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miércoles, 30 de abril de 2014

Cuando nadie me ve

SOLEDAD CASTRESANA
Tomada de elangeleditor.com

(La Pampa, Intendente Alvear, Argentina, 1979)


Hipopótamo

Bajo el agua
cuando nadie me ve
soy ligero como un potro.
**
El suplicante

Que el cielo
se canse de mí
y caiga.
**
Manta raya

Si fuera pájaro
nadaría.
**
El mar

descansa en el aire.      

(De Selección natural, Fondo Editorial Pampeano, 2011)
Tomados de elvendedordetierra.com        
***
III

Crin Dorada cerró el relincho
en el pecho erecto, las patas cortas,
los vasos salvajes. La polvareda
sobre peones y chicos y moscas.
Con la furia del grito trabado
en las espumas de la boca
—garganta que no sabía frenar—
se tragó sus huevos y corrió.
Alambrados, pastos puna, osamentas.
El galope maldecía los filos y las manos.
Mi sexo fosforescía a los cuatro vientos.
Yo pensaba en Crin Dorada. Soñaba montarlo.
 (De Carneada, 2007)

viernes, 27 de mayo de 2011

Los párpados sobran

Tomada de poetas al tun tun
Algunos poemas de
SOLEDAD CASTRESANA

(La Pampa, Intendente Alvear, Argentina, 1979)


un entierro

todas las noches
encerrábamos a los charitos
en el gallinero

una mañana cedió el tejido
y un revoltijo de plumas
se nos pegó a los ojos

en el patio de la capilla
enterramos los huesos
las patas los picos
hicimos guirnaldas de flores
sobre las tumbas
clavamos cruces
de varillas y alambre

las manos cubiertas de ampollas
rezamos
lloramos

más tarde sacamos las cruces
y las usamos de espadas
***
La celadora
Crío a mis huérfanos
como a mis hijos.

Ellos se dejan limpiar el cuerpo,
las habitaciones.

Comen lo que les doy y duermen,
a veces hacen sonidos hermosos
y no esperan lo que viene
cuando se encienden las luces.

Siempre creí que el miedo
no crecería en cautiverio.
La especie no tiene memoria:
cada individuo repite el terror.
***
Pez de mar

En este mundo de lágrimas
los párpados sobran.
***
Piedra

Aún
lo que no tiene conciencia
puede hacer sombra.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char