
Vagan errando con la marea,
Sin saber hacia dónde se dirigen sus pasos.
Aquí, esos vientos no soplan,
Y aquí, no crecen esas cosas.
Aquí, no crecen hierbas ni malezas,
Flores de brezo o vides;
Sino estériles brotes de amapola,
Verdes racimos de Proserpina,
Blancas vasijas de ondulantes juncos.
Aquí nada florece o colorea,
Excepto esta flor,
De la que Ella extrae para los hombres
Un néctar mortal.
Aunque uno tuviese la fuerza de siete,
También conocerá la Muerte;
No despertará con alas en el Cielo,
Ni lamentará las penas del Infierno.
Aunque fuera hermoso como las rosas,
Su belleza se nublará y decaerá;
Y por más que en el Amor descanse,
Su fin no será bueno jamás.
Pálida, detrás de atrios y pórticos,
Coronada de tranquilas hojas,
Allí está quien recoge los frutos mortales,
Con sus manos blancas e inmortales;
Sus labios son más dulces
que los del Amor, que le temen;
Más dulces para esos hombres que se confunden,
Y llegan cansados de muchas épocas y tierras.
Ella cuida de uno y de otro,
Cuida de todos los mortales,
Y olvida la Tierra, su madre;
Y la vida de los frutos y los vegetales,
Y la primavera y los granos,
Y las golondrinas que se alejan y la siguen,
Allí dónde los cantos helados suenan en falso
Y las flores son despreciadas.
Allí van los amores marchitos,
Los viejos amores con sus alas cansadas;
Y todos los años muertos,
y todos los desastres;
Sueños deshechos de días olvidados,
Ciegos capullos que la nieve ha arrancado,
Hojas secas que el viento se ha llevado,
Rojos peregrinos de fuentes arruinadas.
No estamos seguros de la tristeza,
Y la alegría nunca fue segura;
El hoy morirá mañana,
Y el Tiempo no oye ningún llamado;
Y el Amor, débil e indolente,
Suspira con labios arrepentidos,
Llorando la brevedad de los amores
Con los ojos del Olvido.
Por excesivo amor a la vida,
Por la esperanza y el temor liberados,
Brevemente agradecemos a los dioses,
Sin importar quiénes sean,
Que la vida no sea eterna,
Que nunca los muertos se levanten,
Que hasta el río más perezoso
Llegue en sus giros al reposo del mar.
Porque entonces las estrellas no nos despertarán,
Ni el sol con sus resplandores de luz;
Ni el murmullo de las aguas inquietas,
Ningún sonido y ninguna visión,
Ni hojas estivales ni hojas invernales,
Ni días ni cosas diurnas;
Sólo un eterno sueño,
En una eterna noche.
Versión sin datos
lunes, 19 de septiembre de 2016
Porque es así: hoy se come
Matteo Fantuzzi
(Castel San Pietro Terme, Bologna, 1979: Reside en Lugo di Romaña, en la provincia de Ravenna, Italia)
El lechero de via degli Ori
cerró en 1938
para huir a Francia
donde tenía parientes.
Durante años sobre la vidriera
quedó en barniz el letrero
leche hebrea
Y yo era un niño
sin una idea precisa
de lo que estaba ocurriendo:
creía que se trataba sólo de un sabor,
como el granizado de naranja.
Un día se la pedí
A mi abuelo para merendar.
Él me dejó la marca de los dedos en la cara.
**
Todos esos campos – esas flores –
blanquísimos. Esos campos,
esas flores, tú que estás
durmiendo. Blanquísimos.
© Traducción: Verónica Aranda
**
Precariedad
Y ya no sabes qué otra cosa esperar
de este pueblito en medio de montañas
que se despuebla, donde la gente envejece
y no hace hijos. Y tú que eres el sepulturero del lugar
como tu padre y el padre de tu padre
(y no quieres, no puedes)
te preguntas cómo sería mejor: que se murieran
todos de un solo golpe para cerrar la tienda,
o bien uno a la vez, gota por gota, vivir de privaciones,
pero seguir andando mientras tanto, y resistir.
Y sobrevives en esta perspectiva de precario,
de quien trabaja a plazo, se pega al calendario,
y al mismo tiempo vibras y te alegras
cuando escuchas una ambulancia,
porque es así: hoy se come,
pero mientras, no tienes un cliente más,
es solo un arrebato
que sigue y lleva al abismo, y te aniquila.
Versión de Chiara de Luca
© Matteo Fantuzzi
(Castel San Pietro Terme, Bologna, 1979: Reside en Lugo di Romaña, en la provincia de Ravenna, Italia)
El lechero de via degli Ori
cerró en 1938
para huir a Francia
donde tenía parientes.
Durante años sobre la vidriera
quedó en barniz el letrero
leche hebrea
Y yo era un niño
sin una idea precisa
de lo que estaba ocurriendo:
creía que se trataba sólo de un sabor,
como el granizado de naranja.
Un día se la pedí
A mi abuelo para merendar.
Él me dejó la marca de los dedos en la cara.
**
Todos esos campos – esas flores –
blanquísimos. Esos campos,
esas flores, tú que estás
durmiendo. Blanquísimos.
© Traducción: Verónica Aranda
**
Precariedad
Y ya no sabes qué otra cosa esperar
de este pueblito en medio de montañas
que se despuebla, donde la gente envejece
y no hace hijos. Y tú que eres el sepulturero del lugar
como tu padre y el padre de tu padre
(y no quieres, no puedes)
te preguntas cómo sería mejor: que se murieran
todos de un solo golpe para cerrar la tienda,
o bien uno a la vez, gota por gota, vivir de privaciones,
pero seguir andando mientras tanto, y resistir.
Y sobrevives en esta perspectiva de precario,
de quien trabaja a plazo, se pega al calendario,
y al mismo tiempo vibras y te alegras
cuando escuchas una ambulancia,
porque es así: hoy se come,
pero mientras, no tienes un cliente más,
es solo un arrebato
que sigue y lleva al abismo, y te aniquila.
Versión de Chiara de Luca
© Matteo Fantuzzi
miércoles, 14 de septiembre de 2016
Te abrazaré durante diecinueve años
ANA ARZOUMANIAN
(Buenos Aires, Argentina, 1962)
Mía
Cortar por lo sano. El espéculo, las maniobras y las agujas de tejer. O del tallo grueso la
mecánica de las campesinas en los matorrales. Entre los yuyos, la insistencia del ahuecarse.
Y el volver con las polleras manchadas, el regadero por el pasto y los ritos de la
caza mayor.
El espéculo, los tejidos y el instrumental. Cortar por lo sano. Lo sano de mi garganta
cuando me hago cantante de ópera, me gasto la voz. Separan del agua la sangre, la
cabeza, las piernitas; las manos con sus cinco dedos. Cada mano tiene cinco dedos;
dos pies, cinco dedos en cada pie; dos brazos. Separan del agua, buscan. Yo canto el
Stabat Mater por la radio del campo y ella mezcla, mete las manos en el baño y busca.
Retorcida, busca las patitas, la cabeza, los cinco dedos.
El, escucha música, me tira al piso, me levanta los brazos. A él que le gustan los violines,
el piano; me tira del pelo para atrás, apoya los codos. El que se ve sangre me dice qué
es esto, por qué no me avisaste.
El que apoya los codos me deja mechones en el piso; los pelos, la cacería y el trofeo. Yo
le digo que no sabía, que no es nada, que pasó; y él corta, corta y sangra, por la herida.
**
De Juana I
(Fragmento)
Envenenado. ¿O habrás muerto por haber bebido agua helada
cuando te subió la fiebre? Te abrazaré durante diecinueve años.
Prepararé especias y aceites perfumados, postergaré lo inevitable.
Mirra pura molida, canela. Una pequeña hoz corta la piel sobre el
esternón, unos golpes de mazo de madera sobre el cuchillo, como de
latonero. Levantan el hueso del pecho; te buscan la raíz de la lengua.
No por la boca. Por el esófago. Sacan la lengua por el esófago. Te
abrazo, grito: lo que yo necesito mi lengua tu boca tu lengua.
Yo estoy desesperado desto.
Incisiones en los brazos, las piernas y los muslos para que
penetre el tomillo, la flor de lirio, la canela. Cosen con costura de
pellejero, y luego pintan con acacia. Treinta kilogramos de mirra y
aloe y una piedra de ágata para pulir.
La Católica Reyna echa una resina de olíbano sobre un pedazo
de carbón encendido. Supura y cristaliza; huele.
Deseo más que ninguno bolver a Flandes.
Están tus dedos, y tu mano; están tu cuello y tus hombros.
Estás para siempre, tan quieto. Mientras, te crecen las uñas. Comerte
esas uñas que van creciendo.
Tus dedos están ahí, pero es acá adentro donde se mueven;
cálidos, dibujan lunas, soles, elementos circulares. Tus dedos
moviéndose. Tengo una caja llena. Las reliquias de la corona; los
cabellos de Cristo y de la Virgen, miles de huesos de distintas partes
de cuerpos santos. Mi caja llena de un sudor dulce. Una colección
de cuernos de rinocerontes, cornamentas.
No iré a misa. En los monasterios, en las criptas, saquearán mi
caja llena. En esta caja donde te crecen las uñas. Donde te como las
uñas mientras te miro, mientras viajo hacia la capilla real de
Granada. Viajo abrazada con tus dedos rozándome la primerísima
cuna.
Disponen una venda con un lienzo de seis centímetros de
ancho. Sin embargo, no podrán vendarte aquí adentro donde estás.
Acá, no entran vendas.
Yo estoy desesperado desto
Sahumar en incienso. El tercer, el séptimo, el trigésimo día.
Desengancho los alfileres de hierro que sostienen el velo para que
vengas desnudo. Desnudo el ombligo. A la altura de la pelvis, en
columnas de espesor, hacia abajo; agua dura. Visos, ondulaciones
que tienen las piedras, las maderas. Siento el latido del agua, su
lecho vibra de azul río hasta mi vientre. Erguido, al mar, volcarte
agua.
Debajo del hielo, Alteza, hay agua líquida.
(Buenos Aires, Argentina, 1962)
Mía
Cortar por lo sano. El espéculo, las maniobras y las agujas de tejer. O del tallo grueso la
mecánica de las campesinas en los matorrales. Entre los yuyos, la insistencia del ahuecarse.
Y el volver con las polleras manchadas, el regadero por el pasto y los ritos de la
caza mayor.
El espéculo, los tejidos y el instrumental. Cortar por lo sano. Lo sano de mi garganta
cuando me hago cantante de ópera, me gasto la voz. Separan del agua la sangre, la
cabeza, las piernitas; las manos con sus cinco dedos. Cada mano tiene cinco dedos;
dos pies, cinco dedos en cada pie; dos brazos. Separan del agua, buscan. Yo canto el
Stabat Mater por la radio del campo y ella mezcla, mete las manos en el baño y busca.
Retorcida, busca las patitas, la cabeza, los cinco dedos.
El, escucha música, me tira al piso, me levanta los brazos. A él que le gustan los violines,
el piano; me tira del pelo para atrás, apoya los codos. El que se ve sangre me dice qué
es esto, por qué no me avisaste.
El que apoya los codos me deja mechones en el piso; los pelos, la cacería y el trofeo. Yo
le digo que no sabía, que no es nada, que pasó; y él corta, corta y sangra, por la herida.
**
De Juana I
(Fragmento)
cuando te subió la fiebre? Te abrazaré durante diecinueve años.
Prepararé especias y aceites perfumados, postergaré lo inevitable.
Mirra pura molida, canela. Una pequeña hoz corta la piel sobre el
esternón, unos golpes de mazo de madera sobre el cuchillo, como de
latonero. Levantan el hueso del pecho; te buscan la raíz de la lengua.
No por la boca. Por el esófago. Sacan la lengua por el esófago. Te
abrazo, grito: lo que yo necesito mi lengua tu boca tu lengua.
Yo estoy desesperado desto.
Incisiones en los brazos, las piernas y los muslos para que
penetre el tomillo, la flor de lirio, la canela. Cosen con costura de
pellejero, y luego pintan con acacia. Treinta kilogramos de mirra y
aloe y una piedra de ágata para pulir.
La Católica Reyna echa una resina de olíbano sobre un pedazo
de carbón encendido. Supura y cristaliza; huele.
Deseo más que ninguno bolver a Flandes.
Están tus dedos, y tu mano; están tu cuello y tus hombros.
Estás para siempre, tan quieto. Mientras, te crecen las uñas. Comerte
esas uñas que van creciendo.
Tus dedos están ahí, pero es acá adentro donde se mueven;
cálidos, dibujan lunas, soles, elementos circulares. Tus dedos
moviéndose. Tengo una caja llena. Las reliquias de la corona; los
cabellos de Cristo y de la Virgen, miles de huesos de distintas partes
de cuerpos santos. Mi caja llena de un sudor dulce. Una colección
de cuernos de rinocerontes, cornamentas.
No iré a misa. En los monasterios, en las criptas, saquearán mi
caja llena. En esta caja donde te crecen las uñas. Donde te como las
uñas mientras te miro, mientras viajo hacia la capilla real de
Granada. Viajo abrazada con tus dedos rozándome la primerísima
cuna.
Disponen una venda con un lienzo de seis centímetros de
ancho. Sin embargo, no podrán vendarte aquí adentro donde estás.
Acá, no entran vendas.
Yo estoy desesperado desto
Sahumar en incienso. El tercer, el séptimo, el trigésimo día.
Desengancho los alfileres de hierro que sostienen el velo para que
vengas desnudo. Desnudo el ombligo. A la altura de la pelvis, en
columnas de espesor, hacia abajo; agua dura. Visos, ondulaciones
que tienen las piedras, las maderas. Siento el latido del agua, su
lecho vibra de azul río hasta mi vientre. Erguido, al mar, volcarte
agua.
Debajo del hielo, Alteza, hay agua líquida.
martes, 23 de agosto de 2016
Me dejo adorar
Griselda García
(Buenos Aires, Argentina, 1979)
El iluminador
Quedó bajo un haz cruel.
Dejate mirar, dije
yo también tengo la manía
del ojo que nunca se apaga.
A veces a una le toca iniciar
aunque el tiempo sea poco
toma un montón de arcilla
lo moldea en forma de hombre.
Fija la nueva geografía.
***
EL DIQUE
En las últimas vacaciones Papá
construyó un dique en el río.
Le llevó toda la mañana.
Cuando terminó, el sol
había bronceado su espalda.
El agua nos llegaba a los tobillos
nos metíamos en zapatillas
para que los pies no dolieran.
En ese mismo río esparcimos
sus cenizas pocos años después.
Mamá llevó flores y una botella de vino.
No había nadie ese día
solo un hombre acostado en la arena
que al ver la botella gritó de satisfacción.
A Papá le hubiera gustado, pensé
y entrando al agua rompí el dique.
De Ahora, Ediciones del Dock, Colección Pez Náufrago, 2016.
****
Ama de cría
Ávidos del pezón
los gemelos abren sus bocas.
Envuelta en la pesadez de la leche
me dejo adorar.
No quieren que me lave
cuantos más días pasen mejor, dicen
y bufan y resoplan.
Luego de la maceración
se disputarán mis desechos.
Quien gane desatará
su cortejo tardío
su celo de macho joven.
Lo sucio será su alimento.
Ahora hundo los dedos
en la espesura dorada
embriaga el olor
a manteca rancia.
Engendro sólo hijos varones
doy a luz un ejército voraz.
Serán vigías en mi vejez.
De Mi pequeño acto privado, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
(Buenos Aires, Argentina, 1979)
El iluminador
Quedó bajo un haz cruel.
Dejate mirar, dije
yo también tengo la manía
del ojo que nunca se apaga.
A veces a una le toca iniciar
aunque el tiempo sea poco
toma un montón de arcilla
lo moldea en forma de hombre.
Fija la nueva geografía.
***
EL DIQUE
En las últimas vacaciones Papá
construyó un dique en el río.
Le llevó toda la mañana.
Cuando terminó, el sol
había bronceado su espalda.
El agua nos llegaba a los tobillos
nos metíamos en zapatillas
para que los pies no dolieran.
En ese mismo río esparcimos
sus cenizas pocos años después.
Mamá llevó flores y una botella de vino.
No había nadie ese día
solo un hombre acostado en la arena
que al ver la botella gritó de satisfacción.
A Papá le hubiera gustado, pensé
y entrando al agua rompí el dique.
De Ahora, Ediciones del Dock, Colección Pez Náufrago, 2016.
****
Ama de cría
Ávidos del pezón
los gemelos abren sus bocas.
Envuelta en la pesadez de la leche
me dejo adorar.
No quieren que me lave
cuantos más días pasen mejor, dicen
y bufan y resoplan.
Luego de la maceración
se disputarán mis desechos.
Quien gane desatará
su cortejo tardío
su celo de macho joven.
Lo sucio será su alimento.
Ahora hundo los dedos
en la espesura dorada
embriaga el olor
a manteca rancia.
Engendro sólo hijos varones
doy a luz un ejército voraz.
Serán vigías en mi vejez.
De Mi pequeño acto privado, Barnacle, Buenos Aires, 2015.
domingo, 13 de marzo de 2016
El ave que no sabe volar es arrojada al aire
NATALIA LITVINOVA
(Gómel, Bielorrusia, 1986)
Hueco en pie
Hay días en los que río con mi risa triste. Mi risa equilibrista que cae,
entonces me río con el fracaso, risotada de tronco hueco
que se mantiene en pie por lo que alrededor florece.
Hoy soñé con mi abuelo, estábamos capturados. Nos pedían concentración,
que tocáramos música y que nos peináramos los unos a los otros.
Nos obligaban a construir pianos antiguos de madera.
Por las noches nos vendaban las manos para que no crecieran,
porque pequeñas y delicadas sirven para llegar hasta las cuerdas.
Mi madre decidía el lugar de las cosas. El jarrón de acá para allá, el sillón,
los cuadros, mi padre. Y cuando yo intentaba crecer, zas – zas, cortaba
los caminos de mi pelo.
Huele a gasolina y hace frío. Tengo miedo de encender el fósforo.
Va a llover nieve sucia. Estoy en un pueblo abandonado de Europa del este,
estiro el vestido para taparme. Una anciana que lleva una gallina en los brazos
tropieza y cae de rodillas. El ave que no sabe volar es arrojada al aire.
De Siguiente vitalidad, Ed. Audisea, 2015
(Gómel, Bielorrusia, 1986)
Hueco en pie
Hay días en los que río con mi risa triste. Mi risa equilibrista que cae,
entonces me río con el fracaso, risotada de tronco hueco
que se mantiene en pie por lo que alrededor florece.
Hoy soñé con mi abuelo, estábamos capturados. Nos pedían concentración,
que tocáramos música y que nos peináramos los unos a los otros.
Nos obligaban a construir pianos antiguos de madera.
Por las noches nos vendaban las manos para que no crecieran,
porque pequeñas y delicadas sirven para llegar hasta las cuerdas.
Mi madre decidía el lugar de las cosas. El jarrón de acá para allá, el sillón,
los cuadros, mi padre. Y cuando yo intentaba crecer, zas – zas, cortaba
los caminos de mi pelo.
Huele a gasolina y hace frío. Tengo miedo de encender el fósforo.
Va a llover nieve sucia. Estoy en un pueblo abandonado de Europa del este,
estiro el vestido para taparme. Una anciana que lleva una gallina en los brazos
tropieza y cae de rodillas. El ave que no sabe volar es arrojada al aire.
De Siguiente vitalidad, Ed. Audisea, 2015
sábado, 20 de febrero de 2016
Ganas de Usted, eso tengo
GUILLERMO SACCOMANNO (Mataderos, Buenos Aires, 1948)/FERNANDA GARCIA LAO (Mendoza, Argentina, 1966)
París, 30 de junio…
Humedísima Guillò, ¿puedo decirle así?
Su carta me ha sumido en el desconcierto. A la velocidad insólita de su respuesta, dos meses, he
de sumarle el asunto del corazón. Huí con tal desconsuelo del sanatorio, que temo haber olvidado por
completo el episodio que narra. ¿Dice Ud. que soy una mujer a pesar de este trío de atributos totémicos
que oculto entre las piernas? Ahora entiendo a qué se debe la cicatriz oscura bajo mi tetilla izquierda.
De mi antiguo corazón no hay vestigio. ¿Usted es yo?
Sí recuerdo, sin embargo, la pasión que el cuerpo suyo hizo estallar en el mío. La recreo maullando
sobre mi espalda, lamiendo con alevosía mi pasillo oscuro, desbarrancada, succionante.
Me apena saber que ha mancillado sus orificios, a sabiendas de que eran míos. Yo aún no he traicionado el juramento que hiciéramos sobre las camillasde Ferretti, amor mío.
Todavía la recuerdo con la batita sucia, abierta como un pez recién salido del agua. Creí en sus palabras, a pesar de los narcóticos inyectados. No es un reclamo, no se confunda. Pero asumo que su masculinidad recién nacida la tiene contra las cuerdas. Es usted líquida y jabonosa. Quisiera fregarla entera. Ya la veo con la esponja. Ahora el asunto me perturba.
¿Masturbarme sería tocarla?
Yo he debido contentar mi cuerpo con evacuaciones impúdicas en los baños de esta villa. El cielo
está tan bajo que casi podría tocarlo con sólo estirar un dedo. Digo dedo, mi querida, y su manita calcinante se aparece. Lechosa.
Le escribo desde la estación, a la espera del tren a Marsella. Desde allí abordaré un carguero que ha
de trasladarme al fin del mundo. Así es. Nuestros cuerpos volverán a ser uno, no se aflija. Anduve extraviado, mas su carta me ha devuelto la cordura. A la intensidad de estas letras, contradicen las
caras anodinas del resto de los viajeros. Aunque aseguro a Usted haberla visto en cada mujer: no hay pezón que no me remita a los suyos. A ellos estoy clavado como un Cristo por la muñeca.
Abandono momentáneamente la escritura.
Una oriental de cabello afeitado no deja de mirarme. He sentido la tentación de arrojarla contra las
vías. Sospecho de ella. Sus ojitos rasgados parecen espiarme. Le doy la espalda. Subo. El tren abandona la estación.
Nos deslizamos ahora por la geografía francesa como antes hizo mi lengua por la suya. La he amado
en cada curva, querida, la natura me persigue como una vagina gruesa. Cada túnel es usted. La atravieso varias veces. El mundo es una escenografía para nuestro deseo.
Un enorme culo se formó hace un rato entre nubes negras y no pude menos que sentirme hambriento.
Ganas de Usted, eso tengo. A la desesperación ahora le dicen Guillò, ¿sabía? Estoy tentado de tocarme
en público, pero un pudor desconocido me lo impide.
Desde el vagón ocho la despido. La oriental ha orinado en el pasillo y he de trasladarme. Huele terrible. Creo que la envía Ferretti.
Me siento en el vagón comedor y miro por la ventanilla. Los cables de electricidad tan tirantes, tan
paralelos, me hacen pensar en nosotros. He deseado nuestra captura, sólo para volver a verla, querida. Es sabido, el fugado aspira un poco al grillete. Bellísima, la imagino tendida en una soga, devorando
mi esperma. Que el viento no disperse, copulemos.
Se agota la luz de esta tarde. Escríbame a la casilla postal 66 de la estación de Marseille. He dejado instrucciones.
En sombras, se despide su Fernand
(tangible, erguido)
De Amor invertido, Seix Barral, 2015.
París, 30 de junio…
Humedísima Guillò, ¿puedo decirle así?
Su carta me ha sumido en el desconcierto. A la velocidad insólita de su respuesta, dos meses, he
de sumarle el asunto del corazón. Huí con tal desconsuelo del sanatorio, que temo haber olvidado por
completo el episodio que narra. ¿Dice Ud. que soy una mujer a pesar de este trío de atributos totémicos
que oculto entre las piernas? Ahora entiendo a qué se debe la cicatriz oscura bajo mi tetilla izquierda.
De mi antiguo corazón no hay vestigio. ¿Usted es yo?
Sí recuerdo, sin embargo, la pasión que el cuerpo suyo hizo estallar en el mío. La recreo maullando
sobre mi espalda, lamiendo con alevosía mi pasillo oscuro, desbarrancada, succionante.
Me apena saber que ha mancillado sus orificios, a sabiendas de que eran míos. Yo aún no he traicionado el juramento que hiciéramos sobre las camillasde Ferretti, amor mío.
Todavía la recuerdo con la batita sucia, abierta como un pez recién salido del agua. Creí en sus palabras, a pesar de los narcóticos inyectados. No es un reclamo, no se confunda. Pero asumo que su masculinidad recién nacida la tiene contra las cuerdas. Es usted líquida y jabonosa. Quisiera fregarla entera. Ya la veo con la esponja. Ahora el asunto me perturba.
¿Masturbarme sería tocarla?
Yo he debido contentar mi cuerpo con evacuaciones impúdicas en los baños de esta villa. El cielo
está tan bajo que casi podría tocarlo con sólo estirar un dedo. Digo dedo, mi querida, y su manita calcinante se aparece. Lechosa.
Le escribo desde la estación, a la espera del tren a Marsella. Desde allí abordaré un carguero que ha
de trasladarme al fin del mundo. Así es. Nuestros cuerpos volverán a ser uno, no se aflija. Anduve extraviado, mas su carta me ha devuelto la cordura. A la intensidad de estas letras, contradicen las
caras anodinas del resto de los viajeros. Aunque aseguro a Usted haberla visto en cada mujer: no hay pezón que no me remita a los suyos. A ellos estoy clavado como un Cristo por la muñeca.
Abandono momentáneamente la escritura.
Una oriental de cabello afeitado no deja de mirarme. He sentido la tentación de arrojarla contra las
vías. Sospecho de ella. Sus ojitos rasgados parecen espiarme. Le doy la espalda. Subo. El tren abandona la estación.
Nos deslizamos ahora por la geografía francesa como antes hizo mi lengua por la suya. La he amado
en cada curva, querida, la natura me persigue como una vagina gruesa. Cada túnel es usted. La atravieso varias veces. El mundo es una escenografía para nuestro deseo.
Un enorme culo se formó hace un rato entre nubes negras y no pude menos que sentirme hambriento.
Ganas de Usted, eso tengo. A la desesperación ahora le dicen Guillò, ¿sabía? Estoy tentado de tocarme
en público, pero un pudor desconocido me lo impide.
Desde el vagón ocho la despido. La oriental ha orinado en el pasillo y he de trasladarme. Huele terrible. Creo que la envía Ferretti.
Me siento en el vagón comedor y miro por la ventanilla. Los cables de electricidad tan tirantes, tan
paralelos, me hacen pensar en nosotros. He deseado nuestra captura, sólo para volver a verla, querida. Es sabido, el fugado aspira un poco al grillete. Bellísima, la imagino tendida en una soga, devorando
mi esperma. Que el viento no disperse, copulemos.
Se agota la luz de esta tarde. Escríbame a la casilla postal 66 de la estación de Marseille. He dejado instrucciones.
En sombras, se despide su Fernand
(tangible, erguido)
De Amor invertido, Seix Barral, 2015.
lunes, 21 de octubre de 2013
Un brillo oscuro en los segundos quietos
ALEJANDRO CROTTO
(Buenos Aires, Argentina, 1978)
COMO CRECIENDO EN EL CARBÓN LA BRASA
Entonces, de repente, percibir,
como creciendo en el carbón la brasa,
en cada cosa, ahora, alrededor,
y dentro, una sal brusca, una promesa
a punto de cumplirse, o ya cumplida,
que te busca, quemándote de nuevo,
o, como anima al ojo la mirada
atenta, una corriente, un pulso vivo;
un pulso incandescente en la rendija,
una sal de latidos diminutos,
un filo que rozándote se aleja,
un brillo oscuro en los segundos quietos.
Que sea nuestro cuerpo la pupila
que se abre si hace falta y no vacila.
(Buenos Aires, Argentina, 1978)
COMO CRECIENDO EN EL CARBÓN LA BRASA
Entonces, de repente, percibir,
como creciendo en el carbón la brasa,
en cada cosa, ahora, alrededor,
y dentro, una sal brusca, una promesa
a punto de cumplirse, o ya cumplida,
que te busca, quemándote de nuevo,
o, como anima al ojo la mirada
atenta, una corriente, un pulso vivo;
un pulso incandescente en la rendija,
una sal de latidos diminutos,
un filo que rozándote se aleja,
un brillo oscuro en los segundos quietos.
Que sea nuestro cuerpo la pupila
que se abre si hace falta y no vacila.
viernes, 27 de septiembre de 2013
La nostalgia de los aeropuertos
JUAN CRISTÓBAL MIRANDA
(Buenos Aires, Argentina, 1976)
Decolaje
Un avión
que se cae de mañana
sobre el pavimento
busca lo mismo
que ni vos ni yo
pudimos encontrar
remontados en el aire
luchando contra la corriente
de un día soleado
sábado limpio y pasajero
el futuro radiante
frente a nosotros
como la nostalgia
de los aeropuertos.
***
En obra
Yo no sé
si lo que me desvela
es el sonido de la mezcladora de cemento
el murmullo de los obreros
o esta fina capa de cal
recubriéndolo todo.
Desde adentro
no puedo más que observar
cómo avanza la obra
la gran masa de concreto
trepando hacia el sol
una enorme autopista
recostada sobre el jardín de mi casa
cómo un animal dormido
que me espera pacientemente
por si uno de estos días
quiero alejarme.
| Tomada de facebook |
(Buenos Aires, Argentina, 1976)
Decolaje
Un avión
que se cae de mañana
sobre el pavimento
busca lo mismo
que ni vos ni yo
pudimos encontrar
remontados en el aire
luchando contra la corriente
de un día soleado
sábado limpio y pasajero
el futuro radiante
frente a nosotros
como la nostalgia
de los aeropuertos.
***
En obra
Yo no sé
si lo que me desvela
es el sonido de la mezcladora de cemento
el murmullo de los obreros
o esta fina capa de cal
recubriéndolo todo.
Desde adentro
no puedo más que observar
cómo avanza la obra
la gran masa de concreto
trepando hacia el sol
una enorme autopista
recostada sobre el jardín de mi casa
cómo un animal dormido
que me espera pacientemente
por si uno de estos días
quiero alejarme.
miércoles, 31 de julio de 2013
El amanecer está en un punto muerto
PAULINA VINDERMAN
(Buenos Aires, Argentina, 1944)
La muerte de la imaginación
"Lo que más temo es la muerte de la imaginación." Sylvia Plath
El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
( nadie se ve )
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
( el más inútil )
La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
( y dice que es real )
¿Alguien pudo tocar a la desesperación?
Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.
El mundo es un hueco tapado con barniz
( y no respira. )
***
De Hospital de veteranos
1)
La ventana del hospital
da a un baldío espeso de pasto y de botellas rotas
(como cicatrices de batallas).
Un sauce milagroso crece en la esquina que
da al cuartel.
Hospital de otro siglo, el dolor que me ata
a la silla despintada también es de otro siglo.
Las enfermeras corren con los orinales
por corredores hundidos y no reparan en él.
No estoy acá para curar mi vieja herida ni mi insomnio.
Soy hija, se supone que las hijas tienen salud.
En plena noche los azulejos blancos destilan
una luz primitiva. Puedo seguir un camino entre las
camas sin titubear.
Esa es mi luna, también la que imagino
sobre las botellas como un spot.
Comprendo su soledad (sin hermanos)
en medio del cielo.
Comprendo las mareas, comprendo a la locura
como un exceso de blanco.
He sido amada (no comprendida),
he sido aquel perro solitario de mi primer poema,
que atravesó la calle para ser mi amigo.
"¿Podríamos jugar mañana, cerca del sauce?"
El amanecer está en un punto muerto,
suspendido por una memoria que semeja un barco
sin mascarón de proa.
(Igual que mi vida).
2)
En estos días nunca despierto del todo,
me siento en el borde del sueño
a punto de caer de bruces, y me dedico a
espiar el cuento en su final.
Hay una tormenta en la cabeza calva
sobre la almohada
y un patio desnudo en la mía.
La noche fue un pizarrón
donde escribí mi piedad más ordenada,
la más benigna.
Ojalá nevara.
El ruido de los jarros de aluminio
con el té con leche, es mi llamado en la
mañana, aclara mi mente tímida, mi
grave respiración.
El día es opulento,
lleno de manchas en el piso,
estoy atrapando el adiós:
el ojo de mi" halcón de vida",
"no por su ojo sino por su alegría"
piso la nieve que cae, en otro lugar.
3)
El gato asoma por detrás de la tapia
entre los vidrios rotos.
Se eleva sobre la marejada de la memoria,
girando en el oscuro verano, cortando
los tallos que me sujetan a la tierra.
Sé que mi tibieza no le es suficiente, hay
demasiado miedo en nuestros pelajes revueltos.
Y en nuestro esfuerzo por vivir, no
queda tiempo para lunaciones.
Sólo una mirada celebratoria, un enlace
sin traducción bajo una luz perfecta.
Los vidrios parecen hierbas a la distancia
y el raído saco de hilo que me cubre,
azúcar sucia.
Nos iremos de inmediato a nuestros asuntos
por detrás de la vida,
como si ella fuera la tapia, o un telón suntuoso
(tierra de nadie entre bastidores).
4)
A golpes de estrellas, a golpes de luna,
¿cuánto hace que parezco un castor,
manteniéndome a flote en los rápidos del río?
Soy el guardián de mi padre, el guardián
del lenguaje, títulos nobiliarios sacudidos
por el temporal.
El amor es un objeto antiguo, valiosísimo,
encerrado en un museo babilónico, expuesto
a la artillería del invasor.
Bajo mis dedos crecen metáforas como hongos.
Días vacíos, quemados por un viento dorado.
Detrás del cielo azul pastel, habita una negrura
de cuervo.
Pobre cuervo, alisando sus plumas sobre
el alambrado; él, como el castor, bebe de este mundo
el agua posible.
5)
Pongo un vaso y una flor
en la mesita atestada junto a su cama,
pero él no los mira.
En realidad lo hago para mí.
La vida todavía debe ser para mí,
el viento que insiste en abrir la ventana
aún puede dejar un poema en la escudilla.
La crueldad de haber arrancado la flor
a su madre planta, para mi egoísmo -
verla morir en un escenario sórdido-
es un anzuelo limpio (carece de rencor.)
Del otro lado, la bolsa de sangre lanza
destellos azules, mal copiados, de mi flor.
Para avisarme que ella es la vida por ahora:
una paciencia de color azul.
(La lluvia que veo caer sobre los tubos
de oxígeno en el patio, también es para mí.)
| Tomada de www.paulinavinderman.com.ar |
(Buenos Aires, Argentina, 1944)
La muerte de la imaginación
"Lo que más temo es la muerte de la imaginación." Sylvia Plath
El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
( nadie se ve )
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
( el más inútil )
La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
( y dice que es real )
¿Alguien pudo tocar a la desesperación?
Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.
El mundo es un hueco tapado con barniz
( y no respira. )
***
De Hospital de veteranos
1)
La ventana del hospital
da a un baldío espeso de pasto y de botellas rotas
(como cicatrices de batallas).
Un sauce milagroso crece en la esquina que
da al cuartel.
Hospital de otro siglo, el dolor que me ata
a la silla despintada también es de otro siglo.
Las enfermeras corren con los orinales
por corredores hundidos y no reparan en él.
No estoy acá para curar mi vieja herida ni mi insomnio.
Soy hija, se supone que las hijas tienen salud.
En plena noche los azulejos blancos destilan
una luz primitiva. Puedo seguir un camino entre las
camas sin titubear.
Esa es mi luna, también la que imagino
sobre las botellas como un spot.
Comprendo su soledad (sin hermanos)
en medio del cielo.
Comprendo las mareas, comprendo a la locura
como un exceso de blanco.
He sido amada (no comprendida),
he sido aquel perro solitario de mi primer poema,
que atravesó la calle para ser mi amigo.
"¿Podríamos jugar mañana, cerca del sauce?"
El amanecer está en un punto muerto,
suspendido por una memoria que semeja un barco
sin mascarón de proa.
(Igual que mi vida).
2)
En estos días nunca despierto del todo,
me siento en el borde del sueño
a punto de caer de bruces, y me dedico a
espiar el cuento en su final.
Hay una tormenta en la cabeza calva
sobre la almohada
y un patio desnudo en la mía.
La noche fue un pizarrón
donde escribí mi piedad más ordenada,
la más benigna.
Ojalá nevara.
El ruido de los jarros de aluminio
con el té con leche, es mi llamado en la
mañana, aclara mi mente tímida, mi
grave respiración.
El día es opulento,
lleno de manchas en el piso,
estoy atrapando el adiós:
el ojo de mi" halcón de vida",
"no por su ojo sino por su alegría"
piso la nieve que cae, en otro lugar.
3)
El gato asoma por detrás de la tapia
entre los vidrios rotos.
Se eleva sobre la marejada de la memoria,
girando en el oscuro verano, cortando
los tallos que me sujetan a la tierra.
Sé que mi tibieza no le es suficiente, hay
demasiado miedo en nuestros pelajes revueltos.
Y en nuestro esfuerzo por vivir, no
queda tiempo para lunaciones.
Sólo una mirada celebratoria, un enlace
sin traducción bajo una luz perfecta.
Los vidrios parecen hierbas a la distancia
y el raído saco de hilo que me cubre,
azúcar sucia.
Nos iremos de inmediato a nuestros asuntos
por detrás de la vida,
como si ella fuera la tapia, o un telón suntuoso
(tierra de nadie entre bastidores).
4)
A golpes de estrellas, a golpes de luna,
¿cuánto hace que parezco un castor,
manteniéndome a flote en los rápidos del río?
Soy el guardián de mi padre, el guardián
del lenguaje, títulos nobiliarios sacudidos
por el temporal.
El amor es un objeto antiguo, valiosísimo,
encerrado en un museo babilónico, expuesto
a la artillería del invasor.
Bajo mis dedos crecen metáforas como hongos.
Días vacíos, quemados por un viento dorado.
Detrás del cielo azul pastel, habita una negrura
de cuervo.
Pobre cuervo, alisando sus plumas sobre
el alambrado; él, como el castor, bebe de este mundo
el agua posible.
5)
Pongo un vaso y una flor
en la mesita atestada junto a su cama,
pero él no los mira.
En realidad lo hago para mí.
La vida todavía debe ser para mí,
el viento que insiste en abrir la ventana
aún puede dejar un poema en la escudilla.
La crueldad de haber arrancado la flor
a su madre planta, para mi egoísmo -
verla morir en un escenario sórdido-
es un anzuelo limpio (carece de rencor.)
Del otro lado, la bolsa de sangre lanza
destellos azules, mal copiados, de mi flor.
Para avisarme que ella es la vida por ahora:
una paciencia de color azul.
(La lluvia que veo caer sobre los tubos
de oxígeno en el patio, también es para mí.)
lunes, 15 de julio de 2013
El puro movimiento de la epopeya
ANAHÍ MALLOL
(La Plata; Buenos Aires, Argentina, 1968)
Blue fishes
Naked girls
navegan
el anonimato
del cyberespacio
una calle
cualquiera de París
vacía de gente:
el lugar
perfecto para el crimen
víctimas que cambian
el nombre el aspecto
el género la orientación sexual.
Hay que mantener
la línea caliente
para llegar a ser
una auténtica
artista del trapecio
sweet enough to eat
abandonada sola
en la luna
sin su nave
como si dijera
"lo que podés obtener
es lo que se ve".
Agorafóbica elegante
se disfraza de Gatúbela:
a fin de cuentas
cuando muera
sólo quedarán
los huesos
y una prótesis
de bioplastic
(pleasures
like a flash).
***
16
cuando es recién
devuelta a las aguas
desde la barca
del pescador
se sumerge hasta el fondo y desaparece
para emerger
un momento después
arrastrándose sobre una prominencia
de suelo lacustre:
una tortuga enorme e increíble
de color pardo amarillento
bajo las aguas a oscuras con el sol
reluciente en su cabeza
sin duda hermosa
si se mueve en su elemento
elegante y poderosa
camina por el fondo sin temor
reina de todo
lo que halla bajo el agua
donde ha estado desde siempre
y observó caer las heces
de los dinosaurios
que fertilizaron
un mundo menos viejo
y más frágil
que su caparazón
que parece dibujar
en su calmosa simetría
el puro movimiento de la epopeya
contra el fondo
de indiferencia
de la mirada
***
Bad Girl reading in a Garden
Llorando toda la noche
un detalle
tras las gafas estrelladas
de plástico
multicolor
infantil
toda ella:
los ojos tristes
la melena hasta los hombros
una nena mala
de pelo castaño
casi un muchachito
con esas rodillas
lastimadas
-Qué raro
dice la lluvia
aquí
todavía
no cayó-
respira hondo
los nervios del placer
tan al descubierto
tan oculto
los pechos
que abultan apenas
la blusa de vichy
blanca y rosada
dolores
tendida en un jardín
leyendo
¿a Carroll?
sin saber de otro aliento
que jadea húmedo
en el verano
de la nuca
en la tensión
de quebrar
con los labios apretados
esa fragilidad
de los trece años
con los abrazos
de un viajero encantado
que recorre
corroído por la hipnosis
de la primera vez
la vasta extensión
del desierto americano
el dolor
de la voz
cuando dice
soy tu padre
y hablo claro
y te quiero
y sólo es
otro
hombre celoso
en el lugar
equivocado.
***
43.
como una perra oye
el sonido de la tormenta
o su fragor
antes de ver
el cielo quebrado por el rayo
la calma vibrando con el trueno
se asusta se refugia
en cualquier lado
y entonces empieza a llover como si
su miedo mismo fuera el que
prefiguró esa tormenta
escucho en el silencio de la ausencia
la próxima catástrofe
me tapo
con las frazadas
en la cama grande
espero que vuelvas pero sé
que es tarde
que nadie vuelve
de ese lugar
en que ya no
ya no se dice
nada.
(La Plata; Buenos Aires, Argentina, 1968)
Blue fishes
Naked girls
navegan
el anonimato
del cyberespacio
una calle
cualquiera de París
vacía de gente:
el lugar
perfecto para el crimen
víctimas que cambian
el nombre el aspecto
el género la orientación sexual.
Hay que mantener
la línea caliente
para llegar a ser
una auténtica
artista del trapecio
sweet enough to eat
abandonada sola
en la luna
sin su nave
como si dijera
"lo que podés obtener
es lo que se ve".
Agorafóbica elegante
se disfraza de Gatúbela:
a fin de cuentas
cuando muera
sólo quedarán
los huesos
y una prótesis
de bioplastic
(pleasures
like a flash).
***
16
cuando es recién
devuelta a las aguas
desde la barca
del pescador
se sumerge hasta el fondo y desaparece
para emerger
un momento después
arrastrándose sobre una prominencia
de suelo lacustre:
una tortuga enorme e increíble
de color pardo amarillento
bajo las aguas a oscuras con el sol
reluciente en su cabeza
sin duda hermosa
si se mueve en su elemento
elegante y poderosa
camina por el fondo sin temor
reina de todo
lo que halla bajo el agua
donde ha estado desde siempre
y observó caer las heces
de los dinosaurios
que fertilizaron
un mundo menos viejo
y más frágil
que su caparazón
que parece dibujar
en su calmosa simetría
el puro movimiento de la epopeya
contra el fondo
de indiferencia
de la mirada
***
Bad Girl reading in a Garden
Llorando toda la noche
un detalle
tras las gafas estrelladas
de plástico
multicolor
infantil
toda ella:
los ojos tristes
la melena hasta los hombros
una nena mala
de pelo castaño
casi un muchachito
con esas rodillas
lastimadas
-Qué raro
dice la lluvia
aquí
todavía
no cayó-
respira hondo
los nervios del placer
tan al descubierto
tan oculto
los pechos
que abultan apenas
la blusa de vichy
blanca y rosada
dolores
tendida en un jardín
leyendo
¿a Carroll?
sin saber de otro aliento
que jadea húmedo
en el verano
de la nuca
en la tensión
de quebrar
con los labios apretados
esa fragilidad
de los trece años
con los abrazos
de un viajero encantado
que recorre
corroído por la hipnosis
de la primera vez
la vasta extensión
del desierto americano
el dolor
de la voz
cuando dice
soy tu padre
y hablo claro
y te quiero
y sólo es
otro
hombre celoso
en el lugar
equivocado.
***
43.
como una perra oye
el sonido de la tormenta
o su fragor
antes de ver
el cielo quebrado por el rayo
la calma vibrando con el trueno
se asusta se refugia
en cualquier lado
y entonces empieza a llover como si
su miedo mismo fuera el que
prefiguró esa tormenta
escucho en el silencio de la ausencia
la próxima catástrofe
me tapo
con las frazadas
en la cama grande
espero que vuelvas pero sé
que es tarde
que nadie vuelve
de ese lugar
en que ya no
ya no se dice
nada.
lunes, 1 de julio de 2013
Yo me sentí como un animal frente a un plato caliente y vacío
PABLO ALBORNOZ
(Magdalena, Pcia. de Buenos Aires, Argentina, 1978)
Senryu
Suave muchacha
como papel de arroz
yo la escribo
***
Yo me sentí como un animal frente a un plato
caliente y vacío.
Yo me sentí solo
frente a un pueblo
oscuro
y le entregué mi alma
y mi apetito.
***
(Sobre lo sagrado)
Tu ausencia es lo primero
que se transforma
en devoción.
***
Eva
Es de un orden angélico
lo que persiste de vos
en la memoria.
**
© Pablo Albornoz
| Tomada de Ediciones de La Eterna. |
(Magdalena, Pcia. de Buenos Aires, Argentina, 1978)
Senryu
Suave muchacha
como papel de arroz
yo la escribo
***
Yo me sentí como un animal frente a un plato
caliente y vacío.
Yo me sentí solo
frente a un pueblo
oscuro
y le entregué mi alma
y mi apetito.
***
(Sobre lo sagrado)
Tu ausencia es lo primero
que se transforma
en devoción.
***
Eva
Es de un orden angélico
lo que persiste de vos
en la memoria.
**
© Pablo Albornoz
jueves, 20 de junio de 2013
Sacerdotisa de banda ancha
MÓNICA CAZÓN
(San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1968)
Arte culinario
Clásico
la soledad encarece la carne,
agota la sal, las especias,
los garbanzos que busca
en los frascos que guardan los secretos.
Y justo es mediodía,
y el caño gotea, los ojos gotean,
pero es así con la cebolla.
Entonces ella repta desnuda de todo,
abierta de brazos y de piernas,
desgarrada su túnica
de sacerdotisa de banda ancha.
Clásico,
así de clásico es con la cocina;
para colmo el corazón
rehogado en trozos de juliana.
***
La muda
Si te quedas ahí parada
podrás apreciar que no es poca cosa descalzarse
tirar las máscaras y aflojar los elásticos
para descansar a ese animal sometido.
No es poca cosa mudarse, abandonar la cárcel
la mujer de voluntades ajenas
y manos cóncavas,
juego de villanos esta vida
y el momento exacto de oprimir el interruptor
porque es día viernes, el día del amor
según su almanaque ordenado meticulosamente.
Ahí parada, dejarás a la hembra
y esa mujer que fue expulsada
de la honorable Liga de Madres de Familia
volverá a ser protagonista,
y sabrás
que a menos que te quedes ahí parada
la adolescente que comparte tu cama
se marchará en el próximo tren.
Hay una niebla caprichosa
un halo azulgrisáceo,
una voz que no quiere rendirse
y se conserva joven, como siempre.
| Tomada de http://letras-uruguay.espaciolatino.com |
(San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1968)
Arte culinario
Clásico
la soledad encarece la carne,
agota la sal, las especias,
los garbanzos que busca
en los frascos que guardan los secretos.
Y justo es mediodía,
y el caño gotea, los ojos gotean,
pero es así con la cebolla.
Entonces ella repta desnuda de todo,
abierta de brazos y de piernas,
desgarrada su túnica
de sacerdotisa de banda ancha.
Clásico,
así de clásico es con la cocina;
para colmo el corazón
rehogado en trozos de juliana.
***
La muda
Si te quedas ahí parada
podrás apreciar que no es poca cosa descalzarse
tirar las máscaras y aflojar los elásticos
para descansar a ese animal sometido.
No es poca cosa mudarse, abandonar la cárcel
la mujer de voluntades ajenas
y manos cóncavas,
juego de villanos esta vida
y el momento exacto de oprimir el interruptor
porque es día viernes, el día del amor
según su almanaque ordenado meticulosamente.
Ahí parada, dejarás a la hembra
y esa mujer que fue expulsada
de la honorable Liga de Madres de Familia
volverá a ser protagonista,
y sabrás
que a menos que te quedes ahí parada
la adolescente que comparte tu cama
se marchará en el próximo tren.
Hay una niebla caprichosa
un halo azulgrisáceo,
una voz que no quiere rendirse
y se conserva joven, como siempre.
domingo, 16 de junio de 2013
Hay centuriones con linternas que indican la salida
MARIANO DÍAZ BARBOSA
(Argentina, 1982)
Túneles y cuevas
(Fragmento)
en una cueva la oscuridad es eterna
una oscuridad sin maderas ni clavos
un hombre despierta en la oscuridad
un hombre despierta con el ruido de las vías
un hombre despierta en una cueva
en un túnel donde la oscuridad es eterna
un hombre ya no duerme
un hombre ya no vive
un hombre bajo las vías
un hombre crucificado
un hombre crucificado en las vías
en las vías hay madera y hierro
en las vías la oscuridad es eterna
en el túnel un cuerpo crucificado
en el túnel
en el túnel un tren se detiene y el sonido despierta
a un hombre que no vive
a un hombre que cabecea
hay sombras bajando del tren
hay centuriones con linternas que indican la salida
hay un hombre crucificado en las vías
y los centuriones apuestan y se reparten la ropa
hay un hombre crucificado.
De Para que nada sea, Textos Intrusos, 2013
(Argentina, 1982)
Túneles y cuevas
(Fragmento)
en una cueva la oscuridad es eterna
una oscuridad sin maderas ni clavos
un hombre despierta en la oscuridad
un hombre despierta con el ruido de las vías
un hombre despierta en una cueva
en un túnel donde la oscuridad es eterna
un hombre ya no duerme
un hombre ya no vive
un hombre bajo las vías
un hombre crucificado
un hombre crucificado en las vías
en las vías hay madera y hierro
en las vías la oscuridad es eterna
en el túnel un cuerpo crucificado
en el túnel
en el túnel un tren se detiene y el sonido despierta
a un hombre que no vive
a un hombre que cabecea
hay sombras bajando del tren
hay centuriones con linternas que indican la salida
hay un hombre crucificado en las vías
y los centuriones apuestan y se reparten la ropa
hay un hombre crucificado.
De Para que nada sea, Textos Intrusos, 2013
sábado, 8 de junio de 2013
Y nos dijimos chau with a smile
CECILIA PAVÓN
(Mendoza, Argentina, 1973)
Bicicleta robada secuestrada
Quizás la revolución está en sus cuerpos y yo no la vea
Esta es la historia de una bicicleta robada
Sólo sé que cerca del canal está el dueño
o la dueña
Cerca del canal,
cerca de un canal
Pero he olvidado el nombre de las calles
Una madrugada salimos de beber de un bar revolucionario
y mi bicicleta estaba atada accidentalmente a otra,
una cadena se enredaba por entre los cables del freno y
la mantenía
sujeta a un poste
Todos se iban
en taxis,
en colectivos,
en autos que estaban llenos
y a mi bicicleta, yo no la podía sacar
tuve que dejarla ahí
Si alguien la encuentra
rompe el candado
y se la lleva
pero de todas formas era robada,
comprada a muy bajo precio
en el mercado de pulgas
o en un patio de atrás sospechoso
a una mujer inmigrante
a quien que no se le entendía muy bien lo que decía,
pero de todos modos decía:
“esta ser bicicleta mia vieja”
“esta no ser robo”
Son las tres de la tarde de un día de verano con viento
Los árboles que hasta ahora había visto secos
se mueven demasiado cargados
de hojas rebosantes de vida
En lugar de nieve, hebras de pólen alargadas que vuelan
como insectos
Alguien ató su bicicleta accidentalmente a la mía
no sé si es un accidente o es un robo
no sé si es un robo o es la verdadera dueña
que sé que existe porque un día se me acercó en un parque
Yo no soy la verdadera dueña, yo la compré
por ese precio tan bajo
en ese patio
de atrás
o mercado de pulgas
a una mujer con acento extranjero
de pelo largo y jeans gastados
que decía
“no peligro, esta ser bicicleta mía pasado”
Luego de conocer la felicidad de de la bicicleta
estar sin ella es como vivir sin alas
Pasaban los días y la bicicleta seguía ahí en el Puente
el dueño no la venía a desatar, era verano, volaba el polen
manchado de sol
yo pedía bebidas que me hacían mal
como espresso
café
negro
sin leche
miraba la bicicleta desde el otro lado del Puente, y lloraba
La bicicleta rosada atada
a través del cable del freno
por error
a la bicicleta celeste, oxidada, de un desconocido
El secuestro de la bicicleta robada sucede
durante la única semana de sol del año
Las grandes cosas
las cosas raras
suceden en momentos de decisión o de locura
por ejemplo:
dejar su país,
cortar el cable del freno
con una pinza para liberar a la bicicleta,
disfrutar,
gozar
con el crimen,
romperle la rueda a la otra bicicleta o
tirarle ácido al asiento
Algo así.
La bicicleta era mi única fuente de diversión
Ahora que está llegando el verano
y hay pocas horas de verdadera noche
la bicicleta era mi mejor,
mi única amiga
Es tonto decirlo
es hasta tan simple
pero con la bicicleta paseando por la ciudad
me sentía libre
la ciudad era como un paisaje
que yo podía ver gratis
pasando a toda velocidad
por la ventana de un tren inter-city
sólo que la ventana no tenía marcos
era una ventana sin límite
y rosada
una ventana con forma de bicicleta rosada
robada
comprada a una chica
que decía “no ser peligro, no robado, mía antes bicicleta”
Yo sabía que era robada
igual la compré
Un día en un parque se acercó
la verdadera dueña
una mujer de unos treinta años
y dijo que esa sería su bicicleta
pero yo la defendí con uñas y dientes
inventé una historia extrañísima
complicada
con muchas etapas
de cómo esa bicicleta había
venido de París en barco
en correo, desarmada
en una caja de cartón
enviada como obsequio por un ex-amante
¿Si me quitan la bicicleta
qué más me queda acá?
Sí,
están los Cafés Revolucionarios
donde se discute el futuro del mundo
Pero nada,
nada
puede compararse
con ella.
***
Céline
Estoy a punto de abrir
el libro de Céline
muerte a crédito, de Céline
el libro que compramos en el supermercado
junto a bifes y zanahorias.
muerte a crédito de Céline:
"aquí estamos solos otra vez
es todo tan lento, tan pesado
tan triste... pronto seré viejo y por fin
se habrá acabado..."
Voy a dormir con este libro bajo la almohada
para soñar con él
A la mañana diré:
fue una buena compra
Fue una buena compra
lo leeré en el balcón
que da a los edificios
Lo leeré sola,
perdida en la ciudad.
***
el amor para mí es esto, por ahí me equivoco: yo me transformé en vos y vos te transformaste en mi y yo me transformé en vos y vos te transformaste en mí, y al final éramos diferentes y éramos iguales y nos dijimos chau with a smile y nos dijimos hola with a smile y nos dijimos chau with smile y hola with a smile, sea donde sea que caiga la rueda de los colores en el hola en el chau en mí en vos.
| Tomada de revistamododeusar.blogspot.com |
(Mendoza, Argentina, 1973)
Bicicleta robada secuestrada
Quizás la revolución está en sus cuerpos y yo no la vea
Esta es la historia de una bicicleta robada
Sólo sé que cerca del canal está el dueño
o la dueña
Cerca del canal,
cerca de un canal
Pero he olvidado el nombre de las calles
Una madrugada salimos de beber de un bar revolucionario
y mi bicicleta estaba atada accidentalmente a otra,
una cadena se enredaba por entre los cables del freno y
la mantenía
sujeta a un poste
Todos se iban
en taxis,
en colectivos,
en autos que estaban llenos
y a mi bicicleta, yo no la podía sacar
tuve que dejarla ahí
Si alguien la encuentra
rompe el candado
y se la lleva
pero de todas formas era robada,
comprada a muy bajo precio
en el mercado de pulgas
o en un patio de atrás sospechoso
a una mujer inmigrante
a quien que no se le entendía muy bien lo que decía,
pero de todos modos decía:
“esta ser bicicleta mia vieja”
“esta no ser robo”
Son las tres de la tarde de un día de verano con viento
Los árboles que hasta ahora había visto secos
se mueven demasiado cargados
de hojas rebosantes de vida
En lugar de nieve, hebras de pólen alargadas que vuelan
como insectos
Alguien ató su bicicleta accidentalmente a la mía
no sé si es un accidente o es un robo
no sé si es un robo o es la verdadera dueña
que sé que existe porque un día se me acercó en un parque
Yo no soy la verdadera dueña, yo la compré
por ese precio tan bajo
en ese patio
de atrás
o mercado de pulgas
a una mujer con acento extranjero
de pelo largo y jeans gastados
que decía
“no peligro, esta ser bicicleta mía pasado”
Luego de conocer la felicidad de de la bicicleta
estar sin ella es como vivir sin alas
Pasaban los días y la bicicleta seguía ahí en el Puente
el dueño no la venía a desatar, era verano, volaba el polen
manchado de sol
yo pedía bebidas que me hacían mal
como espresso
café
negro
sin leche
miraba la bicicleta desde el otro lado del Puente, y lloraba
La bicicleta rosada atada
a través del cable del freno
por error
a la bicicleta celeste, oxidada, de un desconocido
El secuestro de la bicicleta robada sucede
durante la única semana de sol del año
Las grandes cosas
las cosas raras
suceden en momentos de decisión o de locura
por ejemplo:
dejar su país,
cortar el cable del freno
con una pinza para liberar a la bicicleta,
disfrutar,
gozar
con el crimen,
romperle la rueda a la otra bicicleta o
tirarle ácido al asiento
Algo así.
La bicicleta era mi única fuente de diversión
Ahora que está llegando el verano
y hay pocas horas de verdadera noche
la bicicleta era mi mejor,
mi única amiga
Es tonto decirlo
es hasta tan simple
pero con la bicicleta paseando por la ciudad
me sentía libre
la ciudad era como un paisaje
que yo podía ver gratis
pasando a toda velocidad
por la ventana de un tren inter-city
sólo que la ventana no tenía marcos
era una ventana sin límite
y rosada
una ventana con forma de bicicleta rosada
robada
comprada a una chica
que decía “no ser peligro, no robado, mía antes bicicleta”
Yo sabía que era robada
igual la compré
Un día en un parque se acercó
la verdadera dueña
una mujer de unos treinta años
y dijo que esa sería su bicicleta
pero yo la defendí con uñas y dientes
inventé una historia extrañísima
complicada
con muchas etapas
de cómo esa bicicleta había
venido de París en barco
en correo, desarmada
en una caja de cartón
enviada como obsequio por un ex-amante
¿Si me quitan la bicicleta
qué más me queda acá?
Sí,
están los Cafés Revolucionarios
donde se discute el futuro del mundo
Pero nada,
nada
puede compararse
con ella.
***
Céline
Estoy a punto de abrir
el libro de Céline
muerte a crédito, de Céline
el libro que compramos en el supermercado
junto a bifes y zanahorias.
muerte a crédito de Céline:
"aquí estamos solos otra vez
es todo tan lento, tan pesado
tan triste... pronto seré viejo y por fin
se habrá acabado..."
Voy a dormir con este libro bajo la almohada
para soñar con él
A la mañana diré:
fue una buena compra
Fue una buena compra
lo leeré en el balcón
que da a los edificios
Lo leeré sola,
perdida en la ciudad.
***
el amor para mí es esto, por ahí me equivoco: yo me transformé en vos y vos te transformaste en mi y yo me transformé en vos y vos te transformaste en mí, y al final éramos diferentes y éramos iguales y nos dijimos chau with a smile y nos dijimos hola with a smile y nos dijimos chau with smile y hola with a smile, sea donde sea que caiga la rueda de los colores en el hola en el chau en mí en vos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char