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miércoles, 2 de noviembre de 2011
miércoles, 24 de febrero de 2010
Ey, Charlie, creo que soy feliz
TOM WAITS
(EE.UU., 1949)
Tarjeta navideña de una prostituta en Minneapolis
Ey, Charlie, estoy embarazada,
y vivo en la calle 9,
justo arriba de una sucia librería
en la esquina con la avenida Euclid,
y dejé de drogarme,
y dejé de tomar whisky,
y el viejo toca el trombón,
y trabaja en la autopista.
Y dice que me quiere,
e incluso, pese a que no es su hijo,
dice que lo va a criar
como si fuera suyo.
Y me dio un anillo
que llevaba su madre,
y me lleva a bailar
todos los sábados por la noche.
Ey, Charlie, pienso en vos
cada vez que paso por una estación de servicio,
por toda esa grasa
que solías tener en el pelo.
Y todavía tengo ese disco
de Little Anthony and the Imperials,
pero alguien me robó mi tocadiscos,
¿qué te parece eso?
Ey, Charly, casi me vuelvo loca
cuando a Mario lo agarraron,
así que me volví a Omaha
a vivir con mi gente,
pero todos los que conocía
estaban o muertos o en la cárcel,
así que volví a Minneapolis
esta vez creo que me quedo.
Ey, Charlie, creo que soy feliz,
por primera vez desde mi accidente,
y ojalá tuviera todo el dinero
que solíamos gastar en droga.
Me compraría un negocio de autos usados,
y no vendería ninguno de ellos.
Me encantaría nada más manejar un auto diferente
cada día, dependiendo
de cómo me sienta.
Ey, Charlie, por Dios,
¿querés saber la
verdad de esto?
No tengo esposo,
no toca el trombón,
y necesito pedir plata prestada
para pagar este abogado.
Y Charlie, ey,
me van a dar libertad bajo palabra,
vení el día de San Valentín.
De Blue Valentine, 1978
jueves, 14 de mayo de 2009
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char