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miércoles, 7 de marzo de 2018

Los colores ardían

TOMAS TRANSTRÖMER

(Estocolmo, Suecia, 1931-id., 2015) 

MEDITACIÓN AGITADA

Una tormenta hace girar las aspas del molino
que salvajemente, en la oscuridad de la noche, muele la nada.
         Las mismas leyes te mantienen despierto.
La panza del tiburón gris es tu débil lámpara.

Recuerdos difusos se hunden en la profundidad del mar
y allí se petrifican junto a extrañas columnas. Verde
         de algas está tu muleta. Quien
se va hacia la mar regresa rígido.
***
CARA A CARA

En febrero lo vivo estaba inmóvil.
Los pájaros preferían no volar y el alma
roía en el paisaje como un barco
roza en el muelle al cual está amarrado.

Los árboles nos daban la espalda.
La altura de la nieve se medía con juncos.
Envejecían las huellas de pasos sobre el hielo.
Se derretía el lenguaje bajo un toldo.

Algo llegó hasta la ventana un día.
Se detuvo el trabajo, yo levanté la vista.
Los colores ardían. Todo se dio la vuelta.
El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro.
***
MÁS ADENTRO

En la gran entrada a la ciudad
cuando el sol está bajo.
El tráfico se hace denso, repta.
Es un pesado dragón reluciente.
Soy una de las escamas del dragón.
De pronto está el sol rojo
frente al parabrisas
e inunda el coche.
¡Estoy iluminado
y una escritura se hace visible
dentro de mí,
palabras con tinta invisible
que aparecen
cuando el papel se acerca al fuego!
Sé que debo ir lejos,
atravesar la ciudad y luego
más allá, hasta que sea hora de ir
a caminar largamente por el bosque.
A seguir las huellas del tejón.
Se oscurece, se dificulta la visión.
Allí, en el musgo, hay piedras.
Una de esas piedras es valiosa.
Ella puede transformarlo todo,
puede hacer brillar la oscuridad.
Es un interruptor para todo el país.
Todo depende de ella.
Verla, tocarla.

Versiones sin datos.

lunes, 29 de enero de 2018

Huyo hacia los mismos lugares y palabras

Tomas Tranströmer 

(EstocolmoSuecia1931-Ibídem, 26 de marzo de 2015)

Alcaico

Un bosque de mayo. Toda mi vida trasguea aquí:
....la invisible mudanza. Un canto de pájaro.
...........En silenciosos charcos, signos de preguntas
.................furiosos danzan: larvas de mosquitos.

Huyo hacia los mismos lugares y palabras.
..........Brisa fría del mar, lame el dragón de hielo
...................mi nuca duerme mientras el sol quema.
.......................Con llamas tibias arden los enseres.

Traducción de Roberto Mascaró.
**
MADRIGAL
Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. No estamos sin esperanzas. Los crímenes más difíciles continúan sin aclarar a pesar de los esfuerzos de muchos policías. Del mismo modo, hay en nuestra vida un gran amor sin aclarar. Heredé un bosque sombrío pero hoy yo camino en otro bosque, el luminoso. ¡Todas las criaturas que cantan, serpentean, mueven la cola y se arrastran! Es primavera y el aire es muy fuerte. Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel.
Versión de Omar Pérez Santiago

sábado, 29 de julio de 2017

Su idioma se llama Queja

AUGUST STRINDBERG

(Estocolmo, Suecia, 1849-id., 1912)

"LA HIJA DE INDRA.- Y oigo sonidos que vienen de allá abajo … ¿Qué clase de seres viven allá?
LA VOZ DE INDRA .- Baja y verás … no quiero calumniar a los hijos del Creador, pero lo que oyes desde aquí es su idioma.
LA HIJA DE INDRA.- Suena como … no suena muy alegre.
LA VOZ DE INDRA.- ¡Así es! Su idioma se llama Queja. ¡Sí, sí! Los que habitan la Tierra son unas gentes insatisfechas y desagradecidas."
De Comedia Onírica.
**
Tras diez años en provincias estoy de vuelta en mi ciudad natal –ahora mismo, sentado a la mesa, comiendo con los viejos amigos–. Rondamos todos los cincuenta años, los más jóvenes del grupo pasan de los cuarenta o por ahí andan. Nos sorprende no haber envejecido desde la última vez. Se aprecia, desde luego, algo de gris en la barba y en las sienes, aquí y allá, pero hay también algunos que han rejuvenecido desde el último encuentro, y que reconocen que en torno a los cuarenta años sucedió un cambio notable en sus vidas. Se sentían viejos y dieron en pensar que su vida se acababa; descubrían enfermedades inexistentes; sus brazos se agarrotaban y les resultaba difícil enfundarse el abrigo. Todo se les antojaba viejo y raído; todo se repetía, todo sucedía siempre de la misma manera; la nueva generación se abría paso desafiante, sin prestar la más mínima atención a los logros de la anterior; sí, y lo más terrible era que los jóvenes descubrían las mismas cosas que nosotros habíamos descubierto y, peor aún, exhibían sus viejas novedades como si nadie antes hubiera barruntado nada.
*
Lo que he ganado con la soledad es poder decidir por mí mismo mi dieta espiritual. No tengo que ver a mis enemigos en mi propia casa, sentados a mi mesa, ni escuchar en silencio mientras alguien se burla de lo que yo más estimo; no tengo que escuchar, dentro de mi casa, la música que aborrezco; evito ver periódicos, tirados por ahí, con caricaturas de mis amigos y de mí mismo; me he liberado de leer libros que desprecio y de visitar exposiciones y admirar cuadros que no me gustan. En una palabra, soy dueño de mi alma en aquellos casos en los que uno tiene algún derecho de serlo, y puedo elegir mis simpatías y antipatías. No he sido nunca un tirano, lo único que he pretendido es dejar de ser tiranizado, cosa que no soportan las personas tiránicas. Al contrario, siempre he odiado a los tiranos, y esto es algo que los tiranos no perdonan.
*
Allí estaba yo sentado, con todo a mis espaldas: ¡todo, todo, todo! ¡La lucha, la victoria, la derrota! Todo lo más amargo y lo más dulce de la vida. Y entonces, ¿qué? ¿Estaba cansado y viejo? No, la lucha continuaba, con más furia que nunca, más en serio y a mayor escala, ¡adelante, siempre adelante! Pero, mientras que antes solo había tenido enemigos delante de mí, ahora los tenía delante y detrás. Me había tomado un rato de descanso para poder proseguir, y sentado en este sofá, en esta casa, me sentí tan joven y apto para la lucha como treinta años antes, con la diferencia de que ahora el objetivo era nuevo, pues las viejas piedras miliares estaban ya a mi espalda. Los que se habían detenido y quedado atrás querían, desde luego, retenerme, pero yo no podía esperar, por eso había tenido que salir a reconocer los desiertos solo, a buscar nuevos caminos y sendas; a veces, engañado por un espejismo, me tocaba darme la vuelta y retroceder; pero esto solo hasta llegar a una encrucijada; y desde allí, de nuevo hacia delante. 

De Solo. Mármara Ediciones. Traducción de Manuel Abella.
**

¡Poetas!
¿Todavía llorando por ideales perdidos?
¡Tienen todas las épocas su idea propia del mundo,
la tenemos nosotros sobre la realidad!
¡Guarda fidelidad vosotros a las vuestras!
¡Con las nuestras seguimos!

¡Poetas!
¿Por qué nobles salmodias sobre tan nobles temas?
En la vida brindada lo sublime es la vida.
¿Por qué tenéis por cierta la belleza aparente?
Es fea la verdad si hermosa es la apariencia.
¡Lo feo es lo auténtico!

De Mal de amor
**
Aquí descansa Ismael, hijo de Agar, cuyo nombre fue alguna vez llamado Israel, porque sostuvo una lucha con Dios, y no cesó de luchar hasta caer derrotado por su Dios omnipotente(…) Yo, que soy el que más sufre, cuyo tormento más penoso es éste: ¡No pude ser lo que anhelé!”

De Camino real

domingo, 23 de abril de 2017

Muy temprano, voy surcando la oscuridad camino al colegio

Henning Mankell 
(Estocolmo, Suecia, 1948-2015)

Tusquets Editores comparte un fragmento del más reciente libro de Mankell con los lectores de EL INFORMADOR

"La mayoría de los viejos que conozco, empezando por los que no saben leer, tienen un respeto por los libros. E identifican la cultura con una cierta redención. Por el contrario, amigas profesoras y bibliotecarias me comentan que suelen ser jóvenes los que muestran, sin complejos, un rechazo primario a los libros y a la lectura... El desastre cultural no tiene una sola causa, pero sí que se intoxica el medio ambiente con la subestimación de lo que se ha dado en llamar humanidades. Hay incluso voces públicas que asocian la libertad con un curioso derecho a la ignorancia: ¿Para qué aprender cosas inútiles, como lenguas muertas o filosofía?"


Aquella misma tarde atravesaron un denos enjambre de mariposas. Eran transparentes y amarillentas y su aleteo recordaba al crujido del papel. San se detuvo admirado en medio de la nube de mariposas. Era como si hubiese accedido a una casa cuyas paredes estuviesen construidas de alas. Se dijo que le gustaría quedarse allí. “Me gustaría que esta casa tuviese una puerta, claro. Me quedaría aquí escuchando el aleteo de las mariposas hasta que llegase el día en que cayese muerto a tierra.”
**
PISANDO LOS TALONES 
(Fragmento)

Wallander se sentó ante el escritorio de la joven mientras Martinson revisaba la cómoda y luego inspeccionaba en el gran armario que había pegado a una de las paredes. Los cajones del escritorio no estaban cerrados con llave, cosa que sorprendió a Wallander. Sin embargo, cuando fue abriéndolos, uno a uno, comprendió por qué no les habían echado la llave: estaban prácticamente vacíos. Frunció el entrecejo al tiempo que se preguntaba por qué en aquellos cajones no había nada salvo algunas horquillas, unos lápices viejos y un puñado de monedas de diversos lugares del mundo. ¿No sería aquello indicio de que alguien había estado allí y los había vaciado? Pudo haber sido la misma Isa o cualquier otra persona. Abrió el cartapacio verde y halló una acuarela hecha, a todas luces, por un pincel inexperto. «IE 95», se leía en el ángulo inferior derecho. Representaba una marina, mar y acantilados. Volvió a cubrirla con el cartapacio. En una estantería, junto a la cama, había varias hileras de libros. Pasó un dedo por los lomos mientras leía los títulos. Recordó que algunos de ellos los había leído también Linda. Tanteó con la mano detrás de los libros y halló otros dos, que tal vez se hubiesen caído o que alguien pudo haber escondido. Los sacó y comprobó que ambos estaban en inglés. Journey lo the Unknown se llamaba el primero, Viaje a lo desconocido, de un tal Timothy Neil. El otro llevaba por título How to Cast Yourself in the Play of Life, Qué papel representar en el teatro de la vida, de Rebecka Stanford. Las portadas de ambos tenían ilustraciones de un estilo similar: figuras geométricas, cifras y letras que parecían flotar libremente en una especie de panorama cósmico. Wallander se sentó de nuevo ante el escritorio. Se notaba que habían leído los libros más de una vez, pues se abrían solos por ciertas páginas, en su mayoría manoseadas y dobladas. Se puso las gafas y se dispuso a leer las contraportadas. Timothy Neil hablaba de que, en la vida, era importante seguir algo que él denominaba «mapas espirituales», mapas que uno podía aprender a trazar mientras dormía. Wallander hizo un mueca mientras lo dejaba sobre el escritorio y tomaba el de Rebecka Stanford, que escribía sobre lo que ella llamaba «la descomposición cronológica». Aquello atrajo enseguida la atención de Wallander. En efecto, el libro parecía tratar de cómo aprender, en un círculo de amigos, a dominar el tiempo y avanzar o retroceder por las diversas épocas, pasadas y futuras. La autora parecía convencida de que aquello era un instrumento idóneo para que la gente pudiese vivir plenamente «en una época dominada por el despropósito y la desorientación crecientes.
**
El gran descubrimiento

"En el caos emocional en que me encontré inmerso de repente después de que la tortícolis se convirtiera en cáncer, me di cuenta de que la memoria me llevaba no pocas veces a la niñez.

Sin embargo, tardé en darme cuenta de que la memoria me ayudaría a comprender, a crear un punto de partida para encontrar el modo de enfrentarme a la catástrofe que me había sobrevenido.

En algún punto tenía que empezar, simplemente. Tenía que elegir. Y me convencí cada vez más de que el punto de partida se hallaba en los primeros años de mi vida.

Por fin, elijo una noche de invierno de 1957. Cuando abro los ojos aquella mañana, lo hago sin saber que ese día me desvelará un gran secreto.

Muy temprano, voy surcando la oscuridad camino al colegio. Tengo nueve años. Precisamente aquella mañana, Bosse, mi mejor amigo, está enfermo. Yo siempre paso a recogerlo por la casa que se encuentra a unos minutos de la casa del juzgado, donde vivo yo. Su hermano Göran me abre la puerta y me dice que a Bosse le duele la garganta y que no va a ir al colegio. Así que esa mañana tengo que recorrer el camino yo solo."
De Arenas movedizas
**
Mi casa se quemó una noche de otoño hace casi un año. Fue un domingo. Había empezado a levantarse viento a primera hora de la tarde. Al anochecer pude ver en el anemómetro que las ráfagas de aire superaban los veinte metros por segundo.

El viento era del norte y muy frío a pesar de que aún estábamos a principios del otoño. Cuando me acosté a las diez y media, pensé que esa era la primera tormenta otoñal que cruzaba la isla que había heredado de mis abuelos maternos.

Otoño, pronto invierno. Una noche, el agua del mar empezaría a helarse lentamente.

Era la primera vez ese otoño que me metía en la cama con calcetines. El frío lanzaba su primera embestida.

El mes anterior había arreglado el tejado haciendo un gran esfuerzo. Fue un trabajo enorme para un pequeño artesano. Había muchas tejas viejas y rotas. Mis manos, que una vez sujetaron bisturís en complicadas operaciones quirúrgicas, no estaban hechas para manejar ásperas tejas.

Ture Jansson, que había sido cartero aquí fuera, en las islas, durante toda su vida profesional, pero ya estaba jubilado, se había encargado de transportar las tejas nuevas desde el puerto. No quiso ni siquiera cobrar por ello. Como yo he instalado una consulta improvisada en mi cobertizo para ocuparme de todos los achaques imaginarios de Jansson, quizá pensara que debería devolverme el favor.

Durante todos estos años he examinado abajo, en el embarcadero junto al cobertizo, sus supuestos dolores de brazos y espalda. He alcanzado el estetoscopio colgado de un señuelo para cazar eíderes y he constatado que sus pulmones y su corazón sonaban como debían. En todos esos reconocimientos repetitivos, Jansson siempre ha demostrado encontrarse en perfectas condiciones. Su miedo a enfermedades imaginarias ha sido tan exagerado, que yo, durante los muchos años que ejercí de médico, nunca vi nada parecido. Ha sido cartero y, además, hipocondríaco a tiempo completo.

En una ocasión se quejó de un dolor de muelas. Entonces me negué a prestar atención a sus dolores. Si fue al dentista en tierra firme, eso ya no lo sé. Me pregunto si este hombre habrá tenido alguna vez una sola caries en los dientes. ¿No sería que le rechinaban los dientes cuando dormía y que por eso le dolían?

La noche del incendio yo había tomado, como de costumbre, un somnífero y me dormí enseguida.

Me despertaron unas potentes lámparas que se encendieron de repente. Cuando abrí los ojos, la luz que me envolvía me cegó. Bajo el techo del dormitorio flotaba una nube de humo gris. Debí de haberme quitado los calcetines en sueños, cuando la habitación se calentó. Salí corriendo de la cama, bajé la escalera y entré en la cocina. Una penetrante y fuerte luz me rodeaba por todas partes. Vi que el reloj de pared de la cocina marcaba las doce y diecinueve minutos. Me puse como pude mi impermeable negro, colgado junto a la puerta de entrada, me calcé las botas de lluvia, una de las cuales me resultó casi imposible de poner, y salí a toda prisa.

La casa ya estaba totalmente incendiada. Se oía el fragor del fuego. Tuve que bajar hasta el embarcadero y el cobertizo para poder soportar el calor. Allí me quedé luego contemplando lo que pasaba. En esos primeros momentos no pensé en lo que habría ocasionado el fatal incendio. Observaba, sin más, cómo estaba ocurriendo lo imposible. El corazón me latía con tanta fuerza que creí que me iba a estallar dentro del pecho. El fuego me asolaba también por dentro con la misma intensidad.

El tiempo se fundió con el calor. Empezaron a llegar barcos con vecinos medio aturdidos. Pero nunca pude decir después cuánto tiempo duró ni quiénes vinieron. Mis ojos estaban clavados en el fuego y en las chispas que revoloteaban hacia el cielo nocturno. En un instante aterrador me pareció ver de pronto las ancianas figuras de mi abuelo y de mi abuela al otro lado del fuego.
(...)
"¿Cómo era posible que los niños, a menudo muy pequeños, que deberían tener la vida por delante, actuaran con tanta tranquilidad y conscientes ante el hecho de que iban a morir? Yacían en sus camas y esperaban quietos lo que había de llegar. En lugar de la vida que nunca tendrían, había otro mundo desconocido aguardándoles. Los niños morían casi siempre en silencio"
De Botas de lluvia suecas.

Fuente: Tusquets Editores.

sábado, 4 de febrero de 2017

Una persona está compuesta por muchos detalles

Henning Mankell

(Estocolmo, Suecia, 1948-Göteborg, id.,  2015)

La quinta mujer
(Fragmentos)

Una persona está compuesta por muchos detalles. Nos parece que recordamos con mucha rapidez. Como si la memoria volase. En realidad es al contrario. Imagínate un objeto que casi puede flotar. Que se hunde en el agua extraordinariamente despacio. Así funciona la memoria.
(...)
«El hombre es un animal que vive para esforzarse», pensó. «En este preciso instante, es como si yo no fuera ya capaz de hacerlo». Se sentó en el borde de la cama. El
suelo estaba frío bajo sus pies. Se miró las uñas de los pies. Necesitaban un
corte. Todo él necesitaba una renovación profunda. Un mes antes había estado en
Roma reponiendo fuerzas. Ahora estaban agotadas. En menos de un mes, se habían agotado. Se obligó a incorporarse. Luego fue al cuarto de baño. El agua fría fue como un bofetón. Pensó que un día también acabaría con eso. Con el agua fría que le ponía en
funcionamiento. Se secó, se puso el batín y fue a la cocina. Siempre lo mismo. El agua del café, luego, a la ventana; el termómetro. Llovía. Cuatro grados sobre cero. Otoño, el frío estaba empezando a imponerse. Alguien en la comisaría había anunciado que se
acercaba un intenso y largo invierno.
(...)
Se sentó en una butaca antigua cuyos brazos terminaban en cabezas de dragón. El escritorio era una cómoda en la que la tabla de escribir podía funcionar como tapa abatible del armario. En la parte superior pudo ver fotografías enmarcadas. Katarina Taxell de
pequeña. Aparece sentada en el césped. Al fondo, muebles de jardín blancos. Figuras borrosas. Alguien lleva un sombrero blanco. Katarina Taxell está sentada junto a un perro grande. Mira directamente a la cámara. Un gran lazo en el pelo. El sol cae oblicuo por la
izquierda. Otra foto: Katarina Taxell con su madre y su padre. El ingeniero de la
refinería azucarera. Lleva bigote y da la impresión de estar muy seguro de sí mismo. De aspecto, Katarina Taxell se parece más a su padre que a su madre. Wallander sacó la fotografía y la miró por detrás. No había fecha. La foto era de un estudio de Lund. La siguiente era de cuando terminó el bachillerato. Gorra blanca, flores en torno al cuello. Está más delgada, más pálida. El perro y el ambiente de la foto del césped quedan
lejos. Katarina Taxell vive en otro mundo. La última fotografía, en el extremo. Es antigua, los bordes han palidecido. Se ve un paisaje árido junto al mar. Un hombre y una mujer mayores miran fijamente a la cámara. Al fondo, lejos, un barco con tres mástiles, anclado, sin velas. 
(...)
Wallander descorrió una cortina para que entrara más luz. De repente descubrió un corzo
pastando entre los árboles del jardín. Se quedó completamente inmóvil. El corzo levantó la cabeza y le miró. Luego continuó pastando con tranquilidad. Wallander siguió quieto con la sensación de que nunca se olvidaría de ese corzo. No sabía cuánto tiempo estuvo mirándolo. Un ruido que él no percibió hizo que el corzo prestase atención. Luego dio un salto y desapareció. Wallander miró por la ventana. El corzo se había ido.
(...)
En el mundo de la novela hay cierta libertad. Lo que se describe pudo haber ocurrido exactamente como está descrito. Pero tal vez ocurrió, a pesar de todo, de una manera algo distinta. En esta libertad entra también el que uno pueda trasladar un lago, cambiar un cruce de carreteras o reconstruir una Maternidad. O añadir una iglesia que quizá no existe. O un cementerio. Cosa que he hecho.

Henning Mankell,
Maputo, abril de 1996

viernes, 12 de agosto de 2016

El hastío cuelga como trapos de cocina húmedos en torno al alma

INGMAR BERGMAN
(Uppsala, 1918-Isla de Faro, Suecia, 2007)

Linterna mágica
(Fragmentos)



“Cine como sueño, cine como música. No hay arte que, como el cine, se dirija a través de nuestra conciencia diurna directamente a nuestros sentimientos, hasta lo más profundo de la oscuridad del alma. Un pequeño defecto del nervio óptico, un efecto traumático: veinticuatro fotogramas iluminados por segundo, entre ellos oscuridad, el nervio óptico no registra la oscuridad. Cuando yo, en la moviola, paso la película cuadro por cuadro siento todavía la vertiginosa sensación de magia de mi infancia: allí en la oscuridad del armario ropero daba yo vueltas lentamente a la manivela pasando las imágenes una por una y veía así los cambios apenas perceptibles. Aceleraba: un movimiento.

Las sombras mudas o parlantes se dirigen sin rodeos hacia mis espacios más secretos. El olor a metal caliente, la temblorosa luz de las imágenes, el ruido de la cruz de Malta, la manivela en la mano”.
Nos hicimos amigos, ¿no nos hicimos amigos? ¿No invalidamos el viejo reparto de papeles de madre e hijo y nos hicimos amigos? ¿Hablamos con sinceridad y confianza? ¿No fue así? ¿Llegué a entender su vida, estuve siquiera cerca de entenderla? ¿O no fue más que una ilusión lo de nuestra amistad? No, no crea que estoy embrollándome, aplastado por los reproches que me hago a mí mismo. No tiene nada que ver con eso. Pero ¿amistad? ¿No eran los mismos papeles sólo que con otras réplicas? La representación se desarrolló como yo quise. Pero ¿el amor? Sí, ya sé, en nuestra familia no empleamos esos términos. Padre habla del amor de Dios en la iglesia. Pero ¿aquí en casa? ¿Qué pasó con nosotros? ¿Cómo nos las arreglamos con el corazón escindido, con el odio reprimido? 
-Debes hablar de eso con alguna otra persona. Yo estoy demasiado cansada.
-¿Con quién? Ni siquiera puedo hablar conmigo mismo… ¿Por qué salió todo tan mal?... ¿Nos pusieron máscaras en lugar de rostros, nos dieron histeria en lugar de sentimientos, vergüenza y remordimiento en lugar de ternura y perdón?
Mi madre hace un gesto en dirección a su pelo, la oscura mirada está inmóvil, no creo que parpadee siquiera.
-¿Por qué se hizo un inválido de mi hermano, por qué fue aplastada mi hermana hasta romperse en un grito, por qué tuve que vivir yo con una herida infectada que atravesaba todo mi ser y que nunca cicatrizó? No trato de buscar culpables, no quiero cobrarme nada, no soy un recaudador de impuestos. Sólo quiero saber el porqué de tanta miseria tras la frágil fachada del prestigio social. ¿Por qué resultaron tan dañados mis hermanos, pese al cuidado, al apoyo y la confianza que se les prodigó? ¿Por qué fui yo incapaz de mantener relaciones humanas normales?
Cortesía de Horacio Tubbia.
***
El hastío cuelga como trapos de cocina húmedos en torno al alma. Sin embargo, no dejo traslucir nada. Mostrar las calamidades privadas en el trabajo es una falta profesional grave. El humor tiene que ser parejo y estimulante.
***
A menudo vienen bandadas de pájaros negros a hacerme compañía: angustia, cólera, vergüenza, arrepentimiento, hastío. Hasta para el insomnio hay rituales: cambiar de cama, encender la luz, leer un libro, oír música, comer galletas y chocolate, beber agua mineral.
***

Hoy, que me hago la ilusión de que estoy casi curado, me pregunto si hay o llegará a haber instrumentos capaces de medir y definir una neurosis que, de manera tan eficaz y acabada, representaba una ilusoria normalidad.
***
Las horas que hizo desaparecer la operación me proporcinaron un dato tranquilizador: tú naces sin un fin, vives sin un sentido, el vivir es su propio sentido. Al morir te apagas. De ser, te transformas en un no-ser. No tiene por qué haber necesariamente un dios, entre nuestros átomos cada vez más caprichosos.
***
"Le pregunté al pastor si debía levantar la mano y decir ‘Heil Hitler’ como todos los demás. Él contestó: -Mi querido Ingmar, todos lo considerarán como algo más que un gesto de cortesía. Empecé a saludar brazo en alto y a decir ‘Heil Hitler’. Me producía un efecto raro. (...) Aunque era clase de religión, el libro que estaba en los pupitres era el Mein Kampf (Mi lucha) de Hitler. (...) Los domingos la familia iba a misa solemne. El sermón del pastor era sorprendente. No hablaba basándose en los Evangelios, sino en el Mein Kampf. Durante muchos años estuve de parte de Hitler, alegrándome de sus éxitos y lamentando sus derrotas.”
(...)
“Cuando los testimonios de los campos de concentración se abatieron sobre mí, mi entendimiento no fue capaz, en un primer momento, de aceptar lo que veían mis ojos. Al igual que muchos otros, yo decía que las fotos estaban trucadas, que eran infundios propagandísticos. Al vencer, finalmente, la verdad a mi resistencia, fui presa de la desesperación, y el desprecio de mí mismo, que era ya una carga grave, se acentuó hasta rebasar el límite de lo soportable.”

(Fragmentos extraídos de Linterna mágica: Memorias. Colección MAXI. Tusquets Editores, 2001. Traducción de Juan Uriz Torres  y Francisco J, Uriz.)

domingo, 28 de febrero de 2016

Escucha a un hombre hermoso que ya no cree en nada

BRUNO K. ÖIJER

(Suecia, 1951-)

A los desarmados (sin partido) 

Cuando John Black dijo que odiaba toda violencia &
Y que prefería mirar hacia la costa
el consejo militar soltó sus
obedientes oficiales, que destruyeron
cada estatua de afrodita del local & empezaron
a implantar miradas rotas en las
restante manchas verdes...

Los vimos ayer en el premio de la paz
(& todas las minas explosivas exportadas)
& lo único que ellos realmente lamentaron
fue que no existieran más leyes,
para evitar poner el índice en el aire
cada mañana & y sentir
de que lado el dinero sopla.

Cuando la tristeza de los desiertos &
las estadísticas de suicidio del regimiento una vez se silencien,
iremos como aseadores & destruiremos del parlamento
sus columnas dóricas & cosecharemos las parras del mapa del mundo...
imposible despertar al parlamentario correcto
ellos nunca han entendido la palabra conciencia &
duermen muy mal en las noches

Ps. las maestras de escuela
se ha hecho viejas. Gritan toda la semana a
los niños: "coloquen la otra mejilla",
pero es una larga caminata a sus departamentos
& cuando el orgasmo llega (mis amigos)
son ellas las primeras en celebrar a los CARNICEROS.

Nada hemos dicho sobre la razón
todos son nubes cúmulos & locos
& seguridad burguesa en sus entrepiernas

De Canción al anarquismo, 1973
Traducción: Omar Pérez 
***
Oye Ángel
(Noche sin un juego gratis por las calles de Nueva York)

Oye ángel, escucha
oye ángel, escucha a un hombre hermoso
escucha a un hombre hermoso que ya no cree en nada

oye ángel, soy como tú
tengo perlas azules en torno a las muñecas
y el invierno se viene nuevamente
de mi oreja balanceo un aro dorado

oye ángel, escucha
estamos al final del siglo 20
estamos al final del siglo 20 y no pasa nada
oye ángel, estamos al final del siglo 20
y todos buscan la felicidad rodando sobre sus zapatos

oye ángel, yo digo la verdad
oye ángel, hiedo a valijas y a bourbon barato
pero Nueva York está okey, ni más ni menos
oye ángel, es tan simple
quienes siguen con vida son condenados
quienes siguen muertos se recuerdan y premian

oye ángel, algo significas para mí
tú y un puñado más
criminalmente amado y llamado inútilmente
oye ángel, escucha
tal vez resulte o no un buen polvo
tal vez me incline sobre las flores del tapiz
pero veo la sangre a lo largo de Bowery por mi ventana
y los flippers se han vuelto contra mí
oye ángel, resulta que las balas se cuelan a través
y yo he buscado algo que buscar
y yo he buscado algo que buscar
y yo he buscado algo que buscar

oye ángel, el alba cae
sobre los papeles de diario y los vidrios rotos
no puedo regresar
no puedo regresar
no puedo quedarme aquí
oye ángel, soy tan libre como una avispa
atrapada en la puerta giratoria del palacio bancario

oye ángel, no te burles de mí, tú sabes lo que quiero
oye ángel, las calles están limpias de todo, vacías
oye ángel, todos han lucrado de la guerra
oye ángel, sube aquí y deja tus ropas en el suelo

escúchame
escucha a un hombre hermoso
escucha a un hombre hermoso que ya no cree en nada

oye ángel, soy como tú
fumo 10 Pall Mall antes del desayuno
tomo un taxi hacia el parque y pago con un hoja seca
oye ángel, yo soy bueno ante mis ojos
oye ángel, en cuando en cuando doy a mis ojos tantos quilates
veo las puertas abrirse hacia el parque de diversiones
veo a todos abalanzarse y recogen el moho de la carpa circense

oye ángel, yo digo la verdad
oye ángel, llevo una cáscara de naranja ya comida
llena de cenizas de cigarro
tengo un esqueleto de naranja pegado junto a mi pecho
oye ángel, la ceniza se estremece en mis latidos
no quiero pedir perdón
ni intentar ponerla a ella o a él junto a mi pecho
no pienso buscar trabajo o ver como alguno va al suyo
no seguiré a nadie que no haya antes sido seguido

oye ángel, estoy aquí
y soplo algunos granos de ceniza por mi ventana
no puedo oírlos aterrizar en East Houston Street
pero el mundo se aclara de aquello que en nosotros permanece
y las calles vacías se apertrechan de mí
oye ángel, los días llegan, después las noches
y no tengo ningún consejo que dar
aquellos que cazan se han ido y quienes se han ido están afuera de caza

oye ángel, no necesitas estar de acuerdo conmigo
pero estas perlas azules iluminan mi camino
no el tuyo, no el de otro

oye ángel, es tan simple
algunos de nosotros creen que las fresas silvestres saben mejor de noche
algunos de nosotros dibujan una almohada sobre el puente de Brooklyn
algunos de nosotros exigen que los tragos sean punzados
antes de empezar la corrida de toros
algunos de nosotros bajan por la Primera Avenida
y equilibran la tibia lluvia sobre el estilete
algunos de nosotros pagan caro por figurar
en la próxima edición de bolsillo de "quién es quién"
algunos de nosotros atraen al sol con un paquete de almendras
y un muslo desnudo
algunos de nosotros ven los fuegos artificiales reventar sobre el barrio chino
como manchas de carmín en los guantes del aseador
algunos de nosotros
algunos de nosotros creemos haber hallado la salida

oye ángel,
no te aburriré
y no pienso descansar largo rato a tu lado
oye ángel, lo único que quiero
es subir y llegar en tu cuerpo
oye ángel
oye ángel, estamos al final del siglo 20
estamos al final del siglo 20 y las luces se han ido
estamos al final del siglo 20
y la vida se ata tan fuerte con ternura y comunión
que los amantes trinchan la cabeza
y los caballos obligan a irse al matadero

oye ángel, yo he buscado algo que buscar
oye ángel, yo he buscado algo que buscar
oye ángel, yo he buscado algo que buscar
escúchame
escucha a un hombre hermoso
escucha e un hombre hermoso que ya no cree en nada

oye ángel, déjame llamar la misma gente
y contarles de nuestro amor
déjame contarles que nos encontramos por casualidad
por el puro placer de alejarnos uno del otro

oye ángel, los días se van, después las noches
y los flippers se han vuelto contra mí
simplemente las balas disfrazadas de gorgeos
se cuelan perforando el cráneo de Dios

oye ángel, Nueva York está okey, ni más ni menos
oye ángel, es tan simple
los que se hielan incendian sus casas
los que sueñan con la justicia sufren de insomnio
y pálidos y enfermos deben mostrarse

oye ángel, soy como tú
no necesito mucho
necesito una cordillera y una palmada en la espalda
oye ángel, a veces me siento como una buena baraja
a veces tengo mano en la primera
pero los tipos como yo entran a un juego
donde la ganancia es demasiado pesada para llevarse algo a casa

oye ángel, los tipos como yo vagan de bar en bar
los tipos como yo se ríen a carcajadas del futuro
y calentamos las calles con nuestras pisadas
oye ángel, los tipos como yo no quieren aspirar a nada
los tipos como yo ponen un espejo sobre el suelo
para que los planetas admiren su maquillaje

oye ángel, flota el downtown, tú sabes como ando a tientas.
oye ángel, no hay peligro.
es sólo el Día de San Valentín y las lágrimas
golpean sobre el río Hudson
oye ángel, imagínate, toda una tarde
piénsate toda una tarde sin un juego gratis

oye ángel,
oye ángel, estamos al final del siglo 20
estamos al final del siglo 20 y debes alimentar los pájaros
estamos al final del siglo 20 y escucho hablar
no quiero tenderme allí pero ahora
ellos yerran el camino en sus habitaciones

y yo he buscado algo que buscar
y yo he buscado algo que buscar
y yo he buscado algo que buscar

escúchame
escucha a un hombre hermoso
escucha a un hombre hermoso que ya no cree en nada

oye ángel, soy como tú
oye ángel, es siempre de noche cuando me levanto
oye ángel, me tiendo aquí y veo las cortinas salirse de sus cuerdas
oye ángel, es tan simple
oye ángel, hay una llama negra
oye ángel, hay una llama negra y esta viene
hacia nosotros.

Versión de Juan Cameron

jueves, 26 de diciembre de 2013

Me pareció oír el canto del hielo

HENNING MANKELL
(Estocolmo, Suecia, 1948)


Siempre me siento más solo cuando hace frío. El frío del exterior me hace pensar en el de mi propio cuerpo. Me veo atacado desde dos frentes. Pero yo no dejo de oponer resistencia contra el frío y contra la soledad. De ahí que, cada mañana, salga a cavar un agujero en el hielo. Si alguien me observase desde la helada bahía con unos prismáticos, creería que estoy loco y que lo que hago es preparar mi propia muerte. ¿Un hombre desnudo en el gélido frío invernal, con un hacha en la mano cavando un agujero en el hielo?

En realidad, tal vez sea eso lo que espero, que un día haya alguien ahí fuera, una negra sombra que se recorte contra la inmensa blancura que me rodea, que me mire y se pregunte si llegará a tiempo de intervenir antes de que sea demasiado tarde. Pero no necesito que nadie me salve, puesto que no tengo intención de suicidarme. 

Hace años, cuando la gran catástrofe, la desesperación y la ira se apoderaban de mí con tal violencia que, en alguna ocasión, sopesé la posibilidad de acabar con mi vida. Pero jamás lo intenté. La cobardía ha sido siempre para mí una fiel compañera. Entonces, como ahora, pensaba que la vida consiste en no cejar. La vida es una frágil rama que se mece sobre un abismo. Y seguiré colgado de ella tanto tiempo como yo mismo resista. Después me precipitaré al fondo, como todos, y no sé qué me espera. ¿Habrá algo sobre lo que caer o no existirá nada más que una oscuridad fría y dura precipitándose hacia mí? 

El mar está helado. 

El invierno se ha presentado duro este año, al principio del nuevo milenio. Esta mañana, cuando me desperté en las tinieblas propias del mes de diciembre, me pareció oír el canto del hielo. No sé de dónde he sacado la idea de que el hielo puede cantar. Tal vez sea algo que, de niño, le oí contar a mi abuelo, nacido aquí, en el archipiélago. 
Pero el hecho es que me desperté en la oscuridad a causa de un ruido. Y no había sido el gato, ni el perro. El sueño de esos dos animales que me acompañan es más profundo que el mío. El gato es viejo y el perro está sordo del oído derecho y la capacidad auditiva de su oído izquierdo está seriamente mermada. Puedo incluso pasar junto a él sin que se dé cuenta. 

Pero ¿y ese sonido (ruido)? 

Intenté orientarme en la oscuridad. Me llevó unos minutos comprender que debía de ser el hielo que se movía, pese a que aquí, en la bahía, tiene un grosor de varios decímetros. La semana pasada, un día en que me sentía más inquieto de lo habitual, fui hasta la frontera donde el hielo se encuentra con el mar abierto. Y se extendía un kilómetro más allá de los islotes más remotos. Es decir, que la placa de hielo no debería moverse aquí, en la bahía. Sin embargo, se elevaba y descendía, crujía y cantaba. 

Presté atención al ruido aquel, y, de pronto, pensé que la vida ha pasado muy rápido. Y aquí me veo ahora. Un hombre de sesenta y seis años, económicamente independiente, con un recuerdo que es para mí una tortura constante. [...]
***
De repente sentí añoranza de mi padre. No lo hacía desde que falleció. Su muerte me causó gran dolor, aunque él y yo nunca hablamos con confianza, siempre imperó entre nosotros una muda comprensión mutua. Vivió lo suficiente para ver que lograba estudiar medicina
y nunca ocultó el asombro y el orgullo que ello le producía. En los últimos años de su vida, cuando estaba en cama con aquel terrible cáncer que se extendió, de ser un pequeño lunar negro bajo el talón hasta convertirse en metástasis que él se imaginaba como el musgo sobre la piedra, hablaba a menudo de la bata blanca que yo tenía derecho a vestir. A mí me parecía vergonzoso que él considerase que el poder residía en la bata. Después comprendí que, para él, yo tenía que tomar la revancha. Él también había llevado una chaqueta blanca, pero a él lo habían pisoteado. A mí me tocaba vengarme. Nadie se atrevía a tratar con desprecio a un médico con su bata blanca.
***
El gato tuvo que quedarse fuera aquella noche. Yo subí a la primera planta y me tumbé a leer. No se oía ningún ruido procedente de la cocina, aunque se veía el haz de luz que atravesaba la ventana. Aún no la había apagado. Cuando eché la cortina, vi que el gato se había sentado a la luz.
También el gato me dejaría en breve. Era como si ya se hubiese convertido en un ser transparente.

Leí uno de los libros de mi abuelo, de 1911, que trataba de aves zancudas insólitas. Debí de dormirme sin apagar la luz. Cuando abrí los ojos, aún no habían dado las once. Había dormido media hora, como máximo.
Me levanté y entreabrí la cortina. La luz de la cocina estaba apagada y el gato había desaparecido. Estaba a punto de acostarme, cuando presté atención. Oí un ruido procedente de la cocina que no fui capaz de identificar. Me acerqué a la puerta y agucé el oído. Y entonces lo oí claramente. Sima estaba llorando. Me quedé de pie. ¿Debía bajar con ella o querría que la dejase en paz? Tras un instante, el llanto pareció apagarse, así que volví a cerrar la puerta con cuidado y me acosté. Ya sabía dónde poner el pie para que el listón de madera del suelo no crujiese.
***
-A uno le hacen promesas sin cesar –prosiguió ella-. Nos hacemos promesas a nosotros mismos. Escuchamos las promesas de los demás. Los políticos nos hablan de una vida mejor para los que envejecen, de una sanidad donde nadie sufra en la espera. Los bancos nos prometen mejores intereses, los alimentos nos prometen mejor línea y las cremas nos garantizan una vejez con menos arrugas. La vida no consiste más que es navegar en nuestra pequeña embarcación cruzando un mar de promesas siempre cambiantes pero inagotables. ¿Cuántas de esas promesas recordamos? Olvidamos lo que queremos recordar y solemos recordar aquello de lo que más deseamos librarnos. Las promesas no cumplidas son como sombras que danzan a nuestro alrededor en el ocaso. Cuanto más me acerco a la vejez, más claras las veo…
***
Aún recordaba la primera vez que  cuidé de una persona que murió ante mis ojos. Ocurrió sin el menor movimiento, sin un sonido. Tan infinitamente breve era aquel gran paso. Durante una unidad de tiempo apenas mensurable, el ser vivo pasaba a estar entre los muertos.
Recuerdo que pensé: este ser humano que ahora está muerto es una persona que, en realidad, no existió nunca. Con la muerte se erradica todo cuanto existió. La muerte no deja huella, salvo la de aquello que a mí siempre me costó tanto. El amor, los sentimientos. 

De Zapatos italianos, Tusquets Editores.

domingo, 22 de septiembre de 2013

El campo resplandece apagado

KATARINA FROSTENSON
Tomada de desdebabia2.files.wordpress.com

Añadir leyenda

(Brännkyrka, Suecia, 1953)

No –no lo negro, coagulado como
hombres como cuerdas, rígidos, clasificantes –¡es lo azul!
con branquias, que envuelven con cuidado –los que saben
silenciosamente desaparecer.
***
FUEGOS VERDES

El camino está bordeado de espejos cubiertos
El campo resplandece apagado:

Tres remiendos negros y uno verde
Una huella fresca en mi alma

Paraje de distancia
El deseo es mi pensamiento

El cielo tensa su lienzo gris
Arde un fuego junto a mi rodilla

Se mueven unas liebres entre las espigas
***

No
no empieces no empieces ahora, de nuevo
no empieces a encerrar mundos en corsé; con cordones de palabras
ata, determina, tuerce palabras
hasta que los poemas anden por sí mismos con los pies para adentro;
              animales guías, animales perezosos
eternos, divididos, escritura poética
en líneas, raicillas con viejo olor a arce
limpias, pulidas
mundos cerrados –tics
viejos tics hediondos –no, no empieces–.

Traducción: Francisco J. Úriz.
**
De Poesía Nórdica. F. J. Úriz. Ediciones de la Torre 1999.

jueves, 25 de julio de 2013

Sin embargo, ahí huele a sangre, el lobo está seguro de ello

HENNING MANKELL
Tomada de www.tumblr.com

(Estocolmo, Suecia, 1948)

Fragmentos

De La falsa pista

Empezó su transformación temprano, al amanecer. Lo había planeado todo al detalle para que nada fracasase. Tardaría el día entero y no quería arriesgarse a tener problemas a causa del tiempo. Asió el primer pincel y lo alzó ante sí. Escuchaba los tambores que sonaban en la cinta, grabada por él, del radiocasete que estaba en el suelo. Contempló su cara en el espejo. Luego trazó las primeras líneas negras en la frente. Notó que tenía la mano firme, que no estaba nervioso, pese a que era la primera vez que se pintaba su camuflaje de guerrero. Lo que hasta ese momento había sido una huida, su manera de defenderse contra todas las injusticias a las que siempre había estado expuesto, se convertía ahora en realidad. Con cada línea que se pintaba en la cara parecía dejar atrás su vida anterior. Ya no había retorno posible. Precisamente esa noche el juego había acabado para siempre y se iría a una guerra en la que las personas debían morir de verdad.
***
De El chino

[Hesjövallen, Suecia, enero de 2006]
1
Skare, frío intenso. Mediados de invierno. 
Uno de los primeros días de enero de 2006, un lobo solitario cruza la frontera sin señalizar y llega a Suecia desde Noruega a través de Vauldalen. El conductor de un ciclomotor cree haberlo avistado a las afueras de Fjällnas, pero el lobo se esfuma por entre los bosques en dirección Este sin que nadie logre ver hacia dónde se dirige. En medio de los valles noruegos de Österdalarna, el animal encontró restos de un cadáver de alce congelado donde aúnquedaban huesos por apurar. Sin embargo, de eso hacía más de dos días. Ahora vuelve a acusar hambre y necesita alimento. Es un macho joven en busca de un territorio propio. Y sigue avanzando incansable hacia el este. Cerca de Nävjarna, al norte de Linsell, el lobo encuentra otro cadáver de alce. Durante un día entero permanece junto a él hasta saciar su hambre antes de proseguir. Siempre hacia el Este. En las inmediaciones de Kårböle atraviesa a la carrera la helada superficie del Ljusnan y sigue el río en su accidentado discurrir hacia el mar. Una noche de luna clara,se mueve sobre sus mudas patas por el puente de Järvsö para adentrarse después en los espesos bosques que se extienden hacia el mar.
La mañana del 13 de enero, muy temprano, el lobo llega a Hesjövallen, un pequeño pueblo al sur de Hansesjön, en la región de Hälsingland. Se detiene y olfatea. Percibe un olor a sangre de origen indeterminado. El lobo otea a su alrededor. En las casas vive gente, pero de las chimeneas no sale humo. Ni siquiera su aguzado oído percibe sonido alguno.
Sin embargo, ahí huele a sangre, el lobo está seguro de ello. Aguarda en el lindero del bosque, olfatea para saber de dónde procede. Después comienza a avanzar despacio por la nieve. El olor llega arrastrándose desde una de las casas que se alza en los confines del pueblecito. Está alerta, en las proximidades del hombre hay que ser tan cauto como paciente. Vuelve a detenerse. El olor procede de la parte posterior de la casa. El lobo aguarda. Finalmente sepone en movimiento otra vez hasta que llega a su objetivo, un nuevo cadáver. Arrastra la pesada presa hasta el extremo del bosque. Nadie lo ha descubierto todavía, ni siquiera se ha oído el ladrido de ningún perro. El silencio llena cada rincón de aquella fría mañana. En el lindero del bosque, empieza a comer. Puesto que la carne aún no está congelada, le resulta fácil. Está muy hambriento. Después de haber arrancado uno de los zapatos de piel, comienza a roer la parte inferior de la pierna, justo por encima del pie. Ha nevado durante la noche, hasta que se produjo una tregua. Mientras el lobo come, empiezan a caer de nuevoleves copos de nieve sobre la tierra helada.
***
De El hombre inquieto

Se interrumpió en este punto, sacó la bolsita de té de la taza y la dejó en un platillo, antes de proseguir: ¿Cuándo se da uno cuenta de que algo no va bien? ¿Cuándo detecta los signos casi invisibles de que algo ha cambiado o se ha alterado?
Supongo que tú, como policía, debes de haberte visto a menudo en situaciones en las que has percibido ese tipo de señales vagas. Una mañana, cuando iba a abrir la caja fuerte, noté algo extraño.
Aún puedo evocar la sensación. Iba a sacar el maletín marrón cuando me detuve. ¿De verdad que lo había dejado así?
Algo en la cerradura y en la dirección de la manivela me hizo dudar, pero no más de cinco segundos. Luego deseché la idea. Solía comprobar que todos los documentos estuviesen en su lugar. Aquella mañana no fue ninguna excepción. Y no volví a pensar en el asunto. Me tengo por buen observador y por hombre de buena memoria, al menos así era entonces. Al envejecer, todas las capacidades se ven mermadas y uno no puede sino asistir indefenso al espectáculo de la degradación.
 Tú eres mucho más joven que yo, pero quizás ya tengas alguna experiencia en este sentido.
Sí, la vista admitió Wallander.
Cada dos años más o menos, tengo que cambiarme las gafas de cerca. Y me temo que el oído tampoco es tan bueno como antes.
Ya, el sentido que mejor se defiende de la edad es el olfato. Es el único de mis sentidos que aún parece intacto. Para mí hoy el aroma de las flores es tan perceptible como lo era antaño.
**
Tusquets editores. Traducción del sueco de Carmen Montes.

domingo, 9 de junio de 2013

Tú nunca estarás completo, y así es como debe ser

TOMAS TRANSTRÖMER

(Estocolmo, Suecia, 1931)


CAE NIEVE

Los entierros llegan
más y más apretados
como los carteles de autopista
cuando nos acercamos a una ciudad.

Miles de personas miran
hacia el país de las sombras largas.

Un puente es construido
lentamente,
derecho hacia el espacio.
***
APUNTES DE FUEGO

Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.
***
ARCOS ROMANOS

En la grandiosa iglesia romana se aprietan los turistas
En la penumbra.
Cúpula abierta tras cúpula y sin panorámica.
Algunas llamas de cirios titilan.
Un ángel sin semblante me envolvió
Y me susurró a través de todo el cuerpo:
“No te avergüences de ser persona, ¡sé orgulloso!
Dentro de ti se abre cúpula tras cúpula infinitamente
Tú nunca estarás completo, y así es como debe ser.”
Yo estaba ciego de lágrimas
Y fui empujado a la soleada piazza
Junto a Mr y Mrs Jones, Herr Tanaka y
Signora Sabatini
Y dentro de todos ellos se abrió cúpula tras cúpula infinitamente.
***
Schubertiana. V

Nos apretamos frente al piano y tocamos a cuatro manos en
        Fa menor; dos cocheros en el mismo carruaje, resulta un
        poco ridículo.
Las manos parecen cambiar de sitio objetos tintineantes de acá
        para allá, como si tocásemos los contrapesos,
en un intento de afectar el terrible equilibrio de la balanza:
        alegría y sufrimiento pesan exactamente igual.
Annie dijo: «esta música es tan heroica», y es verdad.
Pero el que navega envidiando a los hombres de acción, esos
        que en el fondo se desprecian a sí mismos porque no son
        asesinos,
ellos no se reconocen aquí.
Y los tantos que compran y venden personas y creen que todos
        son comparables, ellos no se reconocen aquí.
No es su música. La larga melodía que es ella misma en todas
        las transformaciones, por momentos brillante y débil, por
        momentos opaca y fuerte, huella de caracol y cable de acero.
El terco canturreo que nos acompaña hasta aquí
saliendo
de las profundidades.


De Deshielo a mediodía. Tomas Tranströmer. Nórdica libros. Colección Letras Nördicas. Traducción de Roberto Mascaró. 2011. Salamanca.

viernes, 3 de mayo de 2013

Éramos reales amanuenses


AUGUST STRINDBERG

(Estocolmo, Suecia, 1849-1912) 

La tierra no está limpia
la vida no es buena
los hombres no son malos
tampoco son buenos
una vez al día
los hijos del polvo
en el polvo deben divagar
nacidos del polvo
al polvo regresan
les dieron pies para arrastrar los pasos
no alas.
¿La culpa es de ellos
o vuestra?
***

Recuerdas,
Éramos reales amanuenses
Obsesionados por ideales,
Ni a Zola ni a Spencer leíamos
Y el realismo era trimestral.
Recuerdas,
Si el banco nos prestaba un duro
Comíamos ostras y buen vino
Y un puro nos anestesiaba.
Rosado era nuestro futuro.
Recuerdas,
Escribíamos para el teatro
Al son del patio de butacas:
Como un café y su buen coñac
O un dulce con queso de postre.
Y ahora
Somos viejos. Tú ya no cantas,
Te consuelan tus subscriptores.
En tu despacho das el callo,
Piensas: non canit plenun Venter.
Y yo
Ya no escribo la bella prosa,
Me sumo en la lengua diaria.
La justicia social me enciende
Y doquier me siento en peligro.
Y ahora
Como y bebo flojo y barato
Procreo y no voy por los bares.
Tú aún comes ostras con tu moza
Y a tus ideales sigues fiel.

Traducción: Jesús Pardo
***
¡Poetas!

¡Poetas!
¿Hasta cuándo canciones de cuna
y arrullos con el soniquete de los sonajeros?
¿Por qué aún biberones y chupetes?
¿No veis que intacta está la leche dulce y
tienen dientes los niños?

¡Poetas!
¿Hasta cuándo asustar a los pequeños
con espantajos cubiertos de jirones?
¡Recoged espadas y escudos herrumbrosos
y que alguien vaya a verlos por vez última
al Museo Nórdico!

¡Poetas!
¿Todavía llorando por ideales perdidos?
¡Tienen todas las épocas su idea propia del mundo,
la tenemos nosotros sobre la realidad!
¡Guarda fidelidad vosotros a las vuestras!
¡Con las nuestras seguimos!

¡Poetas!
¿Por qué nobles salmodias sobre tan nobles temas?
En la vida brindada lo sublime es la vida.
¿Por qué tenéis por cierta la belleza aparente?
Es fea la verdad si hermosa es la apariencia.
¡Lo feo es lo auténtico!

¡Poetas!
¡Callen las anhelantes serenatas a la luz de la luna!
Aunque la luz aún arda en la ventana
en tibias sábanas el ideal se acuesta.
Empieza a envejecer la bella de antaño,
¡busca pausa en la noche!

¡Poetas!
Si no os enronqueció todavía el relente,
y deseáis aprender nuevas baladas,
¡dejad que duerma la bella antaño!
¡entonaremos juntos un canto al nuevo día,
que el sol está aún en su cénit!

Traducción de Carmen Montes Cano
***
En tiempo de verano 
(fragmento)

Pero ella veía el mundo y a las gentes a su manera particular, porque los cristales de las ventanas eran de todos los colores del arco iris; no necesitaba más que mover un poquito la cabeza para ver todo en rojo, amarillo, verde, azul y violeta. Si se trataba de un día de invierno en el que los árboles estaban cubiertos de escarcha como si llevaran hojas de plata, movía un poco la cabeza en la almohada y los árboles devenían verdes; era verano, los campos devenían dorados, el cielo azul; aunque fuese gris en sí mismo. De esa manera ella creía tener poderes mágicos, y nunca se aburría. Pero los cristales tenían otra virtud: al estar combados, lo que estaba fuera se veía unas veces agrandado y otras disminuido. 
Así que cuando el hijo mayor llegaba a casa de mal humor, gritando, la madre lo deseaba de nuevo pequeño y bueno, e inmediatamente lo veía pequeño. O cuando los nietos correteaban por fuera y ella pensaba en su futuro, entonces —un, dos, tres—, entraban en el cristal de aumento y los veía adultos, personas grandes, verdaderos gigantes. 
Pero cuando llegaba el verano, ella hacía abrir las ventanas de par en par; porque la belleza que había fuera no la podían reproducir los cristales. Y fue entonces, en la víspera de San Juan, cuando más hermoso estaba todo y ella yacía tumbada mirando la pradera y los campos, cuando la paloma se puso a cantar. Cantaba la historia de Cristo y la alegría y el esplendor que reinan en el cielo y, con su dulce canto, daba la bienvenida a todos aquellos que estaban abatidos bajo sus cargas y hartos de las penas de esta vida.
***
La señorita Julia
(fragmento)

No soy un hombre vanidoso. He visto que para el pueblo no hay nada sagrado. La vida es un extraño camino, una zafia carrera que nos impele hacia el agua hasta llegar a hundirnos. Tengo un sueño que se repite de vez en cuando, y si mal no recuerdo ahora, estoy sentado en un pilar y no veo forma alguna de bajar, cuando miro hacia abajo me mareo, pero no tengo el coraje de lanzarme, no puedo resistir pero tampoco puedo dejarme caer. Sé que no habrá descanso hasta que no llegue abajo, a la tierra. 
***
Carta a Paul Gauguin
[? febrero de 1895]

Mi querido Gauguin,

Insiste usted en que escriba el prefacio para su catálogo en memoria del invierno de 1894-95, cuando ambos vivimos aquí, detrás del Institut, no lejos del Panthéon, y, sobre todo, cerca del cementerio de Montparnasse.
Realmente me habría gustado ofrecerle este recuerdo para que lo pudiera llevar consigo a esa isla de Oceanía donde pretende buscar un entorno más en armonía con su majestuosa figura. Pero desde el comienzo me hallo en una situación ambigua, y mi respuesta inmediata a su petición ha de ser: «no puedo», o, dicho de manera más brusca: «no quiero».
Al mismo tiempo, le debo una explicación de mi rechazo, que no se debe a la falta de buena voluntad o a una pluma perezosa, aunque me habría resultado fácil culpar a la famosa enfermedad de mis manos, en las que el vello todavía no ha vuelto a crecer1.
La explicación es la siguiente:
No puedo comprender su arte, y no puedo apreciarlo. Su arte (que en este momento es exclusivamente tahitiano) se me escapa, pero sé que esta confesión no le sorprenderá ni le ofenderá, pues usted parece obtener fuerzas del odio de los demás. Ávida de ser dejada en paz, su personalidad se regodea en la antipatía que provoca. Admirado, usted tendría seguidores, y la gente le clasificaría, le encasillaría, pondría a su arte una etiqueta que dentro de cinco años sería usada por los jóvenes para referirse a una forma artística pasada de moda, que ellos intentarían por todos los medios posibles hacer aún más obsoleta.
Yo mismo he intentado hacerlo; he hecho un serio esfuerzo por clasificarle, por ubicarle como eslabón de la cadena, por establecer el curso de su evolución, pero ¡todo en vano!
Recuerdo mi primera estancia en París, en 1876. La ciudad era lúgubre, porque el país todavía estaba de luto tras los recientes acontecimientos y se sentía inquieto respecto al futuro. Algo estaba fermentando. Entre los artistas suecos, el nombre de Zola todavía era desconocido, pues L’Assommoir aún no se había publicado.
Tuve ocasión de presenciar una representación de Rome vaincue en el Théatre Français, cuando una nueva estrella, Madame Bernhardt, fue coronada como una segunda Rachel,2 y mis amigos, jóvenes artistas, me arrastraron a Durand-Ruel3 para ver algo totalmente nuevo en el arte de la pintura. Un joven pintor, entonces desconocido, fue mi guía, y vimos muchos lienzos maravillosos, la mayor parte de ellos firmados por Manet y Monet. Pero como tenía otras cosas que hacer en París aparte de ver cuadros (en mi capacidad como secretario de la Biblioteca de Estocolmo, tenía que rastrear un antiguo misal sueco en la biblioteca de Sainte-Geneviève), contemplé estas nuevas pinturas con tranquila indiferencia. Pero al día siguiente, sin saber bien por qué, regresé, y descubrí «algo» en aquellas extrañas manifestaciones. Vi una muchedumbre apiñada en un malecón, pero no vi a la muchedumbre en sí misma; vi un tren expreso atravesando a toda velocidad la campiña de Normandía; el movimiento de las ruedas en la calle; retratos aterradores, todos ellos de feos viejos que no habían sido capaces de posar en calma. Impactado por estas extrañas pinturas, envié a uno de los periódicos de mi país un artículo en el que intentaba reproducir las impresiones que me parecía que los Impresionistas habían intentado transmitir, y mi artículo alcanzó cierta fama en tanto que pieza del género absurdo.
Cuando regresé a París por segunda vez en 1883, Manet había fallecido, pero su espíritu sobrevivía en toda una escuela que competía por la supremacía contra Bastien-Lepage4. Durante mi tercera visita a París, en 1885, vi la exposición de Manet. El movimiento ya había conseguido abrirse paso. Había causado impacto, y ahora estaba clasificado. En la exposición trienal del mismo año reinó una completa anarquía. Cualquier estilo, color y asunto: histórico, mitológico y naturalista. A nadie le interesaban ya las escuelas o las tendencias. La libertad estaba a la orden del día. Taine había declarado que lo bello no tenía nada que ver con lo atractivo, y Zola que el arte era un segmento de la naturaleza visto a través de un temperamento. A pesar de todo, en el seno de los últimos espasmos del Naturalismo, había un nombre que estaba en todas las bocas: el de Puvis de Chavanne. Destacaba como una contradicción, al pintar con el alma de un creyente, acomodándose al mismo tiempo con facilidad al gusto contemporáneo por la alusión (el término Simbolismo no estaba todavía en uso), término inapropiado para algo tan venerable como la alegoría.
Precisamente en torno a Puvis de Chavanne giraron mis pensamientos ayer tarde cuando, entre los acordes meridionales de la mandolina y la guitarra, contemplé las paredes de su taller, con su mezcla de lienzos bañados por el sol, cuyo recuerdo me persiguió anoche mientras dormía. Vi árboles que ningún botánico reconocería, animales que Cuvier nunca soñó, y figuras que sólo usted pudo haber creado.
Un mar que podría haber fluido de algún volcán, un cielo en el que ningún Dios podría vivir. «Monsieur» (dije en mi sueño), «ha creado usted una nueva tierra y un nuevo cielo, pero yo no me siento a gusto en este mundo suyo. Es demasiado soleado para alguien como yo, que ama el claroscuro. Y su paraíso contiene una Eva que no se ajusta a mi ideal, pues ¡incluso yo tengo algún que otro ideal de mujer!»
Esta mañana fui al Museo de Luxemburgo a echar un vistazo a Chavanne, a quien mi pensamiento seguía escapándose. Con profunda emoción contemplé Le Pauvre pêcheur, atento a la captura que le granjeará el fiel amor de su esposa, que recoge flores, y de su niño que juega.
¡Qué hermoso es esto! Pero entonces caí en la cuenta de la ofensiva corona de espinas del pescador. Odio a Cristo y su corona de espinas. Le digo, Monsieur, ¡le odio! No quiero saber nada de ese Dios lastimoso que pone la otra mejilla. Prefiero tener por Dios a Vitsliputsli5, que devora bajo el sol los corazones de los hombres.
No, Gauguin no viene de una costilla de Chavanne, ni de Manet o de Bastien-Lepage. Entonces, ¿quién es? Es Gauguin, el salvaje que odia una civilización agobiante, una especie de Titán que, celoso del Creador, construye su propia civilización en su tiempo libre, el niño que desmonta las piezas de sus juguetes para hacerse otros nuevos. Alguien que reniega y desafía, y prefiere ver el cielo rojo antes que azul, como hace la mayoría.
Sin duda, ahora que me he calentado al escribir, me parece que voy haciéndome una idea del arte de Gauguin.
Se reprocha a un escritor moderno el no haber descrito a seres humanos reales, sino haber simplemente construido a sus personajes él mismo. ¡Simplemente! ¡Bon voyage, Maître! Y por favor, regrese con nosotros, y búsqueme de nuevo. Quizá para entonces haya logrado una mejor comprensión de su arte que me capacite para escribir un prefacio de verdad a un nuevo catálogo de otra exposición en el Hôtel Drouet. Porque también yo comienzo a sentir una necesidad inmensa de volverme salvaje y de crear un mundo nuevo.
**
1. Strindberg sufría de ataques agudos de psoriasis en las manos, agudizados por sus experimentos químicos con los que pretendía lograr la transmutación de las sustancias. [N. de T.] ↩
2. Referencia a la actriz francesa de origen judío Élisa Rachel Félix (1821-1858), conocida como Mademoiselle Rachel. [N. de T.] ↩
3. La Galería Durand-Ruel, que llegó a ser el marchante de pintura impresionista más importante durante la década de 1880. [N. de T.] ↩
4. Julien Bastien-Lepage (1848-1884), pintor académico de temas realistas, tomados de la vida cotidiana, popular en los salones oficiales. [N. de T.] ↩
5. Dios de la guerra azteca, cuyo culto consistía en la ofrenda de sacrificios humanos. [N. de T.]

sábado, 22 de diciembre de 2012

Ellos están despiertos, desean beber

Otros poemas de TOMAS TRANSTRÖMER
(Estocolmo, Suecia, 1931)

HISTORIA DE MARINOS

Hay días de invierno sin nieve en que el mar es pariente
de zonas montañosas, agazapado en plumaje gris,
azul apenas un minuto, largas horas con olas como pálidos
linces, buscando en vano apoyo en las piedras de la orilla.

Un día como estos salen del mar restos de naufragio en busca
de sus propietarios, sentados en el bullicio de la ciudad, y
ahogadas
tripulaciones van hacia tierra, más tenues que humo de pipa.

(En el Norte andan los verdaderos linces, con garras afiladas
y ojos soñadores. En el Norte, donde el día
vive todo el tiempo en una mina.

Allí donde el único sobreviviente puede estar
junto al horno de la Aurora Boreal escuchado
la música de los muertos por frío.)
***
NOCTURNO

Por un pueblo conduzco de noche, las casas aparecen
En el resplandor de mis luces –ellos están despiertos, desean beber.
Casas, galpones, letreros, vehículos abandonados –es ahora
Se visten ellos mismos en vida. La gente duerme:

Algunos pueden dormir en paz, otros con semblantes tensos
Como si estuviesen estrenando para la eternidad
No osan soltarse completos a pesar que su sueños son pesados.
Descansan como barreras caídas cuando cruza el misterio.

Afuera del pueblo el camino se alarga entre los árboles del bosque
Y los árboles los árboles en silencio entre ellos
Tienen el color teatral que tiene el brillo del fuego
¡Qué claras son sus hojas! Me persiguen hasta mi hogar.

Me acuesto a dormir, veo imágenes desconocidas
Y signos suben solos detrás de las pupilas
En la oscuridad de la muralla. En la rendija entre en vela y el sueño
una gran carta intenta colarse en vano.

jueves, 13 de octubre de 2011

Lenguaje, pero no palabras

Dos poemas de Tomas Tranströmer
(Estocolmo, Suecia, 1931)

DE MARZO DEL 79’ (1983)

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.
 ***
De LOS CUATRO TEMPERAMENTOS (1958)

Desperté con los tacones de la amiga golpeteando en el sueño
y, afuera, dos montones de nieve, como olvidados guantes del invierno,
mientras octavillas del sol se desplomaban sobre la ciudad.
El camino nunca tiene fin. El horizonte se apura hacia adelante.
Los pájaros sacuden el árbol. El polvo se marea en torno a las ruedas.
¡Todas las rodantes ruedas que contradicen la muerte!

domingo, 12 de junio de 2011

Por eso escribí en el vaho de los espejos

LASSE SÖDERBERG
(Estocolmo, Suecia, 1931)

El pozo

El que quiere recordar y está lleno de oscuridades tiene que
estar al borde de sí mismo como al lado de un pozo,
tiene que estar recostado contra el pozo con una piedra en la
mano y preguntarse qué oculta el pozo, cuán profundo es, cuán
largo penetra la luz,

y tiene, para calcular la profundidad y oscuridad, que tirar la
piedra y verla caer despacio, como reflexión, como colgada en la
oquedad hasta que esté fuera del alcance de la vista

y quedarse de pie y esperar al borde de sí mismo, inclinado
hacia adelante, hasta que la piedra encuentre la aún más indistinguible
superficie del agua

y aquel que quiere recordar ve la profundidad centellear de
repente, atrayendo la luz, volverse animada como cuando un párpado
se abre y es reconocida por un ojo más abajo.
***
ESQUELETO DE AVE

No tritures lo que queda del canto
Esos huesitos frágiles y fríos
La muerte los lavó sin piedad
Y ahora son como plumas en tu mano
Tampoco pesa el silencio
Su pico sigue afilado y sin brillo
Aquella fuga envuelta en nubes sobre la montaña

Es todo cuanto queda
Un esqueleto de ave en la arena
Texto impronunciable que nadie interpreta.
***

Aquí donde todos eran hijos
Yo no era hijo de nadie

No tenía padre
ni siquiera un árbol, una efigie o una roca

que yo pudiera llamar padre
amorosamente de rodillas

Por eso no maté a nadie
por eso escribí en el vaho de los espejos

Viéndolos hacer venias
ante el dios de las venganzas

Entendí que no había salvación,
sólo lágrimas más pesadas que el plomo

¿Cuántos Goldstein había entre ellos
cuántos Baruch?

La devoción es nido de serpientes
donde nacen vástagos venenosos.

Traducción del autor

sábado, 14 de mayo de 2011

Ninguna meta sobreentendida

Dos poemas de SOLJA KRAPU

(Finlandia, 1960; a los 16 se trasladó
a Umeå, Suecia, donde todavía reside)


Si te llevo conmigo de viaje


Si te llevo conmigo de viaje
si cuento una historia
son otras las reglas en vigencia

Ninguna meta sobreentendida
ningún terreno delimitado
ningún orden lógico de sucesión

entonces —
estamos de acuerdo:
desabrocha el cinturón del pensamiento
sobre todo en el despegue y el aterrizaje

si yo cuento una historia
no hay ninguna gramática a la cual amarrar las palabras
ninguna ordenanza cronológica
ninguna adecuación
u horario

entonces —
estamos de acuerdo:
puedes bajar la ventanilla
Y asómate con gusto hacia afuera
***
Tales personas

No abundan tales personas
con las que se podría tener ese
contacto directo
donde sólo una mirada
es un cable de acero puesto a temblar

Quizás no hubo ninguno de ésos
en tu clase en la escuela elemental
nadie que estuviera parado
observando a la gente un viernes a la noche
en el Dragón Azul
Ninguna de esas personas en el radio que abarca la mirada

Esas personas están dispersas al azar
a lo largo del tiempo
y a lo ancho del mundo
Quizás alguien tenía como
el proyecto de su vida el buscarte
aunque demasiado temprano
o demasiado tarde
y en un lugar completamente alejado
contando desde tus pies

Y tú estás ahí sentado
en una silla pintada de amarillo
en una casa de campo solitaria al borde de una tala
Quizás existan siete u ocho
personas apropiadas para ti que
exactamente ahora suben y bajan en una escalera
en un pasillo cargado de ecos
con una taza de café vacía
y que no pueden hacerse a la idea
de pedir prestado un poco de pan rallado
a ninguna otra persona
más que a ti

Y él, ese allí que vive en pareja tan feliz
él quizás eligió así
como se elige entre distintos tipos de polvo para lavar la ropa.
*
De Jag behöver busschauffören. Dikter (Yo necesito al conductor del autobús. Poemas). Estocolmo, Ord & Visor, 2002.
Traducción: S/D
*
Imagen: tomada de http://www.forfattarformedlingen.se/
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char