Viviana Paletta
(Buenos Aires, Argentina, 1967. Reside en Madrid desde 1991)
Librecambio
No se puede medir
esta extensión
con una lengua raquítica.
Hemos alcanzado el principio
de la igualdad
del dinero.
Demás está decir que llueve
y un párpado aterido
concede la licencia
para dispararle.
Es un cuerpo vano. Se enreda entre las hojas.
La tarde ni se asombra.
Cambio es dinero.
Quietud es dinero.
Al cuerpo no le atañe lo que es.
No presiente su parcelación,
el éxtasis de las mercancías.
Su don nadie en las guerras ajenas.
No va más allá de la fosa común
y su arpón sin rezo.
Sólo su cabeza vacila
entre la quietud y la escasez.
**
El ropavejero
Tengo mi capa de trapos.
Mi fusil sin hombro.
El poncho mezquino del cielo
envuelve la luz,
esconde
una esquirla de plata.
El miedo flamea
con su casaca rotosa,
con su paso descalzo.
Camino sin agua y sin brújula.
No veo la rígida constelación sur.
Voy derechito a la emboscada
o al paludismo.
Oigo descargas lejanas, inconexas.
Es la interrumpida noticia que da el silencio.
Siento pozos de frío
en mi cuerpo.
De Las naciones hechizadas. Colección Once de la editorial Amargord, 2018.
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lunes, 16 de abril de 2018
domingo, 12 de abril de 2015
Su propio aliento desfigurado
VIVIANA PALETTA
(Buenos Aires, Argentina, 1967. Reside en Madrid desde 1991)
Cómo escribir hoy, cómo se escribe hoy. Dejo que ese hoy lo apalabres tú.
VP: Desconectándose de facebook como primer paso. Fuera de broma (ya que facebook es como un aleph para el lector y el curioso de hoy, aunque con un lenguaje más tosco en general y que deja con ganas de poder presenciar algún desenlace), creo que se escribe como desde los inicios de la literatura: alejándose del ruido, antes de la taberna y ahora de la multiplicidad de entretenimientos, así como de fuentes de información superficial que nos alejan de la voz particular, de la búsqueda de un sentido. Siento que tenemos el mismo reto que siempre, como creadores y como pensadores, mantener una postura ante la tradición –lo que sea esa palabra para cada uno–, y también ante la experiencia vital, particular y colectiva.
(De una entrevista realizada por Marta Aponte Alsina para revistacruce.com)
**
AIRE
[…] no entiendo la repugnancia sobre el uso del gas.
Estoy muy a favor del uso del gas contra tribus incivilizadas.
Winston Churchill
No tenemos ninguna convicción
salvo la respiración enardecida.
Y el aire que sigue su riguroso quehacer.
Bate una multitud cuando se agita.
Está azorado. Desencajado.
Y de tanto girar se desmadeja.
Irrumpe una algarada de viento:
no trae legiones, no trae timbales
ni estandartes ni ojivas.
Se vale de sí
de su propio aliento desfigurado
aire de aire.
Lleva una riada mostaza
que el viento mueve, esparce y desordena.
Nos envuelve en su marisma de niebla
bajo su manto nos calcina
como la nieve entretejida
como el retumbo del agua.
No tiene esqueleto.
Ni mecánica. Ni superficie.
Es un silbido
amarillo de Siena.
Un ardor que carda los cuerpos.
Pero me han dado
una copa de viento:
¿no la he de apurar?
(Buenos Aires, Argentina, 1967. Reside en Madrid desde 1991)
Cómo escribir hoy, cómo se escribe hoy. Dejo que ese hoy lo apalabres tú.
VP: Desconectándose de facebook como primer paso. Fuera de broma (ya que facebook es como un aleph para el lector y el curioso de hoy, aunque con un lenguaje más tosco en general y que deja con ganas de poder presenciar algún desenlace), creo que se escribe como desde los inicios de la literatura: alejándose del ruido, antes de la taberna y ahora de la multiplicidad de entretenimientos, así como de fuentes de información superficial que nos alejan de la voz particular, de la búsqueda de un sentido. Siento que tenemos el mismo reto que siempre, como creadores y como pensadores, mantener una postura ante la tradición –lo que sea esa palabra para cada uno–, y también ante la experiencia vital, particular y colectiva.
(De una entrevista realizada por Marta Aponte Alsina para revistacruce.com)
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AIRE
[…] no entiendo la repugnancia sobre el uso del gas.
Estoy muy a favor del uso del gas contra tribus incivilizadas.
Winston Churchill
No tenemos ninguna convicción
salvo la respiración enardecida.
Y el aire que sigue su riguroso quehacer.
Bate una multitud cuando se agita.
Está azorado. Desencajado.
Y de tanto girar se desmadeja.
Irrumpe una algarada de viento:
no trae legiones, no trae timbales
ni estandartes ni ojivas.
Se vale de sí
de su propio aliento desfigurado
aire de aire.
Lleva una riada mostaza
que el viento mueve, esparce y desordena.
Nos envuelve en su marisma de niebla
bajo su manto nos calcina
como la nieve entretejida
como el retumbo del agua.
No tiene esqueleto.
Ni mecánica. Ni superficie.
Es un silbido
amarillo de Siena.
Un ardor que carda los cuerpos.
Pero me han dado
una copa de viento:
¿no la he de apurar?
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char